Archivo del sitio

Semana 25: Día 175: La Ultra Buenos Aires crece

mapa01

Si todavía no te decidiste si querés correr la Ultra Buenos Aires o no, quizá te interese saber que la organización decidió, gracias a la respuesta positiva del público, a entregar remeras oficiales de la carrera. Lo que en un momento era por el pancho (de soja) y la coca (light), va tomando cada vez más forma profesional. No pudimos lograr lo de la entrega de medallas (eso quedará para otra edición), pero al menos todos se van a llevar un recuerdo de esta experiencia.

Ya hay un mapa más definido, que comparto en este post. Además de la posibilidad de acampar en la estancia, los que como yo quieran descansar más cómodamente pueden hospedarse en una habitación con cama y reservarse un remís que los lleve a la largada. Los que nos animemos a los 100 kilómetros tenemos que estar para salir a las 6, bien temprano, pero necesitamos estar mucho antes para el desayuno de cortesía. Por eso le tenemos que ganar a la salida del sol y madrugar. Parafraseando al dicho, nos ganaremos la ayuda de Dios.

En cuanto al entrenamiento, ayer corrí 50 km y el domingo me tocan 70. Cuando me enteré de esto (y perdón por el lenguaje), se me llenó el culo de preguntas. ¿Cómo voy a hacer? ¿Qué hay de esos dolores relacionados con la fatiga? ¿A dónde me conviene ir? ¿Cómo me aseguro tener el agua suficiente? Y eso es lo primero que se me ocurre. Después está el tema de que el gps del reloj no me va a durar 7 horas (o lo que me tome hacer esta distancia), que no sé si me va a dar la cabeza para tanto, y un largo etcétera. Pero la verdad es que en el fondo quiero hacerlo porque es difícil. Y si fuese facil no creo que tuviese motivación para hacerlo.

Lo pongo de otra manera: me da miedo correr 70 km. Ya lo hice, el año pasado, para esta misma carrera, y fue agónico. Lo mismo en la Patagonia Run. Le temo a la sensación de frustración, a perder el control de mi cuerpo y de esta actividad que me gusta. Pero esto también me hace humilde. Me da un objetivo a cumplir. Me llena de orgullo hacerlo a pesar de todo.

El domingo voy a estar a 70% de cumplir la meta de hacer 100 kilómetros en 10 horas y media. Va a ser un indicador de qué tan lejos estoy de cumplir este sueño.

mapa02

Semana 25: Día 174: Un fondo de 50 km

El fin de semana corrimos en Tandil. No la pasamos muy bien. Pero le pusimos el pecho y corrimos. Levantamos el viaje, la carrera salió muy bien y volvimos a casa.

Pero me quedé mal. Pinchado. Me costaba pensar en el blog o en entrenar. Nunca me pasó, pero en tres años de Semana 52 era plausible que alguna vez me ocurriese.

Así estuve, envuelto en angustiosos temas personales que no quisiera tratar acá. Por suerte atravesé esta especie de “crisis” con mi relación con Vicky intacta. Nos apoyamos mutuamente y, de a poquito, fui dejando de lado los pensamientos negativos y empecé a escarbar para encontrar lo bueno.

No puedo decir que ya pasó todo y que mis problemas se resolvieron. Pero sí sé que un camino para encontrar una suerte de equilibrio es volver a la rutina, a esas cosas que definen tu vida. En mi caso fue entrenar otra vez pensando en la Ultra Buenos Aires. Germán, mi entrenador, me había adelantado que el jueves tocaba correr 50 km, así que ayer decidí hacer justamente eso.

Me compré una caja de geles en Farmacity, me armé un camelback de Vicky con agua y algo de frutas secas y gomitas. Dormí unas 5 horas, para tener tiempo de desayunar algo y estar a las 6 de la mañana saliendo de casa. A la mañana estaba ventoso y fresco, así que salí con una remera de manga larga y un pañuelo tipo “buff” en el cuello y otro en la cabeza.

Fue duro. Atravesé Libertador, todavía a media máquina. Mantenía un ritmo de 5:20 el kilómetro, pero el cerebro no dejaba de carburar. Tampoco estaba en mi pico máximo de entrenamiento, así que decidí poner a prueba la mente, principalmente. ¿Se puede sacar fuerzas y concentración donde aparentemente no la hay. Cuatro horas y 57 minutos (con unos lasitmosos últimos 7 km) dan cuenta de que sí, que se puede. Como pude sorteé los obstáculo, apreté los dientes, y en ros horas y cuarto llegué al Tigre. Nunca me imaginé que ir Colegiales hasta Tigre era algo que podía hacerse de pie. Menos que podía hacerse ida y vuelta.

Ahora estoy entero, con la satisfacción de una prueba difícil que pude superar. No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista… pero hoy, sin entrenamiento propicio, ni el mejor equipo o en un estado de ánimo óptimo, comprobé que al menos mi cuerpo resiste 50 km sin parar.

A %d blogueros les gusta esto: