Archivo del sitio

Semana 43: Día 300: ¡Zapatillas nuevas!

este_es_el_post_300

Ya venía mirando mis zapatillas, con cierta desconfianza. Después de la Maratón de Río noté que se estaban desgastando adelante, donde el metatarso pliega el pie. Hoy, con pavor, me di cuenta de que estaban agujereadas. Hubiese tirado un par de semanas más, sacándoles el máximo provecho, hasta que se desgastaran y solo necesitara solpar sus restos para que se lo llevase el viento. Pero en exactamente 10 días tengo una carrera… en Pinamar… en medio de los médanos… y lo que más he sufrido de esta Adventure Race ha sido cuando se me metió arena adentro de la zapatilla.

Enseguida llamé a mi entrenador para pedirle ayuda. Le conté que las Faas que me compré no me habían salido buenas. En verdad me amortiguaron y me bancaron varias competencias, pero se desgastaron demasiado rápido para mí (unos 410 km, cuando la revista Runners recomienda cambiar de calzado cada 1000 km, aunque otros aventuran unos 700). Fuimos a toda velocidad a la tienda de Puma donde nos consigue descuento, a ver los modelos. Estaban las Faas v02, que son la nueva sensación. Me las probé y no me enamoraron. Había un modelo híbrido de calle y aventura, las Puma Fox, que increíblemente estaban muy baratas. Me pareció que con esas iba a andar bien en Pinamar, ya que hay toda clase de terreno, siendo lo menos el asfalto y el pasto de la cancha de golf, a lo máximo que encontramos en el recorrido: el bosque y la arena. Y no pude resistirlo y me compré las Nightfox, que son un modelo que me funcionó muy bien, y que hice torta en Yaboty. Como en tres semanas estoy volviendo a la tierra colorada de Misiones para correr 90 km, me pareció oportuno volver a comprarlas. Así que a falta de calzado, me compré dos pares de zapatillas.

No suelo hacer esto, siempre ando con un par, y ahora quiero intentar usar dos para alternar entrenamientos con carreras. Para entrenar y para calle voy a usar las Fox, y las otras para “la hora de la verdad”. Así las Nightfox me van a durar más y las voy a poder calzar en la Patagonia Run Spring del 30 de noviembre (escurren bien si meto los pies en el agua).

¿Y qué hacer con las Faas agujereadas? Las voy a seguir usando, siguen bancándosela. Por ahí para alguna carrera corta de calle, donde prime la velocidad. Me da pena tirarlas. Pero me di cuenta de que la protección en la puntera es mucho más corta que otros modelos (incluso que la v02). Yo pensé que me iban a durar 1000 kilómetros, pero hubiese sido una locura usarlas para ir a Yaboty… así que no hay mal que por bien no venga. O no hay bien que por mal no venga. O no hay venga que por bien no… bueno, se entiende.

Semana 32: Día 222: ¡Zapatillas nuevas!

2013-05-08 19.45.22

Terminadas mis 10 sesiones con la kinesióloga, ya tengo el alta y puedo correr todo lo que me plazca. Solo quedan pendientes dos cosas: conseguir la vitamina B12 para que me la inyecte y empezar así un tratamiento preventivo de lesiones, y preguntarle si al final era cubana o no.

Debido a mi periostitis, entendí la importancia de entrenar en esas sesiones ultramaratónicas con una buena amortiguación. Por eso, con el cambio de plantillas, llegó el momento de actualizar el calzado. Siendo que estoy haciendo mucha calle y que no tengo en vista una carrera de aventura hasta Yaboty (18 de agosto), me pareció que tenía que comprarme un calzado liviano pero a la vez que absorban el impacto. Y entre todas las mejores zapatillas que compré en estos dos años y medio de blog, las que mejor resultado me dieron fueron las Puma Faas. Así que decidí reincidir (para que no suene a chivo, si tuviese que elegir unas zapas para aventura, me inclinaría por las Salomon XR Mission o cualquier Asics).

