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Semana 41: Día 282: Perdidos en Río

Estoy tirado en un sillón, descansando las piernas y la planta de los pies, que me laten. Me duele la cabeza, y asumo que es una combinación de cansancio y de insolación. La maratón de Río me hizo sentir un pollo al espiedo.
Pero no puedo hablar de esta carrera sin detallar lo que fueron estos días en Brasil, en especial anoche.
Hice la dieta de la maratón, que consiste básicamente en tomar mucha agua, descansar, meter muchos hidratos de carbono y  eliminar el consumo de fibras. Lo hice a medias, porque en grupo y en otro país cuesta mucho. Hubo un poco de verduras en los días “prohibidos”, unos pochoclos después de caminar 12 km por la costa (para no desfallecer), y mucha playa.
Para complicarla, decidimos visitar el Decathlon de Río, ya que no podíamos dejar pasar la oportunidad. Lo que no sabíamos era que la tienda estaba muy lejos, que el colectivo que creíamos que nos llevaba nos dejó a 30 cuadras, que el chofer tenía el aire acondicionado en temperaturas bajo ver cuando afuera hayan 17° (y no se podían abrir las ventanillas)… Nos parecía que íbamos a tardar media hora y fue hora y media, hasta un shopping a 3 km del Decathlon.
Llegamos y nos envolvimos en un frenesí de compras. Yo pensé en la maratón y me hice de unos geles. También compré algunos regalos, y los chicos de los Puma Runners que visitaban la tienda por primera vez se equiparon por completo.
El tema se complicó al regresar, ya que no conseguíamos taxi. Un taxista que estaba con pasajeros aviso a la agencia por radio y nitra dijo que nos iba a mandar dos autos. Nunca vinieron. Terminamos llegando pasadas las once de la noche al departamento, con la cena pendiente y todas las cosas de la carrera sin ordenar. Por cómo estaba organizada la carrera, nos fuimos a dormir a las doce de la noche, sabiendo que nos teníamos que levantar a las 4:15 de la mañana.
En este contexto, me levanté molido. Emocionado pero molido. ¿Cómo podía encarar una maratón así? Mañana les cuento cómo lo hice… y cómo me fue.

Semana 26: Día 182: Otro fondo de 50 km

Después de correr 70 km está la constante duda de qué impacto tuvo sobre el cuerpo. Si es cierta la máxima que dice que por cada kilómetro corrido el cuerpo necesita un día para recuperarse, entonces estamos al horno. No soy una persona conservadora en cuanto a lo atlético, si no tendría que estar muy preocupado.

En el día de ayer me tocó correr 50 km, y como tantas veces me cayó medio de sorpresa. Mi única preparación, después de tantas dietas pre-maratones, fue no consumir fibras el día previo. Intenté tomar toda el agua que pude, desayunar temprano, persignarme y salir.

Era jueves santo, un día semi-feriado, pero al ser el primero de un finde mega-largo (¡SEIS DÍAS!) había muy poca gente en la calle. Mi intención era salir lo más temprano posible, tipo 6 de la mañana, pero me acosté a las 2, culpa de tantos compromisos laborales asumidos. Temía que eso me influyese negativamente ante un fondo tan bestial, así que decidí dormir un poquito más y terminé saliendo de casa a las 7:45.

La última vez que corrí 50 km me fui de casa hasta el puerto de Tigre, ida y vuelta. Eso es 98,5% asfalto, y mis rodillas lo sintieron, en especial en los ligamentos externos. Cuando tocaron 70 km, para ser un poco más conservador que de costumbre, me fui para la Reserva Ecológica, buscando todo el pasto posible. Me funcionó, así que ayer decidí repetir la experiencia.

En el trayecto hay hormigón, asfalto, cemento, y muy poca tierra. Pero en cuanto me crucé con un cachito de pasto (en las plazas o junto a la bicisenda, por Retiro), me metí de cabeza (no literalmente). Llevaba mi mochila hidratadora nueva, tomando bebida y comiendo de vez en cuando unos pretzels. Me intrigaba el impacto que iba a tener en mis piernas el no haber descansado tanto. El reloj me marcaba un ritmo constante de 5:40 el kilómetro.

