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Semana 44: Día 304: Aventuras de un deportista vegano

Qué loco, hubo un tiempo en que jamás hubiese utilizado la palabra “deportista” para describirme. Y no hace tanto tampoco me imaginaba lo de “vegano”. Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.
Quizá me faltaría agregarle a la mezcla el término “extremo”. Cuando reservé mi vuelo a Río, sospeché que no me iban a dar un servicio vegano, así que fui preparado con frutas secas, que las terminé necesitando. Y mis viajes son así, con previsión y sin sorprenderme que no sepan que mi alimentación no solo excluye la carne, sino también el huevo y la leche.
En menos de tres semanas voy a viajar a Misiones para correr en Yaboty (la rodilla, misteriosamente, dejó de molestarme). El servicio de Salvaje Eventos incluye comida en el largo trayecto. Les pedí si podía ser vegana, aclarando que si no se podía no había problema, estoy acostumbrado a prepararme la vianda (reconozco que voy a contramano del mundo). La respuesta de Vía Bariloche fue “No hay problema, le damos comida vegetariana” (lo cual no me tranquiliza porque no es lo mismo que “vegano”).
Más arriba hice la aclaración de “extremo” porque ahora decidí abandonar las harinas blancas, el azúcar y el arroz blanco. También estoy mirando con desconfianza los productos con conservantes. El tema es que eso excluye el 90% de los alimentos que no sean frutas y verduras. Fui a deprimirme al supermercado y compré algunas cosas, como arroz integral, avena instantánea, pasas de uva y galletas integrales. En Hasbrot encontré pan 100% integral… o eso alegan ellos, porque un día después sigue blando como cuando lo compré.
El tema de dejar el azúcar me llevó a buscar un sustituto del Ades natural (que a su vez era mi reemplazo de la leche). El tema es que este producto tiene azúcar. En el Barrio Chino encontré una  bebida que solo tiene agua y soja, pero es espantosa. Por supuesto que la compré y estoy experimentando con stevia, pasas y trozos de fruta para que no sea tan amarga. Es prácticamente imposible no consumir NADA de azúcar, pero quiero intentar bajarla todo lo que pueda.
La colación post entrenamiento sigue siendo mi comida favorita del día. Dos rodajas de pan y tofu (a veces, yv poco de tomate). El terma, claro, está en que ahora estoy buscando panes integrales, que no tengan harina refinada. Pero esta colación me sirvió para ayudar a la formación de músculo.
De más joven lo me imaginaba corriendo y yendo todos los diras a un gimnasio. Pero me terminó llegando. Después no me imaginé volverme vegano (de hecho era el último que hubieses dicho que iga a dejar de comer carne). Pero me terminó llegando. Y luego no vi venir que iba a intentar una alimentación más sana… y extrema. Pero me terminó llegando.
Me pregunto qué otras cosas haré en el futuro que no me esté imaginando ahora mismo…

Semana 36: Día 248: Llegué a mi límite, soy humano

Hoy fui al entrenamiento. Lo que no quiere decir que haya entrenado.
Un resfrío con una tos copiosa se apoderó de mi cuerpo y, con el correr de los días, me fue tirando para abajo como si tuviese un ancla. El sábado estaba resfriado, pero correr me levantó mucho. Hoy el milagro no se repitió.
La tos constante hace que tenga la garganta irritada, que me duelan las dorsales y que me haya convertido en el ser menos discreto de la casa. Mi hermano Lucas, muy metido en el mundo del yoga, veganismo (copión) y los tratamientos naturales me dio una crema que me froté en el pecho y que me alivió bastante. Además me hizo meterme una pipa con agua salada en una de las fosas nasales, y de la otra salía el líquido llevándose el moco. Los hindúes están muy evolucionados en remedios naturales.
En este estado, no podía correr. Pero quise ir igual, porque el grupo de entrenamiento es mi espacio… y ahora que estoy en la nebulosa, cuidar y disfrutar de mi lugar se convirtió en algo primordial. Pude intercambiar ideas (San Isidro pisa fuerte como posible destino para vivir), charlar con amigos y cenar vegano con ellos (y chupar frío).
Supongo (o “deseo”) estar mejor para el miércoles, día de entreno. Si no, será el jueves. Quiero estar bien preparado para la maratón de Río (y para calzarme la zunga).

Cantidad de veces que tosí escribiendo este post en el colectivo: 27

Semana 34: Día 232: Recalculando

Iba a titular este post con “soy mi peor enemigo” pero me pareció exagerado (y falso). Tengo enemigos más temibles, pero a veces pareciera que me autoboicoteo, y meto la pata hasta el cuadril.

Me gustaría ser una persona que tiene todo bajo control, pero desde que me acuerdo que tengo mala memoria (vaya paradoja). Una vez jugábamos con mi hermano Santi a que uno encerraba al otro en el hueco que había entre la ventana y la reja. El chiste era hacer que quien quedaba afuera era una suerte de carcelero. Me mandé un chiste buenísimo: hice que me iba y lo dejaba ahí atrapado, me fui a la cocina, y me puse a comer galletitas… olvidándolo a él por completo. A los pocos minutos mi abuela lo rescató, y él estaba llorando desconsolado. Me sentí muy mal… y esa fue una de tantas cosas olvidadas por mí (no pueden culpar a mi vegetarianismo por eso, en aquellos años devoraba toda clase de animales).

