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Semana 10: Día 65: Con la valija armada para La Misión…

…si solo pudiésemos pasar al perro…

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Semana 10: Día 64: 169,48 km en un mes

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Poco menos que una maratón. Esa es la diferencia entre lo que corrí en octubre y la distancia recorrida en noviembre. Viendo mi historial fue lo mismo que hice en diciembre del año pasado, así que me quedo un poquito más tranquilo. Me gusta sumar y superarme. Hacer menos que antes me preocupa. Pero porque soy un obsesivo, en el fondo sé que carece de importancia.

Este mes hubo mucha, mucha caminata. Entrenamos con mochila hasta el miércoles pasado. Aunque hoy la llevamos al entrenamiento, con el día pesado y las contracturas que ponían en riesgo La Misión, nuestro entrenador tuvo clemencia y nos dijo que entrenáramos sin nada encima. Es un verdadero relajo estar tanto tiempo corriendo con peso sobre los hombros y poder liberarse de él.

Tuvimos entrenos largos, algunos de tres horas. Pero nada se compara a lo que vamos a vivir en poquitos días en la montaña. Durante este mes mis pies soportaron mucho trabajo. No parece sumar en el total, pero es lógico que alternar caminata con trote o directamente solo caminar nos iba a tomar más tiempo recorrer menor distancia. Pero tan duro le dimos que ya corté los cordones de las dos zapatillas nuevas. Mejor ahora que en la carrera… esto me encendió la alarma como para llevarme un cordón extra para cada pie… además de medias secas de repuesto. Sé que a partir del 12 de diciembre en el ultra trail vamos a exigirnos al máximo, así que intentaremos tomar todos los recaudos que podamos.

No disfruté de ninguna carrera durante noviembre, y me di cuenta que es algo que extraño. Mi hermano Matías me invitó a correr los 10 km de la Nike, pero preferí bajarme para cuidarme para La Misión. En el entrenamiento de hoy hice 14 km, cualquiera podría decir que exageré un poco al ser tan precavido, pero me lo tomé con calma, sin ansiedad ni nervios. No tiene mucho sentido arriesgar meses de trabajo a esta altura.

Ya queda muy poco para la carrera. En esos tres o cuatro días debería recorrer casi lo mismo que todo este mes que pasó. Si le sumo la San Silvestre del 31 de diciembre debería estar empatado. Pero vamos a ver cómo quedo en mi regreso, que va a coincidir con la víspera de mi cumpleaños. Mi siguiente plan para 2013 será recuperarme lo más pronto posible y empezar a sumar kilómetros con fondos largos. Pero para eso falta, primero hay que pasar diciembre y La Misión, esa carrera a la que le tengo ganas desde hace muchos años…

Semana 9: Día 59: Intercambiando consejos entre corredores

Hoy en el entrenamiento de los Puma Runners empezamos a intercambiar consejos. Supongo que lo hacemos siempre, sobre todo a instancias de una inminente carrera (para los que recién nos sintonizan, el 12 de diciembre cinco valientes del grupo y otros cientos vamos a hacer la ultra trail de La Misión). Y surge espontáneamente, en especial entre compañeros. Uno no se guarda las experiencias personales, sino que intenta compartirlas.

En mi caso, empecé a entrenar en este running team y fui captando esos consejitos de los más experimentados. Y es algo que, afortunadamente, nunca se detiene, porque siempre existe algo que no sabía y que me puede ayudar en la siguiente carrera.

En el caso de La Misión, lo que más me preocupaba era que van a tener dos cantinas (a los 50 y a los 100 km) donde se puede comprar comida. El tema es que siempre hay hamburguesas, y se rumoreaba que también iban a tener lentejas. Bueno, ese rumor carece de validez, porque solo van a tener disponible carne para los corredores. Me contacté con la organización, me confirmaron esto, y me adelantaron que este año van a permitir que uno les deje bolsas con comida (recomendaban que fuese deshidratada) y ellos las iban a llevar a cada cantina. De esa manera, uno aliviana peso y se asegura algo caliente para comer.

Apenas supe esto, se los comenté a mis compañeros del grupo. No vamos a correr todos juntos, pero tenía sentido compartirlo porque seas vegetariano o no, una hamburguesa después de hacer 50 km puede ser una bomba intestinal. Estábamos corriendo en la noche destemplada mientras hablábamos de esto, y les sugerí llevarse cous-cous o polenta, alimentos que aportan muchos hidratos de carbono (y casi nada de grasa). Solo hace falta echarles un poco de agua hervida y listo.

Otro tema que tocamos fue cuidar los pies. Exponerlos a un trayecto de 160 km, por más que sea en varios días, es muy exigente, y hay que asegurarse de convivir el menor tiempo posible con dolores, lastimaduras y ampollas. Lore, una de las “misioneras”, nos recomendaba hacernos masajes con alguna crema para pies, y empezar desde ahora. Habiendo participado en los 100 km de la Patagonia Run, doy fe que se paga un precio bastante alto en el terreno de la belleza podológica.

Más consejos sobre los que hemos discutido: hidratarse muy bien, pero no llevarse mucho líquido desde la largada. Hay muchos arroyos de deshielo en el trayecto, así que uno puede irse llenando la cantimplora. Pero hay que tener en cuenta que esta agua tiene bajo contenido de sodio, así que hay que agregarle sales.

Importante, también, llevar una cuerda. Nunca se sabe para qué la puede necesitar uno, si para atar algún elemento, asegurarse algo al cuerpo, o unir a dos compañeros que no quieren que el viento y el cansancio los separe.

Otra sugerencia que surgió hoy fue llevar guantes sin dedos, para que las manos no se ampoyen con los bastones (elemento imprescindible en la montaña).

Comida de marcha: que sea liviana y calórica. Guardar para el final algo muy rico, que nos levante el ánimo (me recomendaron el Mantecol, que me parece grasoso y nunca me gustó). Creo que me voy a llevar pretzels, o un sándwich de dulce de batata.

Protección contra el agua: es casi imposible no mojarse al cruzar arroyos, pero en la eventualidad de que llueva o de que uno cruce una corriente de agua con mucho caudal, una sugerencia es poner todo, todo, todo adentro de bolsas. Con Vicky vamos a meter todo en Ziplocs, para que nuestras pertenencias queden cerradas lo más herméticamente posible. En las cantinas de los 50 y 100 km van a habilitar además la opción de dejar ropa. No está de más tener un par de medias secos esperándonos.

Seguramente en estos días vamos a seguir intercambiando experiencias. Uno nunca deja de aprender… ni de aconsejar.

Semana 9: Día 57: Pesadilla en lo profundo de La Misión

Estoy en La Misión. ¡El día finalmente ha llegado! Tengo mi mochila, y una tonelada de entusiasmo. El día está fresco, lo cual justifica todo el abrigo que me traje. Arrancamos en medio de la ciudad, que está atiborrada de paseantes. El Centro de Villa La Angostura tiene un gran centro comercial, por donde pasamos caminando tranquilos, bajando escaleras. Me separo de Vicky, pero estamos conectados por nuestros teléfonos.

Es el mediodía, acabamos de salir, así que desconocemos el cansancio, el hambre, el frío. Está todo bien. O casi todo. Vengo codo a codo con el Sordo, compañero de los Puma Runners. Él es la voz de la experiencia, tiene varias Misiones en su haber, así que le hacemos caso en cada consejo. Le confieso que me acabo de dar cuenta de que no me compré el aislante para dormir encima. Es un elemento obligatorio, y nos pueden descalificar. Sé que Vicky tampoco tiene, así que no quiero dejar pasar que estamos en la ciudad para comprarlo.

