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Semana 39: Día 267: Corriendo bajo la lluvia

Este post iba a llamarse “Corriendo por la bicisenda”, pero no pudo ser.

El lunes no pude ir a entrenar con los Puma Runners, y aunque se supone que el entrenamiento perdido no se puede recuperar, decidí mantener mi asistencia semi-perfecta y recuperar el martes. Llovía y estaba frío, así que las ganas de salir estaban en peligro. Pero pensé en la maratón, en lo poco que falta para llegar a la Semana 52, y me armé de coraje. Enfundado en un rompevientos impermeable, salí a la calle. El objetivo era hacer un fondo de 90 minutos, y me pareció una idea interesante hacerlos explorando las bicisendas de la Ciudad de Buenos Aires.

En internet indicaban una ruta que unía varias plazas. Salí desde Once, subiendo por la Avenida Rivadavia, a la espera de encontrarme con la calle Otamendi, la primera bicisenda. Como sabe cualquiera que transite por la Ciudad (sobre todo en una zona céntrica), el trote puede tornarse tedioso. Pareciera que uno siempre engancha todos los semáforos en rojo, las veredas mojadas esconden baldozas flojas que arrojan baldazos de agua sobre nuestros propios pies, y uno no sabe si transitr por la calle o esquivando gente.

Llegué a Otamendi bajo una lluvia copiosa. Hacía frío, y me preguntaba qué pensaba la gente que me veía correr. ¿Me escapaba del mal tiempo? Mis pantalones cortos podían llegar a indicar que estaba ahí por voluntad propia. En cada respiración salía vapor de mi boca. Me preocupé por inhalar por la nariz, ya que es la mejor forma de calentar el aire que llega a los pulmones y no respirar frío. La bicisenda, que atravesaba perpendicularmente la Avenida Rivadavia, me alejaba del tránsito. Como llovía, no había ciclistas, quienes tenían real derecho de usar esa vía. Lo bueno es que está absolutamente delimitada de la calle, ningún auto puede invadirla, sólo algún que otro motociclista irrespetuoso.

Lo que parecía una excelente experiencia en las bicisendas, se terminó por Díaz Vélez: las indicaciones y señales desaparecieron. El mapa indicaba que todo seguía, uniendo Once con el barrio de Belgrano, pero el camino terminaba y sólo quedaba improvisar. Yo sabía que esto seguía, no por tenerle fe ciega al sitio web, sino porque alguna vez anduve con mi bicicleta por esas calles (antes de que un auto me atropellase y abandonase mi entusiasmo por pedalear). Improvisé, crucé por el costado del Parque Centenario, y agudicé mi vista para encontrar dónde seguía la bicisenda. Jamás la encontré.

Al no estar en una zona céntrica, el tráfico me estorbó poco. Llovió todo el tiempo, y el agua se mezclaba con mi transpiración. El cronómetro que me prestó Vicky indicaba que iba media hora de entrenamiento, y aunque había dejado el celular en su casa, de tanto en tanto lo escuchaba sonar. Me sorprende que me siga pasando eso, hay veces en que estoy solo y escucho el maldito aparato, aunque esté a kilómetros de distancia. ¿Super-oído o trastorno psicológico?

Una de mis fantasías era que cualquiera podía pensar que yo era un delincuente. Llevaba guantes, corría sin rumbo aparente… me faltaba un antifaz negro y una bolsa con el signo pesos en una de mis manos. Afortunadamente, los policías que fui viendo por el camino no me detuvieron.

Atravesé Chacarita, la Avenida Warnes, Juan B. Justo, y finalmente llegué a Palermo. Arribé en mi casa en 52 minutos. No tenía parámetro de si era un buen tiempo o no, sólo fue un dato anecdótico. Aproveché para entrar, alimentar a mi gata (principal detractora de mi actual noviazgo, elongué, me cambié las medias por un par seco, y salí, rumbo a la oscura, fría y lluviosa noche. Decidí no volver sobre mis pasos, sino buscar otra ruta. Elegí Avenida del Libertador.

