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Semana 34: Día 235: Solo soy un tipo cabeza dura

A veces tengo cuidado cuando hablo de mí. Básicamente lo hago todos los días, tecleando alguna partecita de mi vida, o de temas que me interesan. Cuando empecé con Semana 52 recibí un comentario de alguien quejándose de ciertos corredores que solo buscaban aparentar, que se obsesionaban con tener la remera de la Maratón de New York aunque no la hubiesen corrido, y remataba con que los soberbios escribían un blog. Y bueno, odiaría que alguien piense que me la creo, porque está bastante lejos de mi forma de ser.

Espero que ayer alguno haya escuchado la entrevista que me hicieron en Radio Rivadavia. Hice un gran esfuerzo por modular, por ser concreto y por explicar todo de manera simple. Y me encontré con una situación recurrente (que también viví en otras charlas radiales), y es que me hicieron sentir como que yo era un tipo que hacía cosas imposibles. Me ponían en un pedestal inalcanzable, y no es así. Soy una persona insegura, que tiene a miles de personas en pedestales, que pocas veces se conforma con lo que hace. Tengo una virtud y es constancia y determinación, pero si tengo que ser sincero, yo siento que no soy lo suficientemente constante ni lo suficientemente determinado. No siempre me alcanza, y hasta creo que podría estar dando más.

Vendría a ser una mezcla entre inseguridad y modestia, pero también porque yo alguna vez puse a los atletas en un pedestal. Se me hacía que me tenía que conformar con el cuerpo que tenía, y que nunca iba a poder correr más de 10 km. Lo cierto es que la diferencia entre entonces y ahora es que ni siquiera lo intentaba. Me quejaba, deseaba, soñaba, pero todo quedaba ahí, en una falsa intención. Muchas cosas cambiaron para mí el día en que pensé que con intentar no perdía nada. Que con fracasar y seguir intentando tampoco. Aguantar 52 semanas y nada más, no sonaba como algo demencial o imposible.

Algunas personas se me han acercado por este blog y cuando me aclaraban que también corrían, se sentían en la obligación de aclararme que ni a palos hacían lo que yo hago. Yo no soy parámetro de atleta, si bien puedo tener resultados en carreras que son buenos, estoy muy lejos de los punteros. Soy de los que se contenta con estar lejos de los últimos, en lo posible en la primera mitad (y la gloria es llegar en los primeros cuartos). Pero tampoco tiene demasiado valor, porque lo que realmente me pone contento es mejorar mis marcas, tampoco es que me desvive ganarle a una persona que no sea yo. Y no tengo pasta de campeón, ni un físico privilegiado, ni nunca voy a hacer un récord. Por fortuna son cosas que no me interesan, porque lo único que tengo que me puede diferenciar de otros corredores es que soy cabeza dura. Ya está, confesé mi secreto. No hay más que eso. Tengo que reconocer que también he tenido suerte, y que esa terquedad no me lesionó o me hizo pasar por un momento traumático que me alejó del running. Creo que el mérito ahí es de mi entrenador, Germán, que aunque supo dejarme “libre” también me cuidó, y en cierto punto de los consejos de Romina, mi nutricionista.

No creo que sea mejor que nadie. En todo caso me encantaría que me vean como un igual. Yo soy el gordito al que mandaban al arco. El que se asustaba cuando corría demasiado rápido y frenaba. El que se lamentaba por no tener un cuerpo atlético y canalizaba esa frustración comiéndose un cuarto de miñoncitos con Mayoliva. Yo estaba seguro de que jamás iba a abandonar las papas fritas saborizadas, y hasta llegué a considerar que ir a McDonald’s era otorgarme un festín. Por eso, cuando alguien me dice que ni a palos corre todo lo que yo corro, pienso que unos años atrás hubiésemos invertido los roles, y yo me hubiese maravillado de mi interlocutor. Para mí 3,5 km, la carrera obligatoria del secundario, era interminable (e imposible). Lo que yo hago requiere ser un poco cabeza dura. No hay más secretos que ese. Dejar de desear, animarse, y no rendirse con facilidad. Es algo que lo puede hacer cualquiera.

Semana 33: Día 230: La trama se complica

Voy a hacer un post de confesiones. Probablemente no sorprendan a nadie las cosas que diga a continuación, pero conviene dejarlas por escrito y hacer catarsis.

Tengo tantas ganas de correr 100 kilómetros como el pánico que me da. Me encantan los desafíos, pero sé que estoy pasándome de mis límites, que esto no va a ser gratis. Me encanta correr, es algo que me da un inmenso placer. El running para mí es terapeutico. Me da paz. Estos días de incertidumbre con los griegos solo eran calmados por mis jornadas de entrenamiento. Correr toda esa distancia junta, probablemente, me obligue a correr mucho menos en las semanas siguientes. Pero es un precio justo por lo que vale el desafío, y por pre-clasificar para la Espartatlón.

Y ahora viene la segunda confesión, que vengo guardándome, y es que no me termino de recuperar de las rodillas. Patagonia Run fue mucho más dura de lo que me imaginaba. Obviamente no estaba preparado para la montaña, ni me imaginé que iba a necesitar más potencia de piernas. Fue la prueba más difícil de mi vida, y encuentro algo de consuelo en el hecho de que la pude terminar. No lo hice en mi mejor estado, y tuvo sus consecuencias. Ahora corro y las rodillas empiezan a doler. Mucho, pero no como para detenerme. Creí que a esta altura ya iba a estar al 100%, pero ayer me di cuenta que estoy lejos todavía. Hicimos un fondo de 20 km, que fueron 4 vueltas al hipódromo de San Isidro. Al final de cada vuelta, nos hidratábamos y estirábamos un poco, nunca más de tres minutos. Eran en progresión, y quizá tendría que haberme guardado o haberlas hecho estable. El tiempo fue excelente, 1 hora 35 minutos (descontando esos pequeños descansos). Y hoy sentí dolores todo el día, al arrodillarme, al sentarme. Son señales de alarma, que colaboran con ese pánico creciente, que intento esconder.

Correr me encanta, pero estoy jugando con distancias que van más allá de lo que estoy acostumbrado. Es parte del crecimiento, y en algún momento hay que correr el techo. Pero los 20 kilómetros de ayer eran una quinta parte de lo que me toca dentro de 10 días. ¿Voy a poder seguir y completar los otros 80 kilómetros? ¿Qué consecuencias voy a tener? ¿Cuánto voy a necesitar descansar después? La meta es llegar en menos de 10 horas y media. Si no, estoy sonado. La presión está ahí presente, la oportunidad de correr la Espartatlón es una sola.

Sé a lo que me enfrento si no la puedo correr. Estos días en que no sabía cuál iba a ser mi destino resultaron muy jugosos para el blog. Hoy casualmente hablaba con mi amigo Javi, esporádico lector, que me reconoció estar en el borde de la silla, esperando las novedades de cada día. Y reconozco que mientras la cosa se complicaba, yo me decía para mis adentros que ahora iba a tener tela para cortar. Pero la verdad es que la pasé muy mal. Mucha angustia que no supe cómo resolver. Vicky me hablaba de alternativas como otras carreras en la misma fecha que la Espartatlón, o cambios en el itinerario (más días en París, menos en Atenas), y yo me sentía como Zorba, el Griego, cuyas pertenencias ya se las querían repartir antes de que él muriese. Sé que dramatizo, y puse mi energía en encontrar una salida a este dilema de la pre-inscripción. Pero prácticamente fue todo lo que pude hacer. El día se convirtió en huecos entre las respuestas de los griegos, y entrenamientos, donde los problemas se disipaban.

Sé a lo que me enfrento si no llego. No me voy a morir de tristeza, pero me puse tanta expectativa que puedo soportar no llegar, intentar la Espartatlón y tener que bajarme antes de la mitad, pero no puedo tolerar la situación de quedarme con las ganas. Quizá eso es lo que realmente me da pánico de la Ultra Buenos Aires, porque si no llego, se terminó Grecia para mí hasta el año que viene.

Por ahora, las cosas que puedo manejar, están marchando. Solo dependo de que mi punto más débil en mi carrera de fondista, las rodillas, no me fallen. Y que aguanten “nada más” que 100 kilómetros.

