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Semana 51: Día 351: Ganando músculo

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Es más fácil ganar grasa que ganar músculo, y es más difícil perder grasa que perder músculo. Lo dijo (en forma más elocuente) el maestro Murakami, aunque al parecer era un cartel que estaba colgado en su gimnasio. Como sea, es una de las duras reglas del atletismo. Todo lo bueno cuesta mucho, todo lo malo es muy fácil y está al alcance de cualquiera.

No me pasó, en estos tres años de blog, de “desbandarme” y perder todo lo que obtuve, pero mirando para atrás puedo ver esos momentos en los que estaba más o menos entrenado, y cuándo tuve una masa muscular más satisfactoria (para mi inconformista y lapidaria visión… o sea nunca). Con esta experiencia a cuestas puedo confirmar la aseveración con la que abrí el post de hoy, y reconocer que cuanto más cuidé mi alimentación y más entrené, mejores resultados obtuve, tanto a nivel de desarrollo físico como deportivo. Hoy estoy en un buen momento,  quizás el mejor en los últimos dos años. Y no casualmente estoy comiendo mejor (vegano, encima) y entrenando con constancia y compromiso.

Hoy hizo un fresco importante. Probablemente el concreto de la Ciudad no me permitió notarlo cuando salí a las 8 de la mañana a tomarme el tren. Cuando, una hora después, me bajé en Acassuso, tuve un flashback a mi ascenso al Cerro Colorado, a las 5 de la mañana, en la Patagonia Run 2011. Es cierto, en el sur hacía más frío, pero estaba mejor abrigado. Por suerte, ante la amenaza de lluvia, me había llevado una campera de lluvia que además actúa de rompeviento.

El frío juega un papel muy importante en mi satisfacción con los entrenamientos. Básicamente hace que la gran mayoría de las personas decida quedarse en su casa, y solo unos valientes estábamos dándole vueltas al Hipódromo. Sí, soy un insociable, odio correr esquivando ciclistas, señoras caminando del brazo y chicas en rollers que te pasan finito. Las multitudes las acepto en las carreras, de mil amores.

Esa soledad de los corredores de fondo que tanto me gusta también vino bien para aprovechar los aparatos de ejercicios que hay en esa suerte de plaza de la calle Dardo Rocha, junto al Hipódromo. Al igual que los que están cada 200 metros en la playa de Copacabana (creo que tengo una foto por ahí dando vueltas que bien podría ilustrar este post), en San Isidro colocaron unas estructuras para colgarse y trabajar el tren superior. Yo estoy a punto de subir un escalón con el entrenamiento de musculación, y si vieron los videos que compartí ayer, se trata de algo que va por ese lado. Hoy charlábamos de eso con Germán, mi entrenador, y creo que me tengo que olvidar de buscar un físico como esos guerreros veganos (todos en el grupo cuestionaban que hayan obtenido esa musculatura en forma vegana). Pero es un camino y me resulta un desafío muy interesante.

La idea va a ser buscar un equilibrio entre entrenamientos de fondo largos y musculación. Me voy a colgar y usar mi peso corporal. Es mucho más difícil que levantar unas pesas, pero el objetivo, además de ganar masa muscular, es desarrollar el equilibrio y la postura. Hoy estuve probando algunos ejercicios y me salen mejor de lo que pensaba. Seguramente el trabajo de estos últimos dos meses en el gimnasio dieron sus frutos. Puedo no tener todavía el físico que me gustaría, pero noto más fuerza y autocontrol. La incógnita de cuánta masa muscular ya gané la voy a resolver el próximo jueves, cuando visite a mi nutricionista.

Me gustaría que para la próxima temporada de Semana 52 pueda sostener esto del ejercicio constante, y ver qué cambios puedo lograr en mi cuerpo. Ganar músculo no es netamente una cuestión estética, sino que me va a servir para superar los terrenos más difíciles de la Espartatlón 2014…

Semana 50: Día 350: Los guerreros veganos

Creo que tengo una relación sinérgica con mi entrenador. Cuando me pongo las pilas creo que lo entusiasmo y se engancha más en entrenarme. Ya hace más tiempo que entrenamos juntos bajo “Semana 52” que lo previo, o sea que ya me ha visto tres años entrenando duro, cuidándome con lo que como y bebo, contra los dos años previos donde hacía cualquiera.