Tenía un muy buen recuerdo de este modelo, sobre todo por cómo me sentí en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Tenemos poco terreno blando por donde entrenar, y aunque las Faas son bastante minimalistas y mantienen al pie más cerca del suelo, tienen una muy buena amortiguación. Esto es llamativo, porque yo obtuve muy buenos resultados con las suelas con gel (las cámaras de aire siempre me parecieron malísimas). Estas zapatillas no tienen nada de eso, y sin embargo ya sentí la diferencia al dejar el calzado viejo y calzarme estas. Por supuesto que no estoy al 100%, todavía siento la pierna debilitada, pero hoy hice 10 kilómetros en progresión, sin ningún problema. Casi me sentí el de antes, dando todo lo que tenía.

Las Faas se recomiendan para maratones, en especial si se busca velocidad, ya que son muy ligeras (no superan los 280 gramos por zapatilla, lo que alimenta mi teoría de que el “550” que acompaña el nombre del modelo es el peso en gramos de ambas zapatillas). Dicen que la versión anterior, las 500, no tenían una buena ventilación en la parte superior, cosa que se corrigió en esta, pero no podría asegurarlo. Si bien transpiro los pies, jamás lo sentí como un problema.

Mi meta será la maratón de Rosario, y si llegan dentro de los 1000 kilómetros las usaré para Yaboty, que tiene un terreno bastante noble. Nunca las usaría para montaña, ni siquiera para un terreno pedregoso. Al tener ese estilo minimalista, se siente todo: piedras, raíces, ramas, etc. Pero a mí me resultaron ideales para calle. No había otro color para elegir, pero estas me gustaron. Las veo sobrias, contra el look estrafalario de las que tenía antes, inspiradas en Usain Bolt.

En sitios de internet recomiendan las Faas 550 para corredores de pisada neutra, veloces, de entre 60 y 70 kg. Si además dijeran que son ideales para atletas en recuperación de una periostitis, no quedarían dudas de que las diseñaron pensando en mí…

(Dos aclaraciones al margen de la foto que ilustra este post: No elegí las medias esta mañana pensando en el eventual color de las zapatillas, ni tampoco me preocupé en afeitarme las dos piernas para que la composición quede armónica).

Todavía no me decido en un modelo para hacer aventura. Posiblemente repita la Patagonia Run en septiembre, y me están tentando unas Misuno, que es la marca que alguna vez le he visto a mi ídolo Scott Jurek. Lo que yo necesito es un sponsor…

Semana 28: Día 193: Desprenderse de lo material

SUD_6359

Quizá este empiece a ser uno de los últimos posts relacionados con la Ultra Buenos Aires. Este es medio periférico, pero bueno, perdón a quien el tema le haya empezado a saturar (creo que podría tirar un mes de blog con esto, pero no quiero abusar). Algo que suele atraernos de las carreras es lo que viene en el kit del corredor. ¿Qué tal es la remera? ¿Viene con algo de regalo? ¿Hay medalla de finisher? En la Ultra había poco, de hecho se promocionó como un evento no competitivo, de muy bajo costo, pero si hubiesen regalado una remera dry-fit y unas medallas, quizá la concurrencia hubiese sido mayor. Esto es puramente especulativo, pero suele interesarnos lo material por encima de la experiencia.

Antes de que crean que me quiero vender como una persona súper espiritual a la que no le interesan los objetos, debo confesar que soy un acumulador. Guardo hasta los dorsales arrugados y manchados de las carreras, todavía con los broches de aguja oxidados, colgando de sus puntas. Tengo una vitrina con todas mis medallas, y hasta hace poco mis zapatillas guardadas. Colecciono estatuitas de superhéroes que ya no sé ni dónde guardar, no me gusta tirar nada, y tengo cajas de “recuerdos” que nunca he vuelto a mirar. No me importa la plata, pero sí tengo que reconocer que soy bastante materialista.

Sin embargo, soy más nostálgico que otra cosa. Me da lástima tirar recuerdos a la basura, pero porque asocio los momentos a los objetos. Ni siquiera borro los mails viejos. Así y todo, reconozco que no hay que apegarse a lo material.

Aprendí que regalar es mucho más valioso que recibir. Como empezó a ser costumbre en los Puma Runners, a fin de año regalé remeras de carreras a otros compañeros. En lugar de elegir las que menos me gustaban, fui por las que realmente apreciaba. No me pude desprender de las de la maratón de la Ciudad (ténganme paciencia, necesito tiempo), pero así cedí la de mi primera Merrell, las de la Energizer que me parecía la más linda, la de la Salvaje Night Race, y la de mis primeros 100 km en montaña, en la Patagonia Run de 2012. Sabiendo que a Vicky le gustaba una de mis remeras o que estaba fascinada con un silbato que me había comprado en Europa, elegí estos eventos para hacerle creer que se los iba a dar a otro para terminar pasándoselos a ella.

Y llegó este lamentable hecho que nos pegó hondo a todos. El Servicio Meteorológico dio su habitual alerta por tormentas (que al ser tan frecuentes, aprendimos a ignorar), y a la mañana siguiente el noticiero daba cuenta de todos los autos que se había llevado la corriente, los pasos bajo nivel inundados, las casas sin luz. Subestimé la noticia como cualquiera, y creo que pasó un día entero hasta que me enteré de que en la ciudad de La Plata la habían pasado muy pero muy mal.

Afortunadamente esto despertó la generosidad en muchísima gente, y en nuestro edificio empezaron a juntar material para donar a los damnificados. No lo quise pensar mucho, y le propuse a Vicky regalar nuestras zapatillas (las que no estábamos usando). Probablemente no sirvan para correr porque su suela perdió elasticidad, o porque ya se empezaron a desgastar, pero ¿cómo no le iban a servir a alguien que necesitase abrigo, o simplemente poder caminar sin mojarse los pies? Vicky tenía un par en desuso, y yo tenía una pila de recuerdos de los que desprenderme.

Estaban las Puma Faas con las que corrí la mejor maratón de mi vida. También las Asics con las que corrí en Grecia, entre Atenas y Maratón. Como si fuera poco, las Nightfox, que estaban desgastadas por dentro pero que todavía conservaban su malla metálica interna que permitía escurrir mejor el agua. Y como broche de oro, las Quechua con las que hice 110 km en La Misión 2012. Todas esas zapatillas representaban pedacitos de mi historia como atleta, y les tenía mucho apego. Pero aquel sábado en que un voluntario las llevó a La Plata para poder ayudar, se convirtieron en otra cosa. Una ayuda, por mínima que fuese. Ahora ya sabemos que en La Plata no necesitan más ropa, sino agua, elementos de limpieza y comida.

Como dije en otra oportunidad, se puede ayudar con muy poco… Y los recuerdos materiales… bueno, son reemplazables. Las oportunidades de ayudar, no las podemos dejar pasar.

Semana 13: Día 90: ¡Zapatillas nuevas!

zapatillas_nuevas

Hace 10 días nada más fue mi cumpleaños número 35. Vicky me había prometido un regalo, y ya me había adelantado lo que iba a ser. Hoy, finalmente, llegó con la bolsa papel madera y la caja que contenía… ¡zapatillas nuevas!

Qué lindo es abrirlas y verlas por primera vez. Rojas y negras, colores que ella consideró de los más discretos que había. La marca es Salomon (Salomón, para los amigos) y el modelo es XR Mission. Se la comercializa como un calzado todo-terreno para corta y mediana distancia. Algo que caracteriza a esta versión en especial es que viene con una variante femenina, con ajustes particulares para el pie de la mujer. Por esto es que Vicky las había probado y decidió comprarme el modelo masculino.

