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Semana 41: Día 286: ¿El Origen o La Misión? He ahí el dilema

La Misión es una carrera de tipo trail, en montaña, organizada por el Club de Corredores, y en diciembre, muy cerca de mi cumpleaños. El Origen es un desafío similar, también en el sur, organizado por TMX en un lugar paradisíaco, a principios de febrero. No son competencias incompatibles, uno podría recuperarse de una y participar en la otra. No es cuestión de matarse, sino de disfrutar.

Con Vicky venimos planificando participar en La Misión desde hace rato. Tiene variantes, como la Short, de 40 km y la Media, de 80. La “posta” son 160. Quizá los números no sean exactos, pero son las distancias que venimos manejando. Y nunca podemos correr ninguna, siempre surge algo que aparta nuestro objetivo y demora unos meses (o un año) nuestra participación. Pero todo parecía indicar que en diciembre haremos el viaje y andaremos todos esos kilómetros en equipo.

Pero… ahora me doy cuenta de que el que más quería hacer La Misión era yo. Vicky tiene las esperanzas puestas en El Origen, y hoy nos pusimos a hablar para ver qué podíamos hacer. Estas carreras son caras. Exageradamente caras. Y para los que tenemos que viajar desde Buenos Aires o provincias alejadas, el traslado es igualmente excesivo. Para colmo, La Misión exige obligatoriamente comprar una comida caliente a ellos, que ronda los $50. No se puede adquirir en otro lugar (y surge la pregunta, ¿por qué no aumentan el costo de inscripción en $50 y se dejan de embromar?).

Cuentas, cuentas, cuentas. Días de vacaciones disponibles. Resúmenes de la tarjeta. Hay cosas que nos gustan más de una, otras gana la otra. Por ahora gana La Misión, porque decidimos correrla desde hace más de un año. ¿En qué gana esta carrera, además de que estaba primero en la fila? La inscripción es más económica (actualmente en $1750), y algunos compañeros de los Puma Runners la van a correr. El Origen es más cara ($2400), pero arrasa en cuanto a organización, con charters y hospedaje por una módica suma extra.

Siendo que La Misión la habíamos elegido de antes, tiene ese gusto a cuenta pendiente que quiero saldar. No me gustaría esperar a otro año para los 160 km. Correr esta o la otra harían que peligre le revancha de la Patagonia Run. Pero no hay problema, las cuentas pendientes, al igual que los sueños, solo se aplazan. Ya llegará el momento de hacer una vez (al menos) cada carrera, para poder elegir, el día de mañana, utilizando la experiencia personal.

Actualización: Mi amigo Yayo me aclara: “Martín, la Misión no la organiza el Club de Corredores. Es el Gurí Aznares. El Origen es de Pablo Bravo, el de la Conquista tu cumbre” (Como para dejar en claro lo perdidos que estamos…).

Semana 41: Día 285: Correr en invierno

Estas semanas han sido bastante duras para quienes queremos disfrutar de entrenar al aire libre. Pero cortar con las rutinas porque haga frío no es una buena idea. No solo porque interrumpimos nuestro progreso, sino porque nunca sabemos con qué clima nos vamos a encontrar en una carrera, y siempre conviene estar preparado para cualquier situación.

Científicamente no existen beneficios entre correr un día soleado y uno de invierno, que no sea algo puramente motivacional. Solo se deben extremar ciertas precauciones, como un calentamiento más prolongado. Con el frío, el músculo está menos lubricado y por eso cuesta más moverse. Además el abrigo es fundamental, en especial en las manos y en la cabeza. A veces el clima puede ser tolerable, y una vez que hayamos entrado en calor hasta empezaremos a transpirar. Pero no es del todo bueno desabrigarse. La transpiración hará que sintamos más el frío, ya que el agua es un gran conductor de la temperatura.

Y hablando de transpirar, aunque haga fresco no tenemos que descuidar la hidratación. Quizá como no sudamos tanto no sintamos la necesidad de tomar líquidos, ya que disminuye la sensación de sed. Pero tan solo una pérdida del 3% del peso corporal en agua implica menor concentración y memoria, además de una baja notable en el rendimiento físico e intelectual. Para el cuerpo no hay diferencia si la bebida es fría o caliente, lo que importa es que esté bien hidratado.

Aquí encontré 5 consejos para ejercitar en invierno, que no tienen desperdicio:

1. Llegar en forma al verano: cuando llega el calor todos nos desesperamos por lucir sanos y esbeltos. Sin embargo, si empezás desde ahora, no vas a tener que realizar grandes esfuerzos, sino que vas a llegar holgadamente a tus objetivos de estar en forma y saludable simultáneamente.

2. Entrar en calor: aunque nos de vagancia salir de casa por el frío, el ejercicio físico es una buena forma de calentar nuestro cuerpo mediante el movimiento, así mientras permanezcas activo no vas a sentir las bajas temperaturas y además, tu cuerpo te lo va a agradecer.

3. Compensar: los hábitos alimentarios durante el invierno se modifican y, por lo general, las calorías se incrementan un poco. Entonces, dejar de moverte en invierno puede ser la causa de un leve aumento de peso con el que tendrás que luchar en verano. En cambio, si continuás ejercitándote, vas a compensar el consumo levemente superior de calorías y vas a evitar que tu peso se modifique.

4. Diversión: ocurre que las bajas temperaturas también son motivo de situaciones aburridas, en las cuales nos encontramos más propensos a comer. Por eso, buscá el ejercicio que más te agrade y te divierta, y no solo vas a ahorrar, sino que vas a gastar calorías, cuidar tu salud, y disfrutar de una actividad diferente.

5. Salud por todos lados: todos sabemos que la actividad física ofrece muchos beneficios para la salud. Ejercitarse en invierno puede aliviar el estrés, prevenir estados depresivos y asténicos propios del frío, mejorar tus defensas para evitar resfriados, fortalecer tus músculos, favorecer el funcionamiento del corazón y cada una de las porciones de tu organismo.

Semana 41: Día 284: No dejar pasar las oportunidades

Una vez más, me voy a poner de ejemplo. No porque me considere digno de admiración, sino porque de vez en cuando voy probando cosas nuevas, y me hace mucha ilusión que esto ayude a alguien.

Estoy algo ansioso, quiero volver a correr esos fondazos largos de 4 horas, pero por ahora me concentro en carreras de menos de 30 km. Sin embargo me pica el bichito del fondista. Para colmo de males, diversos compromisos laborales me impidieron entrenar todo lo que hubiese querido. Tengo una base de tres días semanales, a veces le sumo un cuarto, pero hay algunas temporadas fatales donde con suerte salgo a correr una vez sola. Y anhelo salir a la calle, haga frío o calor, y sacarle el óxido a las piernas.

Yo viajaba una vez en el tren, desde Banfield hacia Constitución, y por la ventana, en medio de la lluvia, vi a un corredor solo, dándole la vuelta a la pista del Velódromo de Escalada. Lo envidié mucho (en ese entonces no corría para nada), y nunca me pude sacar esa imagen de la cabeza. La mencioné montones de veces, pero todavía cierro los ojos y lo veo, y recuerdo esa angustiosa sensación de querer ser ese tipo.

Esa escena vuelve a mí, de alguna manera, cada vez que hago carne a la angustia y salgo a entrenar. Dejo de ser el que mira por la ventana del tren, y me convierto en ese corredor.

A veces voy mucho a una editorial en Barracas. Me quedo trabajando varias horas, dándole los últimos toques a revistas de todo tipo (desde cupcakes hasta libros para colorear). Y me pasó más de una vez que no pude ir al entrenamiento con los Puma Runners. Veía cómo el reloj avanzaba y mis chances de llegar desde ahí hasta Acassuso se me escurrían entre los dedos. A veces fui igual, llegando tarde, otras volví con bronca a mi casa.

Pero una vez se me ocurrió combinar un fondo de 15 km con el regreso al hogar. Me preparé la mochila, fui con ropa deportiva, y cuando terminé con mis responsabilidades laborales, pasadas las 7 de la tarde/noche, apenas puse un pie en la vereda me eché a correr. Sin saber a qué distancia estaba mi casa (resultó que Colegiales está a 14,5 km). Y me pasó algo maravilloso, y es que ahora estoy yendo a esa editorial -a la que me toma entre 45 minutos y una hora llegar combinando subte y colectivo- con una alegría inmensa. Porque no importa a qué hora termine ni las horas que me pase frente al monitor, después vuelvo corriendo a casa, y tengo asegurado un fondo por las bicisendas de la ciudad, con la radio sintonizada y los auriculares ajustados a las orejas.

Hoy fue uno de esos días. Me lo tomé con calma, me costó respirar al principio por el frío y esa congestión momentánea de la carrera. Me pasé todo el tramo de la Avenida Vélez Sarsfield sonándome la nariz. Enganché una bicisenda que me alejó de la avenida, y avancé con algo de dificultad. Pero no me detuve, y a partir de los 10 km ya estaba corriendo casi a 5 minutos el kilómetro. Era otra persona, el cansancio y los mocos se habían ido. Me sentía más fuerte, con la mente totalmente descansada. Llegué a casa en una hora y cuarto, y el reloj me marcó 15 km exactos, así que se confirma que tomé un camino diferente. No me gusta ir siempre por el mismo lugar, prefiero explorar un poco. Siempre me pierdo cuando agarro Estado de Israel, así que voy intentando rutas que me acerquen a casa y no me hagan dar vueltas en círculo.

Lo que antes era un viaje largo y aburrido, ahora se convirtió en una nueva oportunidad para entrenar. No la quise dejar pasar, y ahora voy feliz a Barracas, imaginando el momento de volver a casa corriendo. Ojalá sirva de ejemplo para que vos, que estás leyendo estas líneas, sepas que atrás de cada cosa tediosa y desmoralizante, se esconde una oportunidad. Solo hay que ir a buscarla.

Semana 41: Día 283: Mujeres, basta de tacos

Voy a hacer un servicio a la comunidad deportista femenina (y, por qué no, a la trans masculina), y pedir encarecidamente que se desagan de ese adminículo infernal de la moda que son los zapatos con tacos.

Es lógico que los corredores tengamos lesiones de la cintura para abajo: rodillas, tobillos, tibiales, pies hinchados y ampoyas. Cada cosa que pueda doler, nos las ingeniamos para sufrirlas. Pero estando en un grupo y entrenando con chicas, fui notando cómo se lastiman con mayor frecuencia. Y ellas bajan la cabeza, admiten que es cierto, que andan todo el día en la oficina en tacos, pero qué querés si mido un metro sesenta, tengo que ir elegante al trabajo, y así. Los hombres, al menos yo, nos quedamos pensando qué sentido tiene, si la belleza o la elegancia no pasa por hacer equilibrio a 4 cm del piso. Esto no es invento mío, un artículo de 2007 decía que en Estados Unidos, el 90% de las 800.000 intervenciones anuales que se realizaron para corregir las patologías del pie se practicaron en mujeres.

El peso del cuerpo descansa en nuestros pies, y en cada paso se reparte de la siguiente forma: 43% sobre el metatarso y 57% bajo el talón. Usar un taco de 4 cm cambia esa proporción en 10% sobre la parte delantera, 6 cm se va a 75%-25%, y uno de esos monstruosos tacos de 10 cm hace que el metatarso reciba la salvajada de 90% del peso corporal. Esta desproporción hace que el tobillo quede más expuesto, aumentando el riesgo de un esguince en hasta tres veces más.