Hace un año decidí hacerme vegano, y Germán me acompañó, incorporando muchas cosas. Entonces se interiorizó en el tema y empezó a darme él indicaciones. Así terminamos enseñándonos mutuamente. Nunca le di tanta prioridad al gimnasio como en el último mes y medio. Estoy yendo entre tres y cinco veces a la semana, y eso se empezó a reflejar en mi cuerpo. Si me piden que me saque una foto ahora no veo ninguna diferencia con las que me saqué antes, pero hay ciertas poses o en la tensión de correr o levantar peso donde se empieza a vislumbrar.

En todo este ir y venir de motivación, donde ambos aprendimos mucho, Germán me vino insistiendo en que tenía que empezar a colgarme para obtener más masa muscular. Varias veces me mostró ejercicios que me resultaron imposibles. A él le costaban, pero llegaba a hacerlos. Y con este renovado entusiasmo mío por la musculación, venimos hablando de incoporar nuevas rutinas.

Muchas veces, cuando uno habla de ganar masa muscular, siempre surge un detractor del veganismo diciendo que sin proteína animal, no voy a poder lograr nada. Ni mucho ni poco: NADA. Yo llevo un año entero sin consumir derivados de animales de ningún tipo (ni leche ni huevos) y pude progresar como siempre (dependiendo, claro, de que me ponga las pilas). Doy fe de que todo lo que da la carne o los lácteos es reemplazable. Para muestra basta ver cómo me fue este año en las carreras o la cantidad de músculo que gané desde que volví al gimnasio.

Y en todo este ir y venir con Germán, mientras ideamos la nueva rutina, me acercó estos videos que les comparto. Son de un grupo que se hacen llamar “Vegan Warriors” (Guerreros veganos), que difunden la vida sana y el entrenamiento duro sin que eso involucre el sufrimiento de los animales. Cuando los vi, no podía salir de mi asombro. ¿Es eso posible? ¿Se puede alcanzar ese nivel de desarrollo muscular sin recurrir a suplementos derivados de la leche o del huevo? Sí, se puede. ¿Y podría hacerlo yo? No me cabe duda. Para mí no es una cuestión de si es posible o imposible, sino de cuándo. Mis prioridades son otras, puntualmente el fondismo, que todos sabemos que consume músculo. Además el tiempo de entrenamiento de esta gente debe ser muy intenso, o al menos debe llevarles varios años. Quizá si me pongo un blog nuevo llamado “Semana 520″…

Pero no voy a dudar de mí mismo. Yo soy la prueba de que no hace falta la proteína animal para progresar. En el otro extremo están los Guerreros Veganos, y me parece una buena meta. Creo que tengo que empezar a colgarme…

Semana 44: Día 305: Una semana de gimnasio

Bueno, ayer me fue imposible actualizar el blog, así que hoy salen dos posts en el transcurso del día.

A continuación comparto dos fotos que me saqué, una el día en que empecé a ir al gimnasio, otra una semana después.

Foto del día 24-07-2013 a la(s) 11:16  Foto del día 31-07-2013 a la(s) 11:23

¿Ven la diferencia? ¿No? Yo tampoco.

Después de mirarlas detenidamente por 5 horas, noté que hay unas venas más marcadas en el pliegue del codo (¿se llama así?). No esperaba que haya un cambio, pero sí hay una verdadera diferencia, y tiene que ver con que ya me siento más cómodo con los ejercicios, ni tengo dolores en los días posteriores. Si me sacara la foto en el momento del entrenamiento, todo hinchado por las repeticiones y la sangre que infla los músculos, sería hacer trampa (porque el efecto no resiste más allá de cuando me ducho en el vestuario).

