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Semana 0: Día -8: Soy un tipo con un gran corazón

Como requisito para entrenar en los Puma Runners, tenemos que entregar un apto médico actualizado, que nos habilite a hacer deporte. Es algo común, de hecho tuve que presentar uno en el gimnasio para poder ir a entrenar, y es requisito para poder hacer actividad física: hay que demostrar que uno no va a poner en riesgo su salud.

Quizá las instituciones se cuiden demasiado. No creo que necesite un apto, ya que con tres años encima entrenando (con períodos de abandono, lo reconozco), si tuviese algún problema, ya se hubiese manifestado. Pero siendo que además necesitaba hacerme un estudio para la nutricionista, maté dos pájaros de un tiro y saqué turno con el médico.

La doctora no me reconoció mis análisis de sangre y ergometría de 12 derivaciones que me hice el año pasado. Yo creía que con menos de un año de antigüedad servían, pero según la profesional no. Así que nuevos pinchazos en la mañana temprano, ir a pedalear (y transpirar) a la bici del cuarto piso, y a buscar los resultados.

Cuando la médica vio los análisis, se sorprendió de que mi nivel de triglicéridos sean casi inexistentes. “¿Eso es malo?”, pregunté. “No, es muy bueno”. “¿Podrá tener que ver con que sea vegetariano?”. “Puede ser”, respondió. “Esos niveles suben cuando consumís grasas, en especial las refinadas, como las de las masitas”. Perfecto, dije, hace un año que prácticamente no como esas cosas. “¿Hacés fierros?” dijo, sin levantar la vista de los estudios. “Sí, unas tres veces por semana”, contesté. Saqué un promedio de las veces que voy todos los días y las que por h o por b no puedo. Además, estoy medio de vacaciones hasta empezar en serio.

Resulta que la ergometría arrojó unos valores que no entiendo nada. Es normal, ella quiso tranquilizarme. Aparentemente tengo una repolarización de no sé qué en reposo, lo cual sería un indicador de una hipertrofia en el corazón. O sea que el músculo se agranda por el esfuerzo. O sea sí, debe ser eso, porque tengo una vida deportiva basante activa. Pero resulta que este fue un motivo por el cual no me hizo el apto médico (insertar emoticón de carita triste). Tengo que hacerme un electrocardiograma doppler color para despejar dudas, y para que la doctora no ponga en riesgo su carrera por rubricar mi permiso para hacer deporte.

Sé que no es nada, lo cual me frustra un poco. El corazón es un músculo que cualquier deportista lo tiene trabajado. No hubiese imaginado que podía llegar a ser un motivo para que no te hagan un apto médico. Si tuviese arritmias o algún otro problema cardíaco ya lo hubiese notado. Vengo de correr una maratón donde sólo sufrí una uña negra, y ayer entrené sin problemas, aunque el lunes tuve fiebre.

Así que el martes sabré si tengo permiso para seguir corriendo, o si este gran corazón que late en mi pecho me alejará de la Espartatlón para siempre…

Semana 39: Día 270: El triunfo de la maratón bajo la lupa

Ganar una maratón es algo que obsesiona a unos pocos: quienes tienen mucha experiencia, un estuepndo desarrollo físico, y mucha determinación. Pero existen también algunos científicos que se desvelan intentando dilucidar qué componentes puntuales hacen que un corredor llegue primero a la meta. La clave no sorprenderá a nadie: influye el peso corporal. Pero qué lo afecta es lo más curioso: el consumo del agua durante la carrera.

La investigación fue llevada a cabo por el Instituto de Ciencia Deportiva de la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, y analizó el peso corporal de los 643 atletas que completaron la maratón del Monte Saint Michel 2009, en Francia, antes y después de correr. El resultado fue que quienes tardaron más en completar la carrera perdieron menos peso. Esto ocurrió porque bebieron más líquido, lo cual incrementó su peso corporal y retrasó su rendimiento. Los corredores que perdieron más de 3% de peso durante la carrera llegaron más rápido a la meta. Las variaciones de los participantes fue de entre 8% de pérdida hasta 5% de ganancia.

Esto no significa que la clave para ganar una maratón es tomar la menor cantidad de líquido. Evitar la deshidratación es imprescindible para cualquier deportista. Pero el consumo de agua influye en el peso, y eso implica una necesidad de mayor gasto energético. Los corredores fueron pesados justo antes del comienzo e inmediatamente después de concluir la carrera. Los que la terminaron en cuatro horas o más perdieron en promedio 2% de su peso corporal. Los que tardaron entre tres y cuatro horas perdieron 2,5%, mientras que los más veloces perdieron 3% o más. Lo más curioso: uno de cada 10 corredores en realidad aumentó de peso.

El profesor Timothy Noakes, director del estudio, supuso que el exceso de bebida tenga más que ver con un estímulo publicitario, lo que termina condicionando la conducta. “Estos mensajes están promoviendo el concepto de que cualquier deshidratación que ocurre durante el ejercicio perjudica el rendimiento e incrementa el riesgo de tener un resultado adverso”, declaró. Otro de los resultados que arrojó la investigación fue que la edad y el género no tienen impacto en la pérdida de peso.

¿Conviene, entonces, esperar a tener sed durante una maratón, para comenzar a beber? Yo creo que no. Lo mejor es hidratar constantemente al cuerpo y no llegar a la deshidratación. A través de la experiencia iremos aprendiendo a regularnos, para no excedernos, y optimizar nuestro resultado final.

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