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Desafío Pinamar 2016

Rumbo_a_Pinamar

Durante bastante tiempo estuve pensando en si tenía sentido reflotar este blog, que fue mi excusa para lograr cambios muy profundos en mi vida. Cuando completé el Spartathlon en 2014 no parecía que tuviese mucho sentido continuar con el blog sin tener un objetivo en vista. Y después de correr 246 km (164 km con una pierna desgarrada), tampoco tenía la urgencia para encontrar algo nuevo.

No sé bien cómo se me ocurrió (probablemente le haya copiado inconscientemente la idea a Niko Kierde, que hizo algo parecido al año pasado), pero estábamos preparándonos con el Puma Running Team para correr en Pinamar, más específicamente la Terma Adventure Race. Debe ser la sexta o séptima vez que la corro, y le tengo mucho aprecio porque fue mi primera carrera en toda mi vida, en la que Germán, mi coach, me recibió con un abrazo de llegada, y yo no entendía qué tenía de importante correr 7 km en arena (me subestimaba mucho, y demostró ser la base de todo lo que vino después).

Entonces, cuando me di cuenta de que extrañaba escribir en un blog y que necesitaba un objetivo que me llevara a seguir esforzándome física y mentalmente, pensé “En 2016 voy a correr a Pinamar”.

Pero no una carrera. Correr, literalmente, a Pinamar.

Quizá sean 380 km. Por ahí más. No hay presión de tiempo, puedo hacerlo en los días que quiera (entre cinco y seis deberían alcanzar). No sé todavía el camino, ni la logística que va a requerir, pero me tienta la idea de que mi llegada coincida con la Adventure Race Pinamar 2016, y recibir a mis compañeros de entrenamiento después de haber llegado a pie.

No hay organizador, pero tampoco hay costos de inscripción, ni requisitos que cumplir. Solo soy yo entrenando, bajo la guía de Germán que, al igual que yo, va a tener que sentarse a pensar cómo se logra algo así.

“Lo que no te desafía, no te cambia”, estoy diciendo últimamente, con mucha frecuencia. Me gusta aprender, y creo que sin importar si llegue o no, esta experiencia me va a cambiar mucho.

Semana 15: Día 101: Reto de Abdominales, segundo intento

Las abdominales. Tema que nos quita el sueño a todos. Probablemente la desaparición de este músculo, debajo de capas de grasa, sea la realidad de muchos y la pesadilla del resto. Yo empecé a entrenarlas hace 466 días (más o menos) y, como a cualquiera que recién comienza, me costaban mucho. A fines del año pasado me crucé con un trabajo intensivo en forma isométrica, lo apliqué, y una lesión me eliminó de un plumazo todas mis aspiraciones abdominalísticas.

Pero hace rato estoy recuperado… es hora de volver a intentarlo.

Cuando me propuse mis desafíos para este 2012, uno fue comenzar a entrenar dominadas. Me compré la barra, empecé a colgarme, y a poco más de una semana noté cambios en mi fuerza (y creo que también en mi fisonomía, pero eso puede ser el maravilloso poder de la autosugestión). El otro compromiso fue retomar el reto de abdominales, una serie de ejercicios que toman un total de media hora, y le dan una paliza a la zona del estómago.

Pero llegar del deseo a la acción no fue fácil (me gusta ponerme de ejemplo si hago las cosas mal). Cuando la idea de recomenzar el desafío de abdominales comenzó a anidar en mi cabeza, dejé de entrenarlos en el gimnasio. Es que al ser un trabajo intensivo, tenía que realizarlo tres veces por semana y no más, porque corría el riesgo de sobreentrenamiento. Pero desde que abandoné mis series de bolitas, bicicletas e isométricos en 4 apoyos hasta que resolví empezar a entrenar, pasaron un par de meses. Me fui dejando estar, prometiéndome empezar en breve. Pero nada pasaba. Y opté por la promesa de fin de año para arrancar de una buena vez.

Y hoy cumplí. Elegí un lunes, para dejar el miércoles y viernes como el resto de los días. Antes de empezar me saqué una foto. Aunque en el sitio de Vitónica, donde saqué la rutina, dicen que esto da fuerza pero no marca (para eso hace falta dieta y aeróbico), tengo la sospecha de que va a hacerme efecto. Después de todo, esas bolitas que se asoman son músculo, y para que se noten tienen que crecer.

Casi no recordaba la rutina, me la anoté en un papel y la iba espiando en cada repetición. Logré sentir ese calor que indica que estás trabajando la zona. Una guía de que te estás esforzando. Me quedan ocho semanas por delante, y ojalá que entre esto y las dominadas pueda tener ese físico que idealizaba y que, por inseguridad o vagancia, nunca me había dedicado a construir.

 

Semana 1: Día 1 del Reto de Abdominales

Semana 43: Día 301: Mejor que correr es haber corrido

No niego que la experiencia de correr es gratificante. Se superan barreras, se estimula todo el cuerpo, se liberan endorfinas. Pero generalmente nos exigimos y sometemos a nuestro organismo a un gran estrés. El ultramaratonista Dean Karnazes recuerda que su entrenador, Bernard Emil Weik II, le preguntó cómo se sentía después de haber ganado una carrera de kilómetro y medio. Cuando él le contestó que muy bien, su mentor le respondió “Entonces no te esforzaste lo suficiente. Se supone que tiene que dolerte un montón”.

Alejandro Dolina dijo una vez que mejor que escribir es haber escrito. Me gusta extrapolarlo a otras actividades de la vida. Mejor que correr es haber corrido. Está bueno competir y entrenar, pero mucho mejor es terminar una carrera.

En esto suelo pensar durante una competencia. Lo tenía muy presente durante los 7 km de Kleenex. Hacía frío (2 grados bajo cero de sensación térmica) y me costaba mucho respirar por la congestión. Arranqué fuerte, para separarme lo más posible del malón, y no pude sostener ese ritmo. Me dolía el costado (típica señal de que estaba respirando mal) y como en todas las carreras, quería terminar de una vez. Esa sensación de “qué hago acá, terminemos de una vez con esto” la he tenido en otras distancias. Es la mente la que quiere acabar con el suplicio, y se activa de acuerdo a los kilómetros hasta la meta. Si estamos en medio de una maratón, recién puedo llegar a sentirlo a los 30 km. Si es algo más corto, como la San Silvestre, también lo voy a sentir, sólo que mucho antes.

Y todo el sufrimiento, la ansiedad por terminar, e incluso los dolores, desaparecen al llegar a la meta. No importa el cansancio, que creamos que llegamos al límite. Ya divisar la llegada, un shock de energía corre por nuestro cuerpo. Este estímulo emocional (que impacta en lo físico) y nos da fuerzas para un sprint final.

Cada vez que sobre los últimos metros me sentí pésimo, al cruzar la línea de llegada, todo terminó. La sensación es generalmente la misma, una especie de entumecimiento, como si estuviésemos en paz absoluta. Y la alegría del objetivo cumplido. Alguna vez he pensado “no sé de qué me quejaba, no fue tan terrible, y me quedan energías para un poco más”. Ahí puedo llegar a cometer el error de creer que me podría haber esforzado más, que tendría que haber corrido más rápido, pero la verdad es que cuando corremos estamos escuchando a nuestro cuerpo. Lo que hicimos durante la carrera ya quedó en el pasado, y más que pensar en lo que hicimos o dejamos de hacer, conviene adelantarse a la próxima competencia, en la que podamos incorporar eso que aprendimos.

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