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Semana 43: Día 296: Los cinco venenos blancos

Estoy a punto de hacer un ajuste grande en mi dieta, básicamente consumir menos productos refinados y más integrales. Por un lado es más sano (creo que no tenemos noción de lo dañino que son los alimentos procesados versus los naturales), y por el otro voy en busca de la “cubetera”. No la tengo, nunca la tuve (quizá si hago mucha mucha mucha fuerza abdominal). Esto se logra con ejercicio aeróbico (esa parte está cubierta) y dieta. El cuerpo quema más calorías digiriendo alimentos integrales, por lo que “hacer dieta” en mi caso no quiere decir “comer menos”, sino “comer diferente”. Vamos a ver qué pasa.

Este artículo me llegó hace poco, y fue lo que me dejó pensando. Lo comparto y en unos días les cuento cómo me está yendo…

5 Venenos blancos que podrías estar comiendo todos los días.

En nuestra dieta existen alimentos que deberían ser llamados “veneno”, porque tienen poco valor nutricional y hasta pueden ser perjudiciales para nuestra salud. Conocidos como “venenos blancos”, el azúcar refinado, la sal y las harinas refinadas, entre otros, son causantes de diferentes enfermedades que son consideradas graves, pues son degenerativas, como la diabetes, la hipertensión arterial y hasta el cáncer.

1.-  La Sal de mesa refinada.

La industria decidió un día convertir la sal cristalina natural en simple cloruro sódico (la sal refinada de hoy), porque los científicos de la época afirmaron que los demás elementos que contenía (minerales esenciales y otros oligoelementos) eran innecesarios y bastaba el cloruro sódico para salar los alimentos. Desde entonces cualquier parecido entre la sal que ahora consumimos y la sal natural es inexistente. De un alimento que era “oro puro” porque proporcionaba al ser humano todos los elementos necesarios para su subsistencia en la proporción exacta que el organismo necesita se pasó a consumir un producto que es “veneno puro”, como bien saben los investigadores y médicos.
A la toxicidad del cloruro sódico hay que añadir la del yodo y el flúor, minerales que hoy se agregan artificialmente a la sal. El yodo (tóxico cuando se sobrepasa el mínimo necesario) se añade porque se supone que mejora la función de la tiroides; y el flúor (uno de los elementos más radioactivos que existen) porque afirman que este veneno evita la caries. Un sarcasmo. La sal cristalina natural, tanto la que procede del mar (sal marina), como de las montañas, contiene los 84 elementos que compone el cuerpo humano en su proporción exacta. Poca gente sabe que la composición de la sangre humana es prácticamente idéntica al agua salina del “mar primario”, es decir, una solución con la misma concentración de elementos que tenía el mar hace millones de años.
La comida chatarra se encuentra llena de sal refinada, que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, consumir este tipo de sal equivale entre 8 y 20 veces más que la que debiera comer. Pues con la finalidad de que el sodio y el potasio encuentren un equilibrio, se debe consumir de 1,500 miligramos por día, pero si no se respeta, es cuando aparecen enfermedades referentes al corazón.
Ver Beneficios de la Sal Marina AQUÍ

2.- Azúcar refinada.

El azúcar blanca no se puede considerar como un alimento, ya que es una sustancia química pura, extraída de fuentes vegetales como la caña de azúcar o la remolacha,  a las cuales se les extrae el jugo eliminando toda la fibra y las proteínas que forman el 90% de dichas plantas.
Para dejar limpio el líquido que contiene el azúcar, se añade cal viva y es ahí donde esa reacción alcalina mata casi todas las vitaminas, luego se añade dióxido de carbono para acelerar la cal,  este líquido azucarado pasa por tubos que lo separan de las impurezas.  Luego viene otro tratamiento con sulfato de calcio y ácido sulfúrico para decolorar y dejar casi blanco.
El azúcar refinada no tiene proteínas, ni vitaminas, no tiene minerales no tiene enzimas, no tiene micro elementos, no tiene fibra,  no tiene grasas y no es de ningún beneficio en la alimentación humana.