Esta ancha calle resultó la parte más tranquila del entrenamiento. Hay pocos autos que la cruzan, por lo que corrí casi sin interrupciones. Cuando llegué a la avenida Sarmiento, doblé hacia Las Heras, imaginando que si me alcanzaban los 90 minutos en camino, iba a poder volver a Once en colectivo. Pero cuando llegué al Zoológico, me resultó una picardía no seguir por la Avenida Santa Fe. Esto iba en contra de lo que estuve diciendo: está llena de gente (a pesar de la lluvia), hay montones de semáforos y tráfico, pero parecía que iba a cortar camino.

Fui por Santa Fe derecho, esquivando gente, sintiendo una especie de revancha, ya que en un día de buen clima ese entrenamiento hubiese sido imposible. Sabía que tenía que llegar hasta la estación Facultad de Medicina del subte D, y avancé por todas las estaciones para encontrarla. Pero no reparé que la encontraría en Córdoba, así que me pasé, caí en mi error, y reencaucé mi rumbo.

Atravesé la plaza frente a la Facultad, la avenida Corrientes, y finalmente llegué a Rivadavia, para terminar uniendo Palermo y Once en 38 minutos. ¿Cómo tardé tanto a la ida? Sé que me retuvieron los semáforos, pero estaba seguro de que la Avenida Santa Fe iba a retrasarme. Misterios de entrenar de noche y con lluvia.

Llegué empapado de lluvia y transpiración. Lo coroné con un baño caliente, y al satisfacción de que, a pesar del tiempo, no había dejado el entrenamiento de lado. Nuestro cuerpo necesita estímulo constante, llueva o truene. Nunca sabemos qué clima vamos a encontrarnos en una carrera, y es mejor saber a qué nos enfrentaríamos, que enterarnos en medio de una competencia.

Semana 28: Día 193: Probabilidad de tormentas aisladas

Con los Puma Runners llegamos, finalmente, a Tandil. Nos dimos el lujo, ya que salíamos temprano desde Capital, de hacer una mini-escala en Mar del Plata y disfrutar del mar, en un hermoso día de 36 grados.

Arribamos a la ciudad en la que se correrá la Merrel pasadas las 10 de la noche, y nos encontramos con el resto de los corredores para comer unas pizzas (milanesas de soja al pan para mi). Esta mañana (sábado) nos despertamos con una fina llovizna, de esa que casi no moja y hace que llevar paraguas sea un poco vergonzoso. Pero el cielo está cubierto y no parece aflojar.

Por un lado, bajó bastante la temperatura, y eso en una carrera larga va a ser una bendición. Por el otro, el pronóstico adelanta que las lluvias van a mantenerse mañana, día de la carrera, con probabilidad de tormentas aisladas. ¿Qué significa eso para nosotros?

Bueno, la Merrel no se suspende, a menos que vengan los ángeles con sus siete trompetas a anunciar el fin de los tiempos. Eso tienen las carreras de aventura, cualquier dificultad le agrega sabor. Casi diría que la organización desea que esto pase: se asegurarían unas fotos espectaculares si llegamos a la meta sucios, empapados, con barro hasta las rodillas. Hay quienes dicen “ojalá”, y otros geniunamente preocupados.

Las veces que entrenamos con lluvia o con el terreno embarrado nos preparábamos para una eventualidad como esta. Nunca sabemos con qué clima nos vamos a encontrar en una competencia, y así alguna vez tuvimos una Merrel con 24 grados en invierno, siempre puede tocar una carrera lluviosa durante verano.

Esta carrera en Tandil será el primer desafío en esta ciudad para muchos compañeros, mientras que para otros directamente será su debut competitivo. Mi ilusión es mejorar mucho mi marca del año pasado (3 hs, 45 minutos), y sin lluvia seguro lo hubiese logrado. Ahora habrá que ver, hay pendientes bastante inclinadas de tierra, que mañana van a ser patinosos toboganes de barro. Correr sobre las piedras, con la peligrosidad que eso conlleva, se vuelve especialmente riesgoso si está todo mojado.

