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Semana 31: Día 216: Volviendo (de a poco)

Hoy fui a mi sexta sesión de kinesiología. Quise pagar el bono de $3 con un billete de 100 y me dijeron “mañana me lo traés”. Claro, yo me había ido al Banelco, donde me van a matar con los costos de extracción porque mi tarjeta es de Link, para caer con plata, ante la vergonzosa situación de haberme dejado todo el dinero en casa. Y fue al ñudo, porque no me aceptaron el billete tan grande.

Siempre me olvido algo, cuando no es la credencial donde ellos anotan las sesiones, es la credencial de la obra social. Pero bueno, a pesar de todos estos contratiempos mínimos, sigo yendo y avanzando.

Es increíble lo que se me está curando la periostitis. Ya no tengo más hinchado el tibial, puedo caminar sin sentir ningún dolor, y hasta puedo mover el pie sin ver las estrellas. Me toco y tampoco me duele.

Así y todo, la kinesióloga me dijo que no podía correr. Y hoy lo rectificó. Fue algo así como “No vayas a entrenar hasta que yo te diga, ¿de acuerdo?”. Y yo estoy siguiendo todo tal como me lo dicen. Me conectó a esta máquina de tortura, que transmitía impulsos eléctricos en mi gemelo y en el empeine. Al principio era agradable. Hasta le hice la observación de que era demasiado poco lo que sentía. Pero estuve conectado 30 minutos, y al final sentía que me quemaba, como si me estuviesen electrocutando de a un voltio por vez.

Nuevamente no me apretujó ni me movió el pie como si fuese el volante de los autitos chocadores. Simplemente me recordó “No corras esta semana. Seguramente la próxima puedas”. Tímidamente le pregunté “¿Pilates puedo hacer?”, y me respondió “Eso sí”.

No perdí el tiempo, y hoy mismo volví a mis clases, no sin temor de que algo me hiciera doler el tibial. Pero ninguno de los ejercicios me molestó. Sí siento el pie como que tira cuando lo doblo para abajo. Pilates, al ser ejercicios anaeróbicos, son controlados, y no tiene movimientos bruscos o explosivos. No se usa para rehabilitación, pero fortalecer los músculos ayuda en cualquier caso de lesión. No sentí molestia alguna, así que me siento por buen camino. Además necesitaba mi descarga diaria. Extraño horrores correr y seguir explorando mis límites. Ahora, al menos, puedo volver a ejercitarme, y algo es algo.

Si no puedo correr, creo que podría empezar a fortalecer mis abdominales, algo que voy a necesitar para los meses venideros…

Semana 23: Día 160: Por suerte tengo pilates

Como dije en el post de ayer, tengo a mi socio de vacaciones, lo que me obliga a improvisar a la hora de seguir entrenando. Por suerte aprovecho mis viajes de Barracas a casa, lo que me asegura 15 kilómetros por las calles porteñas. Peor es nada. También, para compartir alguna actividad con Vicky (y que me saque de enfrente de la computadora), estamos yendo a Pilates. Que es como una clase laaaaaarga de elongación y aprender a respirar y acomodar la postura.

Es difícil porque aunque estamos yendo a las 8 de la noche (a dos cuadras de casa), tengo que cortar lo que esté haciendo de trabajo para ir al instituto. Y es una cita que respeto bastante, con la ilusión de que es cerca y que vuelvo enseguida. Pero me permite relajarme, y calmar las ansiedades de estar sentado de sol a sol frente a la máquina.

Pasa algo en el instituto donde hago pilates, y es que los profesores duran menos que un suspiro. Ya vamos por el tercer profe, y las anteriores decidieron abandonar la coordinación de la clase para irse tras mejores perspectivas laborales.

Pero Ramiro, el actual instructor, parece que es el más canchero. Explica los ejercicios, da tips para amateurs como yo, y realmente nos hace estirar, un déficit en mi caso que (apenas termino de entrenar) quiero comer e irme a casa. Pilates me parecía algo para señoronas que no sabían qué hacer con su tiempo. Un prejuicio que, me parece, está bastante difundido. Pero está bastante lejos de ser fácil.

Hoy trabajamos todos los músculos de la pierna (cruádriceps, isquiotibiales, abductores, gemelos), un poco de tren superior y muchas abdominales, principalmente las de la zona baja (que son las más difíciles). Y todo con la misma máquina. También nos pasaron un tip para mejorar la postura: buscar que las orejas estén lo más alejadas posible de los hombros. Aunque parezca una tontería, me está funcionando.