Vamos por más…

Semana 44: Día 304: Aventuras de un deportista vegano

Qué loco, hubo un tiempo en que jamás hubiese utilizado la palabra “deportista” para describirme. Y no hace tanto tampoco me imaginaba lo de “vegano”. Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.
Quizá me faltaría agregarle a la mezcla el término “extremo”. Cuando reservé mi vuelo a Río, sospeché que no me iban a dar un servicio vegano, así que fui preparado con frutas secas, que las terminé necesitando. Y mis viajes son así, con previsión y sin sorprenderme que no sepan que mi alimentación no solo excluye la carne, sino también el huevo y la leche.
En menos de tres semanas voy a viajar a Misiones para correr en Yaboty (la rodilla, misteriosamente, dejó de molestarme). El servicio de Salvaje Eventos incluye comida en el largo trayecto. Les pedí si podía ser vegana, aclarando que si no se podía no había problema, estoy acostumbrado a prepararme la vianda (reconozco que voy a contramano del mundo). La respuesta de Vía Bariloche fue “No hay problema, le damos comida vegetariana” (lo cual no me tranquiliza porque no es lo mismo que “vegano”).
Más arriba hice la aclaración de “extremo” porque ahora decidí abandonar las harinas blancas, el azúcar y el arroz blanco. También estoy mirando con desconfianza los productos con conservantes. El tema es que eso excluye el 90% de los alimentos que no sean frutas y verduras. Fui a deprimirme al supermercado y compré algunas cosas, como arroz integral, avena instantánea, pasas de uva y galletas integrales. En Hasbrot encontré pan 100% integral… o eso alegan ellos, porque un día después sigue blando como cuando lo compré.
El tema de dejar el azúcar me llevó a buscar un sustituto del Ades natural (que a su vez era mi reemplazo de la leche). El tema es que este producto tiene azúcar. En el Barrio Chino encontré una  bebida que solo tiene agua y soja, pero es espantosa. Por supuesto que la compré y estoy experimentando con stevia, pasas y trozos de fruta para que no sea tan amarga. Es prácticamente imposible no consumir NADA de azúcar, pero quiero intentar bajarla todo lo que pueda.
La colación post entrenamiento sigue siendo mi comida favorita del día. Dos rodajas de pan y tofu (a veces, yv poco de tomate). El terma, claro, está en que ahora estoy buscando panes integrales, que no tengan harina refinada. Pero esta colación me sirvió para ayudar a la formación de músculo.
De más joven lo me imaginaba corriendo y yendo todos los diras a un gimnasio. Pero me terminó llegando. Después no me imaginé volverme vegano (de hecho era el último que hubieses dicho que iga a dejar de comer carne). Pero me terminó llegando. Y luego no vi venir que iba a intentar una alimentación más sana… y extrema. Pero me terminó llegando.
Me pregunto qué otras cosas haré en el futuro que no me esté imaginando ahora mismo…

Semana 43: Día 299: Jugando en el gimnasio

Volví al gimnasio. Algo que subestimé muchas veces, y que con el tiempo se volvió parte inseparable de mi rutina.
No siento lo mismo hoy que ayer, cuando entrenaba por primera vez. Ahora me siento como cuando volví a estudiar, después de años de no hacer nada, y me devoré la carrera. Estoy actuando con un poco más de experiencia, que hace la diferencia.
Hubo algún cambio en mi rutina, a nivel general. Anoche vinieron mis amigos a conocer el departamento, y se sorprendieron de encontrarlo todo ordenado. Lavé los platos apenas terminamos de usarlos, y tenía la cama hecha. Como todos los días. Ya no limpio no acomodo la ropa porque vienen visitas, lo incorporé a mis costumbres diarias. Encontré que un minuto de guardar la ropa en su lugar es preferible al tedio de acomodar una pila que lleva dos semanas ahí.
Entrenar es un poco eso, acomodarse y dedicarse pequeños momentos para no arrancarse mechones de pelo con desesperación después. Me tomó varios años verlo así. Antes el gimnasio me aburría, ahora es el mejor momento del día, me hace levantarme temprano y aprovechar todo el día. Es una hora de escuchar la radio, respirar profundamente y ejercitar. Es muy distinto al entreno aeróbico, que lo hago rodeado de amigos, pero es tan distinto que es incomparable (para ser sincero, la musculación nunca va a estar por encima del running en mi lista de preferencias).
¿Durará esta sensación? Espero que sí… ¡Tengo el gimnasio pago por tres meses! Y a la salida aprovecho los negocios que recién abren donde puedo comprar frutas, verduras y comida vegana, algo que se complica más cerca de casa.
Recién hoy comencé a sentir los dolores de empezar a levantar peso. Mañana debería ser el peor día. Estoy intentando ir con calma, como cuando arranqué de cero. El error común (que cometí más de una vez) es creer que el tiempo no pasó y que puedo levantar la barra de pecho con 15 kg de cada lado. Paciencia y constancia. Hasta ahora eso siempre me funcionó.