No es buena porque no aporta ningún nutriente, aporta energía, pero nada más. Esta se conforma de glucosa y fructuosa. El problema es la manera en que la consumimos, porque las frutas y verduras, por sí mismas, ya contienen azúcar. Las azúcares refinadas son causantes de obesidad, de un desequilibrio nutritivo, caries y más. Los edulcorantes químicos también son dañinos, pues aumentan el riesgo de cáncer, como el aspartame, la sacarina y ciclamatos, que podemos encontrar en productos como el refresco light.
Ver La verdad detrás del Azúcar: el dulce ladrón de la vida AQUÍ

3) Harina refinada.

Como se ilustra en The Daily Mail, con los años la calidad del pan se ha vuelto mucho peor en lugar de mejorar. En 1911, la sal, las grasas baratas, el alumbre, la cal en polvo y el blanqueador eran los ingredientes “malos” del pan. Actualmente, hay que lidiar con ingredientes nuevos que dañan la salud y que se pueden encontrar en la tienda en donde compra el pan. La harina blanca producida es casi puro almidón, y ahora contiene una pequeña fracción de los nutrientes del grano original. Además, los tratamientos químicos en el grano dan como resultado la formación de un subproducto llamado aloxano –un veneno utilizado en la industria de la investigación médica para producir diabetes en ratones sanos. El aloxano causa diabetes al hacer girar enormes cantidades de radicales libres en la células pancreáticas beta, destruyéndolas. Las células beta son las células primarias de las zonas del páncreas llamadas islotes de Langerhans y producen insulina; así que si son destruidas, se desarrolla la diabetes.

Teniendo en cuenta el rango epidémico de la diabetes y otras enfermedades crónicas, no es buena idea tener una toxina como esta en su pan, incluso si es en pequeñas cantidades.
Cuando más fina y blanca es la harina, menos fibra, vitaminas y minerales contiene. El pan blanco, el pan de salvado, los panes de bollería, no contienen vitaminas ni minerales, mientras que favorecen las caries, el cáncer, el colesterol y la diabetes. Los panes más recomendables son el pan de centeno y el pan integral.
Ver  Los riesgos de salud al comer pan blanco AQUÍ

4) Arroz refinado.

Según los investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, el arroz blanco causa aumentos bruscos en los niveles de glucosa en la sangre, lo cual es un riesgo de diabetes.Aunque el arroz se ha consumido durante siglos en muchos países, fue sólo en el siglo 20 que comenzó a refinarse y consumirse como arroz blanco.
Para producir el arroz blanco el grano integral es sometido a un proceso de refinado con el cual se le retira la capa exterior y el germen. Y básicamente lo que queda es el endospermo, que consiste principalmente de almidón. El estudio analizó los datos de tres grandes estudios llevados a cabo con cerca de 40.000 hombres y 157.500 mujeres sobre el consumo de arroz y el riesgo de diabetes. Los científicos descubrieron que quienes consumían cinco o más porciones de arroz blanco a la semana tenían 17% más riesgo de diabetes que quienes consumían menos de una porción al mes.
Desde el punto de vista de la salud pública, debería recomendarse el reemplazo de granos refinados como el arroz blanco por granos integrales, incluido el arroz integral para facilitar la prevención de la diabetes tipo 2

5) Leche de vaca pasteurizada.

La pasteurización de la leche destruye las bacterias beneficiosas, junto con las malas y destruye las enzimas esenciales para la absorción de nutrientes. La Pasteurización de la leche destruye toda su fosfatasa, lo que es esencial para la absorción del calcio y el calcio trabaja con la vitamina D, no sólo está disponible a través del sol, pero es un nutriente esencial en la nata cruda. Calentar cualquier alimento crudo destruye las enzimas activas, por lo que la lipasa (una enzima única de la leche y se necesita para completar la digestión de las grasas) es lanzada junto con muchos otros nutrientes esenciales que la pasteurización destruye.
Se considera que es la principal causa de alergias en los niños, según la Academia de Alergia, Asma e Inmunología de Estados Unidos. Y es que la leche, además es rica en grasas saturadas y colesterol. Algunos estudios, incluso la relacionan con la diabetes y hasta con la osteoporosis, porque debido a ser baja en magnesio, no deja que los huesos absorban el calcio.
Ver más en ¿Por qué tomar leche vegetal y no leche de vaca pasteurizada? Algunas recetas de leches vegetales AQUÍ

