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Semana 47: Día 329: No existe mayor riqueza que la salud

Nuestro entrenador de Puma Runners, Germán, nos envía un recordatorio del horario y el lugar donde vamos a correr. Y en cada aviso nos regala una frase relacionada con el deporte, los cuidados del cuerpo y la determinación para la autosuperación. No sé de dónde las saca, tengo la teoría de que muchas las inventa con un software que combina palabras al azar, y prueba, prueba, hasta que sale algo más o menos coherente. Pero me pareció muy interesante recopilar algunas, sobre todo cuando estoy por encarar el último mes de Semana 52 y todavía estoy recuperándome de una lesión.

Para practicar el deporte de la carrera se necesita una salud plena, eso es definitivo. Pero en este mismo sentido, no existe una vía más eficaz para alcanzar el mejor estado corporal que cultivar una actividad deportiva. Son dos requerimientos que se dan la mano e impulsan a los seres humanos a una vida de total bienestar. Por eso es que decimos que no existe mayor riqueza que la salud.

Ya lo decía el filósofo Platón, “No paramos de ejercitarnos porque envejecemos, envejecemos porque paramos de ejercitarnos”. En el mismo sentido, nuestro estado corporal pleno está relacionado con nuestra actividad deportiva, además de la prevención. Quien atiende los mensajes de su cuerpo alcanzará una permanente salud. Aunque tengamos un buen asesoramiento técnico y médico que nos oriente hacia la excelencia atlética, a final de cuentas no existe mejor parámetro de bienestar físico que escuchar los avisos que nos brinda el propio organismo. En especial en situaciones de prueba de resistencia, donde se torna más imperioso poner atención a los mensajes de nuestro organismo.  Un simple gramo de prevención es más valioso que un kilo de remedio. Anticipar las posibles causas de lesiones y evitarlas por completo es preferible que soportar curaciones y hasta cirugías posteriores.

La salud no pasa sólo por el físico, sino por la cabeza. Una mente sana siempre se encuentra en un cuerpo sano. Correr no solamente purifica el organismo, llena de vitalidad los músculos y las articulaciones, sino que ademá, fomenta un estado mental abierto y dinámico. Quien lleva un estilo de vida sedentario frecuentemente padece todo tipo de molestias y fatigas, por lo tanto no puede pensar en otra cosa. Los corredores, en cambio, encuentran en la perfección de su esfuerzo deportivo el camino recto a un cabal estado de salud, que se traduce en dicha y capacidad intelectual.

Jim Rohn, autor y orador motivacional, recomendaba: “Cuida de tu cuerpo. Es el único lugar donde tienes que vivir “. A veces nos creemos invencibles, o subestimamos las situaciones en las que podemos llegar a lesionarnos. El cuidado del físico surge porque es imposible cambiarlo. Estaría bárbaro poder cambiar de cuerpo como cambiamos las zapatillas cuando se desgastan, pero no se puede. Ante una lesión hay que permitir que se cure. Lo peor que podemos hacer es generarnos una lesión crónica. Pero no hay nada de malo en que el entrenamiento nos termine doliendo. No deberíamos entrar en pánico si los músculos nos duelen luego del entrenamiento, porque eso pasa. El dolor es Temporal, el orgullo para siempre.

Semana 47: Día 328: Correr en Pinamar

Se viene la próxima Merrell Pinamar 2011. Esta será la cuarta edición en la que participaré, con el número 673 (me faltaron cinco para ser un programa televisivo oficialista). Y no voy a cancherear con que la tengo muy clara (porque estoy bastante lejos de eso), pero siendo una competencia en la que me codeé tanto con mis propias limitaciones físicas, no me pareció de más compartir algunos tips.

Primero, repasemos los consejos para cualquier carrera de aventura. No estrenar calzado nuevo. Aunque parezca obvio o poco importante, la comodidad lo es todo, y sería una lástima arruinar esta experiencia por estrenar zapatillas. Tenemos que aferrarnos a aquello que conocemos y con lo que nos desenvolvemos mejor. Unas llantas con algo de kilometraje es lo mejor, sobre todo para evitarnos sorpresas. Quizá descubramos que el calzado nos aprieta mucho, o que nos roza y nos provoca ampollas. En un terreno tan variado como Pinamar, no podemos dejar nada librado al azar.

