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Semana 22: Día 154: Cómo correr un fondo largo

No nos detengamos en la definición de qué es un fondo largo. Puede ser cualquier distancia, desde 8 km hasta 40. Hay un límite indefinido y muy personal en el que el corredor debe enfrentarse a su propio cerebro, y aquí pretendo decir qué cosas fui aprendiendo en estos años para vencer a ese oscuro personaje llamado yo mismo.

Antes de ser corredor, corría. Pareciera una contradicción, pero hay una inmensa diferencia entre aquella persona que empezaba a trotar en un circuito de 1200 metros, y quien les escribe. No quiero con esto desmerecer a quienes están empezando, obviamente existía en mi interior el germen que iba a desarrollarse en un atleta amateur. En aquel entonces no tenía metas, ni un buen calzado, ni una dieta ordenada, ni mucho menos una guía o plan para ir mejorando. Fui experimentando, y en el camino de la prueba y error, casi sin querer, me volví un corredor. Todavía hoy sigo probando cosas, y aprendiendo. Tiemblo ante la idea de un día darme cuenta que no me queda nada por aprender (o, peor aún, que ya no me interesa). Quizás ese día cuelgue los botines.

Cuando no tenía idea de cómo elongar ni si mis zapatillas eran un lastre más que una buena amortiguación, mi definición de un fondo “largo” era correr 5 km. Era la distancia más lejana que me habían obligado a hacer en el colegio, a mis 13 años, y una década más tarde todavía era una meta muy difícil de alcanzar. No tengo idea cuánto tardé la primera vez que logré aquel objetivo, pero no me extrañaría que me haya tomado más de lo que tardaría hoy en día. Con viento a favor, un terreno cómodo y ningún obstáculo, fácilmente podría hacerlo en 25 minutos. Y eso era un montón en aquel entonces.

Posiblemente ese “aburrimiento” al que uno tiene que enfrentarse cuando no hay nada más que correr, correr y correr, es lo que debe desmotivar a muchos. En esas épocas no existían los iPods, ni siquiera los mp3, y entrenar con un Discman era complicado porque el CD se la pasaba saltando. Alguna vez me hice un mix-tape con un casette de 90 minutos (o sea, 45 por lado), y ahí tenía todo para hacer ejercicio sin detenerme a “pensar”. La inseguridad es una voz que suena fuerte en nuestra cabeza, y yo encontré en la música una forma de bajarle el volumen.

Hoy la tecnología avanzó muchísimo, y un dispositivo del tamaño de mi dedo gordo puede almacenar horas de música. Germán, mi entrenador, descree de estos aparatos, principalmente porque entorpecen que uno escuche su propio cuerpo. Pero cuando tuve que hacer 50 km en un entrenamiento, la radio me ayudó a pasar las horas. Que los iPods permitan guardar tantos temas puede ser un problema, porque en lugar de armar la lista selecta que nos va a acompañar en nuestro fondo, metemos todo lo que podemos, y a la larga siempre terminamos avanzando esas canciones que por alguna extraña razón no nos animamos a borrar definitivamente. Así, en un playlist de 50 temas, terminamos escuchando los mismos 5, una y otra vez.

Hacer un fondo es una actividad solitaria, rara vez lo vamos a poder compartir con alguien, en especial si lo hacemos fuera de un ámbito de carrera. Pero sí, es cierto, hay que escuchar al propio cuerpo, así que no está mal hacerlo solo e ir probando a ver cómo nos adaptamos. Como dije anteriormente, los fondos son ejercicios mentales, donde corremos contra nuestras inseguridades.

La preparación previa es muy importante. Comer liviano, no llenarse de fibras, estar muy bien hidratado (beber mucha agua los días previo, no solo mientras estemos corriendo). Después de probar varios métodos, descubrí que el mejor para evitar irritaciones es la vaselina sólida. Antes nunca tenía problema. Corriendo unos 20 km, distancia considerable, la transpiración de mi ropa no llegaba a ser una molestia. Pero al estar rozando la tela empapada de transpiración con la piel de mi cintura, me vivía lastimando. Esta lenta y constante autoflagelación llega a su punto máximo cuando nos vamos a dar una ducha, y el agua toca la zona herida. Un ardor insoportable. Pero bueno, la vaselina, que se compra en cualquier farmacia, demostró ser lo mejor.