Vamos hasta una casa de camping, y le pregunto a la vendedora por aislantes. Me trae dos rollos plateados y muy livianos. “Ciento ocho pesos cada uno”. No tengo ni idea de cuánto salen, así que ni me quejo. Le digo que me los llevo. Bien me podía decir que estaban mil dólares, que igual los iba a necesitar. Pago con débito, pero cuando saco la billetera las tarjetas (subtepass, Carrefour, Disco, Club de Beneficios de Peluquería Hernán) salen volando. Se forma fila atrás mío en la caja, pero no puedo encontrar el maldito plástico. Cada vez que creo que la encuentro, me doy cuenta de que no es. Me empiezo a desesperar. ¿Cómo puedo ser tan inepto? Finalmente aparece, hacemos la transacción, y me voy tranquilo con el Sordo.

Está nublado. Retomamos la marcha. Saco la lista de equipo reglamentario. Había que llevar agua con sal. Y yo no tengo. ¿Para qué? Evidentemente tiene que ver con el agua de deshielo que no tiene sodio. Y viene bien para si nos sentimos mal o si nos lastimamos. ¿De dónde voy a sacar agua con sal? Tampoco tengo el botiquín completo. Me faltan los guantes de látex, ibuprofeno, y un montón de cosas que no sé dónde comprar. ¿Cómo voy a encarar esa carrera con tantos faltantes? De hecho, ¿no faltaban varios días para la largada? ¿Qué pasó en el medio? ¿Cómo llegué hasta acá?

Me voy en 4×4, recorriendo montítulos de arena, sin ninguna dificultad. Pasamos por encima de piedras, lomas de pasto, nada nos detiene. Tan acelerados venimos que atropellamos un alambrado intentando frenar, y no queda otra que volver a tirarla abajo para retomar el camino. ¿Cómo llegué acá?

El perro me camina por encima de la cara. Quiere que lo saque a hacer pis. Me despierto de a poco, con la mitad de la conciencia en Villa La Angostura y la otra mitad acá, en Colegiales. Faltan 20 días para La Misión.

“Amor”, digo, “todavía no compramos los aislantes”...

Semana 8: Día 56: Objetivos a corto plazo

“A corto plazo, Casanova… a corto plazo” es el mantra que me repito, una y otra vez.

Cuando veo que en agosto del año pasado corrí lo mismo que en agosto y noviembre de este año (unos 280 km) me invade la ansiedad y quiero largar todo y salir corriendo. Si estoy volviendo a casa del súper, pienso en arrojar las bolsas al suelo y correr hasta que caiga la noche y las piernas no den más. Pero resisto la tentación, porque ahora me estoy preparando para La Misión, ultra-trail de diciembre.

Y ese es mi gran problema, me cuesta mucho pensar en lo inmediato, en los “baby steps”. Tengo la cabeza en marzo, hago cuentas de los días que tendría para entrenar, hacer fondos largos, y llegar a correr 100 km en menos de 10 horas y media. Me paso gran parte del tiempo intentando imaginar cómo sería alcanzar finalmente esa marca, que es lo que me va a permitir correr los 246 km de la Espartatlón. Y así me vivo adelantando en el tiempo, intentando empezar por arriba en lugar de por el principio.

Es cierto que con objetivos a corto plazo, el tiempo pasa más rápido, uno entretiene la cabeza y calma la ansiedad. Pero ahí estoy, más concentrado en pasado mañana que en mañana. Y esto funciona tanto en lo macro como en lo micro. Lo aplico en mis proyecciones de todo el año, así como en las carreras. Quizá, si aprendo a calmarme y a ir de a poco en un entrenamiento o en una ultra, podré organizarme mentalmente y no sucumbir ante la desesperación de querer cumplir hoy todos los objetivos.

“A corto plazo, Casanova”. No parece tan difícil.

Me faltan unos guantes de látex, una palita, un CD para usar de espejo (y hacer señales) y un casco. Y con eso ya estoy listo para La Misión. Primer “gran” objetivo a corto plazo. Intentaré concentrarme en eso, hacer mis 160 km en la Cordillera, y después veré cómo seguir.

Semana 8: Día 55: Caminar vs. Correr

Es posible que vos, al igual que yo, creas que caminar cansa menos que correr. Bueno, en realidad yo ya no pienso esto. A los golpes la vida me ha demostrado que una actividad tan subestimada como la caminata puede ser muy exigente.

Con Vicky estamos preparándonos para La Misión, un ultra trail en la mismísima Cordillera de Los Andes, que por las particularidades del terreno no permite que uno corra demasiado. Quizá con precaución en las bajadas, y si nos cruzamos algún llano. Podría suponer, sin temor a equivocarme, que vamos a caminar el 90% del trayecto. Para prepararnos para esta tarea, en los entrenamientos nos calzamos la mochila (que más o menos tiene los elementos que vamos a llevar a La Misión) y salimos a caminar, no menos de dos horas. Ayer, por ejemplo, alternando un poco de trote con caminata, terminamos en casi tres horas… absolutamente abatidos, con los pies latiendo.

Muchos pueden subestimar a la caminata, creyendo que es algo que insume poca energía o que no sirve para quemar las grasas. Bueno, permítanme decirle a aquellos desconfiados que es un error. En Europa, Vicky y yo nos la pasamos comiendo. Me limitaba a una baguette por día en París, por miedo a estar excediéndome. Y no, no la hacía durar toda la jornada, sino que la liquidaba de un tirón, con pequeños intervalos para poder respirar. Corrimos en pocas oportunidades, unas tres o cuatro veces en tres semanas. Pero claro, caminamos todo el tiempo, recorriendo las ciudades, aún cuando combinábamos varios puntos con subterráneos o trenes. Y volvimos con varios kilos de menos. Incluso ciertas mediciones más específicas, como la sumatoria de los milímetros de los plieges de la piel daban que habíamos perdido peso. Hasta los perímetros de la cintura, en ambos, bajó bastante. Romina, nuestra nutricionista, me dijo: “¿Viste que todo el mundo subestima la caminata como ejercicio para perder peso?”.

Quizá nosotros nos excedíamos. O estamos armados para correr, porque al final del día caíamos rendidos, con las piernas entumecidas de tanto caminar. Una noche de sueño nos dejaba totalmente recuperados a la mañana siguiente, así que desayunábamos y salíamos a destrozar nuestros pies nuevamente.

Tanto en Yaboty como en Patagonia Run (incluso en los entrenamientos actuales) nos damos cuenta que correr nos relaja. Necesitamos hacerlo, estamos caminando tanto que llega un punto en que no damos más. Los pies duelen, al igual que los cuádriceps y gemelos, y contrario a lo que diría el sentido común, con esa mochilota a nuestras espaldas, salimos a correr y nos sentimos mejor. Suena extraño, lo sé, pero el descanso de la caminata, para nosotros, es el trote. Así que, en la medida de lo posible, intentaremos ir alternando cambios de ritmo en la montaña, y ver qué pasa.

Caminar tantas horas es una actividad muy dura a nivel psicológico. Las distancias se vuelven mucho más largas y parece que nunca vamos a llegar. Uno comienza a frustrarse porque el cansancio aumenta pero los objetivos parecen más lejanos que nunca. Y hay que echar mano a trucos para pasar el tiempo y desocupar la cabeza, que solo piensa en llegar de una maldita vez. Ya he comprobado con bastante éxito que hacer cambios de ritmo es un relajante mental. Al ir calculando los minutos de trote y alternarlos con los minutos de caminata, uno se distrae y el tiempo pasa más rápido. Supongo que ir mirando el reloj distrae un poco de la inmensidad que es la proeza de llegar hasta la meta. Objetivos cortos, de alcance inmediato, ayudan a sentir que avanzamos, sobre todo si tenemos que ir muy por debajo de nuestro ritmo ideal.

Otro factor que creo que me va a ayudar mucho es ir en pareja. Originalmente La Misión era obligatoriamente en equipo, mientras que ahora es individual (lo que no impide que uno tenga la compañía de otro corredor). Cuando largué en la fría medianoche de la patagonia y tuve que avanzar por la oscuridad, en silencio, soportando las bajas temperaturas y la desesperación por no poder ver ni siquiera el paisaje (solo lo que la linterna iluminaba), solo quería estar acompañado. Intentaba sin éxito pegarme a otros colegas conocidos, pero los perdía de vista constantemente. Encontrarme en la mitad de camino con Vicky fue una sensación maravillosa, indescriptible. Teníamos recorridos distintos y nos cruzamos de casualidad. Fue una alegría inmensa.

Para La Misión vamos a tener la oportunidad de acompañarnos y sortear esos kilómetros en equipo. Correr solo está bien para mí, creo que uno pone en juego los límites del físico. Pero caminar acompañado… creo que es necesario, sino es obligatorio.

Semana 7: Día 45: A un mes de La Misión

Cada día me prometo actualizar el blog más temprano, lo más lejos posioble de la medianoche. Cada vez fracaso estrepitosamente. Pero sigo intentando.

Qué va a ser La Misión, qué vamos a sentir, cómo lo vamos a vivir… es un misterio par nosotros. Imaginamos que va a ser algo parecido a Patagonia Run, quizá un poquito a Yabotí. Son nuestros únicos referentes de ultramaratones. Pero no creo que estemos muy lejos de lo que realmente va a ser. Yo tardé 9 horas en hacer 45 km en la Cordillera, así que supongo que en Villa La Angostura será lo mismo. Vicky le puso unas 11 horas a 57 km, así que no es descabellado calcular que podemos hacer 50 km en 10 horas, o sea en un día.

Mientras planeamos e ideamos nuestra estrategia, entremanos con la mochila. Tratamos de que tenga un peso “real”, con las verdaderas cosas que vamos a llevar. Se siente como un ensayo más que un entrenamiento, y el estreno va a ser el 12 de diciembre. Hay nervios, le tememos al pánico escénico, pero seguramente vamos a pasarla muy bien. Eso no quita que suframos, nos agotemos y hagamos el eterno juramento de “quién me trajo acá, no hago esta carrera nunca más”.

La mochila me resultó más liviana de lo que me esperaba. Es cierto que no tengo “todo” lo que tendría que llevar, pero supongo que la cargué con el 95% del equipo obligatorio (más algo de comida). La de Vicky es un poco más chica (25 litros contra los 35 míos) y eso le preocupa un poco porque cree que no le va a entrar todo lo que está obligada a cargar. Lo iremos viendo, aparentemente haberse puesto una bolsa hidratadora le haya quitado espacio y agregado peso. Unas caramañolas colgadas con una tira cruzada puede ser una buena alternativa.

Los entrenamientos de ultramaratones son verdaderos ejercicios mentales. Más que correr, uno camina, y la cabeza trabaja sin parar. Las piernas también se esfuerzan el doble, y no tengo del todo claro por qué. Mis cuádriceps duelen más de lo habitual, y eso que hoy no hicimos ninguna cuesta, solo trote y caminata.

No sé si puedo ser capaz de enfatizar lo soñada que es esta carrera para mí. Cuando empecé en el grupo de los Puma Runners, hace unos cuatro años y medio, veía con esa admiración de lo inalcanzable el poder correr La Misión. Sabía que había distancias intermedias, y cuando empecé el blog de Semana 52, mi primera meta fue, en un año, llegar a correr la Half, que son 80 km. Esa era mi meta lejana. Nunca la cumplí oficialmente, aunque superé esa distancia en otras ultramaratones. Pero en ese entonces (agosto de 2010) no se me cruzaba por la cabeza hacer 160 km. Eso era algo titánico, imposible para mí. Y estar preparándome para hacerlo, con la total confianza de que tengo la experiencia y el entrenamiento necesario para llegar a la meta, me hace sentir una emoción muy especial.

Pocas veces en mi vida pude reconocer que llegué lejos. Tachen eso. Jamás, en toda mi vida, me encontré reconociendo que había llegado lejos. Solo con el running. Me siento confiado y feliz, gracias a todo lo que pude aprender en estos últimos años. La Misión hubiese sido una buena excusa para colgar los botines y dedicarme a otra cosa… pero se me metió en la cabeza la maldita Espartatlón… y ahora no quiero parar hasta los 246 km. Sin embargo, nunca hice 160 km, y si los puedo conquistar en 30 días, va a ser un antes y un después para mí…

Semana 6: Día 36: Potencia en las piernas

Hoy fue uno de esos días en el entreno de los Puma Runners donde trabajamos mucho las piernas. Parece algo obvio, corriendo entrenamos básicamente el tren inferior, pero en este caso combinamos mucha cuesta con progresiones.
El objetivo está puesto, desde hace meses, en La Misión. Vamos a estar caminando muchas horas, y en ascenso. Por eso dependemos de nuestras piernas, de que sostengan nuestro peso y el de la mochila. En la montaña hay poco (o ningún) margen de error.
Me siento bastante preparado, aunque el entrenamiento fue bastante agotador. La vi muy bien a Vicky, quien a pesar de que iba a su ritmo, con su música, estaba codo a codo conmigo. Se ve su progreso en su postura, en su resistencia, en la forma que tomaron sus piernas. ¿Se notará esto en mí? No tengo parámetro, no sé cómo me veo corriendo y si cambié algo en estos años…
Creo que vamos a hacer una muy buena carrera. El objetivo, más que nunca, es llegar, pero me da la impresión de que estamos bien preparados. Hay cosas imprevisibles (como el clima), pero superando entrenos como el de hoy, con bastante calor y muchas cuestas, siento que estamos en el camino correcto. ¡Qué ganas de que ya sea diciembre!

Semana 2: Día 8: El paraíso de los deportistas

Alguna vez se me acusó de intentar ponerle propaganda al blog. Siempre intenté mantener independencia, y poder hablar bien de las marcas que me gustan (Puma, Asics, Powerade) y mal de las que no (Nike, Coca-Cola, McDonald’s). Ahora siento que puedo hablar a mis anchas de esta marca porque no existe en Argentina (creo que ni siquiera en Latinoamérica), así que todos van a darse cuenta de que no tendría sentido que me paguen o que me den un canje por hacerles un “chivo” (pero estaría más que dispuesto, señores gerentes de marketing).

Una de las situaciones que más me entusiasmaban de este viaje a Europa era visitar la tienda Decathlon, en Madrid. Yo lo llamo “El Easy de los atletas”, porque se maneja como si fuese uno de esos monumentales hipermercados, donde cada producto está orienado al deporte. Claro que hay secciones que no me interesan (como pesca, caza o golf), pero también tiene góndolas y góndolas con ropa y accesorios muy útiles.

Recomiendo a cualquier viajante que venga para España, ya sea Madrid o Barcelona, así como Francia, que se haga un momento para pasar por alguna de estas tiendas. en primer lugar, un gran porcentaje (calculo que un 90%) son productos de manufactura propia. Tienen algunas remeras de Adidas o Nike, así como calzado Salomon, pero son minoría. Las marcas Quechua, Kalenji o Domyos no le sonarán a nadie, pero son económicas y de muy buena calidad.

Nuestro entusiasmo por ir al Decathlon obedecía a que vamos a participar en La Misión en diciembre, y teníamos una larga lista de elementos obligatorios que llevar. Aún si convertimos a pesos todos los euros que gastamos en estos días, gastamos mucho menos que si comprábamos productos similares en casa. Entre todo el equipo que conseguimos bajo el mismo techo hay camperas impermeables, buzos de micropolar, polainas, cantimploras, remeras térmicas, mochilas, sacos vivac, purificadores de agua, cubre pantalones, anteojos, zapatillas para trekking, y la lista sigue. Luego hicimos el tax free, así que en la aduana, antes de tomar el avión, deberían reintegrarnos casi el 10% de la compra. Como enganchamos el principio de la temporada de otoño, conseguimos muchas cosas de rebaja, como remeras por 7 euros, o calzado rebajado de 90 a 65 euros (que creo fue el producto más caro de toda nuestra lista).

A alguno podrá parecerle que dejarse llevar por impulsos consumistas, en la situación económica actual (tanto de Argentina como España) raya en lo inmoral. Es entendible, sobre todo cuando lo único que uno necesita para correr es un par de zapatillas decentes. Pero en los ultra trails es imposible escatimar. Aunque son eventos controlados, uno pone en riesgo la integridad física, la salud y hasta la vida. No sabemos qué clima vamos a tener en la Cordillera de los Andes, y necesitamos estar lo mejor preparados posible. Seguro que hubiésemos podido pedirle prestado algo del equipo a veteranos de La Misión, pero esta es una inversión a futuro: vamos a querer seguir haciendo ultra trails, y no queremos dejar pasar la oportunidad de tener buen equipo y a buen precio. Con todo el esfuerzo del viaje y los percances que vivimos (cepo cambiario, tarjeta de crédito clonada, el perro que dejamos en casa y al que extrañamos) creo que es justo decir que nos hemos ganado esta visita a la Panacea de los deportistas.

El dinero no hace la felicidad. Tampoco los bienes materiales. Pero si nos importase la plata, la guardaríamos abajo del colchón y no la gastaríamos. También levantamos pedidos entre amigos y compramos montones de regalos. Para nosotros la felicidad es ir a esta carrera, hacerla y disfrutarla. Y con todo este equipo (que es NUESTRO), estamos mucho más cerca de ese objetivo.

Semana 49: Día 339: Soñando con La Misión

Estamos viviendo una situación idílica. Como yo envidiaba a los que no habían visto Lost y tenían toda esa panzada de capítulos por delante, estamos a pocos meses de La Misión, un ultra trail de mucha dificultad y gran prestigio que aún no hemos corrido. Desde hace años venimos escuchando de gente que la ha realizado, y todos relatan su experiencia con un brillo en sus ojos. Y nosotros solo tenemos eso: experiencias ajenas. No hicimos la nuestra, por lo que tenemos a esta competencia como algo súper idealizado.

La emoción de estar por hacer algo por primera vez es difícil de describir. Sentimos mucha expectativa, intentamos imaginarnos cómo va a ser vivir esos tres o cuatro días en la montaña… El día de mañana seguramente le transmitamos esta experiencia a otros novatos, pero ahora tenemos la suerte de no saber nada más que lo que nos cuentan.

El sábado, sentados en el pasto, disfrutando del sol, charlábamos con Dany, veterano de varias Misiones, y con unos detallados planos de las montañas de Villa La Angostura nos relataba los caminos que transitó, el clima, cuándo descansó, cómo hizo para dormir, cómo combatió el frío, el hambre, el sueño, el cansancio. Y con cada dato que nos tiraba, Vicky y yo ansiábamos más que llegue el día y estemos allá, con nuestro equipo listo, a punto de partir.

El viaje a Europa se ha convertido en una parada necesaria para comprar parte del equipo obligatorio. Sobre el final de nuestro viaje tendremos Madrid, donde podremos disfrutar del Decathlon, la mega-tienda (que no existe en Argentina) donde venden desde medias hasta una tabla de windsurf. Ya tenemos algunas cosas vistas por internet, pero dejaremos pasar los últimos gritos de la moda de París, Roma y Londres, para concentrarnos en los implementos para trail y aventura que más necesitamos. Cuando uno vive el running con una pasión similar a la nuestra, viajar afuera y comprarte un par de zapatillas puede ser casi tan ansiado como visitar la Torre Eiffel…

Actualmente tenemos reservado el lugar, habiendo pagado una reserva. Nos quedan muchos gastos por delante (hospedaje, traslado, equipo) que tendremos que hacer durante y después de un viaje que, de por sí, nos va a salir caro (15% más caro si lo pagamos con tarjeta), pero estamos muy entusiasmados. Es probable que una travesía como la que vamos a encarar a Europa sea una de esas cosas que hacés una vez en la vida. Lo mismo con La Misión, es agotadora, y requiere de invertir bastante dinero. Pero venimos soñando con esto desde hace más de un año, y cada día que pasa, ese sueño se va sintiendo más real. Ya queda poco, y va a ser un lindo auto-regalo de cumpleaños para mí.

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