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Semana 45: Día 315: Flor de relos

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“Solo, solo unos pocos elegidos pertenecen en verdad al gran mundo… Solo unos pocos elegidos en el mundo lucen la hora exacta en su muñeca”.

“¿Te compraste un Suunto Ambit Silver? Te pasaste, macho”. (disculpas a Les Luthiers)

Había llegado al país hace unos días, pero solo pude echarle mano hoy. Fue amor a primera vista. Yo necesitaba un reloj con GPS que me durase para las ultramaratones (como, por ejemplo, la inminente Yaboty), y el reloj necesitaba posarse en una muñeca que hiciera quedar a su dueño como un alfeñique.

Aprovechando que mi amigo Matías viajaba a los Estados Unidos por trabajo, lo compré y se lo mandé a su hotel. Como es medio paranoico con el tema de la aduana, tiró el manual (que, según él, era una especie de guía telefónica) así que, como ven en la foto, tiene cualquier hora y fecha, ni idea de cómo cambiarlo. Igual lo estoy cargando para estrenarlo mañana. También hice una gran jugada con este viaje y compré un cable cargador para el Garmin Forerunner 405 que tenía, inutilizado por no poder cargarle la batería. Acá vendían ese mismo cable en Mercadolibre por $300 y en eBay lo conseguí por u$s 20 (conviértanlo a la cotización que les plazca, dólar real, blue, soja o tarjeta, pero es más barato que lo que te piden acá).

El Suunto es enorme, o estoy muy flaco porque en mi muñeca me recordó cuando era chico y jugaba a vestir los zapatos de mi papá. Pero el tamaño seguramente tenga que ver con su batería, que dura 15 horas en modalidad running y 50 en hiking (tiene que ver con el ping que envía al satélite, es algo muy técnico como para que nosotros los científicos de la NASA nos pongamos a explicar). Pero no solo eso, además de GPS y navegación, tiene brújula, barómetro, termómetro (para la temperatura ambiente, no sean tan fantasiosos) y monitor cardíaco. Solo para reloj, la batería dura 30 días. Además dice que es resistente al agua, a una profundidad de 100 metros, pero ni loco lo pruebo.

Estos días estuve corriendo con un Garmin Forerunner 305 prestado, que como todas las cosas viejas, grandotas y feas anda fantástico. Pero aunque estaba enamorado de mi reloj anterior y que este que me dieron también funcionaba de perillas, estoy experimentando grandes distancias, y la batería nunca me alcanzaba. En la Ultra Buenos Aires usé tres relojes distintos, en los trails de montaña como Patagonia Run o La Misión elegía en qué momento activar el GPS (generalmente al principio) para después meterme en una incógnita… todos sabemos que cuando preguntamos a los banderilleros cuánto falta para el próximo puesto de asistencia, te mienten descaradamente… Tienen buenas intenciones, quieren que no te desmoralices, pero cuando te dicen que llegás a la cima en 20 minutos y tardás 2 horas, realmente empezás a decir el clásico “qué hago acá”. En cambio, si de antemano sé que faltan 10 km y en el medio hay una montaña, me puedo preparar mentalmente para sufrir.

Vamos a ver cómo me va con este flor de relos. Con que llegue a usarlo en las 36 horas de la Spartathlon 2014 voy a ser más que feliz…

Semana 45: Día 313: La Adventure Race Pinamar 2013 en imágenes

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Tarde pero seguro. Hice un compilado de imágenes de la carrera, como para dar una idea de lo que fue. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que este post vale como por 10 mil, sería un interesantísimo artículo de dos o tres páginas.

¡Feliz día del maratonista!