Considerando que Marcelo Giroldi, médico ortopedista, me dijo que convenía utilizar zapatillas con poca suela porque si no perdía estabilidad, ¿qué nos queda a danzar sobre un tacón? Además, caminar con tacos hace que la porción posterior de la pierna tenga que compensar el peso desplazado hacia adelante y para ello se contrae y acorta automáticamente, provocando contracturas y molestias en los gemelos. La rodilla es otra articulación que se sobrecarga, porque la tensión de los músculos situados en la porción posterior de la pierna incrementa la tensión en un mínimo de 30% sobre la rodilla y automáticamente se produce la flexión de esta articulación, para después necesitar un equilibrio mediante la contracción del cuádriceps y recto anterior de la pierna. Todos estos cambios en la pierna también desajusta la articulación de la cadera, lo cual incrementa la lordosis de la columna lumbar, causando dolores en espalda. A esto sumémosle callosidades y juanetes.

Alteraciones que puede provocar el uso frecuente de tacos altos:

1. En rodillas (artrosis, artritis…).
2. Alteración de la postura (mala alineación de caderas, espalda…).
3. Aumento de la presión en las articulaciones.
4. Acortamientos y dolores en los músculos de la pantorrilla.
5. Afecciones de nervios (neuroma de Morton).
6. Acortamiento y dolor en el tendón de Aquiles.
7. Juanetes.
8. Dedos en martillo.
9. Deformidad de Haglund.
10. Predisposición a lesiones de tobillo (esguinces, fracturas…)
11. Metatarsalgia.

Probablemente pedirle a una mujer que no use tacones sea comparable a pedirle a un hombre que vaya a una reunión de negocios en bermudas. Culturalmente está muy impuesto. Pero los riesgos están a un click de distancia. Se pueden buscar alternativas más moderadas: un taco de 2 cm, aunque no sea del todo vistoso, hace que metatarso y calcáneo soporten la equilibrada proporción de 50% del peso corporal. Aquí encontré algunos consejos para no interrumpir su uso:

1. Elegir pensando en la comodidad. Si se van a elegir unos zapatos de tacón, es preferible optar por unos que sean relativamente cómodos, dentro de lo posible. Buscar que no sean estrechos en el antepié para que no presionen los dedos (favorecería dolores y deformidades con el paso del tiempo). Y si no hay de tu talle, no comprarlos más chicos. Que el tacón no sea excesivamente alto y fino. Si tiene tiras para fijar al tobillo, al menos dará algo de estabilidad a la articulación. Las tiras deben ser cómodas y no provocar roces que puedan dañar dedos u otras zonas de apoyo.

2. En la variedad está el gusto. Lo ideal es no usar en exceso ni zapatos de tacón alto ni muy planos. Buscar diferentes calzados para diferentes ocasiones. No caminar siempre con el mismo zapato ya que esto obligará al cuerpo a estar forzando siempre en la misma posición. Usar tacones altos solo el tiempo necesario, y buscar un calzado más cómodo para el resto del tiempo. Por ejemplo, un consejo que doy que siempre cae en saco roto, ir al trabajo lo más cómoda posible, y cambiarte al llegar o antes de entrar. Lo vi en “El Diablo viste a la moda”.

3. Mantener la actividad para prevenir lesiones. Una vida activa puede reducir alguno de los daños que pueden provoca el uso excesivo de tacones altos. Ejercicios de piernas, ya sea de fortalecimiento como de estiramiento, así como ejercicios de tobillo para aumentar la estabilidad de la articulación. El uso de tacos genera molestias para las corredoras, y ellas deberían poner especial atención al tipo de ejercicio que hace falta para no lastimarse. Por irónico que parezca, ante una lesión la actividad física se deja de lado, los zapatos no.

 4. ¡Sentido común! Si usas tacones muy altos muchas horas durante todos los días, no hay que ser médico o científico para saber que vas a terminar sufriendo las consecuencias (juanetes, calambres, esguinces, etc). También es bastante fácil sufrir lesiones si se corre o se suben escaleras muy rápido con tacos, y habrá molestias si se camina en exceso con ellos o se está mucho rato de pie sin moverse del lugar. Evitar las situaciones que se sabe que provocan dolor ayudará a que puedas disfrutar de los tacones altos en las ocasiones que los merezcan. Si vas de compras toda la tarde, llévate un zapato cómodo. Si trabajas muchas horas de pie y por imagen tienes que usar tacones, optá por unos lo más cómodos y bajos que sea posible. Llevate un calzado cómodo para  volver a casa sin ser martirizada por los tacones.

