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Semana 32: Día 222: ¡Zapatillas nuevas!

2013-05-08 19.45.22

Terminadas mis 10 sesiones con la kinesióloga, ya tengo el alta y puedo correr todo lo que me plazca. Solo quedan pendientes dos cosas: conseguir la vitamina B12 para que me la inyecte y empezar así un tratamiento preventivo de lesiones, y preguntarle si al final era cubana o no.

Debido a mi periostitis, entendí la importancia de entrenar en esas sesiones ultramaratónicas con una buena amortiguación. Por eso, con el cambio de plantillas, llegó el momento de actualizar el calzado. Siendo que estoy haciendo mucha calle y que no tengo en vista una carrera de aventura hasta Yaboty (18 de agosto), me pareció que tenía que comprarme un calzado liviano pero a la vez que absorban el impacto. Y entre todas las mejores zapatillas que compré en estos dos años y medio de blog, las que mejor resultado me dieron fueron las Puma Faas. Así que decidí reincidir (para que no suene a chivo, si tuviese que elegir unas zapas para aventura, me inclinaría por las Salomon XR Mission o cualquier Asics).

Tenía un muy buen recuerdo de este modelo, sobre todo por cómo me sentí en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Tenemos poco terreno blando por donde entrenar, y aunque las Faas son bastante minimalistas y mantienen al pie más cerca del suelo, tienen una muy buena amortiguación. Esto es llamativo, porque yo obtuve muy buenos resultados con las suelas con gel (las cámaras de aire siempre me parecieron malísimas). Estas zapatillas no tienen nada de eso, y sin embargo ya sentí la diferencia al dejar el calzado viejo y calzarme estas. Por supuesto que no estoy al 100%, todavía siento la pierna debilitada, pero hoy hice 10 kilómetros en progresión, sin ningún problema. Casi me sentí el de antes, dando todo lo que tenía.

Las Faas se recomiendan para maratones, en especial si se busca velocidad, ya que son muy ligeras (no superan los 280 gramos por zapatilla, lo que alimenta mi teoría de que el “550” que acompaña el nombre del modelo es el peso en gramos de ambas zapatillas). Dicen que la versión anterior, las 500, no tenían una buena ventilación en la parte superior, cosa que se corrigió en esta, pero no podría asegurarlo. Si bien transpiro los pies, jamás lo sentí como un problema.

Mi meta será la maratón de Rosario, y si llegan dentro de los 1000 kilómetros las usaré para Yaboty, que tiene un terreno bastante noble. Nunca las usaría para montaña, ni siquiera para un terreno pedregoso. Al tener ese estilo minimalista, se siente todo: piedras, raíces, ramas, etc. Pero a mí me resultaron ideales para calle. No había otro color para elegir, pero estas me gustaron. Las veo sobrias, contra el look estrafalario de las que tenía antes, inspiradas en Usain Bolt.

En sitios de internet recomiendan las Faas 550 para corredores de pisada neutra, veloces, de entre 60 y 70 kg. Si además dijeran que son ideales para atletas en recuperación de una periostitis, no quedarían dudas de que las diseñaron pensando en mí…

(Dos aclaraciones al margen de la foto que ilustra este post: No elegí las medias esta mañana pensando en el eventual color de las zapatillas, ni tampoco me preocupé en afeitarme las dos piernas para que la composición quede armónica).

Todavía no me decido en un modelo para hacer aventura. Posiblemente repita la Patagonia Run en septiembre, y me están tentando unas Misuno, que es la marca que alguna vez le he visto a mi ídolo Scott Jurek. Lo que yo necesito es un sponsor…

Semana 32: Día 221: Noche de pesadilla

Anoche tuve una pesadilla, muy a tono con mi situación actual.

Como ya comenté ayer, pude volver a entrenar. La pierna anda bastante bien, algunos dolores, pero no en la lesión en el tibial. Pude hacer progresiones, sentadillas, y hoy a la mañana me duele todo, obviamente, porque perdí entrenamiento. “La grasa se gana rápido y se pierde lento, el músculo se gana lento y se pierde rápido”. O algo así.

