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La historia de mi tatuaje

En Septiembre de 2014 cumplí un sueño, que fue correr el Spartathlon. Recorrí los 246 km en poco menos de 36 horas, con un desgarro que me acompañó 160 km y que me dejó con muletas por las siguientes tres semanas. Pero la alegría de completar esa aventura hizo que todo valiese la pena.
Decidí inmortalizar todo este proceso con un tatuaje. Siempre me dieron miedo, pero a la vez intriga. ¿Encontraría alguna vez algo para pintarme en la piel y nunca arrepentirme? La respuesta fue “sí”.
Me encanta viajar, me encanta escribir y me encanta correr. Junté mis pasiones en un blog llamado “Semana 52”, y quise que mi tatuaje representara eso.
En el hombro está el logo del LionX Team, el grupo de entrenamiento donde me formé y que me acompañó en esta locura. Es un espartano fusionado con un león, y creo que no hace falta describir todo lo que eso representa.
A los costados comienza una tira con el signo del infinito. Me pareció que tenía que ponerle un patrón, y ese me gustó. Creo que voy a viajar, escribir y correr eternamente. Pero esas formas también me representan gotas de sudor, de sangre y de llanto. El camino hasta alcanzar lo que soy hoy fue duro, requirió esfuerzo, y sobreponerme al dolor, físico y mental. Las lágrimas también son de alegría: cuando crucé la meta pude llorar abrazado a mis padres, y es algo que va  a quedar grabado en mi memoria para siempre.

Bajando, sobre el bíceps, puede verse el 7 en números romanos. Es mi primera carrera, una posta de 7 km que hice a mediados de 2008 en Pinamar. Cuando llegué a la meta, Germán, mi entrenador, me abrazó. Yo le dije que no entendía por qué me felicitaba si había hecho muy poco, comparado con otros. Él estuvo acompañándome durante el Spartathlon, fue quien me entrenó todos esos años, y en la meta también compartí un abrazo con él entre lágrimas. Dice que gracias a aquel abrazo después de correr 7 km fue que pudimos tener ese otro abrazo, después de correr 246 km.
Por eso esa distancia es tan importante para mí. Estuve a punto de hacerla en números convencionales, pero me gusta que toda esa información esté semi oculta. Debajo empieza un teclado de computadora, para representar mi escritura. El logo de Batman oculto es porque gracias a que vendí mi colección de cómics (que comencé en 1990) pude pagar mi pasaje y el de mi equipo de apoyo. Debajo se ve otra distancia importante en mi vida: el 42, la maratón.

En el centro del bíceps quise representar al veganismo, la alimentación que descubrí mientras me preparaba para el Spartathlon. Durante la carrera consumí productos libres de proteínas animales y me sentí fantástico. Jamás me faltó fuerza y creo que gracias a que tampoco consumí geles y azúcares fue que no tuve problemas intestinales durante la carrera. Vi a corredores vomitando y abandonando por esto.
Del otro lado está el número 27, la primera carrera completa que hice, 27 km en Pinamar en 2009. Fue la misma que mi debut del año anterior, solo que ahora la hice completa. Tiene la importancia de haberme animado a salir de la largada y no detenerme hasta llegar a la meta. Por debajo continúa el teclado, y abajo quise representar a un corredor bajo la lluvia. Hace muchos años, antes de empezar a correr, vi a un hombre desde el tren que corría en una pista de atletismo, bajo una lluvia torrencial. Estaba solo, y me imaginé que en ese momento él era muy feliz. Cuando corrí el Spartathlon, en el km 42 llovía a cántaros, y me di cuenta que me había convertido en aquel extraño al que envidiaba.
Debajo está el nudo que representa el compromiso. Quise escribir la palabra “Spartathlon” en griego. Además de ser el nombre de esta fantástica carrera, representa las ciudades de Sparta, Athens y London (Esparta, Atenas y Londres), ya que la primera persona en hacer este recorrido en la era moderna fue un inglés, quien unió Atenas con Esparta. También hay una guarda griega, que en realidad es el “52” de mi blog, escondido. Por debajo se ve una cadena rompiéndose, que representa mi lesión y todo con lo que tuve que romper para liberarme y no ponerme límites.
Por supuesto, Filípides tenía que estar. El historiador Heródoto dice que él corrió de Atenas a Esparta en un día y medio, para después volver a pie (¡por suerte el Spartathlon es solo la mitad de lo que él hizo!). Esta figura está en la medalla y es el símbolo de la carrera. Le agregué unas líneas para denotar velocidad, y lo hice apuntando hacia arriba, para denotar progreso y superación.