Hoy, sin ir más lejos, fui a entrenar y Vicky se quedó durmiendo, recuperándose de su demoledor resfriado. Me pidió que encierre a las bestias en la cocina, para que la dejen dormir un rato más. Y salí, nomás, dejando todo bien cerrado con llave, incluyendo la puerta de la cocina. Abandoné el hogar por la puerta de servicio y me fui a Zona Norte a correr en esa fría y húmeda mañana. De casualidad tenía el teléfono en la mano, un par de horas después, cuando Vicky me llamó. La atení y, al igual que Santi hace casi treinta años, ella estaba llorando porque la había dejado encerrada. La cocina estaba cerrada desde adentro, y su juego de llaves junto a la puerta de servicio. No podía ni llegar hasta la heladera para comer algo, ni salir de casa para comprarse el desayuno. ¿Y en qué momento me planteé que la estaba dejando atrapada? Nunca, hasta el instante en que me llamó.

Y este mismo blog es un compendio de mis confusiones y errores. Muchos ni se percatan de que al principio del título de cada post pongo las semanas y los días que van pasando, y en muchísimas ocasiones repito números, me los salteo, o pongo cualquier cosa. Sé que la semana cambia cada sábado, y cada tanto tomo la calculadora, divido, y si no me da múltiplo de 7 es que algo mal hice. Acto seguido es revisar post por post a ver dónde está el error, y rogar que sea reciente para corregir la menor cantidad de cosas (no creerán que lo voy a dejar así, sabiendo que está mal). He decidido flexibilizarme y solo corrijo la versión original del blog, que está en WordPress. La de Clarín sigue igual porque tengo la sospecha de que ya casi nadie entra ahí…

En fin, hoy no fue la excepción, y cuando quise comprobar si venía bien, estaba desfasado por dos días. Hace un tiempo me hice una tablita para saber qué días corresponden a cada semana, pero esto solo funciona si USO la lista. Como la agenda que me regalaron, con la que estaba convencido que me iba a organizar mejor. Anoté todos mis compromisos más próximos, la cerré y la guardé, para no volverla a abrir.

A quien le gusten los datos estadísticos, así es cómo debería organizarse este año:

Semana 1: 1 al 7
Semana 2: 8 al 14
Semana 3: 15 al 21
Semana 4: 22 al 28
Semana 5: 29 al 35
Semana 6: 36 al 42
Semana 7: 43 al 49
Semana 8: 50 al 56
Semana 9: 57 al 63
Semana 10: 64 al 70
Semana 11: 71 al 77
Semana 12: 78 al 84
Semana 13: 85 al 91
Semana 14: 92 al 98
Semana 15: 99 al 105
Semana 16: 106 al 112
Semana 17: 113 al 119
Semana 18: 120 al 126
Semana 19: 127 al 133
Semana 20: 134 al 140
Semana 21: 141 al 147
Semana 22: 148 al 154
Semana 23: 155 al 161
Semana 24: 162 al 168
Semana 25: 169 al 175
Semana 26: 176 al 182
Semana 27: 183 al 189
Semana 28: 190 al 196
Semana 29: 197 al 203
Semana 30: 204 al 210
Semana 31: 211 al 217
Semana 32: 218 al 224
Semana 33: 225 al 231
Semana 34: 232 al 238
Semana 35: 239 al 245
Semana 36: 246 al 252
Semana 37: 253 al 259
Semana 38: 260 al 266
Semana 39: 267 al 273
Semana 40: 274 al 280
Semana 41: 281 al 287
Semana 42: 288 al 294
Semana 43: 295 al 301
Semana 44: 305 al 308
Semana 45: 309 al 315
Semana 46: 316 al 322
Semana 47: 323 al 329
Semana 48: 330 al 336
Semana 49: 337 al 343
Semana 50: 344 al 350
Semana 51: 351 al 357
Semana 52: 358 al 364

Nótese que la Semana 52 termina en el día 364, viernes, cuando se corre la Espartatlón (porque los años son 52 semanas, más un día, excepto los bisiestos que solo sirven para complicar aún más las cosas).

Solo espero prestar un poco más de atención, verificar bien el dato de en qué día estoy (aunque me interese a mí solo), y no volver a dejar a nadie encerrado…

Semana 33: Día 228: Cuando el pánico se apodera de nuestras decisiones

Este tema lo tiré en mi Facebook y se armó un interesante ida y vuelta entre mis amigos. Hubo algunos golpes de puño sobre una mesa virtual, alguno que levantó la voz y otro con el que decidí seguirlo por privado para no armar una polémica desmesurada. Entiendo que sea un tópico sensible, y desde mi poco conocimiento (y gran ignorancia) voy a dar mi opinión, y espero que sea tomada como eso y no como una subestimación o falta de respeto. Hechas todas las innecesarias aclaraciones, comenzamos…

El cáncer es una enfermedad a la que le tenemos mucho miedo. Quizá porque todos conocemos a alguien que la padeció y hasta sabemos de gente que perdió su vida. Pero en gran parte la tenemos presente por los medios de comunicación. Si de algo se han encargado la televisión, los diarios y hasta el cine es de desinformarnos y confundirnos. Hoy salió en todos los medios la decisión de Angelina Jolie de someterse a una doble masectomía para prevenir un posible cáncer mamario. Lo que trascendió es que su madre había muerto de cáncer de ovarios, y una aparente predisposición genética le daba una chance del 80% de padecerlo ella también. Entonces optó por esta resolución.

