Archivo del sitio

Semana 51: Día 352: Comer en Italia

image

No, esta entrada no es sobre el libro/película “Comer, rezar, amar”, sino sobre mis inclusiones en la cocina italiana.
En mi primera comida en Roma fracasé intentando algo vegano; me trajeron unas pastas con una salsa con queso. Supe reconocer mi derrota comiéndomelas.
El desayuno del hostel, por supuesto, no incluía frutas, cereales o una opción sana, sino unas facturas de paquete, rellenas de un dudoso chocolate.  Yo pasé y me tomé un té sin azúcar (también estoy intentando dejar el azúcar, ¿sabían?) con unos baybiscuits con almendras (tenían azúcar y posiblemente no eran veganos; orto fracaso).
Cuando salimos a pasear, visitamos el Panteón mientras buscábamos un supermercado. No hay supermercados en Roma. Se pueden comprar remeras de Italia, máscaras de arlequines y marionetas de Pinocho en cada esquina, pero no bananas.
Es muy difícil encontrar restaurantes vegetarianos, y ni que hablar de comida vegana. Me compré un sándwich de tomate y rúcula, y al abrirlo descubrí que tenía atún. Resolví el almuerzo con cereales integrales y manzanas, que en Italia son muy pero muy ricas.
Fue recién por la tarde, después de caminar todo el día, que encontramos un súper en serio, donde compramos pretzels (poca grasa, muchos hidratos), fruta, pan integral y la gran sorpresa que fue un yogur de soja con arándanos que estaba espectacular.
Para la cena; pizza. ¡Confirmo que la argentina es la más rica del mundo! En Italia es finita como un papel, por eso se sirve una por persona. Al principio intimida, pero después te das cuenta de que no llena como uno esperaba. En mi caso pedí marinara, que es solo masa, salsa, aceite de oliva y ajo.
Es difícil comer en Italia para un vegetariano que quiere dejar el queso, pero no es imposible. Basta con buscar, tener paciencia y saber encontrar alternativas.

A %d blogueros les gusta esto: