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Semana 43: Día 295: Pinamar, mi primera carrera

Ya van varias veces que hablo de mi primera carrera, pero van 691 posts… creo que inevitablemente voy a empezar a repetirme.

Quizá la pequeña diferencia sea que esta vez me subí al DeLorean e hice un pequeño viaje al pasado.

La Merrell Adventure Race Pinamar 2008 fue mi debut como corredor. Me crucé con la foto que ilustra esta entrada y con algunos (pocos) comentarios que hice en un foro privado de nuestro grupo de running. Físicamente me reconozco, pero a la vez siento que he cambiado mucho. No me refiero a tener unos kilitos más que ahora (creo que, luego de esa foto, subí todavía más). En ese peinado que intentaba tapar mis entradas me veo con una inseguridad que ahora no tengo. Ese tipo sonriente todavía hacía terapia, vivía en su propia oficina en Paternal. Entrenaba desde hacía cuatro meses y le habían dado una remera que le quedaba como una carpa (tiempo después perdería esa prenda aunque fuese gigante, sin saber dónde iría a parar).

Ese joven de 30 años redonditos se encontraba por primerísima vez con una situación de carrera. Serían 7 kilómetros de arena y bosque y arena y pasto y arena. Terminaría “con lo justo”, y hacer el circuito completo iba a parecer todavía muy lejano. Le tomaría otro año entero animarse a salir desde la largada y llegar hasta la meta, en la misma carrera, con el mismo entusiasmo, pero con una rodilla lesionada.

Aquel corredor inexperto no tenía idea de lo que se avecinaba. ¿Un blog contando sus intimidades? ¿Correr una maratón? ¿Ultramaratones? Son cosas que eventualmente iban a llegar, pero que ni las imaginaba. Solo quedaría el recuerdo de la primera carrera, compartir un fin de semana con un grupo de desconocidos a los que los unía la pasión por correr. Los nervios de estreno, la ilusión de llegar y hacer que el grupo de postas se sintiese orgulloso. Esa experiencia de camaradería que se repetiría infinidad de veces.

Esa medalla sería la primera. Ese pibe que sonreía antes de largar la conservaría para siempre, junto a las que iban a sumarse después: primero adentro del placard, casi como si le diesen vergüenza; luego en una vitrina en el living (pero solo porque no iba a saber qué otra cosa poner ahí). Aquel corredor debutaría con el par de zapatillas que tenía a mano, el que le había alcanzado para comprar (unas Adidas de dudosa legitimidad). En esa experiencia no sentiría sed ni cansancio porque la distancia era corta, aunque la correría por primera vez. Cruzaría la meta de la mano de sus otros tres compañeros, cuando el reloj marcara las 3:02:13.

Pero la prueba tendría su anécdota final. Este corredor de la foto se enteraría, días más tarde, de que su equipo figuraba como primero en su categoría. El tiempo que les iban a asignar sería el de 1:50:18. El misterio se resolvería más tarde, cuando mirando una foto, la organización caería en cuenta de que un misterioso corredor había corrido de colado con nuestro número, el 2102.

Todas estas cosas volvieron a mí viendo las fotos, releyendo esos mails de julio de 2008, cuando intentábamos dilucidar las incongruencias en la clasificación. Y ahora estoy preparándome para la misma carrera, con más experiencia e, increíblemente, más entusiasmo.

Semana 25: Día 169: La Merrell que no es Merrell

Luego de una noche de relax en Tandil, nos despertamos bien entrado el día. Yo no soñé con la carrera, sino con que era un astronauta con superpoderes en la Luna (y la verdad, no me quejo).
Más cerca del almuerzo que del desayuno, decidimos ir a buscar el kit de la carrera y después comer. Buscamos, como buenos animales de costumbres, el mismo lugar de acreditación que años anteriores. Esa fue una señal a la que no le di importancia: la sede era otra.
Tendría que haber sospechado algo cuando en la web del Club de Corredores hablaban de la “Adventure Race” a secas, sin mencionar a Merrell, que fue sinónimo de estas competencias durante tantos años. Pero dejé pasar el dato.
Cuando estábamos a una cuadra, alguien me dijo que Merrell no era más el auspiciante principal. No lo podía creer.
Sé que ser main sponsor es  algo bastante caro. Desconozco los motivos. Pero sé sintió raro. Más aún cuando recibimos el kit en una bolsa blanca de papel, sin ningún impreso. Esas cosas hacen una diferencia.
Pero no todos los cambios asustan. El recorrido es diferente, no sé cuánto, pero algo ser mí cuarto Tandil es algo que me entusiasma. Encima el recorrido nuevo pasa a 20 metros de nuestra cabaña, lo que tomaré como una buena señal.
Mañana por la mañana veremos qué tal es esta nueva  Merrell, a la que no le podemos decir más Merrell.

Semana 24: Día 167: Camino a Tandil

Mañana partimos rumbo a la ciudad de Tandil, donde correremos, una vez más, la Merrell Adventure Race de Tandil.

Esta carrera es una tradición para nosotros, y cobra un sentido especial porque hace exactamente un año coincidimos con Vicky en esa carrera. Allí nos enamoramos y a los pocos días empezamos a salir. Por esos caprichos del calendario, en 2010 todo comenzó después de la Merrell, y ahora nuestro aniversario es justo antes.

Entre las 2 millones de ventajas que tiene estar en pareja con Vicky, una es que es muy organizada. Yo, que soy hombre, me arreglo con el mismo calzoncillo una semana, hago bollos de ropa limpia en un rincón y tiro los platos en la pileta de la cocina, a ver si mágicamente aparecen limpios al día siguiente. Dicen que los opuestos se atraen. Vicky decidió preparar su bolso hoy por la tarde (en lugar de 10 minutos antes de salir, como suelo hacer), así que aproveché y me prendí.

Como solemos viajar en grupos numerosos, rara vez falta algo. Aunque no lleves shampoo, nadie te lo va a negar. Igual, decidimos ser autosuficientes y llevar todo lo necesario. Así es que empacamos varias dosis de analgésicos (como para despertar sospechas de la DEA), Voltaren y Árnica. En el apartado “botiquín”, cinta y apósitos para los dedos del pie. Además protector solar (nunca se sabe) y repelente para mosquitos.

Lo más importante (para mí) es la vaselina. También es algo que se puede compartir, pero una vez que lo destinás a tu entrepierna, como que se convierte en un objeto muy personal.

En la mochila hidratadora me entró bastante ropa (parece que el secreto era doblarla y no meterla hecha un bollo, a los golpes). Entre ella había tres pares de medias, una malla (porque si llega a hacer calor, hay una pileta que va a cotizar), varias remeras, un pantalón con calza, abrigo, un piloto por si llueve y una toalla (no confiemos que en la cabaña va a haber). Como si fuera poco también me entraron el monitor cardíaco y el reloj Garmin.

Otra cosa imprescindible es el comprobante de pago, porque vamos a retirar los kits allá en Tandil, y tengo todo en mi poder. Un descuido y 14 personas se quedan sin correr (y de paso me linchan).

Y probablemente lo más importante que llevamos es mucho entuiasmo, y varios meses de entrenamiento. Vamos a pasarla bien, pero también vamos a exigirnos en una carrera a la que ninguno quiere subestimar…

Semana 23: Día 158: Tandil 2012

Se viene, una vez más, la Merrell Adventure Race de Tandil 2012. Así como en algún momento se jugó la Copa Toyota Libertadores, esta carrera tiene un main sponsor justo encabezando el nombre. En mi caso, como seguramente le pasó a muchos corredores, no sabía de la existencia de esta marca. O sea que, como estrategia de marketing, funciona.

Si empiezo a analizar por qué cada año vamos en malón a este evento, podría suponer que no es por la geografía, ni su gente, ni los quesos ni los salamines. Quizás podrían hacer la Merrell Adventure Race en San Pedro, y también movilizarían a más de 2 mil corredores. Pero, al menos para nuestro grupo, esto es como un viaje de egresados, combinados con una exigente carrera. O sea, vamos un poco por la joda, otro poco por competir.

Da la casualidad de que va a coincidir con nuestro aniversario con Vicky. Así que nos vamos a escapar el viernes 16 hacia Tandil, veremos algunas rocas para mi chica geóloga, y yo me lamentaré constantemente de que no tengo buena señal 3G. Pero bueno, hace un año la invité a participar con nosotros en una posta, y no pudimos evitar enamorarnos inmediatamente. Nos la pasamos el viaje de ida (con escala en Mar del Plata), haciendo chistes de Los Simpson, Les Luthiers, y compitiendo a ver quién sabía más sobre Batman (debo decir que gané). Hoy lo recuerdo y tengo esa mezcla de que fue hace tan poco, y a la vez hace tanto…

Hoy Tandil tiene, además de esa connotación de viaje de fin de curso, el gusto especial que tiene esta relación. Será que los lugares representan distintas cosas para cada uno, independientemente de si tienen mar, bosque o sierras. Para Vicky y para mí, además, es un escalón antes de Patagonia Run (a la que todavía no le pusieron un sponsor en su título), donde ella va a competir en los 63 km y yo en los 100.

Algunos van a disfrutar del paisaje. Otros de la comida. Algunos van a competir. Nosotros vamos a todo eso. Y a disfrutar de otro año de running, aventura, joda y amor. ¿Se puede pedir más?

Semana 50: Día 344: La recuperación post-carrera

Algo que alguna vez pasé por alto y que es tan importante como entrenar y cuidarse con la alimentación (antes y durante la carrera) es lo que hacemos después.

No es la primera vez que corro la Merrell de Pinamar. De hecho es la tercera (cuarta, si contamos cuando hice la última posta en 2008). Cuando hice el recorrido completo por primera vez, luché contra una rodilla muy dolorida por un ligamento cruzado interno lesionado. Era el domingo 13 de septiembre de 2009, y llegué haciendo un muy buen tiempo por ser mi primera Merrell completa: 3 horas 5 minutos. La lesión molestó mucho, pero lo superé y pude llegar a la meta después de caminar un poco.

El día siguiente era lunes, y teníamos entrenamiento. Nunca son muy exigentes, generalmente es sólo elongar, o hacer un trote muy, muy suave. Pero estaba cansadísimo, así que cambié esa rutina por ir al cine. Cuando salí de la sala me dolía todo el cuerpo, en especial la espalda. Los cuádriceps estaban agarrotados y duros, y quien me viese caminar seguramente me confundiría con Robocop. El hecho de que esa noche haya terminado en cama con 39 de fiebre tiene que ver con que ante un esfuerzo muy grande, pueden bajar las defensas del sistema inmunológico. Pero además cometí el error de quedarme todo el día sentado, descansando, cuando en realidad el cuerpo sigue en estado de alerta, y necesitamos eliminar todo el ácido láctico acumulado en los músculos.

Otros años y ante otras carreras aprendí la importancia de caminar, elongar y entrenar al día siguiente. Es cierto que este año no lo hice porque me quedé un par de días más en Pinamar, pero no nos quedamos sentados con Vicky, sino que caminamos mucho por la playa, y fuimos notando cómo los dolores iban desapareciendo de a poco.

Inmediatamente después de correr lo primero que hay que hacer es elongar. Si podemos caminar, mucho mejor, así vamos eliminando las toxinas. Lo que se llama “regenerativo”. En mi caso, después de estirar, hidratarme y comer un par de bananas para no invocar a los calambres, volví por la costa hasta interceptar a Vicky. Corrí su último kilómetro y medio a su lado, y aproveché para regenerar.

Es importante también tomar una bebida isotónica para reponer hidratos y minerales. Y un error muy común que comete mucha gente es festejar la carrera con un abundante asado, torta y helado de postre. Uno de los órganos más exigidos en estas competencias largas es el hígado, encargado de purificar la sangre. Al haber estado tan sobre-exigido, al igual que el páncreas, cualquier alimento grasoso nos va a golpear más fuerte que una patada de Chuck Norris. Lo ideal es elegir hidratos y comida saludable. El festejo y el desborde bien puede esperar uno o dos días después de la carrera…

Semana 49: Día 343: ¿Hasta cuándo voy a correr?

Hay una pregunta que nunca me hice, y sin embargo me la han planteado varias veces, y es ¿hasta qué edad tenés pensado correr? Supongo que el running se transforma en una rutina diaria, y no me imagino dejar de hacerlo.

