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Semana 31: Día 216: El Paraíso, según BC

Hoy empiezo con una queja. La publicidad bombardea tanto con sus mentiras y mensajes distorsionados, que no es extraño que tengamos los valores tan errados. ¿Cómo no detener las picadas, si los avisos de autos hablan de velocidad, y en aquella publicidad de Renault Clio (Hacé feliz al gordo) se ve que el velocímetro supera los 140 km por hora, bastante por encima de los límites? ¿Cómo imponer valores de tolerancia e integración, cuando esa estúpida serie de propagandas de Trident tiene a dos monigotes animados discriminando a un tercero, al que lo señalan y le hacen burla?

El problema con estos mensajes es que aparecen constantemente en los cortes comerciales, y en la repetición terminan imponiéndose.

No soy una persona religiosa, soy creyente pero hasta ahí. Por ejemplo creo en Dios y en que existe un alma, pero considero que muchas cosas de la Biblia tienen raíces en el folclore del hombre primitivo. Me refiero puntualmente al origen de la raza humana, con Adán y Eva, y la Tierra que fue creada hace miles de años (en lugar de millones, como atestiguará la geóloga Vicky). O sea, la cuestión blasfema de que las cosas hubiesen sido diferentes si en el Paraíso hubiesen tenido jugo en polvo BC la dejo pasar. Creo que es erróneo el mensaje que intentaron transmitir en la Biblia, de que el castigo por el exilio fuese ganarse el pan con el sudor de la frente, porque no hay nada de malo en conseguir las cosas con esfuerzo. Y entiendo que el Génesis se escribió en una época de mucha misoginia, donde la mujer fue la que compró el cuento del Diablo, y terminó tentando al varón. Dudo que esto haya pasado, y me cierra que lo haya escrito un hombre, basado en las costumbres de la época.

Más allá de eso, me parece lamentable el mensaje que transmite BC, donde en el Paraíso todos hubiésemos obtenido bienes materiales (como un auto nuevo), donde la belleza física pareciera ser igual a felicidad (el pelo largo del Puma Goity, el flaquito que consigue un cuerpo de físico-culturista con solo conectarse a una máquina, el verdulero que sale con Nicole Neuman). ¿Ese es el ideal de dicha, de paz y serenidad? ¿Saltar adentro de un lavarropas para salir con las prendas impecables, toda arreglada y peinada? Todo esto con la pedagiza música de los Guns & Roses (que seguro jamás imaginaron que Paradise City iba a tener estas connotaciones).

Creo que las publicidades buscan imponerse en la memoria de la gente, sin importar las consecuencias. Vale más que te recuerden a transmitir valores. Desde el chiste (que a la tercera o cuarta vez ya harta) hasta las situaciones de egoísmo, soberbia, vanidad y lujuria, todo para vendernos cosas que no necesitamos. Y siguiendo con una lógica bíblica, llama la atención esa contradicción de recurrir a pecados capitales para crear un paraíso idealizado.

Lo más triste es que las campañas de concientización, donde se hable de la amistad, la autosuperación, brillan por su aunsencia. Seguro podremos pensar en un par (con Nike y Adidas a la cabeza, empresas dedicadas a vender valores que no defienden con sus fábricas de trabajo esclavo en Asia). Pero en nuestras pantallas solemos ver estas publicidades entremezcladas con las otras. Y pierden por goleada, con su escaso presupuesto, y su pobre creatividad.

Si esas empresas de creativos publicitarios intentaran encarar sus mensajes hacia otro lado… creo que las cosas cambiarían un poco. Alguno podrá pensar que ellos le dan a la gente lo que quiere ver y escuchar, pero eso es tirar la pelota para el otro lado. Después de todo, su intención es vender un producto (o idea), así que están formando opinión… y una muy mala.

Semana 31: Día 215: Dean Karnazes, el cómic

A tono con esta última semana de la Feria del Libro, he estado tan rodeado de historietas, que me pareció una buena idea combinar esta pasión con el running.

Como no tengo tiempo de ponerme a dibujar, ¿qué mejor que tomar un trabajo ya hecho y traducirlo?

Este cómic lo realizó Calvin Aung Than, basado en citas de una entrevista que Outside Magazine le hizo a Dean Karnazes, el corredor que más admiro en el mundo. Espero que les guste.

Semana 31: Día 214: Trabajar de correr

Mi gran fantasía, y ese deseo que no le digo a nadie pero que todo el mundo supone, es que me encantaría vivir de correr. En este 1ro de mayo, día del trabajador, ni trabajé ni corrí, pero me encantaría combinar ambas cosas.

El problema es que hay que ser muy bueno para que a uno le paguen, o para poder hacer podio y llevarse premios en metálico. Entrenar asiduamente no es algo barato, si se tiene en cuenta el recambio de zapatillas, los accesorios (GPS, mochilas hidratadoras, calzas para el frío, etc), los honorarios de un eventual entrenador, las inscripciones a las carreras… uno necesita trabajar para correr, y solo la elite vive de esto.

Pero creo que hay vetas para explorar. Quizá el periodismo deportivo es lo que más acerca a uno a vivir del deporte. Saber mucho sobre un tema podría dar sus dividendos. Otra opción cercana al running podría ser organizar carreras. Evidentemente hay sponsors con ganas de descargar impuestos sponsoreando competencias, y hay una creciente tendencia de corredores que buscan nuevas conquistas. También podría inventar algún aditamento que nadie necesita pero que con la genialidad del marketing haga creer que es indispensable, como un pañuelo que seca la transpiración y no queda mojado, o zapatillas que no dejan olor a pata.

Sin embargo, los que corremos por pasión y no por los premios, nos tenemos que contentar con cuidar el trabajo actual, que es lo único que nos sostiene el vicio. Inevitablemente le pongo más pasión a entrenar que a diseñar una revista de manualidades en goma eva, pero sin una no puedo tener la otra. Envidio (sanamente) a quienes trabajan corriendo (o corren trabajando), pero admiro a los que abandonan la oficina enfundados en sus zapatillas, los que aprovechan el viaje al trabajo para pedalear, y a los que encuentran un hueco en medio de la agobiante rutina para hacer algunas cuestas y algunas profresiones. A todos ellos (los que envidio y los que admiro), les deseo un feliz día.

Semana 31: Día 213: 194,35 km en un mes

Ha terminado abril. Tan pronto como llegó, se nos escapó como arena de entre los dedos.

No ha sido un mes de muchos kilómetros. Los 100 de Patagonia Run me dejaron un poco tirado, y no pude recuperar el ritmo. He recorrido una gran distancia y todavía estoy reponiéndome, pero falta para alcanzar un nivel espartatloniano.

Las rodillas siguen doloridas. La semana pasada, con 5 km encima, empezaron a molestar (y bastante). Hoy aguantaron mucho más. Pero se sumó un síntoma previsible: el tobillo derecho. Ese que me lesioné durante Patagonia, torciéndolo constantemente al pisar piedras y un terreno muy irregular. Hoy hicimos cambios de ritmo, y con cada frenada y pique en una dirección diferente, se tensaba y dolía. Ahí falta una recuperación. En el entrenamiento de esta noche estuve improvisando formas de detenerme sin forzarlo. Me hace falta un paracaídas.

Es evidente que el esfuerzo de Patagonia Run fue muy grande. Hoy recuerdo esta carrera con mucha nostalgia y quiero volver a hacerla. ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene someterse una vez más a semejante sufrimiento? No lo sé. Podría ser algo relacionado con la autosuperación. O la autoflagelación, que se le parece y no solo porque rima. Estuve pensando que luego de la Espartatlón los dolores podrían ser mayores, más prolongados. Con algo de suerte, muchas secuelas serían más leves porque el terreno será menos complicado, y yo estaré mucho más entrenado. Pensé en todos esos corredores que tienen que cortarse las zapatillas con tijeras para poder sacárselas. Ojalá no sea mi caso.

Correr es terapéutico. Hacer fondos de 10 km, aunque no esté al 100%, me tranquilizan enormemente. No sé qué haría si no los tuviese. Solía calmar gran parte de mi ansiedad comiendo, pero me cuesta imaginar qué actividad podría reemplazar al running. Tanta tensión que se acumula, ¿cómo descargarla si no es corriendo? Toda esta preparación, la comida al servicio de tener mayor salud y mucha energía para soltarla en el entrenamiento o en las carreras… no tengo idea cómo las reemplazaría si hiciese otra cosa. Pero me doy cuenta de que hago lo que me gusta, que las cosas en mi vida están bastante ordenadas, y que tengo alguien al lado con quién compartirlo. O sea: soy feliz. Aún con unos “modestos” 194 km en un mes.

Veremos con qué nos sorprende mayo…

Semana 31: Día 212: Ironman

Me encantaría ser un Iron Man. En cualquiera de sus acepciones.

La Feria del Libro me consume. Me hubiese gustado hacer un post más extenso, pero sabrán entender.

Gracias a los que se acercan a saludarme al stand. Confieso que me da una vergüenza tremenda, pero a la vez encuentro fascinante que se me acerque gente a la que no conozco y recibir de ellos semejantes muestras de apoyo. Supongo que nunca fui un tipo muy sociable, o pensaba que estaba más acostumbrado a la subestimación que a los elogios o las demostraciones de aliento. Como sea, prefiero esos momentos de incomodidad, me hacen sentir que las cosas que hago me sirven no solamente a mí.

Siempre me ronda por la cabeza la idea de hacerme un tatuaje. Como el que se hacen en la pantorrilla todos los que terminan un Iron Man. O algo alusivo a la Espartatlón. Pero Vicky me mata. Quizás con razón.

Semana 31: Día 211: Espartatlón, unos pasos más cerca

Hoy teníamos que correr. Como todos los sábados. Extraño horrores entrenar, quiero recuperarme del todo y volver a ser el de antes. Así que esperaba el sábado con ansias. Pero amaneció lluvioso. Estábamos cambiados, listos para salir, pero el día no acompañaba. ¿Salimos o no? Vicky me miraba con cara de pedir piedad. A decir verdad, solo yo estaba completamente vestido de corredor, ella solo tenía sus calzas y poca intención de enfrentar un clima frío y hostil.