Los medios, tanto en televisión como internet, hablaban de una “valiente” y “conmovedora” decisión, que seguramente creen que concientizará a otras mujeres sobre esta enfermedad. Pero cuando me enteré de esta noticia, una serie de alarmas se me activaron en mi cabeza, y me recordaron la anécdota que comenta el Dr. Campbell en su libro “The China Study”: una madre, aterrada por el cáncer, consultó a su médico a qué edad podía practicarle una masectomía a su hijita, para así evitar que pasara por el difícil proceso de un cáncer. Me imaginé que con la influencia que tiene una celebridad y el enfoque que le daban los medios, muchas mujeres iban a sentir que una intervención quirúrgica era la mejor opción.

Entonces yo, desde mi Facebook, planteé esto y me animé a preguntar por qué optar por el quirófano como método preventivo, y no por el veganismo. También di la que me parecía la respuesta: mucha gente considera que una masectomía es menos “extremo” que un cambio radical en la dieta. Similar es el caso de los pacientes cardíacos que se someten a un bypass. En realidad no han curado su condición médica, sino que han emparchado algo que está dañado. Esta operación no les evita sufrir un nuevo infarto, como una masectomía no va a impedir que Angelina Jolie contraiga un cáncer (como, por ejemplo, el de ovarios, que le quitó la vida a su propia madre).

Yo creo que esta actriz basó su decisión en el miedo, en el concepto que tiene la gente del cáncer, y nunca consideró que una dieta basada en alimentos vegetales enteros podía ser un tratamiento preventivo exitoso como prevención. Yo sé que cuando planteo esto entre mis amigos, más abierta y pasionalmente, sueno a un fanático religioso, de esos que está esperando que venga su nave espacial para llevarlos a su planeta de origen. Pero nadie me puede negar que nos concentramos en los síntomas y muy poco en las causas. Y los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en confundirnos, tal como lo demuestra el epidemiólogo (y orador) Ben Goldacre, quien lista elementos supuestamente “cancerígenos” al azar, tomados de titulares de diarios. Lo curioso es que también presenta ítems que supuestamente previenen el cáncer, y el café integra ambas listas… (aquí el video, que no tiene desperdicio).

Los medios quieren dar noticias shockeantes y captar la atención de los lectores. La gente busca “el secreto” o ese único alimento que les va a salvar la vida. Entonces una única cosa (el wifi, por ejemplo) puede causar cáncer. Poco importa cualquier otra causa ambiental de los individuos. Y después, un único alimento o bebida (el té verde, por ejemplo), puede prevenir el cáncer en X porcentaje. Rara vez se establece que las cosas funcionan dentro de sistemas, con elementos que coexisten y funcionan coordinados entre sí. Se sabe que una vida sana, con una alimentación cuidada y actividad física regular puede prevenir muchísimas enfermedades, pero pareciera que es algo demasiado complejo a lo que someterse. Siempre buscamos la solución mágica e inmediata, y eso es lo que los medios no dan. Un deus ex machina, una salida rápida.

Pero lamentablemente un problema complejo como el cáncer requiere de una solución compleja, como puede ser patear el tablero y dar vuelta tu plan alimenticio diario. No es un invento, existen médicos que realizan tratamientos con dietas veganas estrictas, y han tenido exitosos resultados en pacientes con problemas cardíacos y enfermos de cáncer, como atestigua el documental “Forks over knives”. Seguramente una masectomía va a parecer la solución más rápida para prevenir una enfermedad mortal. Pero solo reduce la posibilidad de contraerla en esa zona, al igual que cortarnos la cabeza nos ayuda a no contraer un tumor cerebral. ¿Hasta dónde podemos seguir “cortando” por miedo a enfermarnos? Y cuando ya nos hayamos sometido a operaciones y tratamientos largos y agotadores, ¿habrá sido después de intentar opciones menos riesgosas e invasivas como una dieta vegana y una vida con actividad física constante?

Semana 33: Día 226: Comidas adictivas

Se está acercando el fin de la Feria del Libro, lo cual es una excelente noticia para mí. Por un lado, voy a poder recuperar mi ritmo normal de vida, con mis propios horarios. Eso se traduce en que finalmente podré entrenar tanto como quiero, en esta etapa de recuepración. Por el otro, nuevamente voy a comer alimentos más sanos. Es inevitable, estando en un stand durante tantas horas, recurrir a comidas que son puro carbohidratos. En mi caso, si bien me llevé manzanas y bananas, las frutas se me arruinan. No siempre puedo llevarme otra cosa que no sean cereales, o alguna de esas galletitas veganas que estoy descubriendo (con muchos hidratos de carbono, pero poca grasa).