Además repasamos la fragilidad del cuello y la importancia de la respiración (inspirar en relajación, expirar al hacer fuerza). Todo el cuerpo es una pieza de relojería, y buscando la armonía se logra una mejor salud.

Cuando llegan los martes y jueves puedo decir “por suerte tengo pilates”, y sé que me voy a relajar. Los lunes, miércoles y sábado puedo decir “por suerte hoy corro”, cosa que también me pone pilas. Solo me falta encontrar algo que me levante los viernes y los domingos… ¿alguna idea?

Semana 7: Día 49: 20 beneficios de Pilates para corredores

Seguimos avanzando con Pilates, disciplina que descubrí gracias a Vicky y que tengo a dos cuadras de mi casa. Realmente ha sido todo un descubrimiento, porque tenían varios preconceptos y, aunque no dudaba de su eficacia, me imaginaba que era algo más relacionado con la relajación que con el fortalecimiento.

Voy a confesar una cosa que los que me conocen ya saben: soy muy chueco. Camino encorvado, levanto un brazo más arriba que el otro al correr, ando siempre torcido… es algo que el entrenamiento me ayuda a corregir. Pero las asimetrías de mi mecánica corporal deficiente hace que algunos músculos trabajen más que otros, lo que podría derivar en molestias y lesiones, así como accidentes y desgarros. Lo que hace a Pilates es crear un núcleo y una columna vertebral más fuertes y flexibles. Para cualquier corredor, la postura es clave, y debemos fortalecer los músculos para correr con arnmonía y estabilidad.

Cuando corremos, la columna lumbar recibe continuos impactos, que aunque son pequeños, repetidos una y otra vez y a largo plazo, llegan a causar fisuras en el cuerpo vertebral y daños en el anillo fibroso intervertebral (común en corredores de larga distancia). Los corredores deben trabajar especialmente la musculatura profunda de la zona abdominal. Quizá sea un poco pronto para que yo pueda er los beneficios de Pilates en mi desarrollo atlético, pero esto es lo que nos espera a quienes practicamos habitualmente estos ejercicios y que además nos gusta correr:

1. Se mejora la alineación general del cuerpo.
2. Mejora la estabilidad escapular.
3. Mejora del balance y equilibrio.
4. Provee mayor flexibilidad.
5. Fortalece los músculos
6. Fortalecimiento mental para mejorar la capacidad de concentración tan importante en el momento competitivo, ya que Pilates es un ejercicio de mente-cuerpo.
7. Desarrollo de ritmo y secuencia de movimientos, mejora en la coordinación y control en los movimientos.
8. Mejora en capacidad aeróbica.
9. Desarrolla la habilidad de jugar con la gravedad para no sobrecargar los músculos.
10. Conciencia en la respiración correcta y profunda.
11. Desarrolla conciencia corporal entendiendo esta como fuerza mental y física.
12. Potencia la musculatura de la espalda de manera uniforme.
13. Alargary alinea la columna vertebral, para una mejor estabilidad.
14. Amplía el diafragma, aumentando la oxigenación y la resistencia.
15. Aumenta la amplitud de movimiento en las caderas y los hombros.
16. Mejora la concentración a través de una respiración enfocada.
17. Proporciona una postura de carrera más vertical.
18. Ayuda a que los órganos se recuperen más rápido de las lesiones.
19. Permite correr de manera más eficiente en subidas, con una musculatura estabilizada, así como  en bajadas, con una región ciática más fuerte y equilibrada.
20. Evita la tensión en cuello, cabeza y hombros, lo que disminuye la fatiga y evita correr con dolor.

 

Semana 5: Día 32: ¿El sexo débil?

Hoy la profesora de pilates me elogió el empeine de mis pies. Al parecer, los hombres no suelen tenerlo como yo. “Debe ser porque no juego al fútbol”, le dije. Y al decirlo, de alguna manera, me corrí del arquetipo de hombre.

Mientras hacía mis rutinas donde las abdominales se me prenden fuego y fuerzo mis músculos al máximo, pensaba cómo se subestiman estos ejercicios. Muchos me han dicho en chiste que ahora estaba haciendo cosas de “minitas”. Y no fue algo que me molestó, de hecho sé que no me lo dijeron con mala intención. Pero me quedó dando vueltas en la cabeza cómo usamos al género femenino como adjetivo descalificativo. Desde que tengo memoria la sociedad me enseñó que tenía que dejar en claro cuál era mi sexo, y que cualquier “mezcla” era algo malo. Los nenes con los nenes, las nenas con las nenas.

