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Semana 48: Día 331: La Cajita Infeliz

No hacía falta ver Supersize Me para saber que la comida de McDonald’s era cualquier cosa menos sana. Deliciosa, puede ser. Muy salada, también. Calórica y llena de grasas, definitivamente. Un menú de este restaurante tiene todas las calorías que una persona necesita en un día entero. Dejando de lado mi cuestión vegetariana, es incomprensible que siendo un país tan conocido por su carne, hagamos interminables colas para comer una hamburguesa de dudosa procedencia.

Recientemente la empresa Arcos Dorados fue noticia porque declaró que planea reducir en un 20% las calorías de la Cajita Feliz. Por qué ahora sucumben ante la presión de padres y organizaciones que buscan una alimentación más sana, me es desconocido. Ahora el combo infantil va a contener 600 calorías y un 15% menos de sodio.

“Nuestra empresa se preocupa por estar a tono con las tendencias y las preferencias de la sociedad y, por ello, queremos estar seguros de ofrecer productos ricos y alineados con una vida sana y equlibrada. Asimismo, continuaremos apoyando iniciativas que estimulen la actividad física”, declaró, un poco tarde, Woods Staton, presidente de Arcos Dorados.

Entre los cambios habrá un tamaño más pequeño de papas fritas para los niños, con menos de 100 calorías, y reducirán el sodio en los panes, las McNuggets, el queso y los aderezos, además de bajar el azúcar del jugo de naranja en un 40% (las gaseosas siguen iguales). Ahora bien, ¿por qué se dan estos cambios ahora y no hace 10 o 20 años? Es cierto que la tendencia de una vida sana está cada vez más de moda, pero un inminente proyecto local para prohibir (directamente) a la Cajita Feliz puede haber acelerado esta tendencia.

Antes de ser vegetariano era adicto a McDonald’s. Quienes me conocían desde entonces no pueden creer que haya dejado de comer carne. Combinaba de forma creativa hamburguesas con patitas de pollo, agrandaba siempre mis menúes, y de vez en cuando me cruzaba a la vereda de enfrente y me comía un Whopper, pero en mi cerebro asociaba esta comida con la felicidad. No era problema terminar encerrado en el baño durante largas horas. ¿Y qué es lo que metía en mi cuerpo?

La activista en contra de la obesidad, Julia Harvey, conservó una hamburguesa y unas papas fritas de McDonald’s durante 4 años. ¿Se imaginan cómo quedó esa comida? A quienes les pregunto piensan que el pan quedó mohoso y verde, la carne podrida y las papas un mejunje repugnante. Es increíble ver el video (en inglés) donde explica qué es lo que ocurrió con este menú. Se los adelanto: absolutamente nada. Mientras que ni la mejor heladera mantiene la comida tanto tiempo, estos alimentos mantuvieron por 4 años el mismo aspecto y color. El pan se endureció por la deshidratación, pero seguía igual que siempre. En un momento se decidió a conservar de la misma forma unas papas fritas caseras, que en poco tiempo se volvieron grises. Las de McDonald’s, todo ese tiempo después, seguían doradas y saladas.

Esta comida, llena de conservantes, es la que metemos en nuestro cuerpo. Si el tiempo no les hizo mella, ¿cuánto podemos digerir? ¿Cuántos nutrientes nos aportan? Me preocupa el hecho de que la solución para hacer un menú infantil sano sea reducir la porción de papas fritas. ¿Acaso los niños son tontos? ¿No van a pedir que les compren un paquetito extra?

Por supuesto que McDonald’s no es una empresa maligna que busca seducir a los pobres tontos que no saben a dónde ir a comer. La responsabilidad de tener una alimentación sana nos cabe a nosotros. Si una empresa decide tentar a los chicos con un juguete de regalo no le cabe toda la culpa de que el 17% de los chicos de EEUU tengan sobrepeso. Son sus padres los que les inculcan “premios” como cenar comida rápida. Sabemos que los niños tienen poder de influencia de compra, pero en definitiva no tienen dinero propio como para ir a comprar lo que ellos quieran.

La responsabilidad de que hagamos vida sana no pasa por lo que un restaurante ofrezca o no. Pasa por cada uno. Que una empresa como McDonald’s ofrezca estos “cambios” para disfrazarlos como un intento por ofrecer comida sana me parece un poco engañoso. ¿Por qué no ofrecer las ensaladas y el agua por un precio mucho menor? ¿Qué tal si agregan a sus combos pastas, menúes vegetarianos, más variedad de frutas para los postres, papas al horno en lugar de fritas? Una iniciativa que tendríamos que imitar es la que le impusieron a McDonald’s en España. Para que la gente elija aderezos más sanos, se decidió que se regalen los que tienen menos calorías. Pero si pedís mayonesa, se cobra aparte. Una forma de concientizar a los consumidores para que coman mejor, lamentablemente, es tocarles el bolsillo.

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