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Semana 28: Día 195: 21 horas de viaje después…

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Finalmente llegamos a San Martín de los Andes. El viaje en micro no tuvo mayores inconvenientes, con la salvedad de que me habían asegurado de que iban a tardar 16 horas, y que no íbamos a tener servicio de abordo. O sea, cada uno con su comida, porque además no íbamos a tener paradas intermedias.

Bueno, la realidad fue que tardamos 21 horas (llegamos a las 5 y media de la tarde), había cena, desayuno y almuerzo (nada vegetariano ni de casualidad) y el aire acondicionado estuvo a full. Esto es un riesgo porque tenemos la carrera muy cerca. Por fortuna me abrigué, me puse una gorra térmica que me regaló Vicky, y dormí unas 9 horas seguidas. De vez en cuando me despertaba con sed, tomaba mi botella de agua, y seguía soñando. Fue un descanso reparador, después de estar trabajando tantos días sin parar (vi poco el sol durante Semana Santa).

Pero todo valió la pena. Llegar acá, y realmente RELAJARME, es lo que estaba esperando. En el micro conocimos a otros corredores, que hacían desde 10 hasta 100 km, e intercambiamos anécdotas y consejos. Conté un par de veces mi plan de correr la Espartatlón, y aunque se dio en forma absolutamente natural, me daba un poco de vergüenza porque siempre temo que quien me escucha crea que me la re creo. Igual intenté aclarar que no tengo idea de cómo me va a ir en la Patagonia Run. Es un misterio, aunque me tengo fe de que voy a llegar. De pronto me agarró un miedo muy nuevo en mí, y es que se me rompan las zapatillas en la montaña. Jamás me pasó, pero ahora andaba con tanta inseguridad que casi me compro un par de repuesto.

Sí aproveché para hacerme con un abrigo semi-impermeable, porque el frío me intimida un poquito y quiero estar cómodo. La organización de la Patagonia metió en el kit de 100 k unos guantes tipo segunda piel de obsequio, y en el de Vicky, de 63 k, había uno de esos pañuelos tubo. O sea, regalos que no son baratos (bueno, la inscripción a la carrera tampoco lo era).

Mañana me compraré unas medias profesionales, algo que jamás hice (siempre me arreglé con el “tres pares por 15 pesos” del tren), pero parece que me voy a mojar los pies, y quiero estar cómodo. Soy muy respetuoso de esta carrera.

Aprovechamos para pasear, tomar una merienda y ver dónde vamos a cenar esta noche. Seguimos con la cuestión de no consumir fibras y sí muchas calorías. Mañana me queda retirar mi remera temprano, y a las 4 asistir a la charla técnica obligatoria. Hay mucha energía positiva en el ambiente…

Semana 28: Día 194: El peor día de mi vida

Ok, exagero un poco. Pero sí es cierto que en la previa a los viajes la paso realmente mal.

Tengo acumuladas 5 horas de sueño desde el lunes. Me espera un viaje LARGO hasta San Martín de Los Andes, y ruego al Cielo dormir TODO el trayecto. Trabajo, trabajo y más trabajo. Si no fuese que eso es lo que paga carreras como estas…

Así que estuve de mal humor todo el día, alternando con momentos de nerviosismo y de depresión por agotamiento. Sé que vivo con una chica llamada Vicky, a la que estos últimos días casi no vi. La paciencia que tiene es increíble.

Sé que me espera un viaje cómodo y agradable, y que voy a visitar uno de los lugares más hermosos del mundo. Pero tuve que adelantar tanto trabajo para poder disfrutar de esto, que casi ni pensé en eso. “Ah, cierto que en unos días corro 100 km”. No, mentira, en realidad evitaba pensar en eso porque estoy un poco ansioso y nervioso.

Entre tanto estrés, tantas cosas que salen mal y otras que surgen a último momento, pude hacerme de un par de horas para visitar a mi nutricionista y comentarle sobre los últimos meses, cómo me fue en la ex-Merrell de Tandil, los fondos largos, y cómo me imagino que voy a enfrentar esta inminente carrera. También le dije que de tanto entrenar, sumado a que tengo que seguir trabajando, tuve que abandonar el gimnasio. Por suerte solo perdí 400 gr de músculo, y sigo manteniendo un buen porcentaje. Además bajé 100 gr de grasa, más allá de que sigo comiendo como cerdo (o como pato).

Algunos perímetros que bajaron fueron en los brazos, y principalmente en el pecho. Pero en piernas aumentaron, y eso es un indicio de por dónde están pasando mis esfuerzos actualmente. Salí contento de la consulta, porque me siento bien encaminado para la Espartatlón.

Bueno, aproveché estos minutos libres para actualizar el blog, ahora tengo que terminar de armar el bolso y salir a TMX, a tomar el micro. Yo soy una de esas personas que se va a correr una ultramaratón para descansar. Pero creoque me lo merezco. Gracias a todos los que nos desearon en estos días suerte para este demencial desafío. Aporta a la motivación, y mucho. La próxima nos leemos desde el sur.

