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Semana 45: Día 310: Los 27 km de la Terma Adventure Race 2013

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El viernes publiqué sobre las ventajas de actualizar tel blog desde el teléfono. Ahora, en la ruta (son las 19:23), volviendo a casa… y blogueando. Prometí ser buen copiloto y no dormirme. Espero poder cumplir.
Esta Adventure Race en Pinamar no fue muy diferente a otras. Las cosas que siempre funcionan, funcionaron. Las que no, fallaron también, pero son pocas.
Empiezo con las cosas que creo que el Club de Corredores hace mal. Primero, la más grave: siguen dando agua baja en sodio en los puestos de hidratación. Obviamente es una cuestión de sponsors, pero para mí pone en riesgo la salud de todos los atletas que no sufrimos hipertensión. Segundo, por motivos similares, tienen a Quilmes de sponsor. Sin embargo, este año regalaban cerveza sin alcohol. Sigo sin entender que hace ese producto acá, en un evento deportivo, pero a la vez me parece preferible a cuando regalaban bebidas alcohólicas. Otra cosa que me molestó eran los cuatriciclos. En un momento se me puso una atrás y me hacía sentir muy presionado: no sabía si me iba a pasar o no, si hacer un paso al costado o qué…  Además el humo de los caños de escape son menos deportivos que la Quilmes… Pero como ven son pocas cosas para una carrera muy bien organizada.
Con los Puma Runners nos levantamos temprano, desayunamos y salimos a la largada. Me fui todo lo adelante que pude, lo que me significa una ventaja estratégica. Pero un grupo de chicas se ofendió y se quejaba del grupo que se armó de buceadores de multitudes. “¿Es necesario, qué ganás adelantándote?”, “Hubieran venido más temprano”, y “¿Hace falta que me claves la mochila?” fueron algunas cosas que mascullaron entre dientes. No tenía ganas de polemizar, aunque me sentí muy incómodo, pero sí, hacía falta adelantarme para escaparme del malón de la largada, no era la fila del PagoFácil sino la largada de una carrera, y no le clavé la mochila a nadie. De hecho se cruzaron de brazos y me clavaron un codo en las costillas, como si fuese accidental. Creo que las salidas son todas así, con muchos ansiosos queriendo adelantarse. Además, ¿vale la pena hacerse mala sangre por algo que hace una persona que veremos más de tres minutos en toda nuestra vida?
Por suerte esa tensión la pasé apenas crucé la largada. Gracias a haberme adelantado, no sufrí un embudo, crucé el arco a pocos segundos de que el cronómetro se puso en cero, y el estar adelante hizo que no esté esquivando las pisadas de otros en la playa.
Los primeros 5 km fueron, como siempre, por la costa. Todos íbamos pisando la arena húmeda porque era la más firme. Las olas,  a veces, se acercaban peligrosamente a nuestros pies, y teníamos que saltar al costado para esquivarlas. Como sabía que en los médanos me iba a costar, apreté en este tramo todo lo que pude.
Obviamente que la arena blanda siempre nos nivela a todos. Ahí no pude evitar bajar la velocidad y pasar de una zancada abierta a dar pasitos cortos.
Tengo entendido que los médanos son 11 km de toda la carrera. Es bastante frustrante correr en arena suelta, porque absorbe el impacto de la pisada y no lo devuelve, a diferencia de terrenos más duros como el asfalto (que sería el extremo opuesto, que devuelven demasiado).
Hasta ahí mi carrera era complicada. No me sentía cómodo, me quemaba las piernas en las subidas y me sentía muy cansado. Me tomé un gel en el km 10 y no me cayó bien al estómago. Pero esta Pinamar fue un cambio rotundo para mí. Noté algo que me cambió esta carrera para siempre.
Empezó con un dolor en la cara externa de los tobillos. ¿Por qué me dolía justo ahí? Decidí avanzar mirándome otras pies, con más atención que lo habitual. Me sorprendió ver todo lo que se doblaban hacia adentro. Sabía que tenía una pequeña pronación (oficialmente mi pisada es neutra), pero se ve que la irregularidad del terreno hacía que se metieran más para adentro.
Decidí concentrarme en pisar derecho. Esto me obligaba a estar pendiente de mis pasos, pisando (forzadamente) más con la parte externa de los pies. ¿Cómo creen que me fue? Increíblemente mejor.
Si alguien me preguntaba si algo así era una buena idea, hubiese supuesto que no. Pero hice otra carrera. No sé bien por qué me resultaba más fácil correr por la arena y el bosque. Quizá me motivó más que no me doliesen más los pies, pero lo cierto es que mejoré muchísimo mi rendimiento.
También apliqué un truco que aprendí en estas Pinamar, que fue no seguir las subidas y bajadas del bosque. A ver si me sé explicar: el terreno en esta parte son montículos bajos de arena y pinocha que suben y bajan todo el tiempo. Otras piernas y la cabeza se queman siguiendo estos senderos. En lugar de dar pasos cortos, saltaba de cima en cima, abriendo las gambas… y con mi nueva pisada más paralela, empecé a pasar corredores.
No me quiero detener en las complicaciones de correr en las playa. Además de que quema piernas, la arena se mete en las zapatillas, algo terriblemente incómodo.
En el kilómetro 20 me tomé el segundo y último gel. Además de aprovechar dos vasos de Gatorade, comí unos trozos se banana. En el asfalto apreté todo lo que podía y en el último tramo por la costa también. Siempre me sentí cómodo y con resto, a pesar de que casi me acalambro el gemelo derecho en una parte (fue un instante y pasó).
Hay un tramo, de 10 metros o menos, donde uno sube desde la playa al asfalto y corre los últimos 100 metros. Es la parte más difícil, aunque sea corta, porque uno está harto de arena y de correr por superficie blanda. Pero, como todo, se pasa.
Al final metí un sprint furioso y crucé la meta en dos horas y veintiocho minutos exactos, todo un récord para mí.
Me sentí muy contento y me quedé pensando… ¿Realmente me ayudó el cambio en mi pisada? Es una pregunta que solo podré responder corriendo más carreras y desarrollando más aún la experiencia y el entrenamiento.

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