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Semana 20: Día 134: La misteriosa mujer tarahumara

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Si estás todo el tiempo pendiente del mundo del running, ya sabrás la historia de los tarahumaras, un pueblo mexicano que ha tenido poco contacto con el mundo occidental y ha conservado muchísimas de sus costumbres. Entre ellas está la de correr. Su nombre es una deformación del verdadero, que es “rarámuris”. Ellos son corredores excepcionales. Los niños juegan con una pelota entre las piedras, pateándola y haciendo que rebote por todos lados, sin saber a dónde va a ir disparada. Esta práctica los hace más ágiles, preparándolos para pensar con rapidez y para acostumbrarlos al terreno.

Tienen una alimentación muy particular, con mucha quinoa y una cerveza que beben antes de las carreras, que contiene muchos carbohidratos y menos alcohol que las bebidas que acostumbramos tomar. Son tímidos, no se dejan ver, es de mala educación dirigirles directamente la palabra, y conforme se occidentalizan y cambian sus costumbres nutricionales, sus poderes atléticos van menguando.

Hace poco tiempo circuló una foto por las redes sociales de una mujer tarahumara, llamada Martía Salomé, que había ganado una carrera vistiendo sus ropas típicas. Esto incluía las sandalias que se hacen con sogas y cauchos de ruedas, echando por tierra nuestra obsesión por las zapatillas carísimas con cámara de aire último modelo. La foto, al menos la que me llegó a mí, decía: “Mujer tarahumara, ganó el medio maratón de OXXO sin traje de licra, botellitas de agua, visera de neopreno o tenis nike, un orgullo de nuestra raza y un mensaje de humildad para todos. En hora buena María Salome (Tarahumara, etnia indígena del estado de chihuahua-México)”.

Rastreando en la web el origen de esta historia, encontré una nota del periódico El Heroico, que supuestamente es la versión original. Ahí no hablan de medio maratón, y le dan un nombre a la misteriosa corredora: “Ella es María Salomé, corrió en el marathón del oxxo k10, 2012 y ganó con mucho!, sin tenis, sin ropa apropiada, con su pelo suelto, sólo compitió con una gran condición y principalmente con un gran corazón, representando con orgullo a su tierra, a chihuahua y a todo México!……bien por ella!”. La imagen se volvió viral (o sea, se multiplicó por la red sin control), y muchos que la replicaron empezaron a decir que ganó media maratón (o sea, 21 km). Creo que el uso incorrecto de la palabra “maratón” para describir una carrera es lo que lleva a estas confusiones.

Pero claro, no había más información que esa. La foto es del 5 de septiembre de 2012, y como los tarahumaras no están precisamente globalizados ni tienen cuenta de Facebook ni Twitter, no hay mucha forma de corroborar la verosimilitud de la historia. Esto hizo que mucha gente crea que se trata de un fotomontaje, como si fuese imposible correr 10 kilómetros en sandalias, o quizá hasta dudando de la existencia de este pueblo.

Pero lo cierto es que este teléfono descompuesto ha creado un mito que todavía tiene muchas dudas y pocas certezas. La media maratón de Chihuahua (como muchos la han llamado) no corresponde a septiembre sino a octubre, y tienen una categoría exclusiva para tarahumaras. En 2012 no hubo, en las clasificaciones, ningún triunfo para María Salomé, y el número de dorsal de la foto correspondía a otra persona.

La carrera Oxxo es de 21 km, aunque tiene una distancia de 5 y 10K participativas. Se corre en octubre, un mes después que se dio a conocer la noticia. No encuentro otra carrera de 10K con el mismo nombre en septiembre. Hay otras carreras de 10 mil metros en la ciudad de Chihuahua, pero que tampoco coinciden con la supuesta fecha. No hay resultados oficiales en ninguna web que atestiguen la proeza de María Salomé. Al igual que la ubicación exacta del pueblo tarahumara y sus costumbres, todo esto está sumido en el misterio.

Habrá algunos que “comprarán” el mito, y se sorprenderán de que exista una persona de apariencia tan humilde, que haya podido ganar en sandalias y vestido. Otros, desconfiados de todo lo que venga de la web y tenga que ver con una proeza física, dirán que es un engaño. Yo me tiro para el lado de que es todo una farsa, incluso cuando confío en la increíble capacidad de los hombres, mujeres, niños y ancianos tarahumara. Creo que, una vez más, internet nos ha tomado el pelo a todos.

Semana 34: Día 238: Mitos alrededor del pan

“Si querés bajar de peso, tenés que largar el pan”. Todos hemos escuchado esto alguna vez. Existen muchos mitos en torno a este alimento, aunque insistan en ponerlo en la base de la pirámide nutricional.

Bueno, empecemos por decir una gran verdad: la harina no engorda (el que engorda es uno). Los hidratos de carbono son nuestro combustible, y el pan nos aporta una cantidad significativa… sin que nos aporte grasas. De hecho unas tostadas tienen menos calorías que las galletitas. Si comemos un par de rebanadas por comida (apróximadamente de 30 gramos), vamos a ingerir 80 calorías. De eso, 64 corresponden a los hidratos de carbono, 12 a proteínas y sólo 4 a grasas (o sea, ¡un 5%!). Por supuesto, el exceso es lo que engorda, pero en cualquier persona activa, no hace falta eliminar al pan por completo de la dieta.

Podríamos comer medio kilo diario sin engordar, siempre y cuando estemos gastando mucha energía. El sobrepeso tiene más que ver con el consumo de grasas y una vida sedentaria, más que por el consumo de hidratos de carbono. O sea, no debería ser el pan lo que haya que eliminar de un régimen alimenticio, sino otras comidas con menores aportes nutricionales (sumado a incorporar la actividad física).

Otro mito dice que el alto índice glucémico de los panes hace que haya exceso de azúcar y que ésta se transforme rápidamente en grasas. Pero el hígado y los músculos son capaces de almacenar unos 400 gr de azúcar, y cuando llega el momento de comer las reservas están agotándose. Esto da picos de insulina, porque hay que volver a recuperar los niveles. Sólo cuando todas las reservas están llenas, el exceso de azúcar tenderá a convertirse en grasa.

También existe la creencia de que la miga engorda más que la corteza, por considerar que tiene menos calorías. La verdad es que es completamente lo opuesto. El pan se hace con agua, pero tiene distinta concentración. En el exterior es menor, ya que es la parte más expuesta al calor del horno y se evapora. La miga posee más agua, lo que hace que sus nutrientes estén más esparcidos, y por lo tanto tenga menos calorías.

Además, muchos creen que el pan integral “engorda menos” que el blanco. Pero son prácticamente iguales. Ambos se hacen con harina, y la gran diferencia es que el de salvado, por ejemplo, aporta mayor cantidad de fibras (algo que NO queremos el día previo a la carrera, para evitar inconvenientes gástricos mientras corremos). De hecho, el pan blanco sólo utiliza harina, agua, levadura y sal, mientras que el  integral precisa de una harina sin refinar que, al ser más dura, necesita del agregado de grasas para conseguir una buena panificación. A menos que tengamos dislipemias, colesterol alto, estreñimiento o diabetes, lo ideal es la mayor ingesta de fibra y en este caso elegir el pan integral. Pero si sólo necesitamos bajar de peso o tener una dieta sana, es indistinto qué elijamos.

Ahora, ¿por qué algunos eligen tostar el pan? ¿Aporta menos calorías? Como vimos cuando hablábamos de la corteza, eliminar el agua cambia la textura y lo hace más crocante. Que sea duro y tengamos que masticar más, sólo nos da la sensación de saciedad. Esto se potencia si está tibia, ya que provoca mayor congestión en el estómago (y, en consecuencia, calma el apetito). Una vez en el estómago, el pan necesita de mayor mayor trabajo para ser digerido que las tostadas, debido a que los carbohidratos han sufrido una “dextrinización”, proceso que facilita la digestión. El cuerpo realiza un gasto calórico ligeramente superior para metabolizar el pan sin tostar.

Semana 25: Día 171: Correr es perjudicial a la salud

“¿Corrés? Se te agranda el corazón… ¡y te podés morir!”. Difícil olvidar una frase como esta, pero cuando uno empieza a dedicarse a entrenar, no es raro escuchar cosas así.

Ningún estudio es representativo de toda la raza humana. Si me junto con un amigo y me como dos manzanas mientras él elige quedarse mirando por la ventana, la estadística dirá que comimos una cada uno. Pero incontables investigaciones hablan de los beneficios de correr, y cualquiera lo puede comprobar día a día. En mi caso me ayudó a perder muchísima grasa, a tonificar músculo, desarrollar velocidad y ganar resistencia. Aún así, muchas personas están preocupadas por mi salud. Unas pocas me hicieron caso y se pusieron a googlear maratonistas, para ver que era muy común que un corredor que entrena intensamente tenga una estructura física muy delgada.

Pero así son las cosas, hay quienes se angustian por mi físico y me recomiendan “comer” más, o ejercitar menos, como si estuviese poniendo mi vida en riesgo. Me da más pánico el experimento de Morgan Spurlock, el documentarista que comió sólo alimentos de McDonald’s durante 30 días, en la afamada película “Supersize me”. Yo sólo veo progreso en cuanto a mi salud: me enfermé mucho menos (venía invicto hasta la semana pasada) y soy más veloz que nunca.

Uno de esos estudios que relacionan el running con la salud, recomendaba correr para vivir más años. Fue replicado por la cadena Reuters, y se expandió a incontables portales de noticias. Comenzaba diciendo que los miembros de mediana edad de un club de atletismo tenían la mitad de posibilidades de morir durante un periodo de 20 años que las personas que no corrían. Correr redujo el riesgo no sólo de sufrir una enfermedad carcíaca, sino cáncer y enfermedades neurológicas como Alzheimer, todo esto comprobado por científicos de la Universidad de Stanford, en California. El estudio, publicado en el Archives of Internal Medicine, decía que 19 años después, el 15 por ciento de los corredores había muerto en comparación con el 24 por ciento de los que componían el grupo de control.

El equipo supervisó a 284 atletas y 156 personas similares y sanas como grupo de control. Todos eran personal de la facultad y tenían antecedentes sociales y económicos similares, y su edad era de 50 años o más. Desde 1984, cada voluntario rellenó una encuesta anual sobre frecuencia deportiva, peso e incapacidad para ocho actividades: ponerse de pie, vestirse y asearse, higiene, comer, andar, alcance, agarre con la mano y actividades físicas rutinarias. La mayoría de los voluntarios hacían algo de ejercicio, pero los deportistas se ejercitaban hasta 200 minutos a la semana, en comparación con los 20 minutos de los no corredores.

Al principio, los atletas eran más delgados y menos propensos a fumar en comparación con el grupo de control, y se ejercitaron más a lo largo de todo el periodo de estudio en general. Con el tiempo, todos los grupos redujeron su actividad, pero los corredores continuaron acumulando más minutos a la semana de actividad enérgica de todos los tipos. Las personas que comenzaron a hacer ejercicio cuando eran mayores también mejoraron su salud. El estudio también mostró que los corredores sufrieron menos lesiones de todos los tipos, incluyendo en las rodillas.

Hasta ahí, nada nuevo. Lo curioso fue una reacción, publicada en el periódico gratuito 20 minutos, de España (equivalente a La Razón o El Argentino, de la Ciudad de Buenos Aires). Cito textual, sin resumirlo ni nada, porque me dejó algo perplejo:

“Correr perjudica a la salud”
DIEGO MAS MAS. 13.08.2008

Los medios de comunicación pueden hacer mucho bien… o mucho mal. Uno de ellos, muy conocido, Yahoo noticias, ha titulado: “¿quiere vivir una larga vida?: corra” su resumen de un pequeño y muy sesgado estudio francés difundido por Reuters.

Correr ha sido prohibido como práctica regular en el ejército estadounidense

Estudio pequeño, por abarcar menos de 500 personas en total, y sólo durante veinte años de su vida, y encontrando diferencias entre ellos poco significativas; sesgado, porque ya de entrada los “corredores”, por ejemplo, fumaban menos que el grupo de control, sino, sobre todo, porque confunde el “correr” con el hacer ejercicio; es un clásico ejemplo más, y aquí trágico por sus consecuencias, de “mentir con estadísticas”.Por supuesto, hacer ejercicio es sano. Pero también sabemos que, como otros ejercicios violentos, el correr (no digo el andar) no sólo no es bueno, sino que perjudica gravemente la salud, por lo que ha sido incluso prohibido como práctica regular en el ejercito estadounidense, país donde el “inventor” del “jogging” murió de infarto a los 53 años, mientras corría. Fomentar esa práctica es pues, literalmente, incitar por imprudencia a una práctica insana a que puede acabar con sus propios lectores.

Las respuestas a esta nota son jugosas y muy divertidas. Algunos apoyando al redactor, otros totalmente en contra. Hubo quienes consideraron que cualquier exceso era malo, y se aventuraron a afirmar que el aumentar las pulsaciones era dañino para al corazón. Otros, en tono irónico, aseguraban que el artículo estaba en lo cierto: comer pizza y tomarse litros de cerveza tirado en el sillón, viendo la tele, era el camino a una larga y saludable vida.

Seguro que todos los atletas se han topado en algún momento de sus vidas con este este “miedo” (no podría llamarlo de otro modo) que tienen las personas hacia el running. Como si nos estuviésemos flagelando día a día. ¿Es comparable con otros hábitos, como fumar y tomar alcohol? A mi me parece ridículo verlo de esa manera, pero aunque las estadísticas digan que correr hace bien, existe (y existirá) gente que no se siente representada y que piensa todo lo contrario.

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