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Semana 4: Día 25: Carpe Diem (o “Aprovecha el día”)

¿Se acuerdan de mí? Volví, como Alf (que nunca se va).

Después del post en el que comentaba que me atropelló un auto, hubo alguno que se preocupó por mi estado de salud, ya que no actualicé el blog por un par de días. Nada que temer, tuve unas jornadas laborales MUY intensas, que me tuvieron atornillado a la silla. Sin exagerar estuve trabajando 24 horas sin parar, por lo que no solo no escribí una entrada nueva en el blog, sino que no entrené, y mucho menos pude dormir. Cuando finalmente me lancé a los brazos de Morfeo, no me largó por 13 horas (en las que me salteé la cena… en fin).

En el medio de ese fin de semana frenético, me perdí el entrenamiento del sábado. Nada grave, solo que siento que lo necesito porque estoy lejos de mi máxima capacidad física. Afortunadamente esta decisión se tomó en un día lluvioso, así que me consolé tontamente con que me hubiese mojado… y bueno, es mejor estar encerrado trabajando cuando el cielo se cae, que cuando está lindo. Mientras pensaba estas cosas, daba los primeros pasos en el diseño de un catálogo de 152 páginas para un festival de cine (se puede descargar aquí, si les interesa saber qué cosas me mantienen lejos de mis zapatillas para correr).

Lo jugoso del fin de semana vino el domingo. El día anterior trabajé todo lo que pude, y cuando ya no tenía otras cosas para hacer más que aguardar por correcciones y textos faltantes, pude alejarme de la computadora y tener una vida normal junto a mi mujer, mi gata y mi perro. Pero cuando desperté y vimos que había un sol espectacular, nos enfundamos en nuestro disfraz de deportistas y salimos a correr (solo nosotros dos, sin gata y sin perro). El clima era muy agradable, y pudimos hacer un fondito de 13 km sin frío, lluvia ni viento. Recorrimos Colegiales por la bicisenda, atravesamos Plaza Holanda, luego los Lagos de Palermo, y finalmente volvimos a casa por Avenida del Libertador. Nos sentimos con energía y muy contentos.

Como saben los que vivieron ese domingo en Buenos Aires, el tiempo fue desmejorando hasta que empezó a llover. Y no saben cómo sopla el viento en un piso 15, hace un chiflido terrible, y las puertas se cierran de golpe con un estruendo tremendo. Y quizá sea una tontería, pero nos puso todavía más contentos haber aprovechado el día. No hicimos planes, simplemente salimos a sacarle el máximo provecho. Si hubiésemos esperado a después de comer, o a terminar de despertarnos, o a avanzar “un poquito más” con el trabajo pendiente, nos lo hubiésemos perdido. Todo se dio para que el domingo fuese una especie de “recupero” del entrenamiento perdido, y una de las actividades en pareja que más disfrutamos con Vicky.

Cuando el día desmejoró y empezó a llover, volver al yugo del trabajo tuvo otro sabor, casi de triunfo. El material empezó a llegar, y no paré de trabajar hasta la tarde del día siguiente, cuando por fin dimos por concluidas las correcciones y pude subir el catálogo a la imprenta. Mientras veía pasar las horas y que no iba a poder actualizar el blog me dio un poco de pena (soy muy culpógeno), pero sabía que en cuanto tuviese un poco de tranquilidad, iba poder volver al blogueo. La cuestión fue que el lunes tenía todos los planes de despertarme después de una merecida siesta, cenar, escribir un post en Semana 52… Pero aparentemente Vicky me despertó para comer y le dije que prefería seguir durmiendo. No lo recuerdo, siento que jamás hubiese dicho eso, pero sé que no lo está inventando. Debió ser mi subconsciente hablando.

Pero no carece de lógica decir eso. Porque se puede aprovechar el día de mil maneras. Corriendo, trabajando… o descansando.

Semana 22: Día 147: Dormir o entrenar, he ahí el dilema

Todos reconocemos la importancia de dormir para reponer energías y regenerar los músculos. 10 horas de sueño es el ideal para un deportista de alto rendimiento, y una siesta de media hora es más que suficiente para despejar la cabeza y reponer el cuerpo.