En el codo puede leerse, en números romanos, el año 2014, que fue cuando corrí, y la distancia, 246 km. Yo no sabía nada de tatuajes, pero resulta que el codo es una de las partes más dolorosas para tatuarse. Es poco comparado con el dolor de mi lesión, tanto durante la carrera como en los días posteriores. Pero creo que es imposible completar un Spartathlon sin sufrir algo de dolor.

Foto del día 18-09-2015 a la(s) 12:53

Más abajo se ve la bandera de Grecia fusionada con la de la Comunidad Europea. Los motivos por los que está la bandera griega no hace falta aclararlos, pero la bandera de la Comunidad representa a mis antepasados españoles e italianos, y el placer que me da viajar. Correr me permitió conocer lugares increíbles a los que jamás hubiese ido. Debo reconocer, además, que mis amigos y mi familia me acompañaron en mucho de estos viajes, y que sin ellos tampoco me hubiese planteado volar a otro país.
En la muñeca cierra otra vez la guarda griega que esconde el número “52”. Es un círculo completo, que podría representar el final de un ciclo, y cómo terminé embarcado en esta aventura gracias a que un día decidí entrenar en serio y llevar un registro diario en un blog.
Esta es la historia de mi tatuaje. Quizás viva nuevas aventuras, y tengo el resto de mi cuerpo para seguir completándolo.

Tatuaje espartano

Estoy a una o dos sesiones de terminar mi tatuaje, ese que enamora a las mujeres y escandaliza a las madres (¿o era al revés?). Yo sabía que cuando terminara el Spartathlon, iba a querer inmortalizarlo con tinta en mi piel. El tema de los tattoos es algo que me angustiaba, nunca imaginaba hacerme algo por temor a arrepentirme. O peor, querer taparlo después con otra cosa, mancha sobre mancha hasta que quede mi cuerpo absolutamente negro.

Por suerte encontré algo que quería llevar con orgullo, y que fue el haber terminado el Spartathlon. La gran mayoría de los corredores elige el gemelo para tatuarse. Me preocupaba no poder correr después de eso, y me tentaba más hacerme algo en el antebrazo. Quizá la palabra “Spartathlon”, posiblemente en griego.

Mi consulta con el tatuador cambió todo. Después de escuchar mi historia, me dijo una idea que me encantó, que fue la de una cadena rompiéndose, signo de la lesión que tuve que soportar en medio de la carrera, además de la superación de límites. Era viernes y me fui a casa pensando y pensando.

Después de una búsqueda intensiva en Google, encontré que los tatuajes que más me gustaban eran los de colores negro pleno, tipo maoríes. Me puse a dibujar con el Illustrator y casi instintivamente, armé una historia. Cómo empecé a correr, qué me inspiró, cómo fue el proceso, qué distancias me marcaron, todo lo que de algún modo u otro me llevó hasta los pies de Leónidas.

Fui el martes con mi impreso, creyendo que un tatuador copiaba a mano alzada, pero me sorprendió encontrarme con que lo calcó en mi brazo. Aprendí que no tenemos extremidades cilíndricas, sino cónicas, por lo que hay que pensar en tres dimensiones cuando uno diseña un tatuaje. Vi cómo la aguja esquivaba mis lunares (“por las dudas”) y así se fue marcando para siempre mi historia.

Pero lo que creíamos que iban a ser 4 sesiones, ya se hicieron como 10. Faltan tres semanas para el próximo Spartathlon, y quiero tener mi tatuaje terminado antes de esa fecha. Si es posible, la próxima semana estará terminado.