Hay una maldición china que desea a la otra persona vivir “una vida interesante”. En este caso podemos verlo como una bendición: nunca se corre la misma carrera, el cuerpo cambia, y el terreno también. Mañana veremos cómo nos encuentran las sierras, pero lo que nos entregue la ciudad de Tandil, lo vamos a conquistar. Una tormenta aislada antes o durante una competencia no hace a las cosas más aburridas, sino un poquito más interesantes…

Semana 2: Día 8: Cosas que probablemente no sabías de los corredores

Pasó la primera semana de entrenamiento. Queda todavía un largo camino por recorrer, pero para ser un corredor de larga distancia hay que saber desarrollar la paciencia, y reconocer que no se obtienen resultados de la noche a la mañana. De hecho me saqué nuevas fotos para ver la evolución del entrenamiento, y eran exactamente iguales a los del primer día. Para evitar otro momento innecesariamente embarazoso, decidí hacer fotos cada dos semanas.

La tenacidad, el compañerismo y la paciencia son algunas cualidades que se suelen asociar con los corredores. Pero hay otras cosas que nadie cuenta -quizá porque son menos glamorosas- sobre la gente que entrena. Estas son algunas cosas que me pasaron, que si me las adelantaban me iba a costar creer:

1. Tenés pies feos: La gente asocia el término “pie de atleta” con una infección micótica, pero en realidad el pie del atleta (o el pie del corredor) es una colección de callos, ampollas y moretones. Me había imaginado que correr me iba a sacar ampollas, que son el resultado de la fricción dentro del calzado. Al principio es una bolita llena de líquido que, en mi caso, termina en un colgajo de piel (difícil resistir la tentación de arrancarlo). Lo que nunca imaginé es que podían salir en todos los dedos, en más de un lugar a la vez, e incluso en la planta del pie. Generalmente aparecen como signo de que hay que optimizar el calzado, pero ya pasé por varias zapatillas y siguen apareciendo. Otra forma de prevenirlos es envaselinando el pie antes de correr. En el caso de los moretones, aparecen bajo las uñas y suelen ser el augurio de que van a terminar cayéndose. En resumen: correr desarrolla el físico, y en cierta medida embellece nuestro cuerpo, pero de los tobillos para arriba.

2. Desintegrás zapatillas: Antes de entrenar, un calzado podía durarme dos o tres años. Si le ponía empeño y pomada, conservaba esas zapatillas todavía más tiempo. Después empecé a correr y aproveché mi cumpleaños (en diciembre) para renovar anualmente calzado. Sin embargo pareciera que cada vez duran menos, ya que mis zapatillas actuales, que datan de fin del año pasado, tienen tantos agujeros que correr me da frío en los cayos, moretones y ampollas de mis pies.

3. Desintegrás pantalones: En mi adolescencia era muy cool tener pantalones rotos. Hacerle un tajo a un jean o cortarlo a la altura de la botamanga era un imán para las chicas. Pero tener la entrepierna agujereada estaba bastante lejos de los chicos populares (sigue siéndolo hoy en día). Producto de entrenar constantemente hizo que la vida de joggins, pantalones cortos y boxers se redujera estrepitosamente. A veces un agujero se puede emparchar. Otras se disimula, siempre y cuando no tengas que hacer abdominales, ya que involuntariamente compartís tu ropa interior con todo el mundo (y rogá que justo no tengas otro agujero en el boxer). Es inevitable: entrenar requiere renovar la ropa con mucha más frecuencia.

4. Liberás endorfinas: ¡No todo es negativo a la hora de entrenar! Antes de correr no sabía de la existencia de estos químicos del cerebro, asociados con la sensación de felicidad y bienestar. Muchas cosas generan la liberación de endorfinas en el cerebro, como estar enamorado, comer o beber algo que nos gusta mucho, o hacer actividad física. Las endorfinas, además de darnos esa sensación de alegría y de levantarnos la autoestima, funcionan como analgésicos naturales. Alguna vez unos científicos le inyectaron inhibidores de la morfina a unos corredores, luego de una maratón, y se divirtieron viendo cómo, al frenar la producción de endorfinas, los maratonistas se retorcían de dolor.