Una correcta alimentación, tanto antes como durante de la carrera, y una buena hidratación. De nada sirve haber entrenado duro para correr sin desayunar, o con resaca (una forma de estar deshidratado). El cuerpo necesita combustible, del bueno. Conviene evitar la fibra desde el día previo para no tener problemas gástricos en el trayecto. Y aunque hay puestos de hidratación, si vamos a correr los 27 km enteros nos conviene tener nuestro propia mochila con agua, para ir regulándolo nosotros. La bebida se entrega en tres instancias repartidas durante el camino, y quizá necesitemos tomar justo en el medio de un tramo.

No crean todo el marketing alrededor de la Merrell. En el proshop que se arma el día anterior hay muchísimos productos a muy buen precio, mucho de los cuales nos van a simplificar la odisea. Pero nadie va más rápido o más lento si no tiene el último camelback. Me acuerdo del speech de “compren anteojos de sol para protegerse de los rayos UV y de la arena”. Esas fueron la menor de mis preocupaciones cuando corrí. Hay que ir juntando consejos, para después poder ignorarlos todos y hacer la propia experiencia. Eso es lo que vale.

La arena es un terreno bastante noble para correr en el sentido de que repercute poco sobre las articulaciones, pero esa absorción del impacto es también su peor cara. Nos vuelve más lentos, cada paso requiere más esfuerzo, y lo empezamos a notar en los cuádriceps que parecen arder en llamas. El ascenso en los médanos es agotador, pero las bajadas son muy divertidas. Nos podemos tirar casi de cabeza, que a diferencia de Tandil y sus piedras, en la arena no nos va a pasar nada.

Para subir una cuesta, lo mejor es buscar las pisadas de los corredores anteriores. Ahí el suelo está más compacto, y resulta más fácil avanzar. Las polainas pueden ser una buena opción para que no entre arena en las zapatillas. No notamos cuando ingresa, pero de a poco se acumula en la punta y empieza a apretar los dedos del pie. Pronto vamos a notar como si en cada zancada estuviésemos pateando adoquines. Frenar para vaciar el calzado nos quita preciosos segundos, y es bastante fastidioso.

En los puestos de control, donde hay agua o gatorade, se suelen formar embotellamientos de corredores, que se desesperan por ser los primeros. La organización no es tonta, y asigna a varias personas para entregar bebidas o frutas. Siempre la gente se atropella por recurrir a los primeros voluntarios, cuando los del final siempre están solos, y ansiosos porque alguien se acerque a ellos. Hagámosle un favor y también uno a nosotros, para seguir descontando segundos.

El clima ha sido bastante extraño para mí. En las tres ediciones en las que participé, siempre hizo calor. Esta vez se realiza el domingo 7 de agosto, habrá que ver si el frío cede. Pero si no lo hace, tenemos que evaluar la posibilidad de tener que correr con frío, o algo de lluvia. Si nos pasa, espero que no sea la primera vez en nuestras vidas. El entrenamiento con frío o en días lluviosos tienen que ver con que nunca vamos a poder anticipar el clima de una carrera, así que lo mejor es nunca dejar de entrenar, ya que desconocemos en qué circunstancias va a estar el clima de la carrera (y convengamos en que siempre preferimos cancelar un entrenamiento, pero jamás nos bajaríamos de una competencia). Y si en lugar de frío hace calor, no está de más ponerse protector solar. Quizá el sol no esté fuerte en agosto, pero me ha pasado de subestimar a este astro porque estaba nublado, y terminar rojo como un camarón.

Lo más importante, hay que disfrutar de esta competencia. Las carreras de aventuras sirven para disfrutar del paisaje. La Merrell de Pinamar tiene muchísimos terrenos, desde el asfalto de la largada, la costa, los médanos, el bosque (con suelo de arena), el club de golf… En un equipo de postas recomiendo la tercera; me parece la más variada y divertida.

Correr con resaca es una de las estupideces más grandes que cometí en mi vida. Estaba convencido de que una borrachera de viernes no iba a tener consecuencias el domingo. Pero hice que mi pobre hígado tuviese que filtrar toda mi sangre alcoholizada, lo que le quitó rendimiento a mi propia oxigenación. Corrí con mucha frustración, parando de tanto en tanto. Jamás una carrera se me hizo tan larga. Ahora, un año después, me intriga mucho ver cómo influye en el resultado haber abandonado el alcohol. En 2010 quería llegar en 3 horas o menos, objetivo que no pude cumplir por una enorme diferencia. En esta edición quiero volver a ese compromiso, a ver si esta vez lo puedo cumplir.

Semana 47: Día 327: El running y el medio ambiente

Hay una constante, que no llega a ser una generalidad pero sí está muy conectado, y es hacer deporte al aire libre y cuidar el medio ambiente. Algo de esto explica por qué los mismos deportistas no ven con buenos ojos algunas prácticas, como las carreras con vehículos impulsados con hidrocarburos, por la emanación de gases.

En el caso particular del running, veo con buenos ojos cómo los corredores son conscientes del otro y el lugar que los rodea, y tienen la sana costumbre de no contaminar. En cualquier ámbito producimos basura, con alarmante velocidad. Basta con ver qué tan rápido llenamos la bolsa de basura en casa. En los Puma Runners no somos excepción, y siempre generamos espontáneamente botellas de plástico vacías, envoltorios de golosinas, corazones de manzanas, cáscaras de bananas, y un sin fin de cosas que no tienen mucho uso (y por eso les llamamos “desperdicios”). Por suerte en la plaza donde entrenamos y elongamos hay tachos de basura, y más de uno, como para poder elegir el más cercano.

De chiquito me inculcaron no ensuciar la calle. Recuerdo ir de la mano de mi abuela, paseando por el barrio de San Martín. Estaba de visita mi tío abuelo, Amador, dueño de un supermercado en Mendoza. Mientras caminábamos bajo la sombra de los árboles, él nos detuvo en seco, y señaló el suelo. “¡Cuánta porquería que tira la gente en la vereda! Si cada uno se guardase sus papelitos y los tirase en su casa, las calles estarían limpias”. Su lógica me resultó incuestionable, y le debo a ese hombre mi despertar ecológico. Realmente, ¿la solución no es que cada uno se haga cargo de su basura? Desde entonces me guardo cualquier papelito en el bolsillo, y me deshago de ellos en mi casa o en los miles de tachos que hay por toda la ciudad. Intento, además, inculcarle esto mismo que aprendí a otras personas, con diversos grados de éxito. Yo respetaba mucho a Amador, quizá si me hubiese hablado bien de la medicina con la misma vehemencia, hoy sería doctor. Por ahí eso explica que yo no tenga el mismo impacto.

En las carreras, me incomoda un poco llegar a los puestos de hidratación y ver que los corredores tiran las botellas o los vasos al piso, una vez que ya tomaron. Me tranquiliza pensar que la organización se encarga de limpiar todo, pero sé que los que vienen atrás se tienen que topar con la basura que generan los de adelante. Entonces intento encontrar un tacho en el camino, o arrojar los desperdicios donde no molesten, pero que tampoco queden escondidos y lo pasen por alto durante la limpieza.

Siempre creí que todos los corredores eran responsables con el medio ambiente. No por nada necesitamos respirar aire puro para poder correr mejor, y no queremos andar saltando o esquivando basura. Las carreras de aventura son en la naturaleza, y la gran mayoría preferimos recorrerla intacta, con el mínimo de influencia del hombre. Pero hace poco comprobé un acto de desinterés por el prójimo. Estábamos haciendo cuestas en las escaleras de Martín y Omar, una calle de Zona Norte. 70 escalones fatales, ideal para prepararnos para la Merrell Pinamar. Entonces llegó el puntero de otro grupo de entrenamiento, con una botellita en la mano. Mientras subía, tomó el último sorbo y arrojó el recipiente a un costado, en una cantera con pasto y plantas. Con la misma despreocupación que en una carrera, como si aquí también viniese alguien atrás a limpiar. Nos sorprendió a todos, no podíamos entender esa falta de consideración (yo nunca llegaría donde está entrenando otro grupo y les tiraría basura a un costado). Alguien le hizo una observación, del tipo “Che, se te cayó la botella”, y este ser humano devolvió una mirada de pocos amigos y gruñó algo que parecía klingon.

Desafortunadamente abunda la gente a la que no le interesa mantener la limpieza, o que no quiere hacerse cargo de su propia basura, o que nació en cuna de oro y cree que siempre llega alguien de una casta inferior a hacerse cargo del orden. Afortunadamente también abundan los que cuidan los espacios comunes, y conscientemente o automáticamente, intentan no ensuciar.