Semana 43: Día 297: Cubetera, ahí vamos

Otro día, otro post actualizado desde el celular. Si leen groserías es culpa del autocorrector.
Ahora que vivo solo, quise aprovechar y volver al gimnasio. Nadie me lo impedía, yo fui el que decidió acomodarse los días de una manera, y ahora me pinta hacerlo de otra. Extraño mucho empezar el día en un gimnasio, así que me puse en campaña y encontré uno muy bueno a 15 cuadras de mi actual departamento.
Quiero aprovechar también mi cercanía a la Reserva, y volver a entrenar fondos por mi cuenta. Esto es algo que solía hacer hacer,y estando en pareja (aclaro para que no parezca que me dejé de lado, simplemente el día no tiene suficientes horas). Mi objetivo es que en el próximo año de Semana 52 esté en mi pico máximo a nivel atlético, y eso empieza mañana. Hoy me inscribí, así que arranco el día bien temprano con musculación.
Imagino qué va a pasar. Me voy a entusiasmar y después me va a doler todo. Tengo que ser medido y pasar esa semana (o quincena) bastante penosa. Después será cuestión de mantener.
Hace un tiempo me dijeron que era imposible que tuviese los abdominales de Brad Pitt porque era vegetariano y no tenía buenas fuentes de proteínas. De hecho, logré demostrar lo contrario, a medias. Gané músculo (hasta un kilo por mes) con una dieta ovolactovegetariana. Estuve lejos de la cubetera de Brad Pitt, pero me faltó constancia y determinación. Ahora me siento motivado, y quiero darle el último ajuste a mi dieta, eliminando los alimentos que me van a restar. Adiós harinas blancas, alimentos refinados y el azúcar. Va a ser muy difícil, pero si fuese fácil no sería un desafío.
La cubetera se obtiene con dieta y cardio. Además me va a venir bien desarrollar la fuerza abdominal y ensanchar hombros. Giannis Kouros, campeón griego de la Espartatlón, tenía un tronco desarrollado, y posiblemente eso le ayudaba a impulsarse en cada paso.
Hoy, todo esto es una auto promesa. Mañana empiezo a hacerlo realidad.

Semana 41: Día 286: Cita con la nutricionista

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Hoy fui a visitar a Romina, mi nutricionista, a quien no veía desde hacía tiempo. La última cita yo vivía en Colegiales, estaba en pareja y me iba a ir a correr una maratón a Rosario. Las cosas cambiaron mucho y vernos sirvió para ponernos al tanto y trazar nuevos objetivos.

Como en todas las sesiones, le conté de mis últimas carreras (en este caso, los 42 k de Río de Janeiro), las cosas que funcionaron y las que no. En la medición antropométrica dio que aumenté 1,5 kg, de los cuales 900 g fueron de grasa. Hablamos de algo que siempre me generó dudas, que fue el tema del consumo de hidratos de carbono. Mi duda era si estaba consumiendo demasiados (de hecho es así), y la solución parece no ser bajar la ingesta, sino agregar más fibra (verduras). Y sinceramente no estuve comiendo bien estos últimos… años. En Río hubo un desbande, ligero, pero igualmente hay un tema en la convivencia donde es muy difícil ser estricto con la alimentación.

Yo voy aprendiendo y experimentando sobre la marcha. Me armé una rutina de ejercicios, me compré exclusivamente las cosas que quería comer, y todo funcionó más o menos bien, hasta que me puse de novio. Y no quiere decir que haya algo de “culpa” de mi ex por no seguir al pie de la letra mis propios lineamientos (todo lo contrario). Yo me fui corriendo de a poco del gimnasio y la comida más sana porque prioricé otras cosas. Preferí encargarme del desayuno antes que ir a las 7 de la mañana a la puerta del gimnasio. También decidí disfrutar de la compañía de mi pareja y hacer lo que hace cualquier ser humano cuando intenta sociabilizar con otro: comer cosas ricas. Creo que ser vegano encierra en gran parte comer sano, pero no quise volverme un maniático en mi casa, y Romina me dio la razón. Le dije que la vida en pareja atentaba contra el entrenamiento (medio en chiste, medio en serio) y ella me respondió: “¡Imaginate si tuvieras hijos!”.

Cualquiera que lea esto pensará que estoy cultivando panza y atacando la heladera cada 15 minutos, pero no es así. Hoy mismo mi prima insistía en que yo no comía, y yo le juraba que mi día tenía 6 comidas diarias (desayuno, colación, almuerzo, colación, merienda, cena), pero el que me ve flaco y vegano cree que soy anoréxico. Estoy dentro de un rango de peso y proporción de grasa y músculo muy saludable, pero ¿por qué no esforzarme para estar mejor? Lo que es innegable es que el trabajo del físico requiere mucho esfuerzo y mucho tiempo, y por más que uno viva en sociedad y se rodee de gente afin a ese estilo de vida, entrenar es una actividad solitaria. Y probablemente este momento sea el mejor para volver a ajustar todas esas cosas que no voy a poder hacer el día que me ponga en pareja nuevamente. Supongo que esta es mi forma de ver el vaso medio lleno.

Así que el 12 me estoy mudando a mi nuevo departamento, y ahí iré haciendo compras más a consciencia. Mi idea es que a partir del lunes le agregue a mi rutina una hora de musculación, preferentemente de lunes a viernes. Y sostenerlo, con paciencia, para ver qué pasa. Quiero que la gente se deje de impresionar y que me diga que estoy demasiado flaco. Solo me falta masa muscular, algo normal en un fondista. Probablemente este sea el mejor momento para volverme riguroso…

Semana 23: Día 160: Por suerte tengo pilates

Como dije en el post de ayer, tengo a mi socio de vacaciones, lo que me obliga a improvisar a la hora de seguir entrenando. Por suerte aprovecho mis viajes de Barracas a casa, lo que me asegura 15 kilómetros por las calles porteñas. Peor es nada. También, para compartir alguna actividad con Vicky (y que me saque de enfrente de la computadora), estamos yendo a Pilates. Que es como una clase laaaaaarga de elongación y aprender a respirar y acomodar la postura.

Es difícil porque aunque estamos yendo a las 8 de la noche (a dos cuadras de casa), tengo que cortar lo que esté haciendo de trabajo para ir al instituto. Y es una cita que respeto bastante, con la ilusión de que es cerca y que vuelvo enseguida. Pero me permite relajarme, y calmar las ansiedades de estar sentado de sol a sol frente a la máquina.

Pasa algo en el instituto donde hago pilates, y es que los profesores duran menos que un suspiro. Ya vamos por el tercer profe, y las anteriores decidieron abandonar la coordinación de la clase para irse tras mejores perspectivas laborales.

Pero Ramiro, el actual instructor, parece que es el más canchero. Explica los ejercicios, da tips para amateurs como yo, y realmente nos hace estirar, un déficit en mi caso que (apenas termino de entrenar) quiero comer e irme a casa. Pilates me parecía algo para señoronas que no sabían qué hacer con su tiempo. Un prejuicio que, me parece, está bastante difundido. Pero está bastante lejos de ser fácil.

Hoy trabajamos todos los músculos de la pierna (cruádriceps, isquiotibiales, abductores, gemelos), un poco de tren superior y muchas abdominales, principalmente las de la zona baja (que son las más difíciles). Y todo con la misma máquina. También nos pasaron un tip para mejorar la postura: buscar que las orejas estén lo más alejadas posible de los hombros. Aunque parezca una tontería, me está funcionando.

Además repasamos la fragilidad del cuello y la importancia de la respiración (inspirar en relajación, expirar al hacer fuerza). Todo el cuerpo es una pieza de relojería, y buscando la armonía se logra una mejor salud.

Cuando llegan los martes y jueves puedo decir “por suerte tengo pilates”, y sé que me voy a relajar. Los lunes, miércoles y sábado puedo decir “por suerte hoy corro”, cosa que también me pone pilas. Solo me falta encontrar algo que me levante los viernes y los domingos… ¿alguna idea?

Semana 20: Día 137: Expertos en proteínas

Hoy leía un textito con el que me sentí identificado, y decía algo así: “Cuando digo que soy vegano de pronto todo el mundo se convierte en expertos en proteínas”. Nunca nada más cercano a la realidad.

He tenido amistosas discusiones con amigos y familiares sobre los pormenores de no comer carne. Creo que ya he demostrado que, tras trece años sin consumir animales, sigo vivito y coleando. Vicky cree que me quedo dormido (desmayado) en todos lados por alguna falta nutricional, pero si dejamos eso de lado (cualquiera que vea a mi padre durmiendo en el sillón después de almorzar puede comprobar que es un rasgo genético), lo cierto es que nunca me sentí mejor físicamente. Estoy haciendo fondos largos constantemente, sumando kilómetros en entrenamientos intensos, a veces combinados con ejercicios de musculación. Y no me siento débil.

Pero siempre hay alarmistas que consideran que estoy demasiado flaco, que pongo en riesgo mi salud, y así como en el fútbol somos todos directores técnicos, en estas charlas todos somos nutricionistas deportólogos, “especialistas” en lo que el cuerpo humano necesita (en algunos casos, “especialistas” en lo que MI cuerpo necesita). Escuché todo. Las proteínas completas, las de alto valor biológico, el hierro, la vitamina B12. Aunque parezca increíble, he tenido peleas que nada tenían que ver con el deporte o la alimentación, en donde en algún momento me tiraron a la cara “¡a vos te falta comer carne!”, tibio insulto que siempre me deja perplejo.

Creo que no hace falta aclarar que mucha gente desconoce cuáles son las fuentes de energía. Hay tanto pánico hacia las “calorías” que mucha gente cree que son mala palabra. Lo mismo con los hidratos de carbono, llegando al punto de creer que comer una banana puede hacerlos engordar. Las proteínas tienen calorías, pero la principal fuente de energía, eso que nos da la fuerza para realizar acciones o procesos internos son los hidratos, y no hace falta recurrir a los animales para consumirlos. ¡Es más! No hace falta la carne, ni siquiera la leche o los huevos, para obtener proteínas. Tampoco es un misterio, basta consultar a un profesional, y los más arriesgados pueden incluso googlearlo. Las lentejas, los garbanzos, la soja, son todos una excelente fuente de proteína vegetal.

Si estuviese equivocado, creo que no soportaría estar tres horas corriendo sin parar, como pude comprobarlo el domingo pasado. Mañana voy a retirar mis análisis de sangre, que también van a ser un indicador de cómo estoy físicamente, y el jueves voy a tener una función doble: nutricionista por la mañana, y médica clínica por la tarde para que vean mis resultados y me digan cómo está mi salud (sin tener que fiarse de mis opiniones).

Semana 15: Día 103: Mi nueva colación (vegana) post gimnasio

Cuando empecé a entrenar musculación durante el primer año de Semana 52, el tema de las proteínas y cuánto iba a aumentar de músculo era un tema que me intrigaba. Romina, mi nutricionista, me hizo una recomendación: Bebida isotónica con una cucharada de leche descremada en polvo y una leche chocolatada con dos vainillas. Entrenaba cinco veces por semana y en el vestuario, momentos antes de darme una relajante ducha, me devoraba esta colación. Y por supuesto que funcionó de maravilla.

