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Semana 49: Día 343: La agotadora acreditación de los 21K

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Los argentinos, y en especial los porteños, nos creemos los más vivos. Suponemos, erróneamente, que nos las sabemos todas. Yo soy un claro ejemplo. Estuve convencido de que en las elecciones primarias el mejor horario era el del mediodía, porque todos iban a estar almorzando. Ye sa brillante idea la tuvieron otras 800 personas en la mesa donde votaba yo. Cuando el Gobierno de la Ciudad decidió aumentar el pasaje del subte a $2,50, dije “qué buen momento para comprar muchos subtepass a $1,10”, y me fui como un iluso a la estación más cercana, donde había un mar de ratones como yo. Hoy, en la acreditación, volví a vivir esa sensación de poca originalidad.

La Expo Maratón, que precede a las carreras de 21 km y la de 42, es un clásico, con stands para comprar (con algunas ofertas muy buenas) y algo de circo para los visitantes, como fotos, estudios gratuitos, sorteos, charlas, etc. La función principal es retirar los kits, y hacia allí fuimos con Vanessa y el encargo de otros 10 compañeros de los Puma Runners. Nos juntamos con vane a las 14:30 en el centro y fuimos para La Rural, convencidos de que les ganábamos de mano a todos los corredores que estaban prisioneros de su horario laboral. Cuando llegamos, casi a las 15 hs, los 17 mil inscriptos parecían estar todos juntos ahí, haciendo la cola. Nuestra idea era personalizar las remeras con divertidos apodos. Prestamos especial atención porque esta año los talles eran más grandes para los varones y más cortas para las chicas. Yo siempre uso M y esta vez me di cuenta que lo que me quedaba mejor era una S. Uno se probaba el talle en la puerta y después entraba.

Cuando uno llega ilusionado a un lugar, es muy duro ver a tantas personas que, mansamente, hacen filas interminables. Pero al fondo vimos un mostrador especialmente pensado para retirar 5 kits o más. ¡Perfecto! A los codazos, nos abrimos paso y llegamos hasta ahí. En mi infantil imaginación, iba a estar de regreso en casa antes de las 18 horas, para pasar unas poquitas correcciones a un trabajo y enviarlo por mail. Pero los minutos pasaban y nuestra cola no avanzaba ni un centímetro. Era un pobre consuelo ver que en casi todos los mostradores era igual. Entendimos un poco la lentitud cuando el primero de nuestra fila se fue con una caja tamaño bañera con unos 60 kits. Nos sacamos algunas fotos, a mí me dio hambre como todos los días a las 16 hs y me compré una manzaba en Brioche Doreé por seis pesos, y nada parecía hacernos avanzar.

A pocos minutos de las 17 hs y todavía sin llegar a retirar los kits (nos faltaba ponerles el nombre a cada una) me fui. Pero no porque renunciaba… ¡tenía que mandar ese bendito e-mail! Dejé todo en manos de la muy capaz Vanessa y salí de La Rural corriendo (literalmente). Entré en el subte, combié en 9 de Julio con la línea C, me bajé en General San Martín y corrí a casa. Mientras se exportaba el pdf de impresión me atraganté con mi avena con pasas y leche de soja, y mientras adjuntaba el mail lavé todo como pude y salí de nuevo corriendo. Entré al subte y me volví a bajar en la estación Plaza Italia. De ahí corrí nuevamente hasta la entrada de La Rural, donde Vanessa ya había retirado las bolsas y llevado a estampar las remeras. ¡Misión cumplida!

No me dio nada de tiempo para recorrer porque ya teníamos que retirar las prendas con nuestros apodos. Las trajeron en dos tandas. “Maritha”, “La Rubia”, “Gus”, “Marce”… iban pasando las remeras. Yo estaba ansioso por recibir la mía que decía “Semana52”. Pero nada. Vanessa empezó a urgar entre las bolsas. Había un “ALE” (con letras gigantes) en una remera talle “S”, pero para Alejandro habíamos encargado una XL. El chico de los estampados dijo que ya no había más. De hecho, sobraba una remera que no tenía estampa… talle XL. Sí, en mi remera S estaba escrito ALE en letras GIGANTES, de unos 10 cm de altura. Y no nos la querían cambiar (claro, porque el error era nuestro). Me lamenté por haber dejado a Vanessa sin supervisión, y empecé a imaginarme corriendo el domingo con el nombre de otra persona. Lo único que nos ofrecieron los chicos fue sacarle las letras.

Y eso hicimos. Y aunque quedó perfecta, cambié la XL que no tenía estampado por una S, y volví a hacer la cola para que le pongan Semana52 (sin espacio). Después de dejarla y volverla a buscar a los 20 minutos, me saqué una foto con la remera, me compré un par de medias de industria nacional, y me fui, absolutamente molido. Estas cosas me agotan mucho más que correr. Prefiero estar dos horas haciendo actividad física que haciendo una fila y esperando mi turno. Espero que este sea el único contratiempo que me den los 21K de la Ciudad de Buenos Aires…

Semana 49: Día 342: ¿Cuál es tu distancia favorita?

Hace unos años, cuando este blog era joven e inocente, hice una encuesta sobre los motivos por los que cada uno corría. Fue un experimento, el cual estaba convencido de que iba a ser un fracaso, pero prometía que si votaban más de 20 personas, lo iba a volver a hacer.

Llegamos a 56, así que dos años después, repetí la experiencia (¿Carreras de Calle o de Aventura?), esta vez con una participación de 26 personas. Lo que demuestra que las encuestas no le interesan a nadie. O quizás el tema era poco atractivo. Antes de declarar que en este blog las votaciones descansarán en paz, le doy una última oportunidad.

Actualmente y no solo en la Ciudad de Buenos Aires, tenemos muchas, muchas carreras. Hay para todas las distancias, pero es innegable que las que más abundan son las que van en el rango entre los 5 y los 10 km. Varios organizadores de carreras, con buen tino, se dieron cuenta que captaban más gente si recortaban los kilómetros de sus clásicas competencias, o si incorporaban categorías “participativas” o para principiantes. Con el running en auge (me imagino que no solo en Argentina, sino en todo el mundo), hay muchísimas opciones para participar. Asumo que el 90% de los lectores de este blog son corredores y que tienen una idea formada. Yo la tengo, y apenas termine de escribir estas líneas voy a votar. Así que…

¿Cuál es tu distancia favorita?

¿Hace poco que corrés y preferís las distancias cortas? ¿O te gusta probarte en velocidad? ¿Tenés en el pedestal la distancia cuasi perfecta de 42 km con 195 metros? ¿Estás avanzado y te quema la cabeza las ultramaratones?

Elegí las distancias más emblemáticas. Al que le gusten las Adventure Race de 27 km debería inclinarse por la media maratón. Al que le guste alguna distancia rara como 35 km debería tirar un dado o consultar con una tabla ouija. O como prefiera.

Seamos democráticos y votemos. En la parte de comentarios pueden hacer su justificación.

Vamos, que podemos superar los 26 votos.

Semana 49: Día 341: Corriendo por Benicio

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Desde hace tiempo, María de los Ángeles administra la movida solidaria de Espera por la Vida, que busca llevar el mensaje de donación en vida a través del atletismo. De su Tucumán lo extendió a todo el país, y ya van tres carreras en las que participo “apadrinando” a un niño.

El contacto fue a través de Juanca, habitual lector de este blog, que en estos días llega a Buenos Aires para acreditarse en la media maratón de la Ciudad. Como nos vamos a ver las caras, me ofreció que corra por Benicio, un bebé recién nacido que se va a operar del corazón. Él va a traerme una pulsera para mí y me sugirió consultar entre los Puma Runners si alguien más ser enganchaba.
Afortunadamente todos dijeron al instante que sí, y me di cuenta de que en otras situaciones no les consulté si se sumaban por puro pudor. El running es de por sí solidario. No sé qué me daba vergüenza, pero me llenó de orgullo verlos tan conmovidos y con ganas de ayudar.

Así que el Domingo seremos varios los que estemos pensando en Benicio mientras corremos, transmitiendo que la solidaridad no es solo dar algo material. A veces es necesario hacer un simple acto que transmita fe y esperanza, tanto para los más débiles e indefensos como para su familia.

Semana 49: Día 340: Manteniendo el orden

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Uno de los grandes cambios en mi vida relacionados con correr ha sido volverme más ordenado. Nunca fui así, por más que los que hoy me conocen no me pueden creer. Paso a explayarme.

Cualquiera puede correr. No es una actividad vedada a nadie. Recordemos al taraumara de 90 años al que le preguntaron por qué corría a su edad y respondió “porque no me dijeron que no podía hacerlo”. En el colegio corríamos nuestra “maratón” de 5 km a fin de año, que después bajaron a 3,5, e igual me parecía una eternidad. Pero lo hacía; corrían los chicos más atléticos, los que lo odiábamos, y todos los que estaban en el medio. Hoy, que el running está tan de moda, se pueden ver a corredores de todas las formas, colores y tamaños.

