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Semana 17: Día 118: 500 maratones en 500 días

Hay un axioma en internet, que dice que no importa qué tan bien hagas una cosa, siempre habrá un niñito asiático que te rompa el traste. En el rubro del atletismo, de superar desafíos y bloguearlos día a día, mi niño asiático sería un tal Ricardo Abad Martínez, que me ha hecho morder el polvo.

Este aficionado al running nació el 8 de Enero de 1971 en Tafalla, Navarra. Su afición era la bicicleta, pero llegó un momento que se empezó a obsesionar. En el año 2005 sintió que necesitaba un cambio. “Coincidiendo con el nacimiento de mi única hija Ainhoa, cambié la bici por las zapatillas, con la intención de preparar mi primera Maratón, San Sebastián 2005”, recuerda hoy, en su sitio blog. “Aquella experiencia, y sobre todo el buen ambiente de las carreras previas, me llenó de tal forma que cambié mis planes, comencé el 2006 en bici y a medidos de enero decidí dejarla definitivamente aparcada y calzarme las zapatillas”.

Con el tiempo, le tomó el gustito, y en agosto de 2008 hizo 30 maratones en 30 días. Tan bien la pasó, que en 2009 subió la apuesta: 150 Maratones en 150 días. Hoy es noticia, porque no se conformó con eso, y decidió volver a superarse. Esta vez, el desafío fue correr 500 maratones, 21.100 km, recorriendo las 50 provincias españolas y conmemorando los 50 años de vida de la Asociación navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual (ANFAS) (cada kilómetro es un euro que irá a beneficio).

Todos recordamos al anterior record Guinness, Stefaan Engels, quien el 5 de enero de 2011 culminó sus 365 maratones en un año. Pero este belga contaba con una leve ventaja: vivía de esto. La diferencia con Abad es que trabaja en una fábrica ocho horas diarias, una semana por la mañana, otra por la tarde y otra en la noche. “No tengo un turno fijo por lo que en ocasiones tengo que correr dos maratones casi seguidos, uno por la tarde y otro a la mañana siguiente. Lo más duro es cuando trabajo de noche, salgo a las seis de la mañana y luego tengo que salir a la carretera tras un buen desayuno”, comenta.

“Para mi el correr es algo más que un deporte, es una filosofía de vida”, aclara el corredor, como si hiciera falta. “Me gusta huir de las carreras convencionales y crear mis propios reto y desafíos”. En 17 días va a completar su desafío, que narra al detalle en su blog. Y demuestra que mientras haya pasión, ninguna rutina puede interponerse en la vida de un atleta.

Aunque hay que tener una condición física excelente para tamaño desafío, este atleta reconoce que hay riesgos: “Acudo una vez al mes al médico y de momento no me ha pasado nada, aunque sé que puedo padecer artrosis en un futuro. Tengo dolores en caderas, rodillas y tobillos por eso quiero que el médico me confirme que puedo continuar”.

Abad hace un promedio de cuatro horas en cada maratón, y dice que el secreto es administrar el tiempo correctamente: dormir ocho horas, descansar y alimentarse de forma saludable. Además, le toma una hora actualizar su blog, más el tiempo que dedica a su mujer y su hija. “Hay que robar horas de donde sea”.

Abad no solo encontró la vuelta para ponerse un desafío admirable, sino que logró además convertirlo en un evento benéfico. Ni las enfermedades, ni el cansancio, ni la muerte de su padre lo han detenido: “Fue un momento muy duro, pero continúo para dedicárselo a él”.

“Todos me llaman loco”, admite. Quizá esa sea nuestra forma de reaccionar frente a lo que nos parece imposible, o que no lo podemos mensurar. Eso no quita que sintamos una profunda admiración por él.

Semana 17: Día 117: Los límites del humor

De vez en cuando me salgo del tema del deporte. No porque no tenga nada para contar, probablemente todo lo contrario. Supongo que este blog habla también de mi vida, y este es un tema que últimamente ocupa mucho lugar en mi cabeza.