Desde que empecé a escribir este blog mis pies se han vestido con muchas zapatillas. Jamás cambié tanto de calzado como en los últimos tres años, y comprobé algo bastante obvio que es la importancia de renovar constantemente. Mi último par, que compré pensando en La Misión, era de la marca Quechua, y aunque las sentí robustas y firmes, nunca me sentí del todo cómodo con ellas. Ahora que el ultra trail pasó, las abandoné en un rincón (porque no me animé a tirarlas). En estos días volví al par anterior a estas, las Puma Ventis 2, pero aunque tienen 5 meses, están tan golpeadas que no las sentía tan cómodas como antes. Si me apuran, diría que el calzado más cómodo que usé jamás fue de Asics.

Pero ahora tocó probar las Salomón. No he tenido la suerte de estrenarlas en la calle. Solo me las puse para caminar, y sentir esa cosa “rara” de cuando el pie se acostumbró a otro calzado y ahora se enfunda en uno completamente distinto. Son más angostas que otras marcas, pero me da la sensación de que eso es parte de la estabilidad que le da en los tobillos. Se supone que andan muy bien en terreno pedregoso o de barro. Muero por enchastrarlas en una carrera de aventura.

No tengo entrenamientos en vista antes de la San Silvestre, competencia a la que aún no me he anotado (digo esto con un poco de pánico interno). Mañana voy a ir en persona a ver si quedan cupos. Ya les contaré. Estoy pensando si usarlas por primera vez ahí. Se supone que es un gran “NO” del running, no se estrena calzado en una carrera. Pero son 8 km, que además me quiero tomar con calma porque todavía estoy volviendo de La Misión (en el entrenamiento de ayer noté lo fatigadas que están mis piernas). Quizá las estrene ahí y si me salen ampoyas y eso, haré un post diciendo “Úsenme de ejemplo, no sean giles como yo”. Pero sospecho que no me va a pasar nada. Jamás haría esto en un crosscountry o un trail donde el pie (y en especial los dedos) bailan adentro de la zapatilla y las uñas terminan moradas y pidiendo ser sacrificadas. Si tengo entrenamientos de 15 km, donde iría con este mismo calzado… ¿por qué no hacer 8 km durante unos 35 minutos? Creo que estas Salomón se lo merecen…

Semana 5: Día 30: Enemigos de los corredores: las mascotas

Hoy les voy a hablar de Oso Rulo. Se trata de una máquina de destrucción que se encarga de hacer estragos con la integridad física de todas las cosas que considerás importante. Las mascotas en general tienen objetos propios. Tienen su plato, sus juguetes, incluso su propia vestimenta (breteles, gorrito, abrigo). Todos esos elementos van a durar mucho más que los tuyos, los cuales se irán desintegrando bajo sus afilados dientes.

“¿Dónde están mis zapatillas?”.

“No encuentro mis medias”.

“¿Qué le pasó a los cordones?”.

La explicación a todas las dudas es siempre la misma: Oso Rulo. Un Oso Rulo lo hizo.

Las mascotas son inteligentes. Quizá se sientan atraídas por ese objeto prohibido. Quizá sea el desafío, ir en contra de la autoridad. Quizá sea el olor a pata. No lo sabremos, pero tenemos que olvidarnos de las puntas de los cordones, de las suelas de las zapatillas. Aunque el calzado sea el doble del perro, él intentará cazarlo y darle muerte como si fuese su presa y tuviese que asegurarse con ella el sustento de toda la manada. Alguna vez la traerá como obsequio a la cama, y por dentro estará pensando “¡Miren! Traje esto para compartir”.

Todos sabemos que las medias tienen vida propia, que caminan por la casa, que cuando van al ciclo de lavado aprovechan para escaparse y los pares terminan siendo individuales que no combinan más con nada. Mientras más encariñados estemos con una prenda, más irresistible será para la mascota, ya que necesita imponerse sobre este “competidor”. Para el perro, las zapatillas o las medias son una competencia a la que eliminar. Así como nosotros corremos carreras e intentamos llegar en el mejor tiempo posible, Oso Rulo intenta por todos sus medios demostrar que él es digno de mayor atención que unas míseras Asics o unas medias marca Montagne. ¡Y pobre de vos si te enojás con él y lo retás! Solo lo confundirá, y la próxima vez intentará destrozar ese competidor con más anhelo, porque evidentemente no te diste cuenta de que él es más importante que esos trozos de tela y plástico.