Me sentí bien todo el trayecto, y entré a la Reserva descansado y relajado. Entonces, sonó el teléfono. Dudé en atender: era por trabajo. Me detuve y atendí. Del otro lado había bronca, reclamos por trabajos atrasados. Intenté justificarme sin mucho éxito. “La semana que viene nos vamos a juntar a hablar, porque yo así no puedo seguir trabajando”, me dijeron del otro lado. Unas horas después, ya en casa y recién almorzado, me dirían “No quiero seguir trabajando con vos”, que a un empleado le significaría una indemnización, pero cero pesos a un trabajador freelance, más allá de que tuviese una relación laboral de seis años. Pero eso sería después. Ahora estaba en la Reserva, masticando frustración y bajándola con un poco de bronca. ¿Qué hacer, con 12 km encima, presión y mala onda? Correr.

A pesar del parate de varios minutos, volví al camino de tierra casi desierto. Pocos atletas se habían acercado al lugar. Quizá porque estaban de vacaciones, o quizá porque creían que estaba cerrado (hasta yo dudé). Seguí avanzando a buen ritmo, casi como intentando recuperar el tiempo perdido por esa llamada. Temí por mis piernas, e intenté bajar la velocidad. No quería hacer más rápido que 5:30, pero a veces me encontraba que estaba bajando demasiado el ritmo.

Un gel cada 10 km, mucha agua, y disfrutar del paseo. Las rodillas no dolieron, pero me preocupaban los gemelos. Sin embargo, nada pasó. Crucé el fantasmagórico umbral de los 30 km sin sentir el muro. El sol del jueves estaba alto, brillante y fuerte. Salí de la Reserva a los 37 km, para estar en 50 cerquita de casa. Me preocupaba volver al asfalto y que las piernas se resintiesen, pero milagrosamente nada pasó. Faltando 5 km para llegar a la meta mi ritmo empezó a hacerse más lento, con un tranco que por momentos se acomodaba en los 6:05. No me preocupé… ¡había dormido poco más de 4 horas! Llegué a casa cansado, pero entero y feliz. Cuando entré, Vicky me mandó a comprar pan. Me dio gracia, antes correr 30 km me dejaba en cama por varios días, y ahora estaba camino a la panadería, usándolo de regenerativo.

Creo que hay algo en el entrenamiento constante que me está ayudando. Hay mucha experiencia, que me juega a favor, y gracias a eso me hidrato y alimento correctamente. Pero pude hacer 50 km habiendo dormido poco (la noche anterior fue incluso peor) y encaré esta distancia habiendo hecho 70 km en la misma semana. Y ahí estaba, entero. De hecho ahora, mientras escribo estas líneas, me siento fantástico y con muchas ganas de volver a correr. Quizá uno llega a un punto en que el cuerpo empieza a recuperarse más rápido. O uno se insensibiliza y por dentro se está desmoronando en pedazos. Ojalá sea la primera opción.

Queda poquito más que una semana para Marcos Paz, la hora de la verdad. Ahora me voy a buscar un trabajo flexible en los Clasificados, permiso.

Semana 28: Día 194: El peor día de mi vida

Ok, exagero un poco. Pero sí es cierto que en la previa a los viajes la paso realmente mal.

Tengo acumuladas 5 horas de sueño desde el lunes. Me espera un viaje LARGO hasta San Martín de Los Andes, y ruego al Cielo dormir TODO el trayecto. Trabajo, trabajo y más trabajo. Si no fuese que eso es lo que paga carreras como estas…

Así que estuve de mal humor todo el día, alternando con momentos de nerviosismo y de depresión por agotamiento. Sé que vivo con una chica llamada Vicky, a la que estos últimos días casi no vi. La paciencia que tiene es increíble.