Hay que cuidar los pies, siempre. Yo conseguí unas medias anti-ampollas en España. Me compré tres pares y los voy alternando, hasta que haga como toda mi ropa y las destruya por el uso. Envaselinarme dentro del calzado siempre me pareció un tanto repugnante, sobre todo esa sensación de correr pisando pescados. La cinta hipoalergénica, como siempre, comprobó que no sirve para nada.

Los circuitos cortos no me resultaron nunca. Puedo hacer un ida y vuelta, o recorrer toda la circunferencia de una plaza, pero eso de hacer una ultramaratón de 48 hs en una pista de 400 metros, nunca lo entendí. Me gusta definir un punto de inicio (que generalmente es mi casa), y que el fondo sea ir y volver. Ante un fondo largo-largo conviene empezar de mañana, lo más temprano posible. Al despertar las hormonas están en su mejor nivel, y no arrastramos el cansancio del día. Como todo, seguramente exista gente que encuentra mucho mejor entrenar a la tarde. Lo cierto es que no existe una fórmula. Yo puedo aconsejar, con la ilusión de que alguno que lea esto viva lo mismo que viví. Pero cada persona es un mundo, y lo que a uno le funciona, no necesariamente le servirá al otro.

Hay algo innegable y es que, mientras corremos, es imposible dejar de pensar. Un fondo largo tiene que ser la oportunidad de relajarnos (aunque parezca contradictorio) y dejar atrás cualquier preocupación. En mi caso se convirtió en una actividad de esfuerzo físico, pero también de mucha paz. Si yo, que odiaba correr y en Educación Física se la pasaba caminando, pude superar mis barreras, cualquiera puede hacerlo. Es solo cuestión de ser constante y no escuchar la voz de la inseguridad. Con paciencia y perseverancia, cualquier fondo pasa a ser más corto y entretenido.

Semana 22: Día 153: 321,88 km en un mes

Durante el mes de febrero, que al no ser un año bisiesto cuenta con tan solo 28 días, corrí 321,88 km en entrenamientos. Este mes no hubo carreras, solo fondos largos.

Pero, siempre hay un pero, en la última semana mi ritmo bajó bastante. Podría asumir que fue un parate obligado después de matarme en aquel fondo de 50 km, sin embargo quedé bastante bien después de correr esas 4 horas y 39 minutos. Esta vez fue la rutina la que se impuso. Alguno notará que el blog no se actualizó en los últimos dos días, y eso tiene que ver con que estuve trabajando a destajo (sea lo que sea que signifique esa palabra), levantándome antes de que salga el sol y durmiéndome sobre el teclado durante la medianoche.

La vida del diseñador gráfico es ingrata. Muy ingrata. Son largas sesiones de clicks con el mouse, saltando de programa en programa, con el monitor secando los ojos y la silla endureciéndose más y más. Desde que perdí relleno en el traste, siento que se me clava el coxis contra la piel, y aunque me pongo almohadones, siempre termino incomodísimo. Sumémosle mi espalda arqueada, y quizá empiece a dimensionarse el placer que es sacarse de encima esta pasividad y salir a correr.

En mi lista de prioridades estuve poniendo entrenar. Ahí, arriba de la lista. Por encima de todo. Pero tuve que hacer una consesión, con mi socio de vacaciones dos semanas, y aceptar trabajos a sabiendas de que no iba a poder cumplir. Justo hoy, hablando con mi psicóloga, caí en que no puedo decir que no. Pero a nadie. Esto me define, porque me termino metiendo en camisa de once varas, con amigos, pareja, clientes… Ni siquiera le puedo decir que no al perro cuando me pide de comer o salir a hacer pis…

Vengo conforme con mi desempeño. Me faltan 5 semanas para la Ultra Buenos Aires, y todavía estoy lejos de llegar a los 100 km. Pero me siento cada vez más cerca…

Semana 22: Día 150: Un triunfo en los Oscars

cartman

Se dice mucho, en este blog, que lo importante no es ganar.

Excepto que se juegue al prode de los Oscars.

Con 18 aciertos sobre 24, fui el gran vencedor de la noche. Por supuesto que no faltaron las acusaciones de trampa, como si tuviese un contacto interno en la Academia de Hollywood que me asegurara los ganadores. Como si me hubiese tomado el trabajo de pifiar al mejor director (puse a Spielberg) y al mejor actor de reparto (me arriesgué por Tommy Lee Jones) para despejar dudas. Pero el triunfo fue contundente, y me hice acreedor del pozo que armamos para tal ocasión.