No me hagan empezar a hablar de los descalificativos relacionados con la homosexualidad, porque no terminamos más. Pero viene del mismo lado. El hombre tiene que ser fuerte, hacer cosas de “macho”, tener panza, comer asado, ser de un equipo de fútbol, mirar culos y ser fierrero. Las mujeres se tienen que quedar en su casa cocinando, planchando y lavando, tienen que ir de shopping, no saber conducir y hacer pilates. Lo que salga de estas estructuras suele incomodar a una gran mayoría.

Pero aunque insistimos en usar metáforas femeninas cuando alguien no se anima a hacer algo, se queja o demuestra algún signo de debilidad, las chicas están lejos de ser débiles. La genética quizá aporta a que los hombres seamos más rápidos (ahí están las clasificaciones de cualquier carrera para corroborarlo), porque la testosterona nos hace más fuertes. Pero no me cabe duda de que nosotros solemos dramatizar mucho más cuando nos enfermamos o cuando nos lesionamos. Ellas conviven con el dolor mes a mes, y está demostrado que su umbral de tolerancia es muchísimo mayor al nuestro. No me cabe duda de que las hemos terminado de convender de que son débiles y de que tienen que renunciar ante el mínimo riesgo. Pero eso es solo nuestra programación mental en acción.

En lo personal, no me molesta que me pongan calificativos de “mina” porque sea vegano, no me guste el fútbol o haga pilates. A los críticos debería decirles que me gusta Glee (o al menos lo miraba cuando tenía un poco más de tiempo), que he llorado mirando una película (Mi nombre es Sam) y que tengo un perro caniche toy. Pero sé que a otros, programados por esta misma sociedad, estas comparaciones les jode. Y en el otro extremo tenemos a las chicas deportistas, acusadas de marimachos. Pareciera que si a una mujer le gusta chivar, embarrarse y sacar músculo, es menos mujer. ¿Por qué tenemos que consensuar con el resto qué cosas pueden gustarnos y a qué otras deberíamos despreciar?

Semana 3: Día 18: ¡Empecé pilates!

Dicen que luego de que te atropelle un auto, no nay nada mejor que empezar pilates. No, no dicen eso, pero podrían…

Hoy me apareció un dolor completamente nuevo. La cadera me empezó a molestar, tanto si me tocaba como si hacía algunos movimientos. No como para alarmarse. Supongo que ahí es donde impacté con el auto. Además apareció un pequeño morado en el costado del ojo derecho, debajo de la ceja que duele si me la toco (o sea, debería dejar de tocármela). En ese contexto de mariconeo, me preguntaba si era justo el día para empezar pilates. Encima, llovía…

Por suerte empecé por Vicky, queme recomendó esta disciplina desde el momento en que ella empezó, hace unos meses. El gimnasio queda a 2 cuadras de casa, lo que terminó de cerrar el trato.

Mis idesa de estas rutinas eran muy diferente a lo que terminé haciendo. Me imaginaba a señoras cincuentonas tiradas en colchonetas, o sentadas en pelotas gigantes. Las hacía meditando, buscando la paz interior o algo así. Pero nada que ver. El método Pilates es un sistema de entrenamiento físico y mental creado por Joseph Hubertus Pilates, que lo ideó basándose en su conocimiento de distintas especialidades como gimnasia, traumatología y yoga. AL  principio fue llamado Contrología (Contrology) debido a que recalcaba el uso de la mente para controlar el cuerpo, pero buscando el equilibrio y la unidad entre ambos. El método se centra en el desarrollo de los músculos internos para mantener el equilibrio corporal y dar estabilidad y firmeza a la columna vertebral, por lo que es muy usado como terapia en rehabilitación y para, por ejemplo, prevenir y curar el dolor de espalda. Con Vicky buscábamos un buen complemento para el running, y como ella comprobó que es muy útil, me tocó a mí empezar.

La verdad es que no me podía plantear la posibilidad de ir. No por prejuicio ni nada de eso, sino por falta de tiempo. Vivir con los minutos contados, cumpliendo con todo el mundo, hace que el tiempo libre escasee. Pero decidí darme un espacio para mí, y con La Misión cada vez más cerca, me pareció que podía organizarme para estar desocupado dos veces por semana. Mi imagen de Pilates (más allá de que Vicky me contó varias veces lo que hacían) era de un grupo de señoras tiradas en una colchoneta, con su pelota inflable gigante. Cuando entré en la sala de ejercitación no encontré nada de eso. En su lugar había unas camas llamadas reformer, sobre la que se desliza una plataforma mediante unos rieles, similar a los remos de los gimnasios tradicionales. Estas máquinas también fueron inventadas por Joseph Pilates, y contiene distintos resortes que indican el nivel de dificultad.