5. Tenés que comer más: Sé que esta parece obvia, pero yo siempre asumí que alguien excedido de peso tenía que comer menos y correr más. Y no necesariamente es así. Correr grandes distancias consume muchas calorías y deshidrata el cuerpo, por lo que hay que comer más y tomar mucho líquido. Hace una semana me enteré de que los corredores necesitan 500 calorías por encima de lo que el metabolismo pide. Nunca me imaginé estar comiendo durante una carrera, pero doy gracias a Arcor por crear ese turrón que ha calmado el hambre de mi estómago rugiente a las 2 hs de la largada.

6. El calor nos multiplica: Como una metáfora de la primavera, el número de corredores aumenta considerablemente en los entrenamientos que van de septiembre a mayo. Los atrae el calor y la promesa de verse mejor cuando estén ligeros de ropa. Así mismo, el barro, el frío, la humedad, la lluvia y otras inclemencias del tiempo hacen que su número decrezca considerablemente. Los científicos aún no han hallado una explicación para este fenómeno, aunque se teoriza que está ligado con el aumento, en el mismo período, de inscripciones en gimnasios y consultas a nutricionistas.

Semana 1: Día 5: Correr en equipo

Correr no es, aunque parezca, una actividad solitaria

Me recuerdo constantemente que entrenar todos los días no es fácil. Estoy empezando a sentir la fatiga, los grandes esfuerzos físicos pueden generar que las defensas del organismo bajen, y aunque pasé de un promedio de 40 km por semana al doble, mi rendimiento baja. No sería raro que ante una situación así empiecen las dudas. La solución: no correr solo.

Ayer, sábado, fui al entrenamiento de los Puma Runners. Ya el día estaba lluvioso y frío, pero el pronóstico prometía que era el fin de la tormenta de Santa Rosa y que veríamos los primeros indicios de la primavera. Cuando salimos a correr, con la indicación de hacer un mínimo de 20 cuestas, el frío se hacía sentir. Seguí el paso de dos corredores con una capacidad física superior, y después de 15 cuestas, me quemé (este es un blog de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”). En ese instante tuve la suerte de cruzarme con mi amigo Mak, un corredor experimentado, de los que bajan el ritmo si un compañero necesita aliento. Mak es una clase de compañero cuya existencia debería ser obligatoria en los grupos de entrenamiento: transmite entusiasmo, no es competitivo, y cuando va adelante advierte sobre la proximidad de charcos, barro y baldosas flojas.

El entrenamiento, en total, arañó los 23 km. Durante el trayecto, Mak iba dos pasos adelante, haciéndome preguntas, volviendo si yo bajaba la velocidad o incentivándome para no aflojar. Siendo que estuve entrenando todos los días (haciendo running o musculación) y que el clima casi no mejoró, esas dos horas corriendo se me hicieron eternas. Jamás pensé en abandonar, pero sí sentí que alcanzaba una pared respecto a mi capacidad física, y que necesitaba frenar. A veces el cuerpo se cansa y en la cabeza empieza a implantarse la idea de que no vamos a llegar. Correr en equipo sirve para encontrar esa fuerza de voluntad que -brevemente- hemos perdido. Finalmente llegué, después de hacer unas respetables 25 cuestas, y muy agradecido por haber tenido compañía.

Es obvio que uno puede entrenar por su cuenta y, si hay disciplina y experiencia, progresar. Pero me ha pasado de quedarme solo en carreras muy exigentes, y la diferencia entre correr al lado de una persona en la que confiamos y respetamos y hacerlo por nuestra cuenta es abismal. Por eso mi recomendación es entrenar en equipo. Una persona sola puede recorrer una enorme distancia, pero alguien acompañado puede llegar todavía más lejos.

Semana 1: Día 3: Consejos para fracasar en un entrenamiento

Es bueno saber que siempre vamos a correr más rápido que un árbol

He aquí una guía práctica para el fracaso más espectacular en un entrenamiento deportivo, con el permiso de Jay Haley (gracias a Eduardo Casanova por recomendarme su libro, de donde plagié esta idea).

