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Mi reconciliación con París

Mi reconciliación con París

“Esa foto es del subte de París. Tenía sueño, y odié París. No entiendo por qué, Le Fabuleux destin d’Amélie Poulain es la mejor película de la historia y en este momento estoy enamorado de Yelle y de April March. Pero París me pareció hostil, como mi llave francesa. Extraño mi nariz como era antes”.

Escribí estas palabras en mi Fotolog (¿se acuerdan del Fotolog?), en abril de 2008. Había conocido a Europa por primera vez y en un hecho que no guarda relación, me golpeé la nariz con la misma herramienta con la que ajustaba el volante de mi bicicleta. París me pareció fría hacia el que no hablara francés. Hizo muchísimo frío (recuerdo el viento helado ingresando en mi canal auditivo mientras esperaba para subir a la Torre Eiffel) y el hecho de saber inglés no ayudaba a iniciar ninguna conversación con los locales. Otro dato que presuntamente no guarda relación es que en esta época estaba empezando a querer correr por mi cuenta.

Pero volví a París un año después. Estaba en pareja y ameritaba ir a una ciudad supuestamente romántica. En esta oportunidad las cosas fueron mejores. Hizo frío, no tanto, y tuve la deferencia de aprender a decir algo parecido a “Parlez-vous anglais?”. Si me respondían “Yes, a little”, ya seguía en inglés. Disfruté un poco más mi segunda visita. La tercera fue de panzada de baguettes, con especial deleite por las que tenían semillas de sésamo. Jamás probé un pan más rico que el de París. Ya corría con mucha frecuencia, así que hice un fondo desde la puerta de mi hotel, en un barrio alejado de París, hacia el centro, casi llegando a los Champs-Élysées.

La cuarta y última yo ya era un ultramaratonista. Fue en 2013, y al igual que la vez anterior, corrí desde el departamento que alquilaba, cerca del Sena, para recorrer todo el centro parisino. Llegué a la Torre Eiffel, pasando por el Arco del Triunfo y el Museo Louvre. Salí todavía de noche, muy temprano, y fui viendo cómo amanecía sobre la ciudad. Fue mágico verla despertar. Fueron 21 km que disfruté muchísimo, a pesar del frío.

Podríamos decir que mi relación con París fue de despreciarla hasta amarla, ¿y acaso eso no es el verdadero amor? Cuando uno deja de idealizar y acepta las virtudes y defectos. Tengo recuerdos hermosos y muchas ganas de volver. Los argentinos (en particular los porteños), también nos creemos un poco parisinos. Ayuda que Buenos Aires sea una ciudad con tantos cafés y librerías. La arquitectura a veces engaña, y es fácil estar en la Ciudad Autónoma sintiéndose en París, y viceversa. No lo digo por decir, me ha pasado.

Escribo esto con los múltiples atentados que sufrió la ciudad francesa todavía frescos. Soy de seguir tendencias, y en mi perfil de Facebook puse esa selfie que me saqué cuando hice mi último fondo en París, con la Torre Eiffel de fondo. Saqué varias, con el temporizador. Quería mi foto corriendo con esa ciudad de fondo. Después de un par de intentos, salió la toma perfecta. Algunos pueden creer que el resultado es falso y quizá tengan razón. Yo veo esa escena y me transporto automáticamente al aire frío, la ciudad despertándose, el olor del pan recién horneado, mis pies corriendo sobre los Champs-Élysées… todo vuelve, así que me alegro muchísimo de conservar esa imagen. También le puse el filtro con los colores de la bandera francesa, como señal de que estoy conmovido.

A muchos les molestan estas cosas. Creen que uno es un hipócrita por no conmoverse por todas las víctimas de la guerra de medio oriente. Suelen ser los mismos (aunque no se aplica en todos los casos) que publican fotos de niños muertos en brazos de sus padres, aviones norteamericanos/ingleses/franceses/etc bombardeando ciudades y matando civiles. Y me ofende un poco. Porque sí, me asquea cualquier clase de guerra, la que involucre a cualquier ser humano. Me hice vegetariano porque me daban pena los animales y hasta me daba culpa matar un mosquito, les aseguro que también me da pena el homo sapiens, y su tremenda incapacidad para respetar la vida ajena. Quizá me escandaliza ver las escenas de París ensangrentada porque estuve ahí, y tengo recuerdos hermosos. No estuve en Beirut, ni en Siria, pero no por eso me da igual que se maten inocentes. Supongo que tiene que ver con aquello que vimos cuando estudiaba periodismo. La noticia no es “El perro que mordió a un hombre”, sino cuando es el hombre el que muerde al perro. No es habitual ver atentados terroristas en una ciudad como París, y eso es fuerte. ¿Da igual que en el Líbano pase frecuentemente? No, por supuesto que no. Pero creer que uno expresa algo por una cosa no quiere decir que le reste importancia a otra. Uno se escandaliza más cuando le roban el celular que cuando la víctima es el vecino, simplemente por una cuestión de cercanía.

Lo más descorazonador es pensar… ¿cómo se podría evitar que sigan muriendo inocentes, en nombre de la religión, la política y la economía? Y es deprimente que la única respuesta que se esté poniendo en práctica sea endurecer las guerras. ¿Es la respuesta más rápida y efectiva, seguir fabricando mártires y que los que no tienen nada que perder tengan todavía menos que perder? ¿Por qué vale más poner una bala en la cabeza de una persona que ponerle un plato de comida en su mesa? Una vez más, los únicos que salen favorecidos con las guerras son los que hacen dinero con ellas. Todos los demás, en menor medida los que estamos lejos del conflicto y en mayor medida los que la sufren físicamente, tenemos que lidiar con el costado más absurdo del ser humano.

Semana 47: Día 326: Yaboty en imágenes

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Por suerte la organización de Salvaje solo subió una pequeña selección de fotos de lo que fue Yaboty. Y digo “suerte” porque puedo subir las mías antes.

No son la gran cosa, realmente no se puede correr y ser fotógrafo a la vez. Mi foto favorita, por supuesto, es la de mis heridas de guerra. No me animé a ponerme en cueros para mostrar todos los raspones que tengo en las piernas y en la otra mano. Se completaría la escena si subiese una imagen mía caminando como un Playmobil en el día de hoy, pero no quiero pasarme de víctima. Sinceramente solo siento un poco agotados los cuádriceps. La ampolla de la planta del pie izquierdo desapareció, así como el entumecimiento de los gemelos. Los cortes en las palmas ya no me impiden aplaudir, como en la entrega de premios.

Me parece increíble haber estado al rayo del sol, en esa agonía de kilómetros y kilómetros, racionando el empalagoso Powerade porque no sabía cuánto faltaba para el próximo puesto de hidratación, transpirado, cansado y mojado, y ahora estoy sentado en mi silla, escuchando los truenos de fondo, con la panza llena después de haberme comido dos milanesas de soja con acelga y una ración de ensalada primavera con choclo. Aquella epopeya de Yaboty empieza a parecer lejana, pero estas fotos movidas y borrosas me transportan de nuevo a la aventura, que empezó a las 3 de la mañana, esperando para tomar el micro que nos iba a llevar a la largada, y culminó a las 14:45, cuando crucé la meta. Aunque, claro, hay quienes dirían que esta experiencia comenzó mucho antes, y que se queda tan grabada en la memoria que nunca va a terminar…

Semana 46: Día 322: Camino a Yaboty

Bueno, fue solo un susto. Gendarmería se presentó en Retiro con 350 efectivos para asegurarse de que los micros iban a salir a horario, y que nadie iba a impedirlo. Aunque nosotros salimos con un charter desde Palermo, igual el paro me alarmaba, al igual que todos los que no se iban por un servicio privado sino que partían desde la terminal. Pero con el correr de las horas la patronal cedió, se comprometieron a pagar lo adeudado, y nada nos impide partir hacia Misiones.

Nunca pero nunca estuve mejor preparado para un viaje. Hice mi bolso… ¡ayer! Siempre lo armo diez minutos antes de salir. Y el fin de semana pasado fui a la feria a comprar cosas pensando exclusivamente en el largo trecho en el micro. También me equipé con cosas para la carrera, como geles, barritas, pretzels, frutas secas… todo lo que puedo llegar a necesitar. Tanta preparación me permitió seguir agregando cosas los días subsiguientes, como la compra de último momento del día de hoy, que fue Voltaren (crema) por si algo duele. No me termino de acostumbrar a este nuevo yo, que lava los platos después de usarlos y guarda la ropa doblada en los cajones. ¿Cuánto durará?

Realmente estoy muy ansioso, como nunca estuve. Será que es una carrera larga y extenuante, que la hago solo, que tengo desde zapatillas nuevas hasta reloj último modelo para medir distancias de ultra maratón. Tengo todo en su sitio, acomodado, y con tiempo de sobra. Como si fuera poco, me compré un teléfono nuevo, porque el otro andaba cada vez peor, tanto en funcionamiento como en rendimiento de la batería (mi teoría es que los programan para que a los dos años no anden más). Me cayó como promoción por mi empresa de telefonía, a la mitad de su valor, y será el dispositivo que quizás use para actualizar el blog. Veremos, porque no sé cómo son las cuestiones del roaming y todo eso. En el peor de los casos, esta será la última entrada hasta el lunes. Si llego a tener 3G, o si consigo Wifi en la selva, cuenten con actualización diaria. En realidad, está difícil, así que no cuenten con eso.

Tengo un revoloteo de mariposas en el estómago. ¿Cómo será la experiencia yendo solo, sin amigos ni familiares alentándome o asistiéndome? ¿Cuánto me va a tomar? ¿Cómo va a estar el clima? ¿Qué tal habrá sido mi previsión de bebida y alimento? ¿Voy a poder hacer funcionar (y entender) el navegador del reloj? Todas cosas que sabré el domingo. Por ahora voy con mi equipaje y mi provisión de comida para el micro (por si la pifian con mi menú). Siempre algo puede fallar, pero seguro que el día de hoy será mucho menos que de costumbre.

Si la tecnología está de nuestro lado, la sigo desde El Soberbio, en Misiones, donde nos prometieron un fin de semana de 25 grados de máxima. Hasta pronto.

Semana 46: Día 321: ¿Peligra Yaboty?

Me limito a transcribir la noticia que me hiela la sangre. Nosotros tenemos contratado un charter de Vía Bariloche para las 19:30 de mañana, directo desde Capital Federal hasta El Soberbio, en Misiones:

Por un conflicto gremial, habría problemas para viajar en micro

Una facción disidente del sindicato de choferes anunciará una medida de fuerza a partir de esta noche, lo que podría afectar a miles de pasajeros de cara al fin de semana largo. Exigen el cumplimiento de las paritarias.

Por un conflicto gremial, habría problemas para viajar en micro

Crédito foto: Nicolás Stulberg

“A partir de las 0 horas de hoy y hasta las 0 horas de mañana no va a haber servicios de larga de distancia”, precisó en diálogo con Infobae el titular de la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA), Silverio Gómez.

Los conductores de la UCRA reclaman el pago del 23% de aumento salarial decretado por el Ministerio de Trabajo en las negociaciones paritarias entre la Unión Tranviaria Automotor, el único sindicato con personería gremial, y las cámaras empresariales.

Además, según informaron en un comunicado, solicitan el “cumplimiento de los períodos de descanso de los choferes (pues) se obliga a los choferes a trabajar largas jornadas, por eso la medida está ligada no solo al respeto por la vida del trabajador, sino también la de todos los que transitan por las rutas argentinas”.

Desde la UTA minimizaron la protesta. “La UCRA ni siquiera es un sindicato. El único reconocido somos nosotros. No tienen ningún derecho”, señaló un vocero a este medio.

Las cámaras empresarias, por su parte, alegan que cuando el Gobierno decidió el aumento paritario les prometieron medidas compensatorias. “Al día de hoy no hay una solución de fondo. Recién ahora está empezando a llegar la ayuda, que es menos de lo que se prometió públicamente”, deslizó a Infobae una fuente del sector.

Así las cosas, habrá que esperar a ver qué nivel de adhesión tiene la medida de fuerza. No obstante, desde la UCRA anticiparon que habrá bloqueos a las terminales, incluyendo la estación porteña de Retiro. El fin de semana largo, para miles de pasajeros, podría empezar con el pie izquierdo.

Semana 46: Día 319: Comida de viaje

Con la suspensión de la Patagonia Run Spring y el traslado de la Misión a febrero, queda claro que Yaboty se va a convertir en la carrera más importante en lo que queda de mi año. Hubiese sido genial que ocurriese a fin de septiembre, pero me contento con cómo se dieron las cosas.

En este año de veganismo, todo se me complicó un poco. Ojo, estoy feliz con estos cambios, muy a gusto, pero me di cuenta que tengo que acostumbrarme a ciertas cosas que antes daba por sentado. Por ejemplo, le pedí a la organización que en el charter (subcontratado a Vía Bariloche) me den cena vegana. Me llegó el mail de confirmación diciendo “Que el pasajero no se preocupe, le damos cena vegetariana”. Claro que me preocupé, porque pensé en la cantidad de veces que en un micro me dieron fideos con queso (imposibles de quitar). Estoy con todo este tema de los alimentos integrales, pero soy flexible: si hay arroz blanco o pizza con masa de harina común, como sin problema. Creo que con lo que estoy reduciendo de comidas procesadas estoy más que bien.

Como no siempre me entienden con el tema de mi veganismo, no me queda otra que ser previsor. En todos los viajes me llevo frutas, galletas, agua, algún tupper… lo que sea para paliar el hambre. Y claro, la respuesta de la empresa de transporte me dejó intranquilo, así que decidí activar un plan B (además, muchas veces me pasó de avisar de mi comida especial y que se olviden… en la ruta no queda otra que joderse y aguantarse). El tema es que antaño me hubiese hecho sándwiches con queso o algo similar… ahora, ¿qué hacer que no tenga derivados de animales?

Pensé en galletas de arroz. Hay unas saborizadas (Mini arrocitas) que van como piña. Además, podría llevar una tableta de chocolate Águila negro (el de la etiqueta rosa), una botella de agua de 2 litros, algunas manzanas y bananas… y se me va acabando la imaginación. Me llevaría un tupper con algo preparado (cous cous, arroz integral), pero si la pegan con la cena, me daría pena que se desperdicie. Así que quiero llevarme cosas que puedan resistir varios días, quizás hasta el viaje de vuelta. Pero no quiero tener que tirar comida, me parece uno de los peores pecados que se pueden cometer.

Estoy corto de ideas, pero me parece que la cosa va a ir por ese lado. En El Soberbio parece que no hay tanta tarjeta de crédito y débito, así que nos recomendaron llevar efectivo para comprar en supermercados. Mi menú para el día previo a correr hubiese sido puro hidratos (polenta, por ejemplo), pero no sé si voy a tener dónde calentar agua. ¡Es todo un tema esto! Me gustaría saber que si me preparo algo el viernes a la tarde va a resistir hasta el sábado a la noche. Pero tengo mis dudas y poca experiencia cocinando con previsión. Los viajes me provocan ansiedad, y como cualquier ansioso, me calmaría corriendo. Como no puedo, porque voy a estar sentado 16 horas en un micro, voy a querer comer. Y quiero alimentarme bien.

Ya tengo mi comida de marcha, para cuando empiece la carrera, pero igual me parece que voy a necesitar un refuerzo de pasas de uva. Como voy a quemar muchas calorías, creo que voy a tomarme algunas licencias respecto al tema de azúcares y grasas y me voy a comer algunas barritas de cereal para el desayuno. Leche de soja y avena para el domingo a las 2:30 de la madrugada es pedir demasiado, ¿no?

Semana 45: Día 310: Los 27 km de la Terma Adventure Race 2013

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El viernes publiqué sobre las ventajas de actualizar tel blog desde el teléfono. Ahora, en la ruta (son las 19:23), volviendo a casa… y blogueando. Prometí ser buen copiloto y no dormirme. Espero poder cumplir.
Esta Adventure Race en Pinamar no fue muy diferente a otras. Las cosas que siempre funcionan, funcionaron. Las que no, fallaron también, pero son pocas.
Empiezo con las cosas que creo que el Club de Corredores hace mal. Primero, la más grave: siguen dando agua baja en sodio en los puestos de hidratación. Obviamente es una cuestión de sponsors, pero para mí pone en riesgo la salud de todos los atletas que no sufrimos hipertensión. Segundo, por motivos similares, tienen a Quilmes de sponsor. Sin embargo, este año regalaban cerveza sin alcohol. Sigo sin entender que hace ese producto acá, en un evento deportivo, pero a la vez me parece preferible a cuando regalaban bebidas alcohólicas. Otra cosa que me molestó eran los cuatriciclos. En un momento se me puso una atrás y me hacía sentir muy presionado: no sabía si me iba a pasar o no, si hacer un paso al costado o qué…  Además el humo de los caños de escape son menos deportivos que la Quilmes… Pero como ven son pocas cosas para una carrera muy bien organizada.
Con los Puma Runners nos levantamos temprano, desayunamos y salimos a la largada. Me fui todo lo adelante que pude, lo que me significa una ventaja estratégica. Pero un grupo de chicas se ofendió y se quejaba del grupo que se armó de buceadores de multitudes. “¿Es necesario, qué ganás adelantándote?”, “Hubieran venido más temprano”, y “¿Hace falta que me claves la mochila?” fueron algunas cosas que mascullaron entre dientes. No tenía ganas de polemizar, aunque me sentí muy incómodo, pero sí, hacía falta adelantarme para escaparme del malón de la largada, no era la fila del PagoFácil sino la largada de una carrera, y no le clavé la mochila a nadie. De hecho se cruzaron de brazos y me clavaron un codo en las costillas, como si fuese accidental. Creo que las salidas son todas así, con muchos ansiosos queriendo adelantarse. Además, ¿vale la pena hacerse mala sangre por algo que hace una persona que veremos más de tres minutos en toda nuestra vida?
Por suerte esa tensión la pasé apenas crucé la largada. Gracias a haberme adelantado, no sufrí un embudo, crucé el arco a pocos segundos de que el cronómetro se puso en cero, y el estar adelante hizo que no esté esquivando las pisadas de otros en la playa.
Los primeros 5 km fueron, como siempre, por la costa. Todos íbamos pisando la arena húmeda porque era la más firme. Las olas,  a veces, se acercaban peligrosamente a nuestros pies, y teníamos que saltar al costado para esquivarlas. Como sabía que en los médanos me iba a costar, apreté en este tramo todo lo que pude.
Obviamente que la arena blanda siempre nos nivela a todos. Ahí no pude evitar bajar la velocidad y pasar de una zancada abierta a dar pasitos cortos.
Tengo entendido que los médanos son 11 km de toda la carrera. Es bastante frustrante correr en arena suelta, porque absorbe el impacto de la pisada y no lo devuelve, a diferencia de terrenos más duros como el asfalto (que sería el extremo opuesto, que devuelven demasiado).
Hasta ahí mi carrera era complicada. No me sentía cómodo, me quemaba las piernas en las subidas y me sentía muy cansado. Me tomé un gel en el km 10 y no me cayó bien al estómago. Pero esta Pinamar fue un cambio rotundo para mí. Noté algo que me cambió esta carrera para siempre.
Empezó con un dolor en la cara externa de los tobillos. ¿Por qué me dolía justo ahí? Decidí avanzar mirándome otras pies, con más atención que lo habitual. Me sorprendió ver todo lo que se doblaban hacia adentro. Sabía que tenía una pequeña pronación (oficialmente mi pisada es neutra), pero se ve que la irregularidad del terreno hacía que se metieran más para adentro.
Decidí concentrarme en pisar derecho. Esto me obligaba a estar pendiente de mis pasos, pisando (forzadamente) más con la parte externa de los pies. ¿Cómo creen que me fue? Increíblemente mejor.
Si alguien me preguntaba si algo así era una buena idea, hubiese supuesto que no. Pero hice otra carrera. No sé bien por qué me resultaba más fácil correr por la arena y el bosque. Quizá me motivó más que no me doliesen más los pies, pero lo cierto es que mejoré muchísimo mi rendimiento.
También apliqué un truco que aprendí en estas Pinamar, que fue no seguir las subidas y bajadas del bosque. A ver si me sé explicar: el terreno en esta parte son montículos bajos de arena y pinocha que suben y bajan todo el tiempo. Otras piernas y la cabeza se queman siguiendo estos senderos. En lugar de dar pasos cortos, saltaba de cima en cima, abriendo las gambas… y con mi nueva pisada más paralela, empecé a pasar corredores.
No me quiero detener en las complicaciones de correr en las playa. Además de que quema piernas, la arena se mete en las zapatillas, algo terriblemente incómodo.
En el kilómetro 20 me tomé el segundo y último gel. Además de aprovechar dos vasos de Gatorade, comí unos trozos se banana. En el asfalto apreté todo lo que podía y en el último tramo por la costa también. Siempre me sentí cómodo y con resto, a pesar de que casi me acalambro el gemelo derecho en una parte (fue un instante y pasó).
Hay un tramo, de 10 metros o menos, donde uno sube desde la playa al asfalto y corre los últimos 100 metros. Es la parte más difícil, aunque sea corta, porque uno está harto de arena y de correr por superficie blanda. Pero, como todo, se pasa.
Al final metí un sprint furioso y crucé la meta en dos horas y veintiocho minutos exactos, todo un récord para mí.
Me sentí muy contento y me quedé pensando… ¿Realmente me ayudó el cambio en mi pisada? Es una pregunta que solo podré responder corriendo más carreras y desarrollando más aún la experiencia y el entrenamiento.

Semana 45: Día 309: Comiendo en Pinamar

Siempre, en todos los viajes, ser vegetariano era una complicación. Volverme vegano le sumó dificultad, y querer dejar harinas blancas, azúcar y otros alimentos refinados hizo que todo se haga más cuesta arriba.
Compartir un viaje con otros 16 Puma Runners, lejos de casa y en una ciudad donde no llegó la moda del veganismo, hace que me flexibilice un poco. Así que comí fideos comunes, risotto y pizza (vegana). Pero pude mantener algunas de mis exigencias, como no comer pan, y reemplazar las “ganas” por fruta. Me di cuenta que muchas veces como por reflejo, para acompañar a otros. Es parte de la convivencia.
Por suerte pide hacer lo más importante, que fue relajarme. Sigo sin entender por qué, además de Terma, en la Adventure Race tienen a la cerveza Quilmes de auspiciante, pero por lo menos regalaban la variante sin alcohol. Para la carrera me compré dos geles, y tengo unas gomitas que me reglaron para la maratón de Río (y que olvidé usar entonces).
Para la mañana tengo mi avena con pasas y Ades natural…  Un desayuno de campeones, para encarar otra carrera en las arenas de Pinamar.

Semana 44: Día 308: Adiós, Ciudad Autónoma

Delicias de la tecnología. Estoy en camino a Pinamar, en el auto me Mariano, con otros compañeros de Puma Runners. Y para amenizar el viaje, estoy actualizando el blog desde el teléfono.
¿Cómo hago para escribir tanto solo con el dedo gordo? Ni yo lo sé.
Hay que tener 3G, que en la ruta es como encontrar el Santo Grial. Pero gracias al teléfono y su teclado swype (googléenlo) he podido actualizar el blog en muchas oportunidades donde las responsabilidades del día me lo impidieron. Desistí de ponerle fotos porque eso vuelve más lento todo el proceso. A veces, solo queriendo subir texto, me tira error unas cuantas veces hasta que pasa. Y ni que hablar del texto predictivo, que a veces pone cualquier palabra, una de cada tres es una grosería.
Todas estas cosas son a las que me enfrento actualizando el blog desde el celular, como está pasando ahora mismo, mientras transitamos la autopista Buenos Aires – La Plata.
Como en todos los viajes, estuve trabajando todo el día, intentando irme con tranquilidad. Estaba armando una historieta muy divertida, llamada Hit-Girl, precuela del cómic Kick-Ass 2, próxima a estrenarse en cine (googléenlo).
Fiel a mi nueva etapa donde tengo todas mis cosas ordenadas, hice mi bolso con tiempo y que, quizá, sea la primera vez que no me estoy olvidando de nada.
Solo me resta llegar a Pinamar, y disfrutar de un día de playa (invernal). Y después, hacer esos 27 km de arena y bosque…

Semana 44: Día 307: Palpitando Pinamar

Si no tuviese trabajo pendiente ni responsabilidades, ahora mismo estaría en Pinamar, chupando frío, pero rodeado de amigos. Un contingente de Puma Runners ya se encuentra en la ciudad costera, de cara a la Terma Adventure Race. Esta carrera es un clásico para nosotros, y será mi sexta edición. Pero me toca salir mañana por la tarde.

Esta fue la primera competencia en la que participé. Al principio era “La Merrell”, pero hubo un cambiazo de sponsors, un año fue “Adventure Race” a secas (parecía que le faltaba algo), y ahora esta amarga bebida que jamás me gustó es la marca emblema (mucho mejor ella que Old Smuggler o Jack Daniel’s). Por algún motivo que no logro dilucidar, siempre nos toca muy buen clima. Para el domingo nos esperan 18 grados de máxima y 9 de mínima, aunque para la hora de la largada no creo que pasemos demasiado frío.

Mi primera carrera (de toda mi vida, sin contar esos angustiantes 3,5 km que nos obligaban a correr a fin de año en el colegio) fue en Pinamar, exactamente el domingo 6 de julio de 2008. Hizo un día hermoso, y corrí en posta, el último tramo (unos 7 km). Crucé bosque, un poco de arena, pasto, asfalto… Me salió el competitivo de adentro y subía las cuestas con grandes zancadas, desmoralizando a los que la estaban haciendo toda entera y ya no tenían fuerzas.

Todo lo que hice en esa carrera fue gracias al equipo. Si no hubiese ido con ellos, no la hubiese corrido. Ni siquiera me hubiese enterado de que existía. Toda esa convivencia, las anécdotas, los consejos, el traspaso de la antorcha a las nuevas generaciones… eso es lo jugoso de estos viajes. Ahora, cinco ediciones más tarde, me toca ser a mí el tipo “con experiencia”, que dice cómo encarar las subidas en los médanos (buscando las pisadas del anterior), cómo evitar que se te meta arena en las zapatillas (polainas), dónde apretar (en suelo firme). PInamar me llama más por su tradición que por su recorrido, que de por sí es muy duro y come mucha pierna.

¿Lo que menos me gusta? Lavar las medias dos o tres veces y seguir sintiendo que tienen arena. ¿Lo que más me gusta? Esos últimos 100 metros de asfalto, con la murga, los papelitos, la gente alentando, y cruzar la meta.

Semana 41: Día 284: De regreso en casa

Después de un largo viaje, estoy nuevamente en Argentina. Ha sido una larga travesía ayer incluyó taxi, colectivo, avión, tren… Por eso hoy no hay blog. Pero mañana retomaremos la programación habitual.

¡Hasta entonces!

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