Anoche soñé que estaba de vacaciones en alguna localidad costera. Podría arriesgar que era Pinamar. Estaba con mi grupo de entrenamiento, los Puma Runners, y teníamos una reunión de negocios. Yo había perdido por completo mi habilidad para correr. La pierna izquierda la tengo afeitada, y eso provocó algún comentario socarrón y algunas risas en el entreno. En el sueño estaba igual, salvo que el pie izquierdo tenía un agujero sobre el empeine, y de adentro salían cables y chips conectados a lo largo de la pierna (anoche, antes de acostarme, vi el programa de los 80’s en NatGeo y mostraban cómo se construyeron las primeras PCs… el cablerío era similar al interno de un gabinete de computadora). La pierna derecha estaba mejor, pero también tenía algunos slots y chips conectados.

No caminaba con dificultad, de hecho agradezco que en los sueños no se siente dolor, pero la imagen era espeluznante. De hecho al pie izquierdo le salía humo del agujero. Antes de ir a la reunión, en un ataque de frustración, me arranqué todos los chips. Estaba realmente harto de estar así, y hasta me preguntaba si no hubiese sido mejor amputar la pierna.

La cita de negocios era con una médica que había hecho negocios con mi ex-socio (una larga historia), así que yo le tenía algo de resentimiento. Hacía muchos años que no la veía, y ella era quien me había operado la pierna. Eso alimentaba más mi bronca. Cuando la reunión estaba finalizando no pude más. Me puse de pie y comencé a insultarla, me di media vuelta y me fui, para sorpresa de todos los presentes. Afuera buscaba la combi que me había traído, pero no la podía encontrar. Era una sensación conocida: frustración, frustración y frustración. Lo peor fue darme cuenta de que me había olvidado la campera, y la humillación de tener que volver a entrar a ese lugar para buscarla.

Lo curioso fue que después me di cuenta que esta mujer de la reunión no era la que me había operado. Yo la había confundido con otra doctora de ojos violeta (¿cómo confundir a alguien con semejante característica?). Habiendo pasado tantos años, lo que más quería era que me hicieran alguna actualización. Con el avance tecnológico que nos rodea, seguro podían ponerme algo menos monstruoso y más efectivo. Ante la duda de quedar mal ante mi súplica de que me hagan un upgrade, volví a conectar todos los chips que rodeaban mis piernas.

Después el perro y el gato empezaron a saltar encima de la cama y me despertaron. Confieso que sentí cierto alivio de que todo haya sido un sueño.

Obviamente el tema de la lesión es algo que me angustia, más allá de que me siento muy cerca de recuperarme del todo. Creo que también se me manifestó mi miedo a encontrarme ante una situación que me impida correr, además de la vergüenza (reprimida) de andar con una pierna afeitada y la otra muy peluda. También estaba el contexto del grupo, en un lugar habitual como es Pinamar. Este año no voy a poder correr la Adventure Race, porque decidí priorizar la ultramaratón de Yaboty, que si no me equivoco es una fecha muy cercana. Pero también me sigue resonando ese mal trago que fue la edición en Tandil, con tanta violencia y tanta bronca. Se me mezcló con mi conflicto irreconciliable con mi ex-socio (quien me estafó) y todas esas cosas no dichas. Además tenía la humillante situación de tener que volver después de dar un portazo.

Los sueños son muy simbólicos, pero parte del “jugo” que se le puede exprimir está en qué palabras usamos para contarlo. Y en mi relato está muy presente la “frustración”, ante no poder hacer uso de mis piernas, ante no saber cómo resolver mis conflictos, y ante cómo me relaciono yo con los demás. También, por alguna extraña razón, es muy difícil recordar los sueños si no los contamos apenas nos despertamos. De hecho ya se está empezando a hacer borroso y difuso. Pero es algo bueno, porque la imagen de mis piernas deformadas y emparchadas por una precaria tecnología médica, es algo que no tengo mucho interés en recordar.

Semana 32: Día 218: Nuevos objetivos

Todos conocemos ese famoso dicho de que para escribir “Crisis” en ideograma chino hay que escribir también “Oportunidad”. Pero yo me juego que el 99% de los lectores de este blog no saben leer chino, que lo mismo daría si les dijese que no es en chino, sino en coreano o japonés, así que no metamos la pata y digamos que todas las crisis son un punto de partida.

Estuve estos días dándole vuelta a la noción de que no voy a poder participar este año de la Espartatlón. Por mucho que me pese y todo el esfuerzo que pusimos mi entrenador y yo, hay dos factores que influyen. Uno es que, al parecer, esta mítica competencia se volvió demasiado popular, y apenas conseguí el tiempo de 100 kilómetros en 10 horas y 14 minutos, la organización de la competencia cerró las inscripciones, ya que habían cubierto el cupo de 350 participantes y tenían una lista de espera de 190 personas. O sea, ni siquiera tuve la opción de esperar que 191 tipos se bajaran para lograr un lugar.

Esto, por más que parezca raro, me trajo cierto alivio. Cuando intenté correr los 100 km de la Ultra Buenos Aires en 2011 la pasé muy mal físicamente. Anímicamente estaba bárbaro, rodeado de mi familia y amigos (hasta vino nuestro perro Rulo), pero estaba fatigado, totalmente extenuado, y en mi cabeza no podía dejar de repetirme que si esto me estaba costando tanto, 246 km iban a ser imposibles. Fue el momento en que más lejos me sentí de este sueño. Como la mayoría sabe, abandoné en el kilómetro 77 con la frente en alto.

Este año volví a intentar, mejor preparado y con un resultado que hasta a mí me sorprendió… porque en el camino la sufrí bastante. Hasta llegué a sentir lo mismo, que si me costaba tanto esto, en unos meses no iba a poder correr 146 km más en Grecia. Pero llegué a la meta, no tuve necesidad de parar a descansar, más allá de que tuve momentos en donde sentí que iba a tener que abandonar (a partir del km 50, cuando empecé a orinar gotitas color Tang de naranja y me asusté un poco). Todo, absolutamente, es aprendizaje. Lo fue el intento fallido del año pasado, y lo fue el logro de este. También aprenderé de no haberme podido inscribir este año.

Como dije, no poder inscribirme en la Espartatlón 2013 fue un alivio. No me sentí triste, no dije “¡Tanto esfuerzo en vano!”. La marca de este año me sirve para 2014, así que puedo inscribirme el día en que lo habiliten (estaré pendiente). Además, puedo entrenar más relajado, e intentar ultramaratones intermedias, como una de 100 millas (160 km) o una de 200 km. Todo a su tiempo, ya que estoy recuperándome de la periostitis, lo que también me dificultaba correr una Espartatlón este año.

El tema es… ¿qué hacemos con el blog ahora? Y eso es lo que estuve pensando todos estos días. Al principio, Semana 52 era un proyecto de 364 días. Me envicié, quise pasar a correr la Espartatlón en el segundo año, y no pude. Ok, reintentemos al año siguiente. Pero claro, ahora sé que no voy a poder hacerlo, por lo que queda trunco el subtítulo del blog “La meta: entrenar para la mítica carrera de 246 km“. Queda claro que ese será mi objetivo, así me tome 8 mil semanas lograrlo. Intentaré no volverme loco con eso, pero sigo obsesionado con hacer “algo” al final del año.

Va a ser imposible encontrar una ultramaratón que caiga justo el día de la Espartatlón, pero no importa. Ahora estoy en la búsqueda de alguna carrera de más de 100 km, en cualquier parte del mundo. Lo ideal, para mí, sería algo de 100 millas. De momento no encontré nada, porque las pocas que hay son en fechas muy lejanas (ya para el próximo año) o son con intervalos, por ejemplo dividido obligatoriamente en 5 días. No va a ser fácil, pero ese será el objetivo intermedio. Porque lo necesito, tengo que seguir entrenando para poder estar 36 horas corriendo sin parar. Me siento bien encaminado, no me quita el sueño sentirme lejos (ni siquiera me lo quita estar congestionado y no poder entrenar el día de hoy, justo que salió el sol). Así que, querido lector, estoy en una etapa de decisiones, y si sabés de alguna ultramaratón que se corra entre septiembre y octubre, hacémelo saber. Puede ser el trampolín para cerrar mi sueño en el cuarto año de Semana 52.

Semana 31: Día 217: Plantillas nuevas

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Señoras y señores, mis plantillas nuevas. Las veo distintas a las anteriores, que tenían una oliva más pronunciada y el talón no tan levantado. Los colores difieren también. ¿Habrá tenido en cuenta el especialista mi periostitis? ¿Será una señal de la evolución de mi pisada? ¿Por qué no se lo pregunté antes de irme del consultorio? Enigmas sin resolver…

A veces las cosas salen mal, o al menos bastante diferente a como uno lo tiene planeado. No existe la suerte, todo es casualidad (y causalidad), y uno tiene que rebuscárselas y aprender a resolver los conflictos que se presentan. A pesar de que creo que Dios juega a los dados con el universo, hoy una amiga me presentó algunos de los 83 mandamientos, según Alejandro Jodorowski, y uno en particular me marcó. Es el número 69 (escucho a algún tonto riéndose por lo bajo), y dice así: “Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro”, y me cayó en un momento justo. Yo considero que mi periostitis es una enseñanza, del nivel que intentaba alcanzar y las cosas que hice (y no hice) para llegar hasta ahí. Sin lugar a dudas contribuí a esa dolencia con una mala amortiguación en mi calzado, y justamente hoy fui a buscar mis plantillas nuevas.

Mi intención es contabilizar, en cuenta regresiva, mil kilómetros, y ahí cambiarlas. Sé que Giroldi me dijo que las cambie cada 800, pero si tiré más de 3 mil sin darme cuenta, creo que puedo estirarme hasta esa distancia.

La adquisición de estas nuevas plantillas también coincide con el permiso de mi kinesióloga de volver a entrenar. Finalmente me dijo que sí (esta vez en serio), que puedo correr. El tibial casi no me duele, sí siento que me tira cuando bajo mucho el pie, pero en pilates no tuve dolor, así que evidentemente es el momento de retomar.

Dudo que mañana corra mucho, y seguro me sienta raro. Las plantillas hay que ablandarlas, incluso recomiendan no estrenarlas en una carrera. Mi próximo desafío es la maratón de Rosario, una competencia que hace unos meses hubiese considerado pan comido, pero que ahora encaro desde una lesión, más de dos semanas parado y todavía lejos de mi 100%. Pero, fiel a la jerga corredora, iré paso a paso. Ya creo que empecé bien yendo a rehabilitación y haciendo caso a todo. Ahora con las plantillas… mañana zapatillas nuevas, pasado la maratón… y en algún momento de 2014, la Espartatlón…

Semana 31: Día 216: Volviendo (de a poco)

Hoy fui a mi sexta sesión de kinesiología. Quise pagar el bono de $3 con un billete de 100 y me dijeron “mañana me lo traés”. Claro, yo me había ido al Banelco, donde me van a matar con los costos de extracción porque mi tarjeta es de Link, para caer con plata, ante la vergonzosa situación de haberme dejado todo el dinero en casa. Y fue al ñudo, porque no me aceptaron el billete tan grande.

Siempre me olvido algo, cuando no es la credencial donde ellos anotan las sesiones, es la credencial de la obra social. Pero bueno, a pesar de todos estos contratiempos mínimos, sigo yendo y avanzando.

Es increíble lo que se me está curando la periostitis. Ya no tengo más hinchado el tibial, puedo caminar sin sentir ningún dolor, y hasta puedo mover el pie sin ver las estrellas. Me toco y tampoco me duele.

Así y todo, la kinesióloga me dijo que no podía correr. Y hoy lo rectificó. Fue algo así como “No vayas a entrenar hasta que yo te diga, ¿de acuerdo?”. Y yo estoy siguiendo todo tal como me lo dicen. Me conectó a esta máquina de tortura, que transmitía impulsos eléctricos en mi gemelo y en el empeine. Al principio era agradable. Hasta le hice la observación de que era demasiado poco lo que sentía. Pero estuve conectado 30 minutos, y al final sentía que me quemaba, como si me estuviesen electrocutando de a un voltio por vez.

Nuevamente no me apretujó ni me movió el pie como si fuese el volante de los autitos chocadores. Simplemente me recordó “No corras esta semana. Seguramente la próxima puedas”. Tímidamente le pregunté “¿Pilates puedo hacer?”, y me respondió “Eso sí”.

No perdí el tiempo, y hoy mismo volví a mis clases, no sin temor de que algo me hiciera doler el tibial. Pero ninguno de los ejercicios me molestó. Sí siento el pie como que tira cuando lo doblo para abajo. Pilates, al ser ejercicios anaeróbicos, son controlados, y no tiene movimientos bruscos o explosivos. No se usa para rehabilitación, pero fortalecer los músculos ayuda en cualquier caso de lesión. No sentí molestia alguna, así que me siento por buen camino. Además necesitaba mi descarga diaria. Extraño horrores correr y seguir explorando mis límites. Ahora, al menos, puedo volver a ejercitarme, y algo es algo.

Si no puedo correr, creo que podría empezar a fortalecer mis abdominales, algo que voy a necesitar para los meses venideros…

Semana 31: Día 214: 163 km en un mes

Durante abril corrí 163 km. Es una distancia que no es despreciable, aunque se trató de dos carreras solas, separadas por seis días. No entrené la semana previa a la Ultra Buenos Aires, y quedé bastante roto después de la Patagonia Run como para sumar kilómetros.

Cuando me diagnosticaron (errónemente) una tendinitis, me di cuenta de que el cuentakilómetros se iba a detener, quién sabría por cuánto tiempo. Después de que confirmé que en realidad se trataba de una periostitis, supe por experiencia de otros que iba a tener entre uno y tres meses de rehabilitación. Me hubiese gustado volver a correr durante este mes, antes de que se venga el frío, pero le quise hacer caso a la kinesióloga, y ella dijo que todavía no podía hacerlo.

Así que abril quedó en 163 km, una marca caprichosa, porque me fue imposible tomarla con certeza. Era tanto el tiempo corriendo que la batería de mi reloj no iba a aguantar. De hecho, la Ultra Buenos Aires la hice con tres Garmin distintos, y nos fuimos turnando con Vicky para medir ciertos tramos importantes en la Patagonia Run. Nos divertimos mucho, y la incertidumbre de las distancias se convirtió en un condimento más de ese ultra trail de montaña. Pero supongo que para dedicarse a las ultramaratones hay que pasar a relojes que duren más de cinco horas.

La Feria del Libro se ha convertido en la excusa para no tener que entrenar, aunque en verdad no puedo. Tampoco me dejan hacer pilates, así que ahí ando, sin la posibilidad de descargar energía y mantener mi estado físico. Sé que en breve voy a volver, pero por ahora es solo un deseo y no es la realidad.

La maratón de Rosario sigue ahí, esperándome. El camino que recorra de acá hasta esa fecha, dentro de dos meses, será el que determine si la haré corriendo o si solo iré a hacer turismo…

Semana 31: Día 213: Días de Feria

Bueno, como era de esperarse, la Feria del Libro me consumió absolutamente mi tiempo. El sábado tuvimos la maratónica jornada hasta la 1 de la mañana y el domingo, aunque fue un día normal, fue otra paliza que me dejó sin energías. Tanto que hoy lunes tuve que hacer un gran esfuerzo motivacional para poder sentarme en la computadora a ponerme a trabajar.

Es irónico que las cosas que más me agoten sean las que menos requieren un esfuerzo “físico”. Estar parado o sentado es algo que me quema más que estar corriendo o haciendo ejercicio. De hecho hasta tengo más necesidad de comer ahora que estoy parado, a la espera de que se recupere mi tibial. Obviamente es ansiedad, pero me doy cuenta que mi única actividad es levantarme a la cocina a ver qué puedo picotear.

Hoy la kinesióloga me dijo que todavía no podía entrenar… algo que me sorprendió, porque el jueves me dijo que el fin de semana iba a poder volver. Aunque le comenté que todavía siento algunos dolores, siento que me estoy recuperando muchísimo. Antes no podía ni caminar, y ahora solo me duele cuendo doblo mucho el pie hacia abajo. Pero a pesar de todo y de que se desdice a ella misma, ahora tengo que seguir en el banco, esperando mi turno. Obviamente eso me golpeó anímicamente, pero no me queda otra que armarme de paciencia y seguir las instrucciones de una especialista. Sé que voy a correr pronto, pero no saber cuándo es lo que me mata.

La Feria es un evento agotador, aunque encuentro mucha satisfacción estando ahí. Tuve que interrumpir muchas cosas que me gustan, como actualizar diariamente el blog (había retomado el ritmo con una asistencia casi perfecta), o seguir con mis clases online de narrativa. Pero como dije, vuelvo absolutamente desgastado, tanto que ayer me quedé dormido en la cama, vestido, ante las inútiles insistencias de Vicky de que me desvista y me meta adentro de las sábanas. Dice que le dije que todavía no me podía dormir, que primero tenía que actualizar el blog. Y ahí me tienen. Me enternezco a veces.

Más allá de la Feria y el desgaste que conlleva, no quiere decir que uno tenga que alimentarse mal o interrumpir sus rutinas. A veces es inevitable picar algo no tan sano, pero ya que voy a estar todo el día de casa (y lejos de esas cosas que normalmente picotearía) me preparo todo lo que vaya a necesitar: frutas, agua, una merienda… el viernes a la noche cocinamos con Vicky empanadas de tofu marinado en salsa al curry (una delicia), así que tuve almuerzo y cena asegurado, y el domingo me llevé un tupper con arroz, salchichas de soja y perejil. También me compré Quinoa inflada para picotear (¿o creen que picoteo comida chatarra?) y galletas de arroz. El miércoles (feriado) es otro día de paliza, así que mañana martes me voy a preparar las cosas que voy a llevar. Es dificilísimo comer sano ahí adentro, y es más barato y menos complicado llevarme las cosas desde casa.

Me sorprende que mucha gente considere un incordio tener que preparar la comida del día antes de salir, meterla en bolsas o en un tupper y después guardar todo adentro de la mochila. ¿No es eso mejor que comprar lo “menos peor” que ofrezcan los stans de comida o conformarse con golosinas o snacks grasosos? Los esfuerzos son mínimos y los beneficios muy grandes…

Semana 30: Día 206: Segunda cita con la kinesióloga

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“Para la próxima sesión te me afeitas la pierna”, me dijo la kinesióloga, “y te vienes tres veces por semana”.

Realmente quiero recuperarme, así que decidí hacer las cosas bien. Mientras más caso le haga, más rápido me voy a curar de la periostitis. O al menos eso creo. Ya hay quien me mandó a comprarme un magneto para hacerme las curaciones yo mismo… pero bueno, no creo que esté en el mal camino: nada de actividad física y no saltearme ninguna sesión de kinesiología.

El mismo viernes que tuve mi primera sesión de rehabilitación, me confirman de la editorial que estoy en la lista de acreditados para la función de prensa de Iron Man 3. No iban a hacer avant premiere, así que era la única opción para verla “de arriba”, y encima varios días antes del estreno oficial. Pero la función era el lunes a las 10 de la mañana, y mi cita de kinesionlogía era a las 11:30. Decidí hacer buena letra, y rechazar la invitación para el cine..

“¿Hice bien?”, le pregunté a Vicky. Lo pensó unos segundos y me dijo que por supuesto que sí. Sin embargo, me quedó una leve sensación de amargura.

Hoy lunes me costó salir de la cama. Le hice el desayuno a Vicky a las corridas y la acompañé con el perro hasta la estación de tren. En casa tenía tiempo muerto antes de salir. Pero… ¡me tenía que afeitar! Estaba en la duda de si afeitarme ambas piernas o solo la dañada. Esta duda se resolvió cuando tardé mil años con la izquierda, y decidí no repetir con la derecha.

Nadie me explicó cómo afeitarme la pierna. Nunca lo había hecho, y parece algo similar a quitarse la barba, pero resultó que una cosa es la pera y otra la rodilla, isquiotibial, tibial, pie y dedos. Llené el bidet con agua tibia y me embadurné con espuma de afeitar. Empecé por el costado y ningún problema. Debajo de todos esos pelos enrulados… ¡había piel! Pero en seguida la maquinita se taponó de vellos y dejó de rasurar. Así que tuve que hacer el tedioso sistema de afeitar 5 cm, sacar los pelos, enjuagar y repetir. Me pareció prudente no ir contrapelo, para no irritar ni que aparezcan pelos encarnados. Soy meticuloso, así que me dediqué a cada centímetro de la pierna. La duda era, ¿hasta dónde afeitar? ¿Hasta la rodilla? ¿Hasta el muslo? ¿Hasta la clavícula?

Cuando creí que tenía todo dominado, me arranqué una buena cantidad de piel. La sangre empezó a brotar. Seguí, matando a la herida con la indiferencia, y eliminando cada pelito. Cuando terminé (y quedé suavecito), me puse una curita y salí para la kinesióloga.

Afuera, en la puerta del instituto, un cartel escrito a mano rezaba “No tenemos luz”. No muy lejos de ahí, mientras yo (bien terco) esperaba que me confirmen que por mi trauma necesitaba conectarme a los aparatos sí o sí (y que me iba a tener que volver a casa), un proyector se encendía y comenzaba a verse las nuevas aventuras de Iron Man.

Quedará para la próxima…

Semana 30: Día 204: Ese maldito tibial

Hoy empiezo la semana 30 de este tercer año de blog, y por delante me espera una lenta recuperación de la periostitis, que todavía no sé cuánto va a durar.

En principio me doy cuenta de que al haber dejado de tomar los analgésicos, el dolor volvió. Es una molestia constante, de 1 a 10 es un 3, que salta a 8 si me descuido y doblo demasiado el pie hacia arriba. Me pongo molesto si camino mucho o me quedo parado un rato largo, y mis metas actualmente son llegar a la próxima sesión de kinesiología.

Hoy fui al entrenamiento de los Puma Runners, más que nada para saludar y no perder el contacto, y me enteré de que al menos dos compañeros padecieron esto, así que es más común de lo que me imaginaba. Uno está en recuperación, mientras que mi otra compañera tuvo una larga recuperación, de unos tres meses. Me da esperanzas que ella no lo detectó a tiempo y siguió entrenando, lo que pudo retrasar su curación total (pero después pienso que corrí una ultramaratón de montaña así y no me siento tan afortunado).

Bueno, hay que tener paciencia. No, yo no, ustedes, que van a empezar a leer posts depresivos. Pero bueno, el blog necesitaba un cambio, así que quizá les venga bien vivir cómo es una recuperación de una periostitis. Mi tarea, para antes de la sesión del lunes, es afeitarme de la rodilla hacia abajo. Soy bastante belludo (me tejieron), y tengo miedo de entusiasmarme y no parar hasta llegar a la clavícula. Como soy medio obse voy a querer estar simétrico y por ahí no pueda evitar afeitarme las dos piernas. No prometo fotos, pero sí mantenerlos al tanto.

Semana 29: Día 203: Periostitis

Hasta ayer no sabía qué significaba la Periostitis. Si ustedes tampoco lo saben, dejo que Mr. Wikipedia lo explique por mí (remarco en negrita lo que me parece más importante):

La periostitis es la inflamación del periostio, la capa más superficial del hueso (como la “piel” del hueso). El lugar de mayor afectación suele ser la cara anterointerna de la tibia, principalmente en el tercio inferior, aunque puede extenderse más arriba, casi hasta la rodilla. Esta lesión es típica de los corredores, principalmente de fondo. Se debe a las vibraciones que recibe el periostio por el impacto continuo de los pies contra el suelo en este deporte. Los factores que predisponen a sufrirla son: aumentos bruscos del volumen o intensidad de entrenamiento, mala amortiguación en el calzado, correr por superficies duras, pronación excesiva de la pisada.

Hay diferentes métodos de recuperación, entre los que se encuentran: el reposo, la aplicación de hielo local, la corrección de la pisada con prótesis plantares, vendajes o mallas de sujección para limitar las vibraciones, antinflamatorios y el refuerzo de la musculatura del tibial anterior.

Hoy fui a mi primera sesión de kinesionlogía. Elegí un centro que estaba cerca de casa, para poder ir caminando. No tenía referencia ni recomendación de nadie. Me atendió una profesional con acento cubano, lo cual para mí le da otro aval. Me preguntó qué me estaba pasando y le conté de mi cita con el traumatólogo de guardia, que me recomendó vendarme el pie, y tomar diclofenac. La kinesióloga empezó a negar con la cabeza. Estaba completamente en desacuerdo con enmascarar los síntomas, porque nada de eso me iba a curar. Con lo único que estuvo de acuerdo fue con la parte más complicada: reposo deportivo.

La cubana (que quizá sea venezolana y demuestre que yo soy un ignorante) era medio sargento, y me dijo que no podía correr ni hacer pilates hasta que ella me lo dijese. Tampoco estuvo de acuerdo con el diagnóstico del traumatólogo: yo no tenía una tendinitis del tibial anterior, sino una periostitis. Lo definió como un esguince, producto de un sobreesfuerzo. Me dijo que ella había sido gimnasta y que ahora que había tenido que dejarlo, se dedicaba a correr para mantenerse en forma. Además había tratado a muchos atletas de alto rendimiento, y esta dolencia era muy común.

Me conectó a un aparato que me hizo vibrar la pierna izquierda, como si corriese una electricidad de bajo voltaje desde el isquiotibial hasta la punta de los dedos. Esto a su vez me provocaba espasmos y una constante contracción de los músculos, y desconozco si esa fue la intención, pero durante 30 minutos me quedé ahí, enchufado. Cuando terminamos y me despachó para irme a mi casa, le pregunté qué era esa máquina. No me dijo lo que yo quería saber (su nombre), pero sí me aclaró que era analgésica y desinflamatoria. Sinceramente, cuando bajé de la camilla me sentí muy bien.

Algo que me aclaró la cubana y que me resultó muy interesante, fue su recomendación de hacer un tratamiento de Vitamina B12. Aparantemente sirve para que el músculo no se fatigue, y hay que tomar ciertas dosis cada seis meses por el tiempo en que uno haga actividad física de alto rendimiento (o sea, para toda la vida). Voy a indagar un poco más sobre esto, pero puede ser un dato interesante.

Por ahora tengo que armarme de paciencia y, por sobre todo, hacer caso. Porque me quiero recuperar lo antes posible. De hecho, voy a verla tres veces por semana, y la sesión de este lunes coincide con una invitación que me hicieron para una privada de prensa de Iron Man 3… Dudé unos segundos, pero prioricé la rehabilitación por sobre esta película que muero por ver. Como para que vean mi nivel de compromiso.

Me gustaría, además, llegar a correr la Maratón de Rosario, el 30 de junio. ¿Llegaré?

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