Mi amigo Rodolfo Falcón administra un blog y un grupo de Facebook llamado “Eligiendo Caminos”, dedicado a la salud, tanto física como mental. Algunas veces debatimos (siempre estando de acuerdo) sobre las ventajas del vegetarianismo y el deporte. Una de sus entradas más recientes está relacionado con las comidas adictivas, que me pareció pertinente compartir:

Alimentos que no puedes parar de comer

Si cada vez que entras a un local de comida rápida, sentis que no podes dejar de comer, tal vez te sea útil saber que no sos la única persona a la que le sucede. Hay alimentos que generan que la gente coma en forma compulsiva.
Entre los alimentos que producen este efecto, figuran aquellos que incluyen la combinación de grasas, sal y azúcar. Así lo explica el Dr. David Kesller, autor de “El fin de la alimentación excesiva” que se dedicó a investigar a quienes comen en forma compulsiva para explicar el poder de la comida. “Comer alimentos con alto contenido de azúcar, grasa y sal nos lleva a querer comer más alimentos con alto contenido de azúcar, grasa y sal”.

Pero, ¿qué alimentos nos llevan a seguir comiendo, aún cuando ya no tenemos más apetito?

La comida “chatarra”:

Un estudio del Instituto de Investigación The Scripps, publicado en Nature Neuroscience, demostró que  la comida rápida tiene propiedades “adictivas”, ya que, al igual que sucede con las drogas, es extremadamente difícil detenerse y dejar de comer. Esto ocurre con la comida que tiene un alto contenido calórico y de grasas, como el tocino y las salchichas, por ejemplo, que generan que las personas coman en exceso.
Según este estudio, el consumo sin límites de alimentos que producen placer provoca, como en las adicciones, respuestas de los neuroadaptadores en el circuito de recompensas del cerebro, desencadenando el desarrollo de la alimentación compulsiva.
Entre los neuroadaptores que se analizaron se encuentra el receptor D2, un neurotransmisor que es liberado por el cerebro con las experiencias que producen placer, como las drogas, el sexo y, también, la comida.

Los carbohidratos:

Según explica la Asociación Americana del Corazón, los carbohidratos aumentan los niveles de insulina, lo que disminuye el azúcar en sangre. Esto provoca el deseo de ingerir más alimentos y, en algunas personas, más carbohidratos, para obtener una fuente rápida de energía. La insulina es una hormona que es utilizada por el cuerpo para convertir el azúcar, el almidón y otros compuestos en energía.
A su vez, algunos estudios explican la conexión entre la mente, el humor y la comida debido a la disminución de la serotonina en el cerebro. Para los expertos, las personas que tienen antojo de carbohidratos poseen niveles bajos de serotonina, que ayuda a reducir los sentimientos de miedo, ansiedad y estrés, mejora el humor y favorece la relajación.

El chocolate:Al parecer, tiene los mismos efectos de la comida chatarra. En el libro “La seducción de la comida”, su autor, el Dr. Neal Barnard, explica que el chocolate estimula la misma parte del cerebro que las drogas. Además, el chocolate contiene ciertos ingredientes que son estimulantes, como la cafeína, la teobromina –que se extra del cacao y se utiliza también en ciertas medicinas- y la Feniletilamina –una amina aromática, semejante a las anfetaminas.

El queso:

Tiene un ingrediente en común con el chocolate: la feniletilamina. Los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz, del Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York, atribuyen la feniletilamina al amor, explicando que las personas enamoradas tienen grandes cantidades de este componente en su cerebro. Por otra parte, un estudio de los Laboratorios Wellcome encontró que  la leche de vaca, que se utiliza para fabricar el queso, contiene morfina en pequeñas cantidades y no en todos los casos (dependiendo de la dieta del animal) y caseína, que podrían causar la adicción a este alimento.

No todas las personas sienten la misma atracción hacia los mismos platos. Incluso entre aquellos que reconocen comer permanentemente en forma compulsiva, hay quienes se inclinan hacia las comidas saladas y quienes prefieren los platos dulces.
No obstante, conocer los alimentos que pueden producir adicción o comer en forma compulsiva puede ser de mucha ayuda, ya que al saber que nos resultará difícil detenernos, es probable que nos convenga elegir otra alternativa que no nos produzca ese efecto. ¿O acaso alguna vez viste a alguien comiendo lechuga o tomate sin parar?

Semana 32: Día 224: Derribando el mito de la leche

A mí no me espanta decir que la leche no le hace bien a nuestro organismo. Pero sé que soy un bicho raro, que quedo como uno de esos conspiranoicos que insisten en que el hombre jamás llegó a la Luna y que la vacuna contra la varicela en realidad inocula un dispositivo de control mental del gobierno. Pero hasta hoy, todos los que despotricábamos contra los lácteos éramos tildados de locos.

No es para menos, siempre se asoció a la leche con la nutrición. Lo explicaba el Dr. Campbell en su libro “The China Study”, en donde sus primeros esfuerzos por tratar a niños desnutridos en Asia comenzaba por darles lácteos. Porque, ¿quién cuestionaría a uno de los pilares de la pirámide nutricional? Si prentemos la tele, podemos ver cómo existen yogures que nos aseguran que necesitamos una exagerada cantidad de alimentos para obtener el calcio necesario, pero con uno o dos yogures podemos obtener todo lo que necesitamos (además de “huesos fuertes”). Mensajes publicitarios como ese aparecen a cada hora, todos los días, en las pantallas de todo el mundo.