A veces intento convencerme de que no soy un tipo competitivo, pero la gran mayoría de las veces me termino preguntando si no me estaré mintiendo a mí mismo. Hay un cierto complejo de inferioridad. En las carreras me interesa ver a un “grosso” y llegar primero que él. ¿Por qué? Porque necesito reafirmarme que pude vencer al grosso, pero haciendo eso, aunque lo logre, me estoy poniendo por debajo de él. Poco me importaría ser más rápido que alguien si de entrada me considero más veloz o en mejor estado. Buscamos (no me dejen solo) triunfar por sobre quienes consideramos mejores, aún cuando en ese acto nos vayamos a seguir subestimando.

Con los Oscars fue bastante parecido. Considero que mis compañeros derrotados saben mucho de cine, bastante más que yo. Uno de ellos es crítico, recibido de periodismo en TEA, y trabaja en radio y en el prestigioso portal Cinesargentinos.com. Aunque lo haya pasado por dos tantos (no le tuvo fe a Argo) voy a seguir pensando que en conocimiento de trivia cinéfila me pasa el trapo.

Pero el premio de los Oscars 2013 (un Cartman travesti) y el pozo en metálico son míos. La estatuilla irá a la repisa freak, donde conservo mi colección de muñecos de He-Man clásicos. No tiene absolutamente nada que ver, pero no tengo más lugar.

Hubo poco running este fin de semana, y hoy me salteé el entrenamiento por estar hundido en trabajo. Extraño mucho correr, más siendo que me recuperé muy rápido del fondo de 50 km. Estoy para más cine y más entrenamiento…

Semana 22: Día 149: Noche de Oscars

Esta noche es la entrega de los Oscars, y como los lectores habituales de este blog ya saben, me encanta el cine. Hoy es el prode anual que hacemos con mis amigos, “Los Galanes”, y como es en casa los voy a atiborrar de comida vegana sin que lo sepan.

Estos son mis pronósticos. Creo que se viene otro triunfo (o un empate, como el año pasado). Faltan 4 horas y media para el comienzo de la transmisión, así que ahí les van los que considero como los 24 ganadores. Por supuesto, mi objetivo no es que ganen los que quiero, sino los que me parece que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood va a votar (pero confieso que Argo y Life of Pi me encantaron):

Mejor Película: Argo

Mejor Director: Steven Spielberg, por Lincoln.

Mejor Actriz: Jennifer Laweence, por El lado luminoso de la vida.

Mejor Actor: Daniel Day Lewis, por Lincoln. Igual es sabido que Daniel Day Lewis no acepta un papel si no le aseguran una nominación como mínimo.

Mejor Guión Original: Django Sin Cadenas, de Quentin Tarantino.

Mejor Guión Adaptado: Argo, de Chris Terrio.

Mejor Largometraje Animado: Valiente, de Mark Andrews y Brenda Chapman.

Mejor Actriz de Reparto: Anne Hathaway, por Los Miserables.

Mejor Actor de Reparto: Tommy Lee Jones, por Lincoln.

Pejor Película Extranjera: Amour (Austria).

Mejor Fotografía: Una Aventura Extraordinaria, por Claudio Miranda.

Mejor Canción Original: Skyfall, por Adele.

Mejor Banda Sonora Original: Una Aventura Extraordinaria, por Mychael Danna.

Mejor Cotrometraje: Curfew, por Shawn Christensen.

Mejor Cortometraje Animado: Paperman, de John Kahrs (se los recomiendo, se ve gratuito en la web y es increíble).

Mejores Efectos Visuales: Una Aventura Extraordinaria, por Bill Westenhofer, Guillaume Rocheron, Erik-Jan De Boer y Donald R. Elliott.

Mejor Edición de Sonido: La Noche más oscura (Paul N.J. Ottosson).

Mejor Sonido: Los Miserables, por Andy Nelson, Mark Paterson y Simon Hayes.

Mejor Diseño de Vestuario: Anna Karenina, por Jaqueline Durran.

Mejor Maquillaje y Peinado: El Hobbit, por Peter Swords King, Rick Findlater y Tami Lane.

Mejor Documental: Searching for Sugar Man, por Malik Bendjelloul y Simon Chinn.

Mejor Documental Corto: OPen HEart, por Kiek Davidson y Cori SHeperd Stern.

Mejor Montaje: Argo, por William Goldenberg.

Mejor Dirección Artística: Una Aventura Extraordinaria, por David Gropman y Anna Pinnock.

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