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Semana 49: Día 341: Corriendo por Benicio

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Desde hace tiempo, María de los Ángeles administra la movida solidaria de Espera por la Vida, que busca llevar el mensaje de donación en vida a través del atletismo. De su Tucumán lo extendió a todo el país, y ya van tres carreras en las que participo “apadrinando” a un niño.

El contacto fue a través de Juanca, habitual lector de este blog, que en estos días llega a Buenos Aires para acreditarse en la media maratón de la Ciudad. Como nos vamos a ver las caras, me ofreció que corra por Benicio, un bebé recién nacido que se va a operar del corazón. Él va a traerme una pulsera para mí y me sugirió consultar entre los Puma Runners si alguien más ser enganchaba.
Afortunadamente todos dijeron al instante que sí, y me di cuenta de que en otras situaciones no les consulté si se sumaban por puro pudor. El running es de por sí solidario. No sé qué me daba vergüenza, pero me llenó de orgullo verlos tan conmovidos y con ganas de ayudar.

Así que el Domingo seremos varios los que estemos pensando en Benicio mientras corremos, transmitiendo que la solidaridad no es solo dar algo material. A veces es necesario hacer un simple acto que transmita fe y esperanza, tanto para los más débiles e indefensos como para su familia.

Semana 28: Día 193: Desprenderse de lo material

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Quizá este empiece a ser uno de los últimos posts relacionados con la Ultra Buenos Aires. Este es medio periférico, pero bueno, perdón a quien el tema le haya empezado a saturar (creo que podría tirar un mes de blog con esto, pero no quiero abusar). Algo que suele atraernos de las carreras es lo que viene en el kit del corredor. ¿Qué tal es la remera? ¿Viene con algo de regalo? ¿Hay medalla de finisher? En la Ultra había poco, de hecho se promocionó como un evento no competitivo, de muy bajo costo, pero si hubiesen regalado una remera dry-fit y unas medallas, quizá la concurrencia hubiese sido mayor. Esto es puramente especulativo, pero suele interesarnos lo material por encima de la experiencia.

Antes de que crean que me quiero vender como una persona súper espiritual a la que no le interesan los objetos, debo confesar que soy un acumulador. Guardo hasta los dorsales arrugados y manchados de las carreras, todavía con los broches de aguja oxidados, colgando de sus puntas. Tengo una vitrina con todas mis medallas, y hasta hace poco mis zapatillas guardadas. Colecciono estatuitas de superhéroes que ya no sé ni dónde guardar, no me gusta tirar nada, y tengo cajas de “recuerdos” que nunca he vuelto a mirar. No me importa la plata, pero sí tengo que reconocer que soy bastante materialista.

Sin embargo, soy más nostálgico que otra cosa. Me da lástima tirar recuerdos a la basura, pero porque asocio los momentos a los objetos. Ni siquiera borro los mails viejos. Así y todo, reconozco que no hay que apegarse a lo material.

Aprendí que regalar es mucho más valioso que recibir. Como empezó a ser costumbre en los Puma Runners, a fin de año regalé remeras de carreras a otros compañeros. En lugar de elegir las que menos me gustaban, fui por las que realmente apreciaba. No me pude desprender de las de la maratón de la Ciudad (ténganme paciencia, necesito tiempo), pero así cedí la de mi primera Merrell, las de la Energizer que me parecía la más linda, la de la Salvaje Night Race, y la de mis primeros 100 km en montaña, en la Patagonia Run de 2012. Sabiendo que a Vicky le gustaba una de mis remeras o que estaba fascinada con un silbato que me había comprado en Europa, elegí estos eventos para hacerle creer que se los iba a dar a otro para terminar pasándoselos a ella.

Y llegó este lamentable hecho que nos pegó hondo a todos. El Servicio Meteorológico dio su habitual alerta por tormentas (que al ser tan frecuentes, aprendimos a ignorar), y a la mañana siguiente el noticiero daba cuenta de todos los autos que se había llevado la corriente, los pasos bajo nivel inundados, las casas sin luz. Subestimé la noticia como cualquiera, y creo que pasó un día entero hasta que me enteré de que en la ciudad de La Plata la habían pasado muy pero muy mal.

Afortunadamente esto despertó la generosidad en muchísima gente, y en nuestro edificio empezaron a juntar material para donar a los damnificados. No lo quise pensar mucho, y le propuse a Vicky regalar nuestras zapatillas (las que no estábamos usando). Probablemente no sirvan para correr porque su suela perdió elasticidad, o porque ya se empezaron a desgastar, pero ¿cómo no le iban a servir a alguien que necesitase abrigo, o simplemente poder caminar sin mojarse los pies? Vicky tenía un par en desuso, y yo tenía una pila de recuerdos de los que desprenderme.

Estaban las Puma Faas con las que corrí la mejor maratón de mi vida. También las Asics con las que corrí en Grecia, entre Atenas y Maratón. Como si fuera poco, las Nightfox, que estaban desgastadas por dentro pero que todavía conservaban su malla metálica interna que permitía escurrir mejor el agua. Y como broche de oro, las Quechua con las que hice 110 km en La Misión 2012. Todas esas zapatillas representaban pedacitos de mi historia como atleta, y les tenía mucho apego. Pero aquel sábado en que un voluntario las llevó a La Plata para poder ayudar, se convirtieron en otra cosa. Una ayuda, por mínima que fuese. Ahora ya sabemos que en La Plata no necesitan más ropa, sino agua, elementos de limpieza y comida.

Como dije en otra oportunidad, se puede ayudar con muy poco… Y los recuerdos materiales… bueno, son reemplazables. Las oportunidades de ayudar, no las podemos dejar pasar.

Semana 28: Día 190: Correr por Robertito

“Robertito es un luchador con todas las letras. Lucha contra su leucemia, por ahora con el tratamiento con quimio está muy bien. Pasaron momentos muy duros”.

Con estas palabras, María de los Ángeles, quien coordina Espera por la vida (Tucumán), me describía al principito que me va a acompañar espiritualmente en la Ultra Buenos Aires de mañana. A veces no tomamos conciencia de que nuestros esfuerzos físicos, aunque sean carreras intimidantes y de mucho desgaste, no se comparan en nada a lo que la pelean chiquitos que sufren estas horribles enfermedades.

En Tandil corrimos pensando en Jeremías, y esta vez Robertito, de Mendoza, es parte de mi equipo, y lo tendré en mente cuando me falten las fuerzas y tenga que depender solo de mi fuerza de voluntad. Por ahora no necesita un transplante, pero no se puede descartar. Aunque ya está todo coordinado para que corramos juntos (yo con el cuerpo, él con el corazón), me sigue pareciendo que es poco. Sé que le van a contar sobre la carrera, sobre alguien que, aunque esté lejos, pensaba en él… pero me sigo pensando en que podría hacer más.

Por eso me comprometí con María de los Ángeles a mandarle algo de la carrera. Se lo debo a Jere, que nos acompañó en Tandil, a quien le voy a mandar historietas del Hombre Araña y la medalla de Finisher. En este año, en el prototipo de la Ultra Buenos Aires, no hay premiación, así que me las ingeniaré para enviarle otra cosa. El ritmo frenético de estas últimas semanas me impidió acercarme a mandar la encomienda a Retiro, pero ya con los 100 km finalizados y antes de partir hacia San Martín de los Andes me voy a hacer ese momento.

A veces podemos ayudar mucho haciendo muy poco. A veces podemos hacer más. Encontré que teniendo presente a estos pequeños guerreros que la pelean día a día, sin marginarlos ni hacer como que no existen, se puede hacer una pequeña diferencia.

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