1. Intentá ser el mejor. Visualizá aquella persona que te supere físicamente, y hacé todo lo posible por pasarla. Dicen que en el deporte lo más importante es competir, pero la sociedad te presiona para ser el mejor. Si no el podio de las carreras de aventura tendría 2500 escalones. Por eso, cuando veas a alguien que esté por encima de tu nivel, presioná tus límites y superalos ampliamente para ganar la delantera. Es la mejor forma de lesionarte y abandonar la carrera como un mártir.

2. Alejate de la alimentación sana. Hay una serie de comidas con escasos nutrientes que te darán, en su justa medida, retorcijones. Por ejemplo tortas, helados, golosinas. O la mejor, tortas heladas con golosinas. Lo ideal para no poder correr por tremendos dolores de panza (que no te ayudan a ganar una carrera pero sí a tener la lástima de los demás) es comer 5 minutos antes de la actividad física. O durante. Mantenete alejado del agua porque ayuda a purificar el organismo.

3. No elongues. En cualquier actividad física, para relajar los músculos, conviene hacer ejercicios de elongación. Esto se logra relajándose, dedicándole tiempo a cada músculo. Por eso es importantísimo, para convencer al mundo de que no estamos aptos para el deporte, evitar estos ejercicios. Si lo hacemos, corremos el riesgo de evitar futuros dolores, armas imprescindibles para abandonar con causa un entrenamiento.

4. Comprometete al fracaso. Anotate en un grupo de entrenamiento. Inscribite en todas las carreras posibles. Hacé un blog de entrenamiento intensivo. Y después quedate en tu casa viendo Los videos policíacos más asombrosos. Cuando te pregunten si vas a volver al entreno, prometé que sí, que la siguiente vez vas a ir. No cometas el error de cumplirlo, si vas muchas veces al entrenamiento corrés el riesgo de mejorar físicamente.

5. Fallar requiere creatividad. Hay miles de formas que aún no se han imaginado para fracasar. ¿Probaste correr 10 km en progresión de espaldas? ¿Qué tal correr una media maratón en ojotas? ¿O arrancar un blog deportivo y pretender, de entrada, correr 12 km por día sin que las piernas duelan todo el tiempo? Acordate de que sólo unos pocos logran los objetivos que se imponen en la vida, pero todos tenemos la capacidad de boicotearnos nuestro propio entrenamiento, en formas que ni siquiera nosotros imaginamos.
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Estas y otras ideas se me ocurren mientras entreno. Ahora adquirí un hábito y es, mientras entreno, pensar en qué voy a escribir en el blog al día siguiente. Casualmente ayer corrí 12 km bajo la lluvia, abrigado como para resistir una maratón en el Polo Sur. Después de correr casi una hora y media, volví a mi casa, tomé agua, me di una ducha caliente, y me senté a trabajar. Las piernas me dolían y empecé a pensar qué tan buena idea era entrenar todos los días durante un año. Ahí me di cuenta que me había salteado la elongación. Y esa es siempre una receta para el fracaso.

Semana 1: Día 2: Aprendiendo a comer 2

"Hasta la vista, ice cream"

Cuando recibí la dieta que preparó mi nutricionista, lo que más me sorprendió fue la cantidad de comida que tengo que ingerir en un día. ¿Las dietas no estaban hechas para pasar hambre? Aparentemente no.

No soy (o no era) el mejor parámetro en alimentación responsable. Chicos, no hagan esto en sus casas: Nunca desayunaba, porque me levantaba sin hambre, y cuando lo hacía, antes de llegar al almuerzo tenía un hambre terrible. Así que generalmente le daba derecho al almuerzo, ya que el hambre empezaba a hacerse sentir a las 2 de la tarde. Después de comer un plato modesto (un par de milanesas de soja al sándwich, un plato de fideos), seguramente frente a la computadora mientras trabajaba, no tenía otra comida hasta una más que abundante cena, a las 10 de la noche. Durante el día, y entre la medianoche y la madrugada, venía el picoteo. Mi preferido eran las papas fritas, en cualquiera de sus variantes (excepto si estaban saborizadas con algún animal). Si no las galletitas Frutigran, para sentir que al menos picoteaba sano. Lo curioso es que jamás me sentí sin energía.

