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Semana 42: Día 291: No hay verdulerías en el centro

Eso. Ni una encontré. Y hay muchos, demasiados, Carrefours exprés. Y ninguno vende verduras.

Hoy me aventuré, previa búsqueda en Google Maps, para ver dietéticas donde comprar milanesas de soja, alguna comida ya preparada vegana, arroces… pero después de sortear las calles que parecen bombardeadas de la Capital Federal, solo me encontraba con negocios que venden cosas dulces “light”. Comida, lo que se dice comida… poco y nada.

Por ahí me malcrié de que en Colegiales tenía una dietética a la vuelta, que visitaba dos veces por semana. Y estaba relativamente cerca del Barrio Chino. Tendré que seguir explorando, o ponerme un local a la calle y llenarme de guita. ¿O los veganos/vegetarianos no somos todos los que yo pensaba?

Semana 42: Día 290: ¡Mudado!

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Me tomé el fin de semana para mudarme y acomodar. Empecé el sábado; a las 9 estaba en el depósito, listo para recuperar mis cosas. Sacar todo eso, afortunadamente, tomó menos tiempo y esfuerzo que guardarlo un mes y medio atrás.
La siguiente parada fue en pleno Belgrano, para retirar un freezer bajo mesada que compré por Mercado Libre. Después a Palermo, a mi antiguo departamento (visto en la primera temporada de Semana 52) donde me esperaban mi viejo lavarropas, una heladera que no me entra y me quiero sacar de encima, una mesa y seis sillas de madera. La anteúltima parada fue en el falso Recoleta, en lo de mi prima Vero, donde levanté mi computadora y dos valijas con ropa y algunas cosas que fui recolectando en este tiempo (libros, regalos de Brasil, etc).
El destino final fue en mi nuevo departamento, un monoambiente en el microcentro que fue tomando color a medida que iba acomodando mi cama, escritorio, cajoneras… El freezer, como no podía ser de otra manera, no entraba debajo de la mesada por dos míseros centímetros, pero con los muchachos de la mudanza le encontramos un lugar en el sector de la cocina.
Cuando terminamos de acomodar (pero con 16 cajas grandes sin abrir) me tiré en el colchón y me puse a contemplar ese espacio que ahora era mío… y realmente sentí que me pertenecía.
Después de contemplar mi nueva morada y dormir una hermosa siesta, me puse a acomodar mi ropa, con tanto espacio que pude dedicarle un cajón a las medias, otro a los calzoncillos, otro a los buffs y otro a los gorros (anteriormente era uno solo para todo lo recién mencionado).
La mudanza liquida a cualquiera. Me tomé con calma el tema de abrir las cajas y hoy terminé. Aparecieron cosas que creía perdidas, como tazas, ciertos libros y el cargador del celular. Estuve tentado de tirar mucho de lo que iba apareciendo, pero al final encontré lugar para todo. Lo que sí me está faltando es un mueble para la comida y los platos y cubiertos. Por ahora es lo pendiente. La biblioteca está repleta, y le encontré espacio a muchos muñecos, como atestigua la foto que publiqué en esta misma entrada.
El domingo compré platos, vasos y cubiertos. Muy caro. Ahora entiendo por qué se hacen listas de casamiento: mudarte es todo  un presupuesto. Nunca lo había notado porque siempre me manejé en bazares donde había platos y utensilios baratos de plástico, pero estoy intentando dejar eso de lado por una cuestión de salud. También voy a resistir la tentación de conseguir un microondas. No estoy muy seguro de que estas tecnologías sean inocuas para los alimentos.
Aunque estoy muy contento con mi nuevo departamento, no pude encontrar verdulerías, o un supermercado donde vendan frutas y verduras. Además la zona en donde estoy, bien céntrica, está en obra, y pasear por sus calles es adentrarse en un laberinto de vallas y escombros del que no es fácil salir. Terminé recurriendo al Google Maps, que me tiró verdulerías, dietéticas y gimnasios. A ellos los que visitaré bien temprano, el día de mañana…

Semana 41: Día 287: Adiós, Recoleta

No, no estuve el último mes en Recoleta, sino que estuve todo este tiempo en Palermo. El barrio de Recoleta en realidad se encuentra a una cuadra de donde estoy ahora. Me engañé a mí mismo cual colegiala, pero en vista de que me estoy yendo y voy a extrañar el barrio, para mí siempre será Recoleta… por más que Macri opine lo contrario.