Hace poco, en mi Facebook, debatí sobre los dichos de la presidente y la diabetes como una enfermedad de “ricos” y planteé la relación entre la Diabetes tipo 1 y el destete temprano de los niños seguido por el reemplazo de la leche materna por la de vaca (dato que tomé también de “The China Study”). Por poco y me tratan de demente. Hasta ahora, solo osados investigadores, tildados de locos, se atrevían a asegurar que el consumo de lácteos debilitaba nuestros huesos. Hasta que, finalmente, una prestigiosa universidad norteamericana decidió apoyar esta teoría. ¿Se vendrán tiempos de cambio en las próximas décadas?

Hace tiempo que se decidió reemplazar la conocida pirámide nutricional por el “Healthy Eating Plate”, que grafica las porciones recomendadas en un plato. La Escuela de Harvard de Salud Pública eliminó la leche de su guía de alimentación saludable, sustituyéndola por agua, preferentemente. Con esto, Harvard envió un mensaje fuerte al USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) y expertos en todo el mundo.

Los expertos en nutrición e investigadores de la universidad realizaron el Healthy Eating Plate basado en una nutrición sana, libre de la presión política y grupos de la industria que podrían verse afectados. La mayor prueba de ello es la ausencia total de productos lácteos, debido a que “un alto consumo de estos alimentos aumenta significativamente los riesgos de padecer cáncer de próstata y cáncer de ovario” (el Dr. Campbell agregaría unas cuantas enfermedades a esta breve lista). En su guía  también mencionó que los altos niveles de grasas saturadas en la mayoría de los productos lácteos y los componentes químicos de su producción les hace un alimento para evitar, y que deben ser sustituidos por hortalizas como lechuga, coliflor, brócoli, entre otros, y granos de diversas especies, para producir el calcio necesario y de calidad.

La leche animal (de vaca, cabra u otra hembra) no es un alimento natural y no hay razón para tomar lácteos de otra especie en ninguna etapa de nuestras vidas. La industria lechera invierte miles de millones de dólares en producción y marketing, y es lógico que no quieran abandonar su negocio a esta altura. Dejando de lado las condiciones inhumanas a las que someten a las vacas en los tambos, parte de esa producción se logra a través de hormonas que se transmiten a los consumidores. Por otro lado, instituciones respetables como el Comité de Médicos por una Medicina Responsable en los Estados Unidos y la Universidad de Leeds en el Reino Unido ya desmitificaron el consumo de productos lácteos para prevenir la osteoporosis, ya que en realidad acidifican la sangre. El organismo, como mecanismo de compensación, termina perdiendo calcio.

Para no parecer locos que repiten teorías conspiranoicas de otros chiflados, vamos a datos concretos: Kendrin Sonneville, de la Universidad de Harvard, redactó un estudio que evaluó las tasas de fractura en 6.712 adolescentes. Los resultados mostraron que los niños activos que consumían las mayores cantidades de leche en realidad tenía más fracturas óseas que aquellos que consumían menos. El Estudio de Enfermeras de Harvard’s Health siguió a más de 72.000 mujeres durante 18 años: la investigación no mostró un efecto protector del consumo de leche aumento en el riesgo de fractura. Quienes consumían la mayor cantidad de leche eran más propensas a sufrir una fractura de cadera que aquellas que la evitaban. Otro estudio de Harvard de 20.885 hombres, publicado en 2001, mostró que quienes consumían 2 porciones y media de productos lácteos al día tenían un 34 por ciento más de riesgo de contraer cáncer de próstata, en comparación con los que consumían pocos o ningún producto lácteo.

Ahora… ¿qué hacemos? ¿Salimos corriendo, desesperados, a tirar la manteca, el queso y la leche de la heladera? Quizá el cambio de mentalidad tome varias generaciones. Pero para nada tenemos que entrar en pánico. Yo creo que es esperanzador que la ciencia realmente esté estudiando el efecto de nuestros alimentos en la salud. Lo que siga de acá en más será en pos de que vivamos una vida plena, con menos enfermedades y con huesos… realmente fuertes.

Semana 19: Día 130: Entre corredores nos entendemos

“No sos normal…”.

“¿Estás bien…?”.

“Me parece que estás haciendo demasiado ejercicio”.

“Mirá que no comer carne no es normal”.

“Correr una maratón no es normal… Un poquito para controlar el peso está bien… pero más que eso… es ridículo lo que hacés”.

“Si hay ascensor, ¿por qué subís por las escaleras? No tiene sentido”.

Estas son algunas de las frases a las que me estoy empezando a acostumbrar. Tanto por parte de amigos, compañeros de trabajo y familia.

Así empezaba el mail de una amiga corredora, justo cuando estaba a punto de comenzar el ritual de escribir el post del blog (me dio letra sobre un tema que es bastante habitual). Ella no es vegetariana, si bien hacía remo de más chica, empezó a correr hace relativamente poco, y ya desde nuestros mismos cromosomas podemos confirmar que somos dos personas muy diferentes. Pero tenemos mucha desmotivación en común. A mí también me han visto “demasiado” flaco, se han horrorizado cuando dije que corrí un ultratrail de montaña de 100 km, y hasta me han llegado a decir que por correr me iba a crecer el corazón y me iba a morir. Pero sigo acá, vivito y coleando (no saben cómo agarro las esquinas mientras entreno).

Cuanto uno más se adentra al mundo del running, más nos metemos en el “tupper” del mundo del running. Priorizamos un buen entrenamiento, comer sano… en lugar de salir a comer picada con fernet después del trabajo.

Quienes no corren no entienden a los corredores. Es así.

En el caso de comidas familiares, notás la evidente sobreabundancia de comida en el plato propio “para que vuelvas a tu peso normal… no estás bien”.

Solo el haber dejado de comer carne, café y leche me aisló significativamente de parte del mundo. Genero miradas de… “no está bien”, gritos de familia, etc.

Este breve breve mensaje es para aquellos que no llegamos a ser veganos como Martín, pero tratamos de que la alimentación nos acompañe con las corridas y la vida. Creo definitivamente, que si uno mismo está feliz, uno es normal y hace lo que debe hacer para cada momento y etapa de la vida…

Así terminaba su e-mail (vamos a proteger su identidad para que su familia la siga mirando mal cuando come).

Mi intento de respuesta fue el siguiente: A la gente le asustan los cambios. Pero en tu caso sos excepcional, salís de la norma, y todo tu esfuerzo tiene consecuencias físicamente… se exteriorizan tus cambios. Pero hay que ver quién te trata de ridícula o de exagerada, seguramente alguien que no se anima a salir del molde, que no sabe que la felicidad no está en comerse cinco facturas. Quizá pasa por ahí, porque encontraste el placer en otro lado. Mientras los otros se entrenan para que la panza les crezca y les entren seis facturas en lugar de cinco, vos vas sumando kilómetros. ¡Por suerte te juntás con gente que sí te entiende!

Entre corredores nos entendemos.

Semana 19: Día 129: Corazón de deportista

Estoy haciéndome estudios para conseguir un apto médico, y para también tener una referencia de cómo vengo asimilando el veganismo. Por ahora no hay síntomas, pero ¿quién sabe lo que pasa adentro del cuerpo?

El ecocardiograma dio todo bien, la técnica que manejaba el aparato me felicitó y me dijo que tenía un corazón muy sano. Luego vino el electrocardiograma, que imprimieron en una hoga laaaaaaaarga y finita, la hicieron un rollito y me lo dieron en un sobre. Para mí era todo lo mismo.

Pero hoy, el técnico que me iba a hacer la ergometría, la miró detenidamente. Sin levantar la vista me dijo “¿Hacés actividad física?”. Le dije que sí, que hacía ultramaratones. “Sí, tenés la marca registrada de los corredores”, respondió. Aparentemente, esas líneas que suben y bajan dicen mucho más de lo que imaginamos. De hecho, me dijo que tenía un bloqueo de rama izquierda. Era la primera vez que escuchaba el término (de hecho, cuando terminamos el estudio, le pedí prestada una lapicera y anoté en mi agenda el término, para recordarlo después).

Un bloqueo de rama izquierda es  un defecto en el sistema de conducción eléctrica del corazón caracterizada por un retraso de la conducción eléctrica por la rama izquierda del haz de His y, por ende, un retraso en la activación del ventrículo izquierdo del corazón. Como resultado, el ventrículo izquierdo se contrae después que lo hace el  derecho. En palabras más fáciles de entender, es como si apretásemos el interruptor de la luz y la lamparita se encendiera un segundo después. ¿Me tengo que preocupar? Aparentemente no. Es un defecto de fábrica, sobre el que no puedo hacer nada. Wikipedia recomienda:
Cuidado médico: los pacientes con un bloqueo de rama izquierda requieren una evaluación cardíaca completa y quienes se acompañan con pérdida de la conciencia puede que requieran un marcapasos artificial.
Cuidados quirúrgicos: en algunos pacientes con bloqueo de rama izquierda con un QRS marcadamente prolongado y con insuficiencia cardíaca pueden recibir mayores beneficios con la colocación de un marcapasos, el cual provee contracciones ventriculares rítmicas.

Pero el técnico que me atendió me dijo que no me representaba ningún riesgo. No tenía síntomas, simplemente eso estaba ahí, pero no me molestaba en lo más mínimo. Al parecer tiene que ver con esa “repolarización” que me diagnosticaron hace un año, pero hasta que no vea a la médica que me mandó a hacer los estudios, no voy a entender del todo qué significa esto (sinceramente, no entiendo nada).

La ergometría es un electrocardiograma realizado durante un esfuerzo controlado. A diferencia de las otras veces en que lo hice, no fue en una bici, sino en una cinta con una ligera inclinación. Quienes hayan visto las fotos de mi progreso personal en el primer año de Semana 52 sabrán que visto un pecho velludo, lo cual hace que los electodos adhesigos no se peguen bien. Si a eso le sumamos que transpiro como un marrano, peor todavía. Al final del estudio estaba corriendo sosteniéndome los electrodos con la mano, como una señorita que va dando saltos mientras intenta que no se le salga volando el corpiño.

Mientras corría, las gotas de sudor iban saltando para todas partes, mientras el pobre técnico intentaba volver a pegarme la cinta al pecho. “Soy de transpirar mucho”, le dije. “Ya me di cuenta”, me respondió, mientras se secaba la palma de la mano con una servilleta.

El 14 de febrero, día de los enamorados, voy a ver a mi nutricionista y, casualmente, a la doctora que me va a hacer su interpretación del estudio. Pero, de momento, parece que está todo bien encaminado con mi maquinaria interna…

Semana 18: Día 126: Encontrar el punto de equilibrio

Todos sabemos los tres pilares de un cuerpo sano: Una alimentación adecuada, entrenamiento y cabeza. Es fácil ponerse las pilas y pulir cualquiera de estos aspectos, pero… ¿cómo equilibrarlos?

A veces el tiempo alcanza para entrenar, y hacemos un poco de malabares con el trabajo o el estudio, la vida familiar, el ocio… no es fácil, si no trabajase en forma freelance seguramente no podría estar corriendo 20 km por la mañana en día de semana, pero a veces ocupamos el tiempo en el cuerpo y descuidamos la alimentación. Optamos por lo que salga más rápido, directo de la heladera al microondas y de ahí al estómago. Comemos frente a la compu o la tele, descuidando la masticación y el momento sagrado que es comer. Y si no vemos resultados, podemos cometer la tontería de pasar hambre o acudir a una de esas dietas demenciales como la paleolítica, la hipocalórica o la que esté de moda en ese momento.

No soy el mejor ejemplo de alimentación, aunque muchos me consideren un ejemplo de determinación. No siempre logro el balance entre hidratos, proteínas y verduras… por los temas expresados anteriormente (el tiempo, maldita sea). Respeto los horarios y todas las comidas, no consumo grasas (ya las perdí el gusto), y quizá lo que me faltaría es no centrarme tanto en las proteínas y los hidratos y dedicarme más a las frutas y verduras. Pero bueno, es mi punto débil para alcanzar el equilibrio.

El entrenamiento es la parte que creo más difícil, pero que por alguna razón la tengo bastante controlada. Me pude armar el itinerario y tengo asegurados tres entrenamientos semanales. Mis familiares y clientes saben que los lunes y miércoles por la tarde y sábados por la mañana no me pueden encontrar. Mis amigos saben que los viernes por la noche no pueden contar conmigo porque tengo que acostarme temprano. Y a esta altura ya todos están tan acostumbrados como yo. Gracias a una cierta flexibilidad laboral puedo salir a correr algunas mañanas y dedicarle dos horas a sumar entrenos. Claro que, en mi caso, termino compensando quedándome hasta más tarde trabajando. Y también hay un factor que juega a mi favor, y es que de momento no tengo hijos. Tengo un perro bastante demandante, pero me apaño. Eso me permite organizar mis horarios, y sé que hay personas que este punto se escapa de su control.

Correr y hacerlo una costumbre es difícil, pero da muchos beneficios. Dos o tres veces a la semana, en el horario que sea, suma y mucho. He encontrado que ciertas situaciones se pueden transformar en entrenamientos. Por ejemplo, un trámite puede significar un fondo de 10 km a la vuelta. Un día que tenía que correr 15 kilómetros e ir a la nutricionista (no necesariamente en ese orden) se me ocurrió combinar el regreso con el entrenamiento. Originalmente le iba a dar tres vueltas al Hipódromo de San Isidro, pero después tenía que volver en tren. Al regresar corriendo optimicé los tiempos, y si en el transporte público me tomaba una hora llegar a mi casa, haciendo actividad física al aire libre me tomó 90 minutos.

El tercer pilar para alcanzar el equilibrio es la cabeza. No hay entrenamiento ni secretos que valgan. Uno tiene que hacer el click. Me encanta que algunos encuentren algún post en este blog que los motive para empezar a entrenar. Es un honor inmenso. En mi caso fue un proceso lentísimo, de mucho aprendizaje. Corro desde hace años, pero me lo tomo en serio desde hace relativamente poco. Sin emargo, puedo asegurar que lo que me ayudó fue hacerme la costumbre. Así aprendí a convivir con mi propio cerebro, pensando por qué hacía lo que hacía, qué significaba todo esto… Creo que el corredor inevitablemente termina volviéndose muy introspectivo, y lo peor que podemos hacer, ya que tenemos tanto tiempo para pensar mientras corremos, es enfocarnos en lo que no podemos hacer y en desalentarnos. Tanto si creés que podés como si creés que no podés, estás en lo cierto, decía Henry Ford. Y tenía muchísima razón. Yo estaba convencido de que mi límite eran 10 km y que nunca los iba a poder superar. Y así fue, hasta que dejé de pensar en eso.

Tengo la certeza de que encontrar el punto de equilibrio es imposible. No hay forma, a menos que seamos de elite y que, encima, nos paguen por hacer culto de nuestro cuerpo. Pero eso no quiere decir que todo sea en vano. HAY que buscar el punto de equilibrio, siempre. El aprendizaje y la sabiduría está en intentarlo, en la búsqueda constante. Probablemente nunca lleguemos a nuestro máximo potencial, pero no importa, vamos a alcanzar nuestro punto de equilibrio, que es lo mejor que podemos dar en cada uno de esos tres aspectos.

Lo lindo no está en cumplir un objetivo, sino en el camino que hacemos para intentarlo.

Semana 18: Día 124: Correr es fácil… ¿es fácil?

Encontré una afición que es la de leer a otros corredores. Empecé con Murakami y “De qué hablo cuando hablo de correr”, libro que me inspiró a irme a correr a Atenas, a lo guapo, solo por la banquina. Después leí “Nacidos para correr”, de McDougall, maravillosa obra literaria necesaria para cualquiera que corra ultramaratones o que sueñe con hacerlo alguna vez. Ahora estoy con “La huella de los héroes”, de Arcadi Alibés, un catalán que narra las historias de cada una de las maratones olímpicas, y cómo fue su experiencia corriendo en esas ciudades en la actualidad.

Pero ahora me crucé con un blog de otra chica corredora que se anima a contar sus propias experiencias. Y como yo escribí, hace unas semanas, una entrada que se llamaba “Correr no es fácil“, vino a contarme cómo la casualidad quiso que escribiera un post en su blog “¿Quién me lee?”, titulado “Correr es fácil… ¿es fácil?” (claro que ella lo hizo dos meses antes). Con toda la impunidad he decidido copiarlo y pegarlo, porque me gustan las experiencias de otros corredores, y cómo aunque seamos de diferente origen, forma, color y número de zapatilla, todos tenemos cosas en común.

Y “¿Quién me lee?”, se pregunta la autora. ¡Yo te leo!

Estaba pensando que cuando empecé a correr me dije a mi misma: Está buenísimo, debe ser el deporte más barato y fácil que existe. ERROR.
 
No es que uno tenga que se millonario para poder correr, pero la realidad es que, a menos que hayamos elegido correr barefoot (descalzos) las zapas no son las mas económicas.
En el momento que te acostumbras a las zapatillas y decís (o pensas, no es necesario que andemos contando todo a todo el mundo): ¡Que geniales que son estas zapatillas, me hacen volar y aparte, como las uso solo para correr están como nuevas!  OKAY, en ese exacto día, tu entrenador te pregunta: ¿Cuánto tienen esas zapatillas ya? A lo que uno responde contento: Un año, estas como nuevas ¿no?… NO, ya tendrías que cambiarlas te dice. Y vos que creías que estaban como nuevas…ilusa.
Dependiendo de si sos hombre o mujer, el costo también varía.
Las mujeres aparte de correr porque nos hace bien, porque nos gusta, porque es un deporte hermoso…nunca dejamos de lado nuestro costado femenino (en esta parte los hombres leen: …nunca dejamos de lado nuestro costado consumista compulsivo), en fin, nos gusta correr y estar lindas al mismo tiempo, transpiradas, pero con la remerita color fucsia de última moda, y OBVIO, los shorcitos haciendo juego. Nunca hay pantalones, calzas, remeras, tops, medias…suficientes en nuestro armario, NUNCA. Y como la ropa deportiva es finita…siempre entran algunas prendas mas en ese cajoncito… ¿o no chicas?
Los hombres (ojo, no todos, no hay que generalizar), corren con el mismo short con el que juegan a la pelota, que es el mismo con el que juegan al tenis, y es el mismo que usaron para hacer el ultimo asado. Con dos o tres pantaloncitos (siempre negros) y las remeras de las carreras en la que participan, es suficiente. No combinan (ni les importa) nada.
Dejando de lado el tema económico, viene la parte más divertida, uno se cree que es fácil. 2° ERROR.
 
Y acá todos piensan: ¿¿correr?? Pero si es natural, no necesitas más que salir a la calle, y correr.
Y eso es lo que todos pensamos cuando arrancamos. Correr es como caminar más rápido. No señor, resulta que hay diferentes técnicas para correr. Y hay ejercicios para mejorarla, y si corres con buena técnica te cansas menos (aparte, si corrés con técnica, salís bien en las fotos, no como si te estuvieras desarmando). Hay que aprender a respirar, hacer respiración abdominal, que es con la que más te entra oxigeno. Y todo eso hacerlo mientras corres, acordarte de la técnica, la posición de los brazos, la zancada, la respiración, el tiempo, las vueltas.
Tu entrenador te pone pasadas de xxx mts en xxxx tiempo, que cada vez que vez el plan te querés morir, deseas que sea una jodita, tratás de robar segundos o hacer menos pasadas de las que corresponde, pero ellos, esos hombres/mujeres que nos arman esos planes diabólicos, siempre están controlando, y saben cuando mentís, y te miran con cara de: Me estás mintiendo, seguí corriendo porque el plan del mes que viene va a ser peor.
Gracias a este deporte conocí músculos que no sabía que existían (nota: igual, me faltan algunos en las piernas, a veces veo fotos de corredores que se le marcan músculos que definitivamente yo no tengo, no me vinieron), aprendí que elongar es sinónimo de doblarse a la mitad y que te duelan todos los músculos, aprendí que el regenerativo significa que después de que haces unas pasadas matadoras, no viene una señora con un daiquiri y una pizza, NO, significa que tenés que seguir corriendo un rato más, para que al otro día no parezcas recién bajado de un caballo.
En fin, no es fácil señor, señora….pero que es muy divertido…sin dudarlo.
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