Quizá a algunas personas les intrigue estas cuestiones del deporte. Algunos lo verán como una moda pasajera, a otros se les escapará de sus estándares de comprensión. Seguramente haya quienes nos subestimen, y crean que es cuestión de tiempo hasta que nos rompamos algo para dejar esa “locura”. Pero no está mal intentar imaginarse si vamos a correr hasta el último de nuestros días.

Siempre asumí que iba a correr por muchos años más. De hecho el tema de que no me estaba haciendo más joven fue uno de los disparadores para empezar Semana 52 y empezarlo ya. Pero nunca me planteé si un día iba a dejar de hacerlo. En mis épocas de inconstancia abandonaba el entrenamiento meses, quizá medio año, pero a la larga volvía, porque esa ansiedad por correr jamás desaparecía. Mi amigo Tin siempre dice que tiene planeado vivir hasta los 120 años y jugar al fútbol hasta los 100. ¿Podría yo pretender algo así?

En las carreras, como en la reciente Merrell de Pinamar, vi de todo, corredores de cualquier edad, forma, tamaño y color. Me crucé con quienes parecían deportistas de más de 60 años (y cuando digo que me crucé quiero decir encubiertamente que me hicieron morder el polvo… o la arena en este caso). Germán, nuestro entrenador en Puma Runners, insistecon que los que empezamos a entrenar a los 30 años corremos con ventaja, ya que los que lo hacen desde adolescentes acumulan lesiones que en la acutalidad los retienen. Quizá sea así, posiblemente no como regla general. Pero es cierto que nunca me lesioné por sentarme horas frente a la tele o la compu. Cuando me fracturé el tobillo fue por hacer deporte.

Esa fractura no me impidió en absoluto entrenar años después. Pero alguien con una vida de actividad física intensa podría tener un físico más entrenado, y a la vez más magullado. Mientras paseábamos por Pinamar, con mis compañeros corredores debatíamos si es cierto ese mito que dice que los ultramaratonistas o los deportistas de alto rendimiento viven menos años. Es un tema que da para mucho análisis, porque habría que determinar comparados con quién (quizá con corredores de maratón, y no con personas sedentarias y con sobrepeso).

Me gusta planificar, pero no más allá de un año. Por eso sé que en 2012 voy a seguir corriendo y juntando experiencia. Ya voy soñando con desafíos cada vez más complejos, sin miras a parar en un futuro próximo. Si sufro alguna lesión, como me ha pasado en el último año, tendré que descansar hasta reponerme. Y cuando esté cerca del 100%, seguir. Quién sabe en qué momento de mi vida contemplaré si me detengo o no…
Aprovecho que conseguí algunas fotos de los 27 km de la Merrell Adventure Race Pinamar 2011, para compartirlas. No le hacen justicia a la maravillosa experiencia de vivirla en carne propia, pero a dos días de haberla corrido ya me causa una pequeña nostalgia…

Semana 49: Día 342: Algunas observaciones sobre la Merrell de Pinamar

La Merrell de Pinamar suele ser una vacación para muchos corredores. Además de ir en patota y entre amigos, el aire del mar relaja y aclara bastante la cabeza.

No tiene sentido llegar el mismo día de la carrera y lanzarse a hacer los 27 km. Ni siquiera una posta. Hay que estar descansado y no agarrotado del viaje. Lo ideal es estar más de un día antes, desde el viernes, cosa de tener todo el sábado para relajarse.

Me sorprendió que la remera oficial de esta Merrell fuese de manga larga. Creo que es de los modelos más lindos que han entregado, pero se veía venir que el clima iba a estar agradable, y aunque hiciese un poco de frío, es inevitable entrar en calor. Creo que por el kilómetro 10 me arremangué y fui así todo el trayecto.

Me sorprendió que en los puestos de hidratación entregasen agua de bajo contenido de sodio, cuando es lo contrario a lo que un deportista necesita. Sí es ideal para hipertensos, pero para los que necesitamos mantener nuestros niveles electrolíticos es malísimo. De hecho en las maratones suele haber más fatalidades por corredores que se hidratan mal que por deshidratación. Cuando pienso cómo pueden cometer esta irresponsabilidad, se me ocurre un único motivo: el dinero. Creo que habría que buscar otros auspiciantes, o hacer menos comercio y cuidar más a los competidores. Es el único aspecto negativo que le vi a esta edición.

Esta Merrell fue un golpe a mi orgullo (como suelen ser todas estas carreras largas). Si bien superé mi objetivo de bajar de las 3 horas, no pude evitar bajar el ritmo por dolores abdominales. Me dijeron que en la segunda posta pasé a 15 minutos de la cabecera, pero el ganador llegó una hora antes que yo. Tuve que detenerme a sacarme arena de adentro de la zapatilla, aunque inenté aguantar toda la carrera. Imposible.

Mientras corría, y creo que esto le pasa a todo el mundo, miraba los tobillos de los corredores que me pasaban raudamente por mis costados. Buscaba la cinta con abrojo que indicaba un equipo o una posta. Si el chip estaba enganchado en la zapatilla, era un corredor individual.

Posiblemente la Merrell esté armada de la mejor forma, porque la segunda posta (y mitad de la tercera) son las más duras, con mucha subida de médanos y arena floja. Si el recorrido fuese a la inversa y esta parte estuviese sobre el final, unos cuantos quedarían en el camino. Por supuesto que la mente juega un papel fundamental, y cuando ingresás al bosque por segunda vez, todas esas lomitas de arena, la pinocha y las raíces son una patada a la motivación. Hay que apretar los dientes y seguir.

Llegar a suelo firme y asfalto termina siendo un alivio, cuando ya faltan pocos kilómetros para la meta. El tema es que ahí ya no me quedaban fuerzas, corría “a puro huevo”. Me hubiese encantado meter un pique en ese momento. Ya no es sólo una cuestión mental, no somos nosotros deteniéndonos por el malestar general que sentimos. Un poco sí. La energía se acaba, por eso es tan importante consumir alimentos para que siempre quede algo de resto. Aún después del último kilómetro de playa, es inevitable hacer un sprint en los últimos 100 metros de asfalto.

Aunque en el trayecto odié la arena, y me acordé de todas las veces que corrí en ese terreno y juré no volver a hacerlo, terminar es una alegría indescriptible. Aunque el cuerpo está entumecido y agarrotado, el dolor se mezcla con el orgullo, y hace que todo haya valido la pena. Importantísimo no embriagarse de autofelicitaciones y ponerse a elongar y recuperarse. Tanto más importante es mantener la actividad física los días posteriores,  para seguir aflojando. Con un entrenamiento suave el lunes, para el día siguiente o el posterior ya podríamos dejar de notar molestias.

Semana 49: Día 341: Los 27 km de la Merrell Adventure Race Pinamar 2011

Llegando a la meta, con mis últimas fuerzas

Voy a sacarme esto del pecho primero que nada: odio la arena. Cada vez que corro en Pinamar, me insulto, me arranco los pelos de las cejas (porque estoy pelado) y juro no volverlo a hacer. La arena se mete en las zapatillas, te obliga a retrasar muchísimo el ritmo, y te quema los cruádriceps. Pero eso es durante el trayecto, cuando termino me siento orgulloso y seguramente en unos meses prometa volver a participar en 2012.

Para esta Merrell hice algunas cosas bien, otras mal, así que me siento un poco nivelado. En principio, evité desde el día de ayer consumir fibras, y asumo que por eso no tuve problemas estomacales. Creo que es la primera vez que en una carrera de tantas horas zafo de esta molestia. Por el otro, mantuve mi estrategia de siempre, de apurar el ritmo al principio e ir acomodándome después, y creo que por eso me dio un fuerte dolor en el bazo (el mentado “flato”) y tuve que bajar muchísimo la velocidad. Pero en general hice una carrera que me dejó satisfecho.

Me preparé como siempre, desayunando temprano. Me cargué el camel con agua, guardé en sus bolsillos los geles y pasas de uva, una banana, cinta hipoalergénica, vaselina sólida y solución fisiológica. La carrera empezaba a las 10, así que 9:30 estábamos con los Puma Runners elongando en la playa. La idea era salir todos juntos y tomar unas buenas fotos grupales, pero no sabían con quién estaban lidiando, así que en la primera oportunidad me separé del grupo y me fui adelante de todo. Yo juré que esto de cortarme solo lo voy a dejar de hacer cuando termine Semana 52. Durante este año intenté siempre hacer el mejor tiempo posible, y esto de irse abajo del arco es clave para escaparle al embudo y no perder segundos (o minutos) valiosos. Lo prometo, lo dejo por escrito: dejo de ser un asqueroso a partir de septiembre.

La salida fue 10:05, según mi reloj nuevo. Marqué mi cronómetro y largué a toda velocidad. Empecé con un ritmo de 3:30 el kilómetro. Mi idea era hacer menos de 3 horas, así que si iba a 5 minutos el kilómetro iba a estar bien. Por supuesto, no importa cuánto planifiquemos las cosas, siempre surgen imprevistos. Mientras avanzaba sobre la arena, inevitablemente bajaba mi velocidad. El reloj andaba de maravilla, y podía ver al instante la distancia que estaba haciendo. Nos metimos en los médanos, pasando la primera posta, y ahí empezaron las subidas más complicadas. En el km 8 me tomé un gel, porque ya sentía las piernas cansadas y temía quemarme.

Me empezó a doler el costado muy fuerte. Empecé a disminuir la velocidad, buscando que pase ajustando mi respiración. Cuando llegué al km 10, mi reloj se detuvo. No entenía qué había pasado. Lo puse en cero y le di start. Un kilómetro después, se volvió a detener. Y a menos que lo reseteara, no había forma de que empezara nuevamente. Tuve una iluminación y recordé que le había metido algo al seteo, sin saber bien qué estaba haciendo. Calculo que establecí una velocidad promedio de 5 minutos el kilómetro, algo imposible para mí en los médanos. Cuando bajaba demasiado de ese ritmo, el bendito reloj se enojaba y se detenía. Lo ajusté y ahí aguantó hasta el final.

En cada posta me tomé un gel, y luché contra el dolor de cuádriceps que me acompañó los últimos 10 km. Atravesé los diferentes terrenos (bosque, arena, asfalto) a pura fuerza de voluntad. Me sentía bien, pero le estaba poniendo todo lo que tenía.

Vi la meta desde la playa (durísima, después de estar 25 km corriendo) y crucé la meta en 2 horas, 40 minutos, 30 segundos. Cumplí mi objetivo de dejar atrás la paupérrima performance del año pasado, cuando corrí con resaca. Vicky corría los 27 km por primera vez, así que dejé de lado el estado de agarrotamiento general, y volví a buscarla. Corrimos el último kilómetro juntos, de la mano en muchos momentos (esto, además de por cuestiones románticas, obedecía a que yo tenía las manos heladas y ella hinchadas… nos complementamos perfectamente).

Saqué muchas conclusiones de esta carrera. Pero prefiero seguir meditándolas para desarrollarlo mañana. Estoy muy contento de haber mejorado mi tiempo, de haber acompañado a Vicky en su debut de una Merrell completa, y ahora nos quedamos un par de días para descansar, y recuperarnos de tamaño esfuerzo.

Semana 49: Día 340: Congestionado en Pinamar

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Como adelantaba en el post de ayer, llegamos a Pinamar con un importante contingente de Puma Runners. Y como para aumentar un poco de nerviosismo pre-carrera, estoy tan congestionado que me cuesta respirar.

Esto es algo que nunca me preocupó. Uno se suena la nariz, y a otra cosa. Pero con el running, la cosa empieza a tomar otra importancia. Mientras entreno, me suelo olvidar un poco de quien tengo al lado, y me sueno en el trayecto. No me imagino llevarme un pañuelo durante el entrenamiento, limpiarme y después seguir corriendo. Ni siquiera tener de los descartables, lo que además me obligaría a buscar un tacho para no andar ensuciando la vereda. No, en realidad hago algo que me da un poco de asquete, que es sonarme resoplando por un agujero de la nariz, presionando el otro con un dedo, para que el moco caiga al suelo y, con algo de suerte, nadie que pase después lo note.

Es una doble moral, sinceramente me repugna cuando alguien escupe al suelo, en forma sonora, pero es como que cuando corrés tenés una cierta impunidad… no debería ser así, supongo. Siempre intento sonarme sobre el pasto, como para disimilar, y no hacerlo cuando hay una mujer cerca, porque eso sí me da bastante pudor.

La congestión me jugó una mala pasada en la Merrell de Tandil, y recién en el km 15 (de 27) pude empezar a respirar normalmente. Ni hablar delos 7 km de la Kleenex, donde hacían 2 grados bajo cero de térmica. A diferencia de la anterior, en esta mi idea era hacer velocidad, por lo que necesitaba renovar el aire en forma mucho más rápida. Me sentí pésimo, y eso hace que me preocupe la carrera que tengo mañana por la mañana, ya que ahora me siento mucho más congestionado que en otras ocasiones.

Llevé esta preocupación a mi nutricionista, sólo por chusmear, y me recomendó algo que funcionó de maravilla: solución salina. Esta agua que se usa para nebulizaciones (en forma de nube) se puede aspirar líquida por la nariz. Es algo bastante asqueroso, pero la solución llega a la garganta, y en el proceso abre la vía. Después la nariz se transforma en una canilla que gotea, y listo. Respiración garantizada. No sé cuánto dura esto, lo probé el miércoles en el entrenamiento y me alcanzó. Pero claro, no sé cómo me va a ir durante una carrera donde voy a estar 3 horas como mínimo. Si en la Merell de Tandil se liberé de la maldita congestión en la mitad, combinando con esta técnica posiblemente lo resuelva. Ojalá.

Ahora estamos yendo abuscar nuestros kits, donde nos darán la remera y el chip. A diferencia de otros años, la de este es de manga larga, verde y negra. Debe ser una de las más lindas que he visto desde que participo en carreras, de 2009. Pero (siempre hay un pero) el clima está mejorando notablemente, y quizá este modelo sea demasiado caluroso para mañana. Lo averiguaremos pronto…

Semana 49: Día 339: Rumbo a Pinamar

Hoy parto rumbo a Pinamar, para correr el domingo la Merrell 2011. Son 27 km con mucha, mucha, mucha arena. Mucha. Es también un desafío pendiente para mí, porque en 2009 la corrí con la rodilla lastimada y tuve que frenar. A puro huevo, la pude terminar. En 2010, luego de una borrachera histórica (me despedía del alcohol para poder empezar Semana 52), una resaca que se mantenía firme, 29 horas después, me hizo correr la peor carrera de mi vida.

Este año es de reivindicaciones. Pero por las dudas estoy yendo congestionado, con tos y un poco de molestia en el pecho. Como para preocuparme y sentir en la nuca los suspiros del inminente fracaso. Considero que a menos que me corten una pierna con una motosierra, es imposible que me vaya peor que el año pasado. Me gustaría hacerla en 3 horas, como la Merrell de Tandil que corrí el 13 de marzo. Eso me haría muy feliz. Pero con llegar mejor que en Pinamar 2010 (3 horas 22 minutos 56 segundos) voy a estar más que satisfecho.

Recordar esta Merrell me trae el recuerdo de cuando me estaba preparando, hace diez kilos atrás, y decidí empezar a escribir un blog. En realidad Semana 52 cumple un año el 17 de agosto, que es cuando escribí mi primera entrada. El desafío nutricional y deportivo empezó el 1 de septiembre. Aunque al proyecto le quedan todavía un par de semanas de vida, me sorprende lo rápido que pasó. Todavía no me queda muy en claro si el tiempo pasa más lento si uno está entretenido, o si es al revés. O uno envejece y los años van durando cada vez menos…

En la Merrell Pinamar 2010 hizo un tiempo espectacular para la época, y lo mismo para la de 2009, que fue la primera carrera de mi vida (haciendo la última posta, de 7 km). En ese momento me parecía tan lejano poder hacerla entera… El año pasado escribí un post, inspirado en la experiencia, y ahora que lo leo me doy cuenta todo lo que me faltaba por aprender. Supongo que cada nueva carrera, con las cositas que le voy agregando (como el reloj con GPS que me acaba de llegar) son aprendizaje. Uno va descubriendo sus límites, cómo mejorar el desempeño, achicar los márgenes, y qué cosas funcionan mejor que otras. Creo que si no sintiera que este desafío me va a dejar algo, me quedaría en casa lustrando mis muñecos de He-Man…

Mi otro pequeño desafío este fin de semana “largo” (porque me quedo en Pinamar un par de días más allá de la carrera) es intentar actualizar el blog estando fuera de casa. Son esas pequeñas cositas que me entretienen.

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