Semana 28: Día 193: Vivir cada día como si fuese el último

De cierto discurso de una persona más o menos conocida, llamada Steve Jobs:

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?”. Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando solo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.

Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos. Forma médica de decir: prepárate a morir.

Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico.

Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar, porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.

Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora les puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir.

Ni siquiera la gente que quiere ir al Cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

Ahora mismo lo nuevo son ustedes, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, se irán convirtiendo en lo viejo, y serán apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Su tiempo es limitado, así que no lo gasten viviendo la vida de otro.

No se dejen atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejen que el ruido de las opiniones de los demás ahogue su propia voz interior. Y lo más importante, tengan el coraje de seguir a su corazón y su intuición.

De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Semana 28: Día 192: Último entreno antes de los 100 km

Bueno, esto fue todo. Ahora sí, no queda más que esperar la llegada de la ultramaratón.

En estos raros días de calor, frío, lluvia, templado, frío, calor y frío de nuevo, salimos a enfrentar la noche bonaerense con unas pasadas que sumaron 7 km y monedas. Esta vez no es “el grupo” el que sale de viaje a una carrera, sino que somos solo dos representantes. Por suerte, esta condición de “aventureros” nos facilitó recibir muchos consejos de otros compañeros más experimentados. “Ojo que salís de noche”. “No se cansen”. “El frío es lo de menos, porque van a estar todo el tiempo haciendo actividad física”.

Me tranquilizó confirmar que no soy el único al que le carcome la cabeza bajar la cantidad de kilómetros de entrenamiento en la previa a la carrera. Espontáneamente salió el mismo tema sobre el que escribí anoche… No podría decir que bajé en intensidad porque ahí estaba, haciendo piques de 3:10 el km. Esa es mi terapia, ahí se diluyen todas las angustias y los problemas de la semana…

Tenemos las banderas de los LionX (como se llamó originalmente nuestro running team, nombre que rescataremos en algún momento), la cámara para filmar y sacar fotos (no tiene flash, así que mis primeras seis horas de carrera saldrán oscuritas), y mi amigo Marcelo me prestó su reloj con GPS. A ver si entre el de él y el mío puedo contabilizar casi todo el trayecto. Sé que mi batería dura unas 4 horas y media, y con las cuestas me puede llegar a aguantar 35 km. Ojalá sea más.

Bueno, la próxima vez que corramos será en San Martín de los Andes, con un poco más de frío pero con un paisaje impresionante. Solo resta elongar, hacer el bolso y descansar en ese lugar mágico, hasta el día de la carrera.

Semana 28: Día 191: Descanso antes de la ultra

Hay una máxima que dice “Los grandes logros requieren suficiente descanso”. La parte más dura de haberme preparado para una ultramaratón es bajar la cantidad de kilómetros en la semana previa.

Existen infinidades de técnicas y teorías, pero básicamente lo que permite que el entrenamiento se pueda aplicar a la carrera, está relacionado con la reducción deportiva previa. Quema la cabeza venir con fondos de 45 km los domingos, y encontrarme hoy en casa, sin hacer nada. Entran dudas, a veces, de si vamos a llegar o no, pero lo cierto es que es necesario. No tiene sentido arriesgar el cuerpo, por la mínima chance que sea, y lesionarse o adquirir una nueva molestia. Está todo enfocado en el día de la competencia, que a la fecha está a tan solo 5 días y pocas horas.

Germán, nuestro entrenador, siempre pone énfasis en esto, en guardarse, cosa que, a nivel psicológico, solo contribuye con la ansiedad. En 1981, un estudio realizado en la universidad de Illinois, demostró que el nivel físico se mantenía idéntico en los atletas que reducían los volúmenes de entrenamiento durante 15 días. Otro estudio seguido en la universidad McMaster de Ontario y en el que diversos grupos de corredores reducían su entreno semanal hasta en un 90%, concluyó que cuánto más se reducía el entreno, mayor era la mejora en el rendimiento.

A mí me ha pasado de verme obligado a frenar por una lesión o por otro motivo, y volver con todo. Siempre lo atribuí a la ansiedad, y a toda esa energía acumulada que luchaba por salir. Pero probablemente haya más que eso. Emil Zatopek, el legendario maratonista, estuvo 15 días hospitalizado por una enfermedad, antes de los campeonatos de Bruselas en 1950. Dos días después de recibir el alta ganó en los 10 mil metros, y encima sacándole una vuelta al segundo.

