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Semana 38: Día 266: Acomodando la agenda

A 13 días de volar a Río de Janeiro y 15 de correr mi próxima maratón, me acuerdo de que no estoy corriendo lo que me gustaría. Por supuesto que me lo tomo con calma. Con todos los cambios recientes en mi vida, no me quiero desesperar si no estoy haciendo 50 km cada fin de semana. Ya habrá tiempo para volver a eso.

No es fácil acomodar la agenda, en especial estando recién separado y sin un lugar fijo para vivir. Pero intento arreglármelas como pueda. Por ejemplo, sabía que el jueves iba a trabajar hasta tarde y que iba a dormir poco. El viernes iba a estar hecho una piltrafa y no iba a poder dormir, así que me acomodé para tomarme un rato del jueves y correr 14 km. Parece poco, más siendo que en dos semanas me esperan 42, pero el corazón queda satisfecho por estar haciendo algo. Y yo logré algo muy importante, que es anticiparme y no darme cuenta a último momento que el cuerpo no me iba a rendir ni para hacer dos cuadras.

Es un tema porque estoy por encarar un viaje y no organicé nada. No me caben dudas de que lo voy a disfrutar mucho. Brasil es un país que no conozco y que no estaba en mis planes conocer, pero hay momentos en los que necesito improvisar y no estar cuestionando demasiado las cosas. Pero me faltan resolver un montón de cosas, como qué voy a llevar, qué cosas necesito… ayer perdí mi reloj GPS, así que ni siquiera sé si voy a poder seguir midiendo mi distancia, mucho menos en la maratón.

Parte de acomodar mi agenda es dormir las horas necesarias para entrenar, así que voy a cerrar este breve post y me voy a ir a la cama, por primera vez antes de las 12 de la noche en mucho tiempo. Pero no me quejo. Parte de haberme quedado hasta altas horas de la noche tuvo que ver con relajarme y hacer lo que me gusta. Y en la agenda no hay que acomodar solo las responsabilidades. También podemos hacerle un lugar a aquellas cosas que nos hacen felices.

Semana 38: Día 264: Entrenar con frío

Nuevamente estoy camino a mi entrenamiento, en el tren ramal Tigre. Otra vez estoy esperando esa revolución en el transporte que nos prometió Randazzo. Pero se sigue atrasando, los carteles electrónicos anuncian servicios midiéndolos con minutos de 90 segundos, y a veces las pantallas directamente no arriesgan ningún horario.
No me gusta llegar tarde, sin embargo nunca hago a tiempo. Tengo que empezar a salir más temprano.
Estamos a pasos del invierno,y después de un otoño con bastante buen clima, esta semana salir a entrenar de noche fue un acto de conmovedor coraje. Volvimos a correr con abrigo, los ojos llorosos por el viento frío y las veredas más vacías que nunca.
Yo vivo estos días con una mezcla de alegría, porque gay más espacio para entrenar, con sufrimiento. El frío me cala los huesos, algo que cuando estaba por encima de los 75 kg no me afectaba. El haber pedido masa adiposa me disminuyó mi aislante natural. No sé si quejarme, sé de gente que disfruta este clima y lo recibe con sus ventanas abiertas. No es mi caso.
El ver las veredas vacías me hace pensar en la cantidad de gente que desaprovecha estos meses gélidos. Por supuesto, correr en primavera es hermoso, pero ¿para qué interrumpir el entrenamiento? El cuerpo se desacostumbra rápido a la falta de ejercicio, y después habrá que empezar de cero.
Leí por ahí (o sea, en internet) una frase que decía “Los cuerpos del verano se construyen en el invierno” (o algo muy parecido). Esta época no hay que desaprovecharla. Basta con tener un abrigo adecuado, en especial para el final del entreno. Yo suelo salir en pantalón corto porque en seguida entro en calor. Hoy, que hace 9 grados (quizá menos en Acassuso), me puse la calza, que es mi límite de mariconeo. En casos de frío extremo (más en montaña que en ciudad) opto por un par de guantes. Rara vez uso un cuello todo el tiempo. Como decía, el cuerpo entra en calor, y prefiero buscar un equilibrio que correr con frío y mojado de transpiración.
No recuerdo unas vez en que entrenar con frío me haya hecho mal. En todo caso, lo peor vino cuando llegó el momento de detenerme…

Semana 38: Día 263: Consejos maratonistas

En 12 días va a tener lugar la Maratón de la Bandera, en Rosario, y en 19 se realizará la de Río de Janeiro. Le prometí a unos amigos dar algunos consejos para encarar los 42 km, así que aquí vamos.

Todavía estoy intentando dilucidar por qué la maratón es la distancia perfecta. Quizá tenga algo que ver con nuestra asombrosa capacidad de adaptación. Nuestra habilidad de transpirar a través de nuestra piel y de poder respirar independientemente de los pasos que damos es algo que cualquier animal, incluso los más veloces, envidiarían. Podemos lucirnos en la pista de atletismo haciendo velocidad, pero nuestro cuerpo está diseñado para hacer grandes distancias y hacer un derroche de resistencia.

Sin embargo, esa capacidad que tenemos hay que desarrollarla, hurgar hondo en nuestros genes. Por eso tenemos que entrenar, muy duro. Dudo que exista un corredor que haya recorrido 42 kilómetros por primera vez. Es el fruto de un esfuerzo continuo e ininterrumpido. Nuestros ancestros primitivos hacían cacería por persistencia, cansando a los animales en carreras de un mínimo de 4 horas. Finalmente la presa, incapaz de regular su temperatura interna tan bien como lo hacemos nosotros, caía rendida. Ellos lo hacían para sobrevivir, nosotros lo hacemos por motivos no tan distintos.

Supongamos que el tema del entrenamiento está resuelto. Es imposible encarar una competencia tan ardua faltando dos semanas. Lo cierto es que a esta altura todo lo que hagamos es para sostener, y faltando 7 días el entrenamiento va a ir decayendo. Lo que sí podemos hacer faltando tan pocos días es cuidar lo que comemos. Nuestro cuerpo almacena hasta 2 mil calorías. La idea es que la semana previa llenemos nuestras reservas con los alimentos ricos en carbohidratos, como arroz, papa, pastas, cous cous, cereales. Hay que bajar el consumo de grasas (siempre, pero ahora especialmente), y con el correr de los días ir bajando la ingesta de fibra, hasta abandonarla por completo dos o tres días antes de la carrera. Esto tiene que ver con evitar problemas gástricos.

Durante mucho tiempo corría en competencias y me daban unos dolores terribles en el estómago. Eran gases, que debe ser lo peor que le puede pasar a un corredor porque son muy molestos. Fui aprendiendo a cuidarme antes de las carreras para sentirme lo más cómodo posible.

El gran peligro de una maratón es la deshidratación. Es increíble la cantidad de líquido que perdemos, y eso lo podemos comprobar si nos pesamos un instante antes de correr e inmediatamente después de la llegada. Si tenemos en cuenta que durante la maratón vamos a estar constantemente bebiendo, la diferencia que nos indique la balanza no alcanza para reflejar toda la transpiración que sudamos. Lo ideal es beber mucha agua la semana previa a la maratón. Durante el recorrido vamos a tener puestos de hidratación, pero el agua tiene muchísimos beneficios en nuestro cuerpo, como lubricar nuestras articulaciones. Además, mucho de los calambres que tenemos durante las carreras son indicios de deshidratación. Por eso hay que atender a este punto tanto antes como durante la maratón.

Más arriba hablaba de las 2 mil calorías que almacena nuestro cuerpo. Esto va a cobrar importancia los primeros dos tercios de la carrera. Hay una convención del famoso “muro” que llega en el kilómetro 30. A veces es un poco antes, a veces después. Básicamente es cuando agotamos nuestras reservas y pasamos a quemar principalmente grasas. Este proceso (que siempre comparo con pasar el auto de gas a nafta) es un poco traumático para nuestro organismo, y entre las cosas que podemos llegar a sentir es que las piernas se nos prenden fuego. Además, es el punto en el que empezamos a levantar los puños al cielo y gritar “¡¿Quién mierda me mandó a estar acá?!”. Pero no pasa nada, hay muchísimo de sugestión en esto. El “muro” está en la cabeza. Hay molestias físicas, sí, pero la mejor forma de superarlas es seguir corriendo. El cuerpo se acostumbra, se amolda y sigue. Por supuesto que lo podemos ayudar ingiriendo constantemente alimento, como geles, pasas de uva, frutas, o lo que sea que toleremos. Esto es un punto muy importante: no improvisar en la maratón. Lo que sea que intentemos comer, tomar y hasta incluso vestir, lo tenemos que haber probado en los entrenamientos. Las carreras no son el momento de experimentar e improvisar, en especial las que son tan largas.

Hay quienes dicen que la primera mitad de las carreras hay que hacerlas más lento de lo que a uno le gustaría y la segunda mitad más rápido. En una maratón podría decirse que es algo así. Hay que economizar para tener energía para el final. Los que abandonan (en especial los profesionales) lo hacen porque se queman al principio, intentando poner distancia. Una maratón es una competencia contra uno mismo, y solo se triunfa llegando a la meta. Mi técnica es tomar geles cada 8 kilómetros, siendo el último en el km 32. Y en las maratones siempre hay hidratación cada 5 km mínimo. Hay que tomar líquido aunque no tengamos sed.

Después de cruzar la meta, lo importante es no frenar. O sea, no parar en seco. Seguir con un trotecito suave, e ir bajando de a poquito. Una caminata, seguir activo porque después cuesta arrancar. Cuando en Grecia caí arrodillado en la meta, las piernas se me paralizaron y cuando me quería incorporar me caía una descarga eléctrica que me tiraba al piso. Y lo más extraño de todo son unas ganas increíbles de ir al baño (número dos). Pero es solo la sensación, porque correr toda esa distancia floja los esfínteres. Yo pensaba que no iba a llegar a tiempo al baño, pero era cuestión de estar sentado para que se pasara. Ponerme de pie hacía que esa sensación vuelva.

El hígado va a estar sobrecargado de filtrar la sangre que fluye durante la maratón. Lo peor que podemos hacer es festejar nuestra epopeya con vino y un asado. Conviene seguir cuidándonos el resto del día, almorzar pastas para reponer hidratos. Si pudimos pesarnos, la diferencia de peso entre antes de largar y después de llegar debería ser la cantidad de líquido que tenemos que recuperar.

Difícilmente una mala experiencia nos disuada de volver a intentarlo o de seguir entrenando. Pero el cuerpo necesita recuprarse de todo este trajín, así que hay que correr los días posteriores. Muy suave, tranquilo, regenerativo. Así vamos a acelerar el proceso. En mis primeras maratones los dolores de piernas se iban a los 4 días. Subir escaleras no era problema, bajarlas era un trastorno. Pero lo peor que podemos hacer es creer que tenemos que encerrarnos en casa. Hay que salir a disfrutar del mundo, volver, de a poco, a nuestra rutina. Y vivirlo con orgullo, porque terminar una maratón no es poca cosa…

Semana 38: Día 260: Día de superhéroes

Hoy no fui a entrenar. Mi precaria situación me vio forzado a aceptar trabajar todo el fin de semana (incluyendo el día del padre) en una convención de cómics.

No es mi actividad ideal. Me encanta apoyar a la editorial y sacarla adelante. No me enloquece resignar el correr, pero bueno, ameritaba por mis finanzas.

En estos eventos pululan los disfrazados. Esta actividad me es bastante ajena. Nunca me interesó demasiado lo de disfrazarme (aunque tengo la fantasía secreta de tener el traje de Iron Man… ok, acaba de dejar de ser “secreta”), pero veo que es algo que apasiona muchísimo, tanto a los que se disfrazan (llamados “cosplayers”) como al público, que va en manada a ver los concursos. En estos ámbitos está muy inserta la cultura japonesa (o lo que los japoneses exportan como su cultura), así que siempre hay fideos, empanaditas (que asociamos con los chinos, pero bueno, para nosotros los brutos ignorantes es lo mismo), bebidas de un contenido desconocido… En fin, todo ese mundo nunca deja de sorprenderme, aunque me cuesta identificarme con él.

Aunque todavía dejo salir a jugar al nerd que llevo dentro mío, creo que se corrió mi pasión hacia el running. De vez en cuando me compro un libro (actividad interrumpida hasta que encuentre dónde mudarme), pero sin dudas mi dinero y esfuerzo se está volcando a las carreras más que en mi colección de cómics. A veces hasta me pregunto si no será el momento de deshacerme de ella y ponerla a la venta… ¿Algún interesado?

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