Realmente venir al departamento de mi prima Vero fue una jugada del destino. Estaba un poco más cómodo que en Caballito con mi hermano… pero tampoco tanto. Era un poco más céntrico, pero todavía seguía sintiendo que invadía, algo que me molesta mucho. Sin embargo acá me quedé, sobre todo por la insistencia de Vero, que aunque éramos muchos (ella alquila habitaciones a turistas extranjeros) y yo dormía y trabajaba en el living, me decía que aproveche para ahorrar unos pesos y resista hasta el viaje a Brasil.

Y eso hice. En el camino apareció el departamento al que me estoy mudando mañana. Antes de ir a Río de Janeiro firmé el contrato y hoy me dieron la llave. Me espera mi nuevo hogar, quizá por los próximos dos años. No voy a tener internet, así que quizá el blog se tome un respiro hasta que la situación se normalice el lunes. Además tengo que afrontar la mudanza, que incluye una primera parada en el depósito de Núñez, luego Belgrano para retirar el freezer bajo mesada que compré, después Palermo a buscar mi antigua mesa, seis sillas, lavarropas y una heladera demasiado grande que me quiero sacar de encima, para luego volver al departamento del falso Recoleta a retirar mi compu, la ropa que llevo a cuestas y algunas cosas más. Destino final: el depto que ahora alquilo en Retiro (qué curioso, por 8 cuadras no es Recoleta).

Esta es una nueva etapa que me entusiasma mucho. Nunca me imaginé viviendo solo, supongo que creía que siempre iba a estar conviviendo con mi familia hasta que una eventual esposa me arrastrara fuera de la casa de mis padres. Tampoco me veía en el microcentro, pero ni mucho menos me imaginaba corriendo maratones.

Tengo mucho entusiasmo por este nuevo lugar. Quiero conocer los restaurantes vegetarianos, las dietéticas, armarme mis rutinas nuevas los días de entrenamiento, rastrear el gimnasio más cercano… Quiero empezar esta nueva etapa y sacarle el máximo provecho posible.

Semana 40: Día 277: Inquilino

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Después de tanto tiempo a la deriva, finalmente firmé contrato. ¡Soy inquilino! Siento el mismo orgullo que esa publicidad de “Dueño”, perteneciente al banco que me negó una tarjeta de crédito por ser monotributista.
Este es un momento muy particular, porque estoy a poco más de un día de viajar a Brasil, y hoy tuve que renovar la baulera donde están mis cosas.
No estoy corriendo todo lo que me gustaría, creo que ese momento va a venir después del 13, ya mudado y con todas las cosas en su sitio. Estoy muy entusiasmado, y no me molesta estar gastando más plata en todo esto que en la Patagonia Run.
Sinceramente, con tanto trajín, ni tuve tiempo de pensar en Brasil. Me encontré hoy en la baulera, entre todas las cajas, preguntándome qué podía llegar a necesitar. Guardé todo lo que me pareció útil como el protector solar, remeras, unas bermudas, pero lo más importante, lo que sé que sí quiero usar, no apareció en ningún lado, que es mi cinturón hidratador. Debería comprame uno mañana mismo, si hago a tiempo (es poco probable).
Firmar el contrato y saber que tengo un techo para mí por los próximos dos años es un alivio muy grande. Necesito un poco de estabilidad. Por pedido mío están colocando una canilla para conectar el lavarropas. ¡Los corredores transpiramos mucho! Voy a tener mucho para lavar en mi nuevo departamento.
Pero antes de mudarme tengo que ir a Brasil, correr una maratón y volver. Recién después empiezan mis aventuras como inquilino…

Semana 37: Día 253: Adiós, Caballito

Durante unos 10 días estuve refugiado en la casa de mi hermano. No puedo quejarme: es vegano, me acompañó, aconsejó y ahora, que abandono su morada, me recordó que podía volver cuando quisiera.

No quiero sonar como un ingrato, a pesar de que me sentí muy contenido y estoy inmensamente agradecido por su gesto, no podía seguir quedándome. Todavía queda un trámite pendiente para poder recurrir a la garantía de mis padres, lo que hace que la búsqueda de departamento esté totalmente en el freezer. Y no quiero seguir acá indefinidamente. Siento que estorbo, ya arruiné un plato de madera en el microondas (la madera NO va al microondas), tiré dos litros de caldo para lavar la olla (el caldo lo querían guardar), hice un almuerzo con arroz en mal estado que nos dejó a mi hermano y a mí vomitando… Mucho para poco más de una semana. Además Lucas da clases en su departamento, y ha estado esquivando clientes para no incomodarme a mí…

Pero mi principal trastorno es el entrenamiento. Caballito es casi la otra punta de la Capital, en el extremo opuesto a donde pasa el tren que me lleva a Acassuso, donde se reúnen los Puma Runners. Y como es lejos salgo con mucha anticipación, y termino llegando demasiado temprano. A veces no calculo bien y me quedo en la parada del colectivo, esperando media hora… Así que terminé aceptando la invitación de mi prima Vero, que vive en Recoleta, cerca de varios circuitos muy lindos para entrenar, además de que está a una distancia más accesible para llegar al tren que va a Tigre.

Encima casi se me pasa que mañana corro la Mizuno Half Marathon, que larga a las 7:30 de la mañana. Ya si me quedo en Caballito tendría que estar levantándome a las 4 de la mañana… Este barrio es muy lindo, pero me cuenta mucho hacer la logística. Llega el turno de ir hacia el este de la Ciudad y veriguar qué pasa…

Semana 36: Día 246: 157,26 km en un mes

Este será un mes que vivirá en la infamia. Además de haber estado lesionado, lo que me impidió entrenar en muchas oportunidades, me separé y ahora voy boyando con rumbos inciertos, buscando un lugar, tanto en el plano físico como en el espiritual.

Con todos mis problemas, logré correr casi 160 km. Hoy, en el cambio de mes, metí 18 km en el entrenamiento, pero decidí no contarlos y sumárselos a junio.

Y hablando del mes que viene, estoy replanteándome las carreras que tenía pensado hacer. Creo que me bajo de la maratón de Rosario, una competencia hermosa, pero surgió la posibilidad de hacer 42 km en otro país. Es algo que no me hubiese planteado estando en pareja, y si bien el tema de encarar una mudanza requiere que sea conservador con mi dinero, me parece que lo necesito. Es parte de buscar mi lugar en el plano espiritual, y todas esas mariconadas de las que estuve escribiendo últimamente.

Las lesiones y el clima de fin de relación hizo que no pudiese comer en la forma que quería. Tuve días de saltearme comidas, o de atracarme con pan, pero creo que mi cuerpo lo resistió. Fue un proceso por el que pasé y que creo que empiezo a dejar atrás. Me lo tomé con tranquilidad y decidí apelar a la paciencia. No siempre me salió, pero cuando pude correr de nuevo me sentí mejor, y hoy, entrenando con los Puma Runners, a la par de mi amigo Marce, pude descargar mucho y hacer un buen fondo terapeutico. Incluso me levanté mal, con tos, congestión, dolor de pecho, y una pesadez que me aplastaba contra la cama. Pero por suerte salí, abrigado, y entrar en calor me ayudó a que me empezara a sentir bien. Mientras estaba haciendo el regenerativo, después de una hora y media corriendo, me di cuenta que el deporte es la mejor medicina, tanto para el cuerpo como para la mente.

Semana 35: Día 245: Buscando mi lugar

Ayer tuve mi última sesión de terapia por un tiempo. No volví a terapia porque quería, sino por insistencia de la psicóloga de nuestra terapia de pareja. Creía que había cosas que resolver a nivel personal. Yo siempre repetí como un loro que para estar bien en pareja primero había que estar bien uno mismo, y como la analista era persistente, le hice caso.

Así volví a hacer análisis con Ana, mi psicóloga durante una década. Yo me di el alta a mediados de julio de 2010, cuando estaba empezando Semana 52. Me sentía tan confiado en lo que estaba por hacer y en los cambios que se venían, que sentí que ese era el momento. Dos años después volví, y me pareció que lo más prudente era volver con ella para no tener que empezar de cero a contar toda mi vida. Quería ganar tiempo, y no estaba del todo convencido de que esta nueva terapia me iba a servir de mucho. Pero nunca está de más pensar y autoanalizarse, y con el correr de las semanas me di cuenta que tenía muchas cosas por desmenuzar de mi personalidad que no estaba viendo.

Quizá mi sesión más significativa en toda mi vida fue la de ayer. Llegué y le dije a Ana que iba a empezar de atrás para adelante. Primero que no iba a seguir yendo, porque iba a querer cuidar mi dinero. ¿Por qué? Porque me había mudado y estaba buscando departamento. Entrar en un contrato nuevo, con comisiones, depósitos, gastos, etc., me significa desembolsar muchísimo dinero. Además, siendo que ahora estoy solo, no puedo depender de nadie más que de mí mismo. Bueno, como poder, podría, pero no es mi intención.

Así fui yendo hacia atrás, y pasé por la última pelea y la separación con Vicky. Cómo terminé pasando lo mismo que pasé en mis relaciones anteriores. Y  como siempre, yo había empezado ilusionado con que todo iba a ser diferente. Pero claro que fue diferente, el gran problema era que yo era el mismo. No cambié yo, por eso las cosas terminaron iguales. ¿Entonces el cambio tiene que nacer de mí? Sí, no puedo echarle la culpa a la mala suerte.

En las constantes de mis relaciones encontré que mi gran problema es que todo pasa a ser muy teatral, y que yo estoy intentando sostener un personaje: el novio perfecto, atento, el que da consejos, el que se desvive por el otro, el que resigna lo suyo por la pareja… ¿Cuántas veces propuse casamiento? Montones. ¿Cuántas veces me mudé o planifiqué una vida bajo el mismo techo? Siempre. Y nunca se daba o todo se terminaba desmoronando. Sentí cada cosa que dije, fue auténtico… pero siempre era parte del personaje que estaba interpretando: no era mi voz, sino que yo decía lo que creía que el otro necesitaba escuchar de mí.

Es todo una confusión, porque va a parecer que nunca me quise casar. No lo veo así, pero muchas veces, sobre todo en cuestiones de la vida cotidiana, hice cosas de las que me arrepentía al instante. Me dejaba llevar, me metía en el personaje, y me lo terminaba creyendo. Ojo, esto no se refiere puntualmente a mi última relación, sino a todas. ¿Cómo puede ser que estuviese constantemente haciendo cosas que no quería? Como un actor en un teatro, yo buscaba la aclamación del público. No puedo decir que alguna vez la haya encontrado, pero a pesar de que algo no funcionaba, seguía haciéndolo.

Quiero creer que la próxima vez, ahora que me conozco un poco más, sí va a ser diferente. No porque yo necesite cambiar, sino porque necesito ser yo mismo, y no lo que los demás esperan que sea. Pero para empezar, primero necesito encontrar mi lugar. Y ahora estoy viviendo de prestado, con mis cosas guardadas en una baulera. Estoy buscando departamento, y me estoy concentrando en zonas cercanas al tren Mitre, que va a Tigre. ¿Por qué ese capricho? Porque quiero que me quede cómodo para ir a entrenar con los Puma Runners, en Acassuso. Correr es lo que hoy me hace feliz, y es el camino a través del cual quiero pasar este duelo. Y no querría instalarme en un lugar que me dificulte ir a mi grupo. Casualmente todos los barrios atravesados por esta línea de ferrocarril tiene alquileres más caros, y lo que sea a dueño directo (que no paga comisiones inmobiliarias) es poco o inalcanzable.

Hoy mi vida es una gran incógnita. Espero resolverla pronto. Todavía no encontré mi lugar en la vida, pero tampoco hay que creer que me estoy refiriendo a un espacio físico…

Semana 35: Día 244: Adiós Colegiales

2013-05-29 14.26.23

Estos dos últimos días fueron de muchos cambios, pero no de esos que terminan y te dejan asentado, sino de los que recién empiezan y no sabés a dónde te van a llevar.

El lunes por la noche, después de un período de enfriamiento, decidimos separarnos con Vicky. Esto era algo que, visto a la distancia, se veía venir. Pero puertas adentro. Hacia afuera, muchos se sorprendieron, y aunque yo buscaba departamento y trataba de averiguar dónde dejar todas mis cosas, algunos decían “¿Es definitivo? ¡Seguro se van a arreglar!”. Hace casi dos años, al princpio de nuestra relación y al poco tiempo de que volví de hacer el Camino del Inca, nos habíamos separado, y cuando hice un post alusivo, Vicky se enojó mucho. Esta vez tuve la deferencia de dejar pasar un par de días, preocuparme por establecerme en algún lado, pero no podía dejar de hacerlo. Me guardo los motivos porque sí son personales, pero yo sé que es definitivo.

Las mudanzas son traumáticas, y en mi caso todavía no se terminó. Empecé guardando mis cosas el martes adentro de cajas. Hice un recorrido estratégico: empecé por la habitación, territorio de Vicky, seguí por la zona neutral del baño, pasillo, living, cocina, y terminé en mi estudio. Así pude evitar roces y tener que cruzarnos en situaciones incómodas. A veces no es tan sencillo definir qué es tuyo y qué del otro, siempre hay cosas que son de uso común. Mi criterio fue llevarme las cosas que realmente usaba, como mi shampoo, sin importar quién lo compró. Pero no creo haber sido del todo justo. Me quise llevar libros, por ejemplo “Nacidos para correr”, que lo compramos en España. Ella consideró que le pertenecía y se lo devolví. Acto seguido, en lugar de repartir los individuales mitad para cada uno, me los llevé todos porque los había pagado yo.

Las separaciones y peleas sacan lo peor de cada uno. Probablemente yo no haya sido la excepción. Pero intento no ser duro conmigo mismo, porque embalé y guardé mis cosas sin tener un lugar a dónde ir. De hecho, todavía no lo tengo. Mucha gente me ofreció su casa para dormir y poder trabajar, pero nadie podía ofrecerme lo que realmente necesitaba: un lugar donde llevar mis 15 cajas, muebles, ropa, etc., porque el espacio necesario era mucho. Mientras descartaba avisos en internet, el tiempo pasaba y sentía la presión de irme. Lo resolví el martes a la medianoche (porque las separaciones me pegan así, trasnochador), con lo único que se me ocurrió: contratar una baulera donde llevar toda mi vida material, así me armaba una mochila de ropa y llevaba la compu a la casa de mi hermano Lucas, donde ahora estoy parando.

Ayer contraté un flete, en el mismo día (me considero afortunado), y en poquito más de dos horas teníamos todo guardado en una jaula, que tiene un candado del cual solo yo tengo la llave. Quise sacarle una foto para recordar qué objetos me definían, pero salió oscura y confusa (¿como mi presente?). Me sorprendió la cantidad de libros y revistas que tengo. Debían ser 10 cajas, pero grandes, como de 30 cm de alto. De esas que te pulverizan la espalda cuando las querés levantar. Mientras veía mis cosas ahí, en esa jaula, me acordaba de esos programas del cable como “¿Quién da má$?”, donde abren bauleras sin dueño (seguramente porque se atrasaron en el alquiler), las subastan, abren para ver qué compraron, y después las venden, intentando generar ganancia. Pensaba en mis cómics, en mis muñecos de He-Man originales, y sentía que dejaba una enorme fortuna ahí. Pero en el depósito me aseguraron que esas crueldades solo ocurren en Estados Unidos.

Me gustaría decir que ahora estoy mejor, pero la verdad es que tengo un quilombo impresionante. Me saqué la presión de dónde llevar mis cosas, pero por ejemplo no me aparté ropa para salir, solo para correr. Y ayer, en mi primera noche de no vivir más en el departamento de Colegiales, salí a cenar… así que de camino, con mi remera corrida y desgastada de la Adventure Race Tandil y mis pantalones de joggin, tuve que comprarme algo medianamente elegante. Porque tampoco quiero ir a dar pena por ahí.

Eso, odio dar pena. Odio eso de tener que blanquear que me separé y que la gente se preocupe por mí. Pero también agradezco mucho haberme sentido contenido y que tantos me ofrezcan ayuda. Es una incógnita dónde voy a vivir, me gustaría que sea en algún lugar donde me quede cómodo ir a entrenar a Acassuso. Ni siquiera descarto mudarme a zona norte. Pero en los dos días de búsqueda, solo vi un departamento, en Palermo, enorme y muy barato. Esa combinación equivale a un lugar que se cae a pedazos. Así que esto recién empieza…

Semana 9: Día 60: Cosas más difíciles que una ultramaratón

Hoy, martes (¿es martes, no?) terminamos con la mudanza. O sea, movimos todos los muebles, cajas, bolsas y un sin fin de cosas, de un departamento a otro. Y en lugar de sentirse como un “por fin terminamos” se siente como un “y ahora hay que ordenarlo todo”. La historia sin fin.

No pude entrenar estos días en el gimnasio. Para colmo, me hice un momento el lunes por la mañana, para enterarme en la puerta que estaba cerrado por ser feriado. No me queda en claro el criterio que usan para decidir qué festivos abren y cuáles no. Y mientras limpiaba mi heladera a fondo (limpia-pule, limpia-pule) me imaginaba que eso era entrenar, y que seguramente las amas de casa tenían mucha fuerza de brazos.

Por suerte sí me hice el momento para correr, porque la ultra trail de Yaboty mete un poco de miedo (bah, es respeto en realidad). Pero mientras no estuve corriendo estuve fregando y sacando años de mugre a diferentes superficies, o moviendo cajas, bolsos y valijas de un lado a otro. El agotamiento era parecido al que sentía después de una carrera, transpiraba y quedaba absolutamente agotado a la noche. Pero en el fondo sabía que todo esto no es para nada un entrenamiento (principalmente porque no pienso volverlo a hacer, al menos por mucho tiempo).

Me sirvió tener que limpiar la mugre de mi viejo departamento para aprender a odiarlo. Ahora el nuevo depto, que es algo así como dos o tres veces más grande, me resulta un refugio de aquella tortuosa semana donde mi principal entrenamiento de musculación fue frotar con un trapo con Cif. Como punto a favor de nuestro nuevo hogar está, innegable, que la convivencia con Vicky nos va a ahorrar ir y venir, trasladar la compu para hacernos compañía mientras trabajaba, y disfrutar una nueva etapa de nuestra pareja. Además, está a menos de diez cuadras del gimnasio, lo que me va a facilitar ir todos los días. La parte negativa, que es bastante efímera, es que el departamento es una pila hasta el techo de cajas y cajas y cajas. Hoy quise almorzar y no pude encontrar en dónde estaban los cubiertos.

Después de todo este agotamiento y tanto esfuerzo puesto, caminar 70 km un día y 30 el otro, no parecen tan imposibles. Quizá ahí, en medio de la selva misionera, me dé cuenta de que estaba completamente equivocado y quiera ponerme una agencia de mudanzas. Lo que me queda bastante claro es las ganas que tengo de hacer el desafío de Yaboty. Incluso cuando estoy transpirando la gota gorda, cargando cajas y bolsas de acá para allá, comparo esto que no tiene absolutamente nada que ver con este inminente desafío…

Semana 9: Día 56: Cerrado por mudanza

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