En teoría durante este período de descanso se incrementa la fuerza muscular y  la longitud de la zancada (perder la forma correcta de correr es un signo de cansancio crónico). Además aumentan los depósitos de glucógeno, lo que da un aumento en la resistencia. En definitiva, y esto es innegable, uno cuida al cuerpo para llegar entero al día de la competencia. No es una carrera para subestimar, y el objetivo principal es terminarla. Para eso, hoy, descansamos…

Semana 28: Día 190: Subestimando a las mujeres

Está claro que apareció una veta en el mundo del running. Cada vez hay más gente sumándose, y hoy tenemos una variedad de carreras a nuestra disposición que antes no existía. Sin dudas, el mejor momento para dedicarse a esta actividad es este.

Entre todas las ofertas que hay de competencia, me encontré con que hay muchas que son exclusivas para mujeres, auspiciadas por grandes marcas como McDonald’s o Ser, y no recuerdo haber visto alguna que supere los 5 km. Generalmente las carreras que son “abiertas” (o sea, para cualquier género) tienen un mínimo de 8, aunque la gran mayoría arrancan de los 10. ¿Cómo puede haber esta diferencia?

Podríamos asumir que lo que buscan es que haya la mayor participación posible, lo cual suena lógico (y confirmaría que esto está siendo principalmente un negocio), pero asumir que las mujeres solo pueden dedicarse a competencias en rollers o de 5 km como máximo me parece una subestimación muy grande. Es cierto que, en promedio, el hombre tiene más fuerza y velocidad, pero existen infinidad de corredoras que le pasan el trapo a cualquiera. Recuerdo en Yaboty, que ganó una chica misionera llamada Estela, a quien era imposible seguirle el paso, y dejó atrás a casi todos los hombres. Hay un orgullo masculino de que no queremos que una mujer nos pase. Alguna vez, entrenando, escuché a uno que corría con un compañero y le imploraba que se apurasen, para poder pasar a las chicas.

Posiblemente si organizaran una carrera exclusivamente femenina de 10 km, la convocatoria sería menor. Pero, ¿importa más la recaudación que organizar un evento deportivo de mayor categoría? Cualquier chica que entrene con frecuencia le va a parecer poco hacer 5 km. Las postas de las ex-Merrell, donde participan una parva de corredoras, suelen ser bastante más que eso. Aplaudo las oportunidades de que los recién iniciados tengan competencias para foguearse y no romperse en el intento, pero sigo esperando ver una carrera que sea exclusiva para mujeres y a la que yo pueda decir “Me hubiese encantado poder participar”. Pero parece que nadie se anima a subir la apuesta. Hay talento y motivación femenina de sobra como para cubrir un mínimo del cupo. Faltaría que dejemos de ver a las chicas como débiles y organicemos eventos que no las subestimen…

Semana 28: Día 189: Correr vs. Estudiar

En una semana exactamente vamos a estar en San Martín de los Andes. Yo voy a estar nervioso porque a las 2 de la mañana comienza la carrera más complicada de mi vida. De hecho ya siento nervios, y no veo la hora de sacarme esto de encima. Esa sensación no la tenía desde que estudiaba y tenía que rendir un examen.

Y la verdad es que hay muchas similitudes. Cuando uno se prepara y se esfuerza, lo que más quiere es sacarse la prueba de encima. ¡Que empiece de una vez! ¿Cómo? ¿Que se pospone? ¡No! ¡Si ya me preparé para esto, no lo dilatemos más!

Creo que mientras uno más estudia, más fácil se hace seguir haciéndolo. Con entrenar pasa exactamente lo mismo. La diferencia es que hace tiempo dejé el estudio de lado y me concentré en la parte física. Quizá estoy enfrentando estas carreras con más fe que la que me tenía en los exámenes. Fue recién cuando cursé Diseño Gráfico, luego de un largo parate de años de desorientación vocacional, que me devoré los libros, fotocopias, apuntes. Todo lo que caía en mis manos lo leía con un entusiasmo voraz. Y quería más, necesitaba subir la apuesta, y me esforzaba por mejorar. No sabía a quién quería satisfacer, pero era un esfuerzo constante, y fallar en una prueba era algo que me angustiaba mucho. Me suena a lo que me pasa ahora con el running.

La gran diferencia podría ser que por más que nos estrese un examen, físicamente nos recuperamos enseguida. Pero claro, al igual que correr, necesitamos un descanso. No podríamos tener una prueba cada día, porque nos quemamos.

Si bien no llegué a soñar que llegaba al día de la Patagonia Run y no había entrenado (ni tampoco estaba desnudo frente a todos), la ansiedad se hace sentir. Es como que toda la previa es un estado constante de nerviosismo, cuando esté pasando la prueba voy a sufrir, y cuando termine voy a sentir un alivio inmenso. El resultado va a ser algo secundario, lo que va a importar es haberme esforzado hasta el final, haberlo dado todo. “No hay más que esto” es lo que suelo decir cuando termino una prueba. Creo que eso era lo que también me daba tranquilidad luego de un examen. Hice todo lo que podía. Me preparé, y di lo mejor de mí.

Seguimos tachando días en el calendario…

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