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Semana 8: Día 56: Objetivos a corto plazo

“A corto plazo, Casanova… a corto plazo” es el mantra que me repito, una y otra vez.

Cuando veo que en agosto del año pasado corrí lo mismo que en agosto y noviembre de este año (unos 280 km) me invade la ansiedad y quiero largar todo y salir corriendo. Si estoy volviendo a casa del súper, pienso en arrojar las bolsas al suelo y correr hasta que caiga la noche y las piernas no den más. Pero resisto la tentación, porque ahora me estoy preparando para La Misión, ultra-trail de diciembre.

Y ese es mi gran problema, me cuesta mucho pensar en lo inmediato, en los “baby steps”. Tengo la cabeza en marzo, hago cuentas de los días que tendría para entrenar, hacer fondos largos, y llegar a correr 100 km en menos de 10 horas y media. Me paso gran parte del tiempo intentando imaginar cómo sería alcanzar finalmente esa marca, que es lo que me va a permitir correr los 246 km de la Espartatlón. Y así me vivo adelantando en el tiempo, intentando empezar por arriba en lugar de por el principio.

Es cierto que con objetivos a corto plazo, el tiempo pasa más rápido, uno entretiene la cabeza y calma la ansiedad. Pero ahí estoy, más concentrado en pasado mañana que en mañana. Y esto funciona tanto en lo macro como en lo micro. Lo aplico en mis proyecciones de todo el año, así como en las carreras. Quizá, si aprendo a calmarme y a ir de a poco en un entrenamiento o en una ultra, podré organizarme mentalmente y no sucumbir ante la desesperación de querer cumplir hoy todos los objetivos.

“A corto plazo, Casanova”. No parece tan difícil.

Me faltan unos guantes de látex, una palita, un CD para usar de espejo (y hacer señales) y un casco. Y con eso ya estoy listo para La Misión. Primer “gran” objetivo a corto plazo. Intentaré concentrarme en eso, hacer mis 160 km en la Cordillera, y después veré cómo seguir.

Semana 8: Día 55: Caminar vs. Correr

Es posible que vos, al igual que yo, creas que caminar cansa menos que correr. Bueno, en realidad yo ya no pienso esto. A los golpes la vida me ha demostrado que una actividad tan subestimada como la caminata puede ser muy exigente.

Con Vicky estamos preparándonos para La Misión, un ultra trail en la mismísima Cordillera de Los Andes, que por las particularidades del terreno no permite que uno corra demasiado. Quizá con precaución en las bajadas, y si nos cruzamos algún llano. Podría suponer, sin temor a equivocarme, que vamos a caminar el 90% del trayecto. Para prepararnos para esta tarea, en los entrenamientos nos calzamos la mochila (que más o menos tiene los elementos que vamos a llevar a La Misión) y salimos a caminar, no menos de dos horas. Ayer, por ejemplo, alternando un poco de trote con caminata, terminamos en casi tres horas… absolutamente abatidos, con los pies latiendo.

Muchos pueden subestimar a la caminata, creyendo que es algo que insume poca energía o que no sirve para quemar las grasas. Bueno, permítanme decirle a aquellos desconfiados que es un error. En Europa, Vicky y yo nos la pasamos comiendo. Me limitaba a una baguette por día en París, por miedo a estar excediéndome. Y no, no la hacía durar toda la jornada, sino que la liquidaba de un tirón, con pequeños intervalos para poder respirar. Corrimos en pocas oportunidades, unas tres o cuatro veces en tres semanas. Pero claro, caminamos todo el tiempo, recorriendo las ciudades, aún cuando combinábamos varios puntos con subterráneos o trenes. Y volvimos con varios kilos de menos. Incluso ciertas mediciones más específicas, como la sumatoria de los milímetros de los plieges de la piel daban que habíamos perdido peso. Hasta los perímetros de la cintura, en ambos, bajó bastante. Romina, nuestra nutricionista, me dijo: “¿Viste que todo el mundo subestima la caminata como ejercicio para perder peso?”.

Quizá nosotros nos excedíamos. O estamos armados para correr, porque al final del día caíamos rendidos, con las piernas entumecidas de tanto caminar. Una noche de sueño nos dejaba totalmente recuperados a la mañana siguiente, así que desayunábamos y salíamos a destrozar nuestros pies nuevamente.

