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Semana 29: Día 197: Correr un sueño

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Me di cuenta que escribir la reseña de los 63 km de la Patagonia Run desde el teléfono era una picardía. Necesito extenderme más de lo que me permite mi dedo gordo.
Puedo adelantar que llegamos. Que sufrimos. Que hicimos bien algunas cosas y otras mal. Pero sobre todo que nos divertimos.
Como no me puedo explayar mucho (además estoy filtrado y en cualquier momento me desmayo de sueño) voy a centrarme en el motivo por el que participamos de este ultra trail.
El año pasado Vicky le puso el ojo a esta carrera. Ella sabrá por qué, yo ahora no tengo idea. Pero me la planteó y en mi obsesión de encontrar una carrera de 100 km en la que terminar antes de 10 hs y media, le di para adelante (la montaña sería implacable conmigo y me daría una dolorosa lección de humildad).
Vicky, por su parte, quiso participar en los 63 km, porque 42 le sonaba a poco y 84 le sonaba  a mucho.
Pero la organización es muy estricta con los horarios, y cuando Vicky llegó 5 minutos después del tiempo reglamentario al último puesto de control, no la dejaron seguir hasta la meta.
Ella sufrió mucho por esto, así que le regalé mi medalla de 100k, porque sé lo que le costó correr este desafío para quedarse varada a 6 km de llegar.
También le prometí, hace un año, acompañarla si volvía a intentarlo. Y claro, volvimos por el desafío de Vicky. Como lo planificamos con tanta antelación, se terminó superponiendo con la Ultra Buenos Aires. Asi fue cómo terminé corriendo 100 km el domingo y 63 km de montaña seis días después. No fue fácil, pero lo conseguí. Y ella también.
Con mucho sudor, conseguimos cumplir ese sueño y decir con mucha alegría: “Vicky, la tenes adentro” (la carrera). Fueron 12 horas arduas, con la presión de correr conta el reloj. Pero le pusimos toda la pila, y lo hicimos, apadrinando a Miguel Ángel, el guerrero tucumano de 12 años que está luchando contra las primeras etapas de la leucemia. Asi que hoy fuimos tres los que corrimos por ese sueño, lo que hizo que este ultra trail tuviese muchas cosas en juego.
En breve la reseña completa.

Semana 24: Día 164: A cinco semanas de la Patagonia Run

Continuando con mi repaso por las inminentes carreras que se avecinan, cierra todo con la Patagonia Run, una cuenta pendiente de Vicky y, de alguna manera, mía también.

Quizá no sea lo ideal encarar un trail de montaña a una semana de correr 100 km (la Ultra Buenos Aires, en Marcos Paz). Cuando lo intenté el año pasado quedé muy entero, así que no siento que me vaya a romper. Por otro lado, la Patagonia Run me va resultar tan exigente como yo lo desee. En los 100 km que corrí en 2012 me torcí el tobillo y me caí montones de veces, desesperado por cumplir con el reloj. Ahora son 63 km, codo a codo con Vicky, y me siento más experimentado y capaz.

Alguno recordará que esta distancia es la que intentó hacer el año pasado Vicky, y en el último puesto de control no la dejaron continuar porque se había pasado del tiempo límite. Hoy se comprueba qué injusta fue aquella decisión, porque extendieron el horario de la carrera. Con este nuevo itinerario, hubiese llegado sin problemas. Ahora nos queda salir a enfrentar a la Cordillera en San Martín de los Andes y demostrar que los sueños no se cancelan, solo se posponen.

Esta distancia me va a permitir arrancar casi de día, y no estar deambulando cuatro horas en total oscuridad. Quiero disfrutar del paisaje, como pudo hacer Vicky, y acompañarla para darle ánimo y que cruce la meta. También me gustaría llegar más entero que cuando hice los 100, más relajado y sin estar al borde de la hipotermia. Este es un trail durísimo, que lo vamos a tomar con calma (pero con responsabilidad), acompañándonos mutuamente.

