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Semana 28: Día 195: El dolor es vida

Hans Ruesch era un suizo-italiano que participó en distintas actividades. Fue defensor de los derechos de los animales, corredor de carreras de autos (para las escuderías de Maserati, Alfa Romeo y MG) y un prestigioso novelista. En 1950 escribió un libro llamado “Top of the World”, que en nuestra latitud se conoció como “El País de las Sombras Largas”. El protagonista era Inuk, de la tribu Inuit, interpretado en 1961 por Antonny Quinn para la versión hollywoodense. Lo curioso es que Reusch jamás había visto a un esquimal en su vida.

Si bien el frío que sentimos ayer en la largada de la Merrel Tandil 2011 no se compara a la que se sufre en el polo norte, con días que duran 5 meses, recordé esta historia que leí en la secundaria, obligado por la profesora de Lengua y Literatura. Inuk era un cazador de osos polares, y en una ocasión se hiere de gravedad. Sin embargo, mantiene la calma. El dolor que siente constantemente le indica que está vivo. Si su vida se le estuviese escurriendo de entre los dedos sentiría calma, entumecimiento, y un dejo de pasividad.

El dolor es una consecuencia difícil de ignorar, luego de correr 27 km en las sierras (algunos dicen que la distancia no comprende los ascensos y descensos, y que el trayecto terminó siendo más largo). Aunque muchos corredores nos terminamos quejando, todas esas molestias se visten con gran orgullo. En gran medida, significa que hicimos un esfuerzo muy grande, que el cuerpo se resintió, y que estamos vivos (ni más ni menos).

Llega ahora la etapa en la que tenemos que recuperarnos. Más allá de la hidratación y la ingesta de hidratos inmediatamente después de la carrera, lo que hagamos el día después va a definir cómo nos sintamos el resto de la semana. No elongar ni hacer un trote leve, va a significar que 48 hs después de esta competencia estaremos peor. Hoy mis dolores pasan principalmente por mis rodillas, y tengo algo resentidos los cuádriceps y los gemelos. Además me duele la parte superior de la espalda, y en menor medida los brazos. Cualquiera diría que me han dado una paliza, pero lo cierto es que me la di yo mismo.

No creo que más entrenamiento implique menos dolor. Desconozco cómo alguien pudo correr 365 maratones en un año sin que le duela nada (¿desayunaba cereales con ibuprofeno todas las mañanas?). Hay un cierto nivel de desarrollo muscular que seguro ayuda, pero sospecho que hay un punto en el que es inevitable resentirse. Y eso no debería desanimar a nadie. Ciertas molestias se pueden evitar, con un buen calzado y desarrollando la fuerza muscular. Pero la clave para calmar el dolor posterior a una carrera es seguir avanzando. Es la única forma de terminar de eliminar el ácido láctico. El cuerpo sigue en estado de alerta, y hay que ir trayéndolo de a poco a nuestro estado normal. Dejarse estar es abrirle la puerta al dolor para que se quede en casa unos días extra.

Todo esto que sentimos nos indica que estamos vivos. Y que necesitamos seguir avanzando.

Semana 28: Día 194: Los 27 km de la Merrel Tandil 2011

Cara de felicidad en la largada, antes de saber que la iba a pasar muy mal

Primero que nada, huelga una aclaracion: estoy escribiendo este post en una notebook que no me permite poner acentos ni enies. Es por eso que me veo en la bochornosa obligacion de colaborar con la incultura y que en la Internet haya un texto plagado de errores ortograficos. Hecho este aviso, insto a que todos en su casa tomen un marcador indeleble y escriban en su pantalla cada error que encuentren. No esta de mas ejercitar la escritura.

Pero no estoy aqui para dar clases de lengua, sino para hablar de la Merrel Tandil, que finalizo hace tres horas para mi. Quiero que sepan que esta es una historia de triunfo, de compromiso, y no se asusten si al principio del relato parece que tuve que flaquear. Creo que todos los corredores sufrimos mucho al inicio de una carrera, quiza hasta la odiemos durante todo el trayecto. Pero al cruzar la meta, todo cambia: uno ama el gigantesco esfuerzo que acaba de realizar, y quiere mas.

Anoche cocinamos una cena de pastas con salsa. De postre hubo queso y dulce, y nos fuimos a la cama a una hora razonable. El desayuno fue el de siempre (no conviene innovar): copos de maiz con yogur descremado, pasas de uva y un te. Como adelante en el post anterior, el clima no estaba de nuestro lado. Llovio durante todo el dia, y en algunos momentos casi diluvio. Asi que el recorrido iba a estar embarrado, patinoso y, en consecuencia, mas complicado. En la Merrel Tandil 2010 hice un tiempo de 3 horas 45 minutos, y lo queria mejorar. Sabia que estaba mejor entrenado, mas liviano y mentalmente preparado. Me conformaba con bajar 15 minutos, aunque media hora me parecia la gloria. El hecho de que el camino iba a estar mas complicado me hizo mantener una perspectiva mas humilde.

En la largada nos fuimos bien adelante con Marcelo, con quien estuve entrenando codo a todo todos estos meses. Queriamos evitar el embudo de la salida, y aprovechar tanta cuesta que tenemos encima para superar una subida inicial bastante complicada. Es un punto en donde la gran mayoria de los corredores caminan, y si no nos adelantamos es frustrante tener que buscar huecos para pasar. Salimos disparados, a los pocos segundos de que el cronometro indico la salida. Todo venia de acuerdo al plan. Sacamos gran ventaja, nos fotografiaron felices, y todo estaba bien con el mundo. Excepto que, a los pocos kilometros, me empezo a doler el costado. Me di cuenta de que estaba congestionado, y aunque estaba muy bien abrigado, el frio me empezaba a afectar. Me costaba respirar normalmente. Me agite enseguida, y todavia me quedaban mas de 20 kilometros por delante.

La clave para no aflojar fue Marcelo. El mantenia su ritmo, nos pasabamos unos pocos pasos y nos alcanzabamos. Eramos un equipo, aunque en forma no oficial. Yo le daba aliento constantemente, aunque el que lo necesitaba era yo. Confieso que hagolas carreras relatando el post de Semana 52 en mi cabeza, y ya estaba pensando como explicar esa sensacion de derrota con la que estaba empezando. Lo peor fue que no mejoraba, si bien manteniamos un muy buen ritmo, cada vez me sentia peor. Pero no afloje, esa camaraderia/competencia que tenemos siempre con Marcelo me ayudaba a mantener el ritmo. Me queje, me sone la nariz cada treinta pasos, y segui poniendo un pie delante del otro, siempre. Me sorprendio lo rapido que llegamos a la primera posta. En otras carreras siempre tuve la sensacion de que no llegaba mas. Fue un alivio saber que ya habia pasado un cuarto de carrera.

Intente en algun momento retenerlo a Marcelo. Era su debut competitivo, y no queria que se agotase las piernas. Todavia nos quedaban las partes mas complicadas en las sierras. Todas las subidas las haciamos corriendo, quiza demasiado rapido. En un momento las piernas no dieron mas, y empezamos a subir las partes mas empinadas caminando a paso veloz.

Escupi mocos todo el tiempo. Estaba un poco frustrado. Uno suele pensar en el peor escenario posible, y aunque sabia que solo abandonaba esa carrera en camilla, no me podia imaginar como iba a aguantar toda la carrera asi. El cuerpo entro en calor, y el abrigo empezo a molestar. Subestime a mi cuerpo, casi nunca corro con mangas largas, y esta vez demostro que no iba a ser la excepcion. Me cruce con mi entrenador en una subida y le di la gorra, el rompeviento y mi remera de manga larga. Me sorprendio como se aligero mi camelback al sacarme de encima ese peso muerto, y obviamente me senti mucho mas comodo.

A partir de la segunda posta, ya no me sentia tan ahogado. Las piernas las sentia cansadas (hicimos un esfuerzo extra para despegarnos del peloton de la largada) y eso era todo. Sabiamos que nos faltaba la mitad de la Merrel, y que el cuerpo nos iba a alcanzar (siempre y cuando no surgiese un imponderable). El sol asomaba y se escondia. El viento soplaba muy fuerte arriba de las sierras, y en algun momento me senti un barrilete. Pero, como siempre, el objetivo era seguir avanzando. Me torci el tobillo derecho cuatro veces, patee una piedra con el pie izquierdo cuando la quise saltar y casi me voy de boca al piso, y me patine en una bajada y al caer (de espaldas) me di la rodilla izquierda contra una roca. El cansancio me hacia sentir mas torpe (que de costumbre), pero fui aguantando. Si no me lastime, lo atribuyo al entrenamiento y a haber fortalecido los musculos y tendones.

Con Marcelo no nos separamos mas de 10 metros toda la carrera. Las bajadas sin obstaculos y el llano era donde intentabamos acelerar y ganar terreno. Las subidas las haciamos caminando (sobre el final no era una decision, sino que era fisicamente imposible para nosotros), e intentabamos descender con extremada precaucion cuando habia muchas rocas. La tercera y ultima posta llego y ahi me parecio que estabamos haciendo muy buen tiempo. Es la tercera vez que corro en Tandil (la primera vez hice las dos postas finales) y llegar a los puestos de hidratacion me parecia eterno. Ahora sentia que nuestro ritmo podia ser mejor del que imaginabamos. Me tome un gel con extra cafeina, y seguimos avanzando. En alguna subida que quise hacer caminando, me paso algo por primera vez en mi vida: me empece a acalambrar. Los dedos del pie se me agarrotaban y se doblaban hacia adentro. Los gemelos temblaban y sentia como si tuviese enganchado un anzuelo que tiraba para arriba. No quise frenar, pero tampoco queria arruinarme las piernas. Intente hacer las subidas con prudencia, y matar esa situacion con la indiferencia. Por suerte, funciono, y el calambre no llego.

Pude reconocer algo de la geografia para saber que nos acercabamos al final. Desde la cima de las sierras veia el lago, y sabia que eso indicaba que el dique estaba cerca. Despues de cruzarlo, quedaban pocos metros para la llegada. Las ultimas bajadas las hicimos bastante lento. Algunos corredores nos pasaban, casi que se tiraban, pero el cansancio de las piernas me hacian sentir torpe, y no queria terminar rodando por encima de las piedras. Llegamos al dichoso dique, en donde empece a aumentar la velocidad. Poder correr por llano despues de mas de 26 km era liberador. Llegue a la escalera donde me detuve en 2010. La recordaba de seis escalones, no se por que. Hoy me di cuenta queran como 20, y note la gran diferencia a mi experiencia anterior cuando la pude subir a los saltos. En los ultimos metros sobre el pasto aumente un poco mas la velocidad. No queria hacer un pique hasta no ver la llegada. Entre los arboles vi el arco que indicaba el fin de la Merrel. Hice un sprint con lo ultimo que me quedaba. Cuando hice la ultima curva y pase a los arboles, pude ver finalmente el cronometro. No podia creer el tiempo que estaba haciendo. Cruce la meta a las 2 horas 58 minutos (aproximadamente). Respecto a 2010 baje mi tiempo mas de 45 minutos.

Con Marcelo reclamamos nuestra medalla, almorzamos y nos quedamos tirados en el pasto, elongando y felicitandonos mutuamente. Superamos mi pronostico mas optimista, aun cuando supuse que el terreno embarrado nos iba a retrasar. El entrenamiento con los Puma Runners fue lo que hizo la diferencia. No corri con mayor seguridad que la ultima vez, no senti que estuviese haciendo un mayor esfuerzo. Di lo mejor de mi, y el umbral de resistencia y potencia de piernas, gracias a no dejar de ejercitar todos estos tiempos, es lo que nos permitio hacer ese tiempo. Ahora estamos en el hostel, guardando las cosas y planificando el regreso a casa. En la mesa, mientras estoy a un costado actualizando el blog, el resto de los chicos y chicas comparte anecdotas de la carrera. Mery se me acerca y me dice “pone que corri mejor de lo que esperaba”. Muchos debutaron en Tandil, y coincidieron en que es una prueba mucho mas dificil que Pinamar.