Semana 41: Día 282: Palpitando Pinamar

Confesión: no quiero ir a correr a Pinamar. Yo tenía ganas de participar en Yaboty, y volver a la selva en una época donde no me muriese de calor. Esta vez son 90 km en lugar de 100, y la excelente impresión que me llevé el año pasado me hacen querer volver a repetir la experiencia. Pero con Vicky decidimos priorizar al grupo, y nos vamos a la playa.

La ultramaratón que organiza la gente de Salvaje en Misiones es el 11 de agosto. No tiene margen para hacerse el loquito: es esa y no hay que superponerla con otra cosa. Pero la Adventure Race Pinamar (otra “ex-Merrell”) es el 5. Y es una competencia más accesible en cuanto a dificultad del terreno, cercanía a Buenos Aires y costo de traslado. Nos quedamos con ganas de Yaboty, pero en los Puma Runners hay muchos que van a vivir su primera experiencia compitiendo, entonces pasó más ir a lo clásico. Si las fechas hubiesen estado más separadas, la historia sería diferente, y con Vicky nos hubiésemos mandado a la ultra, aunque fuese solos. Pero no nos queremos perder un viaje en el que compartimos muchas cosas con nuestros compañeros de grupo. A veces uno toma estas decisiones y deja de lado lo que uno quiere hacer, para no perderse otra clase de experiencia. Es verdadera “aventura” a cambio de un mini-viaje de egresados.

Pero Pinamar tampoco es una papita. Tenemos compañeros que el año pasado tuvieron que abandonar, motivo de una deshidratación. La arena te come las piernas, y esto es un terreno constante en todo Pinamar. Es un circuito más corto, de 27 km, que se puede correr individual, en pareja o en posta de 4 personas. Creo que este año volveré a intentarlo solo, para ver si mejoro mi marca. Además quiero correr con el bati-cinturón y ver si eso me suma. Y desde 2008, que corro ininterrumpidamente en esta playa, me ha tocado un clima excelente. Me gustaría averiguar si la racha se mantiene, o si el clima se acuerda de que estamos en invierno.

Veremos… mientras tanto intentamos meter todos los fondos posibles y hacer muchas cuestas para acostumbrar a las piernas…

Semana 41: Día 281: Soluciones para parejas

Con Vicky somos como cualquier pareja. Salimos a comer afuera los fines de semana, nos ponemos mutuamente “Me gusta” en nuestras publicaciones de Facebook, cocinamos juntos… en fin. Lo de siempre. A veces discutimos por tonterías, pero casi siempre estamos de acuerdo en todo. No tenemos el secreto de la felicidad en la convivencia, pero supongo que hay algo innegable, y es que a los dos nos encanta correr. Y quizá ahí esté una parte importantísima de nuestra armonía.

A veces los polos opuestos se atraen. Podría decirse que es nuestro caso: ella es ordenada, emocional y metódica. Yo soy desorganizado, introvertido e impulsivo. A mí el mundo de la geología no me apasiona, a ella el de los cómics tampoco. Aunque nuestra forma de ser son como dos paralelas que jamás se cruzan, se unen en un punto, y es el running. Pocas veces he sido más feliz con otra persona que corriendo con Vicky. Desde nuestra primera carrera juntos, hace más de un año (una media maratón en La Plata), hasta los 42 km de Rosario, pasando por incontables entrenamientos en los Puma Runners y por casa, siempre la pasamos de perillas cuando compartimos una experiencia atlética juntos.

Correr junto a la persona que amás es difícil de poner en palabras. Nosotros tenemos un humor parecido y disfrutamos de las mismas series y películas. Pero pocas cosas nos unen más que la actividad de esforzarnos y darnos apoyo mutuo. Soy un firme creyente de que, aunque entrenemos solos, el running no es una actividad solitaria, sino grupal. Es la mejor forma que yo tuve para socializar, relacionarme con desconocidos y hasta con mi propia ciudad. Vicky tiene un tezón contagioso, y yo le tengo mucha fe de que va a llegar lejos, siempre que se lo proponga.

Y mientras veo que otros compañeros hacen malabares para disponer de un fin de semana en una carrera, nosotros ya sabemos que nos vamos a acomodar para ir. No tenemos la presión de volver temprano de un viaje, ni tenemos que dar tantas explicaciones sobre con quiénes vamos. Ambos valoramos por igual la importancia del sacrificio en una competencia. Tenemos un hobby en común, que es además lo que nos cruzó para después decidir salir juntos.

Actualmente organizamos viajes entre los dos. Suelen ser nuestros momentos de mayor paz en la pareja. Intentamos, de vez en cuando, subir la apuesta, como La Misión, que intentaremos correr este año (estoy a días de inscribirme). Es una carrera para disfrutar, que requiere mucha preparación previa. Nuestro inminente vuelo a Europa tiene que ver también con visitar el Decathlon y hacernos de buenos implementos.

Calculo que si no hay puntos en común en una pareja, el camino está pavimentado con peleas y desentendimientos. Con Vicky somos de mundos bastante diferentes, y aunque nos amamos por miles de cosas, el running nos juntó, y es la plasticola que nos une. Compartir esta pasión es nuestro secreto, y aunque no podríamos recomendarle a otras personas que salgan a correr juntas, sí podemos afirmar que hay que compartir algo más que un techo para estar bien en pareja.

Semana 41: Día 280: Por qué no me gustan los Juegos Olímpicos

Quizá sea un bicho raro, pero es hora de admitirlo: no me gustan los Juegos Olímpicos. Me parece que es algo maravilloso llegar a ellos, ser un deportista que represente a su propio país y ser seleccionado en base al propio desempeño deportivo. Pero no siento que todo esto transmita valores positivos.

Probablemente la gente los mire y se apasione, pero para mí carece un poco de sentido. Desconozco el significado que tendría originalmente, supongo que los Juegos eran para entretener a los dioses, pero ahora se han convertido en una competencia más entre países. Los noticieros locales se empecinan en sumar cuántas medallas suma la Argentina. Todos quieren el oro, poco importa los que se lleven la de plata, y ni hablar la de bronce. Pero si no se llevan nada… ¡qué deshonra! El nadador Meolans salió una vez a pedir disculpas por la expectativa que había generado en la gente. ¿Tenemos que ser tan resultadistas?

Los atletas olímpicos la deben pasar bien. En la villa olímpica socializan con otros atletas, intentan distenderse, y los ojos de todo el mundo están puestos en ellos. Pero también la presión de ganar. A nadie le interesa si se deslomaron para llegar: de nada vale no traer un triunfo a casa. Y todo se convierte en una competencia política. A ver cuántas medallas más que el vecino nos estamos llevando. El triunfo se convierte en algo de lo que se adueña una nación. Nunca podemos evitar compararnos con Estados Unidos, Rusia, u otras superpotencias deportivas.

Tampoco me gusta mirar fútbol (de hecho me aburre), aunque no sé por qué los mundiales sí me gustan. Se me contagia el patriotismo y me surge ese deseo por ganarle a tal o cual país. Quizá porque en este deporte sí está compleamente instalada la competitividad, y lo que vale es solo ganar. En los Juegos Olímpicos compramos el concepto de la unidad, la alianza entre todos los continentes, los valores de respeto, determinación, autoestima y la mar en coche. Lo cierto es que olvidamos rápidamente a los que no ganan (llamados “perdedores”). Quizá aprendí a competir contra nadie más que conmigo mismo, y por eso ver a dos personas intentando ser mejor que la otra sea algo que me cause rechazo.

Prefiero ver a alguien intentando demostrar que es el mejor del mundo, a que me vendan un discurso y que al final sea un todos contra todos, mi país contra el tuyo. Que gane el mejor y que el peor sea tristemente olvidado.

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