Fuentes: http://www.sincebolla.com, http://www.espanol.mercola.com, http://www.bbc.co.uk

Semana 32: Día 224: Derribando el mito de la leche

A mí no me espanta decir que la leche no le hace bien a nuestro organismo. Pero sé que soy un bicho raro, que quedo como uno de esos conspiranoicos que insisten en que el hombre jamás llegó a la Luna y que la vacuna contra la varicela en realidad inocula un dispositivo de control mental del gobierno. Pero hasta hoy, todos los que despotricábamos contra los lácteos éramos tildados de locos.

No es para menos, siempre se asoció a la leche con la nutrición. Lo explicaba el Dr. Campbell en su libro “The China Study”, en donde sus primeros esfuerzos por tratar a niños desnutridos en Asia comenzaba por darles lácteos. Porque, ¿quién cuestionaría a uno de los pilares de la pirámide nutricional? Si prentemos la tele, podemos ver cómo existen yogures que nos aseguran que necesitamos una exagerada cantidad de alimentos para obtener el calcio necesario, pero con uno o dos yogures podemos obtener todo lo que necesitamos (además de “huesos fuertes”). Mensajes publicitarios como ese aparecen a cada hora, todos los días, en las pantallas de todo el mundo.

Hace poco, en mi Facebook, debatí sobre los dichos de la presidente y la diabetes como una enfermedad de “ricos” y planteé la relación entre la Diabetes tipo 1 y el destete temprano de los niños seguido por el reemplazo de la leche materna por la de vaca (dato que tomé también de “The China Study”). Por poco y me tratan de demente. Hasta ahora, solo osados investigadores, tildados de locos, se atrevían a asegurar que el consumo de lácteos debilitaba nuestros huesos. Hasta que, finalmente, una prestigiosa universidad norteamericana decidió apoyar esta teoría. ¿Se vendrán tiempos de cambio en las próximas décadas?

Hace tiempo que se decidió reemplazar la conocida pirámide nutricional por el “Healthy Eating Plate”, que grafica las porciones recomendadas en un plato. La Escuela de Harvard de Salud Pública eliminó la leche de su guía de alimentación saludable, sustituyéndola por agua, preferentemente. Con esto, Harvard envió un mensaje fuerte al USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) y expertos en todo el mundo.

Los expertos en nutrición e investigadores de la universidad realizaron el Healthy Eating Plate basado en una nutrición sana, libre de la presión política y grupos de la industria que podrían verse afectados. La mayor prueba de ello es la ausencia total de productos lácteos, debido a que “un alto consumo de estos alimentos aumenta significativamente los riesgos de padecer cáncer de próstata y cáncer de ovario” (el Dr. Campbell agregaría unas cuantas enfermedades a esta breve lista). En su guía  también mencionó que los altos niveles de grasas saturadas en la mayoría de los productos lácteos y los componentes químicos de su producción les hace un alimento para evitar, y que deben ser sustituidos por hortalizas como lechuga, coliflor, brócoli, entre otros, y granos de diversas especies, para producir el calcio necesario y de calidad.

La leche animal (de vaca, cabra u otra hembra) no es un alimento natural y no hay razón para tomar lácteos de otra especie en ninguna etapa de nuestras vidas. La industria lechera invierte miles de millones de dólares en producción y marketing, y es lógico que no quieran abandonar su negocio a esta altura. Dejando de lado las condiciones inhumanas a las que someten a las vacas en los tambos, parte de esa producción se logra a través de hormonas que se transmiten a los consumidores. Por otro lado, instituciones respetables como el Comité de Médicos por una Medicina Responsable en los Estados Unidos y la Universidad de Leeds en el Reino Unido ya desmitificaron el consumo de productos lácteos para prevenir la osteoporosis, ya que en realidad acidifican la sangre. El organismo, como mecanismo de compensación, termina perdiendo calcio.