Tatuarse duele, en especial donde no hay músculo (en el codo, en el pliegue interno del brazo). Pero este tatuaje me recuerda constantemente que me puse una meta que parecía imposible y la cumplí. Y es algo que me gusta. Podría decir que lo bello no viene sin algo de esfuerzo o dolor.

  

Semana 52: Día 360: Se aproxima la Espartatlón

spartathlon_finisher

La llaman Spartathlon. Yo la castellanicé como Espartatlón, y sinceramente no sé si quedaré como un bruto, pero sigue siendo mi sueño. Soy un niño que en enero está esperando con ansias el 24 de diciembre. Ya va a llegar… sigo soñando, pero tengo que esperar.

Supongo que, como cualquier carrera, esta es una que se gana con la cabeza, con motivación. Yo no me permito todavía imaginarme a mí cruzando la meta en Esparta. No puedo, significaría asumir que estoy inscripto, que pude pagar los costos, que entrené como para hacer más de 100 km, mi actual límite. La ansiedad me mataría más que ahora. Así que intento vivir el día a día, pensando en las próximas carreras, en los entrenamientos, en estar físicamente a la altura. A veces me comparten videos con testimonios de esta ultra y yo tomo el camino cobarde y no lo veo. Marco mails como no leídos y quedan en la bandeja de entrada por meses.

Le di “Like” a una página de la Espartatlón y últimamente comenzaron a subir pequeñas biografías de los participantes de este año, hombres y mujeres de todo el mundo que repiten la hazaña. Enumeraban la cantidad de veces que fueron finishers, y mientras a mí me toma tanto tiempo llegar hasta ahí, ellos ya llevan 3, 5, 9 participaciones, o más… Y por supuesto que me encantaría ser uno más entre ellos… “Martín Casanova, argentinean amateur athlete, has been blogging about Spartathlon for three years and now has the chance to run it for the first time”. Y mi foto, con lentes de sol, una musculosa, corriendo, tres cuartos perfil. Medio borrosa. Hasta ahí llega mi imaginación, y no quiero dejarla volar todavía.

La página de la Espartatlón, que se corre el próximo viernes, tiene hoy una entrada donde reflexiona sobre estos “corredores anónimos”. A pesar de que presentan solo una pequeña muestra, reconoce que hay muchos que no llegaron a presentar, héroes que podrían ser tu vecino, que entrenan bajo condiciones muy adversas: criando a una familia, trabajando duro para ganarse la vida, y así. Hay mucha gente que sueña con terminar esta carrera, que llegan desde muy lejos cada año para volverlo a intentar (yo podría integrar a este grupo). Y termina con un mensaje que me pone la piel de gallina: “Lo que sea que estés buscando en la Espartatlón 2013, ¡espero que lo encuentres!” (si me ponés 2014, me largo a llorar).

Supongo que muchos se habrán dado cuenta que las 52 semanas que contabiliza el título de cada post se resetean el día que se corre esta ultramaratón. Porque cada año, desde 2011, mi meta es estar ahí, corriéndola. Es un desafío INMENSO y lo sé, pero empecé con un sueño y en el camino por alcanzarlo, encontré otras cosas y me fui enriqueciendo. Es un más o menos una buena forma de vivir la vida: soñando con una meta que otros creerían imposible, pero sin perder de vista lo que se puede aprender en el trayecto. Retomé el gimnasio, algo que me hace muy bien; me hice vegano; organicé un prototipo de carrera; exploré mis límites y aprendí qué tengo que hacer y qué no en una ultra… Nada es en vano, y como bien me dijo un lector de este blog cuando no pude alcanzar los 100 km para preclasificar: los sueños no se cancelan, se posponen.

En cuatro días, 350 corredores de todo el mundo van a largar desde la Acrópolis y van a intentar llegar a pie a Esparta, 246 kilómetros en menos de 36 horas. Muchos llegarán, otros quedarán en el camino. Todos se verán transformados. Espero que de acá a 52 semanas esté escribiéndoles desde Atenas, concentrándome para hacer la carrera de mi vida. Cien mil mariposas revolotean en mi estómago mientras me imagino esa escena…

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