Semana 33: Día 229: Ultra Buenos Aires está en marcha

Los griegos me han respondido mi carta con un brevísimo comunicado:

Querido Martin,
mientras tanto, por favor, complete y envíe la ficha de inscripción por e-mail.
Gracias,
P. Tsiakiris

Y bueno, obviamente lo hice.

Mientras tanto, ya bauticé la carrera: Ultra Buenos Aires. Con Vicky vamos a hacer remeras con el logo, que acabo de diseñar. Federico Lausi, de Salvaje, propuso Marcos Paz como sede para correr los 100 km. En este lugar ellos tienen depósito, y las distancias ya calculadas.

Esto tiene muchísimos pro y una sola contra (personal y subjetiva). Por un lado, ya he corrido en este terreno, y aunque lo hice con obstáculos (no sería el caso esta vez), me siento cómodo al conocerlo. Además no tengo que pensar en dar infinitas vueltas para alcanzar la distancia (eran 250 vueltas a la pista del CENARD, o casi 20 al Hipódromo de San Isidro). Y lo más importante, es una zona despejada, por lo que no hay obstáculos. Si alguien quería acompañarme por San Isidro, corríamos un cierto riesgo: si llegábamos a ser muchos para entrar en la vereda, cualquier descuidado podía terminar en la calle. Aunque la idea de hacer una carrera tipo “guerrilla” (de sorpresa) tenía un toque romántico, lo mejor es adquirir permisos, pero para eso no hay tiempo.

Todo esto está resuelto en Marcos Paz. Lo único que me da pena es que si lo hubiésemos hecho en San Isidro, cualquiera podía llegar en transporte público. Este lugar está a un par de horas en auto, y para alguno el acercarse hasta ahí un día tan temprano a la mañana va a ser casi tan duro como correr los 100 km para mí. No se preocupen, están todos excusados. Menos mis amigos y familiares.

Entonces ya tenemos el lugar y el organizador. Lo que nos falta sería definir el día. Por suerte el viernes es feriado, fiestas patrias, así que ahí se van a hacer las Fiestas Mayas, de 10 km. Nos deja el fin de semana libre. Probablemente lo mejor sea hacerlo el domingo, porque históricamente las carreras se hacen esos días. Así que lo más probable es que corra el 27, y el 28 esté enviando mis tiempos oficiales a la organización. Por ahora es lo más probable, y nos deja el sábado para marcar el terreno.

Por ahora, es lo que hay. De paso aprendo un poco cómo se organiza una carrera.

Semana 33: Día 228: ¡Una luz de esperanza!

Después de un día de no tener noticias (durante el cual, literalmente, caminé por las paredes, hice volteretas y todo), finalmente recibo un mail de Flavio, mi contacto en Cancillería. Me reenvía un correo del ministro Lafforgue, que transcribo a continuación:

Hemos hablado con los organizadores de la competencia. Insisten en que el error fue de Martín Casanova que nunca llegó a inscribirse. Dicen que nunca commpleto la ficha de inscripción que correpondía. No admiten que pudiera haber habido un error por parte de ellos.

De todas formas, se comunicarán con él para decirle que es posible que participe de la prueba de 100 kms en 10 1/2 hs.

Muy atte y quedamos en contacto para ver como sigue “el caso”.

¡Qué cabezones son los griegos! Pero bueno, dejo pasar ese orgullo inquebrantable porque, en apariencia, avalan la carrera que voy a hacer en poco más de 10 días, aprovechando el fin de semana largo. No podía esperarlos, así que estamos entrenando con mi coach, Germán, como si la carrera fuese una realidad. Está casi todo confirmado.

Además se abrió una posibilidad (ruego al Cielo que se dé) para que una empresa auspicie el evento. Para mí sería el círculo perfecto, porque dejaría de ser un evento egocéntrico para conseguir fondos y donarlo a alguna entidad. Ya tengo todo armado en mi cabeza si llega a pasar, pero por ahora son posibilidades y no hechos concretos. Tengo que aprender a controlar mi ansiedad…

Espero que esta semana pueda definir todo sobre esta Ultramaratón de Buenos Aires. No tiene nombre todavía, pero en principio yo la voy a llamar así. Ojalá sea -como sugirió el lector Matías Orange- el inicio de una tradición, para que todos los corredores de sudamérica puedan usarla como pre-clasificatorio para Espartatlón. Para eso, claro, tendríamos que hacerla antes de mayo, cuando todos los cupos se cubrieron. Una de las tantas ideas que, si se dan, le darían todavía más sentido a esta gesta.

Esto NO es una confirmación de que me aceptan mi inscripción. Pero al parecer, si corro los 100 km en menos de 10 horas y media, no la van a rechazar. Veremos qué dicen, en el momento en que me contacten…

Semana 33: Día 227: No hay noticias en el frente

Todavía no hubo respuestas de parte de la organización de la Espartatlón. Tampoco de Cancillería argentina ni de la Embajada en Grecia.

Los norteamericanos (y seguramente los británicos primero) dicen “No news is good news”. Cuando no hay noticias son buenas noticias. No sé si se aplica a este caso, pero quiero mantener una actitud positiva.

Este tema es extremadamente angustiante. Me cuesta concentrarme en el trabajo, y cuando la gente me empieza a recomendar qué hacer si no puedo correr la Espartatlón (ir el año que viene, buscar otra ultramaratón en Europa) les pido que esperen para este tipo de comentarios. Déjenlos para junio, cuando todo esté efectivamente definido.

Mientras sigo pensando en la ultra clasificatoria que vamos a organizar en dos semanas. Tenemos más o menos definido el lugar, la gente de Salvaje aceptó la invitación de fiscalizar, y es algo que me alivia mucho. Este grupo deportivo, dirigido por Fede Lausi, viene creciendo mucho en cuanto a organización de eventos. Cubrieron el lugar dejado por la Merrell Nocturna organizando la Salvaje Night Race, y dieron un paso enorme este año al lograr que la Ultratrail de Yaboty sea clasificatoria para la Mont Blanc. Estoy súper agradecido por su buena onda, que se suma al esfuerzo desinteresado que está haciendo mucha gente para que yo vaya a Grecia y corra una de las carreras más duras del mundo.

Me han hecho propuestas de acompañarme, de darme agua, de buscar auspiciantes… y lo mejor es que nadie me ofreció truchar un informe, simular que corrí e inventar una firma… Todos los que siguen este proyecto que es Semana 52 entienden la importancia que tiene correr, superarse. Si los griegos hubiesen entendido mi consulta de febrero, esta movida la podría haber hecho entonces, sin estar sufriendo este final de temporada. Ojalá todo se resuelva bien. No pido excepciones, solo lo que pienso que es justo.

Semana 33: Día 226: Densos nubarrones sobre Esparta

Carta de Tsiakiris, presidente de la Espartatlón, que llegó hoy a mi casilla de mail:

Es difícil de entender que el Sr. Casanova se haya estado preparando para una carrera sin tener los requisitos previos.

Además, se declara que el alojamiento de los participantes están cubiertos por la Organización durante seis días. Dos antes de la carrera, dos días después de la carrera y los dos de la carrera, si no llega a terminarla.

Hay un montón de gente que reúne las condiciones que están en lista de espera. Más de 35.

Es imposible que el Comité de Administración para hacer cualquier cosa.

Debe encontrar una manera oficial para cumplir con los requisitos previos y venir el próximo año.

Saludos cordiales,
P. Tsiakiris

Mi más sincera e inspirada respuesta:

Estimado Sr. Tsiakiris: En primer lugar, quiero darle las gracias por su paciencia en responder a todos nuestros correos electrónicos. Sé que usted tiene suficientes obligaciones con la organización de la carrera, y le agradezco su tiempo.

Me gustaría explicar mi situación, con mis propias palabras. Le escribí en febrero, en griego (un miembro de la embajada griega en Argentina tradujo la carta) preguntando si podía anotarme sin los requisitos previos. Usted me contestó al día siguiente, en griego, y me informó que me habían aceptado en la carrera y que se me había asignado el número 130. Fue un error honesto, porque creyó que le estaba escribiendo a Joan Vila CASANOVAS, de México… pero no tenía motivos para dudar de su e-mail. Le expliqué mi situación en su propio idioma, y usted, siendo el presidente de Espartatlón, me dijo que yo ya tenía un número asignado. Esa fue todo la confirmación que necesité, y por eso seguí con mi entrenamiento (actualmente estoy corriendo más de 90 kilómetros a la semana). Incluso compré los billetes de avión para mí y mi novia (estamos llegando al aeropuerto de Venizelos el 26 de septiembre).

Fue una confusión y lo acepto. Dado que no fue mi error, todo lo que pido es que se tome esto en consideración y que me permitan anotarme en la carrera. No hagan ninguna excepción para mí, encontré con una carrera de 100 km el 26 de mayo. Está siendo organizada por dos importantes asociaciones deportivas en la Argentina, y la voy a terminar de menos de 10 horas. Entiendo que no se puede inscribir a nadie sin los requisitos previos, y  no estoy pidiendo que ignoren las reglas. Todo lo que pido es, ya que he tenido una información errónea desde febrero, permítanme inscribirme dentro de dos semanas, después de correr esta carrera de 100 km, sin ponerme al final de la lista de espera. ¿Es esto posible? Si no puedo terminar la carrera y no cumplo con los requisitos previos, me olvidaré de esto y me prepararé para el próximo año.

Hay una gran expectativa entre todos los lectores de mi blog (25.000 cada mes), y he puesto todo mi entusiasmo y dinero en su carrera. Por favor, podemos no hablar la misma lengua, pero todos hablamos el lenguaje del deporte. De un atleta a otro, lo único que quiero es cumplir este sueño mío.

Gracias por su tiempo.
Martín Casanova

Semana 33: Día 225: Planificando el milagro

Las últimas novedades de la semana son el contacto del Ministro Lafforgue, que trabaja en la embajada argentina en Grecia, que se comprometió a ocuparse de mi caso entre el lunes y el martes de esta semana. Además, Flavio, contacto de Cancillería y héroe personal, le planteó a los organizadores de la Espartatlón la posibilidad de realizar una carrera de 100 km fiscalizada por alguna organización deportiva. Los contactos están hechos, no los quemo en este post porque demostraron interés pero no está nada definido todavía.

Y esta idea totalmente poco ortodoxa (por no decir “demencial”) obtuvo un inesperado apoyo por parte de mucha gente. Mi hermano Santiago quiere correr 2 km conmigo. Mi hermano Matías se anima a un poquito más y me adelanta que puede ir a un ritmo máximo de 5:30 el kilómetro. Obviamente Vicky me acompaña, posiblemente en el último tramo, cuando mis fuerzas me obliguen a mantener un ritmo más tranquilo. Hoy, charlándolo con Marcelo, compañero de tantas carreras y de los Puma Runnners, me tiró la idea de organizar tres o cuatro postas en todo el circuito, para estar siempre acompañado y con alguien para usar de “liebre” y no bajar el ritmo. Tantas muestras de confianza y estímulo me dejan sin palabras.

Quiero agotar todas las vías diplomáticas, pero la idea de hacer mi propia ultramaratón me entusiasma muchísimo. Por cuestiones de optimización de tiempos decidí que no me convendría hacerlo en la “calle”. Frenar por los semáforos o el tráfico me retrasaría y es algo con lo que no tengo que contar. Si mantengo un ritmo promedio por abajo de los 6 minutos el kilómetro, llegar en menos de 10 horas y media va a ser pan comido. Hoy metí un fondo de 19,26 kilómetros en una hora y 35 minutos (debe ser un ritmo de 4:50, aproximadamente). Y eso que metí más de 4 km de cuestas. Obviamente que no lo podría sostener otros 81 kilómetros, pero todo lo que gane al principio, puedo especular por si mi rendimiento baja mucho al final.

Hacer 100 km en una pista de atletismo, de 400 metros, sería algo cercano al suicidio. O sea, no me mataría hacerlo, pero pienso en dar 250 vueltas y me quiero tirar por la ventana (vivo en un piso 15). Así que la alternativa es algún predio grande, y creo que dimos con él. Tiene 5 km, y todo lo que puede llegar a entorpecer el paso son unos pocos peatones (que sabrán entenderme). Faltan ultimar detalles, pero con alguien dándome agua una vez por vuelta, estoy más que bien. Sé que puedo hacerlo, y que sería algo motivador y divertido para mucha gente. Fantaseo con correr acompañado en algunos tramos por cuatro o cinco “loquitos” a los que nunca haya visto en mi vida, que quieran participar de algo que es muy trascendente para mí, y se me llenan las reservas de energía.

Ojalá pudiese haber organizado esto con tiempo. Si en febrero me hubiesen dicho que necesitaba hacer esto para inscribirme, lo hubiésemos armado de otra manera, a beneficio de alguna entidad benéfica. Ahora siento que es solo por mí y me da algo de culpa. Es como una gran movida egoísta. Pero la realidad es que no quiero que nadie me ayude más que para demostrarme que confía en mí. A los fiscales y quienes hagan falta que trabajen para organizar esto les quiero pagar de mi bolsillo, o como sea que pueda devolver tamaño favor. Esto es algo personal, y me da un poco menos de culpa si también le da sentido a otras personas, a quienes quieran correr con un desconocido, que se sientan parte de esta lucha para dejar contentos a los griegos. Pero la última palabra la tienen allá, en el comité organizativo de la Espartatlón.

Muchos ya me han propuesto otras carreras si es que no me permiten anotarme, o que siga preparándome para la edición de 2013. Pero ahora tengo la cabeza puesta en que me reconozcan lo que creo que merezco. Ya habrá tiempo para el después. Esta semana se define todo, y veremos si para los griegos esta ultramaratón individual tiene el mismo valor que para nosotros…

Semana 33: Día 224: Activando el Plan B (y el C, y el D, y…)

Así que los Griegos son huesos duros de roer. Contrario a lo que alguna vez leí en un foro (nunca le crean a la Internet), con una carta hablando de logros pasados, si no cumplís los requisitos de pre-inscripción, olvidate de la Espartatlón. En la organización son más papistas que el Papa. Y, siendo que ya cubrieron el cupo de 350 corredores, no se desesperan por anotar a un corredor que vive a 11 mil kilómetros.

Flavio, de Cancillería (organización que maneja temas relacionados con el extranjero) está haciendo todas las gestiones posibles, y ahora pasó a contactar a un miembro de la embajada argentina en Grecia. Si corro la Espartatlón, Flavio se va a llevar gran parte del mérito. Los tiempos son raros, porque al haber tantas horas de diferencia con Europa, lo que no se resuelve durante la mañana, queda para el día siguiente.

Como la cosa parece a punto de estancarse (los griegos no se intimidan ni se compadecen por mí), se me ocurrió activar un Plan B. Siendo que tengo hasta el 31 de mayo para inscribirme, y que el requisito es correr 100 km en 10 horas y media (o 200 sin límite), ¿por qué no hacerlo? Todavía no me recupero del todo de Patagonia Run, pero la voluntad es más fuerte, y con planificación y todo mi entusiasmo, sé que lo puedo lograr. El tema es que no existe una carrera de acá a 20 días.

Plan B: Organizar mi propia ultramaratón. Con mi ficha de inscripción tengo que entregar un certificado de un club u organización deportiva que avale mis tiempos. Entonces, ¿podría conseguir algo de ayuda externa y que alguien me fiscalice corriendo esa distancia? Aparentemente sí, al menos estuve consultando y hay quienes me ayudarían a hacer semejante locura. Me pareció que podía ser algo divertido, quizá citar a quien quiera venir a chusmear, alentar, o acompañarme algunos kilómetros. No le pediría a nadie que me acompañe todo el trayecto, porque es un riesgo que no quiero asumir… Mi intención es hacerme cargo de cualquier gasto en el que incurra, como sea asistencia, fiscales, ambulancia, etc. Pero si pongo puestos de control con agua y comida cada 5 km, ¿qué tengo que perder?

Así que ese es mi último recurso. Todavía no logro que la organización reconozca su error. Después de todo, desde hace tres meses creo que estoy inscripto, y eso me llevó a comprar pasajes (y no son baratos). Pasear por Grecia mientras se corre la Espartatlón sería algo que me amargaría enormemente. Si en dos semanas logro correr esos 100 km, me voy a quedar tranquilo, y espero que la organización me lo reconozca (y no me mande al final de la lista de espera). Si se da que no llego en 10 horas y media, será duro, pero me bajaré del sueño helénico. O activaré el plan C, y seguiré hasta alcanzar los 200 km.

Si me gusta el durazno, me banco la pelusa. Agotaré todos los recursos antes de darme por vencido.

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