Desmitifiqué así un mito de que los vegetarianos tenían mucho problema en ganar masa muscular. No me convertí en Jason Statham, porque el pelado seguramente empezó a entrenar hace una década o más, pero me gané mis bíceps, mis hombros y empecé a ensanchar mi espalda. Lo bueno no dura para siempre, tuve que priorizar el esfuerzo de correr más grandes distancias, no quise perderme los desayunos con Vicky y de pronto ya no tenía un buen momento para ir al gimnasio. Ahí quedó la cosa. Realmente no se me ocurría una situación en la que poder volver a entrenar con pesas dentro de mis esquemas de horarios.

Pero los planetas se alinearon y Germán, entrenador de los Puma Runners, vino un día con una batería de elementos para entrenar: pesas rusas, ruedas para hacer abdominales, bolsas para levantar o calzarse en la espalda… en fin, un gimnasio al aire libre. El entrenamiento ganó media hora, empezando más temprano, y me calzó perfecto, porque ya tenía acomodado estos días para correr con el grupo. El tema fue que desde la última vez que había ido al gimnasio, me había vuelto vegano, así que mi colación de bebida con leche descremada en polvo y chocolatada ya no eran una opción. Empecé a tomar de esos jugos de soja, pero dudaba que fuese algo parecido. De hecho, ni siquiera tenía idea de cuánta proteína vegetal necesita un deportista vegano. Ahí fue que hice mi consulta a mi nutricionista, dejándole la difícil tarea de encontrar una equivalencia a lo que veníamos haciendo.

La recomendacion diaria proteica para un adulto es de 0,8 gr de proteínas/kg. Esto ya cubre un margen de 2 ds (desvios standarts) para cubrir a practicamente toda la población.En los vegetarianos/veganos  sube a 0,9g de proteinas/kg. Tomen nota porque esto es interesante. La bibliografía recomienda aún más en deportistas de resistencia (1,2-1,4 gr de proteínas/kg) y de fuerza/potencia (1,4-1,8 gr de proteínas/kg). El “argentino promedio” suele estar por encima de TODAS estas recomendaciones por su alto consumo de productos cárnicos, lacteos y derivados, llegando muchas veces hasta un consumo de 2 a 3 g de proteínas/kg… ¡o más!

Ahora, ¿qué pasa en MI caso, siendo vegano y fondista? Tendría que asegurarme de que cubra 0,9 a 1,2 gr de proteínas/kg. Romina quiso tranquilizarme y aclararme de no volverme loco intentando obtener todo esto de las bebidas de soja o la leche de almendras. Lo tranquilizador es que… ¡ya venía consumiendo todas las proteínas que necesitaba! Cada 100 gr de alimento en crudo, todas estos alimentos presentes en mi dieta me aportaban:

Arroz: 10 gr
Papas: 2 gr
Vegetales: 0,5-1 gr
Legumbres: 20 gr en promedio
Quinoa: 14 gr
Trigo: 12 gr
Choclo: 8 gr
Frutas frescas: 1,5 gr en promedio
Polenta: 7 gr
Cous cous: 12 gr

Volvemos nuevamente a la gran duda… ¿qué pasa con la colación post-gimnasio, para que me ayude a ganar músculo? Si lasiguiente comida la hago dentro de la hora de finalizado el entrenamiento, con que me hidrates sería suficiente. Pero si no, algunas alternativas para incluir hidratos y proteínas son hacerme un sándwich de pan integral y tofu (a gusto otros ingredientes, como por ejemplo albahaca, pimienta, etc.), arroz con “leche vegana” y canela,algun budín o muffin de zanahoria, algarroba, etc., licuado de frutas con “leche vegana”, un taco o burrito de quinoa, lentejas o porotos, etc., hummus untado en  pan integral.

Así fue que, con toda esta información, se me ocurrió que lo más cómodo era hacerme un sándwich de pan con semillas y tofu. Le sumé unas rodajas de tomate con orégano, para darle un poco más de onda, y hoy lo probé. ¡Me encantó! Ahora, ¿me va a hacer un tipo musculoso como Jason Statham? No lo sé, en unos meses les cuento qué resultado tuve…

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