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Semana 48: Día 335: Dolores fugaces

Esta escena, si no es conocida, desayúnensela.:

Venís corriendo, feliz de la vida. El sol te calienta el rostro, hay mucho verde a tu alrededor. Las zapatillas te calzan cómodas, la remera no te da calor. Estás haciendo buen tiempo, aunque no te importa. Te das cuenta que correr te conecta con tu interior, te hace sentir parte de la red de la vida.

Hasta que la rodilla te da una puntada.

Te preguntás, “¿debería parar?”, pero solo podés asegurarte de que fue un dolor si seguís adelante. De pronto, sin encontrarle todavía una causa, otra vez. Más fuerte. Frenás para elongar, hacés todos los ejercicios de estiramiento que conocés, y hasta inventás algunos más. Volvés a tu casa con mucha angustia. Hablás con alguien, le contás que te molesta la rodilla, que no sabés bien por qué. Te recomiendan ver a un médico, mejor no dejar pasar estas cosas, dale, no te cuesta nada.

Y nunca más volvés a sentir esa molestia.

Esta situación, con el correr de los años, se ha hecho frecuente para mí. Mi papá me decía que si sentía un dolor y se me iba corriendo, no me tenía que preocupar. Creo que citaba a Allan Lawrence, pero sé que lo aprendí de él. Hace poco posteé que me dolía la rodilla, y prácticamente exorcicé ese dolor con el blog. Cada tanto me preguntan cómo sigo, y me cuesta darme cuenta de qué me están hablando porque, realmente, la molestia desapareció tan súbitamente como vino.

Ayer, en el entrenamiento con los Puma Runners, me dolía un poco el costado externo del pie derecho. Hablamos con Germán, el entrenador, sobre qué podía ser. ¿Las zapatillas? ¿Pisar mal? No llegaba a ser algo molesto, pero se notaba su presencia. Troté sin mucho inconveniente, pero preocupado. Cenamos todos juntos, volví a mi casa tarde, y apenas entré me tiré en la cama (en un monoambiente eso equivale a cruzar la puerta de entrada y dar tres pasos).

A la mañana siguiente, o sea hoy, me desperté y empecé a preparar el desayuno. Ya el dolor del pie era más intenso. Me preparé las cosas para ir al gimnasio y empecé a calzarme. Tengo un dolor intenso en el dedo chiquito del pie derecho. Como si tuviese una ampolla, solo que no hay ampolla. El roce me molesta bastante. Va y viene, pero más que nada viene. Mientras me ponía las medias, el roce hizo que me doliese. Después me puse la zapatilla y caminé hasta la puerta. La molestia tanto del pie como del dedo era notoria. Salí a la calle a las 9 de la mañana y empecé a caminar. Temí no poder llegar al gimnasio, a 15 cuadras. Consideré no hacer mis 2 km de cinta que uso como entrada en calor. A la cuadra y media frené y atiné a pegar la vuelta. “Mejor me quedo en casa”, pensé. Pero realmente tenía ganas de entrenar, así que seguí. Troté para cruzar la 9 de Julio sin que me agarre ningún semáforo, y la molestia del costado del pie me hizo renguear un poco. Listo, nada de correr.

Pero como soy terco, cuando estaba en la parte de aeróbico en el gimnasio me fui a la cinta y empecé a trotar. Primero tranquilo, a 5:20 el kilómetro. Después a 5, luego a 4:50 y terminé en 4:30. ¿El dolor? Ni idea, desapareció por completo y mientras escribo estas líneas, rozando las 10 de la noche, jamás regresó.

¿Qué tendría que hacer? ¿Caer en la desesperación? ¿Ver a un médico sin sentir síntomas? ¿Cambiar de calzado? Quizá sean secuelas de Yaboty. Quizá sean los años acumulados de correr mal, que empiezan a pasar facturas. Quizá no sea absolutamente nada.

Ser corredor de fondo trae aparejado hacerse habitué de los dolores y aprender a convivir con ellos. Empecé a correr con regularidad a los 30 años y en forma metódica a los 32. No arrastro lesiones de quienes hicieron deporte toda su vida, así que todas estas cosas que voy sintiendo son muy nuevas para mí. Igual, de a poco, me voy acostumbrando…

Semana 14: Día 92: El fantasma de las lesiones pasadas

Estos días estuve hablando con mi amigo Nicolás, un colega corredor al que conocí por el blog y al que jamás le vi la cara.

En una de nuestras conversaciones me dijo “Che, ¿viste el fantasma de las lesiones pasadas?”. Me supuse que se traía algo bueno entre manos (además de que tenía una temática navideña oculta). Me propuso este tema para escribir en el blog, el miedo a volver a lesionarse y quedarse sin correr un buen rato. Pero me tentaba mucho que él mismo escribiera sobre eso, además de su interesantísima tradición anual, así que los dejo con Nicolás y su desarrollo sobre su teoría:

Hace poco terminé de leer un libro llamado Harmony, del japonés Satoshi Ito (que en paz descanse), en el que se describía una teoría sobre la maquinaria detrás de la “conciencia” (esa parte del ser que muchos aseguran pertenece solamente a la raza humana), y la definía de esta manera: “Imagínense una sala de conferencia en la que los varios estímulos y acciones disponibles pelean por hacerse oir y ser los elegidos en llevarse acabo”. Teniendo esto en cuenta, a una persona común, si se le ofrecen 10.000 dólares HOY o 20.000 en 5 años, eligirá en la mayoría de los casos los 10.000 dólares hoy. Esto quizá pueda explicarse como un vestigio evolutivo, remanente de la era en la que la escasez de recursos y la supervivencia estaban a la orden del día.

Si bien hoy por hoy la mayoría de nosotros no nos la pasamos “sobreviviendo”, ese instinto superviviente nos insta al tomar las decisiones de todos los días, y tenemos que luchar con nosotros mismos para concentrarnos en el premio a largo plazo, en todo lo bueno que nos va a hacer entrenar durante meses para lograr correr esos malditos 42 km, en elegir comer sano para mañana rendir en el entrenamiento, en elegir salir a entrenar en vez de quedarnos jugando video juegos o de mirar tele.

Es difícil. Lograr la constancia de entrenar varios días y horas a la semana por muchos meses es muy difícil.

Competir contra todos estos otros estímulos que nos prometen satisfaccion YA y elegir los premios a largo plazo no es tarea sencilla; por eso debemos utilizar todos los recursos que podamos para motivarnos, y sobre todo comprometernos con nosotros mismos para lograr nuestros objetivos en el tiempo. Uno de los ‘hacks’ o trucos que me dio buen resultado para mantener un buen estado físico y el entrenamiento durante los años es el correr todos los años los kilómetros que cumplo.

Este febrero me van a tocar 27 km, para lo cual ya hace dos meses que empecé con rutinas progresivas para subir la intensidad y lograr la meta sin morir en el intento. Lo bueno también es compartir  los compromisos que hacemos con nosotros mismos con las personas que nos rodean, nuestros amigos y familia, para sentirnos también presionados a rendir. No sea cosa que quedemos mal, ¿no?

El flamante padre de Dante prosiguió con su teoría: “Después de tener el pibe, que el mes pasado cumplió un año, se me complicó el training, con lo de criarlo y eso. Hace unos tres meses empecé el entrenamiento de nuevo, porque no quiero sufrir el dia de mi cumpleaños”. El tema es que cada año corre la edad que cumple, y este año son 27. “El año pasado fue un fiasco, casi me muero, asi que nunca más y eso”, me confesó.

“El tema es que tuve una tendonitis en la rodilla izquierda después de los 42k de Rosario, y ahora con subir la carga estoy sintiendo dolores en esa zona… pero para mí es más cagazo que otra cosa. Entonces… ¡el fantasma de lesiones pasadas!.

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