Sé que me espera un viaje cómodo y agradable, y que voy a visitar uno de los lugares más hermosos del mundo. Pero tuve que adelantar tanto trabajo para poder disfrutar de esto, que casi ni pensé en eso. “Ah, cierto que en unos días corro 100 km”. No, mentira, en realidad evitaba pensar en eso porque estoy un poco ansioso y nervioso.

Entre tanto estrés, tantas cosas que salen mal y otras que surgen a último momento, pude hacerme de un par de horas para visitar a mi nutricionista y comentarle sobre los últimos meses, cómo me fue en la ex-Merrell de Tandil, los fondos largos, y cómo me imagino que voy a enfrentar esta inminente carrera. También le dije que de tanto entrenar, sumado a que tengo que seguir trabajando, tuve que abandonar el gimnasio. Por suerte solo perdí 400 gr de músculo, y sigo manteniendo un buen porcentaje. Además bajé 100 gr de grasa, más allá de que sigo comiendo como cerdo (o como pato).

Algunos perímetros que bajaron fueron en los brazos, y principalmente en el pecho. Pero en piernas aumentaron, y eso es un indicio de por dónde están pasando mis esfuerzos actualmente. Salí contento de la consulta, porque me siento bien encaminado para la Espartatlón.

Bueno, aproveché estos minutos libres para actualizar el blog, ahora tengo que terminar de armar el bolso y salir a TMX, a tomar el micro. Yo soy una de esas personas que se va a correr una ultramaratón para descansar. Pero creoque me lo merezco. Gracias a todos los que nos desearon en estos días suerte para este demencial desafío. Aporta a la motivación, y mucho. La próxima nos leemos desde el sur.

Semana 28: Día 191: Descanso antes de la ultra

Hay una máxima que dice “Los grandes logros requieren suficiente descanso”. La parte más dura de haberme preparado para una ultramaratón es bajar la cantidad de kilómetros en la semana previa.

Existen infinidades de técnicas y teorías, pero básicamente lo que permite que el entrenamiento se pueda aplicar a la carrera, está relacionado con la reducción deportiva previa. Quema la cabeza venir con fondos de 45 km los domingos, y encontrarme hoy en casa, sin hacer nada. Entran dudas, a veces, de si vamos a llegar o no, pero lo cierto es que es necesario. No tiene sentido arriesgar el cuerpo, por la mínima chance que sea, y lesionarse o adquirir una nueva molestia. Está todo enfocado en el día de la competencia, que a la fecha está a tan solo 5 días y pocas horas.

Germán, nuestro entrenador, siempre pone énfasis en esto, en guardarse, cosa que, a nivel psicológico, solo contribuye con la ansiedad. En 1981, un estudio realizado en la universidad de Illinois, demostró que el nivel físico se mantenía idéntico en los atletas que reducían los volúmenes de entrenamiento durante 15 días. Otro estudio seguido en la universidad McMaster de Ontario y en el que diversos grupos de corredores reducían su entreno semanal hasta en un 90%, concluyó que cuánto más se reducía el entreno, mayor era la mejora en el rendimiento.

A mí me ha pasado de verme obligado a frenar por una lesión o por otro motivo, y volver con todo. Siempre lo atribuí a la ansiedad, y a toda esa energía acumulada que luchaba por salir. Pero probablemente haya más que eso. Emil Zatopek, el legendario maratonista, estuvo 15 días hospitalizado por una enfermedad, antes de los campeonatos de Bruselas en 1950. Dos días después de recibir el alta ganó en los 10 mil metros, y encima sacándole una vuelta al segundo.

En teoría durante este período de descanso se incrementa la fuerza muscular y  la longitud de la zancada (perder la forma correcta de correr es un signo de cansancio crónico). Además aumentan los depósitos de glucógeno, lo que da un aumento en la resistencia. En definitiva, y esto es innegable, uno cuida al cuerpo para llegar entero al día de la competencia. No es una carrera para subestimar, y el objetivo principal es terminarla. Para eso, hoy, descansamos…

Semana 13: Día 84: ¡Vacacioneeeeeeeeeeeeeeeeeesss!