Además de unas increíbles fauces que trituran, mastican y babean todas las cosas importantes (dejaré para otro momento la destrucción de las cuentas impagas, los libros y las sandalias que me compré en Londres), sus largas y afiladas uñas van a marcar para siempre esas delicadas remeras dry-fit que guardás como recuerdo de tus carreras. Por supuesto no las va a arruinar a propósito, por lo que tampoco lo podés retar porque sus uñas sean tan delicadas y no se las puedas cortar sin ayuda de un profesional (cortadas duran entre 10 y 15 minutos, antes de que recuperen su capacidad destructiva).

Pero Oso Rulo, además de sus habilidades infernales, también tiene lo que solemos llamar “Mirada de Gato con Botas”. Uno lo reta y él te mira con esos ojitos brillosos, como no entendiendo qué está pasando. Al principio parecerá decirnos “¿Me estás retando a mí?”. Cuando los gritos continúan y el dedo lo sigue apuntando a él, bajará la cabeza y se hará pis encima (no demasiado, lo suficiente para partirte el alma y hacerte sentir un despiadado). Acto seguido, reptará hasta abajo del mueble de la cocina, donde se quedará llorando y torturándote el corazón. Entonces te vas a dar cuenta de que no podés estar enojado con semejante ángel, así que una vez que lo convenzas de que salga de ahí abajo, le podrás el bretal y te lo llevarás a pasear. Y así se repetirá el ciclo eternamente.

Hasta que te compres zapatillas nuevas. Ahí va a dejar en paz al par que se estaba masticando y empezará por el competidor nuevo…

Semana 3: Día 15: ¡Zapatillas nuevas!

Hoy me tocó estrenar zapatillas nuevas, compradas en el Decathlon de Madrid. Realmente me preocupa lo que pueda llegar a pasar en La Misión, y quería tener el tiempo suficiente para estrenar elegir un calzado especial para montaña y poder estrenarlo con tiempo. Aproveché mi visita a Europa y le pregunté a uno de los vendedores qué me recomendaba. Había dos, uno marca Salomon (que estaba arriba de 100 euros) y otras marca Quechua, que estaban 95 euros pero las habían rebajado a 69,95. Me las probé, calzaron, y listo, me las llevé.

El modelo puntualmente se llama Zapatillas Raid RT-5 360º Black. Fue una jugada arriesgada, porque nunca había comprado un calzado de las marcas oficiales de Decathlon. La ropa es buena, así que hice el salto de fe. Aún haciendo la conversión a pesos, y agregándole el 15% si pagaba con tarjeta, hubiese pagado menos (bastante menos) que unas zapas medio pelo de Argentina. En Madrid caminé un día entero con ellas, para empezar a acostumbrarme… y si bien calzaban perfectas, las sentía muy duras, y al rato me hacían doler arriba en los dedos. Me llevé un número más grande que lo habitual, por las dudas, pero esa molestia no dejaba de preocuparme.

Ya reestablecido en mi país, el que no quisiera abandonar por un buen tiempo, le comenté a Germán, mi entrenador en Puma Runners, de esta compra, y me dijo “traelas urgente para usarlas acá”. Yo, que intento ser un alumno ejemplar, cumplí, y en el entrenamiento de hoy me vine con las Quechua. Tenía una mezcla de incertidumbre y ansiedad por correr, por lo poco que hice el mes pasado. Lo primero que sentí es que son muy duras contra el pavimento. Supongo que no están hechas para la calle y sí para la naturaleza. A pesar de que hice 20 km, no tuve muchas molestias, pero el impacto me prepercutió en las rodillas. No llegó al dolor, pero era como si las ondas de choque subieran por las piernas.

