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Semana 21: Día 145: ¿De nuevo conectados?

La novela con Telecentro sigue. De pronto ayer, martes, aparecieron los técnicos que subieron a la terraza y arreglaron todo. Milagrosamente, volvió internet, el cable y el teléfono. ¿Cuánto duró? Unas horas, hoy a la mañana, cuando nos levantamos, nuevamente estábamos desconectados del mundo. El encargado, fiel a su vocación, se hizo cargo del tema e, imitando las maniobras de los responsables de servicio técnico, emparchó todo y aquí estamos, nuevamente conectados. Pero, ¿por cuánto tiempo?

No lo sabemos aún, pero le sacaremos el provecho mientras dure.

Hoy entrenamos bajo la lluvia. Como debe ser. Aunque llueva o truene. A Germán, mi entrenador, le preocupaba que me enfermara, así que tanteaba cómo estaba de temperatura, cosa de que no me enfríe. Le di dos vueltas al Hipódromo, que me dio poco más de 10 km. Chapoteando en el agua, recibiendo baldazos de los autos al pasar por las calles anegadas, mojado hasta la médula. Pero fue divertido. Y creo que no me enfermé. Creo. Mientras chapoteaba, me preguntaba qué hacer si me tocaba un clima así el día naterior a correr la Ultra Buenos Aires. ¿Se pueden hacer 100 km en menos de 10 horas y media corriendo en el barro? Me respondía automáticamente que no.

Cuando terminé hice algunas dominadas (para no perder la costumbre) me escurrí las medias y la remera, me puse ropa seca, y me comí mi colación post-entrenamiento. Todavía con lluvia, yendo a la parada del colectivo, con las endorfinas ya bajando a niveles normales, le pregunté a Germán qué seguía. Y me dijo “el viernes hacé 50 km”. Le recordé que lo último que hice (el jueves pasado) fue 40 km, y que la lógica me indicaba seguir por los 45. Pero no, el salto era de 10 km. Se me llenó el culo de preguntas, pero bueno, el viernes (día en que viene Cablevisión a salvarnos), tendré que reservarme 5 horas para correr y correr y correr.

Con algo de suerte, ese fondo lo haga sin lluvia y con mi conexión a la web ya normalizado.

Semana 21: Día 144: Qué hacer sin internet

Mis enemigos de Telecentro no van a venir a arreglar internet en el edificio. Resulta que todos los que tenemos esta empresa estamos sin servicio. El encargado pactó que vayan a arreglarlo el lunes por la mañana y, sorpresivamente, no fueron. Digo sorpresivamente en tono irónico, porque no les tenía fe. Atando cabos nos dimos cuenta que tampoco llegaron las facturas ni la revista con la programación de febrero. Nos sentimos como en una isla desierta. Sin teléfono, ni cable, ni internet.

En lugar de que caigamos en la desesperación (antes de que el viernes venga Fibertel al rescate), mi amigo Juanca compartió una entrada de su propio blog, que ahora que cuento con 15 minutos de internet, aprovecho para copypastear. Ya vendrán tiempos mejores. Pero mientras tanto… hay otras cosas más interesantes para hacer, que mirar la estática del televisor y llorar….

Llorar en un rincón…
o…

Semana 21: Día 143: Desconectado

Hola, soy Martín Casanova, diseñador gráfico, editor a veces, corredor siempre. Tengo una gata siamesa y un perro caniche a los que les hablo como si fueran personas. De todos modos, me daría un paro cardíaco si me respondieran.

Mi vida se divide en dos: estar sentado frente a la computadora y estar corriendo. Hay ciertas situaciones intermedias (como dormir y comer), pero en el promedio general no hacen a la gran diferencia.

Si no tuviese zapatillas, me costaría mucho correr. Me tomaría muchos meses acostumbrarme, pero he oído de gente que, de hecho, entrena descalza. Por asombroso que parezca.

Si no tuviese internet, me costaría mucho trabajar. Y tener vida de red social. Y pasar de nivel en el Sugar Rush de Facebook. Me tomaría muchos meses acostumbrarme, pero he oído de gente que, de hecho, trabaja desconectada. Por asombroso que parezca.

En mi caso, mi laburo es online. Cosa que Telecentro no entiende (o no le importa), así que si me quedo sin conexión un sábado, ellos enviarán el técnico el jueves. Porque no tienen idea de qué es lo que falla y hace falta que un tipo venga cuando a ellos mejor les convenga.

Pataleo, grito, amenazo con cancelar el servicio. Ellos tienen un as en la manga: “Señor, los pedidos de cancelación del servicio se toman del 1 al 15 de cada mes. Puede gestionar la baja el 1º de marzo”.

Con tanto estrés, me olvido de internet. Ni siquiera tengo ánimo de actualizar a un dedo, con el celular. De hecho, también tengo que conectarme por wifi para hacerlo, y el 3G es lento e impredecible.

Computadora bajo el brazo, el lunes por la mañana me vine a la oficina de la imprenta a trabajar. Como gran parte de mi materia prima me llega vía web, no pude adelantar para descargar los archivos de Hellboy y los Ultimates, dos historietas próximas a editar, así que dejé todo instalado en esta oficina, fuera de casa, y aquí quedará Fiona todo el día de hoy, y mañana, y quizá pasado y hasta que Telecentro disponga.

Ah, Fiona es mi computadora. Porque es una Mac. De Apple. Fiona Apple.

Sí, bueno, ni siquiera me gusta su música, pero el chiste me pareció ingenioso.

El sábado pudimos disfrutar del aire libre (aunque hacía un calor agobiante) y entrenamos con Vicky por casa, 15 km con cuestas. Después de un fin de semana de películas en DVD (porque cuando se te corta Telecentro, además de no tener internet, tampoco tenés teléfono ni televisión por cable) hoy volvemos a entrenar. Y yo recupero una tradición antigua de estar en casa haciendo cualquier otra cosa que no sea trabajar.

Esta es la vida de un diseñador gráfico/editor/corredor aficionado. Online hasta que otro lo decida…

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