En la vida de toda persona existe algún momento en que manda todo al demonio, se va a una playa o a la montaña o a una ciudad más grande/pintoresca que la de origen, y se dedica a descansar. Llamado “vacaciones”, deriva del latín vacans, participio del verbo vacare: estar libre, desocupado, vacante (como un puesto de trabajo, o la escuela). Vacuus: vacío, desocupado libre. Vacui dies: días de descanso Vacatio (-ionis): dispensa, exención. Si usted se queja de que no le dan suficientes días, sepa que en China no es obligatorio que le otorguen este derecho, pero tampoco lo es en Estados Unidos (o sea que lo pueden obligar a trabajar 365 días al año).

Hoy partimos con Vicky para Costa Azul, a pasar Nochebuena y Navidad con mis padres y mi hermano Matías (más cuñada y sobrina). Se supone que es un lugar lo suficientemente alejado como para que no esté invadido de turistas, pero cerca de otros centros “grandes” como es San Bernardo. O sea, podemos ir corriendo por la playa y entrenar un poco. La idea es desconectarse de la rutina, pero posiblemente yo fracase estrepitosamente.

Por eso quiero compartir mis intenciones y lo que realmente termine pasando, o la famosa “expectativa vs. realidad”.

Expectativa: Vamos a descansar y a olvidarnos del trabajo.
Realidad: Voy a volver más cansado que antes y todo el tiempo voy a estar chequeando el mail desde el celular.

Expectativa: Vamos a aprovechar la playa para salir a correr.
Realidad: Vamos a levantarnos demasiado cerca del almuerzo como para hacer algo, después va a hacer mucho calor, vamos a esperar que baje el sol, pero entonces vamos a haber almorzado y como la comida no nos bajó esperaremos hasta que se haga la hora de la cena y entonces nos va a dar sueño y nos iremos a dormir.

Expectativa: Vamos a aprovechar el shopping más cercano para hacer ahí las compras navideñas.
Realidad: El shopping más cercano va a estar a hora y media en auto. Terminaremos comprando barrenadores y patas de rana a una cuadra de la playa.

Expectativa: Vamos a disfrutar de la playa.
Realidad: Nos vamos a llenar las zapatillas de arena, la malla de arena, los anteojos de arena y los sanguchitos de arena. Prometeremos tomarnos vacaciones en la montaña para la próxima.

Expectativa: Vamos a divertirnos hasta la madrugada, recorriendo la playa a la luz de la luna.
Realidad: Organizaremos un mini-torneo de chinchón.

Expectativa: Vamos a entrar en contacto con la naturaleza.
Realidad: Voy a extrañar Cuevana.

Expectativa: Vamos a sentir que el tiempo no nos alcanza.
Realidad: ¡Vamos a sentir que el tiempo no nos alcanza!

Semana 8: Día 49: Robándole horas al sueño

Uno nunca se baña dos veces en el mismo río. Esta frase explica muy bien el hecho de que, por más que uno haga las mismas cosas, no siempre son iguales.

Pongo un ejemplo: el gimnasio. A veces odio ir y busco alguna excusa. Me gusta correr, y es eso lo que más me interesa. Pero a veces me veo desgarbado (¡y antes me veía hinchado y sin músculo!), entonces pienso que si no me esfuerzo, no voy a obentener resultado. Generalmente me pongo las pilas cuando se acerca la cita con la nutricionista, para que me dé bien la medición antropométrica, entonces estoy dos semanas (mínimo) sin faltar un solo día. Bueno, el entrenamiento que hago en el gimnasio es el mismo, todo el tiempo. La acción no cambia. Pero al final de esos 15 días todo resulta más fácil, las mancuernas parecen menos pesadas, la recuperación es más rápida, y los músculos no quedan doloridos después.

El cuerpo se acostumbra y se adapta.

