Archivo del sitio

Semana 23: Día 161: Paradojas del corredor

agotado

Hay ciertas contradicciones que se han vuelto habituales en mi vida.

¿Por qué puedo correr 300 km en un mes sin ningún problema ni ninguna secuela, y cuando por la mañana bostezo en la cama, me acalambro el gemelo?

¿Por qué me la paso quemando calorías, corriendo a base de un poco de bebida isotónica y un puñadito de pasas de uva, y cuando tengo que pasarme el día sentado, trabajando, me bajo tres paquetes de almohaditas de cereales?

¿Cómo puedo tener energía para hacer increíbles proezas como correr en los médanos, en las sierras, durante un día entero, y cuando estoy cenando en la tranquilidad de mi hogar me desmayo del sueño?

¿Por qué me fortalezco, corro más que nunca, y todos los demás piensan que estoy enfermo y que luzco demasiado flaco?

¿Por qué las zapatillas son tan caras si las hacen esclavos indonesios por centavos?

¿Cómo podemos contabilizar los segundos, ver en qué posición llegamos a la largada de una carrera, si no nos importa ganar y competimos contra nosotros mismos?

Los dejo pensando.

Semana 23: Día 160: Por suerte tengo pilates

Como dije en el post de ayer, tengo a mi socio de vacaciones, lo que me obliga a improvisar a la hora de seguir entrenando. Por suerte aprovecho mis viajes de Barracas a casa, lo que me asegura 15 kilómetros por las calles porteñas. Peor es nada. También, para compartir alguna actividad con Vicky (y que me saque de enfrente de la computadora), estamos yendo a Pilates. Que es como una clase laaaaaarga de elongación y aprender a respirar y acomodar la postura.

Es difícil porque aunque estamos yendo a las 8 de la noche (a dos cuadras de casa), tengo que cortar lo que esté haciendo de trabajo para ir al instituto. Y es una cita que respeto bastante, con la ilusión de que es cerca y que vuelvo enseguida. Pero me permite relajarme, y calmar las ansiedades de estar sentado de sol a sol frente a la máquina.

Pasa algo en el instituto donde hago pilates, y es que los profesores duran menos que un suspiro. Ya vamos por el tercer profe, y las anteriores decidieron abandonar la coordinación de la clase para irse tras mejores perspectivas laborales.

Pero Ramiro, el actual instructor, parece que es el más canchero. Explica los ejercicios, da tips para amateurs como yo, y realmente nos hace estirar, un déficit en mi caso que (apenas termino de entrenar) quiero comer e irme a casa. Pilates me parecía algo para señoronas que no sabían qué hacer con su tiempo. Un prejuicio que, me parece, está bastante difundido. Pero está bastante lejos de ser fácil.

Hoy trabajamos todos los músculos de la pierna (cruádriceps, isquiotibiales, abductores, gemelos), un poco de tren superior y muchas abdominales, principalmente las de la zona baja (que son las más difíciles). Y todo con la misma máquina. También nos pasaron un tip para mejorar la postura: buscar que las orejas estén lo más alejadas posible de los hombros. Aunque parezca una tontería, me está funcionando.

Además repasamos la fragilidad del cuello y la importancia de la respiración (inspirar en relajación, expirar al hacer fuerza). Todo el cuerpo es una pieza de relojería, y buscando la armonía se logra una mejor salud.

Cuando llegan los martes y jueves puedo decir “por suerte tengo pilates”, y sé que me voy a relajar. Los lunes, miércoles y sábado puedo decir “por suerte hoy corro”, cosa que también me pone pilas. Solo me falta encontrar algo que me levante los viernes y los domingos… ¿alguna idea?

Semana 23: Día 159: Todos contra juan

Es imposible que nuestra mente deje de trabajar. A veces suele ser contraproducente, porque ahí, adentro de nuestra cabeza, se gestionan nuestras inseguridades. Paradójicamente también es donde alojamos nuestra motivación, y donde nos llenamos de endorfinas.

Pensar es una actividad imposible de no hacer mientras corremos. Me pasa, cuando estoy en medio de una carrera o en un fondo largo, solo con mis pensamientos, que me pongo a redactar todo como si fuese un post de este blog. Imagino frases que, en ese momento, me parecen hasta ingeniosas. Por supuesto que cuando llego a destino me olvido absolutamente de todo. Pero a veces algo queda.

Hoy, mientras corría desde Barracas hasta Colegiales, pensé en Juan Damián Correa, a quien hice el principal responsable de que este blog estuviese parado por tres días. Incluso imaginé publicar su e-mail para que los lectores de Semana 52 le digan a este señor todo lo que piensan de él y su descaro. Pero bueno, resistí la tentación y mantendré su contacto en reserva.

Como todos los grandes criminales norteamericanos, Juandy (para los amigos) tiene dos nombres y un apellido. Muchos conocen al infame John Wilkes Booth, todos desprecian a Mark David Chapman. Sin llegar a ser un asesino, Juan Damián Correa también es un nombre de temer. Amigo desde hace años, actualmente es mi socio en mi emprendimiento de diseño gráfico. Es transparente con los números, justo, con iniciativa y bastante prolijo a la hora de trabajar. Yo a veces le digo que lo formé, y así como lo creé de la nada, también puedo destruirlo. Pero no es cierto.

Juandy de vez en cuando me pide consejos para hacer actividad física, para enlongar, o qué cosas comer y cómo hidratarse. No sé si me hace caso, pero lee el blog con cierta regularidad. Teníamos un delicado equilibrio que consistía en que él hacía todo el trabajo y yo me iba a entrenar.

Bueno, a él se le ocurrió irse de vacaciones a los Estados Unidos, y aunque fue con su gorrito comunista, con estrella roja y todo, lo dejaron pasar. Aunque me avisó con tiempo, nunca me imaginé que me quedaría con todos los compromisos en mi regazo, mientras él disfruta del fast food y el espíritu neoyorquino. Me vi en la obligación de sentarme a trabajar, pero a destajo (lo que sea que signifique esa palabra). De sol a sol, intentando cumplir a medias con todos (sin mucho éxito). Un día me levanté a las 3:30 de la madrugada para venir a la compu y seguir trabajando. Ayer volví a pilates, con toda la intención del mundo de actualizar el blog, pero me dormía mientras cenaba. O sea, yo me duermo siempre DESPUÉS de la cena, pero nunca con el tenedor a mitad de camino de mi boca.

Las cosas no se han normalizado, pero ayer logré dormir 8 horas, que es lo más cercano a un lujo que puedo aspirar. No estoy yendo a entrenar porque tengo que ir a una editorial a terminar varias publicaciones y proyectos, pero sin importarme a qué hora termino, siempre vuelvo a casa corriendo. Son entre 13,5 y 15 km. Hoy tomé una ruta alternativa, me perdí, y terminé haciendo 16 km. Más es mejor, así que no me quejo.

Y mientras recorría las calles porteñas, escuchando Metro y Medio, intentando que los automóviles y los motociclistas no me atropellen, pensaba en Juandy, y en cómo lo iba a culpar por tres días sin blog. Pero, si no hubiese sido por él, no me podría haber ido a correr a Grecia. O a Misiones. O a Villa la Angostura. Además, va a ser quien me acompañe en la Ultra Buenos Aires, los 100 km en bici, alcanzándome agua y comida. Sé que le debo mucho a ese canalla, así que haré de cuenta que esos tres días sin blog han sido un económico precio a pagar por las vees que me hizo el aguante.

Pero más le vale que me traiga un buen regalo…

Semana 23: Día 155: El alcohol y los veganos

El chiste recurrente entre mis amigos es que, cada vez que rechazo algún ofrecimiento, me preguntan “¿Qué? ¿No es vegano?”. Como algunos saben, cuando empecé Semana 52, abandoné el alcohol (excepto por un poco de pisco en Perú, porque “a la tierra que fueres…”). Fue una decisión meramente de salud, aunque podría decir que tuvo algo de espiritual también.

Desde la sorpresa que me llevé en un McDonald’s de Londres donde la gaseosa Crush estaba listada como “no apta para vegetarianos”, empecé a descubrir que las bebidas no necesariamente están excentas de ingredientes animales. Hoy me enteré de que muchas bebidas alcohólicas también tienen algún componente no vegano. Aunque parezca increíble, es solo un indicio de que no sabemos qué es lo que estamos ingiriendo.

Quizá quienes no deseen consumir animales lo desconozcan, y quizá quienes se consideren “omnívoros” encuentren interesante saber que la cerveza, por ejemplo, es algo más que agua y lúpulo. Sigo en mi postura de no beber alcohol por cuestiones de salud, pero me pareció demasiado revelador todo esto como para no compartirlo:

Los vinos al igual que las cervezas  también se clarifican. La preocupación es mayor para los veganos ya que además de utilizarse Isinglass (un extracto de la vejiga natatoria del esturión), existen otros productos de origen animal involucrados en la elaboración de las distintas variedades de alcohol!!!

CLARIFICANTES MÁS UTILIZADOS:

-Albúmina o clara de huevo: Sigue usándose igual que hace siglos. Para cada cien litros de vino se toman dos claras de huevo que se baten con una cucharada sopera de sal común y se echa al vino.

Uso: vinos tintos.

-Sangre: Se comercializa bajo la forma de albúmina seca de sangre que, se utiliza disuelta en agua.

Uso: vinos rosados.

-Leche: Se utiliza su albúmina, la caseína, la cual se comercializa en polvo para clarificar vinos blancos.

-NO VEGANO: Después aparecieron otros clarificantes como la gelatina de huesos que se comercializa en polvo y se aplica a razón de ocho gramos por cada cien litros, para vinos tintos. Recientemente han surgido clarificantes minerales muy eficaces. Uno de ellos es la bentonita (arcilla), que es el clarificante de mayor difusión, debido a su bajo costo, ser totalmente inerte, inalterable, de fácil aplicación y notable acción estabilizadora sobre el vino. En Argentina las Bodegas Salentein (Mendoza) suelen utilizar claras de huevo. De todas maneras, no existen datos concretos acerca del uso de clarificantes animales durante el proceso. En la lista de ingredientes de un vino no se especifica el tipo de clarificador como un ingrediente, debido a que el agente clarificante es removido del producto final (pero igualmente quedan rastros). Pero lo mas probable es que se utilice gelatina, albúmina y sangre disecada como lo hacen la mayoría de los fabricantes. En algunos países como EE.UU. e Inglaterra, existen vinos etiquetados como apto para veganos. Sin embargo, la mejor opción es consumir vinos orgánicos, ya que casi siempre no contienen clarificantes de origen animal.

CERVEZAS: Las cervezas fermentadas en toneles son clarificadas para purificar el material (especialmente la levadura) sostenido en suspensión en el líquido. Esto se hace añadiendo cola de pescado (un elemento que se hace con vejiga natatoria de algunos peces tropicales, específicamente el esturión chino), que actúa como un suspensor para que el líquido caiga. La cerveza de barril y la rubia son pasteurizadas y tratadas a través de filtros congelados, al igual que las cervezas de lata y las cervezas embotelladas; no obstante, todavía una cantidad considerable de cerveceras utilizan la cola de pescado para purificar sus cervezas pasteurizadas, aunque sólo sea para rescatar lotes que pueden ser muy brumosos. En muchos casos también se utiliza un aditivo que a veces puede ser de origen animal, el Glicerol monoestearato, en lugar del 900 Dimetilpolisiloxano como agente antiespumoso, en la fabricación de cerveza de barril.

LAS CERVEZAS VEGANAS SON: Isenbeck, Warsteiner, Heineken y Budweiser (las dos últimas están autorizadas por la Vegan Society de Londres, las otras están elaboradas con ingredientes naturales como cebada de malta, lúpulo, levadura y agua). Las que restan NO son veganas, como por ejemplo unas de las más conocidas son: QUILMES Y BRAHMA!!!

VINOS: Para el proceso de clarificación del vino también se utilizan productos de origen animal. Se utiliza para ello cola de pescado, gelatina, clara de huevo, caseína modificada (de la leche), quitina (un derivado de las conchas o caparazones de los cangrejos y langostas) o incluso sangre de buey (que raramente se utiliza en la actualidad). Pero existen alternativas como son la bentonita, el kieselguhr (harina silícea fósil), el caolín (un tipo de arcilla) y el gel de sílice.

Se están poniendo de moda otros métodos como el centrifugado y el filtrado. La mayoría de los vinos orgánicos no utilizan productos de origen animal para sus clarificaciones, pero algunas compañías lo hacen.

VINOS FORTIFICADOS: Todos los oportos, excepto los oportos de costra son clarificados utilizando gelatina. El Jerez se trata de una manera parecida al vino.

VINOS ESPUMANTES: El uso de clarificantes animales en estos productos, está muy relacionado con aquellos utilizados en la fabricación del vino, ya que el champaña se obtiene a partir de vinos blancos o rosados que son sometidos a una segunda fermentación en envase cerrado, previa adición de levaduras seleccionadas y sacarosa. En el caso de los vinos espumosos o espumantes se permite la utilización de vinos tintos, y en su segunda fermentación puede agregarse, o no, sacarosa o mosto concentrado.

-CHAMPAGNES APTOS PARA VEGANOS: Chandon, Dom Perignon, Mumm .

LICORES: La mayoría de los licores parecen ser aptos para vegetarianos, con la excepción del whisky de malta, algunos whiskys de mezcla y el coñac español que haya sido acondicionado en barriles que previamente contenían jerez, el cuales podría haber sido tratado con productos de origen animal (el coñac en sí mismo no se fabrica a partir de ningún vino que haya pasado por procesos de clarificación). También algunos vodkas importados pueden haber sido filtrados a través de huesos de carbón.

SIDRAS: Casi todas las principales marcas de sidra han sido clarificadas con gelatina.

La mejor opción es elegir las sidras producidas orgánicamente, ya que éstas fermentan y se clarifican de manera natural.

COLORANTES: El carmín E120 se fabrica extrayendo el tejido rojo de las escamas de los insectos preñados de la especie Dactilopius Coccus. Éste se usa como colorante en una reducida variedad de vinos tintos, bebidas suaves y Campari.

A %d blogueros les gusta esto: