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Camino a mi próximo superobjetivo

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Te recomiendo enormemente tener un amigo de entrenamiento. A veces es alguien de la vida “exterior”, o sea una persona que, si no compartieses ese interés en común por el cuidado de la salud, jamás te hubieses cruzado en la vida.

Yo tengo al suerte de que mi amigo de entrenamiento también sea mi socio y mi entrenador. Desde que me mudé a Acassuso, mis días son inmejorables. Estoy sentado en la computadora, trabajando, y suena mi whatsapp. “Te veo a las 15 abajo”, que es nuestro código con Germán para juntarnos en las estaciones saludables que instalaron junto a las vías del tren.

Mientras estiramos y durante el descanso entre las series, charlamos de proyectos y de la vida. Se me inundó la casa con la lluvia. Probemos este tipo de fotos en las publicaciones de Facebook. Presentemos esta idea en tal empresa. Generalmente yo escucho, porque me resulta más fácil que hablar (mi fuerte, podría decirse, es escribir). Me gusta sentir que para Germán soy un incentivo en su deseo de entrenar (un alumno que le devuelve eso a su maestro), pero también creo que a veces él necesita una oreja. Después de todo, sus oídos arden todos los días con gente demandándole entrenamiento, qué hacer, qué comer…

Y en nuestra rutina (de ejercicios y de charla), decidí hablar yo. Tenía algo para contarle y quería ver su reacción.

“Ya tengo mi próximo objetivo para Semana 52”, solté. Él ya sabía que le estaba quitando el polvo al blog y que en breve iba a volver a escribir. Pero este espacio, sin un mega-super-recontra-archi-objetivo no tiene sentido. Así que, cuando vi que su mirada se posaba en mí y aguardaba en silencio, le dije lo que pensaba hacer dentro de un año.

Se paralizó dos segundos. Se le dibujó una sonrisa, cerró los ojos y se tapó la cara con una mano.

“Y vos me vas a acompañar”, lo desafié.

Me dijo que estaba loco. No por lo que quería hacer (que me pidió revelar recién mientras estemos en Pinamar, corriendo nuestra tradicional Adventure Race), sino porque esperaba que él fuera capaz de prepararse y correr todo eso. Es algo nuevo, distinto, lo suficientemente difícil como para mantenerme enfocado otras 52 semanas, pero divertido, y algo que podemos organizar nosotros sin inscripciones, preclasificaciones, cupos, etc.

Pero hizo lo que para mí era más importante, que fue darme su bendición. Si sé que él me va a ayudar, entonces el resto depende de mí. En la vida hay cosas que están bajo mi control, así que esas no me asustan. Y hay otras que están completamente fuera de nuestro control, así que tener a alguien a tu lado también te quita preocupaciones.

Quizá me acompañe corriendo 80 km. Por ahí se anime a 120, 200 km. No importa, si está ahí de punta a punta, los días que me tome lograrlo, es todo lo que preciso. Eso y que sigamos siendo amigos de entrenamiento los próximos 12 meses. Voy a tener que volver a los fondos largos, a ajustar mi alimentación y también las rutinas que hagamos cuando “bajemos” a las estaciones saludables.

Estoy volviendo a sentir cosquilleo en el estómago que producen los desafíos…

Los 8 km de la Demolition Race Pinamar 2014

Demolition Race Pinamar 2014

La Carrera: Si tengo que hablar de historia, sin lugar a dudas la Adventure Race de Tandil es la más especial para mí. Esta fue mi primera carrera de aventura, y si no cuento las “maratones” del colegio a fin de año, directamente debería decir que fue mi primera carrera. Era parte de un equipo de postas y cuando terminé la que me correspondía, la última, mi entrenador Germán me abrazó y yo no entendí bien por qué. Subestimé mi esfuerzo y no supe ver, como él, que esto era solo el principio de algo más grande.

En mi debut estaba auspiciada por Merrell, hoy por Terma. El recorrido no varió mucho con el paso de los años, con un terreno casi exclusivamente en arena, con muy poco camino de tierra, calle y el maravilloso campo de golf que es un deleite para los pies. Es una prueba agotadora, no es para cualquiera, pero conquistarla es un placer enorme. Y si tenemos suerte, va a tocar un buen día que amerite pasar unos días en la playa antes o después de correr.

El kit del corredor, como en todas las Adventure Race previas, está compuesto principalmente por dos botellones de Terma que terminan cortando las correas de la bolsa. No me fijé si venía algo más, porque ya estar acarreando el kit por dos tiras colgando me resultó un poco fastidioso.

Lo bueno: Esta clásica carrera de ventura se corre en la ciudad de Pinamar cada año. Si bien todavía es un evento que podría tener mayor convocatoria, va ganando presencia en Facebook a medida que se acerca el día de la competencia, y en cada nueva edición pueden verse caras nuevas.

Es difícil hablar de la Demolition Race, porque después de participar en tres ediciones, podríamos decir que ninguna es igual a la anterior. No importa tu experiencia, cómo era el terreno, nada. Uno se entera a qué se enfrenta estando ahí.

Al ser una carrera chica, la organización se maneja a pulmón, y no es algo peyorativo. El kit del corredor es bastante austero comparado con cualquier otra competencia similar, pero en esta edición la calidad de la remera mejoró bastante de la de 2013, y muchísimo más que la de 2012. Hay un código particular, el de ir a darlo todo, con el que muchos entusiastas podrían identificarse.

Lo bueno: Si bien es una carrera corta, de 8 km, esta edición no fue para nada sencilla. Diversos obstáculos en todo el camino hacen que uno la corra agotado incluso antes de llegar a la mitad. Al menos en esta edición hubo que correr por arena suelta y por el bosque, saltar paredes, subirse a containers resbaladizos, echarse cuerpo a tierra, meterse al agua y la clásica trepada por un muro de tres metros, ayudados por una soga.

Es raro que el día no acompañe en diciembre (aunque podría pasar). En el día de la largada había mucho sol, y el recorrido tenía bastante reparo, sobre todo cuando uno se internaba en el bosque. Los voluntarios asistieron muy bien, ofreciendo ayuda, agua y servicio médico a quienes lo necesitaran.

Lo malo: Si bien, como dije, la organización está hecha a pulmón y los voluntarios le ponen, valga la redundancia, mucha voluntad, el hecho de que nunca hagan un recorrido igual he decidido ponerlo como algo negativo. Es cierto que se trata de una carrera corta, pero en base a la experiencia del año anterior convencimos a muchos debutantes para que participen y terminaron agotados, algunos llorando. La camaradería que tienen los corredores hizo que muchos obstáculos fueran sorteados gracias a la ayuda entre nosotros, como el caso del container cuyo techo era peligrosamente resbaladizo.

Ciertos detalles dan la sensación de que las cosas son medio caóticas. En la largada, la explicación del recorrido y todos los obstáculos que íbamos a encontrar resultaban tremendamente confusos. Arrancamos con unas bolsas que debíamos cargar de, supuestamente, un kilo de arena, pero a mí se me hicieron como cinco, y no había dos paquetes iguales: el de algunos era la mitad que el mío. Y lo peor de todo fue que no alcanzó para todos, algo que debería preverse teniendo en cuenta la cantidad de inscriptos.

Aunque los puestos de hidratación estaban estratégicamente ubicados a la sombra, es muy desagradable hidratarse con agua a temperatura ambiente (o sea, caliente). Entiendo que a veces el clima suma y a veces resta, y también que los recursos están bastante ajustados a una carrera que, todavía, necesita tiempo para crecer, pero cuando uno está en un evento donde quiere darlo todo, espera lo mismo de los organizadores.

Y mi GPS, al que le creo, me dio 7 km. Con lo agotado que estaba, agradecí ese kilómetro de menos, pero no creo que a todos les agrade del mismo modo.

El veredicto: Si bien la Demolition necesita unos minutos de horno para convertirse en una carrera obligatoria en el calendario anual del running, algunos van a encontrar que el hecho de que no haya dos ediciones iguales es un gran componente en el desafío. Lamentablemente no podría recomendarle esta carrera a un debutante, a menos que yo supiera que es fanático de los campamentos militares y que tiene mucha energía para gastar. Yo mismo me considero un corredor experimentado y en el primer obstáculo tropecé y me lastimé mucho la pierna (pero culpo más a mi ineptitud y ansiedad que a la organización). En resumen, la Demolition no deja de ser una experiencia que vale la pena vivir, no para cualquiera, y que tiene muchas cosas que ajustar.

Puntaje:
Organización: 6/10
Kit de corredor: 3/10
Terreno: 10/10
Hidratación: 6/10
Nivel de dificultad: Para corredores experimentados o debutantes suicidas

Puntaje final: 6,25

Semana 45: Día 313: La Adventure Race Pinamar 2013 en imágenes

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Tarde pero seguro. Hice un compilado de imágenes de la carrera, como para dar una idea de lo que fue. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que este post vale como por 10 mil, sería un interesantísimo artículo de dos o tres páginas.

¡Feliz día del maratonista!

Semana 45: Día 312: Un par de piernas, por favor

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Ayer estuve muy cerca de no ir a entrenar. “Si no corrés, mañana es peor”, me dijo mi entrenador… así que le hice caso, y salí.
No me arrepentí (nunca me arrepiento de hacer actividad física), pero empezar a correr fue muy tortuoso. Tengo una molestia en la parte externa de la rodilla derecha, que la mencioné en un post de hace unos días. Increíblemente desapareció con solo mencionarla y no volvió durante la carrera… pero sí ayer. No me asusta, pero estoy atento.
Parte de los motivos por los que sí quería entrenar es que el 18 de agosto (o sea, en pocos días) voy a estar en Misiones, corriendo en Yaboty. Son 90 km en un terreno bravo, así que ante el poco tiempo que queda y el consejo de mi coach, junté fuerzas y salí de casa. Hice poca distancia, unos 3,5 km, y al finalizar me sentí mucho mejor. Estrené mis zapatillas nuevas, las Puma Nightfox, que quiero ablandar todo lo posible para la ultra.
Aunque la rigidez fue disminuyendo, hoy a la mañana me sentía de piedra. Dudé mucho si ir o no al gimnasio, así que hice lo contrario a lo que me decía mi instinto y fui.
Hice un poquito de cinta (el equivalente a 1 km), porque no quería exigirme, y después fierros. No me costó más que lo habitual, el ligero dolor de espalda que sentía ya desapareció. Pero las piernas siguen doliendo, particularmente cuádriceps, gemelos y las plantas de los pies. Y no puedo evitar pensar… ¿tendrá algo que ver mi experimento de modificar mi pisada en mitad de la carrera? Quizá forcé músculos que no tengo muy desarrollados… la pose, si bien me resultó muy efectiva, no era la más “natural” para mí. Los dolores que siento me son familiares, como cuando hice mis primeras carreras.
Anteriormente mi cálculo para que los dolores post maratón desaparecieran era de 4 días. En una de esas, solo me resta esperar al jueves para dejar de quejarme…

Semana 45: Día 311: Después de correr la Adventure Race Pinamar

Como no podía ser de otra manera, ahora me toca hablar un poco de las consecuencias de correr 27 km en la arena. Dolor, mucho dolor. Y cansancio también.
Lo curioso es cómo aparecen estas cosas tiempo después. No podría decir que ayer no me sentía agotado, pero cumplí mi promesa de no dormirme en el viaje de vuelta. Me sentía un poco duro, puro en dental estaba bien. El tema, claro, fue hoy al levantarme de la cama. O debería decir al intentar levantarme. Las piernas entumecidas, dolor de la cintura para abajo… Hombros contracturados… Ni siquiera atiné a ir al gimnasio, y cuando pasé por debajo de la barra para hacer dominadas, que tengo instalada en el marco de la puerta del baño, no pude evitar reírme: ni siquiera tenía energía para imaginarme haciendo una sola.
Pero son consecuencias lógicas. No me sentí tan roto el año pasado, y creo que tuvo que ver con que está vez me esforcé mucho más. Antes de arrancar pensaba lo bueno que estaría llegar entre los 100 primeros de la general. Eso te asegura encontrar fácilmente fotos de tu llegada y, con algo de suerte, un video. Mientras intentaba avanzar por las aplastantes dunas, mis expectativas bajaron a conformarme con estar entre los primeros 500 (en mi imaginación éramos 2500 corredores, así que me conformaba con ser parte del primer 20%).
Como en el trayecto me sentí mucho mejor, apreté y me esforcé mucho, y me imaginé que podía estar entre los primeros 300 (además es un número espartano). Resultó que mi clasificación en la general fue el puesto 50. Cuando lo vi, no lo podía creer.
¿Cambia en algo saber ese dato? Tampoco es pares agrandarme, estoy y seguiré estando lejos de los punteros. Es solo un indico que me permite compararme con otros desempeños anteriores. Creo que es claro que si me siento peor que el año pasado es porque me esforcé mucho más.
Hoy, que duele todo, decidí descansar. Así que no fui a entrenar. Dije “al diablo con todo, me quedo viendo The Walking Dead”. Y mientras se acercaba la hora de partir, me iba poniendo nervioso. “¿Salgo o no?”, pensaba. En tren estaba con demoras, y tenía planes más tentadores…
Pero ahora estoy escribiendo esta entrada desde ese demorado tren, porque la mejorforma de recuperarse de una carrera muy dura es justamente entrenar. No quedarse quieto.
Hoy prima el dolor y el cansancio. Estoy seguro de que todos mis compañeros de Puma Runners se sienten igual. Pero también sospecho que a ninguno nos preocupes demasiado, porque debajo se eso también sentimos mucho orgullo. Todos arrancamos la Adventure Race de Pinamar con miedos, expectativas, y hoy, aunque estemos duros, podemos sentirnos orgullosos de haberla terminado.

Semana 45: Día 310: Los 27 km de la Terma Adventure Race 2013

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El viernes publiqué sobre las ventajas de actualizar tel blog desde el teléfono. Ahora, en la ruta (son las 19:23), volviendo a casa… y blogueando. Prometí ser buen copiloto y no dormirme. Espero poder cumplir.
Esta Adventure Race en Pinamar no fue muy diferente a otras. Las cosas que siempre funcionan, funcionaron. Las que no, fallaron también, pero son pocas.
Empiezo con las cosas que creo que el Club de Corredores hace mal. Primero, la más grave: siguen dando agua baja en sodio en los puestos de hidratación. Obviamente es una cuestión de sponsors, pero para mí pone en riesgo la salud de todos los atletas que no sufrimos hipertensión. Segundo, por motivos similares, tienen a Quilmes de sponsor. Sin embargo, este año regalaban cerveza sin alcohol. Sigo sin entender que hace ese producto acá, en un evento deportivo, pero a la vez me parece preferible a cuando regalaban bebidas alcohólicas. Otra cosa que me molestó eran los cuatriciclos. En un momento se me puso una atrás y me hacía sentir muy presionado: no sabía si me iba a pasar o no, si hacer un paso al costado o qué…  Además el humo de los caños de escape son menos deportivos que la Quilmes… Pero como ven son pocas cosas para una carrera muy bien organizada.
Con los Puma Runners nos levantamos temprano, desayunamos y salimos a la largada. Me fui todo lo adelante que pude, lo que me significa una ventaja estratégica. Pero un grupo de chicas se ofendió y se quejaba del grupo que se armó de buceadores de multitudes. “¿Es necesario, qué ganás adelantándote?”, “Hubieran venido más temprano”, y “¿Hace falta que me claves la mochila?” fueron algunas cosas que mascullaron entre dientes. No tenía ganas de polemizar, aunque me sentí muy incómodo, pero sí, hacía falta adelantarme para escaparme del malón de la largada, no era la fila del PagoFácil sino la largada de una carrera, y no le clavé la mochila a nadie. De hecho se cruzaron de brazos y me clavaron un codo en las costillas, como si fuese accidental. Creo que las salidas son todas así, con muchos ansiosos queriendo adelantarse. Además, ¿vale la pena hacerse mala sangre por algo que hace una persona que veremos más de tres minutos en toda nuestra vida?
Por suerte esa tensión la pasé apenas crucé la largada. Gracias a haberme adelantado, no sufrí un embudo, crucé el arco a pocos segundos de que el cronómetro se puso en cero, y el estar adelante hizo que no esté esquivando las pisadas de otros en la playa.
Los primeros 5 km fueron, como siempre, por la costa. Todos íbamos pisando la arena húmeda porque era la más firme. Las olas,  a veces, se acercaban peligrosamente a nuestros pies, y teníamos que saltar al costado para esquivarlas. Como sabía que en los médanos me iba a costar, apreté en este tramo todo lo que pude.
Obviamente que la arena blanda siempre nos nivela a todos. Ahí no pude evitar bajar la velocidad y pasar de una zancada abierta a dar pasitos cortos.
Tengo entendido que los médanos son 11 km de toda la carrera. Es bastante frustrante correr en arena suelta, porque absorbe el impacto de la pisada y no lo devuelve, a diferencia de terrenos más duros como el asfalto (que sería el extremo opuesto, que devuelven demasiado).
Hasta ahí mi carrera era complicada. No me sentía cómodo, me quemaba las piernas en las subidas y me sentía muy cansado. Me tomé un gel en el km 10 y no me cayó bien al estómago. Pero esta Pinamar fue un cambio rotundo para mí. Noté algo que me cambió esta carrera para siempre.
Empezó con un dolor en la cara externa de los tobillos. ¿Por qué me dolía justo ahí? Decidí avanzar mirándome otras pies, con más atención que lo habitual. Me sorprendió ver todo lo que se doblaban hacia adentro. Sabía que tenía una pequeña pronación (oficialmente mi pisada es neutra), pero se ve que la irregularidad del terreno hacía que se metieran más para adentro.
Decidí concentrarme en pisar derecho. Esto me obligaba a estar pendiente de mis pasos, pisando (forzadamente) más con la parte externa de los pies. ¿Cómo creen que me fue? Increíblemente mejor.
Si alguien me preguntaba si algo así era una buena idea, hubiese supuesto que no. Pero hice otra carrera. No sé bien por qué me resultaba más fácil correr por la arena y el bosque. Quizá me motivó más que no me doliesen más los pies, pero lo cierto es que mejoré muchísimo mi rendimiento.
También apliqué un truco que aprendí en estas Pinamar, que fue no seguir las subidas y bajadas del bosque. A ver si me sé explicar: el terreno en esta parte son montículos bajos de arena y pinocha que suben y bajan todo el tiempo. Otras piernas y la cabeza se queman siguiendo estos senderos. En lugar de dar pasos cortos, saltaba de cima en cima, abriendo las gambas… y con mi nueva pisada más paralela, empecé a pasar corredores.
No me quiero detener en las complicaciones de correr en las playa. Además de que quema piernas, la arena se mete en las zapatillas, algo terriblemente incómodo.
En el kilómetro 20 me tomé el segundo y último gel. Además de aprovechar dos vasos de Gatorade, comí unos trozos se banana. En el asfalto apreté todo lo que podía y en el último tramo por la costa también. Siempre me sentí cómodo y con resto, a pesar de que casi me acalambro el gemelo derecho en una parte (fue un instante y pasó).
Hay un tramo, de 10 metros o menos, donde uno sube desde la playa al asfalto y corre los últimos 100 metros. Es la parte más difícil, aunque sea corta, porque uno está harto de arena y de correr por superficie blanda. Pero, como todo, se pasa.
Al final metí un sprint furioso y crucé la meta en dos horas y veintiocho minutos exactos, todo un récord para mí.
Me sentí muy contento y me quedé pensando… ¿Realmente me ayudó el cambio en mi pisada? Es una pregunta que solo podré responder corriendo más carreras y desarrollando más aún la experiencia y el entrenamiento.

Semana 45: Día 309: Comiendo en Pinamar

Siempre, en todos los viajes, ser vegetariano era una complicación. Volverme vegano le sumó dificultad, y querer dejar harinas blancas, azúcar y otros alimentos refinados hizo que todo se haga más cuesta arriba.
Compartir un viaje con otros 16 Puma Runners, lejos de casa y en una ciudad donde no llegó la moda del veganismo, hace que me flexibilice un poco. Así que comí fideos comunes, risotto y pizza (vegana). Pero pude mantener algunas de mis exigencias, como no comer pan, y reemplazar las “ganas” por fruta. Me di cuenta que muchas veces como por reflejo, para acompañar a otros. Es parte de la convivencia.
Por suerte pide hacer lo más importante, que fue relajarme. Sigo sin entender por qué, además de Terma, en la Adventure Race tienen a la cerveza Quilmes de auspiciante, pero por lo menos regalaban la variante sin alcohol. Para la carrera me compré dos geles, y tengo unas gomitas que me reglaron para la maratón de Río (y que olvidé usar entonces).
Para la mañana tengo mi avena con pasas y Ades natural…  Un desayuno de campeones, para encarar otra carrera en las arenas de Pinamar.

Semana 44: Día 308: Adiós, Ciudad Autónoma

Delicias de la tecnología. Estoy en camino a Pinamar, en el auto me Mariano, con otros compañeros de Puma Runners. Y para amenizar el viaje, estoy actualizando el blog desde el teléfono.
¿Cómo hago para escribir tanto solo con el dedo gordo? Ni yo lo sé.
Hay que tener 3G, que en la ruta es como encontrar el Santo Grial. Pero gracias al teléfono y su teclado swype (googléenlo) he podido actualizar el blog en muchas oportunidades donde las responsabilidades del día me lo impidieron. Desistí de ponerle fotos porque eso vuelve más lento todo el proceso. A veces, solo queriendo subir texto, me tira error unas cuantas veces hasta que pasa. Y ni que hablar del texto predictivo, que a veces pone cualquier palabra, una de cada tres es una grosería.
Todas estas cosas son a las que me enfrento actualizando el blog desde el celular, como está pasando ahora mismo, mientras transitamos la autopista Buenos Aires – La Plata.
Como en todos los viajes, estuve trabajando todo el día, intentando irme con tranquilidad. Estaba armando una historieta muy divertida, llamada Hit-Girl, precuela del cómic Kick-Ass 2, próxima a estrenarse en cine (googléenlo).
Fiel a mi nueva etapa donde tengo todas mis cosas ordenadas, hice mi bolso con tiempo y que, quizá, sea la primera vez que no me estoy olvidando de nada.
Solo me resta llegar a Pinamar, y disfrutar de un día de playa (invernal). Y después, hacer esos 27 km de arena y bosque…

Semana 44: Día 307: Palpitando Pinamar

Si no tuviese trabajo pendiente ni responsabilidades, ahora mismo estaría en Pinamar, chupando frío, pero rodeado de amigos. Un contingente de Puma Runners ya se encuentra en la ciudad costera, de cara a la Terma Adventure Race. Esta carrera es un clásico para nosotros, y será mi sexta edición. Pero me toca salir mañana por la tarde.

Esta fue la primera competencia en la que participé. Al principio era “La Merrell”, pero hubo un cambiazo de sponsors, un año fue “Adventure Race” a secas (parecía que le faltaba algo), y ahora esta amarga bebida que jamás me gustó es la marca emblema (mucho mejor ella que Old Smuggler o Jack Daniel’s). Por algún motivo que no logro dilucidar, siempre nos toca muy buen clima. Para el domingo nos esperan 18 grados de máxima y 9 de mínima, aunque para la hora de la largada no creo que pasemos demasiado frío.

Mi primera carrera (de toda mi vida, sin contar esos angustiantes 3,5 km que nos obligaban a correr a fin de año en el colegio) fue en Pinamar, exactamente el domingo 6 de julio de 2008. Hizo un día hermoso, y corrí en posta, el último tramo (unos 7 km). Crucé bosque, un poco de arena, pasto, asfalto… Me salió el competitivo de adentro y subía las cuestas con grandes zancadas, desmoralizando a los que la estaban haciendo toda entera y ya no tenían fuerzas.

Todo lo que hice en esa carrera fue gracias al equipo. Si no hubiese ido con ellos, no la hubiese corrido. Ni siquiera me hubiese enterado de que existía. Toda esa convivencia, las anécdotas, los consejos, el traspaso de la antorcha a las nuevas generaciones… eso es lo jugoso de estos viajes. Ahora, cinco ediciones más tarde, me toca ser a mí el tipo “con experiencia”, que dice cómo encarar las subidas en los médanos (buscando las pisadas del anterior), cómo evitar que se te meta arena en las zapatillas (polainas), dónde apretar (en suelo firme). PInamar me llama más por su tradición que por su recorrido, que de por sí es muy duro y come mucha pierna.

¿Lo que menos me gusta? Lavar las medias dos o tres veces y seguir sintiendo que tienen arena. ¿Lo que más me gusta? Esos últimos 100 metros de asfalto, con la murga, los papelitos, la gente alentando, y cruzar la meta.

Semana 50: Día 344: La recuperación post-carrera

Algo que alguna vez pasé por alto y que es tan importante como entrenar y cuidarse con la alimentación (antes y durante la carrera) es lo que hacemos después.

No es la primera vez que corro la Merrell de Pinamar. De hecho es la tercera (cuarta, si contamos cuando hice la última posta en 2008). Cuando hice el recorrido completo por primera vez, luché contra una rodilla muy dolorida por un ligamento cruzado interno lesionado. Era el domingo 13 de septiembre de 2009, y llegué haciendo un muy buen tiempo por ser mi primera Merrell completa: 3 horas 5 minutos. La lesión molestó mucho, pero lo superé y pude llegar a la meta después de caminar un poco.

El día siguiente era lunes, y teníamos entrenamiento. Nunca son muy exigentes, generalmente es sólo elongar, o hacer un trote muy, muy suave. Pero estaba cansadísimo, así que cambié esa rutina por ir al cine. Cuando salí de la sala me dolía todo el cuerpo, en especial la espalda. Los cuádriceps estaban agarrotados y duros, y quien me viese caminar seguramente me confundiría con Robocop. El hecho de que esa noche haya terminado en cama con 39 de fiebre tiene que ver con que ante un esfuerzo muy grande, pueden bajar las defensas del sistema inmunológico. Pero además cometí el error de quedarme todo el día sentado, descansando, cuando en realidad el cuerpo sigue en estado de alerta, y necesitamos eliminar todo el ácido láctico acumulado en los músculos.

Otros años y ante otras carreras aprendí la importancia de caminar, elongar y entrenar al día siguiente. Es cierto que este año no lo hice porque me quedé un par de días más en Pinamar, pero no nos quedamos sentados con Vicky, sino que caminamos mucho por la playa, y fuimos notando cómo los dolores iban desapareciendo de a poco.

Inmediatamente después de correr lo primero que hay que hacer es elongar. Si podemos caminar, mucho mejor, así vamos eliminando las toxinas. Lo que se llama “regenerativo”. En mi caso, después de estirar, hidratarme y comer un par de bananas para no invocar a los calambres, volví por la costa hasta interceptar a Vicky. Corrí su último kilómetro y medio a su lado, y aproveché para regenerar.

Es importante también tomar una bebida isotónica para reponer hidratos y minerales. Y un error muy común que comete mucha gente es festejar la carrera con un abundante asado, torta y helado de postre. Uno de los órganos más exigidos en estas competencias largas es el hígado, encargado de purificar la sangre. Al haber estado tan sobre-exigido, al igual que el páncreas, cualquier alimento grasoso nos va a golpear más fuerte que una patada de Chuck Norris. Lo ideal es elegir hidratos y comida saludable. El festejo y el desborde bien puede esperar uno o dos días después de la carrera…

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