No me extrañó cuando la nutricionista me dijo que lo que estaba haciendo no era sano. Nuestro cuerpo es como un auto (fue la metáfora que usó) y el alimento es el combustible. No podemos pretender ir a Mar del Plata sin llenar el tanque. En mi caso, por el nivel de entrenamiento que ya tenía, y siendo que pensaba aumentarlo exponencialmente, el tema de la alimentación tenía que mejorar.

Así que pasé de dos comidas diarias y picotear de vez en cuando a SEIS comidas. Tengo desayuno, almuerzo, merienda y cena, que está prohibido saltearme, además de dos colaciones, una a media mañana y otra a media tarde. El día 1 de este entrenamiento (en actividad física y en comer) no pasé hambre en ningún momento. Fui al supermercado y volví con una pequeña fortuna en frutas, verduras, semillas, lácteos descremados y detergente para lavar la ropa (se me había acabado). Es un placer ver la heladera llena. En un acto simbólico tiré la manteca, pero no me animé a hacer lo mismo con la crema chantilli. ¿Aguantará 363 días? También guardé un fondo de Gancia y un lemoncello. A esos les tengo más fe que sobrevivan un año.

Algo que me intrigaba era saber cuál es la mejor hora para entrenar. Según la nutricionista es por la mañana, ya que el cuerpo está descansado y las hormonas elevadas. El problema se me da en días como hoy, por ejemplo, ya que anoche entrenamos con los Puma Runners haciendo progresión en las heladas calles de Acassuso (progresión es correr una determinada distancia o tiempo e ir aumentando la velocidad). A pesar de que estoy comiendo como corresponde (hoy desayuné mi vaso de agua, un té, y un yogur Ser con media taza de cuadritos de avena) quedé cansado, y afuera llueve y hace frío… Es difícil salir a entrenar en este estado… pero no hay opción.

Me di cuenta que a muchas personas les interesó el tema de una nutricionista deportóloga que tome medidas de altura, el peso de cada parte del cuerpo, etc. Quiero volver a aclarar que la dieta que me pasó está pensada para mi exclusivamente. No es una cuestión de copyright, sino que está amoldada a mi cuerpo, a mi costumbre vegetariana, etc. Así y todo, hay algunas cosas que estoy seguro serían comunes a cualquier alimentación balanceada:

1. Tomar mucha agua. Al principio vas todo el tiempo al baño, pero es muy sano. Tengo agua indicada como parte del menú en casi todas las comidas del día.
2. Combinar verduras, proteínas e hidratos. Esto seguramente varíe en proporción de acuerdo al tipo de alimentación.
3. Medir las calorías que se consumen. Para tener energía para un entrenamiento de running, hay que comer 500 calorías por encima de lo que necesita el metabolismo. Para quemar grasas hay que consumir 500 calorías menos. La cantidad de calorías que necesita el organismo depende del tipo de actividad física.
4. No saltear ninguna de las comidas. Nuestro cuerpo genera jugos gástricos todo el tiempo, y no hay nada mejor que darle progresivamente alimento para que procese. Evita hinchazón y gases, y hace que lleguemos a la siguiente comida con menos hambre.
5. Eliminar el picoteo. Las Frutigran pueden ser aptas para vegetarianos, pero no son sanas. Las galletitas tienen del 12 al 30% de grasa, mientras que el pan francés, lactal o árabe, que yo pensaba que eran el cuco, tienen de 0 a 5%.
6. Ser constante y organizado. Algo personal que me ayudó a empezar fue armar un excel con las comidas de la semana. Así me organicé para comprar casi todo lo que necesitaba en el supermercado. En una actitud un poco obse me puse alarmas en el teléfono para cada comida, así aunque esté muy compenetrado en el trabajo, no las salteo por distracción. Imagino que llegará el día en que me acostumbre y no necesite tratar mi alimentación como si fuese un trabajo práctico de la facultad.

Semana 0: Día -3: ¿Se puede correr con lluvia?