El problema es, ¿de dónde saco todo ese tiempo para hacerlo?

Estoy en una etapa de trancisión, intentando acomodarme al entrenamiento extra. Cinco días a la semana de running, más musculación, más abdominales (lo cuento aparte por el tiempo que solía dedicarle), más comer, más trabajar, más tener una vida social. Queda poco para el sueño. ¿Qué sacrificar?

Hay una realidad, y es que podemos elegir cuántas horas le queremos dedicar a dormir, pero no podemos obligarnos a hacerlo. Siempre y cuando querramos hacerlo en forma natural, como es mi caso. Yo puedo irme a acostar temprano, pero mi promedio de sueño es de entre cinco y seis horas. Me despierto solo, como un reloj, a las 7 de la mañana. Y de ahí, ¡ping! Arriba. Como un resorte. No me siento cansado, de hecho estoy rindiendo mucho, alcanzando unos 80 km por semana. Pero es así, no puedo dormir más, por más que me esfuerce. De siesta ni hablar, ¡en algún momento tengo que trabajar!

A veces me pregunto si rendiría mucho más dedicándole horas extra al sueño. Pero para eso tendría que empastillarme, porque me voy a la cama y me levanto por la mañana solo, sin despertador ni nada. No me fuerzo a levantarme, simplemente… pasa. El tema es que a la noche me desmayo. Me desconecto. Es cuestión de cenar y, a la inversa del resorte que ¡ping!, se eleva temprano, me desarmo como una marioneta a la que le cortan los hilos. Primero me pongo bizco, e intento con todas mis fuerzas mantener los ojos abiertos y hacer de cuenta que estoy al tanto de todo lo que pasa a mi alrededor. Sea en una cena, reunión de amigos, o en el cine, lo más importante es disimular. Creo que engaño a todos, que nadie se da cuenta de mi batalla contra el cansancio. Pero seguramente pasé unos 15 minutos roncando, con la boca abierta y un hilito de baba cayéndome, y para mí solo estuve cabeceando discretamente.

Me tranquiliza ver que mi papá y alguno de mis hermanos son exactamente iguales. O sea, es genético. Es al ñudo luchar contra algo impreso en el ADN. Pero sigo queriendo llevar a mi cuerpo al límite, y no sé si estoy descansando lo que debo, porque aunque tengo ese mecanismo en el que mi cuerpo apaga todas sus funciones cognitivas, no logro aquellas ocho horas de sueño de mi infancia, cuando llegar a las 12 de la noche para ver “Noti-dormi” era, valga la redundancia, un sueño imposible de cumplir.

Ténganme paciencia, quienes crean que me duermo porque me aburro. No es así. Ténganme piedad, quienes aprovechan que me duermo para burlarse, sacarme fotos o tirarme con cosas cuando cierro los ojos. Ténganme miedo, quienes osen despertarme. Porque cuando me cortan el sueño, soy de los que se ponen de muy mal humor…

Semana 4: Día 27: Para qué sirve dormir

Puma durmiendo

Desde que comencé el entrenamiento de 52 semanas, descubrí que la forma más facil de llevarlo adelante era a través de rutinas. Algunos me acusan de ser un extremista, pero no me molesta comer siempre a la misma hora, ni tener una alarma en el celular para recordarme cada comida. Si bien no tengo un recordatorio para irme a la cama, aprendí que dormir es una de las rutinas más importantes del día.

El sábado pasado me levanté después de un sueño reparador. Llegué al entrenamiento con los Puma Runners descansado y optimista, gracias también a que me estoy alimentando mejor, y corrí 25 km a un muy buen ritmo. Ese día nuestro preparador físico, Germán, mencionó los tres pilares para una actividad física óptima, que según él me hacen un candidato a terminar la maratón del 10 de octubre: entrenar mucho, alimentarse bien y dormir lo necesario.