Semana 45: Día 312: Un par de piernas, por favor

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Ayer estuve muy cerca de no ir a entrenar. “Si no corrés, mañana es peor”, me dijo mi entrenador… así que le hice caso, y salí.
No me arrepentí (nunca me arrepiento de hacer actividad física), pero empezar a correr fue muy tortuoso. Tengo una molestia en la parte externa de la rodilla derecha, que la mencioné en un post de hace unos días. Increíblemente desapareció con solo mencionarla y no volvió durante la carrera… pero sí ayer. No me asusta, pero estoy atento.
Parte de los motivos por los que sí quería entrenar es que el 18 de agosto (o sea, en pocos días) voy a estar en Misiones, corriendo en Yaboty. Son 90 km en un terreno bravo, así que ante el poco tiempo que queda y el consejo de mi coach, junté fuerzas y salí de casa. Hice poca distancia, unos 3,5 km, y al finalizar me sentí mucho mejor. Estrené mis zapatillas nuevas, las Puma Nightfox, que quiero ablandar todo lo posible para la ultra.
Aunque la rigidez fue disminuyendo, hoy a la mañana me sentía de piedra. Dudé mucho si ir o no al gimnasio, así que hice lo contrario a lo que me decía mi instinto y fui.
Hice un poquito de cinta (el equivalente a 1 km), porque no quería exigirme, y después fierros. No me costó más que lo habitual, el ligero dolor de espalda que sentía ya desapareció. Pero las piernas siguen doliendo, particularmente cuádriceps, gemelos y las plantas de los pies. Y no puedo evitar pensar… ¿tendrá algo que ver mi experimento de modificar mi pisada en mitad de la carrera? Quizá forcé músculos que no tengo muy desarrollados… la pose, si bien me resultó muy efectiva, no era la más “natural” para mí. Los dolores que siento me son familiares, como cuando hice mis primeras carreras.
Anteriormente mi cálculo para que los dolores post maratón desaparecieran era de 4 días. En una de esas, solo me resta esperar al jueves para dejar de quejarme…

Semana 45: Día 311: Después de correr la Adventure Race Pinamar

Como no podía ser de otra manera, ahora me toca hablar un poco de las consecuencias de correr 27 km en la arena. Dolor, mucho dolor. Y cansancio también.
Lo curioso es cómo aparecen estas cosas tiempo después. No podría decir que ayer no me sentía agotado, pero cumplí mi promesa de no dormirme en el viaje de vuelta. Me sentía un poco duro, puro en dental estaba bien. El tema, claro, fue hoy al levantarme de la cama. O debería decir al intentar levantarme. Las piernas entumecidas, dolor de la cintura para abajo… Hombros contracturados… Ni siquiera atiné a ir al gimnasio, y cuando pasé por debajo de la barra para hacer dominadas, que tengo instalada en el marco de la puerta del baño, no pude evitar reírme: ni siquiera tenía energía para imaginarme haciendo una sola.
Pero son consecuencias lógicas. No me sentí tan roto el año pasado, y creo que tuvo que ver con que está vez me esforcé mucho más. Antes de arrancar pensaba lo bueno que estaría llegar entre los 100 primeros de la general. Eso te asegura encontrar fácilmente fotos de tu llegada y, con algo de suerte, un video. Mientras intentaba avanzar por las aplastantes dunas, mis expectativas bajaron a conformarme con estar entre los primeros 500 (en mi imaginación éramos 2500 corredores, así que me conformaba con ser parte del primer 20%).
Como en el trayecto me sentí mucho mejor, apreté y me esforcé mucho, y me imaginé que podía estar entre los primeros 300 (además es un número espartano). Resultó que mi clasificación en la general fue el puesto 50. Cuando lo vi, no lo podía creer.
¿Cambia en algo saber ese dato? Tampoco es pares agrandarme, estoy y seguiré estando lejos de los punteros. Es solo un indico que me permite compararme con otros desempeños anteriores. Creo que es claro que si me siento peor que el año pasado es porque me esforcé mucho más.
Hoy, que duele todo, decidí descansar. Así que no fui a entrenar. Dije “al diablo con todo, me quedo viendo The Walking Dead”. Y mientras se acercaba la hora de partir, me iba poniendo nervioso. “¿Salgo o no?”, pensaba. En tren estaba con demoras, y tenía planes más tentadores…
Pero ahora estoy escribiendo esta entrada desde ese demorado tren, porque la mejorforma de recuperarse de una carrera muy dura es justamente entrenar. No quedarse quieto.
Hoy prima el dolor y el cansancio. Estoy seguro de que todos mis compañeros de Puma Runners se sienten igual. Pero también sospecho que a ninguno nos preocupes demasiado, porque debajo se eso también sentimos mucho orgullo. Todos arrancamos la Adventure Race de Pinamar con miedos, expectativas, y hoy, aunque estemos duros, podemos sentirnos orgullosos de haberla terminado.

Semana 45: Día 310: Los 27 km de la Terma Adventure Race 2013

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El viernes publiqué sobre las ventajas de actualizar tel blog desde el teléfono. Ahora, en la ruta (son las 19:23), volviendo a casa… y blogueando. Prometí ser buen copiloto y no dormirme. Espero poder cumplir.
Esta Adventure Race en Pinamar no fue muy diferente a otras. Las cosas que siempre funcionan, funcionaron. Las que no, fallaron también, pero son pocas.
Empiezo con las cosas que creo que el Club de Corredores hace mal. Primero, la más grave: siguen dando agua baja en sodio en los puestos de hidratación. Obviamente es una cuestión de sponsors, pero para mí pone en riesgo la salud de todos los atletas que no sufrimos hipertensión. Segundo, por motivos similares, tienen a Quilmes de sponsor. Sin embargo, este año regalaban cerveza sin alcohol. Sigo sin entender que hace ese producto acá, en un evento deportivo, pero a la vez me parece preferible a cuando regalaban bebidas alcohólicas. Otra cosa que me molestó eran los cuatriciclos. En un momento se me puso una atrás y me hacía sentir muy presionado: no sabía si me iba a pasar o no, si hacer un paso al costado o qué…  Además el humo de los caños de escape son menos deportivos que la Quilmes… Pero como ven son pocas cosas para una carrera muy bien organizada.
Con los Puma Runners nos levantamos temprano, desayunamos y salimos a la largada. Me fui todo lo adelante que pude, lo que me significa una ventaja estratégica. Pero un grupo de chicas se ofendió y se quejaba del grupo que se armó de buceadores de multitudes. “¿Es necesario, qué ganás adelantándote?”, “Hubieran venido más temprano”, y “¿Hace falta que me claves la mochila?” fueron algunas cosas que mascullaron entre dientes. No tenía ganas de polemizar, aunque me sentí muy incómodo, pero sí, hacía falta adelantarme para escaparme del malón de la largada, no era la fila del PagoFácil sino la largada de una carrera, y no le clavé la mochila a nadie. De hecho se cruzaron de brazos y me clavaron un codo en las costillas, como si fuese accidental. Creo que las salidas son todas así, con muchos ansiosos queriendo adelantarse. Además, ¿vale la pena hacerse mala sangre por algo que hace una persona que veremos más de tres minutos en toda nuestra vida?
Por suerte esa tensión la pasé apenas crucé la largada. Gracias a haberme adelantado, no sufrí un embudo, crucé el arco a pocos segundos de que el cronómetro se puso en cero, y el estar adelante hizo que no esté esquivando las pisadas de otros en la playa.
Los primeros 5 km fueron, como siempre, por la costa. Todos íbamos pisando la arena húmeda porque era la más firme. Las olas,  a veces, se acercaban peligrosamente a nuestros pies, y teníamos que saltar al costado para esquivarlas. Como sabía que en los médanos me iba a costar, apreté en este tramo todo lo que pude.
Obviamente que la arena blanda siempre nos nivela a todos. Ahí no pude evitar bajar la velocidad y pasar de una zancada abierta a dar pasitos cortos.
Tengo entendido que los médanos son 11 km de toda la carrera. Es bastante frustrante correr en arena suelta, porque absorbe el impacto de la pisada y no lo devuelve, a diferencia de terrenos más duros como el asfalto (que sería el extremo opuesto, que devuelven demasiado).
Hasta ahí mi carrera era complicada. No me sentía cómodo, me quemaba las piernas en las subidas y me sentía muy cansado. Me tomé un gel en el km 10 y no me cayó bien al estómago. Pero esta Pinamar fue un cambio rotundo para mí. Noté algo que me cambió esta carrera para siempre.
Empezó con un dolor en la cara externa de los tobillos. ¿Por qué me dolía justo ahí? Decidí avanzar mirándome otras pies, con más atención que lo habitual. Me sorprendió ver todo lo que se doblaban hacia adentro. Sabía que tenía una pequeña pronación (oficialmente mi pisada es neutra), pero se ve que la irregularidad del terreno hacía que se metieran más para adentro.
Decidí concentrarme en pisar derecho. Esto me obligaba a estar pendiente de mis pasos, pisando (forzadamente) más con la parte externa de los pies. ¿Cómo creen que me fue? Increíblemente mejor.
Si alguien me preguntaba si algo así era una buena idea, hubiese supuesto que no. Pero hice otra carrera. No sé bien por qué me resultaba más fácil correr por la arena y el bosque. Quizá me motivó más que no me doliesen más los pies, pero lo cierto es que mejoré muchísimo mi rendimiento.
También apliqué un truco que aprendí en estas Pinamar, que fue no seguir las subidas y bajadas del bosque. A ver si me sé explicar: el terreno en esta parte son montículos bajos de arena y pinocha que suben y bajan todo el tiempo. Otras piernas y la cabeza se queman siguiendo estos senderos. En lugar de dar pasos cortos, saltaba de cima en cima, abriendo las gambas… y con mi nueva pisada más paralela, empecé a pasar corredores.
No me quiero detener en las complicaciones de correr en las playa. Además de que quema piernas, la arena se mete en las zapatillas, algo terriblemente incómodo.
En el kilómetro 20 me tomé el segundo y último gel. Además de aprovechar dos vasos de Gatorade, comí unos trozos se banana. En el asfalto apreté todo lo que podía y en el último tramo por la costa también. Siempre me sentí cómodo y con resto, a pesar de que casi me acalambro el gemelo derecho en una parte (fue un instante y pasó).
Hay un tramo, de 10 metros o menos, donde uno sube desde la playa al asfalto y corre los últimos 100 metros. Es la parte más difícil, aunque sea corta, porque uno está harto de arena y de correr por superficie blanda. Pero, como todo, se pasa.
Al final metí un sprint furioso y crucé la meta en dos horas y veintiocho minutos exactos, todo un récord para mí.
Me sentí muy contento y me quedé pensando… ¿Realmente me ayudó el cambio en mi pisada? Es una pregunta que solo podré responder corriendo más carreras y desarrollando más aún la experiencia y el entrenamiento.

Semana 45: Día 309: Comiendo en Pinamar

Siempre, en todos los viajes, ser vegetariano era una complicación. Volverme vegano le sumó dificultad, y querer dejar harinas blancas, azúcar y otros alimentos refinados hizo que todo se haga más cuesta arriba.
Compartir un viaje con otros 16 Puma Runners, lejos de casa y en una ciudad donde no llegó la moda del veganismo, hace que me flexibilice un poco. Así que comí fideos comunes, risotto y pizza (vegana). Pero pude mantener algunas de mis exigencias, como no comer pan, y reemplazar las “ganas” por fruta. Me di cuenta que muchas veces como por reflejo, para acompañar a otros. Es parte de la convivencia.
Por suerte pide hacer lo más importante, que fue relajarme. Sigo sin entender por qué, además de Terma, en la Adventure Race tienen a la cerveza Quilmes de auspiciante, pero por lo menos regalaban la variante sin alcohol. Para la carrera me compré dos geles, y tengo unas gomitas que me reglaron para la maratón de Río (y que olvidé usar entonces).
Para la mañana tengo mi avena con pasas y Ades natural…  Un desayuno de campeones, para encarar otra carrera en las arenas de Pinamar.

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