Si nos quedamos en casa podemos perdernos la experiencia de correr bajo la lluvia

Ante la inminente llegada de la tormenta de Santa Rosa, que promete vientos huracanados, lluvias torrenciales y olas de frío polar, quienes entrenamos (o queremos hacerlo) quizá nos preguntemos si podremos correr en esas condiciones. Entonces… ¿afecta la lluvia nuestro entrenamiento?

Como ya conté otras veces, no siempre me gustó correr. Y aunque en verano supe disfrutar de un chaparrón sobre mi cabeza, no me podía imaginar corriendo bajo la lluvia. Eso se lo dejaba a Gene Kelly.

Hasta que un día, algo cambió.

Tengo una imagen muy vívida, viajando hacia Capital en el tren General Roca. Perdido en mis pensamientos, miraba a través de la ventana, mientras afuera llovía a cántaros. Entonces, cuando pasamos por el velódromo de Escalada, lo vi: un hombre corría en remera y pantalón corto, en medio de la tormenta. Estaba solo, y aunque no podía ver del todo su rostro, lo veía feliz. En ese preciso instante pensé: quiero ser ese hombre.

Tiempo después, en ese momento de la vida donde uno deja de desear y empieza a hacer, comencé a entrenar con regularidad. Descubrí al poco tiempo que la transpiración y el roce de la ropa y las zapatillas derivaban en irritación y ampollas. Entrenar bajo la lluvia dejó de ser esa actividad que tanto idealizaba. Digamos con total honestidad que no tenía mucho compromiso con el entrenamiento. Si caía un poco de lluvia imaginaba correr con las zapatillas mojadas, tener que meterme en el barro o agarrarme una pulmonía, y antes de darme cuenta ya había encontrado algo más interesante en la tele. Todavía me faltaba algo para hacer el click.

Entonces ocurrió lo inevitable: la lluvia me tomó por sorpresa. Viajando al entrenamiento de los Puma Runners en el tren que va hacia Acassuso, vi cómo empezaba a llover. Al principio era una lluvia leve, y como ya estaba en viaje, no tenía sentido abandonar y emprender la retirada. Ya reunido con el resto del grupo y con la lluvia aumentando en intensidad, el entrenador propuso darle una vuelta al hipódromo de San Isidro, todos juntos, y ver qué pasaba. Creo que nunca me divertí tanto en un entrenamiento. Era lo más parecido a correr abajo de la ducha. El agua empezó a acumularse, y llegaba hasta los tobillos. Me encontré corriendo, chapoteando, y riéndome como un nene. Sigue sin entusiasmarme correr con lluvia y frío, pero estoy esperando la oportunidad de volver a correr bajo el agua.

Cuando hablaba de que no estaba del todo comprometido con el entrenamiento era porque, en mi caso, mi objetivo es participar en carreras de aventura. Y aunque sea hacer 5 ó 10 km en la ciudad, nada me garantiza que en una carrera no llueva. Hasta ahora he tenido mucha suerte, he corrido en julio, en Pinamar, con 18 grados. Pero en cualquier situación puede sorprendernos una tormenta, y hay que enfrentarla. Es prácticamente imposible que se repitan las condiciones de nuestro entrenamiento en la carrera. Primero porque generalmente no vamos a entrenar en el mismo terreno donde vamos a competir, y segundo porque, aunque podamos pronosticar el clima, eso no quiere decir que lo podamos adivinar.

Mi recomendación, ante la posibilidad de lluvia, es no dejar pasar la oportunidad. Es experiencia que acumulamos. Si hace frío, abrigarse bien y llevar un cambio de ropa para la vuelta a casa. Dependiendo del terreno, tengamos cuidado con las patinadas. Y lo más importante: hay que divertirse, que es un poco el fin de todo esto.

La experiencia de correr bajo la lluvia sin que sea un hecho tortuoso era un misterio para mi. Me costó, pero empecé a darme cuenta de que los obstáculos son parte del entrenamiento, y que no dejan de ser divertidos. Con el tiempo empecé a entender realmente a ese hombre que corría bajo la lluvia y que yo, desde el tren, admiraba. Me terminé de convencer de que él, en ese preciso instante, sentía que era el hombre más feliz del mundo.

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