Ahora resta descansar, seguir reponiendo agua e hidratos, y no dejar de entrenar. El acido lactico hara estragos en nosotros en cualquier momento, y la unica forma de menguar el dolor es elongar y seguir corriendo. Si algo saco de esta carrera es que no hay que detenerse. Se puede desarrollar la capacidad pulmonar y la potencia de las piernas, pero la cabeza tiene que estar en funcion de no abandonar. Es algo que tambien se entrena, y lo venimos desarrollando desde hace mucho tiempo.

Semana 28: Día 193: Probabilidad de tormentas aisladas

Con los Puma Runners llegamos, finalmente, a Tandil. Nos dimos el lujo, ya que salíamos temprano desde Capital, de hacer una mini-escala en Mar del Plata y disfrutar del mar, en un hermoso día de 36 grados.

Arribamos a la ciudad en la que se correrá la Merrel pasadas las 10 de la noche, y nos encontramos con el resto de los corredores para comer unas pizzas (milanesas de soja al pan para mi). Esta mañana (sábado) nos despertamos con una fina llovizna, de esa que casi no moja y hace que llevar paraguas sea un poco vergonzoso. Pero el cielo está cubierto y no parece aflojar.

Por un lado, bajó bastante la temperatura, y eso en una carrera larga va a ser una bendición. Por el otro, el pronóstico adelanta que las lluvias van a mantenerse mañana, día de la carrera, con probabilidad de tormentas aisladas. ¿Qué significa eso para nosotros?

Bueno, la Merrel no se suspende, a menos que vengan los ángeles con sus siete trompetas a anunciar el fin de los tiempos. Eso tienen las carreras de aventura, cualquier dificultad le agrega sabor. Casi diría que la organización desea que esto pase: se asegurarían unas fotos espectaculares si llegamos a la meta sucios, empapados, con barro hasta las rodillas. Hay quienes dicen “ojalá”, y otros geniunamente preocupados.

Las veces que entrenamos con lluvia o con el terreno embarrado nos preparábamos para una eventualidad como esta. Nunca sabemos con qué clima nos vamos a encontrar en una competencia, y así alguna vez tuvimos una Merrel con 24 grados en invierno, siempre puede tocar una carrera lluviosa durante verano.

Esta carrera en Tandil será el primer desafío en esta ciudad para muchos compañeros, mientras que para otros directamente será su debut competitivo. Mi ilusión es mejorar mucho mi marca del año pasado (3 hs, 45 minutos), y sin lluvia seguro lo hubiese logrado. Ahora habrá que ver, hay pendientes bastante inclinadas de tierra, que mañana van a ser patinosos toboganes de barro. Correr sobre las piedras, con la peligrosidad que eso conlleva, se vuelve especialmente riesgoso si está todo mojado.

Hay una maldición china que desea a la otra persona vivir “una vida interesante”. En este caso podemos verlo como una bendición: nunca se corre la misma carrera, el cuerpo cambia, y el terreno también. Mañana veremos cómo nos encuentran las sierras, pero lo que nos entregue la ciudad de Tandil, lo vamos a conquistar. Una tormenta aislada antes o durante una competencia no hace a las cosas más aburridas, sino un poquito más interesantes…

Semana 28: Día 190: Palpitando la Merrel de Tandil 2011

En dos días partimos un contingente de Puma Runners hacia la ciudad de Tandil, en la que participaremos de la popular carrera auspiciada por Merrel. Un puñado hará el recorrido en postas, y otros intentaremos los 27 km en soledad.

Esta competencia es una de las más convocantes dentro de nuestro grupo. El fin de semana pasado podía comprobarse: nadie se quiso perder el entrenamiento, y unos cuantos nos bancamos las 40 cuestas, último ejercicio fuerte antes de Tandil. La tradición indica que tenemos que ir a esta ciudad algunos días antes, para descansar, y por supuesto, adquirir ciertos encargos, como quesos y embutidos. La travesía comienza recorriendo los 350 km que separan Tandil de la Capital en auto, a mate y (si la hora lo amerita) vino. Por supuesto, el que maneja se pierde todo el ritual.

Cuando llegamos, nos repartimos caprichosamente entre las habitaciones, y si es de día pensamos en el almuerzo, si es de noche en la cena. Recorremos un poco la ciudad, aunque ya la carrera es todo un paseo por su geografía. Como gran parte de la historia argentina, Tandil empezó siendo un fuerte (llamado Independencia), cuyo objetivo era detener a los malones aborígenes (legítimos dueños de la tierra). Fue fundada por Martín Rodríguez en 1823, aunque Juan de Garay había explorado la zona en 1581. El capítulo más oscuro y a la vez bastante largo de su historia son los muchos enfrentamientos con los pueblos originarios (pampas y ranqueles). Hasta hubo una cruenta masacre de inmigrantes europeos, en el año nuevo de 1872, en manos de enardecidos y xenófobos criollos. Entre 1869 y 1878 se llevó a cabo la infame “Conquista del Desierto”, llevada a cabo por ese señor que está en los billetes de 100 pesos, y en la que se exterminó una inmensa porción de aborígenes locales.

En 1895 se oficializó el nombre de Tandil para la ciudad. En lugar de seguir rechazando al europeo, su influencia empezó a cambiar la zona. Los inmigrantes italianos, españoles, daneses y vascofranceses fueron los responsables de que hoy esta localidad sea famosa por sus embutidos y sus productos lácteos. Aunque sus principales actividades son la ganadería, la agricultura y la minería, en las últimas décadas empezó a crecer fuerte el turismo. Su principal atractivo es la Piedra Movediza, una enorme roca de granito, de 300 toneladas, que se mantenía en equilibrio en el borde de un cerro. Los lugareños ponían botellas debajo de la mole, y a la mañana siguiente estaban todas estalladas, con lo cual se demostraba que se movía. Cuando fui de viaje de egresados a esta ciudad, en 1990, me decepcionó saber que la famosa piedra se había caido 68 años antes, y estaba partida en tres pedazos. Ni se movía, ni estaba en el borde de un cerro, ni estaba entera. Pero en mayo de 2007 colocaron una réplica en su lugar.