De más está decir que esa fantasía mía de las señoras desapareció rápidamente. ¡Usar esos aparatos es muy complicado! Parte del objetivo es lograr coordinación y estabilidad, algo que para un principiante es muy difícil. Pero la versatilidad que tienen los reformers es increíble. Se puede entrenar cualquier parte del cuerpo, ya sea bíceps, tríceps, cuádriceps, gemelos, aductores… Dependiendo en qué posición se coloque uno y la orientación del esfuerzo, el trabajo cambia totalmente.

Al tener instructor, uno tiene una mejor noción de lo que está haciendo (igual, temblaba tanto y me costaba tanto coordinar, que no parecía que supiese lo que estaba haciendo. Extrañaba mucho hacer musculación, y probablemente con Pilates pueda llenar ese vacío y darme algo que necesito: coordinación, relajación y elongación. Para ser una primera clase, salí muy contento, sintiendo un gran trabajo en todo el cuerpo, en especial en las abdominales. Mi idea era ir durante dos meses, justo el tiempo que tengo para La Misión. Pero, ¿quién sabe? En una de esas se convierta en una de esas cosas que se incorporan a la rutina durante muchos, muchos anõs…

Semana 37: Día 252: Pilates como entrenamiento cruzado

Vicky acaba de cumplir un mes de Pilates. La llevó una necesidad de hacer un entrenamiento cruzado para poder dejar atrás molestias en las piernas. Y su experiencia fue tremendamente positiva. Tanto que se ofreció ella misma a contar su experiencia para el blog (en breve me engancho yo también):

Leyendo un informe sobre deportes que se complementan con el running, vi que recomendaban realizar Yoga o Pilates. Decían que es un buen entrenamiento cruzado, ya que a medida que aumentamos la distancia y las cuestas, los músculos de nuestras piernas se van atrofiando un poco más: aumentamos masa muscular, pero perdemos eso tan importante que es la elongación.

A medida que vamos creciendo, si no estiramos los músculos, habitualmente estos se van acortando. Si nuestro trabajo exige estar todos los días más de 8 horas sentados en la computadora, esto nos acorta los isquiotibiales y encorva la columna. Con los años esto nos hace perder movilidad: empiezan los dolores de espalda, cuello, cabeza, rodillas, y podría seguir enumerando molestias.

En el trabajo tenemos un grupo de running, y muchas veces charlando con compañeras nos dábamos cuenta de lo “mal” que estábamos cuando empezábamos a correr. Notábamos nuestra poca flexibilidad, producto de los años de trabajo y estudio. No alcanzaban dos horas de running para contrarrestar de 8 a 9 horas de sedentarismo.

Ahora hace ya un tiempo que corro habitualmente. Entreno 7 horas por semana, y los cambios fueron graduales. De a poquito fui adquiriendo más resistencia cardiopulmonar y las piernas empezaron a desarrollar más fuerza. Años atrás practicaba otros deportes que implicaban mayor elongación, la que fui perdiendo a medida que fui sumando kilómetros. A raíz de sentir varios dolores, sobre todo los tibiales y los gemelos, pensé que era muy necesario dedicar horas a la elongación de estos músculos y tendones. Entonces descubrí Pilates.

Hace un mes que lo practico, y los beneficios se hicieron presentes. Al principio, estirar los músculos fue terrible. Me agarraban calambres y se me agotaban las piernas. Mi cadera tenía menos movilidad que un bloque de cemento, y la espalda al mínimo esfuerzo se me encorvaba o hiperextendía. Ahora, luego de un mes, mis piernas tienen no solo más fuerza, sino que ya no me acalambro. Puedo extenderlas sin dolor en la cadera, y puedo controlar mejor la espalda. Además encontré beneficios secundarios, como el relax y la fuerza que conllevan los ejercicios.

Descubrir Pilates para mi fue lo mejor que hice este año. Realizarlo como entrenamiento cruzado con el running es fundamental. Conviene informarle a tu entrenador de running los tipos de ejercicio que estás realizando, así como contarle a tu instructora de Pilates sobre el entrenamiento aeróbico; cuántos kilómetros corriste, cuáles son tus dolores más localizados… así vas a poder realizar un ejercicio apto para vos. Lo más importante de todo esto es que no haya sobrecarga en tus piernas, sino elongar músculos, tendones y fortalecerlos.

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