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Semana 19: Día 132: Correr o morir

Este año lo dediqué a mucha lectura de temática atlética. Fue casualidad, un poco influenciado por Vicky, pero empecé con “Nacidos para correr”, de Christopher McDougall, seguí con “La huella de los héroes”, de Arcadi Alibés y ahora estoy con “Correr o morir”, de Killian Journet. Y resultó ser una especie de viaje con un hilo que es el del superhombre.

¿Cómo?

“Nacidos para correr” es el pasaje del autor de ser un atleta amateur que vivía lesionado y a quien los médicos le recomendaban dejar de correr, a convertirse en ultramaratonista, nada menos que corriendo con los tarahumara. Este pueblo de México desvela a científicos y deportólogos, ya que son corredores por excelencia, incluso las mujeres y los ancianos, y no necesitan de zapatillas Nike con cámara de aire y chip pedómetro, ellos corren todo el tiempo, con sus sandalias hechas con un cordón y pedazos de rueda de auto. Al ponerlos a competir en ultramaratones, los que estaban más alejados de la civilización y mantenían sus costumbres alimenticias lograron resultados sorprendentes, mientras que los más “contaminados” por nuestra cultura eran deportistas comunes y corrientes. Tan extraordinariamente aislados y tímidos eran que en una carrera un tarahumara llegó primero a la línea de la meta, y cuando se encontró con la cinta no la atravesó corriendo, sino que se agachó para pasar por debajo.

En el libro McDougall se recupera de esas lesiones que nunca se terminan de curar y se cruza con Caballo Blanco, el mítico corredor ermitaño que dejó todo para irse al Cañón del Cobre a convivir con los tarahumara y aprender sus secretos. Caballo decide dejar de llevar corredores de este pueblo a otros países para que compitan, y organizar una carrera en el mismo terreno árido que les sirve de hogar. Consigue el apoyo de un puñado de atletas de elite (entre los que se encuentra Scott Jurek, ultramaratonista vegano), esa raza que a mí me sorprende más que los tarahumaras porque son capaces de alcoholizarse, vomitar las tripas, y correr una carrera al día siguiente.

Todo el libro está narrado desde la óptica de McDougall, un corredor “como nosotros”, que pone su máximo esfuerzo para llegar a la meta. No es de elite, de hecho está bastante lejos de serlo, y por eso es fácil identificarse con él.

Después pasé a “La huella de los héroes”, de Arcadi Alibés, un periodista catalán que se aficionó a los 42 km de la maratón y, al momento de escribir su libro, lleva más de 120. Un día se le ocurrió participar de todas las maratones en las ciudades que hayan sido olímpicas. Así es que su libro está dividido en capítulos, contando la historia de cada uno de los juegos olímpicos, anécdotas y muchos datos que me prometí robarle algún día para el blog. La segunda mitad de cada reseña histórica es su propia experiencia corriendo en esa ciudad en la actualidad. Y si bien entre sus experiencias hay maratones por debajo de las 3 horas (algo realmente espectacular), un día decidió dejar de lado la obsesión por vencer al reloj y empezó a disfrutar de cada competencia, promediando entre 3 horas y media y 5 horas por carrera. También nos encontramos con un corredor que sufre, que a veces las cosas no le salen como las había planifcado, y alguna vez hasta debe caminar o renunciar.

Y luego de tanta humildad y experiencia de dos redactores en la madurez de su vida, pasé a “Correr o morir”, un título bastante soberbio y extremo, si me preguntan. No deja de ser una obra fascinante, lo que pasa es que Kilian Jornet es un corredor de elite (uno muy joven, 23 años al momento de escribirlo), entonces tiene la obsesión por vencer a sus contrincantes a flor de piel. Se deja ver algo de placer por hacer deporte, y sigue siendo bastante apasionante leer cómo piensa alguien que vive casi exclusivamente para el deporte. Pero sí, suena medio alienígena para mí. La parte que más me gustó (no habiéndolo terminado) es cuando Kilian se fractura la pierna y en base a su tozudez se termina rehabilitando. Pero fue recién cuando demostró signos de humanidad que me pude identificar con él. El resto del libro es literalmente su título, “correr o morir”. Y creo que hay muchas más cosas antes de morir. Eso no significa que meterse en la carrera de un atleta de elite no se intrigante…

Semana 16: Día 107: Velocidad vs. Técnica

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Christopher McDougall, autor del libro Nacidos para correr, tenía muchos problemas para correr por sus dolores de pie, además de que tenía sobrepeso y una alimentación poco adecuada. Su obsesión por entender cómo era posible que exista gente que corría cientos de kilómetros de un tirón sin lesionarse jamás, lo llevó a investigar a los tarahumaras y a conocer un mundo totalmente nuevo.

Así fue que terminó conociendo a Eric Orton, quien se convertiría en su entrenador. Pero mientras había historia de hombres comunes que lograban proezas extraordinarias (o lo habían hecho en el pasado, como el marino Mensen Ernst que desembarcó en 1832 luego de meses de no ver tierra y corrió desde París a Moscú durante 14 días), él seguía empeorando. Entonces, ¿en qué fallaba?. “Eres como todo el mundo”, le dijo Eric Orton. “No tienes idea de lo que estás haciendo”.

