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Semana 5: Día 35: Críticas constructivas

Como me ha pasado en infinidad de ocasiones, se va terminando el día y tengo la necesidad de actualizar el blog. Nada me obliga, pero siento que es el mínimo esfuerzo que tengo que hacer para mantener mi propio interés en este proyecto.

Volvía, tarde, de la presentación de unos libros que armamos con la editorial. Hacía calor (todavía hace), y estaba pensando en el entrenamiento de mañana sábado, cuando me llegó una alerta al teléfono. Un nuevo comentario en el blog. Observaciones escritas con buena leche. Me di cuenta de que esta persona sinceramente seguía lo que yo estaba haciendo y tenía opiniones encontradas. Como obviamente quería responderle, me pareció una buena idea armar un post con sus comentarios y mis respuestas.

Para no confundir, voy a poner los comentarios de Roberto en negrita e itálica, y mis comentarios en romana (¿sabían que la versión “normal” de las tipografías se llaman así?).

No le pedí permiso a Roberto para hacer esto, y espero que no se lo tome a mal.

Querido Martín: Leí todo el blog desde el principio y me resulto muy entretenido e interesante. Sos muy bueno escribiendo.

Gracias. Me gusta escribir pero soy muy perfeccionista, y una vez que publico algo intento no releerlo porque siempre quiero cambiar algo.

Me gusta mucho tu estilo y es admirable tu constancia, tu disciplina y el grado de determinación que tenés para lograr tus objetivos (tanto del blog como del entrenamiento).

¿Se viene un “pero”?

No obstante, me siento obligado a escribirte.

Sí, se viene un pero…

Me parece que has cometido una serie de errores tácticos groseros que llaman la atención en un corredor de tu experiencia.

Había un pero. ¡Lo sabía! Igual no me considero con mucha experiencia, creo que me falta aprender y mucho.

Paso a detallar (y siempre con animo constructivo y sin mala leche). 
1) Es de manual que las carreras de fondo se hacen “de menos a más”. En general se considera que la primera mitad se debe hacer más lento que la segunda mitad.

Lo escuché varias veces, de hecho hasta mi papá me lo dijo alguna vez.

Especialmente las maratones y las ultramaratones. Se trata simplemente de conservar energía para el final y retrasar la aparición de la fatiga. Evitar los ritmos rápidos al principio que acumulan acido láctico y te terminan “quemando”.

Suena muy lógico, y es algo que tengo que aplicar.

Tu argumento de empezar fuerte (tanto la maratón como los 100 Km.) y después sostener el ritmo es un planteo erróneo.

Creo que reconocí más de una vez que fue un error táctico de mi parte, producto de la inexperiencia…

No podes correr 100 Km. y correr los primeros 20 km a 5/Km cuando el ritmo de paso es a 6:15. Cuando pasaste el km 30 el ritmo era de 5:38. Muy por encima de lo que tenias que correr. Deberías haber corrido a 6:15 todo el trayecto y seguramente hubieras llegado.

Puede ser. Tendría que ponerlo en práctica. Cuando algo te funciona es difícil probar algo opuesto. En las carreras me gusta separarme del malón y poder correr a mis anchas. El tiempo era limitado, si me cansaba y bajaba el ritmo, estando tan cerca de la velocidad promedio “máxima”, iba a estar al horno. O sea, eso es lo que pensaba. Quizá tendría que haber empezado a 6 y haberlo mantenido. Era mi primera experiencia en una carrera así, en la que encima empecé solo. Lamentablemente la experiencia requiere cometer errores para aprender.

Te quemaste antes de tiempo por un error en el planteo táctico de la carrera. Con las maratones pasa lo mismo.

En la última maratón que corrí (sin contar en la que hice equipo con Vicky) hice mi mejor tiempo, de hecho me fue mejor de lo que esperaba…

Primer error

¿Hay más?

2) El ultra de 100 lo corriste con una mochila de gatorade en la espalda. Corriste con un peso extra innecesario, teniendo en cuenta que ibas con un auto al lado. Para que? 