Decidimos aprovechar la mañana, ya que nos íbamos a quedar, para definir de una buena vez el viaje a Europa. Estábamos con Gus, un amigo que nos va a acompañar, y nos sentamos en la compu a armar todo el itinerario, desde Ezeiza hasta Atenas, pasando por Madrid, Roma, Londres y París. Pero no fue fácil.

Tengo cuenta de PayPal, tarjeta de crédito Visa y American Express. Ninguna de estas tres cosas me sirvió para nada. No se podían validar, y evidentemente solo puedo usar mis tarjetas dentro de los confines de mi país. Así que me endeudé y entre los plásticos de Vicky y Gus fuimos armando cada tramo. Usamos la página www.edreams.com.ar para ver qué vuelos eran los más baratos, y después íbamos a las páginas de cada aerolínea para comprarlos. Pedí comida vegetariana, pero sé que en el viaje voy a tener algún problema.

Se nos complicó cuando quisimos armar ciertos tramos de una manera, y nos enteramos de que no existían vuelos a determinados destinos en esos días. Encontramos opciones carísimas (y ridículas), como por ejemplo viajar de Londres a Atenas, haciendo una escala en Ontario, Canadá. Pero me armé de paciencia y fui buscando alternativas. Y ya está. Tengo unas deudas que saldar con Vicky y Gus, pero técnicamente están todos los pasajes comprados, falta la confirmación de las aerolíneas, y después esperar a que llegue el día de partir. No es barato hacer todo este chiste, pero nunca en mi vida fui demasiado ahorrador. O tengo plata (y la gasto), o no tengo nada, y me quedo en el molde y no me pido postre.

Todavía no me siento 100% seguro de que esté anotado en la Espartatlón. Me dijeron que sí, que tenía número y todo, pero no me volvió a llegar ningún mail de la organización, y eso me asusta un poco. Entro a la página oficial, veo las fotos, y me muero por correrla. Me va a desilusionar mucho no poder participar, pero es algo de lo que me quiero ocupar (y no preocupar) cuando me saque la Feria del Libro de encima. Siento que este compromiso con nuestro stand me quita mucho tiempo para entrenar y concentrarme en la Espartatlón, pero me da muchas satisfacciones, como haber recibido la visita de Nani, lectora del blog, que pasó a saludar (¡gracias!). Además, durante la Feria recibo todo tipo de chistes, esos a los que muchos corredores deben estar acostumbrados: que tan flaco si levanto una caja me voy a partir en dos, que como barras de cereal light en vez de algo más “rico” (como un alfajor o alguna porquería similar), o la mejor que escuché hoy (que encima debe ser cierta): que en la radio dijeron que el vegetarianismo era un “problema psicológico”.

Igual yo diría que ser aficionado a correr es un trastorno psicológico. Una adicción que, espero, no se me cure nunca. Me gustaría que esta sea mi primera Espartatlón, de muchas…

Semana 31: Día 210: Mi nombre es Pi

Como estoy inmerso en la Feria del Libro, no estaría de más que haga una crítica literaria. En el stand me la paso comiendo, porque no hacer nada causa hambre. No me explico por qué, pero tengo una necesidad imperiosa de estar masticando algo.

Esta mini-reseña la escribí el 5 de mayo de 2009, o sea hace 3 años, en mi Fotolog que no leía nadie. Por eso la rescato. Es sobre un libro llamado “Life of Pi”, uno de los pocos que leí enteramente en inglés. Sé que soy monotemático, y que todo lo relaciono con correr, pero será que el tema me apasiona, y encuentro conexiones con todo. Lo cierto es que leer un libro es parecido a una carrera. Requiere determinación, y dedicarle su tiempo. Puede que no lo disfrutes como creías, pero la recompensa llega al final. Es lo que me pasó, al menos, con esta novela, que en breve tendrá su adaptación a la pantalla grande, por el director Ang Lee y el actor Tobey Maguire.

Hace tres años, intentaba describir así a “La vida de Pi”, un libro extraño que cobra sentido al final:

El año pasado, en Londres, mi amiga Abi me recomendó el libro llamado “Life of Pi”. Básicamente trata de un niño al que su padre, dueño de un zoológico, le pone de nombre Piscine (Piscina) y él, avergonzado de que todos le hagan chistes sobre el pis, decide que lo llamen “Pi” (como el 3,1415926535897… etc).

En realidad no es esa la trama del libro, sino que trata sobre el naufragio del barco en el que mudaban el zoológico. Pi termina en un bote con una zebra moribunda, una gorila deprimida, un lobo y un tigre de bengala. Todos a la deriva, en el océano.

Pero en realidad tampoco trata de eso, sino de la supervivencia, de los mecanismos que tenemos para defendernos. De la ceguera, no la real sino la que fabricamos. De la fantasía, que a veces es más tolerable que la realidad.

Es un libro impresionante, pero que me impactó más en sus últimas 10 páginas que en las primeras 200.

Al que tenga paciencia, se lo recomiendo.

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