Para no parecer locos que repiten teorías conspiranoicas de otros chiflados, vamos a datos concretos: Kendrin Sonneville, de la Universidad de Harvard, redactó un estudio que evaluó las tasas de fractura en 6.712 adolescentes. Los resultados mostraron que los niños activos que consumían las mayores cantidades de leche en realidad tenía más fracturas óseas que aquellos que consumían menos. El Estudio de Enfermeras de Harvard’s Health siguió a más de 72.000 mujeres durante 18 años: la investigación no mostró un efecto protector del consumo de leche aumento en el riesgo de fractura. Quienes consumían la mayor cantidad de leche eran más propensas a sufrir una fractura de cadera que aquellas que la evitaban. Otro estudio de Harvard de 20.885 hombres, publicado en 2001, mostró que quienes consumían 2 porciones y media de productos lácteos al día tenían un 34 por ciento más de riesgo de contraer cáncer de próstata, en comparación con los que consumían pocos o ningún producto lácteo.

Ahora… ¿qué hacemos? ¿Salimos corriendo, desesperados, a tirar la manteca, el queso y la leche de la heladera? Quizá el cambio de mentalidad tome varias generaciones. Pero para nada tenemos que entrar en pánico. Yo creo que es esperanzador que la ciencia realmente esté estudiando el efecto de nuestros alimentos en la salud. Lo que siga de acá en más será en pos de que vivamos una vida plena, con menos enfermedades y con huesos… realmente fuertes.

Semana 6: Día 37: ¿Cómo reemplazar los lácteos?

Soy el hombre que sufrió los dos males. Primero no consumía lácteos, y tuve que acostumbrarme. Después, tuve que buscar la forma de reemplazarlos.

Todos sabemos de la importancia de las proteínas, sobre todo por el aporte para nuestros músculos. Cuando empecé a ir a la nutricionista para aprender a alimentarme correctamente, me armó una dieta con un montón de yogurt, leche y queso crema. Le dije que casi no consumía lácteos, que no me gustaban, y me dijo que eran la mejor fuente de proteína de alto valor biológico. Con toda esa fuerza de voluntad y empuje que uno tiene cuando empieza un nuevo régimen, hice el esfuerzo y empecé a desayunar (cosa que no hacía). Me costó, pero lo incorporé y se volvió la comida más importante de mi día.

En estos dos años, me hice abonado al yogurt Ser de vainilla. Ya era automático, compraba el sachet y lo liquidaba en tres o cuatro días. También incorporé leche chocolatada como colación post gimnasio. Hasta ahí todo bien, aprendí a tener una rutina y a no descuidar mi nutrición. Algunos meses aumentaba la cantidad de músculo, otros bajaba un poquito, casi siempre se mantenía igual.

Luego mi nutricionista, la misma que me convenció de incorporar lácteos en mi dieta, me comentó de un libro que le habían pasado, The China Study, que le había hecho replantearse todas sus creencias. Se lo devoró en una semana. Me lo prestó, y a mí me tomó poco más de un mes atravesar por esas 400 páginas de datos, investigaciones y anécdotas. Esa reconciliación que yo tenía con la leche y sus derivados se desvaneció al instante.

Empecé a contemplar volverme vegano, sabiendo que mi principal dificultad iba a ser volver a ingerir la cantidad suficiente de proteína. El libro aseguraba que se obtienen los mismos resultados recurriendo a los vegetales. Quizá se tarde un poco más, pero se llega a lo mismo. Decidí averiguar si era cierto, y aquí estoy, veganeando con el apoyo de mi nutricionista y Germán, mi entrenador. Ambos, con las dificultades de ser padres, intentan a su manera pasarse a las proteínas vegetales.

¿Y qué hacer con mi desayuno? Tras dos años de perfecta armonía (yogurt+cereales), ¿cómo seguir?