Corrí unos 25 km con esa mochila, no sé si no fue menos. ¿Para qué? Para estar seguro. Pensé mucho en eso, estoy acostumbrado a correr con mochila (que no sumaba más de 2 kilos, tampoco era tanto). Le temía a la deshidratación (a la que igual no le pude escapar).

Otro error infantil.

¿Por qué “infantil”? ¿El otro también era un error infantil?

Encima no llevaste ni agua ni nada salado. Otro error (y ya van 3)

También mencioné que eso había sido un error de mi parte. No llevar agua y no llevar nada salado creo que cuentan como errores separados, así que irían 4…

3) No entiendo lo de tu dieta. Simplemente me parece de un fanatismo absurdo. Creo que te estas perdiendo la oportunidad de consumir proteínas de alto valor biológico y eso puede perjudicarte.

El término “alto valor biológico”, para mí, es relativo. Las proteínas vegetales también tienen valor, ¿o no? ¿Y en qué puede perjudicarme? Hace más de 12 años que soy vegetariano, y Fito, un gran amigo que hace fitness, estaba convencido de que yo jamás iba a poder desarrollar musculatura por deficiencia de proteínas. Y el año pasado, cuando ganaba un kilogramo de músculo por mes, me reconoció que lo había sorprendido. Ni siquiera cuando quemé músculo constantemente bajé mi rendimiento, ni tuve problemas de salud. No me queda claro en qué me puede perjudicar consumir otro tipo de proteína, si a la larga también son proteínas.

Los motivos relacionados con la salud no están fundamentados científicamente 

Sí, lo están. El libro que cité, The China Study, debe tener unas mil citas a papers e investigaciones.

Es cierto que hay ultramaratonistas veganos (el mejor: Scott Jurek). Pero pertenecen a una elite con un equipo medico que esta permanentemente monitoreando su dieta.

Esto me parece muy falaz. ¿Qué corredor de elite no tiene un equipo médico monitoreando TODO lo que hacen? ¿Solo corresponde para los veganos? Y además tengo asesoramiento nutricional, me hago estudios completos periódicos (el año pasado debo haberme hecho dos o tres, ahora tengo que hacerme uno nuevo), tengo un entrenador muy cerca mío que no es vegano y me diría si no estoy rindiendo lo que debo… y tengo sentido común, por lo que me daría cuenta si me está faltando algo en mi dieta. Y no es el caso.

No como en tu caso, que estas sometido a un ritmo frenético en tu vida y que muchas veces te impide que te alimentes correctamente.

¿Muchas veces? Creo que cais siempre me alimento más que bien. No me salteo ninguna comida. Lo que más me preocupa a veces es no estar comiendo la correcta cantidad de vegetales. Pero desde que empecé con Semana 52 que si sé que no voy a estar en casa, me llevo una vianda, fruta, agua, lo que necesite para las siguientes comidas. Creo que tengo poco margen para no alimentarme correctamente, vegano o no hace rato que no podría rendir si no me alimentase bien (hablamos del día a día, ya aclaramos que en en la Ultra Buenos Aires me alimenté para el tujes).

Las proteínas de origen animal son fundamentales. Lo prueban millones de años de evolución de la humanidad.

No es cierto. Con ese criterio, la dieta paleolítica es la mejor de todas. Está demostrado científicamente que los pueblos cuya dieta es principalmente de base vegetal tienen mejor salud y menos enfermedades que als que basan su dieta en la proteína animal.

Desde que nacemos consumimos proteínas de origen animal y para eso desarrollamos los colmillos. En condiciones naturales, tu aversión a la carne te hubiera impedido sobrevivir. 

Pero vivo en Colegiales en el año 2012. Quizá no se considere una “condición natural”, pero no tengo por qué basar mi dieta en si sobreviviría o no si se cae mi avión en los Andes…

Si el argumento es que la proteína animal es potencialmente cancerigena, informate bien.

Nunca dije eso. La proteína no es cangerígena. Es el vehículo por el cual el cáncer avanza en el cuerpo (o sea, después de que un cancerígeno ingresa).

Te la pasas comiendo soja transgénica, con la que si  existe evidencia de su potencial cancerigeno (te lo digo porque soy medico y he leído del tema)

¿Cuáles son las pruebas de que la soja transgénica es cancerígena? Y si lo fuera, está demostrado científicamente que es la proteína animal la que permite que los cancerígenos actúen en el cuerpo, por lo que no tendría ningún problema.

4) El otro día en tu blog leí que los veganos se oponían a la experimentación animal. Prácticamente todos los avances médicos y todo el desarrollo de la industria farmacéutica se produjo  porque previamente se experimento con animales. Que pretendes?,  experimentar con las personas? O detener el avance medico te parece la mejor opción ?

Yo dije que esa era una definición que había copiado de internet, con la que no necesariamente estaba de acuerdo. Me dan pena los animales y nunca experimentaría con un animal, pero no tengo ese “fanatismo absurdo” que creés. De hecho le cuento a todo el mundo sobre el experimento en ratas que usó el Dr. Cambpell en The China Study para demostrar que es la proteína animal la que determina el avance del cáncer y no el cancerígeno. No soy tan extremista, no le quito el saludo a la gente que viste cuero o come en McDonald’s. No hay una diferenciación entre los que son veganos por cuestiones morales y los que lo hacemos por otros motivos.

Sos tan fundamentalista en tus posiciones que te terminas transformando en esclavo de tus propias ocurrencias.

Me han hecho varias veces la comparación con un fundamentalista, hasta me han dicho “talibán”. Pero estás asumiendo que me estoy haciendo un daño (por eso lo de “esclavo de mis propias ocurrencias”). Lamentablemente vamos a tener que esperar para ver si tengo razón o no, pero yo me voy a convertir en un fondista vegano. Voy a hacer La Misión habiendo sido vegano los meses previos, y la comida de marcha que voy a llevar también va a ser vegana. En marzo, si los planetas se alinean, voy a correr 100 km con toda la experiencia aprendida, y también vegano. Y si hago las cosas bien, en algún momento correré la Espartatlón siendo vegano. Pero no tengo “ocurrencias”, no soy un chico travieso que anda haciendo lío, ni tampoco soy un inconsciente que desayuna sándwiches de alfileres con un vaso de nitroglicerina. No inventé nada, ya existen los tratamientos médicos que atienden a pacientes de cáncer y con cardiopatías utilizando dietas de vegetales enteros. Ya existen los deportistas veganos (vos mismo mencionaste a uno) y sí, es difícil ir contra las creencias de miles de años. Pero no está mal, de vez en cuando, replantearse lo que ya está establecido, y salir a averiguar qué hay de cierto y qué es un mito. Yo estoy probándome a mí mismo que esto en lo que creo me va a llevar a buen puerto. Y sería el primero en bajarme si no funciona. Hasta ahora sigo con intenciones de aprender y mejorar, y hacia ahí estoy enfocado.

Y todo esto va, en serio, con la mejor onda. Te mando un abrazo

Te agradezco los comentarios. Ojalá sigas mi caso en un año, a ver en qué quedó todo esto…

Semana 5 : Día 34: Feliz día del vegano

No sé si habrá un día del carnívoro o del omnívoro, pero hoy me enteré de que es el día del vegano. Así como me entero de que es el día del diseñador gráfico cada vez que me saludan (ya sospecho que son dos días al año, nunca registro la fecha), me enteré de este onomástico cuando empezaron a caer las felicitaciones. Solo llevo un mes de puro veganismo, aunque lo vine intentando con bastante éxito por unas semanas antes.

Ahora, ¿por qué es hoy, 1º de noviembre, el día del veganismo? Esta palabra viene del inglés “vegan” y designa un modo de vida basado en el respeto a los animales. El término fue inventado por Donald Watson (1910-2005) y su esposa Dorothy en el año 1944 –tomando las primeras tres letras y las dos últimas de la palabra “vegetarian”– con el objetivo de diferenciarse de quienes practicaban el vegetarianismo por compasión o respeto a los animales pero que, sin embargo, admitían otros productos derivados como los lácteos, los huevos y la miel. El 1 de noviembre del mismo año, Watson y su esposa fundaron la Vegan Society (Sociedad Vegana) para difundir ese nuevo modo de vida basado en un verdadero respeto por los animales. Watson definió el veganismo como una filosofía de vida que excluye todas las formas de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida.

En primera instancia, el veganismo es un modo de alimentación estrictamente vegetariano (cero productos de origen animal) pero, al ser una filosofía de vida que tiene como fundamento el respeto a los animales, no puede enfocarse exclusivamente a la forma de alimentarse; rechaza también el uso de cuero y pieles en el vestido y calzado; se posiciona en contra de los experimentos con animales y condena el uso de animales como entretenimiento o diversión. Es decir, el veganismo es, en la práctica diaria, la total abstinencia de productos y subproductos de origen animal, ya que estos sólo pueden obtenerse mediante la dominación, la tortura y el asesinato de los animales.

Todo esto lo copié y pegué de internet. No creo que comer miel sea tortuoso para las abejas. Y mi perro me da diversión, aunque creo que no lo exploto.

Por ahora este experimento del veganismo viene muy bien. No siento ningún efecto adverso, no estoy más flaco ni más débil. Pero probablemente un mes sea poco tiempo para ver resultados. El fondo más largo que hice en esta etapa fueron 21 km, pero al menos fue esa distancia un viernes, y la misma el día siguiente… así que creo que mi resistencia sigue intacta. Iremos viendo a lo largo del año si tiene un impacto en mi cuerpo y si un vegano puede terminar sin problema ultratrails como La Misión, Patagonia Run o Yaboty…

Semana 5: Día 33: 129,85 km en un mes

Este mes ha sido tranquilo. No desmerezco la distancia entrenada, es el doble de lo que hice el mes pasado, que me encontró de viaje al otro lado del mundo. Lo curioso es que más de la mitad de este kilometraje lo hice en los últimos seis días, entre los fondos que corrí el viernes, sábado, lunes y hoy, miércoles.

Me preocupaba esto de “volver” (si bien nunca me fui). Mi entrenamiento se había visto bastante interrumpido desde septiembre hacia acá. Estos 67 km que hice en seis días no me dejaron con secuelas como dolores o contracturas, así que supongo que puedo mantenerme así, en esa distancia semanal. Todavía no tengo del todo definido cómo van a ser los últimos meses del año. Se viene La Misión, aunque probablemente haga la Salvaje Cross, ya que no participamos de la Nocturna y nos reconocen el dinero abonado para usarlo en otra carrera. Y en marzo quiero la revancha de los 100 km de la Ultra Buenos Aires.

Estos objetivos definen lo que se viene, y cómo va a influenciar en en el cuentakilómetros. No es mucho, pero siento que de a poco las distancias van a ir en aumento. Estén sintonizados.

Semana 5: Día 32: ¿El sexo débil?

Hoy la profesora de pilates me elogió el empeine de mis pies. Al parecer, los hombres no suelen tenerlo como yo. “Debe ser porque no juego al fútbol”, le dije. Y al decirlo, de alguna manera, me corrí del arquetipo de hombre.

Mientras hacía mis rutinas donde las abdominales se me prenden fuego y fuerzo mis músculos al máximo, pensaba cómo se subestiman estos ejercicios. Muchos me han dicho en chiste que ahora estaba haciendo cosas de “minitas”. Y no fue algo que me molestó, de hecho sé que no me lo dijeron con mala intención. Pero me quedó dando vueltas en la cabeza cómo usamos al género femenino como adjetivo descalificativo. Desde que tengo memoria la sociedad me enseñó que tenía que dejar en claro cuál era mi sexo, y que cualquier “mezcla” era algo malo. Los nenes con los nenes, las nenas con las nenas.

