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Semana 41: Día 280: Por qué no me gustan los Juegos Olímpicos

Quizá sea un bicho raro, pero es hora de admitirlo: no me gustan los Juegos Olímpicos. Me parece que es algo maravilloso llegar a ellos, ser un deportista que represente a su propio país y ser seleccionado en base al propio desempeño deportivo. Pero no siento que todo esto transmita valores positivos.

Probablemente la gente los mire y se apasione, pero para mí carece un poco de sentido. Desconozco el significado que tendría originalmente, supongo que los Juegos eran para entretener a los dioses, pero ahora se han convertido en una competencia más entre países. Los noticieros locales se empecinan en sumar cuántas medallas suma la Argentina. Todos quieren el oro, poco importa los que se lleven la de plata, y ni hablar la de bronce. Pero si no se llevan nada… ¡qué deshonra! El nadador Meolans salió una vez a pedir disculpas por la expectativa que había generado en la gente. ¿Tenemos que ser tan resultadistas?

Los atletas olímpicos la deben pasar bien. En la villa olímpica socializan con otros atletas, intentan distenderse, y los ojos de todo el mundo están puestos en ellos. Pero también la presión de ganar. A nadie le interesa si se deslomaron para llegar: de nada vale no traer un triunfo a casa. Y todo se convierte en una competencia política. A ver cuántas medallas más que el vecino nos estamos llevando. El triunfo se convierte en algo de lo que se adueña una nación. Nunca podemos evitar compararnos con Estados Unidos, Rusia, u otras superpotencias deportivas.

Tampoco me gusta mirar fútbol (de hecho me aburre), aunque no sé por qué los mundiales sí me gustan. Se me contagia el patriotismo y me surge ese deseo por ganarle a tal o cual país. Quizá porque en este deporte sí está compleamente instalada la competitividad, y lo que vale es solo ganar. En los Juegos Olímpicos compramos el concepto de la unidad, la alianza entre todos los continentes, los valores de respeto, determinación, autoestima y la mar en coche. Lo cierto es que olvidamos rápidamente a los que no ganan (llamados “perdedores”). Quizá aprendí a competir contra nadie más que conmigo mismo, y por eso ver a dos personas intentando ser mejor que la otra sea algo que me cause rechazo.

Prefiero ver a alguien intentando demostrar que es el mejor del mundo, a que me vendan un discurso y que al final sea un todos contra todos, mi país contra el tuyo. Que gane el mejor y que el peor sea tristemente olvidado.

Semana 31: Día 216: El Paraíso, según BC

Hoy empiezo con una queja. La publicidad bombardea tanto con sus mentiras y mensajes distorsionados, que no es extraño que tengamos los valores tan errados. ¿Cómo no detener las picadas, si los avisos de autos hablan de velocidad, y en aquella publicidad de Renault Clio (Hacé feliz al gordo) se ve que el velocímetro supera los 140 km por hora, bastante por encima de los límites? ¿Cómo imponer valores de tolerancia e integración, cuando esa estúpida serie de propagandas de Trident tiene a dos monigotes animados discriminando a un tercero, al que lo señalan y le hacen burla?

El problema con estos mensajes es que aparecen constantemente en los cortes comerciales, y en la repetición terminan imponiéndose.

No soy una persona religiosa, soy creyente pero hasta ahí. Por ejemplo creo en Dios y en que existe un alma, pero considero que muchas cosas de la Biblia tienen raíces en el folclore del hombre primitivo. Me refiero puntualmente al origen de la raza humana, con Adán y Eva, y la Tierra que fue creada hace miles de años (en lugar de millones, como atestiguará la geóloga Vicky). O sea, la cuestión blasfema de que las cosas hubiesen sido diferentes si en el Paraíso hubiesen tenido jugo en polvo BC la dejo pasar. Creo que es erróneo el mensaje que intentaron transmitir en la Biblia, de que el castigo por el exilio fuese ganarse el pan con el sudor de la frente, porque no hay nada de malo en conseguir las cosas con esfuerzo. Y entiendo que el Génesis se escribió en una época de mucha misoginia, donde la mujer fue la que compró el cuento del Diablo, y terminó tentando al varón. Dudo que esto haya pasado, y me cierra que lo haya escrito un hombre, basado en las costumbres de la época.

Más allá de eso, me parece lamentable el mensaje que transmite BC, donde en el Paraíso todos hubiésemos obtenido bienes materiales (como un auto nuevo), donde la belleza física pareciera ser igual a felicidad (el pelo largo del Puma Goity, el flaquito que consigue un cuerpo de físico-culturista con solo conectarse a una máquina, el verdulero que sale con Nicole Neuman). ¿Ese es el ideal de dicha, de paz y serenidad? ¿Saltar adentro de un lavarropas para salir con las prendas impecables, toda arreglada y peinada? Todo esto con la pedagiza música de los Guns & Roses (que seguro jamás imaginaron que Paradise City iba a tener estas connotaciones).

Creo que las publicidades buscan imponerse en la memoria de la gente, sin importar las consecuencias. Vale más que te recuerden a transmitir valores. Desde el chiste (que a la tercera o cuarta vez ya harta) hasta las situaciones de egoísmo, soberbia, vanidad y lujuria, todo para vendernos cosas que no necesitamos. Y siguiendo con una lógica bíblica, llama la atención esa contradicción de recurrir a pecados capitales para crear un paraíso idealizado.

Lo más triste es que las campañas de concientización, donde se hable de la amistad, la autosuperación, brillan por su aunsencia. Seguro podremos pensar en un par (con Nike y Adidas a la cabeza, empresas dedicadas a vender valores que no defienden con sus fábricas de trabajo esclavo en Asia). Pero en nuestras pantallas solemos ver estas publicidades entremezcladas con las otras. Y pierden por goleada, con su escaso presupuesto, y su pobre creatividad.

Si esas empresas de creativos publicitarios intentaran encarar sus mensajes hacia otro lado… creo que las cosas cambiarían un poco. Alguno podrá pensar que ellos le dan a la gente lo que quiere ver y escuchar, pero eso es tirar la pelota para el otro lado. Después de todo, su intención es vender un producto (o idea), así que están formando opinión… y una muy mala.

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