Fui al Barrio Chino, donde hay muchas opciones para el vegano. Encontré una bebida de soja que venía en botellita. Era un poco más cara de la leche, y aclaraba en su etiqueta que no provenía de soja transgénica. No es algo que me quite el sueño, pero en las casas naturistas lo toman como un valor agregado. Tenía azúcar, cosa que también tengo ganas de eliminar, pero si conseguía reemplazar con esto el yogurt iba a ser más que feliz. El primer desayuno fue muy bien. No estaba mal, quizá era demasiado fluido para mi gusto, pero zafaba. El segundo día estuvo bien, el tercero bueno, era lo que había, y el cuarto ya no me gustaba tanto (por suerte, a medida que mi descontento con esta bebida crecía, el contenido se acababa). Volví a comprar, al principio me gustó, y siempre llegaba al cuarto día y me parecía un brebaje espantoso. Quizá tenga que ver con que se venza, o que se asienta demasiado la soja, o que el entusiasmo de la compra lo hace parecer más rico, pero lo cierto es que no me terminó de convencer.

Un día en el supermercado, de casualidad, en unas cajas amontonadas en la cabecera de una góndola, vi unos packs de Ades sabor natural. Le pregunté a un repositor si podía agarrar de ahí (casi parecía como si los fuesen a tirar), me dijo que sí, y me lo traje a casa para probarlo. El gusto estaba MUY bien, y se mantuvo bien con el correr de los días. Tenía azúcar, algo que parece inevitable en estos días. El gran problema fue que el Ades natural es algo así como el Santo Grial. No me da ponerle el que tiene gusto a naranja o ananá a los cereales, y esta versión sencilla y clásica escasea y no siempre hay. Las veces que la vi me compré 4 o 6 cajas (total, un cartón me dura menos de una semana). Asei me mantenía hasta que se acababa.

En la dietética intenté variantes, como la leche de coco, pero me resultó un espanto empalagoso. Así iba y venía, probando, hasta que alguien me recomendó la leche de almendras. Pero no me dijeron que la compre, sino que la haga.

Yo, que soy bastante inútil en la cocina (si no me creen, pregúntenle a Vicky), encontré que es muy sencillo hacerlo. La noche previa dejo unas almendras en romojo (unas treinta, aproximadamente). A la mañana tiro el agua, agarro la mini-pimer, le pongo agua mineral a una jarra y le tiro las almendras. Pica, procesa, troza, pica, procesa troza, hasta que se hacen trocitos diminutos. Filtro el líquido con un repasador, tomo la pasta, la vuelvo a echar en el envase, más agua, y de nuevo a procesar. Así unas cuatro veces. Parece trabajoso, pero si no queda un polvillo que pica la garganta. Esto me termina dando un litro y medio o dos de bebida. Le echo un poquito de esencia de vainilla, cinco sobres de Splenda (endulzante sin azúcar) ¡y listo! Desayuno de campeones.

Las almendras aportan muchas proteínas, y esta bebida es ideal para echarle a los cereales. No tiene contras, simplemente es genial, y me da la enorme satisfacción de hacer algo en la cocina y que quede RICO. Tómese bien frío.

Semana 2: Día 13: La leche, ¿fortalece los huesos o los debilita?

El Dr. T. Colin Campbell es profesor emérito de Bioquímica nutricional de la Universidad de Cornell de los Estados Unidos de América e investigador del MIT. Escribió una impresionante cantidad de investigaciones y formó consejos de nutrición. Su trabajo lo llevó de ser un muchacho de granja a un vegano militante. Es el co-autor (junto a su hijo) de The China Study, un libro que bien podría competirle a cualquiera de Stephen King (por eso de que te entra cierto terror cuando lo lees…).

Nunca fui muy adepto a la leche, de hecho decidí evitar los lácteos por puro capricho. Con Semana 52 aprendí a incorporarlos a mi dieta, por consejo de mi nutricionista. Casi dos años después de nuestra primera cita, ella misma me prestó The China Study, la obra que me terminó de convencer de abandonar los lácteos y sus derivados para siempre, y convertirme en un vegano.

Pero siempre está el fantasma de que la leche de vaca es necesaria para fortalecer los huesos, así que el veganismo se ve como algo riesgoso, casi ilógico. Y este libro plantea justamente el cuestionarse todo. ¿Cómo sabemos que la leche de vaca nos aporta el calcio que necesitamos? Más allá del boca en boca y las publicidades de la misma industria lechera… Si nos ponemos a pensar, mucha de nuestras nociones sobre alimentación son herencia familiar o dictámenes de campañas de marketing. ¿Puede ser que los lácteos en realidad debiliten nuestros huesos? Campbell no solo dice que sí, sino que en The China Study ofrece una amplia base científica para afirmarlo. Aquí los dejo con el doctor. El texto sin abreviar y con las citas a los distintos papers pueden encontrarlo en el libro original:

¿Alguna vez tuvo un maestro en la primaria que le decía que si no tuviera huesos, solo sería una mancha amorfa en el suelo? (…) En ese mismo momento en su vida, probablemente le hayan dicho que tome leche para tener huesos y dientes fuertes. Porque ninguno de nosotros quiere ser una mancha deforme, y porque les han pagado a nuestras celebridades para anunciar los supuestos beneficios de la leche, nosotros la bebemos. La leche es para la salud ósea como las abejas a la miel.

Los estadounidenses consumen más leche de vaca y sus derivados por persona que la mayoría de las poblaciones del mundo. Así que los estadounidenses deben tener huesos increíblemente fuertes, ¿verdad? Lamentablemente, no. Un estudio reciente demostró que las mujeres estadounidenses a partir de los cincuenta años tienen una de las tasa más altas de fracturas de cadera en el mundo. Los únicos países con tasas más altas se encuentran en Europa y en el sur del Pacífico (Australia y Nueva Zelanda), donde consumen incluso más leche que en los Estados Unidos. ¿Qué está pasando?

Un exceso en la tasa de fracturas de cadera se utiliza a menudo como un indicador fiable de la osteoporosis, una enfermedad ósea que afecta especialmente a mujeres después de la menopausia. A menudo se afirma que se debe a una ingesta inadecuada de calcio. Por lo tanto, los legisladores de políticas de salud normalmente recomiendan mayor consumo de calcio. los productos lácteos son particularmente ricos en calcio, por lo cual la industria lechera apoya con entusiasmo los esfuerzos para impulsar el consumo de calcio. Esos impulsos tienen que ver con la razón por la cual le han dicho que debe tomar leche para tener huesos fuertes (…).

Algo anda mal, sin embargo, porque los países que utilizan la leche de vaca y la mayoría de sus derivados también tienen las tasas meas altas de fracturas y la peor salud ósea. Una posible explicación se encuentra en un informe que demostró una impresionante y sólida asociación entre el consumo de proteínas animales y la tasa de fractura ósea en mujeres en diferentes países. Realizado en 1992 por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale (…), se descubrió que un impresionante 70% de la tasa de fracturas era atribuible al consumo de proteína animal.

Estos investigadores explicaron que las proteínas animales, a diferencia de las proteínas vegetales, aumentan la concentración de ácido en el cuerpo. Una alta cantidad ácida implica que la sangre y los tejidos causan malestar en el cuerpo, que comienza a luchar, intentando neutralizar el ácido. Entonces, el cuerpo utiliza el calcio, que actúa como una base muy eficaz. Esta sustancia, sin embargo, debe venir de alguna parte y el cuerpo termina sacándolo de los huesos; la pérdida de calcio los debilita y los pone en mayor riesgo de fractura. (…)

Un estudio más reciente, publicado en el 2000, proviene del Departamento de Medicina en la Universidad de California, en San Francisco. Con ochenta y siete encuestas en treinta y tres países, se comparó la proporción de vegetales en el consumo de proteínas animales con la tasa de fracturas óseas. Una alta proporción de vegetales en el consumo de proteína animal demostró estar asociado de una manera impresionante con la desaparición de fracturas en los huesos. (…)

El grupo de Investigación para el estudio de Fracturas Osteoporóticas de la Universidad de California, en San Francisco, publicó otro estudio de más de 1000 mujeres de sesenta y cinco años o mayores. Al igual que el estudio en varios países, los investigadores caracterizaron la alimentación de las mujeres según las proporciones de proteínas animales y vegetales. Después de siete años de observaciones, las mujeres con la mayor proporción de consumo de proteína animal tenían 3,7 veces más fracturas óseas que las mujeres con la proporción más baja. También durante este tiempo las mujeres con una alta tasa tuvieron pérdida de masa ósea casi cuatro veces más rápido que las mujeres con la proporción más baja. (…)

Estas observaciones plantean un serio interrogante sobre la ampliamente publicitada afirmación de que los alimentos lácteos, ricos en proteínas, protegen nuestros huesos. Y sin embargo, todavía se advierte casi a diario acerca de nuestra necesidad de alimentos lácteos para proporcionar el calcio y así tener huesos fuertes. Una avalancha de comentarios advierte que la mayoría de nosotros no alcanzamos la dosis necesaria de calcio, especialmente mujeres embarazadas y en período de lactancia. Esta bonanza, sin embargo, no está justificada.

Semana 27: Día 188: Leche líquida vs. Leche en polvo

Hace 188 días que incorporé lácteos en mi dieta. Antes les escapaba, no me gustaban mucho y asumía que era pura grasa. Pero un vegetariano que encima quiere ganar masa muscular necesita obtener proteína de alto valor biológico de varias fuentes, y la leche (y derivados) fue la mejor alternativa.

Al principio compraba un sachet de un litro y lo dejaba durmiendo en la heladera. Sólo le ponía un chorrito a las infusiones, y me di cuenta que duraba demasiado tiempo en la heladera. Para el desayuno ya consumía yogurt, así que mi romance con la leche empezó a decaer. No le encontraba sentido a comprarla para tener que tirarla a la semana. Entonces se me ocurrió la idea más obvia que podría haber tenido: ¡leche en polvo!

Resultó ser que la variante deshidratada (y descremada, por supuesto) resiste muchísimo más tiempo, y es más transportable (no requiere frío para su conservación). Siendo que muchas veces tenía que consumir mis colaciones fuera de casa, llevarme el paquete de leche en polvo (atado con una gomita) me resolvió cualquier inconveniente. Al poco tiempo, mi nutricionista me agregó una comida con muchas proteínas para después del gimnasio, como para potenciar el desarrollo muscular. Ahí empecé a tomar un powerade con una cucharada de leche en polvo. Pero siempre me quedó la duda de si era lo mismo que tomarla líquida. Después de investigar me sorprendió que diversos estudios demuestran que son prácticamente iguales.

El INTA (Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos) comprobó que ambas tienen el mismo valor nutritivo. Las ventajas de utilizar la leche fluida son que viene lista para consumir (con lo que se evitan errores en la dosificación), es más higiénica (no tiene que manipularse), y suele tener mejor sabor que la rehidratada (probablemente por la calidad del agua con la que la mezclamos). Pero es más cara, y una vez abierta hay que tomarla a los pocos días o se vence.

La leche en polvo fue producida por primera vez en 1802 por el doctor ruso Osip Krichevsky. Se expandió con facilidad en países en vías de desarrollo gracias a su bajo costo de transporte y almacenamiento: doce meses si se empaqueta en bolsas de 25 kg y seis meses en paquetes de más de 200 kg. Es ideal para quienes hacen supervivencia, o para quienes precisan alimentos no perecederos. Por cada kilogramo de producto disecado se llegan a obtener ocho litros en forma líquida, lista para consumir.

La leche en polvo se consigue mediante un proceso por el que se elimina toda el agua. Obviamente, el resultado requiere hidratarse para poder tomarse. Un paquete puede llegar a durar meses, algo que con la versión líquida no pasa, ya que suele durar siete días, y una vez abierto el envase comienza a perder propiedades y a dejar de ser tan nutritiva. La leche en polvo conserva todas sus propiedades y nutrientes (como el calcio y las proteínas) hasta que es mezclada con agua. Su aporte vitamínico es similar al que brinda en estado líquido: ambas contienen casi las mismas dosis de vitamina B, A y D. Aunque en los paquetes que compramos en almacenes y supermercados se nos indica el porcentaje de agua que hay que agregarle, hay quienes aumentan la dosis de producto para tener un mayor aporte nutricional que la misma cantidad de leche fluida.

De momento me sorprende la cantidad de lácteos que consumo y sigo bajando de peso. Ahora volví a aumentar las porciones en cada comida, con la esperanza de no perder músculo y hacer que crezca. En seis meses veremos si realmente funcionó.

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