Pareciera que Tandil es una ciudad signada por una historia trágica y de xenofobia, pero la verdad es que así es como se “conquistó” todo el país. Hoy no quedan vestigios de intolerancia entre los tandilenses; de hecho son gente muy amable, atenta al turista, y se presentan a alentar en distintos puntos de la carrera, en especial en la dura escalinata que está 100 metros antes de la llegada.

Desde hace 12 años se corren los circuitos de Merrel, en distintas localidades del país, cada carrera con una dificultad en particular. En la que respecta a Tandil es la primera etapa, a la que después le seguirá Cataratas del Iguazú, Pinamar, y la Nocturna. Como no podía ser de otra manera, estos desafíos lo suelen ganar los lugareños, acostumbrados a correr y trepar por su geografía. Nosotros, los citadinos, nos conformamos con entrenar en el asfalto, intentar pisar un poco de pastito o algo de tierra, para recordar y anticipar esa sensación de correr entre las piedras tandilenses. Aunque ya experimentamos la carrera, conquistamos sus cuestas y las peligrosas bajadas, por algún motivo siempre estamos esperando el próximo viaje, para volver a medirnos en sus sierras.

Semana 27: Día 186: Luchar contra la monotonía

“Mejor malo conocido que bueno por conocer” es una máxima que he defendido en el pasado. A veces conocer el camino puede jugar a tu favor. Pero otras no. La mente necesita estímulos, el desgaste físico puede ser contrarrestado por la motivación, y ocurre que en ciertas ocasiones la monotonía te tira para abajo.

Entrenamiento pre-Merrel Tandil. Hoy sábado, como todos los fines de semana en los que corremos con los Puma Runners, hicimos un día fuerte. Consistió en hacer una distancia moderada, unos 15 km, pero con 40 cuestas. Sí, leyó bien. Cuarenta. Recordemos, este ejercicio tiene como objetivo simular las subidas y bajadas de las sierras tandilenses, además de que permite fortalecer las piernas y aumentar su potencia. El tema era que teníamos que repartir 20 en una calle y el resto en otra. Me quejé. Claro, cómo no me iba a quejar. Refunfuñé. Pedí abritraje internacional. Llamé al ombudsman. Mis compañeros malinterpretaron mi reclamo, creían que no quería hacer todas esas cuestas. Pues no, lo que en realidad reclamaba era repartirlas en más calles.

Los entrenamientos pueden simular ciertas condiciones de una carrera, pero jamás las van a igualar. Por más que corramos en la arena si nos preparamos para Pinamar, o tomemos una subida para las sierras. La hora de la verdad se juega el día de la competencia, donde hay poco lugar para la monotonía. No conozco una carrera donde tengamos que correr por una calle, dar la vuelta, volver a cruzarla, y así varias veces. Como estamos grandes, me permitieron buscar caminos alternativos, siempre y cuando respete las 40 cuestas. Fue así como, para no abrirnos demasiado del circuito, agregamos una calle más. Que, dicho sea de paso, nos llevó por la puerta de la casa de Valeria Mazza y de Corach (no, no viven juntos, sólo son vecinos). Al final hicimos 13 cuestas en una, 14 en la siguiente, y 13 en la restante. La perspectiva de hacer un esfuerzo físico grande y dividirlo en tres etapas lo hacía más tolerable.

Recuerdo cuando empecé a entrenar con los Puma Runners, hace casi tres años. Corríamos en ese entonces por los lagos de Palermo, antes de que mudaran la zona roja de Plaza Holanda a este lugar (lo cual no me parece algo malo, el tema es que la cantidad de vehículos que circulaban por esa tranquila parte de la ciudad aumentó un 1000%). En un momento, el sub-grupo de Palermo tenía sólo tres corredores, lo que obligó a fusionarlo con el de Zona Norte, que resultaba ser mucho más concurrido. Esto explica por qué me voy tres veces por semana de Palermo a Acassuso para entrenar, pero me estoy yendo por las ramas. Cuando empecé a correr por los lagos, me pareció fantástico. Había pasado de correr por mi cuenta por  las calles de Paternal a hacerlo entre árboles, junto a cisnes, sobre tierra. Era una delicia. “Ya te vas a embolar”, vaticinó mi prima Vero. Y la verdad es que recorrer siempre el mismo camino (un circuito de sólo 2 km) puede llegar a volverse tedioso.

Por suerte en Acassuso existe la posibilidad de variar mucho el recorrido y los ejercicios. Además, tener constantemente nuevos objetivos (como esa inminente Merrel) aumenta el interés. Pero bancarse repetir una rutina, una y otra y otra vez es todo un tema. Hay que buscarle la vuelta para que la cabeza no se nos rebele. Creo que con mi compañero Marcelo, al agregar una tercera calle, conseguimos hacerlo un poquito más interesante. Siendo que en Tandil vamos a cruzar siempre una sierra nueva, no estuvo de más intentar variar el terreno.

El lunes toca descanso (realmente hoy quedamos todos muy agotados). El miércoles será el último entreno, bastante light, y el domingo nos esperan los 27 km de la Merrel de Tandil. Realmente tengo muchas ganas de correrla. Supongo que mi entusiasmo pasa porque estas carreras, con etapas, variantes y un terreno absolutamente distinto al de la ciudad, son cualquier cosa menos monótonas.

Semana 26: Día 177: Entrenamiento vs. carrera

Ayer por la noche entrenamos con los Puma Runners, zurcando el terreno embarrado y esquivando algún ocasional charco. La idea era evitar el asfalto, para ir practicando en un suelo más parecido a la Merrel de Tandil, que va a tener lugar el próximo 13 de marzo.

Mientras corríamos, me di cuenta de que es muy difícil igualar las condiciones de una carrera. Más allá de que intentemos hacer cuestas y prepararnos para las sierras, las condiciones mentales previas a una competencia son imposibles de imitar. En el entrenamiento no existe esa adrenalina típica, ni contamos con puestos de control, ni personas alentándonos. Y es más fácil ponerle un freno a nuestro entusiasmo ante un dolor o una lesión. Conozco casos de corredores testarudos que, con desgarros en ambas piernas, se negaron a abandonar la carrera, y esperaron hasta recuperarse para seguir. Esa tozudez no existe en un entrenamiento. Lo lógico es que, ante esa situación, nos vayamos a casa a descansar.

Por lo menos en mi caso, cuando entreno, aunque esté pensando en una Merrel en particular, jamás repito las condiciones. Estas serían, por ejemplo, estar 3 horas corriendo sin parar. En los entrenamientos segmentamos los tramos y elongamos, tomamos agua, recuperamos el aire. Por supuesto existe gente que es más consciente de su cuerpo y sus limitaciones, y en una competencia se toma las cosas con más calma. Pero yo no puedo, en una carrera lo dejo todo. Por suerte no me ha tocado lesionarme mientras competía (toco madera), pero sé que tampoco querría abandonar. Después de la largada, cuando el reloj empieza a contar los segundos, es como si me olvidara de las precauciones. Sí, voy a intentar no lastimarme, pero es el momento en donde se juega todo lo que incorporamos en el entrenamiento. Ahí el esfuerzo se multiplica, no hay lugar para el descanso. Es a todo o nada.

Pero aunque no podamos imitar al 100% las condiciones de una carrera, tenemos que intentarlo. Es por eso que no cancelamos el entrenamiento si llueve, o hace frío, o si caen meteoritos. ¿Cómo sabemos si el día de la competencia no va a estar así? Tranquilamente podemos encontrarnos con barro, charcos y condiciones que son hasta menos favorables que cualquier entrenamiento en la ciudad. En la Merrel Nocturna 2010 montones de corredores estaban petrificados ante una zanja que, aunque la cruzasen de un salto, iba a mojarlos o a ensuciarlos. ¿Qué esperaban encontrarse? ¿Uno de esos caballeros de los dibujos animados, que tiraba su capa arriba de un charco para que la señorita pudiese caminar por encima?

Alguna vez hemos dicho “prefiero romperme en la carrera y no entrenando”. Quizá sea algo bastante irresponsable, pero probablemente la mayoría de los corredores piense así. En el entreno se tienen muchos cuidados: si no te da el aire o las piernas, te tomás el colectivo y te vas a tu casa. Todos hemos parado más de vez. Pero en medio de una competencia, con la adrenalina bombeando por todo nuestro cuerpo, nuestros límites se alejan exponencialmente. Tenemos más tolerancia al cansancio, al calor, al frío, al dolor. Aunque suene paradójico, es algo que no se puede entrenar. Sólo lo vamos desarrollando con la experiencia, lo vivimos cada día que participamos en una carrera.

Semana 25: Día 169: La primera carrera

No hay fórmulas, ni reglas por las cuales guiarnos. No existe un consenso de qué distancia ni qué tipo de carrera conviene que sea nuestra primera. Pero si estamos empezando a correr, en algún momento tenemos que tomar la decisión.

Quizá la palabra “competencia” tenga connotaciones negativas, y se interprete como que intentamos imponernos ante otro. En el podio hay sólo tres lugares para los cientos o miles de corredores. ¿Cuántos de ellos se disputan la terna? ¿Veinte? Todavía quedamos nosotros, los que corremos para superarnos. Nuestra competencia es contra uno mismo, para mejorar, para incentivarse a seguir progresando.

Cuando empecé a correr con los Puma Runners lo hacía por una cuestión de salud, y porque estar inmerso en un grupo me iba a ayudar a mejorar y a tener más constancia. Pero no tenía idea de si quería participar de una carrera o no. Casi diría que no tenía ganas; mis últimas experiencias, en mis años adolescentes, habían tenido pésimos resultados (principalmente porque había sido una actividad impuesta, que no podía disfrutar). Finalmente llegó la Merrel de Pinamar, a mediados de 2008, y me anoté, a último momento, en una posta. Me tocó la última parte (que combinaba arena, bosque, asfalto y pasto), que serían unos 7 km. Llegué con lo que sentí que era “lo justo”. Germán, mi entrenador, me felicitó con mucho entusiasmo, pero yo en ese momento no entendía que esto del running se transformaría en una pasión, y que me llevaría a buscar más distancia y mejores tiempos.

Ahora se viene la Merrel de Tandil 2011. Estamos entrenando con mi compañero Marcelo para conquistar las cuestas (y las benditas bajadas). Él tiene un nivel excelente, es una luz, y más de una vez no pude seguirle el ritmo (en honor a la verdad y para no tirarme abajo, me tocó a mi, un par veces, tener que esperarlo). Lo curioso es que esta va a ser su primera carrera. Nunca antes participó de una competencia, y ahora empieza con esos temibles 27 km de tierra, piedras y sierras tandilenses. Cuando empezó a entrenar en los Puma Runners, su objetivo era participar de una carrera de 10 km, para después intentar una media maratón. Pero vino con años de cinta en el gimnasio y mucho aguante, y después de medio año de entrenar con nosotros, finalmente cedió ante nuestra insistencia de anotarse en la Merrel.

El caso de Marcelo no es habitual. Llegar a tener un buen nivel de running como para empezar con una carrera larga no debe ser habitual. Hoy existe una variedad impresionante de competencias, tanto en la ciudad como en las afueras. La vida sana y el deporte está en un punto muy alto, y de las modas a las que nos sumamos cada tantos años, esta debe ser la que mejores efectos va a tener sobre la gente. Pero si recién empezamos, ¿en qué carrera conviene anotarse?

Primero, una aclaración. ¿Hace falta competir? Yo creo que sí. La adrenalina de la largada, la camaradería con otros corredores, la satisfacción de cruzar la meta relojeando el cronómetro, intentando ganarte unos segundos, es increíble. Hay que experimentarlo, y es un paso muy importante para lograr compromiso con el entrenamiento. Nos da objetivos, y un puñado de lindos recuerdos (la remera, la medalla y, por sobre todo, la experiencia).

Como dije al principio, no existen reglas, más que el sentido común. Si recién empezamos y en el entrenamiento llegamos a duras penas a hacer 4 km, yo recomendaría debutar en una carrera de, como mínimo, 5. El límite está en la cabeza, ya lo dijimos varias veces, pero pasa algo en estas competencias que nos desestructuran. La emoción de estar ahí metido nos da más velocidad, nos permite aguantar más… sin dudas los tiempos mejoran respecto al entreno. Así que yo creo que hay que subir el techo (pero no demasiado). Con convicción, terminaremos llegando.

Como el running está de moda, muchas carreras que se arman en la ciudad tienen circuitos participativos, cuya distancia es la mitad o menos de la competencia principal. Es por eso que podemos encontrar carreras de 10 km, para las que uno tiene chip y un camino determinado, mientras que paralelamente se corre sin control del tiempo, por un circuito más corto. Comienzan todos juntos, y luego el trayecto se bifurca.

El cuerpo irá marcando el límite (¡no dejemos que lo haga nuestra inseguridad!). Existen carreras de 5, 10, 21 y 27 km a lo largo de todo el año. Nadie nos obliga a correr todo el tiempo, si uno sobrepasa la capacidad física,vale caminar. Lo importante es llegar. Porque la primera carrera tiene que ser la peor. Nos tenemos que sentir pésimo, ampollarnos, terminar doloridos… es lo mejor que nos podría pasar. Y después tenemos que repetir la experiencia, para darnos cuenta que no quedamos tan mal como la carrera anterior. Y volver a hacerlo, y otra vez más, y otra, y otra más, hasta que notemos que con cada competencia nos vamos fortaleciendo, tanto mental como físicamente.

Semana 22: Día 150: Anticipando la Merrel de Tandil

En un mes y medio se larga la Merrel Adventure Race, en la ciudad de Tandil. 27 km con muchísimas cuestas, lo que se traduce en un verdadero desafío para las piernas.

Mientras escribo estas líneas, rememoro las ediciones pasadas y me doy cuenta de lo que ansío participar en una carrera. Tener una competencia en vista es muy motivador para el entrenamiento. Establece objetivos claros, y una meta para concentrar esfuerzos y ver si hay cosas que ajustar para el día de la largada. Además, suele ser un viaje muy divertido para afianzar relaciones con otros compañeros de grupo. En la edición 2009, por ejemplo, compartimos habitación nada menos que 18 personas, lo que se transformó en una suerte de mágico concierto de ronquidos.

La Merrel de Tandil 2009 fue la segunda carrera en toda mi vida. La primera había sido el año anterior, una posta de 7 km en Pinamar, y en esta oportunidad había decidido hacer los dos últimos tramos, que completaban 13 de los 27 km oficiales. Salimos desde la mitad del circuito con mi prima Vero, compañera de equipo, y apenas largamos nos encontramos con la primera cuesta. Después de cruzar un alambrado, avanzamos a paso hormiga por un sendero, el cual tenía muchas piedras y maleza. Nos agarrábamos de donde podíamos, y mientras más subíamos, más empinado se volvía. Esto aumentaba la adrenalina, y lo que parecía ser un desafío que sólo involucraba “correr”, se transformaba en una peripecia donde había que escalar, agarrarse de las rocas, y no mirar hacia abajo (a riesgo de que te agarre vértigo, caer, y dejar tu silueta marcada en el piso, como el Coyote cuando fracasaba ante el Correcaminos).

Toda esta situación me dejó basante confundido. Era “poco” running, y más aventura. Lejos de molestarme, me encantaba. El resto del camino, en gran parte, fueron piedras, ascensos y descensos. Era muy difícil pasar a otros corredores, porque los caminos eran muy angostos, y salirte de ellos podía jugarte una mala pasada: tropezar con una piedra, y lastimarte seriamente. La experiencia fue alucinante, y aprovechábamos cada llano o camino de tierra para acelerar la marcha. En un punto Vero me pidió que me adelantase, porque necesitaba bajar el ritmo, y ahí comencé mi tradición de abandonar a mis compañeros de carrera.

La meta era en una plaza, y antes de llegar cruzamos un puente sobre un lago, una postal realmente impresionante. Como es habitual, los habitantes de Tandil se acercaban para dar ánimos en estos últimos metros. Subí al trote una escalera, y aceleré hasta llegar a la línea de llegada.

Después de esta experiencia, le recomendé a todo el mundo participar de esta carrera. Siendo que gran parte se hacía escalando y caminando, se me ocurría que cualquiera con un muy mínimo estado físico podía hacerla. No veía la hora de repetir la experiencia.

Llegamos a la Merrel de Tandil 2010. Estaba un poco mejor entrenado y ya había completado los 27 km de Pinamar ese mismo año, yo solo y sin postas. Me sentía enormemente confiado, y tenía la absurda teoría de que, como ya conocía la última mitad de la carrera (en la que avanzaba casi caminando), lo que tenía que hacer era apurarme todo lo que pudiese durante la primera parte. A partir del km 14 empezaban las sierras, y ahí podía recuperar el aire.

Qué iluso que fui.

La largada, como siempre, es increíblemente motivadora, con miles de corredores vistiendo los mismos colores (quienes conozcan esta tradicional carrera, recordarán que ese año se entregaron unas espantosas pecheras, en lugar de las clásicas remeras… no conozco a nadie que haya decidido conservarlas). Comenzamos subiendo una larguísima cuesta. No era demasiado empinada, pero ese caracol en subida quemaba las piernas. Ansioso por avanzar, me la pasé esquivando corredores, que optaban por hacer el ascenso caminando. Corrí los primeros 14 km a buen ritmo, hasta que llegué a la mitad, la parte que conocía. Pero claro, la gran diferencia con el año anterior era que había largado desde ese punto, absolutamente descansado. Esta vez ya venía arrastrando una hora y media de trote ininterrumpido. Todas esas subidas y bajadas que el año anterior había hecho más fresco que una lechuga, esta vez las estaba haciendo con las piernas ya cansadas. En seguida me empecé a agarrotar, y cada subida, que uno deseaba que fuese la última, escondía detrás otra sierra. De nuevo subir, bajar, subir, bajar… se tornó realmente insoportable. Las bajadas eran las peores: resentían muy especialmente en los gemelos.

Ya sobre el final, vi el puente sobre el lago y sentí muchísimo alivio. Estaba orgulloso de no haber frenado, aunque lo deseé todo el tiempo. Llegué a la ciudad, finalmente, y tenía que subir esos seis escalones que el año anterior los había hecho en tres saltitos. Pero esta vez no podía, prácticamente lo hice gateando. La gente me alentaba, y realmente me sentia un poco humillado. ¿Qué pensarían estos tandilenses de un tipo que ni siquiera podía subir una escalerita? Pero una vez arriba, y como siempre pasa, faltando 100 metros saqué fuerzas de donde no tenía. Hice un pique que me permitió cruzar la meta luego de 3 horas 44 minutos y 30 segundos de carrera. Me sentí muy contento cuando la organización me envió mi foto en el instante de la llegada. Se puede ver en mi cara un gesto de enorme alivio.

Y ahora llega una nueva oportunidad de conquistar esta maravillosa carrera. Gracias al blog estoy entrenando en forma mucho más disciplinada y responsable. Cargo encima con mucho menos peso, lo cual me va a ayudar en velocidad (¡y en que las piernas tengan que esforzarse un poco menos!). Tengo más experiencia y desarrollé más mi masa muscular, por lo que sospecho que voy a llegar más entero a la parte la más dura, la de las sierras. Me interesa bajar mi tiempo, así que estos 45 días que quedan tengo que seguir entrenando en cuestas y desarrollando cada pierna.

Pero estoy seguro de una cosa: llegue en el tiempo que llegue, en el estado que sea, mi cara al cruzar la meta va a volver a ser de alivio, por contar con otro desafío conquistado.

Semana 18: Día 126: Entrenar en arena

Ahora que estamos en verano, y en un mes donde muchos se van a la playa, es una buena oportunidad para repasar los beneficios de correr sobre la arena.

Cuando era chico, un clásico de las vacaciones en el mar era jugar a hacerme milanesa, construir castillos, enterrarme a mi o a otra persona, o barrenar en las olas. Al tiempo aprendí que correr sobre la arena seca, además de incendiarte los pies descalzos, era absolutamente agotador. Esta capacidad de hacernos quemar más energía que otras superficies hace que la playa se convierta en una zona ideal para realizar trotes cortos pero mucho más exigentes.

Quienes participamos en carreras de aventura no le escapamos a este tipo de suelo. En la Merrel de Pinamar, por ejemplo, casi no hay otra cosa que arena: hay 11 kilómetros de médanos, además de la largada y la llegada, que son por la costa, sin olvidarse de ese suelo mixto que tiene el bosque. Terminar esta competencia es haber sometido a los músculos a una exigencia muy particular.

Ir a descansar a la playa no quiere decir que tengamos que dejar de entrenar. Más de uno querrá compensar los desmanes de las fiestas, y sería una picardía dejar pasar la oportunidad. Por las mañanas, cuando todavía hay poca gente (sólo quedan algunos adolescentes que todavía no se fueron a dormir) podemos aprovechar y disponer de la costa. Además el sol todavía no está tan bravo, y la temperatura es más agradable. Más tarde (digamos, acercándonos al mediodía), correr en la arena equivaldría a una carrera con obstáculos, en la que tendríamos que esquivar veraneantes, sillas, paletas, un tejo, termos, sombrillas y unos cuantos vendedores ambulantes.

Quien ejercite en la playa debe hacerlo con un cierto sentido de la autopreservación. Tenemos que de estar protegidos del sol (con bloqueador solar y/o gorra), contar con la vestimenta apropiada y estar bien hidratados. Además, mientras más interacción haya tenido el ser humano con la arena, más tendremos que estar atentos de dónde pisamos. Correr descalzo es un placer, pero nos exponemos al riesgo de pisar un vidrio, una lata, o un carbón, de alguna fogata clandestina de la noche anterior.

La arena no produce impacto, por lo que se gasta más energía y los movimientos son mucho más efectivos. Entre los beneficios que encontraremos en este terreno está el desarrollo de la fuerza muscular de las piernas, resistencia cardiovascular y la pérdida de grasas, ya que se queman más calorías. En la playa suele haber depresiones, y el sistema nervioso automáticamente acomoda la pisada, en forma innata. Trotar en la arena aumenta la tensión dinámica, tanto en el músculo como en los tendones y, al no haber impacto, las articulaciones se amoldan a la situación.

Muchos prefieren correr por la arena húmeda, pero esto puede llegar a generar lesiones. Esta zona tiene un declive que impide que ambas piernas corran en forma uniforme, lo que podría generar dolor en las caderas (lo mismo ocurre cuando corremos al costado de la calle, en lugar de por el centro). Lo ideal es entrenar en la parte más plana y seca, que aporta una carga mayor. Los sprints en la playa, poor ejemplo, son un ejercicio ideal para entrenar resistencia y aumentar la potencia muscular. Al correr sobre la arena se invierte 1.6 veces más energía de la que necesitamos para correr sobre asfalto. Por este motivo es recomendable no entrenar en este terreno por más de 30 minutos.