Yo corría por mi cuenta, en la misma época en que no sabía manejar un lavarropas, donde estaba acostumbrado a apilar los platos sucios en la pileta de la cocina (que ya con eso sentía que estaba colaborando) porque después mágicamente aparecían limpios, secándose en el lavaplatos. También amontonaba la ropa arrugada en una pila, y usaba el mismo par de zapatillas desde hacía cinco años. Y estaba bien, porque no tenía muchas más aspiraciones.

Llegó un momento en que mi cabeza hizo un click, me puse este blog, y empecé a entrenar y a ordenarme. Empecé por la comida, que en mi caso era un desastre. Un vegetariano que comía snacks cada vez que estaba depre (muy seguido), me recompensaba con helado o chocolate si sentía que había hecho algo bien, y me salteaba el desayuno porque creía que eso solo me abría el apetito y me hacía comer más después. Iba desde despertarme directo al almuerzo y de ahí a la cena, picoteando cualquier cosa en el medio (generalmente pan con mayoliva). Ordenarme los horarios y pasar a comer 6 veces al día fue un vuelco terrible en mi rutina. Pero estaba motivado, así que durante casi un año me puse alarmas en el celular para acordarme de cada comida y colación, además de tomar agua. Ese “ordenamiento” me sirvió para bajar rápidamente mucha de la grasa que tenía acumulada y a tener energía para correr más.

También empecé a entrenar más seguido y a anotarme en más carreras. Metí gimnasio, y aunque nunca pude mantener la constancia de la musculación al mismo nivel que el entrenamiento aeróbico, me encontré con otro cambio en mi rutina: empecé a ensuciar mucho la ropa. Soy una persona que transpira mucho, y ya no estaba en casa para hacer un bollo con mi remera, tirarla en un canasto y que aparezca limpia, planchada, perfumada y doblada en un cajón. Hoy no me considero un experto lavador de ropa, pero aprendí a programar la lavadora, esperar el fin del ciclo y después colgarla.

Organizarme mejor mis entrenamientos, mis comidas y la limpieza de los elementos que uso al correr trajo aparejado el orden. Quizá fue el cambio que más tardó en prender, pero de tener todo hecho un bollo en una esquina ahora cada cosa tiene su cajón, y me encuentro más cómodo mentalmente si no tengo la mesa para apoyar cosas que me da fiaca guardar o los pantalones colgados de una silla. Aprendí que esos dos minutos que me toma meter las cosas limpias en su respectivo lugar y las sucias al lavarropas es un ahorro de tiempo después, cuando el caos me desborda, o si estoy por recibir visitas y el departamento parece estallado por una granada. Lo mismo con los elementos de la cocina, en especial ahora que me estoy haciendo jugos dos o tres veces por día. Muchos me dicen que les encantaría tener una juguera, pero que les resultaría muy fastidioso tener que limpiarla. Y a mí me debe tomar tres minutos hacerlo, si no es menos.

Mi amigo Juandy, cuando me visitó en mi nuevo departamento, se quedó asombrado. Esperaba encontrarse con un desastre, y no podía creer que estuviese tan ordenado. Es que él me conocía de antes, cuando para mí ordenar era hacer una pila de platos sucios en la pileta de la cocina. El orden, en el momento, no solo me ahorra tiempo después (sé dónde está todo y sé que está listo para usarse), sino que hace que disfrute de mi espacio y me den ganas de estar ahí. Además parecería una consecuencia lógica; esas rutinas y mejoras que le da el running al cuerpo y a la mente, que se van trasladando a otros aspectos de mi vida. Creo que reflejan los progresos que logré en estos años. De otro modo no me imagino habiendo llegado a correr ultramaratones. Sin dudas eso lo conseguí siendo metódico y ordenado.

Semana 49: Día 339: La verdad sobre los pies de los corredores

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Hay gente que corre por cuestiones estéticas. La salud está ahí de la mano. La superación personal (y física) también. Pero probablemente una inmensa mayoría lo haga para tener un mejor cuerpo, estar más delgado o, por qué no, tener una cola más firme. Si usted entra en esta categoría, quizá quiera enterarse de algunas cosas.

Yo corro con cierta regularidad desde hace unos años. Sí, yo ya corría antes de tener un blog. Pero me tomaba las cosas con mucha liviandad. Entonces decidí empezar con esto de las maratones, las carreras de aventura, el aire libre, las plantillas, zapatillas especiales para determinado terreno, toneladas de remeras, nutricionista, gimnasio. Y por más que invierto en accesorios e intento cuidar mi cuerpo, tengo unos pies lamentables.

Al doloroso callo que me está saliendo en el dedo chiquito del pie izquierdo hay que sumarle las dos costras que están ahí, firmes junto al pueblo. No hay imagen más triste que mis pies descalzos luego de una ultramaratón de montaña, con la piel arrugada, blanda y sucia. Las ampollas son moneda corriente, y las uñas… ¿qué podemos decir de las uñas? Primero, ¿para qué sirven? Para nada, solo para sostener a una sospechosa industria de fabricantes de alicates. Puede que hace cientos de miles de años fueran tan útiles como las de las manos, ya que las usábamos mientras nos balanceábamos entre los árboles, ¿pero y ahora? Juntan mugre, y a los corredores SE NOS CAEN.

Primero se ponen negras y luego dejan de crecer. Podemos matarlas con la ignorancia, pero por debajo crecen nuevas que van a ir empujando a la vieja que ya murió. Eventualmente la presión hará que esa cosa dura, amarillenta y morada, salga disparada. Los ansiosos como yo iremos cortando con el alicate, cada vez más abajo, y más, y más, hasta darnos cuenta que no queda nada. O con las uñas de nuestras propias manos intentaremos cortarlas para terminar arrancándolas. Nos quedarán heridas ínfimas, que gotearán una cantidad despreciable de sangre… pero duelen como si nos hubiesen clavado un flechazo envenenado.

Por más que he cuidado siempre mi cuerpo y he tomado todos los recaudos a mi alcance (doble media, zapatillas medio número más grande, vaselina) mis pies siguen siendo la parte menos estética de mi cuerpo. Y es curioso porque juegan un papel importantísimo en el acto de correr (casi diría que son imprescindibles). Yo no hago bíceps en el gimnasio y se me agrietan o se me caen (gracias a Dios). ¿Por qué mientras más corro, peor tengo los pies?

Por lo que pude investigar, esto no me pasa a mí solo, sino a todos. Por eso esta advertencia. Las mujeres pueden disimular muchas de estas cuestiones con esmalte para uñas (algunos hombres también, por qué no). Pero si quiere y adora sus pies… olvídese de correr fondos largos o en montaña. O despídase de esas bonitas y delicadas uñas que posee…

Semana 49: Día 338: Fondeando en la Reserva Ecológica

Ayer, cuando escribí el post de la fecha, dije que iba a ir a correr a la Reserva Ecológica, ese hermoso parque al que iba cuando vivía a 13 km, y ahora que estoy a 10 cuadras no estaba yendo nunca. Me quedé trabajando hasta tarde (sacrificando un sábado a la noche) y cuando hoy me desperté… estaba destruido. Me costaba despegar los ojos, mucho menos pensar en salir a correr.

Desde la cama intentaba mirar el reloj, en la penumbra, a ver si valía la pena levantarse. En el entrenamiento del sábado con los Puma Runners hicimos 21 km y me molestó al costado de la rodilla (creo que un tendón). Empecé a justificarme mentalmente que no convenía forzarme si quería estar entero para la media maratón, dentro de una semana. Pero en el fondo sabía que eran excusas. Me incorporé, me hice el desayuno y me vestí. Pasadas las 8 y media, en un arrebato de fuerza de voluntad indescriptible, salí a la calle. El GPS, que lo encendí por primera vez entre los edificios del microcentro, no tenía señal. Me quedé buscando algún pedazo de cielo en una esquina, hasta que finalmente enganchó. Así fue que, a diez minutos de las nueva de la mañana, salí.

La rodilla me molestó un poco, no demasiado, y lo mejor fue que a los dos kilómetros ese dolor había desaparecido. Ya en ese entonces estaba adentro de la Reserva, la cual me parece que están remodelando profundamente. Mi impresión fue que estaban armando una especie de fosa donde arrojar los cocodrilos y protegernos así de los bárbaros. Pero para correr por el costado queda genial. Quizá me equivoque y eso haya estado desde siempre, tapado por una frondosa vegetación. Yo creo que no estaba y vi cómo lo llenaban con agua. Me gustó todavía más de lo que me venía gustando este lugar. Una especie de oasis para los que disfrutamos de las carreras de aventura y tenemos que vivir entre el concreto.

No me quise exigir, aunque tengo que admitir que este fondo personal se me hizo corto. Le di una vuelta larga al circuito, de 8 kilómetros, y a medida que avanzaba me iba sintiendo más cómodo y aumentando la velocidad. El inusual sol de verano calentaba, y mucha gente se había levantado temprano para disfrutarlo.

Algo que me llamó la atención, mientras estaba corriendo los primeros metros en la Reserva, escuché un altoparlante en donde animaban una carrera de calle. Ahí nomás, a 100 metros de donde estaba, tenía lugar Dale Vida, competencia de 8 km que presencié el año pasado. A lo lejos podía ver cómo la gente iba corriendo en sentido contrario. Pensé por un segundo en sumarme, no por querer competir, sino porque me fascinan esas casualidades. ¡Justo que estoy ahí es la largada! Pero preferí quedarme en la tierra y el pasto que salir a patear el asfalto. Así estuve unos 40 minutos, más la distancia que separa mi departamento de la Reserva, lo que me dió un para nada despreciable fondo de 10,73 km.

¿Por qué corrí, si ayer me quedé un poco preocupado por esta molestia y hoy a la mañana no me podía levantar? No sé, supongo que extrañaba ir a la Reserva y, habiendo sacrificado gran parte del fin de semana para trabajar, correr fue la mejor recompensa que me pude dar. Y comprobé una vez más que uno nunca se arrepiente de entrenar. A veces cuesta salir, pero el esfuerzo siempre vale la pena.

Semana 49: Día 337: 213,86 km en un mes

Tuve que chequear mis cuentas dos veces, porque me sorprendió haber corrido 213,86 km durante todo agosto. ¿Estará bien? Quizá debería dejar de dudar de mí todo el tiempo. El reloj Suunto me contabilizó 145 km, más unos 10 que hice en cinta en el gimnasio, más lo que haya hecho los primeros 10 días que no tuve el GPS… Las cuentas dan. Igual estaba temeroso, creyendo que iba a tener como máximo 160 km.

Este es el comparativo de todo el 2013:

Enero: 323,03 km
Febrero: 321,88 km
Marzo: 335,60 km
Abril: 163 km
Mayo: 157,26 km
Junio: 168,60 km
Julio: 128,39 km
Agosto: 213,86 km

La suma de esta temporada de Semana 52 (que empezó en Octubre 2012) ya me da que corrí 2360 km, mientras que la temporada anterior, en un año, corrí 2272 km. O sea que durante Septiembre puedo dedicarme a hacer la plancha, porque ya vencí mi propia marca por 90 km. El mes que empieza mañana tiene la meta de la media maratón, y quiero empezarlo mañana con un fondito en la Reserva Ecológica. Porque todavía no la estrené viviendo en el barrio. Algo tranqui, unos 10 km. No me quiero sobre exigir, hoy con los Puma Runners entrenamos unos metros por encima de los 21 km, y me molestó un poco el costado de la rodilla derecha. Es un dolor que va y viene (hoy le tocó venir). No me impidió correr, pero enciende algunas señales de alarma.

Y estoy entrando en el último mes de la tercera temporada de Semana 52. O sea que casi estoy por hacer tres veces algo que pensé que iba a hacer una sola. Esta vez no tengo una carrera que coincida con el día final, ni tampoco conseguí lugar para correr la Espartatlón 2013 (menos mal, debería decir, porque todavía no me siento listo).

Mirando hacia atrás veo algo que para mí no fue menor, y es que este año de Semana 52 fue mi primero como vegano. Sin querer ponerme en vocero o sermonear, tampoco lo imaginaba y fue un cambio muy cómodo para mí. No pude inscribirme en la Espartatlón, pero al menos sirvió para probar qué pasa al estar un año entrenando con exigencia sin consumir proteína animal: absolutamente nada. De hecho, comparativamente, este año corrí más y que el anterior (pero no puedo asignárselo a la alimentación, sino simplemente a organizarme mejor).

Creo que esta temporada de Semana 52 voy a superar los 2500 km, y es una linda marca. Y cuando pase la maratón de octubre quiero estar abocado a entrenar fondos largos, y así poder afrontar los 246 km de la Espartatlón 2014. ¡Y basta! No me veo escribiendo un quinto año de blog. Ténganme piedad.

Queda todavía Septiembre, y otras 52 semanas… si todo sale bien, el cierre será en Atenas. Y si todo sale súper bien… será en Esparta.

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