Ahora vamos a otra situación. Cuando empecé Semana 52, un año parecía eterno, y sentía que me pasaban muchísimas cosas. Ahora, en esta segunda etapa, las cosas son diferentes, porque mi estado cambió. Tengo otro físico, otra mentalidad y otros objetivos. El año pasado me levantaba a las 7 de la mañana y me ponía a hacer abdominales y flexiones de brazos, y después actualizaba el blog. A veces lo hacía mucho antes, a la madrugada, antes de irme a acostar, aprovechando que comenzaba un nuevo día. Ahora todo es distinto, suelo robarle horas al sueño para agregar la entrada del día. Me recuerda a un amigo dibujante, que trabajaba en una fábrica, hacía de padre y esposo, y en sus ratos libres dibujaba todo lo que podía. Me gusta escribir, al igual que las pesas que resultan más livianas con el tiempo, explayarme con la palabra escrita (aunque sea tipeada) me es cada vez más natural.

Pero algo de mi rutina hace que termine actualizando sobre la medianoche, apurándome para que no se me pase el día. A veces hasta me paso, y el post aparece a la madrugada del día siguiente. Pero, por ahora, mantengo el compromiso de una actualización por día, sea a la hora que sea. Sé de personas que le sorprende esto mucho más que cualquier marca en una carrera o cambio en mi musculatura.

Actualizar este proyecto simboliza mi compromiso. Pero me suele recordar lo difícil que es dedicarse al deporte (sea practicándolo o filosofando sobre él) cuando uno tiene otras responsabilidades. A veces es un día de trabajo largo, coronado con una cena con amigos, otros una carrera en algún lugar alejado y sin internet. Últimamente encuentro el momento antes de irme a acostar, sacrificando una hora de sueño, que tampoco vendría mal. Así y todo, cuando tuve la oportunidad de retirarme del blogging habiendo cumplido el objetivo, elegí extenderlo un año más. Probablemente, cuando todo esto realmente se termine, dormiré un poco más, pero extrañe todo esto.

Semana 50: Día 348: La importancia de descansar

Alguno se ha sentido estafado cuando dije que no, no corro todos los días. Tampoco voy al gimnasio de lunes a lunes. Pero no miento cuando digo que entreno toda la semana, porque descansar es parte del entrenamiento, tan importante como las progresiones, los fondos y las series.

Me cuesta entender el nivel de supremacía de algunos deportistas, como Dean Karnazes, que se levanta temprano a la mañana y sale a correr una maratón. Por no hacerlo junto a un fiscal del Guinness es que no tiene un récord mundial, pero seguramente escuchamos la historia de Stefaan Engels y sus 365 maratones en 365 días. Lo cierto es que, dejando de lado contadas excepciones, cuando sometemos al cuerpo al estrés de una carrera agotadora, lo mejor es descansar.

Yo me tomo los domingos para relajarme, en especial porque los entrenamientos de los sábados son los más duros, y alguna vez hasta son comparables con una carrera. Pero descansar es también parte del día a día. Es difícil imponer determinadas horas de sueño, pero quien pueda despertarse sin necesidad de que sea con un despertador, tiene mucha suerte, ya que uno regula el propio descanso. Los deportistas de elite, que entrenan en forma mucho más intensiva, necesitan entre 8 y 10 horas de sueño. Stefaan Engels, en su año de maratones diarias, dormía 14 horas diarias. Además de lograr una relajación en los músculos, con un descanso adecuado disminuimos la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Cuanto más bajo mantengamos las pulsaciones la fatiga va a tardar más en llegar y nuestro corazón va a ser capaz de bombear más sangre. Esto nos permitirá, a posteriori, realizar un esfuerzo menor.

La hipertrofia muscular es el aumento de tamaño de las fibras musculares, o sea el crecimiento de las células que componen al músculo sin que exista una división celular. Dicho de manera más simple, es cuando el músculo crece, producto del ejercicio. Además de la importancia de los ejercicios anaeróbicos y de la alimentación, el descanso es fundamental para que se dé este aumento de volumen. En la musculación generamos micro roturas, las cuales necesitna recuperarse y crear nuevo tejido. Si no descansamos el grupo muscular y lo sometemos a nuevas sesiones, no vamos a responder de forma adecuada ni permitir que reciban todos los nutrientes.

Cuando entrenamos lo que estamos haciendo es “desgastar” a nuestro organismos a nivel metabólico, nervioso, estructural, etc. Pero mejoramos en los períodos de descanso, ya que no solo recuperamos lo desgastado sino que para adaptarnos “reponemos” por encima del nivel inicial aquello que hemos desgastado. De ahí que el entrenamiento, sumado a una adecuada recuperación, mejora la forma deportiva.

La fatiga metabólica es la que se da después de una sesión o varias de entrenamiento, o de una competencia. Básicamente se pierden las sustancias que proporcionan energía a nuestro organismo, así como los elementos que facilitan las reacciones metabólicas. Al perder nutrientes orgánicos e inorgánicos su reposición será la clave para la recuperación. Una buena dieta en hidratos de carbono (pastas, arroz, papas, legumbres) y una buena hidratación con sales (sodio, potasio, calcio, magnesio) facilitaran la recuperación del atleta. Después de una hora después de haber finalizado el ejercicio físico nuestro organismo puede reponer hasta el 80% de los hidratos consumidos durante el ejercicio. Una vez pasada esa hora, tardaríamos 24 horas en reponer la misma cantidad. Es por esto que para superar la fatiga metabólica es recomendable tomar una bebida energizante, reponer el peso perdido durante el ejercicio en líquido y tomar una ración rica en carbohidratos dentro de la hora de finalizada la actividad física.

Existe también una fatiga neuronal, producto de al acumular horas de entrenamiento y competición nuestro sistema nervioso deja de procesar la información motora adecuadamente. El sistema nervioso se recupera gracias al descanso de 24 a 72 horas después de sesiones de fuerza máxima, gracias a un sueño reparador. Es aquí donde se libera la hormona de crecimiento (en la fase de onda lenta); se segrega de forma rítmica y a intervalos de dos horas, por lo que dormir profundamente por muchas 8 horas es la mejor manera de recuperar la fatiga nerviosa.

Semana 27: Día 187: Un buen descanso

Todos alguna vez escuchamos que los deportistas necesitamos descansar. Diversos estudios han demostrado que los atletas de elite tienen mejores resultados en velocidad y resistencia si superan las 10 horas de sueño. Pero mientras podemos elegir qué hacemos durante la vigilia, dormir bien no siempre es algo sencillo.

Yo duermo seis horas. En raras ocasiones llego a siete. Alguno pensará que como hago veinte mil cosas durante el día, pongo el despertador temprano. Pero no es así. Me levanto entre las 6:30 y las 7 de la mañana. Quizá tenga un reloj biológico cuya alarma suena en ese momento. Casi no importa qué haya hecho la noche anterior, ese es el momento en que abro los ojos. Tampoco me cuesta dormir, cualquiera que me conozca sabe que después de medianoche el cerebro se me desenchufa y no me duermo, me desmayo. Toda la vida fui así, y me ha traído problemas de pareja (me he dormido en el cine, viendo a Dolina, en restaurantes y baños). Menos caminando o abajo del agua, creo que me venció el sueño en casi todas las situaciones de la vida.

Uno podría inferir que al hacer actividad física intensiva, uno dormiría más horas. Es probable que a algunas personas se les cure el insomnio con un poco de running o de gimnasio. No es mi caso. Es que, justamente, no tengo problemas para dormirme. Tampoco me despierto en medio de la noche porque zumba un mosquito cerca de mi oído. Simplemente el sistema operativo se apaga después de las 12, y se reinicia pasadas las 6:30 de la mañana. Me intriga si mi rendimiento mejoraría con 10 horas de sueño. No sabría cómo comprobarlo tampoco. Dicen que la última comida del día debe ser rica en proteínas de alto valor biológico, y si consumimos hidratos de carbono deberían tener poca o nada de azúcar. Así los músculos recuperan sus estructuras a base de los correctos aminoácidos y se recuperan los depósitos de energía. Quizá tenga que ver con esa recomendación tradicional de un vaso de leche tibia antes de ir a la cama para dormir mejor.

Otra recomendación es tener un colchón cómodo, para poder relajar a los músculos. También ayudaría una ducha caliente o de contraste (frío-calor). En la fase de descanso es cuando la musculatura crece y se regeneran los tejidos. Michael Breus, autor del libro (con un título exageradamente largo) llamado “Buenas Noches: El programa de 4 Semanas del Doctor Sueño para un mejor sueño y una mejor salud”, da los siguientes consejos:

  • Ambiente fresco: La temperatura ideal para dormir es entre 18 y 22°C. Esto siempre induce al cuerpo a dormir, es por eso que acostarse en una cama fresca luego de un baño caliente es tan relajante.
  • Considera posibles alergias: Revisa almohadas, sábanas, detergente y suavizante que usas, el lugar de la mascota, si hay polvo, el cubrecama, perfumes, y otros elementos que puedan afectar el ambiente del dormitorio. Todos éstos pueden causar congestión nasal que distorsiona el sueño.
  • Atención a la cafeína: Observa cómo responde tu cuerpo al café y regula su consumo para que no afecte tu sueño. Hay personas que pueden beber varias tazas de infusiones o gaseosas antes de dormir y no se ven afectados, mientras que a otros los estimula tan sólo una taza.
  • Haz un poco de ruido: Utiliza música de fondo o un CD que te tranquilice. Una alternativa más simple es sintonizar la radio. Ese sonido ambiente te ayudará a cubrir esos ruidos desagradables que pueden surgir. Los ventiladores pueden generar un zumbido constante que a veces hacen el sueño agradable.
  • Reduce tu ansiedad antes de ir a dormir: Voltea los relojes con luz para evitar que lo estés mirando. Evita comer tres horas antes de ir a dormir (acá no estoy tan de acuerdo con Michael, siendo que si tenemos las benditas 8 horas de sueño, estaríamos medio día sin alimentarnos…). Alcohol, tabaco y cafeína provocan ansiedad; evítalos.
  • Y se hizo la oscuridad: Cubre tus ventanas. Considera pantallas negras o cortinas gruesas, que también ayudan a reducir ruidos. No olvides usar clips para las cortinas para asegurar que se cierren los extremos y no entre un rayo de luz que te moleste.
  • Prepárate para dormir: Relájate antes de acostarte. El estrés no sólo afecta de día, también causa estragos en el sueño. Desarrolla algún tipo de ritual pre-sueño como leer, estiramientos, un baño caliente para romper la conexión del día estresado con la hora de dormir. No tomes más de 10 minutos.
  • Acomoda tu cabeza: Compra una nueva almohada. Si cada noche ya truena o la doblas a la mitad para que sea más confortable, definitivamente necesitas cambiarla. Si está sucia, manchada, rasgada o huele mal, también es necesario renovarla.
  • Crea tu ambiente: No consideres luz intensa en tu dormitorio. Mejor tenue cerca de la cama o agrega reguladores de voltaje a tus interruptores para crear un ambiente cálido unas horas antes de dormir.
  • Evalúa tu colchón: Prueba si sigue siendo cómodo. Si no lo has rotado (volteando la cabecera a los pies) en un año, hazlo ahora. Si tiene siete años, entonces es tiempo de comprar uno nuevo.

Después de seis meses de entrenamiento (y de toda una vida durmiendo así) no creo estar descansando “mal”, pero estar en contra de los estudios en deportistas no deja de preocuparme. Recordemos el belga que este año completó las 365 maratones en 365 días. Cada noche dormía 14 horas. Seguramente algo tuvo que ver con que pudiese realizar semejante hazaña, ¿no?

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