La información técnica dice que están concebidas “para practicantes que quieren perfeccionarse y hacer competiciones de TRAIL y RAID. Agarre y sujeción en terrenos exigentes”. La info más detallada dice todas estas cosas que espero sean ciertas:

  1. Fijación: Tacos para una excelente transmisión en las fases de impulso.
  2. Adherencia: Trail Grip: formulación de goma específica para una adherencia increíble.
  3. Sujeción: 360° System: precisión en cualquier situación, protección de dedos en descenso.
  4. Amortiguación: EVA comprimida en el talón: amortiguación duradera. EVA inyectada delante.
  5. Protección contra los golpes: Zona de los dedos protegida de las piedras y reforzada con kevlar (aclaración personal: el kevlar se usa para hacer chalecos antibalas, ¿quiere decir que puedo detener un arma de fuego con los pies?).
  6. Ligereza: 390 g en talla 42.
  7. Garantía: 2 Años

Hoy volví a sentir esa molestia arriba de los dedos. No me pasó nada, pero es una señal de alerta. Tampoco usé la doble media que yo siempre recomiendo (pero no sabía que iba a entrenar ese volumen). Les tengo fe, en realidad. Creo que en La Misión vamos a hacer mucha caminata más que correr, así que esa dureza que tienen no me preocupa. Por ahora supongo que seguiré entrenando con esas, así que con el correr de las semanas les daré mi veredicto final…

Semana 43: Día 298: La difícil tarea de comprar zapatillas

No voy a mentirles, y espero que esto no se convierta en un debate político, pero ir a comprar zapatillas hoy, en Argentina, es desgarrador.

No hay nada. No hay stock, los productos entran con cuentagotas. Ayer fui, ilusionado, a comprarme calzado nuevo, pesando en las próximas carreras. Esperaba ver muchas novedades, pero lo que encontré en la tienda era una cantidad de modelos muy inferior al año pasado.

Había dos Puma que nunca había probado, las Velocis y las Ventis. Después lo ya conocido, pero en menor variedad. “No queda nada”, le dijimos al vendedor. “No… No dejan entrar nada. Está muy difícil”.

Respeto el proteccionismo y defiendo que se impulse a la industria nacional, pero creo que estamos a años luz de producir la tecnología que necesita un fondista o un corredor de fondo. El incentivo, me parece, tiene poco que ver con cerrar las fronteras a la importación. Creo que el desabastecimiento le preocupa a poca gente, y las veces en que me quejé, me acusaron de cacerolero concheto de barrio norte.

Quienes disfrutamos de la aventura y el aire libre estamos inventando lo que podemos para no estancarnos. El viaje a Europa que tenemos planeado con Vicky tiene una gran cuota de expectativa por La Misión, ya que necesitamos equipo que, de conseguirse, es caro. Pero se suma otro problema: por ser monotributista no puedo comprar moneda extranjera… Cualquiera podría decir, con toda razón, que estas no son cuestiones de suma urgencia por las que preocuparse, pero la verdad es que en nuestra actividad necesitamos la opción de contar con lo mejor (por nuestra salud, desempeño, integridad física) y no tener que contentarnos con lo “menos peor”.

Así y todo, creo que elegí un buen par de zapatillas. Tenía la alternativa de llevar los mismos modelos que ya tenía (pero nuevos) o innovar. Y me llevé las Ventis 2, que son híbridas: para calle y aventura. Ya las empecé a ablandar, de cara a Pinamar (en menos de dos semanas). Por ahora vienen bien, pero solo tienen 9 km encima…

