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Semana 44: Día 302: Buscando gimnasio

Estoy a ocho semanas de terminar el año de entrenamiento. Dos meses en los que quiero afilar el lápiz. Con el viaje a Perú, sumado a que mi base de operaciones (la casa de Vicky) cambió, abandoné el gimnasio. Tengo un par de mancuernas con las que estoy manteniendo lo que gané de bíceps y tríceps, pero me está haciendo falta profesionalizarme.

En el comienzo de Semana 52, la musculación comenzó en mi casa. Orientado por mi entrenador, Germán, empecé dándole mucha importancia a los hombros. De a poco, se fueron desarrollando, mientras perdía peso a lo pavote. Fui ganando fuerza en los brazos, y lo noté cuando mis flexiones dejaron de ser las más lastimosas del mundo.

Cuando empecé a ir a un gimnasio, conseguí uno de esas cadenas (que empiezan con S y terminan con portclub) gracias a un amigo que me consiguió un importante descuento. Aún así no era barato (al menos para mi economía), pero los servicios eran muy buenos. Tenía varios niveles, pileta climatizada, máquinas nuevas y en buen funcionamiento, buen servicio de limpieza, y no uno, ni dos, sino seis plasmas, sintonizados en diferentes noticieros, canales de deportes y el Fashion TV.

Luego comencé mi relación con Vicky. Muchos me aseguraron que Semana 52 moría el día en que me pusiera de novio. No ocurrió, aunque es cierto que empecé a pasar mucho más tiempo con ella, frecuentando su barrio. Fue entonces que me vi en la necesidad de encontrar un gimnasio que me quede más a mano. El tema del entrenamiento es que muchas es un fino equlibrio entre la rutina, el presupuesto y la motivación.

Así fue que me puse a buscar algo más a mano, que no me quitase tanto tiempo y que no se saliese de mi presupuesto. Intenté con la otra cadena, esa que suena parecido a Megatrón (villano de Transformers), pero requería que pagase seis o doce meses por adelantado. Puedo comprometerme con una mujer, pero ¿con un gimnasio? Para colmo me fastidió un poco que entré en esta sede a preguntar el precio de la cuota, y no me lo querían decir. Me hicieron llenar una planilla, me explicaron los veinte mil beneficios que tenían, pero de costos, nada. Pregunté varias veces, y siempre me mencionaban algún servicio extra de tal o cual plan, o me ofrecían hacer una recorrida por las instalaciones. Finalmente confesaron la pequeña fortuna que costaba su membresía.

Opté por hacer la prueba en un gimnasio más “de barrio”, de esos por los que pagaba 20 pesos para tener acceso full (me avisan que me quedé en el tiempo y que eso no existe más). Cruzando, enfrente de departamento de Vicky, hay un Planet Fitness, que es más austero que las otras cadenas, pero casi igual de cara. Así que estaba medio en la misma.

Cuando me iba a rendir y a pagar lo que me pidieran, me crucé con lo que buscaba. Esos gimnasios con olor a club, que no se preocupan tanto por la estética, ni tienen seis plasmas (lástima, me voy a perder la resolución del reality de pintores que daban en el Fashion TV). Las máquinas están bastante bien, aunque alguna da la impresión que si me raspa podría darme el tétanos. Pero es la opción que necesito: entrenar sin ataduras, por si el día de mañana cambio de barrio y necesito empezar de nuevo. Hay diferentes motivos para elegir un gimnasio adecuado. En mi caso responde a cercanía y comodidad. Si es un lugar ostentoso o no, me da bastante igual. Después de todo, el Indio Solari lo puso muy bienuna vezz: el lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistó.

Semana 42: Día 294: Algunos consejos para hacer abdominales

Se acerca, lentamente, el año de entrenamiento. A veces me parece que pasaron tantas cosas, otras no puedo creer cómo pasa el tiempo.

Siempre me preocuparon mis abdominales, y aunque estoy todavía lejos de la cubetera, era mi zona más descuidada y ahora la noto mucho más fuerte. Y como sigue siendo el término más buscado en este blog, podemos comentar algunas cosas que he ido aprendiendo.

Primero y principal, hay que saber dónde están nuestros límites. “Matarse” en el gimnasio o en casa no sirve más que para frustrarnos. Como el público se renueva, vuelvo a la anécdota de aquella vez en que me frustré por mi panza. Estaba en el departamento de mi amigo Fito, especialista en fitness y con la mitad de cintura que la mía. Fue el shock que necesitaba para empezar una rutina de abdominales. En mi casa, mi hermano tenía un banco inclinado, así que empecé, a lo Rocky entrenando para pelear contra Ivan Drago. Sudando la gota gorda. Series de 15 abdominales. Uno, dos, uno, dos. Debo haber hecho unas 350. Estaba orgulloso de mí.

Al día siguiente sentía todavía un calor en el estómago. Fui a trabajar con alguna molestia, y me di cuenta que me había sobre-entrenado. Claro, el verdadero dolor vino al día siguiente. Si estaba sentado me sentía bien. Cuando me paraba era la cosa. No podía enderezarme, andaba encorvado. Ni hablar de correr el colectivo o subir y bajar las escaleras del subte. Pocas veces me sentí tan frustrado. Por supuesto, fue la receta perfecta para no volver a intentar hacer abdominales por varios años.