Tanto en Yaboty como en Patagonia Run (incluso en los entrenamientos actuales) nos damos cuenta que correr nos relaja. Necesitamos hacerlo, estamos caminando tanto que llega un punto en que no damos más. Los pies duelen, al igual que los cuádriceps y gemelos, y contrario a lo que diría el sentido común, con esa mochilota a nuestras espaldas, salimos a correr y nos sentimos mejor. Suena extraño, lo sé, pero el descanso de la caminata, para nosotros, es el trote. Así que, en la medida de lo posible, intentaremos ir alternando cambios de ritmo en la montaña, y ver qué pasa.

Caminar tantas horas es una actividad muy dura a nivel psicológico. Las distancias se vuelven mucho más largas y parece que nunca vamos a llegar. Uno comienza a frustrarse porque el cansancio aumenta pero los objetivos parecen más lejanos que nunca. Y hay que echar mano a trucos para pasar el tiempo y desocupar la cabeza, que solo piensa en llegar de una maldita vez. Ya he comprobado con bastante éxito que hacer cambios de ritmo es un relajante mental. Al ir calculando los minutos de trote y alternarlos con los minutos de caminata, uno se distrae y el tiempo pasa más rápido. Supongo que ir mirando el reloj distrae un poco de la inmensidad que es la proeza de llegar hasta la meta. Objetivos cortos, de alcance inmediato, ayudan a sentir que avanzamos, sobre todo si tenemos que ir muy por debajo de nuestro ritmo ideal.

Otro factor que creo que me va a ayudar mucho es ir en pareja. Originalmente La Misión era obligatoriamente en equipo, mientras que ahora es individual (lo que no impide que uno tenga la compañía de otro corredor). Cuando largué en la fría medianoche de la patagonia y tuve que avanzar por la oscuridad, en silencio, soportando las bajas temperaturas y la desesperación por no poder ver ni siquiera el paisaje (solo lo que la linterna iluminaba), solo quería estar acompañado. Intentaba sin éxito pegarme a otros colegas conocidos, pero los perdía de vista constantemente. Encontrarme en la mitad de camino con Vicky fue una sensación maravillosa, indescriptible. Teníamos recorridos distintos y nos cruzamos de casualidad. Fue una alegría inmensa.

Para La Misión vamos a tener la oportunidad de acompañarnos y sortear esos kilómetros en equipo. Correr solo está bien para mí, creo que uno pone en juego los límites del físico. Pero caminar acompañado… creo que es necesario, sino es obligatorio.

Semana 8: Día 53: Murakami y correr

Extraído de su autobiografía “De qué hablo cuando hablo de correr”:

Lo único que puedo afirmar con bastante seguridad es que voy a seguir corriendo maratones con todo mi empeño, sin desfallecer, hasta que consiga volver a sentir que he corrido satisfactoriamente. Supongo que, mientras que mi cuerpo me lo permita, aunque esté viejo y achacoso, y aunque las gentes de mi entorno me surgiera cosas como ‘Señor Murakami, ¿no cree que sería hora de ir dejándolo? Ya tiene usted una edad ¿eh?’, seguiré corriendo. Aunque mis tiempos empeoren más y más, estoy seguro de que pondré en ello el mismo empeño y esfuerzo que hasta ahora (e incluso, en ocasiones, más que hasta ahora). Eso es. Me digan lo que me digan, esta es mi naturaleza. Como en la del escorpión es picar o en las cigarras agarrarse a los árboles. Como en la del salmón es retornar al río en el que nació o en las parejas de patos buscarse mutuamente.”

Solo puedo decir que ojalá, señor Murakami. Me encantaría tener una edad avanzada y seguir corriendo. Que las ganas no decrezcan cuando el físico se degrade. Que le ponga más empeño que ahora. Si eso pasa, habré comprobado que correr (y TODO lo que lleva aparejado esta actividad) es algo que se lleva en la sangre, y no una moda pasajera…

Semana 8: Día 52: Correr vs. Running

Hay temas que se debaten en los comments de este blog que son demasiado jugosos para dejarlos pasar…

Varias veces me han llamado la atención por decirle “running” a la actividad de correr, haciéndome sentir un cipayo del colonialismo. Pero yo siempre lo tomé como un sinónimo. Y resulta que aunque haya organizaciones que tengan sus concensos, no hay una única postura (de ahí la polémica).

En una esquina, la protección del lenguaje… y de la identidad. Soy argentino, escribo un blog en castellano, y vengo de un país (y un continente) con toda una historia se imposiciones extranjeras. No hace mucho se desató una campaña en Facebook para despotricar la práctica de Halloween en Argentina. Una de las consignas decía “¿Truco o treta? Mate”. Y no pude dejar de notar la ironía de recibir quejas en un “blog” (abreviatura de “web log”, imposible un término más inglés), y ni hablar de los que realizaban campañas de identidad nacional en “Facebook” (nadie dice “fasebuc”, ni tampoco “directorio de personas con fotos”).

En la otra esquina, la globalización. Las fronteras cada vez se disipan más. Hace 100 años se hundía el Titanic. La noticia llegó a Buenos Aires como viajaban las novedades entonces, en barco, y alcanzó las primeras planas varias semanas después del suceso. Nadie cuesitonaba eso entonces. Hoy sería impensado. Tenemos las noticias de todo el mundo al instante, a minutos (o segundos) de que ocurren. En esta realidad tan interconectada, nos encontramos con el paradigma de que muchos nombres (twitter, myspace, hashtag) no se traducen. Hasta las películas quedan con su título original y alguna aclaración en castellano como subtítulo.

¿Se pierde la identidad en estos casos? ¿O simplemente unificamos criterios, aún cuando hablamos lenguas diferentes?

Nunca me pareció que “running” era más cool que “correr”. Siempre me pareció que eran formas diferentes de llamar a lo mismo (de hecho, si se fijan, uso ambas palabras como etiquetas para cada uno de mis posts). Tampoco me lo planteé demasiado. Tenis, fútbol, basquet… son palabras inglesas, que podemos haber castellanizado su escritura, pero ya no decimos “pelota paleta”, “balompié” o “canasta”. Su versión original es muchísimo más difundida. Tampoco me parece que en la elección de una palabra haya que leerse tanto. Si es una cuestión de proteger el “ser nacional”, ¿está mal decir “running” pero no es cuestionable comprarse zapatillas Adidas, Nike o Salomon (no “Salomón”, sino “Sálomon”)?

Y todo este debate me hizo dar cuenta de que, en lo personal, pienso en la disciplina de correr como “running” (calculo que acostumbrado a que en mi infancia a entrenar por la calle se le decía “jogging”). En el acalorado debate que se dio en los comments del post de ayer (el uso de la palabra en inglés es intencional), alguien dijo que lo que hacíamos era “atletismo” (para mí, “correr” es una acción, es como llamar al fútbol “patear una pelota”). Pero este término abarca muchas cosas que nosotros no hacemos (como salto en alto y largo, lanzamiento de bala, etc).

Supongo que cada uno tiene su criterio, y lo mejor de todo es que todos nos entendemos cuando hablamos de nuestra pasión. Ya sea que digamos correr o running, todos sabemos a qué nos referimos. A poner un pie delante del otro, darlo todo, y seguir progresando. La transpiración es un idioma universal.

Semana 8: Día 51: Nacidos para correr

Existe un libro llamado “Nacidos para correr”. Habla de los taraumara, pueblo originario de México, que se caracteriza por ir a todos lados corriendo. Incluso los más viejos se trasladan al trote. Cuando les preguntaron cómo hacían para mantener esa actividad física, al rayo del sol y a esa edad, respondieron “Nadie me dijo que no podía hacerlo”.

En estas atrapantes páginas desfilan los más interesantes corredores: Caballo Blanco, Scott Jeurek, etc. Se despotrica contra Nike y el comercialismo de Dean Karnazes. Se defiende la técnica de correr descalzo, y desfilan incontables anécdotas sobre running y ultramaratones. Incluso hay una sección dedicada a Jeurek, el fondista vegano, en el que se justifican los resultados óptimos que se obtienen con su dieta.

Al parecer es un libro apasionante que nunca pude leer. Una amiga me lo mencionó por primera vez hace más de un año, me prometió prestármelo cuando le pasé “De qué hablo cuando hablamos de correr” (de Murakami), y hasta mi nutricionista me dijo que estaba buenísimo. Nunca lo pude ver en una librería, y finalmente lo compramos cuando lo vimos en una tienda Fnac de Madrid. Pero Vicky me ganó de mano, y todas las cosas que les transcribí me las dice ella, matándose de risa, por las tardes o en el desayuno. Ya me dijo 57 veces “tenés que leer este libro”, y ¿qué le respondo yo? “¡En cuanto lo termines!”.

Vicky dice que “Nacidos para correr” le cambió su forma de pensar en el running, y no hace más que hacer crecer mis expectativas. Me da a leer un parrafito, me comparte cosas, pero siempre el señalador de Pitufina (que le regalé yo durente el viaje) está perdido en el medio del libro. Siempre espío ansioso, a ver cuánto avanzó ese día. Una vez me lo llevé a una quinta donde pasamos un sábado (con el permiso de ella), para empezarlo con el riesgo que implica que dos personas estén absorbidas por la misma obra en diferentes páginas, pero terminé durmiendo una siesta al frescor de un aire acondicionado. El libro sigue ahí, siendo un enigma para mí.

Si alguien lo tiene, ¿me lo presta? No veo la hora de desentrañar el misterio y leerlo de una vez…

Semana 8: Día 50: Carreras con marketing

Hay dos clases de carreras, las que tienen buen marketing y las que no. Las primeras, a veces y no siempre, suelen ser mucho más caras que las otras. Y no tiene sentido, porque con tantos auspiciantes y tanta gente que las sigue, se supone que están más que cubiertos. Pero aún así, nunca es suficiente…

Hace unos días vi una protesta en Facebook contra una competencia nocturna de 8 km que se corre en Palermo, cuya entrada está $190. Además de que el main sponsor es una conocida marca de pilas, tiene otros importantes auspiciantes, y se replica en otra provincia argentina y en otros ocho países. Y aunque la Maratón de la Ciudad es el paradigma de los eventos acompañados por conocidas marcas, es más barata que esta carrera de noche. ¿Por qué siguen convocando tanta gente a pesar de ser desproporcionadamente onerosos? Por un buen marketing.

¿Son malas las competencias más difundidas? No, para nada. Son caras, sí, pero suelen tener muy buena organización. Pero generalmente opacan o pisan eventos solidarios, o hechos a pulmón (que, en consecuencia, no tienen la misma estructura y tienen sus falencias). Yo prefiero las largadas donde somos 50 loquitos, a estar codeándome con 15 mil tipos para poder cruzar la línea de largada.

El poder del marketing (que hace que la gente siga comprando zapatillas Nike cuando se trata de una empresa maligna y explotadora de adolescentes indonesios) nos sorprendió en el entrenamiento del día de hoy. Con Vicky nos cargamos la mochila de La Misión para ir a hacer cuestas y seguir fortaleciendo las piernas. Algunos corredores nos veían pasar con nuestra enorme carga y nos decían cuánto nos admiraban por poder entrenar así. Hizo bastante calor, pero nos la bancamos e hicimos 25 km con 40 cuestas en el medio. Un día duro e intenso. Y en dos oportunidades, distintas personas nos preguntaron si nos estábamos entrenando para el Cruce de los Andes. Una directamente nos dijo “¡Aguante el Cruce!”, o sea que no tenía dudas de para qué nos estábamos preparando.

Probablemente La Misión sea una competencia con bastante difusión, pero palidece ante los eventos promocionados por el Club de Corredores. Y es curioso, porque nosotros corremos en menos de un mes, pero la gente creía que nos preparábamos para el Cruce, que se hace en febrero. Como si fuese la única carrera para la que uno podría entrenar con una pesada mochila.

Debería hablar por mí: yo nunca había escuchado del Cruce de los Andes, hasta hará un año. Para mí la posta era La Misión, porque de eso hablábamos en los Puma Runners, y se convirtió en un santo grial para mí. Por eso me sorprende que no esté tan difundida en otros grupos. Yo me entero de las carreras por lo que comentan mis compañeros, porque después soy bastante amargo en el día a día: no sigo por twitter o Facebook a casi nadie que no esté relacionado con el running. No me caso tampoco con ninguna carrera: hago las que realmente disfruto y quizá las espere para repetir al año siguiente. No es difícil desentenderse de la cuestión comercial de una competencia y comprobar si está bien organizada y si vale la pena ingresarla en nuestor currículum vitae de corredores.

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