Semana 43: Día 297: Adiós, zapatillas viejas

image

Llegó el mentado día de cambiar de calzado. Lentamente, las llantas que me acompañaron estos meses a superar 2 mil kilómetros de carreras y entrenamientos, irán abandonando a mis pies.
Todavía no se qué modelo me voy a comprar. De hecho estoy escribiendo esta entrada en el colectivo, camino al shopping (eso explicará cualquier sinsentido que escriba, producto del absurdo autocorrector del celular).
Sí puedo adelantar que van a ser Puma, en parte porque, de las mejores que hay en el mercado, son las más accesibles. En parte, además, porque consigo un descuento por los Puma Runners (ya llegará el día en que las marcas descubran las ventajas promocionales de regalarme zapatillas).
El siguiente paso, que creo que daré después de la Adventure Race Pinamar, es cambiar de plantillas (también las consigo con un modesto descuento y tampoco me las regalan. Ayyyyyy, directivos me marketing, ¿qué blogs están leyendo?).
Estoy intentando cambiar dos castigados pares, uno destinado a calle y otro a aventura. El segundo lo usé bastante para entrenar, porque son más pesadas y se supone que me hacen más veloz en las carreras en llano si el día de la carrera cambio por las livianas.
Esta vez tomé precauciones y no lavé ninguna en el lavarropas. Pero las de aventura se hundieron en barro, charcos, arroyos, arena, tierra (colorada, negra, gris…). O sea, las hice de goma. Las otras, al tener poca suela, las empecé a sentir con menos amortiguación que antes.
Veremos si innovo o si vuelvo a lo ya conocido. Probablemente pruebe algo nuevo y haga la eterna promesa de que esta vez las voy a cuidar de verdad…

Semana 42: Día 291: Es hora de cambiar de calzado

Pies doloridos, rodillas doloridas, espalda dolorida. Señales de que las zapatillas necesitan jubilarse.

Jamás cambié tanto de calzado como en estos últimos dos años. Era capaz de hacerlas durar infinitamente. Pero ahora es en una de las cosas en que más invierto: no escatimo plata y las castigo hasta destruirlas.

Actualmente intercalo dos pares, de marca Puma: Las Faas, para calle, y las Nightfox, de aventura. Marcelo Giroldi, quien me hizo mis plantillas, le dio el visto bueno a ambas, y me recomendó guardar las que son más rápidas y entrenar con las pesadas, para hacer una diferencia en las carreras. Pero después de ir a las sierras, a la montaña, de participar en maratones y ultras, ya no son lo que eran.

Tengo registro de cuándo compré mis pares anteriores gracias a este blog, pero no tomé la precaución de anotar qué distancia llevaba recorrido hasta ese momento, para calcular cuántos kilómetros me han acompañado. Algunos recomiendan cambiarlas cada 500 u 800 km, que en mi caso podría equivaler a 4 o 5 meses. He sabido cancherear con mis Asics agujereadas, pero ante la duda de cuánta distancia se ha corrido, un agujero es un indicador de que hay que ir urgente a cambiar de zapatillas. Además, para cuidar el elemento que nos protege mientras entrenamos, conviene usarlas solo durante la actividad física, y alternar con un par cómodo para estar en casa o en el trabajo (a menos que, como yo, hayas planeado volver al hogar corriendo desde la oficina).

Tuve buena experiencia con estas Puma. Tienen la calidad de unas Asics por casi la mitad de su precio. Con Pinamar acercándose me pareció un momento oportuno para hacer el cambiazo. Pero (acá viene la parte complicada) tengo que esperar a juntar unas monedas (mi cumpleaños sigue todavía lejos), así que calculo que para la semana que viene me haré la excursión hasta la tienda. No me animo a probar otro modelo, pero tengo que elegir entre calle o aventura. Probablemente opte por la segunda, ya que Pinamar tiene partes con pinocha, ramas, raíces… aunque en los próximos meses voy a hacer una media y una maratón completa en asfalto. Para La Misión, si es que finalmente nos inscribimos, me van a venir bien unas resistentes… Quizá pueda aguantar la Adventure Race con el calzado de siempre, comprarme unas buenas Faas para la calle, y aprovechar el viaje a Europa de Septiembre para traerme de allá algo copado para la Misión.

Decisiones… que se toman con la cabeza, pero también con el bolsillo…

Semana 10: Día 63: ¡Zapatillas nuevas!

He descubierto (hace tiempo, es verdad), la maravillosa sensación capitalista de ir de compras. Máxime siendo que hay una carrera en vista, y que cierto shopping decide hacer una astuta alianza de marketing con una tarjeta de un banco y ofrecer un 25% de descuento.

Yaboty, Yaboty, Yaboty… estoy hablando tanto de esta carrera que el corrector ortográfico del teléfono ni me lo corrige, y ya cuando poso mis dedos sobre la “Y” me autocompleta la palabra. Es cierto, estoy creando un monstruo (encima de una carrera que ya es, de por sí, muy complicada), pero todo lo que puedo hacer es prepararme lo mejor posible y analizarla todo lo que pueda. No estaba tranquilo con mis Puma para correr, modelo Faas, por más que demostraron andar muy bien en carreras de calle. Carecían de buena estabilidad en los tobillos, están más diseñadas para el asfalto y para lograr velocidad. Esta ultra trail precisaba de algo bien diferente.

Sinceramente estaba muy conforme con mis Asics, y grande fue mi sorpresa cuando me avisaron que las que tenía eran un número más chico que mi calzado normal. Eso fue por comprarlas afuera, via internet. Confié en mi habilidad para calcular el tamaño, pero vieron cómo son los norteamericanos, con sus onzas, millas, pies y pulgadas, en lugar de usar las mismas unidades de medición que el resto del mundo. Así fue que le erré y terminé con unas zapatillas un centímetro más pequeñas que las Puma que terminé comprando meses más tarde (y no podía entender cómo es que eran MUCHO más cómodas… bueno, ahí estaba parte de la explicación).

Me quedaba poco tiempo para correr en Yaboty, así que la posibilidad de volver a encargarme unas Asics de afuera estaba descartada. Comprarlas acá, al precio que salen, con los gastos de inscripción y viaje, las hacía un poco prohibitivas. Así que, promoción bancaria mediante, llegó la oportunidad de un descuentazo. Fui a la tienda de Puma a ver si había algo pensado en carreras de aventura, y terminé llevándome el único modelo que tienen para trekking, las Nightfox.

Al principio las noté mucho más duras. Estaba muy acostumbrado a las Faas, que son muy blandas y livianas. Puma está recién incursionando en el calzado de running (no sé por qué, siendo que hace décadas que hacen ropa deportiva), pero tengo entendido que las diseña gente que trabajaba en Asics. No tienen la misma terminación (se nota en ciertos detalles mínimos, como el encolado), pero se nota que están hechas para resistir. Tienen amortiguación con gel, unas suelas con un diseño para mejor agarre, y huecos para dejar escurrir si uno hunde los pies en el agua. Esto podría parecer peligroso porque se supone que las vamos a usar en terrenos al aire libre, entre piedras y ramas, pero además cuenta con una malla metálica para que uno no se pinche.

Desde que me las puse tenía 10 días para la carrera, así que las usé en todo momento. Voy a llevarlas por lo menos 10 horas el primer día, así que necesitaba ablandarlas. En el entrenamiento, con mis propias plantillas (esencial) anduvieron bien, y aunque me resultaron bastante duras, a los dos o tres días ya no las sentía tan diferentes. Falta la prueba de fuego, allá en la naturaleza, y veremos cómo se comportan. Pero por ahora se la bancan, y el color queda bien con la remera de los Puma Runners, así que eso terminó de cerrar el trato.

En este caso, pertenecer a este grupo de entrenamiento no me otorgó ningún descuento extra para comprarlas, y aunque me encantaría hacer un canje y estar constantemente probando calzado y accesorios a cambio de publicidad, todavía no estoy en la mira de los ejecutivos de marketing. Pero estas zapatillas son una suerte de experimento, porque llegué al local sin saber que existían y ahora tengo la intención de probarlas en una durísima carrera. Además de que las voy a castigar muy duro, me han dicho que por el tipo de tierra que hay en Misiones, cualquier zapatilla que lleve volverá completamente roja y jamás en mi vida voy a poder quitarle del todo esa tinta. Así que las compré sabiendo que quizá solo sirvan para esta carrera y nada más. Aunque salen la mitad que unas Asics, no me molestaría que sobrevivan y que pueda llevarlas a otra competencia. Pero, por ahora, tienen que sobrevivir a los 100 km del ultra trail…

A %d blogueros les gusta esto: