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Semana 4: Día 26: Palpitando la Salvaje Night Race

El año pasado participé de una de las carreras más extrañas de mi vida. Se trató de la Salvaje Night Race, 30 km por la noche de Marcos Paz. El grupo organizador creció mucho desde entonces (a fuerza de hacer las cosas a pulmón, pero bien), y seguramente en la edición de 2012, del sábado próximo, haya muchos más particpantes, pero en la de 2011 éramos un puñado. Yo me divertí mucho, y sin proponérmelo llegué cuarto de mi categoría. Vicky hizo su primer podio y llegó en tercer lugar de las damas.

Fue muy extraño porque al ser pocos, en muchos tramos quedé absolutamente solo, con cero referencia de otros corredores que me confirmase que el camino era el correcto. Hay algo que se estremece dentro de uno cuando no hay ninguna luz hacia adelante y, al darte vuelta, nada viene hacia vos. Y también es el momento perfecto para que el asesino de la motosierra salga de entre los matorrales y te corte en fetas.

En aquel entonces la distancia eran 30 km. Por desgracia para los que buscamos superarnos constantemente (pero por fortuna para que se sumen más corredores), este año la distancia es de 21 km. Hay un circuito de 10 también, para los que recién se inician. Después de correr por la noche en la Energizer del Hipódromo de Palermo (un fiasco porque estaba demasiado iluminado), irnos a Colón (Entre Ríos) a aventurarnos en la oscuridad tiene un plus diferente. Además es nuestro merecido viaje con el grupo, los Puma Runners, que vamos en patota hacian donde esté la aventura. Actualmente Vicky está enferma, y de su recuperación depende de que participemos este sábado. Esperemos que se mejore pronto porque ella siempre vuelve con anécdotas de cada carrera, y no merecería perderse esta.

¿Dónde corremos? “Ubicada a orillas del rio Uruguay, la ciudad de Colón es uno de los principales centros turísticos de la Provincia de Entre Ríos. Colón es un lugar caracterizado por las bellezas de sus paisajes, sus placenteras playas de arena blanca a orillas, mucho verde y amplias opciones gastronómicas y hoteleras”, dice la web de la carrera. “El punto de largada será el Parque Quirós, que se encuentra ubicado al sureste de la ciudad de Colón, entre el Balneario Municipal “Santiago Inkier” y el Balneario Privado “Club Piedras Coloradas”. El Parque Quirós constituye uno de los mayores atractivos con los que cuenta la ciudad de Colon, ya que posee una ubicación que sirve de mirador hacia el río Uruguay. También ofrece una frondosa vegetación y cuenta con barrancas con sendas peatonales las cuales atraviesan las grutas de la Virgende Itatí y la Virgen de Lourdes”.

Lo bueno de arrancar de noche es que la acreditación se puede hacer antes de la largada. A las 20 hs vamos a cruzar la largada, unos diez minutos después de que baje el sol. El sendero es de tierra y arena, y al parecer no va a llover, así que el recorrido va a ser muy accesible, por la costa del río Uruguay. Esperemos que la salud de Vicky mejore de acá al viernes (fecha en la que salimos para Entre Ríos). Y si la gastritis no nos lo permite, me quedaré cuidando de mi familia, que es lo único más importante que salir a correr…

Semana 6: Día 37: Los 30 km de la Salvaje Night Race

Este año, la gente de Salvaje debutó en las carreras nocturnas. Habiendo participado de una similar el año pasado, debo reconocer que, por ser la primera, la organizaron muy bien.

La cita fue en Marcos Paz, que para un porteño es un poco lejos. Ya el año pasado habíamos participado de la Salvaje Cross Country, y el terreno era muy cercano. En esa oportunidad habíamos pasado por una laguna con agua hasta el pecho y habíamos hecho varios kilómetro sobre unas vías de tren abandonadas. Supuse que, siendo esta vez una competencia nocturna, estos obstáculos quedarían afuera. Tuve medio razón, aunque no del todo.

No sé si en Marcos Paz no hay tantos deportistas o si estamos ante una carrera que, en próximas ediciones, se va a convertir en un clásico, pero para esta oportunidad había pocos corredores. No creo que hubiesen más de 80. En la largada estábamos los que hacían el circuito de 10 km y los de 30, entre los que se encontraban las categorías individual y postas. Algunos Puma Runners eligieron el tramo más corto porque era su primera carrera o hacía mucho no entrenaban. Otros optamos por el largo para buscar velocidad, o para romper una marca (Vicky, por ejemplo, nunca había corrido más de 27 km).

Pero como veníamos de lejos, éramos muchos como para ponernos de acuerdo y no todos queríamos hacer el trayecto por la misma ruta, empezamos la carrera luchando contra el reloj, para llegar desde Acassusso hasta Marcos Paz en horario. Nuestro auto fue por ruta 6 (vergonzozamente destruída), otros fueron por un camino más largo pero más seguro en cuanto a tránsito, y el resto por lo que resultó ser la ruta más directa. Por supuesto que llegamos a destino, bajamos a preguntar, y nos enteramos de que ahí no era la largada, sino el punto más lejano, en el que pegaríamos la vuelta (km 15). La carrera empezaba a las 20:30, y luego de nuestra confusión, el auto en el que veníamos con Vicky llegó a las 20 a la plaza principal de la ciudad.

Retiramos nuestro kit, y nos enteramos (para nuestro alivio) que saldríamos a las 9. Hicimos la entrada en calor, mientras la mitad de nuestro grupo seguía buscando la plaza principal de Marcos Paz. Este contingente llegó en el mismo instante de la largada, algunos salieron unos minutos tarde porque todavía no tenían su linterna o el número troquelado que servía de constancia de llegada.

La salida fue medio caótica. Aunque éramos pocos, el cronómetro empezó desde los 20 minutos en la cuenta regresiva, después lo pusieron en cero (lo que me desconcertó) y de pronto estábamos largando. En esa confusión olvidé prender mi cronómetro GPS, así que tuve un desfasaje de 500 mts. Empecé con la técnica que me ha funcionado, que es la de apurarme todo lo que pueda, despegarme de la masa de corredores, y buscar a un atleta con un buen ritmo al cual seguir.

Los primeros dos kilómetros eran dentro de la ciudad, así que estaban bastante iluminados. A partir de ahí, tener linterna se volvió imprescindible, porque era muy difícil ver el suelo donde uno pisaba. Enseguida aparecimos en el campo, corriendo junto a pastizales, donde las luciérnagas hacían ilusiones ópticas, simulando ser cientos de corredores cruzando el horizonte. La luna estaba en cuarto menguante, por lo que algo de luz natural había. Decidí correr con la linterna de mano que me iluminó en Grecia. Sirvió para correr al costado de la ruta sin que algún auto me matase, así que me pareció que en esta oportunidad también me iba a proteger.

Avancé todo lo rápido que pude, siempre intentando alcanzar al corredor que tenía delante. Pasé a la primera de las chicas, y me empecé a preguntar qué tan lejos estaba del puntero. Intento ser humilde, pero a veces creo que confundo eso con pesimismo. Me puse a fantasear cómo sería hacer podio, y me di cuenta que era algo bastante superfluo (pero no me molestaría lograrlo en alguna oportunidad!). La verdad es que al ser pocos corredores, gran parte del tiempo estaba completamente solo, y correr en esa situación, a oscuras, hace que uno piense, imagine y sueñe, porque la carrera pasa a convertirse en un desafío mental más que físico.

Cuando estaba llegando a la mitad, en el km 15, vi pasar al puntero. Conté a los corredores que tenía por delante y me pareció que estaba entre los 10 primeros. Pero no podía asegurar cuántos eran individuales y cuántos postas. Fue muy gratificante llegar hasta ahí, sentí que estaba haciendo muy bien tiempo (unos 4:40 el km) y solo restaba la mitad de la carrera para terminarla. Me resulta más fácil dividir el trayecto en unidades. Ya cuando llegué al km 7 pensé que faltaban cuatro veces eso para la largada. En los 10 me dije a mí mismo que ya estaba en un tercio del recorrido. Y así, siempre concentrado en pequeños objetivos. Después de dar la vuelta y emprender el regreso sentí que un objetivo lógico y gratificante era llegar antes de las 2 hs y media.

Aunque creí que el trayecto iba a ser tranquilo por haberlo organizado de noche, llegamos a las vías del tren. Después de trepar alambrados, me encontré corriendo sobre los durmientes, saltando cardos y esperando que Jason, de Viernes 13, no saliese de detrás de algún árbol dispuesto a matarme. Es difícil caer en la soledad que uno siente en la noche, con poquísima luz artificial, sin señales de otros corredores por delante ni por detrás. En este punto me torcí el tobillo un par de veces, y caí al suelo de trompa, aunque pude poner las manos (y pincharme con los malditos cardos)..

Esa soledad (que se empeora en los caminos estrechos, donde los árboles impiden que la luna ilumine) eventualmente da inseguridad. Porque aunque el trayecto estaba iluminado por luces químicas, y el staff de la organización indicaba dónde había que doblar a 90 grados, había partes muy largas y rectas, donde no había indicios de que un ser humano había pasado por allí. Era un poco desesperante, pero no me quería detener. Hasta no llegar al km 30, no iba a detenerme, estuviese donde estuviese.

Varios corredores me pasaron a muy buen ritmo. ¿Serían participantes de postas? ¿Quién corre así de fresco luego de 20 km?

En mi cabeza estaba llegando entre los 20 primeros. El cansancio aumentaba, y aunque contaba con mi propio hidratador y con geles, el cansancio se adueñó de mis piernas. Evidentemente había ido muy rápido y los cuádriceps me pasaban factura. Intenté mantener la velocidad y ceñirme al plan de llegar antes de las 2 hs 30 minutos.

Como decía, prácticamente toda la carrera la hice solo, lo cual agrega un plus de dificultad. No tenía con quién compararme para poder regular mi ritmo, así que de tanto en tanto intentaba acelerar, sin importar e dolor físico. Cuando me estaba acercando a la ciudad, un motociclista se me puso al lado. Le pregunté cuánto por llevarme hasta la meta, y sonrió debajo de su casco. Fuimos charlando todo el camino, y la verdad es que me dio mucho ániimo. Esos últimos dos kilómetros, con todo el cansancio acumulado, te hacen dar cuenta de qué importante es tener compañía.

Alejandro, el motociclista, me quería convencer de que estaba entre los primeros. Yo aventuré un debo estar entre los primeros 15 o 20 corredores. Aceleré todo lo que pude, relojeando cada tanto el cronómetro, y cuando estuve a 200 mts escuché un “¡ahí viene el noveno!”. No sé de dónde vino, pero me pareció un puesto respetable, y crucé la meta en el final de un sprint, agotado pero feliz. El reloj indicaba que había llegado a las 2 horas 29 minutos. ¡Muy justo!

Un amigo pasó disimuladamente tras la computadora de la organización, y vio que había llegado cuarto. ¡Wow! No me imaginé estar tan adelante, aunque seguramente los que hicieron podio me sacaron unaa ventaja considerable. Me hidraté, me junté con mis compañeros que hicieron el trayecto corto o solo vinieron a alentar, y fuimos esperando al resto. No sé (aún) si realmente estuve tan cerca del podio. Tampoco me agrando, ser 4 entre 80 corredores es como llegar 200 en una carrera de mil.

Realmente quedé exhausto, pero feliz. Imagino que el resto sintió algo parecido. Estuve en la meta cuando Vicky la cruzó, y fue muy emocionante ser testigo de su nuevo triunfo. Es que siempre hay nuevas metas para imponerse… el tema es que algunos valientes buscan conquistarlo. Anoche, independientemente del podio, hubo como mínimo 80 ganadores.

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