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Semana 20: Día 137: Expertos en proteínas

Hoy leía un textito con el que me sentí identificado, y decía algo así: “Cuando digo que soy vegano de pronto todo el mundo se convierte en expertos en proteínas”. Nunca nada más cercano a la realidad.

He tenido amistosas discusiones con amigos y familiares sobre los pormenores de no comer carne. Creo que ya he demostrado que, tras trece años sin consumir animales, sigo vivito y coleando. Vicky cree que me quedo dormido (desmayado) en todos lados por alguna falta nutricional, pero si dejamos eso de lado (cualquiera que vea a mi padre durmiendo en el sillón después de almorzar puede comprobar que es un rasgo genético), lo cierto es que nunca me sentí mejor físicamente. Estoy haciendo fondos largos constantemente, sumando kilómetros en entrenamientos intensos, a veces combinados con ejercicios de musculación. Y no me siento débil.

Pero siempre hay alarmistas que consideran que estoy demasiado flaco, que pongo en riesgo mi salud, y así como en el fútbol somos todos directores técnicos, en estas charlas todos somos nutricionistas deportólogos, “especialistas” en lo que el cuerpo humano necesita (en algunos casos, “especialistas” en lo que MI cuerpo necesita). Escuché todo. Las proteínas completas, las de alto valor biológico, el hierro, la vitamina B12. Aunque parezca increíble, he tenido peleas que nada tenían que ver con el deporte o la alimentación, en donde en algún momento me tiraron a la cara “¡a vos te falta comer carne!”, tibio insulto que siempre me deja perplejo.

Creo que no hace falta aclarar que mucha gente desconoce cuáles son las fuentes de energía. Hay tanto pánico hacia las “calorías” que mucha gente cree que son mala palabra. Lo mismo con los hidratos de carbono, llegando al punto de creer que comer una banana puede hacerlos engordar. Las proteínas tienen calorías, pero la principal fuente de energía, eso que nos da la fuerza para realizar acciones o procesos internos son los hidratos, y no hace falta recurrir a los animales para consumirlos. ¡Es más! No hace falta la carne, ni siquiera la leche o los huevos, para obtener proteínas. Tampoco es un misterio, basta consultar a un profesional, y los más arriesgados pueden incluso googlearlo. Las lentejas, los garbanzos, la soja, son todos una excelente fuente de proteína vegetal.

Si estuviese equivocado, creo que no soportaría estar tres horas corriendo sin parar, como pude comprobarlo el domingo pasado. Mañana voy a retirar mis análisis de sangre, que también van a ser un indicador de cómo estoy físicamente, y el jueves voy a tener una función doble: nutricionista por la mañana, y médica clínica por la tarde para que vean mis resultados y me digan cómo está mi salud (sin tener que fiarse de mis opiniones).

Semana 27: Día 188: Leche líquida vs. Leche en polvo

Hace 188 días que incorporé lácteos en mi dieta. Antes les escapaba, no me gustaban mucho y asumía que era pura grasa. Pero un vegetariano que encima quiere ganar masa muscular necesita obtener proteína de alto valor biológico de varias fuentes, y la leche (y derivados) fue la mejor alternativa.

Al principio compraba un sachet de un litro y lo dejaba durmiendo en la heladera. Sólo le ponía un chorrito a las infusiones, y me di cuenta que duraba demasiado tiempo en la heladera. Para el desayuno ya consumía yogurt, así que mi romance con la leche empezó a decaer. No le encontraba sentido a comprarla para tener que tirarla a la semana. Entonces se me ocurrió la idea más obvia que podría haber tenido: ¡leche en polvo!

Resultó ser que la variante deshidratada (y descremada, por supuesto) resiste muchísimo más tiempo, y es más transportable (no requiere frío para su conservación). Siendo que muchas veces tenía que consumir mis colaciones fuera de casa, llevarme el paquete de leche en polvo (atado con una gomita) me resolvió cualquier inconveniente. Al poco tiempo, mi nutricionista me agregó una comida con muchas proteínas para después del gimnasio, como para potenciar el desarrollo muscular. Ahí empecé a tomar un powerade con una cucharada de leche en polvo. Pero siempre me quedó la duda de si era lo mismo que tomarla líquida. Después de investigar me sorprendió que diversos estudios demuestran que son prácticamente iguales.

El INTA (Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos) comprobó que ambas tienen el mismo valor nutritivo. Las ventajas de utilizar la leche fluida son que viene lista para consumir (con lo que se evitan errores en la dosificación), es más higiénica (no tiene que manipularse), y suele tener mejor sabor que la rehidratada (probablemente por la calidad del agua con la que la mezclamos). Pero es más cara, y una vez abierta hay que tomarla a los pocos días o se vence.

La leche en polvo fue producida por primera vez en 1802 por el doctor ruso Osip Krichevsky. Se expandió con facilidad en países en vías de desarrollo gracias a su bajo costo de transporte y almacenamiento: doce meses si se empaqueta en bolsas de 25 kg y seis meses en paquetes de más de 200 kg. Es ideal para quienes hacen supervivencia, o para quienes precisan alimentos no perecederos. Por cada kilogramo de producto disecado se llegan a obtener ocho litros en forma líquida, lista para consumir.

La leche en polvo se consigue mediante un proceso por el que se elimina toda el agua. Obviamente, el resultado requiere hidratarse para poder tomarse. Un paquete puede llegar a durar meses, algo que con la versión líquida no pasa, ya que suele durar siete días, y una vez abierto el envase comienza a perder propiedades y a dejar de ser tan nutritiva. La leche en polvo conserva todas sus propiedades y nutrientes (como el calcio y las proteínas) hasta que es mezclada con agua. Su aporte vitamínico es similar al que brinda en estado líquido: ambas contienen casi las mismas dosis de vitamina B, A y D. Aunque en los paquetes que compramos en almacenes y supermercados se nos indica el porcentaje de agua que hay que agregarle, hay quienes aumentan la dosis de producto para tener un mayor aporte nutricional que la misma cantidad de leche fluida.

De momento me sorprende la cantidad de lácteos que consumo y sigo bajando de peso. Ahora volví a aumentar las porciones en cada comida, con la esperanza de no perder músculo y hacer que crezca. En seis meses veremos si realmente funcionó.

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