A nadie le gusta vivir en medio de la mugre, y nos quejamos (con razón) cuando una zona pública está sucia. Si cada uno pudiese hacerse cargo de lo propio, como me dijo Amador hace más de 20 años, no tendríamos muchos motivos para quejarnos. Pero de algo estoy convencido: lo que yo hago hace una diferencia. Chiquita quizá, pero me doy cuenta de la cantidad de basura que genero en un día, que si eso está en la calle y no en el tacho de mi casa, se nota. Y si mantenemos la cadena y vamos haciéndonos cargo del desorden propio, cada día vamos a poder correr en lugares más limpios.

Semana 47: Día 326: La incertidumbre de la carrera

Imaginemos a un corredor perfecto. Su zancada es óptima, sus músculos trabajan perfectamente en sincronía. Sabe qué comer antes, durante y después. Su mente está absolutamente afinada y puede darse cuenta de a qué velocidad está corriendo y cómo aumentarla al acelerar el paso. Tan a punto está que sabe con exactitud a qué hora va a cruzar la meta. Este corredor, además de que no existe, jamás va a sentir incertidumbre, al punto de que no va a encontrar mucha motivación para correr.

Seamos honestos, ¿alguna vez alguien está seguro de qué tiempo va a hacer? ¿Queremos realmente saber en qué puesto vamos a llegar? Podemos ponernos objetivos, intentar alcanzar algún tipo de marca, pero justamente ese desconocimiento es lo que nos moviliza. Queremos lograr algo, y nos lanzamos a averiguar si somos capaces, si lo vamos a conseguir.

Si nos mentalizamos en terminar una carrera, a menos que nos caiga un meteorito en la cabeza, pocas cosas nos lo van a impedir. Durante la última Merrell de Tandil, Marcelo me dijo “Mi objetivo es llegar entre los primeros 500”. Yo le dije que me contentaba con mejorar mi marca anterior, de 3 horas 45. Durante la competencia no teníamos reloj, y cuando veíamos a alguien de la organización le preguntábamos cuánto faltaba, qué distancia quedaba por delante. En el fondo sentíamos esa incertidumbre, un cosquilleo en la panza, las “ganas” manifestadas. Corríamos pensando en nuestros objetivos personales, sin saber con qué nos íbamos a encontrar. Llegamos a la meta a pocos minutos de las 3 horas, y al día siguiente vimos que estuvimos entre los primeros 100. Esa sorpresa, haber superado nuestras expectativas, fue una felicidad muy grande.

Con casi todas las carreras pasa lo mismo. Sea de la distancia que sea, me pongo un objetivo y salgo a intentar alcanzarlo. Puedo fracasar o no, eso no importa, pero justamente intentar averiguar de qué somos capaces es una de las formas más simples de motivarnos. Es como en las películas, cuando en el punto de giro del primer acto se plantea el conflicto, y avanzamos todo el segundo acto con la incertidumbre de si lo va a lograr o no. En el tercer acto nos enteramos finalmente si lo consigue o no, sea quedarse con la chica, salvar el puente para que no caiga en manos enemigas, o destruir a la Estrella de la Muerte. Las carreras son nuestras propias películas, lo que importa no es tanto la resolución, sino el camino, cómo intentamos nuestro triunfo personal.

A qué hora crucemos la meta o en qué posición lleguemos es anecdótico. Lo jugoso es cómo llegamos del punto A al B. Y sólo lo vamos a averiguar poniendo el cuerpo y avanzando paso a paso. Si supiéramos exactamente cómo y cuándo vamos a llegar… ¿correríamos con las mismas ganas?

Semana 47: Día 325: Los últimos metros

Algo que me fascina del running es que puede usarse como alegoría para la vida. Muchos hablan de “andar” o “caminar” cuando quieren referirse al hecho de adquirir experiencia en la vida. Cuando vamos por la vida a los tumbos, con muchos compromisos y poco tiempo, decimos que estamos “a las corridas”. “No parás un minuto” y “Estás a full” son otras expresiones que aluden al movimiento y a una rutina ajetreada. Incluso cuando los legisladores se pasan horas debatiendo una ley, se habla de “maratónica sesión”. Y cuando en los canales de cable dan la misma serie todo el día, le dicen “maratón”.

Cuando empecé Semana 52, allá en los primeros meses, comparé este plan de entrenamiento de un año con los míticos 42 km. Me gustaba la idea porque me ilusionaba eso de convertirme en un maratonista; era algo que me parecía muy lejano. Si usara la misma alegoría, ahora iría por el kilómetro 37, a poquísimos metros del 38. Faltaría tan poco, que casi podría ver la meta. A veces visualizar tu destino te da el empuje anímico para terminar.