Cuando empecé a entrenar asiduamente, parte del ejercicio era, por supuesto, hacer bolitas, bicicleta, etc. Me costaban horrores, no podía hacer más de seis seguidas. No era una cuestión de motivación, sino de limitación física. Mi cuerpo no llegaba a tanto. Lo resolví como se resuelve todo: con paciencia. Las abdominales cruzadas (informalmente “bicicleta”) me resultaban las más fáciles, así que me concentré en esas. Cuando empecé Semana 52, mi entrenador me indicó hacer 500 por día, así que las separé en series de 50. Y cuando me sentí seguro, cambié algunas cruzadas por bolitas, escuadras, isométricas, y antes de darme cuenta, ya podía levantar el peso de mi torso con las abdominales con una facilidad que era nueva en mi vida.

La constancia y la paciencia son las dos claves para el desarrollo abdominal. Pero no hay que confundir un músculo fuerte con uno marcado. Lo que vamos a obtener primero que nada es fortaleza. Si queremos marcar tenemos que combinar cualquier rutina con ejercicio aeróbico y dieta. De nada sirve matarnos en el gimnasio si nuestra dieta es suministrada por Arcos Dorados S.A. (por más que quieras completar la colección de la Cajita Feliz). A esa fortaleza que vamos a desarrollar le tenemos que agregar una alimentación sana y la quema de grasas si queremos que se note la cubetera. Si no nos quita el sueño, con fortalecerlo estamos bien.

¿Por qué? Bueno, aunque no parezca, las abdominales nos ayudan a correr, sobre todo en ascenso, cuando necesitamos levantar las piernas. Aunque no tengo la cubetera, noté la diferencia del entrenamiento en el Camino del Inca, cuando tenía que subir los más de 36 mil escalones que encontramos diseminados por el trayecto. Realmente, eso hizo algo de diferencia.

Un error común a la hora de hacer estos ejercicios es que nos ponemos las manos en la nuca y hacemos fuerza, como si necesitásemos impulso. El objetivo es que la fuerza la haga el músculo abdominal, si intentamos levantarnos con los brazos sólo nos vamos a resentir la nuca. Los dedos deben apoyarse gentilmente en la cabeza, o a los costados de las orejas, y tenemos que levantarnos hasta donde podamos. Como dije antes, con paciencia vamos a llegar lejos. Con inteligencia, no nos vamos a lastimar.

Tampoco conviene entrenar todos los días. Los músculos necesitan períodos de descanso para crecer, en especial si estamos empezando. Si nuestra intención es hacer un entrenamiento intensivo, con hacerlo día por medio es suficiente. El día de mañana podemos hacer las mil abdominales del juez Baltazar Garzón, pero mientras tanto tenemos que intenar no quemar etapas (sólo grasa).

Por ahí parezca irónico, pero bajar de peso no equivale a no comer. Hay que tener alimento con hidratos de carbono, para usar de energía durante el ejercicio, y consumir proteínas para el desarrollo muscular. Es genial entrenar por la mañana, las hormonas están elevadas, y comenzamos el día en forma positiva. Pero lo primero que habría que hacer al salir de la cama no es abdominales, sino tomar agua para despertar el metabolismo e hidratar las células (que no reciben nada durante el sueño). Después un buen desayuno, un descanso para no tener problemas estomacales (recomiendo chequear mails o leer el diario), y ahí sí, estamos listos para ejercitar.

Esto es más improtante de lo que parece, uno no suele encontrar el momento para hacer ejercicio y lo deja de lado. Bueno, hay que encontrar ese espacio y atesorarlo. Si para conseguirlo hace falta levantarnos una hora más temprano, bueno, creo que es preferible a nada. Es cierto que mientras más dormimos, quemamos más optimamente nuestros depósitos de grasa. Pero aunque podemos encontrar miles de excusas para no entrenar, hay muy pocas para hacerlo. No nos inventemos escapatorias, si realmente queremos ejercitar, podemos. Es cuestión de empezar, y a medida que progresamos, nos vamos acomodando.

Y lo que no debemos descuidar una vez finalizada nuestra rutina, es ejercicios lumbares. Por ejemplo, ponerse en el suelo, boca abajo, y levantar el torso. Se suele recomendar que trabajemos los músculos opuestos para compensar. En el caso de las abdominales, el opuesto sería la espalda. Es un ejercicio que toma dos minutos, y es el cierre ideal para nuestra rutina.

Semana 30: Día 205: Running y celulitis

“Correr fija la celulitis”. Un comentario bastante escuchado entre las mujeres. Pero se trata de un mito.

La lipodistrofia ginecoide, también conocida como “Piel de Naranja” (celulitis esclerótica), es la acumulación de tejido adiposo que forma nódulos de grasa, agua y toxinas. Si bien no se considera una enfermedad, es “antiestética” según la poco copada sociedad, y afecta (en distinto grado) a casi la totalidad de las mujeres. Se trata de una alteración de la circulación de la capa grasa (hipodermis): el tejido graso crece y las paredes laterales se engrosan, formando pozos. Correr no es en sí un tratamiento, pero es un excelente complemento para combatir la celulitis. No existe ningún trabajo científico que asevere esto, pero sí que está más relacionado con el sedentarismo y la acción de las hormonas femeninas en la piel.

Correr, además, mejora la oxigenación y la micro circulación cutánea, elimina la grasa intramuscular, disminuye la grasa subcutánea, aumenta la actividad celular y la masa muscular fija de la piel dando sensación de menor flacidez.

Nuestro organismo cada día circula una cantidad necesaria de agua, y cuando llega a las zonas con un acúmulo indebido de tejido adiposo, no fluye ni el agua ni la grasa. En donde más se acumula la celulitis es en las piernas. Hay muchos tratamientos paliativos, pero no son definitivos si no se trata la grasa que hay debajo de la piel. Esto requiere entrenamiento, una alimentación adecuada y constancia. Los especialistas recomiendan rutinas de 3 días a la semana (al menos) para lograrlo:

  • 30-40 minutos de carrera a ritmo medio.
  • 20-30 minutos de elíptica, bicicleta estática o escaladora.
  • 4 series de 20 repeticiones en ejercicios de aductores, femorales, cuádriceps y glúteos.
  • 10 minutos de estiramientos tras cada sesión.

El objetivo es quemar grasa y tonificar y darle forma a los músculos. Otros hábitos saludables para combatir la celulitis son:

  • Tomar mucha agua (mínimo 2 litros diarios) para eliminar las toxinas del organismo.
  • Evitar la sal y los alimentos muy salados (quesos, carnes y pescados ahumados o conservados en lata, verduras en conservas) ya que favorecen la retención de líquidos.
  • Evitar dulces y mermeladas artificiales.
  • Comer mucha verdura cruda y fruta con la piel.

¿De dónde surge el mito de que el running fija la celulitis, entonces? Probablemente tenga que ver con el miedo a empeorar la situación. Es cierto que los impactos de una carrera puden dañar el tejido conjuntivo de la grasa, pero la quema de calorias hará que se reduzca. Muchas mujeres prefieren hacer localizada en el gimnasio antes que un ejercicio aeróbico como correr, o hacer bicicleta. Se comenta en los vestuarios de las damas que el impacto de la pisada hace que la situación se eternice en la piel. Pero es todo lo contrario, los corredores usan la grasa como combustible. Usarlo hace que, obviamente, se reduzca y con el complemento del gimnasio se puede encontrar tonificación. Si le sumamos una dieta baja en grasas y mucha hidratación, la celulitis irá perdiendo terreno.

Semana 30: Día 204: Un kilogramo más de músculo

Este ha sido un mes de triunfos para mi

Hoy tuve mi cita semi-mensual con la nutricionista. Le conté que en la última Merrell hice mi mejor carrera. Que en el gimnasio estoy empezando a hacer más repeticiones o a levantar más peso. Que me siento muy bien (a pesar de que todos me ven cada día más famélico). Me hizo las mediciones antropométricas, y cargó todo en su planilla.

La señora compuadora se encargó de analizar pliegues cutáneos, perímetros y peso. El coeficiente indicó que, por primera vez en estas 29 semanas, subí un kilo de musculatura. Para dar una idea del enorme progreso que esto significa para mi, voy a hacer un pequeño repaso de mis mediciones anteriores:

Masa Muscular:
31 de agosto: 31,2 kg
28 de septiembre: 30,3 kg
02 de noviembre: 29,6 kg
14 de diciembre: 30,1 kg (primera vez que aumentaba 500 gr de músculo, en lugar de bajar)
23 de febrero: 28,6 kg (primera medición luego de un mes sin gimnasio por mi lesión)
23 de marzo: 29,7 kg

¿Qué cambió respecto al mes pasado? Además de que estamos buscando aumentar la fuerza máxima en el gimnasio (con una nueva rutina), incorporamos mucha proteína, tanto en las comidas del día como en la colación post-gimnasio. Al principio tenía mis dudas de si esto iba a funcionar (es más, temía que la ingesta extra de quesos me hiciese aumentar mi grasa corporal), pero no cabe duda de que algo tuvo que ver.

La Masa Adiposa siguió bajando:
31 de agosto: 25,1 kg
28 de septiembre: 21,5 kg
02 de noviembre: 18,4 kg
14 de diciembre: 16,7 kg
23 de febrero: 16,1 kg
23 de marzo: 15,9 kg

Como puede observarse, aunque esté comiendo más, sigo quemando grasa. Al principio la diferencia era mucho más notoria que ahora (no me debe quedar mucha masa adiposa por eliminar).

Para tranquilidad de mi señora madre, hay una medición que confirma que me he estado alimentando todo este tiempo. Una variación de, por ejemplo, un kilo, implicaría que me estoy matando de hambre.

Masa Residual (compuesta por los órganos y la comida en el estómago):
31 de agosto: 8,1 kg
28 de septiembre: 7,8 kg
02 de noviembre: 8,0 kg
14 de diciembre: 7,9 kg
23 de febrero: 8,0 kg
23 de marzo: 8,0 kg

En cuanto a la medición de los perímetros, el que más aumentó (1,2 cm) fue el bícep flexionado. El muslo, también, ganó 9 mm.

En resumidas cuentas, digo con orgullo, una vez más, ¡el entrenamiento funciona! No sólo se ve en los resultados “de laboratorio”, sino también en las carreras. Es por esto que Germán, mi entrenador en Puma Runners, decidió subir un escalón y agregarle un día más de running a mi semana. Así que voy a empezar a correr también los jueves, seguramente por Palermo.

Se van acortando los tiempos hasta la meta de Semana 52. Hace poco pasaba la mitad, y aunque la lesión de diciembre me retrasó un poco, ya estoy encaminado, con el entusiasmo intacto. Me intriga saber si este entrenamiento me va a permitir mantener la tendencia del crecimiento muscular (no me molestaría mantener eso de ganar un kilo por mes), o si es como la pérdida de grasa, que hace una curvatura descendente con el correr del tiempo. Es algo para ir descubriendo. La próxima medición va a ser dentro de seis semanas, y ahí me sacaré la duda.

Semana 27: Día 189: Cuando el músculo se hincha

Hay un bloguero al que le encanta correr y hablar de eso, pero que se la pasa quejándose del gimnasio (sí, soy yo). Sin embargo, hay algo muy agradable, y es ese momento en el que los músculos se inflan, y parece que uno, de un momento a otro, se ha vuelto más grandote. Es un engaño que dura poco tiempo, pero es la situación ideal para mirarse al espejo y soñar que ese físico será, eventualmente, el que tengamos en forma definitiva.

A todos los que hemos ido con regularidad al gimnasio nos termina pasando. Hacemos bíceps y de pronto el brazo se hincha, las venas resaltan, y uno está más duro. Se siente la diferencia al tacto, cuando flexionamos el músculo, y se ve la hinchazon a simple vista. ¿Por qué pasa esto? Luego del esfuerzo del ejercicio, la zona trabajada se llena de líquidos. El efecto desaparece, generalmente, a la media hora.

Al empezar las rutinas de pesas, el corazón aumenta su frecuencia cardíaca para enviar más sangre al músculo y la presión sanguínea se eleva. Al contraerse los músculos presionan a las arterias, y esta tensión extra hace que se expulse agua, que se sitúa alrededor de los compartimentos musculares. Esto también hace que las venas se acerquen a la piel. Este efecto cede al dejar de entrenar, por eso es recomendable hacer algo de ejercicio aeróbico o de estiramientos al finalizar, para reestablecer la normal circulación. Después de que la presión sanguínea vuelve a ser normal, los fluidos de alrededor del músculo regresan, y el tamaño muscular pareciera disminuir, pero en realidad está en su posición regular.

Debido a esta revolución en las arterias, se recomienda no aguantar la respiración durantes los ejercicios. Esta técnica se conoce como Maniobra de Valsalva, y la dominan los culturistas avnzados, ya que genera una presión arterial muy alta que podría ser perjudicial para la salud (niños, no intenten esto en sus casass).

La diferencia entre hinchazón y crecimiento radica en que uno es el efecto inmediato (y momentáneo) del entrenamiento, mientras que el otro es el verdadero objetivo de hacer pesas (y toma mucho más tiempo). Para llegar a esta meta hay que cuidar mucho la alimentación. Cuando entrenamos consumimos las reservas de glucógeno de nuestro organismo, y luego usamos las grasas, que aportan energía de forma más lenta. Para conseguir una buena reserva necesitamos consumir hidratos de carbono de gran calidad (por ejemplo cereales integrales), ya que se van liberando poco a poco al ser complejos y el cuerpo los usa de forma escalonada. También es importante la ingesta de proteínas, necesarias para que el músculo se recupere del ejercicio y pueda crecer. Se trata del principal alimento de las fibras, por lo que debemos aportar al organismo las dosis adecuadas después de una dura sesión de entrenamiento.

Cuando terminamos de ejercitar  (y vamos muy contento pasando frente al espejo, todo hinchados) tenemos que tener en cuenta que agotamos al músculo, y  tenemos que  nutrirlo de proteína lo más rápido posible. Hay quienes recomiendan complementos de proteínas (que no son naturales, pero tampoco ilegales ni tienen consecuencias dañinas), ya que se asimilan en 30 minutos. Además tenemos que recuperar los depósitos de glucógeno, y es por eso que apenas termino de entrenar me tomo una bebida energética con una cucharada de leche en polvo, más una chocolatada.

La hinchazón y la aparición de venas es un lindo efecto, pero para que el músculo crezca realmente hay que tener constancia, una alimentación con buenos aportes de proteínas, y descansar, que es cuando se regeneran los tejidos. Aumentar la masa muscular lleva tiempo, pero esta imagen que vemos frente al espejo es bastante motivadora. Así que no está mal usarla… sin creérsela.