Según Wikipedia, en la que no hace falta creerle 100%, el sueño es un estado de reposo uniforme, y se caracteriza por los bajos niveles de actividad fisiológica (presión sanguínea, respiración, latidos del corazón) y por una respuesta menor ante estímulos externos. La reparación de las lesiones está afectada también por el sueño, ya que las personas que más duermen tienen mayor cantidad de glóbulos blancos en la sangre. La importancia de dormir son todas las funciones que nos aseguran seguir nuestras labores diarias:

  • las funciones orgánicas se regeneran y estabilizan,
  • los tejidos se reparan,
  • el sistema nervioso se desarrolla,
  • los procesos mentales se ordenan, sobre todo los relacionados con inteligencia, capacidad de asociar y recordar.

Ahora que estamos todos re copados con El Origen, podemos repasar un poco la arquitectura del sueño: son todas las etapas que forman nuestro dormir, aunque también incluye a la vigilia, que es el tiempo que pasamos despiertos durante la noche, mientras nos quedamos dormidos, y antes de levantarnos. Se inicia con dos etapas en las que se lleva a cabo la relajación de los impulsos cerebrales y del tono muscular, y ambas abarcan 60% del tiempo que necesitamos para descansar adecuadamente. Luego suceden las etapas 3 y 4, que ocupan 20%, y son en las que realmente descansamos, ya que es cuando se llevan a cabo las funciones restauradoras. Finalmente viene la quinta fase, conocida como de movimientos oculares rápidos (REM, por sus siglas en inglés), que es cuando se presentan los sueños y donde se consolida la memoria, ya que toda la información que adquirimos durante el día se procesa y almacena ahí. Así y todo no hay una correlación entre la generación de recuerdos y la cantidad de sueño, ya que el elefante, que duerme 3 horas diarias, tiene más memoria que mi gata, que duerme 14.

La cantidad de horas óptimas de sueño varía en cada individuo y está relacionada con el tipo de actividad física, aunque se puede afirmar que en promedio son entre 7 y 8 horas. Los deportistas de alto rendimiento podrían a llegar a necesitar hasta 10 horas de sueño para alcanzar su máximo potencial. Como es prácticamente imposible poder dormir tanto (a menos que seas Messi y vivas del deporte), se puede intentar incorporar, una semana antes de la competencia, unas horas extra, ya que en esta estapa es cuando aumenta el estrés.

No dormir adecuadamente genera alteraciones en el sistema circulatorio y el corazón, y eso deriva en un innecesario desgaste energético. Otra consecuencia de no descansar es que baja la concentración de glucosa, tipo de azúcar esencial para mejorar el rendimiento de los deportistas. Además, la falta de sueño afecta el estado de alerta y reacción. Un estudio con deportistas realizado en Stanford demostró que dormir 10 horas durante una semana les dio más velocidad y mejores reflejos. Además, no sentían cansancio durante el día, y estaban de mejor ánimo.

Si el sueño no fuese tan importante existirían animales que no duermen, o no habría consecuencias para la privación del sueño. No dormir bien durante un período de tiempo lleva a que el desarrollo de un individuo empeore, sin vistas a detenerse. Personas que descansaron sólo 6 horas durante 10 días tenían los mismos problemas que una que estuvo despierta 48 horas.

No creo ser el parámetro de la mejor rutina diaria, pero intento encontrar el equilibrio constantemente. De hecho todo este entrenamiento tiene sus sacrificios: además de privarme de comer muchas cosas, la cantidad de ejercicio extra y la rutina en mis comidas hace que, desde la medianoche hasta las 7 de la mañana, yo no exista. Varios lo han atestiguado, como ocurrió el sábado pasado: luego de esos 25 km de entrenamiento que tanto orgullo me daban, terminé en un cumpleaños en Pilar, sentado en una silla, intentando disimular que me dormía, como hacen los borrachos que aún conservan el pudor y no quieren que el resto de la fiesta se dé cuenta de su bochornoso estado. Ejercitar mucho requiere descansar mucho.

¿Cómo nos damos cuenta que dormimos lo suficiente? Así lo mido yo: despertándome solo, sin una alarma, y no sintiendo somnolencia durante el día. No es fácil lograrlo, pero por eso inventé lo de Semana 52. Es una forma de decir “Ok, esto es muy complicado, pero sólo lo voy a hacer durante un año”. Después del 31 de agosto de 2011 veremos si mi cuerpo y mente vuelven a soportar las trasnoches…

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