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Semana 51: Día 353: Visión de corredor

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En este viaje me percaté de una cosa que nunca había notado, y que quizá tomó relevancia con tanta caminata. La visión del mundo cambia cuando uno se vuelve un corredor.
En el micro que nos llevó para el aeropuerto de Ezeiza pasamos por varios descampados, arroyos y zonas arboladas. Mientras miraba por la ventana le dije a Vicky: “Qué buen lugar para hacer una carrera de aventura” (resultó que en ese lugar sí se organizaba un evento anual).
Ya en Roma, mientras recorríamos sus calles empinadas y sus plazas con restos históricos, nos poníamos a planificar correr por ahí, y lo bueno que sería tal o cual accidente geográfico. De hecho, nos dimos el gusto de entrenar con el Coliseo romano de fondo y hacer cuestas en la plaza del Domus Aurea.
Normalmente veríamos estas ruinas con un mero interés turístico, y capaz que hasta nos quejaríamos de tener que andar subiendo cuesta arriba. Por alguna razón que no logro entender, caminar nos cansa mucho más que trotar. Mientras nuestros amigos podían pasear durante horas sin agotarse, con Vicky ya nos fastidiaba tener que estar parados. En cuanto subimos una loma nos largamos a correr, ante la mirada atónita del resto. Recién ahí tomamos otra clase de contacto con esa actividad al aire libre.
Correr se convirtió en nuestra forma de relacionarnos con nuestro entorno. Cada complicación del terreno se transforma en un potencial desafío a vencer. Que veamos las cosas de modo diferente significa que las pensamos de modo diferente. Pavada de impacto tiene el running en nuestras vidas.

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