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Semana 32: Día 221: Noche de pesadilla

Anoche tuve una pesadilla, muy a tono con mi situación actual.

Como ya comenté ayer, pude volver a entrenar. La pierna anda bastante bien, algunos dolores, pero no en la lesión en el tibial. Pude hacer progresiones, sentadillas, y hoy a la mañana me duele todo, obviamente, porque perdí entrenamiento. “La grasa se gana rápido y se pierde lento, el músculo se gana lento y se pierde rápido”. O algo así.

Anoche soñé que estaba de vacaciones en alguna localidad costera. Podría arriesgar que era Pinamar. Estaba con mi grupo de entrenamiento, los Puma Runners, y teníamos una reunión de negocios. Yo había perdido por completo mi habilidad para correr. La pierna izquierda la tengo afeitada, y eso provocó algún comentario socarrón y algunas risas en el entreno. En el sueño estaba igual, salvo que el pie izquierdo tenía un agujero sobre el empeine, y de adentro salían cables y chips conectados a lo largo de la pierna (anoche, antes de acostarme, vi el programa de los 80’s en NatGeo y mostraban cómo se construyeron las primeras PCs… el cablerío era similar al interno de un gabinete de computadora). La pierna derecha estaba mejor, pero también tenía algunos slots y chips conectados.

No caminaba con dificultad, de hecho agradezco que en los sueños no se siente dolor, pero la imagen era espeluznante. De hecho al pie izquierdo le salía humo del agujero. Antes de ir a la reunión, en un ataque de frustración, me arranqué todos los chips. Estaba realmente harto de estar así, y hasta me preguntaba si no hubiese sido mejor amputar la pierna.

La cita de negocios era con una médica que había hecho negocios con mi ex-socio (una larga historia), así que yo le tenía algo de resentimiento. Hacía muchos años que no la veía, y ella era quien me había operado la pierna. Eso alimentaba más mi bronca. Cuando la reunión estaba finalizando no pude más. Me puse de pie y comencé a insultarla, me di media vuelta y me fui, para sorpresa de todos los presentes. Afuera buscaba la combi que me había traído, pero no la podía encontrar. Era una sensación conocida: frustración, frustración y frustración. Lo peor fue darme cuenta de que me había olvidado la campera, y la humillación de tener que volver a entrar a ese lugar para buscarla.

Lo curioso fue que después me di cuenta que esta mujer de la reunión no era la que me había operado. Yo la había confundido con otra doctora de ojos violeta (¿cómo confundir a alguien con semejante característica?). Habiendo pasado tantos años, lo que más quería era que me hicieran alguna actualización. Con el avance tecnológico que nos rodea, seguro podían ponerme algo menos monstruoso y más efectivo. Ante la duda de quedar mal ante mi súplica de que me hagan un upgrade, volví a conectar todos los chips que rodeaban mis piernas.

Después el perro y el gato empezaron a saltar encima de la cama y me despertaron. Confieso que sentí cierto alivio de que todo haya sido un sueño.

Obviamente el tema de la lesión es algo que me angustia, más allá de que me siento muy cerca de recuperarme del todo. Creo que también se me manifestó mi miedo a encontrarme ante una situación que me impida correr, además de la vergüenza (reprimida) de andar con una pierna afeitada y la otra muy peluda. También estaba el contexto del grupo, en un lugar habitual como es Pinamar. Este año no voy a poder correr la Adventure Race, porque decidí priorizar la ultramaratón de Yaboty, que si no me equivoco es una fecha muy cercana. Pero también me sigue resonando ese mal trago que fue la edición en Tandil, con tanta violencia y tanta bronca. Se me mezcló con mi conflicto irreconciliable con mi ex-socio (quien me estafó) y todas esas cosas no dichas. Además tenía la humillante situación de tener que volver después de dar un portazo.

Los sueños son muy simbólicos, pero parte del “jugo” que se le puede exprimir está en qué palabras usamos para contarlo. Y en mi relato está muy presente la “frustración”, ante no poder hacer uso de mis piernas, ante no saber cómo resolver mis conflictos, y ante cómo me relaciono yo con los demás. También, por alguna extraña razón, es muy difícil recordar los sueños si no los contamos apenas nos despertamos. De hecho ya se está empezando a hacer borroso y difuso. Pero es algo bueno, porque la imagen de mis piernas deformadas y emparchadas por una precaria tecnología médica, es algo que no tengo mucho interés en recordar.

Semana 48: Día 333: Correr en sueños

Es algo difícil, sino imposible, correr en sueños. ¿Alguna vez se preguntaron por qué?

Así como nos es imposible soñar con la muerte y con el dolor, tengo la teoría de que participar en una carrera o entrenar es algo muy traumático para el cuerpo. Entonces nuestro ingenioso subconsciente lo anula. ¿Alguien quiere revivir en su mente la agitación, las palpitaciones, el ácido láctico que corroe los músculos? Quizá nosotros sí, pero el cerebro no está necesitando endorfinas, así que decide pasar a que soñemos con que estamos desnudos frente a la clase o que se nos caen los dientes (lo sé, correr es preferible a todas estas cosas, pero nuestra mente opta por estas experiencias que, aunque traumáticas, jamás las hemos vivido).

Generalmente cuando soñamos que corremos es porque estamos huyendo de alguien. En mi propia experiencia nunca han sido carreras muy largas, y casi siempre terminan atrapándome. Probablemente ya haya contado este sueño, pero una vez, mientras dormía profundamente, se me representó la situación de una pradera de pastos verdes, en donde un pueblo medieval entero me perseguía a pie. Yo corría desesperado, pero eran demasiados, me encerraban y no me quedaba otra que detenerme. Entonces, entre la multitud, alguien se acerca y me coloca una corona de rey en la cabeza. Una linda metáfora: uno no puede huir de sus responsabilidades… por más rápido que corra.

Siempre soñamos, el tema es que no podemos recordar todos los sueños que tenemos mientras dormimos. De ese promedio de 7 horas, al despertar, podremos retener una parte ínfima. Cuántas cosas jugosas nos estaremos perdiendo… Una situación que sí pude recordar a la mañana siguiente fue una experiencia maravillosa, en la que finalmente corría la Espartatlón. Como buen sueño en el que ciertas cosas se anulan, no sentía cansancio, ni nada me dolía. Sentí que era posible hacer esos 246 km.

Los sueños tienen su lógica. Uno nunca sueña con su propia muerte. A pesar de que todo carezca de lógica, es difícil darse cuenta que se está soñando. No se puede leer ningún texto ni ver la hora de ningún reloj. Aunque nos ilusione soñar con otras personas, ellos no se meten en nuestro subconsciente, sino que son manifestaciones de uno mismo.O sea, uno interpreta cada uno de los personajes. Sin dudas, correr en el lugar o avanzar lentamente sea una de esas frustrantes situaciones comunes. Pero hace poco tuve una idea muy efectiva, que quizá le sirva a otros. Como mis pasos eran lentos y torpes, como si estuviese en la luna, até dos grandes bloques de concreto (de unos 30 cm de alto) a mis pies. Con todo ese peso extra empecé a caminar normalmente, hasta que me eché a la carrera. Inténtenlo la próxima vez que no pueda avanzar y no entienda por qué.

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