“Lo que Eric busca son principios básicos de ingeniería”, dice McDougall en su libro. “Está convencido de que el próximo gran avance en lo que ejercicio se refiere no tendrá que ver con sistemas de entrenamiento o tecnología sino con la técnica: aquel atleta que logre dejar a un lado las lesiones será aquel que logra dejar a un lado la competencia”.

Orton había leído un artículo que McDougall había escrito sobre la tribu de corredores tarahumara. Lo que hacen ellos, le pareció al entrenador, es puro arte corporal. “Nadie más en todo el planeta ha conseguido hacer de la autopropulsión una virtud a ese nivel”. Como parte del entrenamiento, le puso un monitor de ritmo cardíaco para que corrija uno de los errores más comunes que cometen los corredores: el ritmo. “La mayoría de nosotros presta a la velocidad tan poca atención como se la presta al estilo”, escribió. Citando al fisiólogo del ejercicio y triatleta Ken Mierke, agregó “Casi todos los corredores hacen las carreras lentas demasiado rápido, y las rápidas demasiado lentas. Así que no están entrenando sus cuerpos más que para quemar azúcar, que es lo último que quiere un corredor de larga distancia. Tienes en el cuerpo grasa suficiente para correr hasta California, así que mientras más entrenes a tu cuerpo para quemar grasa en lugar de azúcar, más te durarán las reservas limitadas de azúcar”.

McDougall agrega en su libro: “La manera de activar tu quemador de grasa es manteniéndote por debajo de tu umbral aeróbico -el punto en que empiezas a respirar aceleradamente- a lo largo de la carrera. Antes del nacimiento de las zapatillas acolchadas y los caminos pavimentados era mucho más fácil respetar ese límite de velocidad. Intenta correr a toda máquina en un camino cubierto de pedruscos llevando sandalias abiertas y verás cuán rápido vences la tentación de apretar el acelerador. Cuando nuestros pies no están protegidos artificialmente, estamos forzados a ajustar el ritmo y estar pendientes de la velocidad: en el momento en que corremos con descuido y aceleramos imprudentemente, el dolor que sube por las canillas nos obligará a bajar el ritmo”.

Semana 10: Día 67: Enseñanzas tarahumaras 1

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“…Y si yo realmente quería entender a los rarámuris [tarahumaras], debería haber estado ahí cuando este hombre de noventa y cinco años atravesó 40 kilómetros por la montaña. ¿Sabes por qué podía hacerlo? Porque nunca nadie le había dicho que no podía. Nunca nadie le había dicho que debía estar muriéndose en algún asilo de ancianos. Uno vive según sus propias expectativas, amigo”.

Primeras conversaciones entre el periodista Christopher McDougall y Micah “Caballo Blanco” True. Nacidos para correr (2009).

Semana 8: Día 51: Nacidos para correr

Existe un libro llamado “Nacidos para correr”. Habla de los taraumara, pueblo originario de México, que se caracteriza por ir a todos lados corriendo. Incluso los más viejos se trasladan al trote. Cuando les preguntaron cómo hacían para mantener esa actividad física, al rayo del sol y a esa edad, respondieron “Nadie me dijo que no podía hacerlo”.

En estas atrapantes páginas desfilan los más interesantes corredores: Caballo Blanco, Scott Jeurek, etc. Se despotrica contra Nike y el comercialismo de Dean Karnazes. Se defiende la técnica de correr descalzo, y desfilan incontables anécdotas sobre running y ultramaratones. Incluso hay una sección dedicada a Jeurek, el fondista vegano, en el que se justifican los resultados óptimos que se obtienen con su dieta.

Al parecer es un libro apasionante que nunca pude leer. Una amiga me lo mencionó por primera vez hace más de un año, me prometió prestármelo cuando le pasé “De qué hablo cuando hablamos de correr” (de Murakami), y hasta mi nutricionista me dijo que estaba buenísimo. Nunca lo pude ver en una librería, y finalmente lo compramos cuando lo vimos en una tienda Fnac de Madrid. Pero Vicky me ganó de mano, y todas las cosas que les transcribí me las dice ella, matándose de risa, por las tardes o en el desayuno. Ya me dijo 57 veces “tenés que leer este libro”, y ¿qué le respondo yo? “¡En cuanto lo termines!”.

Vicky dice que “Nacidos para correr” le cambió su forma de pensar en el running, y no hace más que hacer crecer mis expectativas. Me da a leer un parrafito, me comparte cosas, pero siempre el señalador de Pitufina (que le regalé yo durente el viaje) está perdido en el medio del libro. Siempre espío ansioso, a ver cuánto avanzó ese día. Una vez me lo llevé a una quinta donde pasamos un sábado (con el permiso de ella), para empezarlo con el riesgo que implica que dos personas estén absorbidas por la misma obra en diferentes páginas, pero terminé durmiendo una siesta al frescor de un aire acondicionado. El libro sigue ahí, siendo un enigma para mí.

Si alguien lo tiene, ¿me lo presta? No veo la hora de desentrañar el misterio y leerlo de una vez…

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