¿Y hasta cuándo mantendremos esta seguidilla de carreras? Hay tantas que quiero hacer… La del Tren de las Nubes, la de la Muralla China, la de Río de Janeiro… pero son todos sueños que vienen después de la Espartatlón. Ya habrá tiempo para el resto…

Semana 2: Día 8: El paraíso de los deportistas

Alguna vez se me acusó de intentar ponerle propaganda al blog. Siempre intenté mantener independencia, y poder hablar bien de las marcas que me gustan (Puma, Asics, Powerade) y mal de las que no (Nike, Coca-Cola, McDonald’s). Ahora siento que puedo hablar a mis anchas de esta marca porque no existe en Argentina (creo que ni siquiera en Latinoamérica), así que todos van a darse cuenta de que no tendría sentido que me paguen o que me den un canje por hacerles un “chivo” (pero estaría más que dispuesto, señores gerentes de marketing).

Una de las situaciones que más me entusiasmaban de este viaje a Europa era visitar la tienda Decathlon, en Madrid. Yo lo llamo “El Easy de los atletas”, porque se maneja como si fuese uno de esos monumentales hipermercados, donde cada producto está orienado al deporte. Claro que hay secciones que no me interesan (como pesca, caza o golf), pero también tiene góndolas y góndolas con ropa y accesorios muy útiles.

Recomiendo a cualquier viajante que venga para España, ya sea Madrid o Barcelona, así como Francia, que se haga un momento para pasar por alguna de estas tiendas. en primer lugar, un gran porcentaje (calculo que un 90%) son productos de manufactura propia. Tienen algunas remeras de Adidas o Nike, así como calzado Salomon, pero son minoría. Las marcas Quechua, Kalenji o Domyos no le sonarán a nadie, pero son económicas y de muy buena calidad.

Nuestro entusiasmo por ir al Decathlon obedecía a que vamos a participar en La Misión en diciembre, y teníamos una larga lista de elementos obligatorios que llevar. Aún si convertimos a pesos todos los euros que gastamos en estos días, gastamos mucho menos que si comprábamos productos similares en casa. Entre todo el equipo que conseguimos bajo el mismo techo hay camperas impermeables, buzos de micropolar, polainas, cantimploras, remeras térmicas, mochilas, sacos vivac, purificadores de agua, cubre pantalones, anteojos, zapatillas para trekking, y la lista sigue. Luego hicimos el tax free, así que en la aduana, antes de tomar el avión, deberían reintegrarnos casi el 10% de la compra. Como enganchamos el principio de la temporada de otoño, conseguimos muchas cosas de rebaja, como remeras por 7 euros, o calzado rebajado de 90 a 65 euros (que creo fue el producto más caro de toda nuestra lista).

A alguno podrá parecerle que dejarse llevar por impulsos consumistas, en la situación económica actual (tanto de Argentina como España) raya en lo inmoral. Es entendible, sobre todo cuando lo único que uno necesita para correr es un par de zapatillas decentes. Pero en los ultra trails es imposible escatimar. Aunque son eventos controlados, uno pone en riesgo la integridad física, la salud y hasta la vida. No sabemos qué clima vamos a tener en la Cordillera de los Andes, y necesitamos estar lo mejor preparados posible. Seguro que hubiésemos podido pedirle prestado algo del equipo a veteranos de La Misión, pero esta es una inversión a futuro: vamos a querer seguir haciendo ultra trails, y no queremos dejar pasar la oportunidad de tener buen equipo y a buen precio. Con todo el esfuerzo del viaje y los percances que vivimos (cepo cambiario, tarjeta de crédito clonada, el perro que dejamos en casa y al que extrañamos) creo que es justo decir que nos hemos ganado esta visita a la Panacea de los deportistas.

El dinero no hace la felicidad. Tampoco los bienes materiales. Pero si nos importase la plata, la guardaríamos abajo del colchón y no la gastaríamos. También levantamos pedidos entre amigos y compramos montones de regalos. Para nosotros la felicidad es ir a esta carrera, hacerla y disfrutarla. Y con todo este equipo (que es NUESTRO), estamos mucho más cerca de ese objetivo.

Semana 41: Día 286: ¿El Origen o La Misión? He ahí el dilema

La Misión es una carrera de tipo trail, en montaña, organizada por el Club de Corredores, y en diciembre, muy cerca de mi cumpleaños. El Origen es un desafío similar, también en el sur, organizado por TMX en un lugar paradisíaco, a principios de febrero. No son competencias incompatibles, uno podría recuperarse de una y participar en la otra. No es cuestión de matarse, sino de disfrutar.

Con Vicky venimos planificando participar en La Misión desde hace rato. Tiene variantes, como la Short, de 40 km y la Media, de 80. La “posta” son 160. Quizá los números no sean exactos, pero son las distancias que venimos manejando. Y nunca podemos correr ninguna, siempre surge algo que aparta nuestro objetivo y demora unos meses (o un año) nuestra participación. Pero todo parecía indicar que en diciembre haremos el viaje y andaremos todos esos kilómetros en equipo.

Pero… ahora me doy cuenta de que el que más quería hacer La Misión era yo. Vicky tiene las esperanzas puestas en El Origen, y hoy nos pusimos a hablar para ver qué podíamos hacer. Estas carreras son caras. Exageradamente caras. Y para los que tenemos que viajar desde Buenos Aires o provincias alejadas, el traslado es igualmente excesivo. Para colmo, La Misión exige obligatoriamente comprar una comida caliente a ellos, que ronda los $50. No se puede adquirir en otro lugar (y surge la pregunta, ¿por qué no aumentan el costo de inscripción en $50 y se dejan de embromar?).

Cuentas, cuentas, cuentas. Días de vacaciones disponibles. Resúmenes de la tarjeta. Hay cosas que nos gustan más de una, otras gana la otra. Por ahora gana La Misión, porque decidimos correrla desde hace más de un año. ¿En qué gana esta carrera, además de que estaba primero en la fila? La inscripción es más económica (actualmente en $1750), y algunos compañeros de los Puma Runners la van a correr. El Origen es más cara ($2400), pero arrasa en cuanto a organización, con charters y hospedaje por una módica suma extra.

Siendo que La Misión la habíamos elegido de antes, tiene ese gusto a cuenta pendiente que quiero saldar. No me gustaría esperar a otro año para los 160 km. Correr esta o la otra harían que peligre le revancha de la Patagonia Run. Pero no hay problema, las cuentas pendientes, al igual que los sueños, solo se aplazan. Ya llegará el momento de hacer una vez (al menos) cada carrera, para poder elegir, el día de mañana, utilizando la experiencia personal.

Actualización: Mi amigo Yayo me aclara: “Martín, la Misión no la organiza el Club de Corredores. Es el Gurí Aznares. El Origen es de Pablo Bravo, el de la Conquista tu cumbre” (Como para dejar en claro lo perdidos que estamos…).

Semana 11: Día 72: Correr en pareja

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Yaboty nos sirvió a Vicky y a mí como entrenamiento de pareja. Es cierto, fue un desafío físico y mental, pero principalmente practicamos convivencia en situaciones un tanto extremas.
Toda esta aventura me enseñó algunas de esas cosas que solo las enseña la experiencia. A continuación, esas conclusiones, sin orden de importancia.

Primero, definir roles. Es probable que uno de los corredores sea más experimentado, o físicamente más fuerte. Como a veces hay decisiones difíciles de tomar, si se decide que uno es el navegador, o que uno marca el ritmo, se ahorran peleas innecesarias.

Lo segundo, planificar. Fue definitorio haber hecho el cálculo de carbohidratos necesarios, el agua que vamos a necesitar, etc. Eso hizo un gran diferencia. Vi muchos corredores sucumbir a la deshidratación, o quedarse sin energía y tener que abandonar. No fuimos superiores a ellos porque algunos tenían muchas más carreras de aventura encima que nosotros, pero improvisaron o subestimaron el terreno.

Tercero, el ritmo lo marca el corredor más lento. En nuestro caso era Vicky, por la sencilla razón de que corre desde hace más de un año y yo mucho más. En un equipo tenemos que saber bajar la ansiedad y no forzar a nuestro compañero a que llegue a nuestro ritmo. El paso es del otro. ¿Cómo hacer para no adelantarse y separarse todo el tiempo? El más experimentado debe ir atrás. Cuando corríamos en los llanos o las bajadas, ella iba al frente y yo a su izquierda, por detrás. En la subidas, le daba la mano y la ayudaba a subir.
Esto vendría a contradecir lo del ritmo, porque ahí la ayudaba a apurarse, pero en realidad era una forma de darle confianza y que se sienta protegida. Y en ningún momento la obligué a ir más deprisa.

Otra cosa importante, tener paciencia. Es probable que uno de lo dos se caiga anímicamente. Hay que contener y no entrar en conflicto. Estamos poniendo nuestra seguridad, quizá nuestra vida en el otro. Ante situaciones límite nuestro compañero puede flaquear, y ahí es cuando uno debe dejar el orgullo a un costado.

Para nosotros esta aventura fue una luna de miel. Mientras algunas parejas se van a un “all inclusive”, nosotros viajamos a Misiones a comernos los pies y las piernas.
Seguro que podríamos hacer otra cosa, pero estar en la naturaleza, buscando nuestro límite físico, y acompañándonos, es lo que nos motiva hoy en día.

Semana 11: Día 70: Yaboty

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Escribo esto un instante después de recibir el kit de la carrera. Quedan dos horas para partir a la largada, en el cruce de la ruta 21 y la 14.
Ayer lloviznó y no paró. A veces asomaba el sol, y el vapor se levantaba del pavimento. La tierra colorada se pega. Las suelas y mancha todo. Hay insectos de todas formas y colores que no le temen al hombre. Vi una araña blanca de ojos rojos que si me picaba seguro me daba superpoderes. La humedad se siente al sol, y sólo la lluvia trae un poco de tranquilidad. Nos advirtieron que en el camino hay tres familias de víboras venenosas que nos podemos llegar a cruzar.
Lejos de intimidarnos por estas cosas, las vinimos a buscar. Esto es aventura, y lo vamos a vivir en un trail de no menos de 10 horas…

PD: Le vamos a dedicar la carrera a Andrés Kruskevich, que nos acompaña y protege desde el Cielo

Semana 10: Día 67: Contando hidratos de carbono

Queda muy poquito para partir hacia Misiones y enfrentarnos al desafío de Yaboty. 100 kilómetros no son poca cosa, ni siquiera los 70 del primer día. La mejor forma de hacerlo es “cargando combustible” constantemente, y una forma de hacerlo es comiendo durante el trayecto. Si el cuerpo puede acumular hasta 2 mil calorías y en una maratón se consumen unas 3 mil, en una ultra tenemos por delante un tema a resolver…

El objetivo final de tooooodo este entrenamiento es correr la Espartatlón, 246 km, y para eso ya me adelantaron que voy a tener que consumir muchos alimentos calóricos, y hasta gaseosas para sobrecargar el cuerpo de glucosa. Este ultra-trail es un primer acercamiento, y con Vicky estamos intentando planificarlo de dla mejor manera. Se nos ocurrió llevar comida de marcha, pero hacer la cuenta de lo que vamos a necesitar. Y una buena fórmula que me acercó mi nutricionista es la de dividir el peso corporal por 100, y así se obtiene lo que el organismo necesita por hora. Si no lo ejemplifico, no se va a entender.

Yo peso 67 kg, dividido 100 nos da 67 gramos. Ese número es la cantidad de hidratos de carbono que mi cuerpo va a necesitar por hora. Qué comer depende de gustos personales, de qué toleramos o qué resulta más cómodo. Obviamente serán cosas que pesen poco, como frutas secas, geles deportivos o bebidas isotónicas. ¿Cuánta energía tiene un sándwich de pan lactal y dulce de batata? ¿Cuánto una bolsita de bolitas de cereal con chocolate? Si quiero hacer la carrera en 10 horas, necesito 670 gramos de carbohidratos. Eso nos obligó a leer etiquetas, agarrar una calculadora y hacer cuentas. No tengo problemas en consumir de más, pero para nada quisiera tener de menos.

Mañana, 19:30, parte nuestro micro rumbo a San Pedro. Ya estamos en nuestra dieta libre de fibra, con mucho pan, pastas, banana y arroz. Creo que esta vez sí, en medio de la selva, me va a ser imposible actualizar el blog. Y a mi lado va a estar Vicky, quien tampoco me va a poder ayudar como hizo cuando viajé a Machu Picchu. Pero estimo que, ante tamaño desafío, puedo tomarme estos días de licencia, ¿no?

Semana 8: Día 50: Entrenar en pareja para una ultramaratón

Hace calor. Mucho calor. Y llueve, pero la temperatura del departamento no baja. Estoy agotadísimo. El teclado de mi compu es viejo, sus teclas están muy duras, y hacen un ruido a metralleta cuando escribo. Falta una semana para que empecemos la mudanza y migremos a un departamento más grande (¡con aire acondicionado!), así que, caballeroso, le pregunto a Vicky si le molesta que me ponga a ametrallar el post de hoy. Ella es comprensiva, y me dice que no.

Pero no estoy seguro de sobre qué escribir. El cansancio solo me deja pensar en la cama. Aire fresco y sueño, todo lo que necesito para reponerme de un día denso y agotador. Vicky, por segunda vez en la noche, me da una mano y me propone escribir sobre el por qué estamos tan abatidos (y, encima, sugiere abrir la ventana, lo que refresca automáticamente la habitación). Aprovecho para adelantarle que le voy a robar una recomendación que hizo esta tarde y que voy a decir que es una idea mía (y genial). A ver si la pescan.

Esta mañana nos encontramos con un día pesado y caluroso si los hubo este año. Nos dirigimos al entrenamiento, donde nos esperaba una rutina de escaleras para entrenar para el ultra trail de Yaboty. No falta nada, y con Vicky vamos a experimentar esto de estar tantísimas horas haciendo actividad física, sea corriendo o caminando. El clima que nos espera en Misiones no va a ser mucho mejor al de hoy.

Decidimos dejarnos las mochilas puestas (no era nuestra idea al salir de casa) para probar cómo será el día de la carrera. Empezamos con un trote suave, mientras ajustaba las correas para que no me rocen el cuello cuando troto. Comprendí que la musculosa no era una buena idea, y que iba a tener que correr con una remera con cuello. Todo el tiempo fui al ritmo de Vicky, que era más lento que el que yo solía hacer, pero igual era constante y veloz. Hacíamos tres minutos, alternados con dos de caminata.

El calor se hizo sentir en nuestra transpiración. Pero nos esperaba lo mejor: 40 ascensos y descensos en una empinada escalera de 70 escalones. Cada tanto íbamos a una canilla que estaba arriba para refrescarnos. Lo cuádriceps ardían. Volvimos al trote y coronamos las dos horas y pico de entreno con 14 km, de los cuales casi 4 fueron de escaleras.

Todo este esfuerzo es poco, comparado con los 72 km que tendremos que recorrer el 9 de diciembre. Pero nos sirvió para aprender a correr en equipo, midiendo las velocidades y las mañas del otro. También me ayudó a darme cuenta qué cosas de la mochila me van a molestar, y cómo vamos a reaccionar ante el calor misionero (que, seguramente, sea diferente al porteño). Aprendimos a cuidar los detalles, como no llevar monedas o llaves, ya que el tintineo se torna insoportable en un momento. Además de hidratarnos, con el hambre que sentí hoy, confirmamos que vamos a tener que asegurarnos comida de marcha. Si en 14 km dolía la panza, en los 72 del primer día vamos a sufrir bastante.

Aprovechamos también para intercambiar consejos con los corredores experimentados. Uno, que dicen que es importantísimo, es llevar algo que te guste mucho comer, como puede ser un mantecol. En momentos de agotamiento, en la noche o si estás perdido, eso puede convertirse en oro puro, un motivador palpable y transportable. Una idea excelente y genial que se me ocurrió, si tenés que ir a la oficina y tenés los minutos contados para prepararte para la carrera, es dejar una muda de ropa en el trabajo un día antes de la partida. Así podés cambiarte y ponerte algo cómodo para salir, mientras te espera una prenda formal el día que te reincorpores.

Hicimos montones de planes para el resto del día, como ir al cine o empezar una nueva rutina de abdominales. Pero el calor y todas esas escaleras nos dejó agotados. Fue una pequeña muestra de lo que nos espera, pero como prueba fue importantísimo. Si queremos enfrentarnos a un desafío tan monumental, no podemos dejar lugar para la improvisación. Ya vamos aprendiendo con qué nos podemos llegar a encontrar, y estamos adelantando cómo iremos resolviendo cada pequeño desafío.

Cierro la ventana. La habitación está fresca. Ahora sí, damos por terminado el día y nos embarcamos al merecido descanso.

Semana 7: Día 46: Camino a la ultramaratón

El momento ha llegado. Finalmente encontré una ultra para mi debut. No estaba seguro de si iba a conseguir una, y finalmente acá está. Algunos recordarán que necesito “handicap” para poder anotarme en la Espartatlón. Se requiere una carrera de 100 km en 10 hs 30 minutos, o una de 200 (sin límite de tiempo).

El ultratrail de Yaboty pareció ser una excelente opción. Son 100 km, pero… 70 el primer día y 30 el segundo. No importa, la idea es empezar a prepararse, ver qué le pasa al cuerpo superando las 4 horas de actividad física. ¿Me sentiré agotado y querré renunciar? Desde la secundaria que no me pasa (claro que dejé de correr por 10 años). ¿Perderé más uñas? ¿Tendré visiones? No lo sé, voy a averiguarlo.

El clima de Misiones promete ser muy húmedo y caluroso. La hidratación va a ser la clave. Por suerte se engancharon los Puma Runners, y no iré solo (¡nunca hubiese ido solo!). Vicky estaba en duda de si ir o no, y creo que le terminó de cerrar cuando le prometí acompañarla. Así que iremos en equipo, y practicaremos para cuando hagamos la Misión, que es una cuenta pendiente para los dos.

Me gustaría comprar zapatillas adecuadas, así que probablemente lo haga en estos días. Estoy pensando en unas Asics, y dejar las Puma para calle. Parece que todo lo que pasa por ese terreno vuelve teñido de color cobrizo. Arrancaríamos a la tarde para hacer base a la luz de la luna, probablemente pasada la medianoche. La organiza la gente de Salvaje, que ya me compraron con la Crosscountry del año pasado, y la nocturna del finde pasado. Su único punto flojo es que suelen hacer agua con la hidratación (perdón por la ironía). Para esta ultra justamente aclaran que cada uno tiene que llevarse sus propias bebidas. Es, después de todo, trail a través de la selva.

Promete ser divertido. Para mí va a ser un nuevo desafío, como lo fue durante el Camino del Inca, para actualizar el blog estando totalmente aislado de la tecnología. Ni siquiera me va a aguantar la batería del GPS (dura 8 horas). El 7 de diciembre salimos, y ahí despejaré muchas dudas…

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