Semana 27: Día 188: Leche líquida vs. Leche en polvo

Hace 188 días que incorporé lácteos en mi dieta. Antes les escapaba, no me gustaban mucho y asumía que era pura grasa. Pero un vegetariano que encima quiere ganar masa muscular necesita obtener proteína de alto valor biológico de varias fuentes, y la leche (y derivados) fue la mejor alternativa.

Al principio compraba un sachet de un litro y lo dejaba durmiendo en la heladera. Sólo le ponía un chorrito a las infusiones, y me di cuenta que duraba demasiado tiempo en la heladera. Para el desayuno ya consumía yogurt, así que mi romance con la leche empezó a decaer. No le encontraba sentido a comprarla para tener que tirarla a la semana. Entonces se me ocurrió la idea más obvia que podría haber tenido: ¡leche en polvo!

Resultó ser que la variante deshidratada (y descremada, por supuesto) resiste muchísimo más tiempo, y es más transportable (no requiere frío para su conservación). Siendo que muchas veces tenía que consumir mis colaciones fuera de casa, llevarme el paquete de leche en polvo (atado con una gomita) me resolvió cualquier inconveniente. Al poco tiempo, mi nutricionista me agregó una comida con muchas proteínas para después del gimnasio, como para potenciar el desarrollo muscular. Ahí empecé a tomar un powerade con una cucharada de leche en polvo. Pero siempre me quedó la duda de si era lo mismo que tomarla líquida. Después de investigar me sorprendió que diversos estudios demuestran que son prácticamente iguales.

El INTA (Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos) comprobó que ambas tienen el mismo valor nutritivo. Las ventajas de utilizar la leche fluida son que viene lista para consumir (con lo que se evitan errores en la dosificación), es más higiénica (no tiene que manipularse), y suele tener mejor sabor que la rehidratada (probablemente por la calidad del agua con la que la mezclamos). Pero es más cara, y una vez abierta hay que tomarla a los pocos días o se vence.

La leche en polvo fue producida por primera vez en 1802 por el doctor ruso Osip Krichevsky. Se expandió con facilidad en países en vías de desarrollo gracias a su bajo costo de transporte y almacenamiento: doce meses si se empaqueta en bolsas de 25 kg y seis meses en paquetes de más de 200 kg. Es ideal para quienes hacen supervivencia, o para quienes precisan alimentos no perecederos. Por cada kilogramo de producto disecado se llegan a obtener ocho litros en forma líquida, lista para consumir.

La leche en polvo se consigue mediante un proceso por el que se elimina toda el agua. Obviamente, el resultado requiere hidratarse para poder tomarse. Un paquete puede llegar a durar meses, algo que con la versión líquida no pasa, ya que suele durar siete días, y una vez abierto el envase comienza a perder propiedades y a dejar de ser tan nutritiva. La leche en polvo conserva todas sus propiedades y nutrientes (como el calcio y las proteínas) hasta que es mezclada con agua. Su aporte vitamínico es similar al que brinda en estado líquido: ambas contienen casi las mismas dosis de vitamina B, A y D. Aunque en los paquetes que compramos en almacenes y supermercados se nos indica el porcentaje de agua que hay que agregarle, hay quienes aumentan la dosis de producto para tener un mayor aporte nutricional que la misma cantidad de leche fluida.

De momento me sorprende la cantidad de lácteos que consumo y sigo bajando de peso. Ahora volví a aumentar las porciones en cada comida, con la esperanza de no perder músculo y hacer que crezca. En seis meses veremos si realmente funcionó.

Semana 27: Día 184: Placeres post entrenamiento

Durante estos seis meses (más algunos días) hemos filosofado acerca de entrenar, sus pormenores, y otros temas periféricos. Hemos hablado de la preparación previa, de la importancia del descanso, y de una nutrición e hidratación responsable. Así y todo, no creo que le haya dedicado muchas líneas a lo que viene cuando el entrenamiento termina.

Ya sabemos que después de hacer actividad física llegamos a un punto motivacional muy alto. Las endorfinas nos acercan un poco a la felicidad y al sentimiento de realización máximo. Estamos transpirados, cansados, quizá un poquito doloridos, pero contentos. Mi marca registrada, cuando termino de correr, es comerme un turrón o una manzana verde. En ese momento, en que el cuerpo necesita alimento, nada me sabe más exquisito. Dicen que, dentro de la siguiente media hora de entrenar, necesitamos reponer hidratos de carbono. Lo mismo para el gimnasio, tenemos que ingerir proteína para favorecer el crecimiento muscular. En el caso del running, me cansé de jugar a la lotería con las manzanas rojas, que si son arenosa, si están secas… la variante verde ha demostrado ser más constante. Siempre jugosa.

Comer algo después de entrenar es importantísimo, y con el cansancio que acarreamos, se convierte además en algo muy placentero. Me cambio mi remera transpirada por una limpia, y mientras mastico mi manzana verde, es el momento en que tomo conciencia de que estuve un buen rato separado del maldito celular. Durante 22 horas al día estoy pendiente de él, y ha llegado a convertirse en un elemento demasiado imprescindible. Algunas veces, cuando termino el entrenamiento, veo alguna llamada perdida o mensaje de texto (generalmente empiezan con “Disculpame, sé que estás entrenando, pero…”). Por dos horas logré desprenderme de él. Es un buen momento para atender reclamos y resolver problemas, ya que uno está relajado, la cabeza está despejada, y las cosas dejan de sobredimensionarse para tomar su verdadera importancia.

Lo que más me da placer actualmente es una ducha caliente después del gimnasio. Reconozco que he despotricado contra esta institución recientemente. Pero cuando entro al vestuario, cansado y transpirado, me saco la ropa mojada y me pongo bajo la tibia lluvia… no se me ocurre algo más agradable que eso. Son 10 minutos de paz absoluta. Yo soy hombre, y como tal me diferencio de las mujeres en que me cuido menos: he llegado a lavarme la cabeza con jabón, tapo el olor a transpiración con desodorante, y puedo usar el mismo par de medias durante varios días. También soy defensor de esa mugrosa teoría que dice que bañarse todos los días no hace bien, ya que elimina una película grasosa de la piel que sirve de barrera contra bacterias y algunas enfermedades. Jamás lo comprobé, pero viví mucho tiempo defendiendo ese lema, contra novias que me acusaban de ser un roñoso. El gimnasio me ha devuelto el placer de una ducha, cosa que en mi hogar no he conseguido (el problema, quizás, radique en que en mi departamento hay dos temperaturas para bañarte, “helado” o “hirviendo”).

En Pinamar, las últimas veces que nos hospedamos para correr una Merrel, también hemos aprovechado una pileta climatizada para relajar los músculos post-carrera. Otro de los pequeños placeres de la vida. Y después de la maratón, mi amiga Lau me obsequió un masaje en los pies que me depositó en un maravilloso y profundo sueño.

Quizá uno esté física y mentalmente favorecido para disfrutar del relax luego de hacer actividad física intensa. Me imagino que muchos tendrán otros rituales, pero creo que esas cositas que hacemos después de entrenar y que nos dan felicidad, nos sirven como motivación. Más de una vez me he apurado a terminar una rutina de abdominales, sin quejarme, porque tenía mi verde manzana esperándome.

Semana 26: Día 181: Egoísmo en el gimnasio

Alguna vez comparé entrenar en un gimnasio y correr, y sí, son dos mundos completamente diferentes. Pero hay algunas actitudes del gym que me sorprenden (y no gratamente).

Quizá esto no le competa a todo el mundo, pero siempre me dio la impresión de que en el ámbito del running hay una cuestión de respeto y camaradería que va más allá de la formación personal de cada uno. Es como si fuese una característica intrínseca. Me siento muy a gusto cuando corro, ya sea con mis compañeros o durante una competencia, y más de una vez entablé amistosas conversaciones con desconocidos. Hay lo que se llamaría “buen clima”. En el gimnasio, en cambio, esto no me pasa. Hablo sólo desde la experiencia personal.

Primero, me fastidia un poco que los profesores que asisten a los concurrentes con tema de pesas y aparatos, estén siempre atrás de las mujeres solas. Ok, si me acerco a preguntar cómo hacer tal o cual ejercicio, me responden (no siempre bien, pero reconozco que le ponen onda). Sin embargo, siempre fichan a una chica y están todo el tiempo encima de ella, preguntándole cómo está, cómo le fue, a qué hora sale, etc. Si fuese esto sólo no me molestaría, pero recién estoy empezando mi descargo.

Lo siguiente que ocurre con demasiada frecuencia es que la gran mayoría de las personas que asiste al gimnasio no sabe leer. Es eso o ignoran los carteles que dicen “Cuando termine de usar los elementos del salón, por favor, devuélvalos a su sitio”. ¿Está escrito en Pársel, y sólo yo que soy de la Casa de Slytherin lo puedo entender? Pues no, están ahí, matándose de risa, sin nadie que les dé importancia. Uno tiene que esquivar pesas, mancuernas, bancos y colchonetas, y perder tiempo buscando las cosas que quiere usar. Mi impresión es que asisto a un lugar de gente socialmente acomodada, que cuando llegan a sus casas se sacan los zapatos y tiran las medias encima de la mesa ratona del living, total tienen a un empleado que va juntando todo detrás. Bueno, yo soy exactamente lo opuesto. Mi casa es un desastre, los platos sucios hacen equilibrio en la pila de la cocina, mi ropa es un bollo encima de la cama, y sé que desde hace tres años no le paso Blem a las ventanas. Pero cuando estoy en un espacio compartido, intento ser respetuoso del resto. Me gusta encontrar las cosas en su lugar y no tener que andar buscando por todos lados (regla que, como expliqué antes, no se aplica a mi hogar de soltero).

Y llegamos a la situación que más me desconcierta, que es ese derecho que se endilga la gente de reservar un lugar o un elemento. Hay un concepto que es el de compartir, que no está del todo impuesto en estos lugares. Por ejemplo, cuando iba con mi amigo Paco a entrenar, él hacía sus repeticiones mientras yo descansaba, y cuando terminaba me pasaba las pesas a mi y así complementábamos los tiempos de cada uno. Es algo que incluso se puede hacer con desconocidos. Pero en general no es así. Me pasó hace poco de encontrar unas pesas de 5 kg junto a una chica que estaba haciendo bíceps con unas de 3. Cuando las fui a agarrar, ¡horror! “¡Deja eso ahí, vil rufián, que las estoy usando!”. Bueno, desde donde estaba parecía que sólo estaban en el suelo, juntando polvo. “Vete de aquí y espera, que me faltan dos repeticiones”, dijo. Y mi rutina se acomodaba perfectamente a la de ella, con el sistema “Paco”: ella usaba las pesas de 3 kg mientras yo entrenaba con las de 5, después se las pasaba a ella mientras yo descansaba, y así sucesivamente. Pero parece que esto es una especie de desubicación que a nadie se le cruza por la cabeza.

Esta manaña la situación se repitió. Un señor (don, ¡estamos grandes!) hacía press de piernas. A 5 metros estaba yo, a punto de usar la pesa del banco para pecho inclinado. Entonces se incorporó de un salto y me dijo “Flaco (porque yo soy flaco), lo estoy usando, ya termino”. “Ah, pensé que estabas haciendo piernas”, le contesté… ¡y volvió a hacer piernas! No le afectaba en nada que yo entrenase mientras él trabajaba otro grupo de músculos. Entre repeticiones yo descanso de 45 a 60 segundos, tiempo más que suficiente para que otra persona complete su parte.

Estos tres ejemplos (profesor que se rige por su instinto procreativo, desorden en el salón, alquiler temporal del equipo de uso común) por sí solos pasarían desapercibidos. Pero combinados me hacen preguntar si existen más diferencias entre correr y gimnasio que aeróbico y anaeróbico. “Mamá, Martín dice en su blog que los corredores son toda gente buena y generosa”. No, no dije eso. Abunda la gente que se mira el ombligo, en todas partes Pero esto refuerza mi teoría de que la musculación es una actividad más solitaria, donde se ve claramente el egoísmo de la gente. Y me llama la atención porque el running se me hacía una actividad más competitiva.

He visto más actos de desinterés y generosidad en un ámbito que en el otro. Pero para que vean que pongo una de cal y una de arena, cuando me lesioné la costilla y me enteré mientras hacía pesas, un desinteresado muchacho me ayudó a dominarla cuando no pude levantarla. Egoístas hay en todos lados. Gente que piense primero en los demás antes que en sí mismo también, gracias a Dios.

Semana 26: Día 176: Más músculo, más comida

Última semana del quinto mes de entrenamiento. El próximo miércoles estaré atravesando EXACTAMENTE la mitad de Semana 52. Es increíble cómo pasa el tiempo.

Casualmente, hoy me tocó turno con la nutricionista. La última vez que la vi fue hace dos meses, y en el medio pasé por una etapa rara, porque me lesioné la maldita costilla, me enfermé, y empecé un absorbente trabajo de distribución. Todas estas cosas, de una forma u otra, impactaron en el entrenamiento. Lo más duro, sin dudas, fue la lesión, ya que estuve tres semanas sin actividad física. Las consecuencias las noté en la elongación, ya que en ese tiempo parado perdí muchísima elasticidad (otra muestra de que la clave del progreso está en la constancia). En cuanto a musculación, perdí fuerza; si bien la costilla me impedía volver al peso que venía levantando, esas semanas de reposo me obligaron volver a cero, y aún hoy no puedo levantar el mismo peso de principios de diciembre.

La balanza (que ya comprobé que no coincide con la del gimnasio) indicó que estoy pesando 65,295 kg, o sea que bajé 2 kg respecto a mi medición anterior (14/12/2010). Parece que todavía quedaba grasa por bajar, y perdí 600 gr. El problema, muy difícil de sortear para cualquier corredor de fondo, es que volví a perder músculo: 1,4 kg. Así que TODAS las personas que me insistían con comer más, están de parabienes: me van a aumentar la cantidad de alimento. No la frecuencia; sigo con las seis comidas diarias más la colación post-gimnasio. Pero hace falta incrementar hidratos y proteínas. Últimamente noté que llego a las comidas con hambre, cosa que no me pasaba tanto en un principio. Esto puede ser un indicador de que necesito más alimento para sostener mis necesidades de energía, así que bienvenido sea (hay pocas cosas más lindas que comer). El problema (al menos para la nutricionista) va a ser incorporar proteínas y que no sea carne. Tendré que comer más queso, con lo cual ya me adelantaron que voy a aumentar grasa, quizá un kilo. Pero a esta altura creo que no notaría la diferencia.

El estudio antropométrico arrojó pocas diferencias en los pliegues cutáneos, un milímetro en el tríceps y 2 en el muslo. De ahí pude haber perdido grasa. Pero se redujeron los perímetros del brazo, tórax y piernas, por lo que asumo que ahí quemé músculo. Como dato estadístico, empecé el entrenamiento con 9 kg más de grasa que ahora, y 3 kg más de músculo. O sea, ya llevo bajados 12 kg, sin dietas mágicas, ni cremas, ni ab shapers; todo con alimentación inteligente y ejercicio. Cuando empecé, 33% de mi cuerpo era masa adiposa (ahora es el 24%) y 41% era mi masa muscular (ahora el 44%).

La fórmula es simple: Si querés bajar de peso, en base a tus necesidades de energía, tenés que consumir menos calorías. Para aumentar masa muscular, hay que ingerir más. Siendo que corro un mínimo de 45 km por semana, necesito más proteínas e hidratos para ganar más músculo. Está difícil llegar al ideal físico (o sea, velocidad y agilidad de running, más desarrollo muscular en todo el cuerpo), pero no me presiono. Todavía me quedan seis meses y una semana para seguir intentando.

Semana 23: Día 160: Entrenar con música

Silvina Luna aparece pura y exclusivamente para generar tráfico en este blog

Cuando corro no me gusta escuchar música. Cuando entreno en el gimnasio sí. Me llama la atención.

Como conté, brevemente y hace tiempo, me resulta incómodo correr con auriculares. De hecho empecé a buscar modelos deportivos, para que no se me caigan mientras corro. Alguna vez me armé de paciencia, y mientras los cositos se soltaban de mi oído y se arrojaban al vacío, yo pensaba “¿para qué me estoy haciendo tanto problema?”.

No creo que a todas las personas les pase lo mismo, así que este post debe ser tenido en cuenta como una inmensa subjetividad. Cuando corro me gusta pensar. Sé que si los auriculares no se cayeran, no prestaría atención a la música. Estoy más concentrado en la respiración, en mirar dónde piso, en repasar futuros viajes, carreras… a veces estoy muy cansado, y mi atención está puesta en disimularlo. Las piernas empiezan a quemar, y sólo puedo pensar en llegar, tomar agua, y recompensarme al final con una deliciosa manzana verde. ¿Cómo prestaría atención a Madonna cantando Don’t tell me?

Pero es muy distinto a cuando voy al gimnasio. Ahí creo que me volvería loco si no escuchase la radio. Mi preferida es la Metro, y por el horario en que entreno, siempre escucho Día Perfecto. Me sirve además de guía. Si anuncian que está llegando Perros de la Calle es que estamos cerca de las 10 de la mañana, y se me está pasando el día. Por supuesto que en el gimnasio hay un reloj, pero mi pensamiento es más pavloviano.

Lo que no soporto son algunas publicidades (“Claromecopa”, te estamos mirando). Eso me da indicio de que sí estoy prestando atención. Escucho con detalle los comentarios de Osvaldo Bazán, y las acotaciones (siempre graciosas) de Federica Pais (me voy a confesar, tengo esperanzas de que nombrando a Federica, haya gente que la googlee y termine llegando a este blog… ya que estamos, voy a agregar “cola”, y “desnuda” para cerrar la trampa). He intentado otras radios, alguna vez que estaba muy estresado y no soportaba los comentarios ni las publicidades, me pasé a música clásica. Alguna vez a la Aspen, con temas ochentosos (mi teoría es que la música de los años 80 le causa nostalgia incluso a la gente que no vivió en esa época).

Entonces, ¿por qué en el running no quiero escuchar música y en el gimnasio sí? Mi teoría es que, al menos en lo que respecta a mi rutina, correr es una actividad grupal. Más allá de que nos separemos y corramos dispersos (cosa que, sinceramente, casi nunca pasa), seguimos largando juntos, y llegando a la misma meta. El gym es para mi una actividad más solitaria. Además no siento que requiera mucha más concentración que correr, es simplemente hacer los ejercicios correctamente, no pasarme del peso y no soltar un disco sobre mi pie. Lo más parecido a pensar que hago es contar las repeticiones. Después, entre el trabajo de un músculo y otro tengo que descansar, y la verdad es que no me podría quedar mirando el techo.

Hay gente que entrena con un amigo y se queda charlando. Sin ánimo de prejuzgarlos, generalmente son las personas que menos entrenan. Yo llego y realmente quiero terminar las rutinas, ducharme (mi momento favorito de la mañana) e irme. Salgo pilas, casi siempre. Pero la diferencia con el running es que ahí me junto con amigos, y prefiero estirar la sesión que ser el primero en escaparme.

La Metro es, netamente, una radio de música electrónica. Tienen el “tema Osvaldo”, donde Bazán pasa un tema sin restricciones de estilo. Me gustan los ritmos marchosos y repetitivos (el 85% de los diseñadores prefiere estos temas). Como hice aquella vez, hace tiempo, voy a recomendar algunos discos para entrenar, sea en el gimnasio o en un trote solitario:

“Dig your own hole” (Chemical Brothers – electrónica)
“Tron Legacy” (Banda sonora del film, por Daft Punk – electrónica)
“Greatest Hits II” (Queen – rock)
“Absurd-Ditties” (Toy Dolls – punk, cuidado que este disco puede causar problemas cardíacos en personas impresionables)
“Charriots of Fire” (Banda sonora del film, Vangelis – instrumental, dedicado a mi padre)

¡Se aceptan sugerencias!

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