La motivación que encontramos progresando en el running es algo que se puede aplicar en nuestro día a día. Así lo descubrí con este blog. Indudablemente encontré una organización mental que me ayudó a ver las cosas de otra manera. Si cambiar mi cuerpo era cuestión de constancia, disciplina y paciencia, ¿cómo no va a funcionar eso para cambiar mi mente? No me engaño, dedicarme a entrenar en serio no me solucionó la vida. Me sigo angustiando, a veces me pongo muy ansioso, y si no llego a fin de mes me frustro tanto como cualquiera. Pero encontré que hay una fórmula para mejorarse, algo que depende de uno, y eso me volvió un poco más optimista con la vida.

Ya tengo bastante avanzada la planificación de estos “últimos metros” de Semana 52. Tengo el pasaje Buenos Aires-Madrid (con escala en Santiago de Chile) y el de Madrid-Atenas. Está por llegarme un reloj con GPS, y tengo bastante ablandadas mis zapatillas nuevas. Imaginando cómo sería correr por Grecia, se me ocurrió que actualizar el blog podía llegar a ser engorroso si quería hacerlo varias veces en el mismo día, así que 11 meses después de empezar este proyecto abrí una cuenta en Twitter, @semana52 (dicen que nunca es tarde, ¿no?). Vamos a experimentar un poco, a ver qué pasa.

También tengo en vista la Merrell de Pinamar, que va a ser más una vacación que otra cosa. Todavía estoy recuperándome de mi lesión en el pecho, así que estoy entre esa actitud de no aflojar y de tomarme las cosas con calma. Sigo corriendo, porque me hace bien y lo necesito. Me está pasando de correr el subte o el colectivo, sentir mis pies en movimiento, la respiración medida y toda esa tensión del entrenamiento, y pienso “por fin”. Sí, soy feliz con tan poco…

Sigo avanzando, haciendo mi camino, en estos metros finales. Quedan 5 semanas y obviamente, tan cerca de la meta, lo último que quiero hacer es aflojar.

Semana 47: Día 324: Las comparaciones son odiosas

Es inevitable compararse con otras personas. El pasto del vecino de enfrente siempre es más verde. Quizá esto tenga que ver con esa costumbre de sobreestimar al corredor más experimentado e, inevitablemente, subestimarnos.

Empecé a entrenar por mi cuenta, hace unos años. No tenía con quién compararme, sólo conmigo mismo. Me acordaba que en mi adolescencia me forzaban a correr 3,5 km, y que me costaba horrores. Había pasado una década de aquel entonces, así que decidí que ese sería mi piso. De a poco fui aumentando la distancia, y al cabo de unos meses, solo, llegué a 10 km. Fue durísimo, lo hice sin cuidarme, sin orientación, y me ampollé los pies y me gané un importante dolor en ambos tendones de aquiles.

Cuando empecé a correr en un grupo lo hacía porque me gustaba. Por mí. Pero ahí sí tenía con quién compararme. Uno al empezar a entrenar con otras personas, las segmenta. En mi caso identifiqué a los que veía como veloces, esos que tenían mucha resistencia y a los que no podía seguir (cuando intenté ir a su ritmo, un fuertísimo dolor en el costado me obligó a parar). También vi a los que tenían un nivel similar al mío y me pegué a ellos. Compartí entrenamientos y carreras, lo que me hizo todo más fácil.

Después de años de correr, y con los logros que conseguí el último año (nueva dieta, entrenamiento intensivo, cambios físicos) pude ampliar mis límites, tanto en resistencia como en velocidad. Y durante esta estapa en mi vida que es Semana 52 noté cómo mucha gente habla de una carrera y dice “Corrí 5 km… sé que para vos no es nada”. Y me hace acordar a cuando tenía que correr 3,5 km y lo sufría tremendamente.

No hay distancia que despreciar. Germán, mi entrenador, hacía referencia a esto un día, en el que suponía que sólo el 5% de la población entrena. Si nos vamos a comparar, deberíamos hacerlo con el 95% que no hace nada. Yo he sufrido todas las distancias, y si ahora 5 km me parece “fácil” es porque hace años que corro. Pero tuve que empezar desde el principio, como cualquiera. Entiendo que hay gente a la que una maratón le parece pan comido, y a mí me cuesta.

