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Semana 13: Día 87: Corriendo descalzo en la arena

Las vacaciones han terminado. Era un viaje relámpago, sabíamos que antes de darnos cuenta, ya estaríamos en casa. Y, confirmando alguna Ley de Murphy, nuestro último día de playa fue el más espectacular, lo que hizo que el regreso fuese menos deseado.

Pero eso no quiere decir que no hayamos disfrutado del viaje. Y lo disfrutamos un montón. También fue una buena oportunidad de dejar las zapatillas de lado y experimentar esto de lo que hemos hablado alguna vez: correr descalzo. La arena pareciera ser el terreno ideal, ya que esta costumbre social de cubrir los pies hace que nuestras plantas queden sensibles, y que no sean un enorme callo como la naturaleza dispuso.

Nuestra primera carrera fue de 2,5 km. A pesar de que sentíamos que corríamos a mucha velocidad, nuestro ritmo era de 5:30 el kilómetro. No es despreciable, pero en una distancia corta, con menos esfuerzo podíamos bajar mucho nuestro tiempo. Probablemente haya algo de la absorción del impacto que obligue a bajar el rendimiento. Supongo que es algo a lo que hay que acostumbrarse. Además, con Vicky notamos dolores musculares, en gemelos y cuádriceps, como si hubiésemos recorrido mayor distancia.

Al día siguiente me mandé solo, otra vez ida y vuelta al muelle más cercano, que daba otros 2,5 km. En esta oportunidad noté un dolor en los talones y el metatarzo. Nada que me obligase a detenerme, pero evidentemente la carrera anterior tuvo sus secuelas. De nuevo, debe tener que ver con el acostumbramiento. Estamos demasiado acostumbrados a usar zapatillas y que estas absorban el impacto de la zancada. Terminé esta carrerita con un cierto entumecimiento de los gemelos. Me dio la impresión de que eran parecidos a esa sensación de los músculos cuando los trabajo en el gimnasio. Seguramente estaba ejercitándome de una forma muy diferente a la que estaba acostumbrado.

Como para comparar, me calcé mis zapatillas con las que hago velocidad (Faas 500, de Puma) y me hice una carrera al otro lado, al muelle más lejano, que me daba una distancia total de 9 km. Y debo decir que volé, con un ritmo promedio de 4:44 el km (de ida fui fantástico, a la vuelta tenía viento en contra y me hizo bajar el ritmo unos 5 segundos por kilómetro). Me sentí maravillosamente cómodo, no sé si era tanto por el calzado y las plantillas, sino porque (digámoslo de una vez) correr descalzo es bastante incómodo.

Empecé a fantasear con tomármelo como un objetivo a futuro, y acostumbrarme a desarrollar la planta de los pies, los músculos de las piernas, y convertirme en un corredor sin zapatillas. Algo así como el Abebe Bikila sudamericano. Pero le voy a dejar ese rol a otra persona. Fue interesante experimentar para darme cuenta de cuánto ganaba corriendo con calzado. Así que no puedo decir que recomiende correr descalzo. Sí puedo recomendar tomarse un descanso de vez en cuando, aunque para nosotros eso signifique trotar, transpirar y forzar nuestros músculos todo lo que podamos…

Semana 13: Día 84: ¡Vacacioneeeeeeeeeeeeeeeeeesss!

En la vida de toda persona existe algún momento en que manda todo al demonio, se va a una playa o a la montaña o a una ciudad más grande/pintoresca que la de origen, y se dedica a descansar. Llamado “vacaciones”, deriva del latín vacans, participio del verbo vacare: estar libre, desocupado, vacante (como un puesto de trabajo, o la escuela). Vacuus: vacío, desocupado libre. Vacui dies: días de descanso Vacatio (-ionis): dispensa, exención. Si usted se queja de que no le dan suficientes días, sepa que en China no es obligatorio que le otorguen este derecho, pero tampoco lo es en Estados Unidos (o sea que lo pueden obligar a trabajar 365 días al año).

Hoy partimos con Vicky para Costa Azul, a pasar Nochebuena y Navidad con mis padres y mi hermano Matías (más cuñada y sobrina). Se supone que es un lugar lo suficientemente alejado como para que no esté invadido de turistas, pero cerca de otros centros “grandes” como es San Bernardo. O sea, podemos ir corriendo por la playa y entrenar un poco. La idea es desconectarse de la rutina, pero posiblemente yo fracase estrepitosamente.

Por eso quiero compartir mis intenciones y lo que realmente termine pasando, o la famosa “expectativa vs. realidad”.

Expectativa: Vamos a descansar y a olvidarnos del trabajo.
Realidad: Voy a volver más cansado que antes y todo el tiempo voy a estar chequeando el mail desde el celular.

Expectativa: Vamos a aprovechar la playa para salir a correr.
Realidad: Vamos a levantarnos demasiado cerca del almuerzo como para hacer algo, después va a hacer mucho calor, vamos a esperar que baje el sol, pero entonces vamos a haber almorzado y como la comida no nos bajó esperaremos hasta que se haga la hora de la cena y entonces nos va a dar sueño y nos iremos a dormir.

Expectativa: Vamos a aprovechar el shopping más cercano para hacer ahí las compras navideñas.
Realidad: El shopping más cercano va a estar a hora y media en auto. Terminaremos comprando barrenadores y patas de rana a una cuadra de la playa.

Expectativa: Vamos a disfrutar de la playa.
Realidad: Nos vamos a llenar las zapatillas de arena, la malla de arena, los anteojos de arena y los sanguchitos de arena. Prometeremos tomarnos vacaciones en la montaña para la próxima.

Expectativa: Vamos a divertirnos hasta la madrugada, recorriendo la playa a la luz de la luna.
Realidad: Organizaremos un mini-torneo de chinchón.

Expectativa: Vamos a entrar en contacto con la naturaleza.
Realidad: Voy a extrañar Cuevana.

Expectativa: Vamos a sentir que el tiempo no nos alcanza.
Realidad: ¡Vamos a sentir que el tiempo no nos alcanza!

Semana 18: Día 126: Entrenar en arena

Ahora que estamos en verano, y en un mes donde muchos se van a la playa, es una buena oportunidad para repasar los beneficios de correr sobre la arena.

Cuando era chico, un clásico de las vacaciones en el mar era jugar a hacerme milanesa, construir castillos, enterrarme a mi o a otra persona, o barrenar en las olas. Al tiempo aprendí que correr sobre la arena seca, además de incendiarte los pies descalzos, era absolutamente agotador. Esta capacidad de hacernos quemar más energía que otras superficies hace que la playa se convierta en una zona ideal para realizar trotes cortos pero mucho más exigentes.

Quienes participamos en carreras de aventura no le escapamos a este tipo de suelo. En la Merrel de Pinamar, por ejemplo, casi no hay otra cosa que arena: hay 11 kilómetros de médanos, además de la largada y la llegada, que son por la costa, sin olvidarse de ese suelo mixto que tiene el bosque. Terminar esta competencia es haber sometido a los músculos a una exigencia muy particular.

Ir a descansar a la playa no quiere decir que tengamos que dejar de entrenar. Más de uno querrá compensar los desmanes de las fiestas, y sería una picardía dejar pasar la oportunidad. Por las mañanas, cuando todavía hay poca gente (sólo quedan algunos adolescentes que todavía no se fueron a dormir) podemos aprovechar y disponer de la costa. Además el sol todavía no está tan bravo, y la temperatura es más agradable. Más tarde (digamos, acercándonos al mediodía), correr en la arena equivaldría a una carrera con obstáculos, en la que tendríamos que esquivar veraneantes, sillas, paletas, un tejo, termos, sombrillas y unos cuantos vendedores ambulantes.

Quien ejercite en la playa debe hacerlo con un cierto sentido de la autopreservación. Tenemos que de estar protegidos del sol (con bloqueador solar y/o gorra), contar con la vestimenta apropiada y estar bien hidratados. Además, mientras más interacción haya tenido el ser humano con la arena, más tendremos que estar atentos de dónde pisamos. Correr descalzo es un placer, pero nos exponemos al riesgo de pisar un vidrio, una lata, o un carbón, de alguna fogata clandestina de la noche anterior.

La arena no produce impacto, por lo que se gasta más energía y los movimientos son mucho más efectivos. Entre los beneficios que encontraremos en este terreno está el desarrollo de la fuerza muscular de las piernas, resistencia cardiovascular y la pérdida de grasas, ya que se queman más calorías. En la playa suele haber depresiones, y el sistema nervioso automáticamente acomoda la pisada, en forma innata. Trotar en la arena aumenta la tensión dinámica, tanto en el músculo como en los tendones y, al no haber impacto, las articulaciones se amoldan a la situación.

Muchos prefieren correr por la arena húmeda, pero esto puede llegar a generar lesiones. Esta zona tiene un declive que impide que ambas piernas corran en forma uniforme, lo que podría generar dolor en las caderas (lo mismo ocurre cuando corremos al costado de la calle, en lugar de por el centro). Lo ideal es entrenar en la parte más plana y seca, que aporta una carga mayor. Los sprints en la playa, poor ejemplo, son un ejercicio ideal para entrenar resistencia y aumentar la potencia muscular. Al correr sobre la arena se invierte 1.6 veces más energía de la que necesitamos para correr sobre asfalto. Por este motivo es recomendable no entrenar en este terreno por más de 30 minutos.

Otra opción para entrenar en la playa es correr con el mar hasta los tobillos, ya que el agua ejerce fuerza en sentido contrario a nuestras piernas. Es perfecto para precalentar, o para hacer series cortas. Si estamos hundidos hasta las rodillas, el esfuerzo requerido es mucho mayor, y se fortalecen cuádriceps. Cuando el agua llega a la cintura (o más) entramos en el terreno del aquarunning. En esta situación se trabajan casi todos los músculos del cuerpo, y nos enfrentamos a una resistencia muchísimo mayor que la que ofrece la arena.

Por supuesto, para quienes tengan alguna lesión previa (como por ejemplo debilidad en el tendón de Aquiles), entrenar en arena puede ser contraproducente. Sin embargo, como cualquier ejercicio, si se realiza en forma moderada no debería generar inconvenientes. Trotar con precaución puede incluso fortalecer los tobillos para evitar o curar posibles esguinces.

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