Otra opción para entrenar en la playa es correr con el mar hasta los tobillos, ya que el agua ejerce fuerza en sentido contrario a nuestras piernas. Es perfecto para precalentar, o para hacer series cortas. Si estamos hundidos hasta las rodillas, el esfuerzo requerido es mucho mayor, y se fortalecen cuádriceps. Cuando el agua llega a la cintura (o más) entramos en el terreno del aquarunning. En esta situación se trabajan casi todos los músculos del cuerpo, y nos enfrentamos a una resistencia muchísimo mayor que la que ofrece la arena.

Por supuesto, para quienes tengan alguna lesión previa (como por ejemplo debilidad en el tendón de Aquiles), entrenar en arena puede ser contraproducente. Sin embargo, como cualquier ejercicio, si se realiza en forma moderada no debería generar inconvenientes. Trotar con precaución puede incluso fortalecer los tobillos para evitar o curar posibles esguinces.

Semana 12: Día 80: Los 27 km de la Merrel Adventure Race Pinamar 2009

Los Lionx (actualmente Puma Runners) en Tandil. Yo, a la derecha, con pelo y con mañas

80 días. Es lo que le tomó a Phileas Fogg dar la vuelta alrededor del mundo (según Julio Verne). Es lo que más o menos me tomó a mi recuperarme de una fractura de tobillo, allá en el año 2000. Es poco, considerando que mi meta final es entrenar intensivamente por 364 días, pero a la vez es mucho.

Es inevitable mirar hacia atrás (lo hago mucho últimamente) y ver cómo mi cuerpo cambia, cómo aumenta mi resistencia, cómo me vuelvo más fuerte. De vez en cuando tropiezo o trastabillo, pero siento el paso firme y los músculos que aguantan más. Anteriormente esta torpeza (que va desapareciendo con los años) me hubiese significado un tirón o una lesión. Me pone contento sentirme más estable y resistente, y me confirma que el entrenamiento rinde sus frutos.

Decidí volver atrás en el tiempo, a la Merrel que corrí en Pinamar. No sé si recordarán, el año pasado vivíamos inmersos en la paranoia de la gripe A. Tanto es así que desaconsejaban las situaciones donde hubiese aglomeraciones de gente. Obviamente una carrera de miles de personas entraba en esta categoría, y la carrera se pospuso de julio hasta septiembre. Yo me había lesionado, al patinar sobre empedrado mojado, y correr me dolía muchísimo. Era frustrante, pero no aflojé, seguí entrenando todo lo que podía, intentando fortalecer la rodilla. La desgracia con suerte de la gripe A me permitió un tiempo extra para recuperarme. La Merrel se realizó finalmente, y al día siguiente escribí una crónica. Siendo que estoy en un día un poco nostálgico, quise rescatarla para el blog:

Lun, 14 de Sep, 2009 9:58 am

Bueno, primero que nada, me duele desde los pelos hasta la punta de los pies, pero es un dolor que me llena de orgullo.

El día de la Merrel estuvo espectacular, la carrera fue mucho más dura de lo que me imaginé. Mientras la noche anterior roncaba (…) soñaba que llegaba a la meta y lloraba desconsolado. Supongo que dramaticé toda la escena, pero lo cierto es que un esguince de ligamento externo izquierdo me hubiese dejado afuera si la carrera se hacía en julio… y todavía no me recuperé. En llano la rodilla no molesta, en cuestas se me prende fuego.

(…) Me tomé un diclofenac antes de salir, como para que haga el mayor efecto en un eventual pico de dolor. Arranqué con [Pablo], íbamos con un ritmo excelente. La rodilla no molestaba, y me sorprendía. En la segunda posta paramos para hidratarnos, me tomé el gel que me regaló Walter (¡gracias!) y ahí ya no pude seguir. No sé si fue el haber parado, pero la rodilla me hacía ver las estrellas. Cerca del km 15 lo perdí [a Pablo], casi no podía caminar. Tenía mucha bronca y frustración. Ahí me di cuenta que tenía una ampolla en la planta del pie y que los dedos de los pies me dolían. Quise apretar los dientes y seguir, pero el dolor era demasiado.

Caminé un poco mientras pensaba en ese sueño que había tenido la noche anterior en que llegaba a la meta. Pensaba en las palabras del Conejo [como le decimos a Germán, nuestro entrenador], cuando le pregunté si podía hacer la carrera y me dijo “Hasta que no lo intentes no lo vas a saber”. Y en un momento de iluminación mística me acordé del entrenamiento Lionx [actualmente Puma Runners], cuando hacemos el canguro y esos pasos que parecen ridículos. Y apliqué uno, tirando la pierna izquierda (la rota) hacia adelante, y paso corto con la derecha. Increíblemente ese paso me dolía muy poco, y ahí recuperé ritmo, hasta que la rodilla izquierda se acostumbró y pude volver a correr normalmente.

Llegué a la meta (sin llorar como un mariconazo) a las 3 hs 5 minutos, con una alegría inmensa. No sólo por haber roto mi marca histórica de distancia, sino por haberme repuesto a dolores y una lesión que me mantuvo en la incógnita hasta el último momento. Si llegué no tengo duda que fue por un excelente entrenamiento, por los consejos del Conejo y por el trabajo en equipo de todos los Lionx. Realmente es un grupo muy valioso y, como dije al principio, el dolor que tengo en todo el cuerpo me hace sentir muy orgulloso.

Entendí al final que este tipo de actividades son carreras no porque uno compita contra los demás, sino porque uno compite contra sí mismo. Y sin lugar a dudas, todos ganamos.

Me alegra releer estas palabras y ver que más de un año después, sigo confirmando muchas cosas que aprendí. Que el triunfo es sobre las adversidades, y sobre uno mismo. Que tus compañeros siempre están para apoyarte. Que la mente generalmente se sobrepone a lo físico.

No es recomendable correr con una lesión, pero en mi caso le encontré la vuelta para que no doliese. Esta es la carrera que más orgullo me da (hasta la maratón de este año era mi distancia más larga), y siento que la conquisté con fuerza de voluntad más que con el cuerpo.

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