Si nos comparamos con alguien que hace  más tiempo que corre, sólo vamos a lograr frustrarnos. El truco es, me parece, ver modelos a seguir, en lugar de pensar que esa otra persona está más avanzada y que no va a entendernos.

Todos empezamos igual, aprendiendo a pararnos sobre nuestros propios pies cuando éramos bebés. A medida que crecíamos aprendimos que, por alguna razón, algunos compañeros del colegio eran más veloces que otros. Mientras había chicos favorecidos genéticamente, a otros les costaba un montón la clase de gimnasia.

Pero la determinación y las ganas de progresar se pueden desarrollar como cualquier músculo. El límite lo ponemos nosotros, y compararnos con corredores que tienen otra genética y otra historia no nos llevará muy lejos. Ellos tuvieron su tiempo de proceso, y conviene más aprender de su experiencia y formar la propia, que compararnos como si hubiesen nacido superiores.

Semana 47: Día 323: Amigos

Hoy, por lo menos en mi universo conocido que es Argentina, celebramos el Día del Amigo. No voy a ahondar en cómo empezó esta práctica, porque seguramente sea, al igual que la Semana de la Dulzura o el Día del Niño, un intento por fortalecer las ventas de los comercios. Hoy caminaba por la calle, después de invitarle el almuerzo a un compinche y compañero de aventuras, y vi un cartel en un negocio que decía “¿Cuánto querés a tus amigos? ¡Nosotros un 25% más! Con la compra de cualquier producto, te descontamos un 25% para que le regales a quien quieras”. ¿Ese es el concepto de la amistad? ¿Que no querés a tus amistades lo suficiente y sos tan miserable que los locales te dan un descuento? Creo que no…

Hoy me acordaba un chiste que siempre repetíamos en un estudio de diseño en el que trabajaba, hace 8 años. El grupo de gente con la que me veía día a día tenía algo en común: todos teníamos el mismo jefe y hacíamos el mismo horario. Si nos hubiésemos cruzado en la vida fuera de este ámbito, jamás lo sabríamos. Y nos poníamos un freno (en broma) cada vez que saltaba la cuestión de la amistad. “Amigo es una palabra muy grossa” decíamos. Casi una década después, esporádicamente, nos juntamos a recordar esas épocas, pero ya no nos vemos todos los días, y probablemente eso que decíamos en chiste tenía algo de verdad.

Hoy frecuento un grupo de corredores llamado Puma Runners. Nos une la pasión por correr, y nos vemos en un ámbito mucho más distendido que el trabajo. Las cargadas están a la orden del día, pero más allá de eso todos disfrutamos compartir el entrenamiento. Las carreras suelen ser mini-vacaciones, en las que viajamos juntos, dormimos en la misma cabaña, nos acompañamos durante la competencia, y nos esperamos en la meta, para ayudarnos a elongar y felicitarnos mutuamente. Quizá, como decíamos con mis amigos tiempo atrás, amigo es una palabra muy grossa, y el sólo hecho de compartir estas experiencias no alcance para definir una amistad “verdadera”.

Pero aunque el running une abogados, diseñadores gráficos, geólogos, economistas y empleados públicos que en otro ámbito jamás se cruzarían dos palabras, encontré que si dejo de ir a entrenar extraño tanto correr como verme con esas personas. Tendrá que ver con que nos une algo muy profundo y que los grupos de entrenamiento están para que te puedas sostener en el otro. Será que cuando corrés dejás de ser “etiquetable”, porque entrenar pone a todos al mismo nivel. No importa si tenés plata, si estás separado, si sos hincha de Boca o si te gustan las películas de Matt Damon. Lo verdaderamente trascendente es que en una carrera todos buscamos vencernos a nosotros mismos. ¿Cómo no sentir afinidad por esos “extraños” que también buscan eso tan fundamental?

Hoy muchos de estos desconocidos se han convertido en grandes amigos. Me han ayudado cuando lo necesité, y he estado ahí cuando hizo falta, sin que mediaran deudas de por medio. Eso son los amigos, puntos de apoyo para cuando uno no puede levantarse. Por fortuna encontré un amigo que me puede acompañar en mi maratón personal de Grecia, para documentar la carrera, ofrecerme agua y estar ahí por si lo necesito. Y ahí radica la importancia de la amistad: saber que aunque estés a 10 mil kilómetros de tu casa, no vas a estar solo.

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