No me hagan empezar a hablar de los descalificativos relacionados con la homosexualidad, porque no terminamos más. Pero viene del mismo lado. El hombre tiene que ser fuerte, hacer cosas de “macho”, tener panza, comer asado, ser de un equipo de fútbol, mirar culos y ser fierrero. Las mujeres se tienen que quedar en su casa cocinando, planchando y lavando, tienen que ir de shopping, no saber conducir y hacer pilates. Lo que salga de estas estructuras suele incomodar a una gran mayoría.

Pero aunque insistimos en usar metáforas femeninas cuando alguien no se anima a hacer algo, se queja o demuestra algún signo de debilidad, las chicas están lejos de ser débiles. La genética quizá aporta a que los hombres seamos más rápidos (ahí están las clasificaciones de cualquier carrera para corroborarlo), porque la testosterona nos hace más fuertes. Pero no me cabe duda de que nosotros solemos dramatizar mucho más cuando nos enfermamos o cuando nos lesionamos. Ellas conviven con el dolor mes a mes, y está demostrado que su umbral de tolerancia es muchísimo mayor al nuestro. No me cabe duda de que las hemos terminado de convender de que son débiles y de que tienen que renunciar ante el mínimo riesgo. Pero eso es solo nuestra programación mental en acción.

En lo personal, no me molesta que me pongan calificativos de “mina” porque sea vegano, no me guste el fútbol o haga pilates. A los críticos debería decirles que me gusta Glee (o al menos lo miraba cuando tenía un poco más de tiempo), que he llorado mirando una película (Mi nombre es Sam) y que tengo un perro caniche toy. Pero sé que a otros, programados por esta misma sociedad, estas comparaciones les jode. Y en el otro extremo tenemos a las chicas deportistas, acusadas de marimachos. Pareciera que si a una mujer le gusta chivar, embarrarse y sacar músculo, es menos mujer. ¿Por qué tenemos que consensuar con el resto qué cosas pueden gustarnos y a qué otras deberíamos despreciar?

Semana 5: Día 31: Corriendo bajo la lluvia

Hoy fue uno de esos días de lluvia, donde el agua no cesa ni por un instante. Llovía cuando nos levantamos, a la hora del almuerzo, en la merienda y por la tarde, cuando decidimos salir a entrenar. Estamos a pocas semanas de La Misión, no podemos darnos el lujo de desaprovechar el día.

Instintivamente uno decide quedarse en casa cuando hay tormenta. Nadie quiere mojarse o pasar frío, y yo particularmente detesto tener los pies mojados. En varias carreras de aventura o trails es prácticamente imposible no hundir las zapatillas en el agua. Así que nos forzamos en salir a la calle, porque hay que acostumbrarse a esas cosas que no te gustan o te resultan incómodas. No convien enfrentarse a esas situaciones por primera vez en una situación de carrera.

Con ese mismo espíritu decidimos correr con las camperas impermeables que compramos para la misión. En mi caso tenía la que compré en el Decathlon, que además parecía bastante abrigada. Por eso me puse solo una remera por debajo. También me puse mis calzas, unos pantalones, unas medias muy feas (para poder arruinarlas sin problema) y las zapatillas Puma.

No hacía frío, pero llovía con bastante intensidad y el viento hacía que las gotas golpeasen de costado. Ya era de noche, y mi principal preocupación eran los autos (después de que te chocan en un día lluvioso, quedás marcado para siempre). Ralmente la campera evtitaba que me moje… pero por fuera. Por dentro el calor corporal condensó, y a eso le tenemos que sumar mi propia transpiración. Si bien terminé mojado, nada que ver a lo que hubiese sido con una campera cualquiera.

La situación era algo surrealista. Mientras todo el mundo se protegía con paraguas, o bajo algún techo, nosotros no le escapábamos al aguacero. De hecho, cuando salimos afuera y el viento y las gotas nos golpeaban en la cara, me sentí muy poderoso. Creo que hay una sensación de realización cuando uno enfrenta a la adversidad, cuando contra todos nuestros instintos, vencemos las inseguridades, los miedos, la incomodidad, y dejamos todo eso atrás. Me encontré corriendo con el agua por encima de los tobillos, chapoteando mientras los autos intentaban no hundirse. ¿Cómo no sentirse pleno ante una situación así? No puedo hablar por Vicky, pero creo que ella también sintió esa clase de orgullo, de ser uno de esos “loquitos” que corre como si hubiese sido un día más.

Los lagos de Palermo estaban completamente desbordados, aunque se supone que las zonas aledañas al Arroyo Maldonado se vieron beneficiadas por las obras aliviadoras de tormentas. Después de varios minutos de correr contra la corriente, decidimos desviarnos y encarar hacia Plaza Holanda, donde solo un tercio del trayecto estaba bajo el agua. Corrimos hasta lo que nos pareció sensato y volvimos a casa. Fueron 12 kilómetros, nada del otro mundo, pero una distancia que suma, sobre todo en un día que invitaba a quedarse en la cama, sequitos, mirando la tele. Pero, como siempre digo, uno nunca se arrepiente de salir a entrenar. Este día gris, con una lluvia incesante, no fue la excepción.

Semana 5: Día 30: Enemigos de los corredores: las mascotas

Hoy les voy a hablar de Oso Rulo. Se trata de una máquina de destrucción que se encarga de hacer estragos con la integridad física de todas las cosas que considerás importante. Las mascotas en general tienen objetos propios. Tienen su plato, sus juguetes, incluso su propia vestimenta (breteles, gorrito, abrigo). Todos esos elementos van a durar mucho más que los tuyos, los cuales se irán desintegrando bajo sus afilados dientes.

“¿Dónde están mis zapatillas?”.

“No encuentro mis medias”.

“¿Qué le pasó a los cordones?”.

La explicación a todas las dudas es siempre la misma: Oso Rulo. Un Oso Rulo lo hizo.

Las mascotas son inteligentes. Quizá se sientan atraídas por ese objeto prohibido. Quizá sea el desafío, ir en contra de la autoridad. Quizá sea el olor a pata. No lo sabremos, pero tenemos que olvidarnos de las puntas de los cordones, de las suelas de las zapatillas. Aunque el calzado sea el doble del perro, él intentará cazarlo y darle muerte como si fuese su presa y tuviese que asegurarse con ella el sustento de toda la manada. Alguna vez la traerá como obsequio a la cama, y por dentro estará pensando “¡Miren! Traje esto para compartir”.

Todos sabemos que las medias tienen vida propia, que caminan por la casa, que cuando van al ciclo de lavado aprovechan para escaparse y los pares terminan siendo individuales que no combinan más con nada. Mientras más encariñados estemos con una prenda, más irresistible será para la mascota, ya que necesita imponerse sobre este “competidor”. Para el perro, las zapatillas o las medias son una competencia a la que eliminar. Así como nosotros corremos carreras e intentamos llegar en el mejor tiempo posible, Oso Rulo intenta por todos sus medios demostrar que él es digno de mayor atención que unas míseras Asics o unas medias marca Montagne. ¡Y pobre de vos si te enojás con él y lo retás! Solo lo confundirá, y la próxima vez intentará destrozar ese competidor con más anhelo, porque evidentemente no te diste cuenta de que él es más importante que esos trozos de tela y plástico.

Además de unas increíbles fauces que trituran, mastican y babean todas las cosas importantes (dejaré para otro momento la destrucción de las cuentas impagas, los libros y las sandalias que me compré en Londres), sus largas y afiladas uñas van a marcar para siempre esas delicadas remeras dry-fit que guardás como recuerdo de tus carreras. Por supuesto no las va a arruinar a propósito, por lo que tampoco lo podés retar porque sus uñas sean tan delicadas y no se las puedas cortar sin ayuda de un profesional (cortadas duran entre 10 y 15 minutos, antes de que recuperen su capacidad destructiva).

Pero Oso Rulo, además de sus habilidades infernales, también tiene lo que solemos llamar “Mirada de Gato con Botas”. Uno lo reta y él te mira con esos ojitos brillosos, como no entendiendo qué está pasando. Al principio parecerá decirnos “¿Me estás retando a mí?”. Cuando los gritos continúan y el dedo lo sigue apuntando a él, bajará la cabeza y se hará pis encima (no demasiado, lo suficiente para partirte el alma y hacerte sentir un despiadado). Acto seguido, reptará hasta abajo del mueble de la cocina, donde se quedará llorando y torturándote el corazón. Entonces te vas a dar cuenta de que no podés estar enojado con semejante ángel, así que una vez que lo convenzas de que salga de ahí abajo, le podrás el bretal y te lo llevarás a pasear. Y así se repetirá el ciclo eternamente.

Hasta que te compres zapatillas nuevas. Ahí va a dejar en paz al par que se estaba masticando y empezará por el competidor nuevo…

Semana 5: Día 29: Entrenando cuestas

Mientras escribo estas líneas, mis compañeros Puma Runners estarán en Colón, dando sus últimos pasos en la Salvaje Night Race. Quizá alguno ya haya llegado, y otros estarán en medio de la oscuridad, iluminado por su linterna, intentando no flaquear en esos últimos y difíciles kilómetros.

Con Vicky nos bajamos a último momento por una gastritis combinada con resfrío que la dejó recostada por dos días. Si bien se estaba recuperando, su salud no estaba para hacer frente a una carrera, sobre todo con lo complicado de un viaje en auto, más la competencia en sí, para la que no estaba llegando en su mejor estado. El tema fue que hoy sábado se sentía bastante bien, y con ganas de salir a entrenar. Así que no lo dudamos, nos enfunamos en nuestras ropas de deportistas y nos fuimos en tren desde Belgrano hasta Acassuso. ¿Para qué semejante viaje, si casi la totalidad de nuestro grupo de entrenamiento estaba en otra provincia? Bueno, zona norte tiene unas cuestas muy interesante, y nos queremos preparar para La Misión, competencia muy difícil (y atractiva) donde nos la vamos a pasar subiendo y bajando montañas.

Ya instalados en Acassuso, partimos rumbo a San Fernando. En el camino nos esperaban 25 cuestas, repartidas como quisiéramos. Esto no solo nos prepara para el ascenso, además fortalece los músculos de las piernas. O sea que coinviene, incluso si no vas a participar de una carrera en montaña.

Los primeros kilómetros fueron relativamente fáciles, pero el sol se empezó a quemar y transpiramos como cerdos . Eso hizo que tuviésemos que tomar más agua, con la dificultad que eso conlleva. Si uno entrena en un grupo, o por su casa (Colegiales, en nuestro caso) la historia es otra, pero al estar en zona norte, ¡no nos podíamos cruzar ni con un kiosco! Pero nos las arreglamos.

Con las 25 cuestas (yo terminé haciendo algunas más) terminamos corriendo 21 km. Algo que me vino muy bien, y sumado a los 21 de ayer, puedo decir que no me hizo sentir decaído. Después de haber conquistado esa distancia, le dije a Vicky que tenía ganas de copiar a Murakami (de nuevo) y hacer 10 km todos los días (excepto en los que entreno con los Puma Runners). Eso me haría alcanzar 70 km cada semana. Si lo veo en un día solo, hasta parece poco. Pero si sumo 280 km en un mes, me sentiría Gardel y Lepera. Vamos a ver si la llevo a cabo, o si se convierte en una de las tantas ideas que tengo en la cabeza y que se terninan pasando…

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