El jueves 19 de enero, como todos los jueves, el diario Página/12 publicó una historieta de Gustavo Sala en su suplemento “NO”. Orientado a la música, la tira (llamada “Bife Angosto”) eligió burlarse de David Guetta y su insensibilidad cuando se derrumbó el VIP y él tocó como si no hubiese pasado nada. Como la marca registrada de Sala es llevar todo al extremo, burlarse de los estereotipos y traspasar todos los límites, colocó al DJ como musicalizador de un campo de concentración nazi, con Hitler animando a los prisioneros (ni hace falta poner la tira, porque salió en todos lados).

Hasta acá lo que pasó objetivamente. Obvio que muchísima gente se sintió ofendida y se hizo expresar. Ahora bien, además de correr y escribir en un blog, tengo un pequeñito emprendimiento editorial, y da la casualidad de que edité no uno, sino dos libros de Gustavo Sala. Además de una relación autor-editor, lo considero un amigo. He almorzado con él, hemos tomado café, y me ha hecho dibujos para mi cumpleaños. Siempre, como dije, jugando con los límites. Quienes lo conocemos desde hace años, no nos escandalizamos por lo que hace. Probablemente esté constantemente buscando superarse.

Vi esta polémica tira de casualidad, y juro con toda la honestidad del mundo que no me sorprendió ni más ni menos que las otras miles de cosas que hizo. ¿Me convierte en un insensible esto? No lo creo. Gustavo se despertó el viernes y se encontró con 300 mensajes en su muro insultándolo y acusándolo de nazi. Y aunque tenga ese humor despiadado, no hace bajada de línea con sus tiras, ni hace apología de la intolerancia. Creo que quien cambie su forma de pensar por lo que lee de una historieta en un suplemento de música, está en graves problemas.

El tema está en cuáles son los límites del humor. Y para muchos abarca ciertos temas, y otros no. Para mí, que David Guetta esté tocando en un campo de concentración de 1942 automáticamente me hace pensar que eso que estoy leyendo no es verosímil, y me lo tomo como tal. Una ficción. Quienes acusaron a Gustavo de anti-semita y nazi, bien podrían decir que la serie Dexter hace apología de los asesinos seriales, o que Quentin Tarantino está a favor de los asesinos a sueldo.

Gustavo es mi amigo, un tipo sensible y sencillo, al que las cosas no le resbalan. Realmente lo vi muy afectado por todo esto. Pero lamentablemente muchísima gente, independientemente de su religión, compró la versión de que estaban ante un admirador de Hitler y empezaron a insultarlo, a compartir fotos de él para “reconocerlo” por la calle y poder “cagarlo a trompadas”, le juraron que iban a hacer todo lo posible por hacerlo echar. Y también tuvo amenazas de muerte. Casi toda la gente lo conoció a Gustavo por esta tira, y desconocían (y seguro aún lo hacen) que su editor, Mariano Blejman, es judío. Y que la editorial De La Flor, que recopila Bife Angosto en libros, está dirigida por Daniel Divinsky, también de la misma religión (ya lleva dos volúmenes). ¿Realmente creen que contratarían a un anti-semita y le darían trabajo durante tantos años?

Los límites del humor son diferentes para cada persona. Ni siquiera miembros de una misma colectividad van a estar 100% de acuerdo con los temas sobre los que se puede hacer un chiste. Yo le prometí defenderlo a Gustavo, y estoy convencido de que no hace falta enemistarse con una comunidad para hacerlo. Uno es quien le pone las connotaciones a las cosas. Es realmente doloroso ver que la respuesta a una tira que se asocia con el odio y la intolerancia (aunque no haya sido la intención del autor) sea odio e intolerancia.

Gustavo pidió disculpas, el diario también. Yo, ya que estamos,  me disculpo por salirme de la temática del blog. A veces hay amigos que se meten en problemas sin quererlo, y estas cosas, también andan dando vueltas en la cabeza de un corredor.

Semana 17: Día 116: Sumando kilometraje

Segundo día de la “nueva etapa” del entrenamiento. Hacía rato que no corría dos días seguidos, generalmente siempre tenía en el medio uno de descanso. Me ha pasado de saltearme un entreno (por ejemplo, el del lunes), recuperarlo el martes, y volver a correr el miércoles. O recuperar el mismo día, y terminar completando 30 km entre la mañana y la noche (algo que nunca más quise volver a hacer).

Solo cuando empecé Semana 52, en septiembre de 2010, que hice algo así. Germán, mi entrenador, me había armado una rutina más exigente. Enseguida noté los cambios, en especial en los tibiales. Hoy sumé 14 km, más los 10 de ayer, más quién sabe lo que me espera mañana, pero nuevamente estoy sintiendo que realmente estoy exigiéndome. Es algo que solo sentía durante las carreras, y en algún que otro entrenamiento fuerte, pero rara vez.

Pareciera que nueve meses para perfeccionarse es mucho tiempo, pero tengo un récord de 100 km en una carrera (que ni siquiera fueron de corrido) y tengo que subir un 150% esa distancia. Además, ya van dos noches seguidas en las que no ceno con Vicky, y estoy notando esos pequeños sacrificios que tengo que hacer en pos de aumentar mi resistencia. No puedo evitar preguntarme si estaré haciendo lo correcto. También me pregunto si no será esta la última oportunidad en mi vida para hacer algo así. Ya compramos un perro, así que esta familia va avanzando de a poco. Quizá 2012 sea el último año en que pueda concentrarme tan exclusivamente en correr y correr y seguir corriendo.

El gimnasio está quedando un poco relegado, pero no lo suficiente como para dejar de ir. Sigo avanzando con el reto de abdominales, o sea que eso me lo salteo en el gym, y de vez en cuando paso al baño y hago 5 dominadas, como para no perder la costumbre. Antes no hacía ni una, temo volver a ese estado.

Mañana vuelvo a entrenar, y el jueves también. Son 4 días de running, uno de descanso, sábado con los Puma Runners, y domingo para volver a descansar. De tres a cinco días de correr. Ya les contaré cómo me está afectando. Por ahora, seguimos para adelante…

Semana 17: Día 115: Empezando a entrenar

Llegó el día en que doy otro salto cuantitativo en el entrenamiento. Si quiero progresar y llegar a correr 246 km de un tirón, tengo que hacer volumen. Así que, allí vamos.

Germán, mi entrenador en Puma Runners y asesor en Semana 52, me preparó una extensa rutina. Primero me preguntó “¿Qué días de la semana te vas a poder dedicar a esto?”. Siendo que soy un trabajador autónomo, le pedí que hagamos al revés. Que me prepare la rutina ideal, y yo me iba a acomodar. Excepto el entreno de running que ya venía haciendo, tengo todo el tiempo del mundo. Obviamente, cuando no esté corriendo o yendo al gym, tengo que estar trabajando.

Estos 9 meses van a ser de sacrificio. O sea, todo lo que vino antes era una pavada, ahora es ese momento que la gente llama “cuando los pingos se ven en la pista”. Esta nueva rutina baja bastante el trabajo del gimnasio, aunque aumenta en volumen, como ya venía haciendo. Y claro, empezaba en lunes, cuando tenía entrenamiento con los Puma Runners por la noche, y OBVIAMENTE me surgió una complicación y no pude asistir… Ahora no es como antes, que si me salteaba una sesión de running la recuperaba al día siguiente. Toda la semana está super organizada, en un hermoso excel donde tengo que marcar lo que fui haciendo, así que no tengo nada de margen.

Como me perdí el entreno y ya el martes tenía otra cosa distinta para hacer, me hice una carrerita al gimnasio y me fui a la cinta a hacer pasadas de 2 km en progresión. Ni idea si eso compensa lo que hicieron los chicos en los Puma Runners, pero es infinitamente mejor que haberme quedado en casa, mirando el excel y rascándome la cabeza, a ver cómo reorganizaba todo eso.

Parte de esta nueva etapa consiste en marcar mis pulsaciones en reposo, al haber terminado el ejercicio y a los tres minutos de finalizado. Me gusta porque más allá de mi curiosidad inicial, no le estaba encontrando un uso al monitor cardíaco que viene con el reloj con GPS. Por lo menos ya sé que si hago progresiones mi ritmo se dispara, y que después me recupero muy rápidamente.

Así que espero que esto le dé un panorama a todos los que me conocen, y que sepan por qué voy a empezar a ir a menos fiestas, por qué me voy a quedar dormido en la mesa con mayor frecuencia, y a qué se debe que vuelva a parecer un flacucho escuálido. Son 9 meses de trabajo duro, ¿cuánto representa eso en toda mi vida? Muy poco…

Semana 17: Día 114: Mini-metas

El running tiene algo que ver con progresar, si no tiene TODO que ver. Podemos hacer actividad física por muchísimos motivos, pero casi la totalidad de los atletas va a coincidir en que les gustaría mejorar.

Hace un tiempo hice una encuesta, preguntándole a los lectores del blog los motivos para correr. No son representativas de toda la gente que corre, pero sirven para dar una idea. Estas son las opciones que eligieron, por orden descendente:

Para mejorar mi salud (cardiovascular y/o pulmonar).
Para progresar atléticamente.
Para adelgazar.
Para mejorar mi físico.
Para des-estresarme.
Para fortalecerme.
Para tener más autoconfianza.
Para desconectarme de la rutina.
Para poder comer como un animal.

Y algunos lectores sugirieron estas opciones:
Disfruto corriendo contra el tiempo.
Para fortalecerme tanto a nivel físico como espiritual.
Deje el pucho y arranque a correr, ese fue el principio.
Me gusta.
Por voluntad. Te puedes sentir libre al correr.
Para sentir más seguido la alegría indescriptible de cruzar la linea de llagada.
Es mi vicio. Me hace sentir feliz y amar la vida.

Yo veo una tendencia a mejorar, a un nivel físico y a otro intangible. Esto confirma un poco mi convicción de que un corredor se pone metas constantemente.

A veces los objetivos son un poco lejos en el tiempo. Participar de tal o cual carrera, mejorar nuestros tiempos la próxima vez, alcanzar una determinada distancia en un fondo, mejorar el físico o su capacidad, etc. Es un esfuerzo que hay que sostener en el tiempo, y que le da un poco de sentido a entrenar. Sin un desafío en vista perdemos el rumbo, y sin ese norte, correr empieza a carecer de sentido.

Y en otras oportunidades tenemos mini-metas, que serían objetivos mientras estamos corriendo. Llegar a la esquina antes de que cambie el semáforo, pasar al tipo de la bicicleta, aguantar hasta llegar al siguiente puesto de control, tirar sin parar hasta un tercio/un cuarto/media carrera. Generalmente estas mini-metas no las planeamos de antemano, sino que surgen en ese mismo instante.

Correr es una actividad cansadora, es obvio. Y el estrés que le producimos al organismo cuando nos esforzamos se logra gracias a que nos mentalizamos para ello. Mente domina al cuerpo, fue y seguirá siendo así por siempre. Si creemos que no vamos a lograr algo, estamos fritos. Pero si queremos llegar a la meta (la que sea), una buena alternativa son estas pequeñas metas, que nos permiten no pensar en lo que falta realmente. A mí me ha servido mucho dividir las carreras en cuartos, y concentrarme en completar cada tramo. Además, me digo “Ok, todo este esfuerzo lo tengo que hacer otras tres veces, y ya llego”. Son escalones hasta la cima, y ayudan a que nuestra cabeza se concentre en seguir avanzando, en lugar de preocuparse por todo lo que falta.

Semana 17: Día 113: La comida de un deportista

Todos sabemos que para poder hacer deporte, hay que alimentarse inteligentemente. Esto no solo significa que hay que comer sano, sino que debemos incorporar los nutrientes necesarios para nuestra actividad.

Hacer dieta no necesariamente es bajar de peso. Es tomar conciencia de lo que el cuerpo necesita. Muchos cometen el error de bajar la cantidad de comida o directamente no comer para adelgazar. Es un error que nuestro organismo se encargará de corregir, haciendo que la balanza se dispare en cuanto volvamos a ingerir un mínimo de grasa.

Para mantener un balance hay que combinar hidratos con vegetales y proteínas. Esto nos aportará energía, vitaminas y ayudará a la reparación de tejidos y el crecimiento muscular. Una vez leí por ahí que lo ideal era que los alimentos no tengan más de un 7% de grasa. Cualquier cosa que compremos en el supermercado tiene una tabla nutricional, donde figura la porción y el nivel de lípidos o grasas totales. El porcentaje se calcula sobre una porción de 100 gramos. Si dice que tiene  7 gramos de grasa cada 25, es como que diga que tiene 28%.

No siempre es fácil combinar todos los elementos de una comida completa, pero tampoco es tan complicado. Una opción para mí es la pizza. Sí, una buena pizza. La masa es hidrato puro, y podemos usar queso light para tener un control de las grasas (aunque difícilmente podamos conseguir uno que esté por debajo del 13%). A eso le agregamos unos buenos vegetales por encima y, con mesura, es un plato ideal para un deportista.

El pan, que ha tenido siempre mucha mala fama, también es una buena alternativa para incorporar hidratos, ya que tiene entre 0 y 5% de grasa. En mi dieta es habitual hacerme un sándwich de milanesa de soja con alguna ensalada. Por supuesto que me es imposible sugerir la ingesta animal porque soy vegeratiano, pero una alternativa para la ingesta de proteínas, además del queso y el huevo, son ciertas legumbres. Quien quiera y no sienta culpa al hacerlo, podrá optar por la carne.

Variantes hay muchas, y quien tenga dudas siempre puede consultar con un nutricionista, pero lo que es imprescindible para cualquier deportista es comer. Es un verso que hay que dejar de hacerlo para bajar de peso. No solo necesitamos combustible para hacer una actividad física, sino también para el funcionamiento constante de los órganos y de nuestras capacidades cognitivas.

No deja de sorprenderme cuando hablo con algún colega atleta y me cuenta que no desayunó, o que se vino a correr habiendo almorzado hace 6 horas. “Pero me tomé unos matecitos a la tarde”, suele ser una defensa muy escuchada. Comer es tan importante como entrenar. Nuestra evolución deportiva y nuestra salud dependen de eso.

Semana 17: Día 112: La vida es una carrera

La vida es una carrera. Esta alegoría la hemos planteado muchas veces. “Vivimos a las corridas”, decimos (en especial en Sudamérica, en España te excomulgan por esa frase). A veces estamos apurados, corriendo contrarreloj para llegar temprano al trabajo o a nuestro centro educativo. Pero pocas veces nos hemos puesto a pensar, ¿es realmente la vida una carrera de velocidad?

Uno imagina a la elite, aquellos semidioses que ganan todas las competencias. Con su físico privilegiado. Son rápidos e inalcanzables. Ni siquiera nos molestamos en seguirlos, porque sabemos que es imposible. Casi que podríamos decir van con ventaja, porque pueden dedicarse al atletismo todos los días de la semana. Algunos hasta cobran por esto.

Esto lo podemos trasladar a la cotidianeidad, a personas que pueden alcanzar sus metas con más facilidad. Que llegan antes que nosotros a sus objetivos, aunque sean materiales (en especial si lo son). Quizá, a diferencia de algunos corredores de elite, no hayan sido tocados por la varita mágica de la genética, pero han nacido en el seno de una familia acaudalada. En definitiva, tienen en su sangre (en su familia) las condiciones para ser “triunfadores”.

Suena horrible, ¿no? Compararnos con otros, sea en el ámbito deportivo o en la vida. Resulta muy indigno.

Quizá, deliberadamente, estoy forzando una comparación con la que no estoy de acuerdo. No es mi sueño ser más veloz que los demás. Y eso es porque la vida es en realidad una carrera de resistencia. Todos buscamos sobrellevar nuestra existencia. A pesar de los obstáculos, de que nos cansamos y de que a veces nos sentimos tentados por el impulso de bajar los brazos, buscamos fuerzas de donde podemos, y seguimos poniendo un pie delante del otro.

Nunca me pasó, en una carrera, de querer abandonar. He llegado a obligarme a seguir avanzando, con una rodilla a la miseria. He completado un circuito muy duro con un ataque al hígado (por una reciente borrachera). Pero sí, fuera de lo que es mi vida deportiva, muchas veces sucumbí ante el desgano o la presión, y abandoné. Supongo que muchas otras veces también seguí para adelante.

No siempre las cosas salen como las planeamos. Muchas veces sentimos que pasamos por situaciones injustas, o que merecíamos otro destino. Pero el objetivo de la vida es vivirla, así como el de las carreras de resistencia es terminarlas. Es ponerle el pecho a la situación, y avanzar. Retroceder nunca, rendirse jamás.

Resistir. Aunque falten ganas y sobren motivos para querer frenar. Es algo que aprendí en todas las carreras de aventura, donde puedo poner a prueba mi resistencia, pero no mi velocidad. Intento, las veces que puedo, aplicarlo a la vida. No siempre sale, pero me armo de paciencia, y sigo intentando…

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