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Semana 1: Día 4: 2336,21 km en un año

Septiembre fue un mes corto a nivel entrenamiento. Con 14 días en Buenos Aires y mucho trabajo por adelantar, solo pude correr 64,12 km. Caminé muchísimo más que eso, al punto de que las piernas se me entumecían, me dolían los gemelos como nunca y los pies me latían. Pero de correr, poquísimo. Al haberse cancelado la maratón en Grecia, tampoco pude sumar unos kilómetros extra, que me hubiesen venido muy bien.

El número en total son poco más de 2350 kilómetros. Cuando empecé con el tema del Cuentakilómetros, no tenía mucha idea de cuánto iba a ser. Ahora tengo un parámetro, y pude ver cómo (y por qué) fluctuaban las distancias mes a mes. Tengo también un punto de partida, porque este año quiero correr mucho más. Quiero volver a correr esos fondos de 45 km cada domingo, en los que terminaba enterísimo, y me gustaría doblar esa marca y estar medio día corriendo. Sería maravilloso para mí, sobre todo ahora que Vicky me regaló un iPod y puedo llenarlo de canciones para las jornadas.

Estoy evaluando participar en la ultra que se hace a fin de año, esa de la que me burlaba el año pasado porque eran 48 horas en una pista de 400 metros. La Asociación Argentina de Ultramaratón y la Asociación Internacional de Ultramaratón (IAU) dieron a conocer las únicas tres competencias que avalan: 24 y 6 Horas – San Pedro (Marzo), 50 km y 100 km – Río Tala (Septiembre), y Ultramaratón 48 hs Internacional – Buenos Aires (Noviembre). Solo estas carreras serán reconocidas para armar el ranking nacional 2012 y conformar los distintos equipos que representarán a Argentina en los campeonatos de 100 km y 24 hs, como así buscar la clasificación para la Espartatlón. También se verán reflejados en el Ranking Internacional que lleva a cabo la IAU. Toda competencia que se realice fuera de este ámbito servirá solo como referencia para cada corredor, y no tendrá respaldo de ninguna de estas asociaciones. Pero no sé si esto significa que si uno corre otra carrera distinta, se pueda mandar a competir por su cuenta. Hice la consulta y estoy esperando la respuesta. En todo caso, estoy pensando seriamente en anotarme en la ultra de noviembre, más allá de organizar la Ultra Buenos Aires en marzo.

Como sea, el objetivo de este año es sumar kilómetros y desarrollar todavía más la capacidad de resistencia. Tengo la Misión en Diciembre, a la que calculo que puedo ir después de haber corrido 100 km en el mes anterior, pero sería el único objetivo “fuerte” que me impide ponerme ya mismo a tirar fondos largos. Creo que 2336 km en un año está más que bien. ¿Podré hacer 3 mil o 4 mil para octubre de 2013? Me encantará averiguarlo.

Semana 41: Día 280: Por qué no me gustan los Juegos Olímpicos

Quizá sea un bicho raro, pero es hora de admitirlo: no me gustan los Juegos Olímpicos. Me parece que es algo maravilloso llegar a ellos, ser un deportista que represente a su propio país y ser seleccionado en base al propio desempeño deportivo. Pero no siento que todo esto transmita valores positivos.

Probablemente la gente los mire y se apasione, pero para mí carece un poco de sentido. Desconozco el significado que tendría originalmente, supongo que los Juegos eran para entretener a los dioses, pero ahora se han convertido en una competencia más entre países. Los noticieros locales se empecinan en sumar cuántas medallas suma la Argentina. Todos quieren el oro, poco importa los que se lleven la de plata, y ni hablar la de bronce. Pero si no se llevan nada… ¡qué deshonra! El nadador Meolans salió una vez a pedir disculpas por la expectativa que había generado en la gente. ¿Tenemos que ser tan resultadistas?

Los atletas olímpicos la deben pasar bien. En la villa olímpica socializan con otros atletas, intentan distenderse, y los ojos de todo el mundo están puestos en ellos. Pero también la presión de ganar. A nadie le interesa si se deslomaron para llegar: de nada vale no traer un triunfo a casa. Y todo se convierte en una competencia política. A ver cuántas medallas más que el vecino nos estamos llevando. El triunfo se convierte en algo de lo que se adueña una nación. Nunca podemos evitar compararnos con Estados Unidos, Rusia, u otras superpotencias deportivas.

Tampoco me gusta mirar fútbol (de hecho me aburre), aunque no sé por qué los mundiales sí me gustan. Se me contagia el patriotismo y me surge ese deseo por ganarle a tal o cual país. Quizá porque en este deporte sí está compleamente instalada la competitividad, y lo que vale es solo ganar. En los Juegos Olímpicos compramos el concepto de la unidad, la alianza entre todos los continentes, los valores de respeto, determinación, autoestima y la mar en coche. Lo cierto es que olvidamos rápidamente a los que no ganan (llamados “perdedores”). Quizá aprendí a competir contra nadie más que conmigo mismo, y por eso ver a dos personas intentando ser mejor que la otra sea algo que me cause rechazo.

Prefiero ver a alguien intentando demostrar que es el mejor del mundo, a que me vendan un discurso y que al final sea un todos contra todos, mi país contra el tuyo. Que gane el mejor y que el peor sea tristemente olvidado.

Semana 40: Día 277: Comer más veces al día adelgaza

Mientras menos comía, más engordaba. Suena a un oxímoron, pero es la verdad.

No hace mucho tiempo, antes de ir a la nutricionista, el desayuno me parecía un capricho. Me lo salteaba, y me justificaba creyendo que tenía el estómago vacío, y que comer algo solo me iba a abrir el apetito. Era deportista, entrenaba con cierta regularidad, y participaba de carreras largas, como las de Tandil o Pinamar, de 27 km. Mi rutina no era tan diferente a la actual, estando 8 horas o más sentado frente a la computadora, y metía bastante bici para pasear. En los partidos de fútbol corría todo el tiempo, y una vez me mandaron a robar la base de los contrincantes en un enfrentamiento de paintball, porque tenía handicap como atleta.

Pero era gordo.

Por supuesto que no estaba obeso, yo consideraba que mi cuerpo era atlético. Pero tenía panza, unos rollos importantes que sobresalían del pantalón, una incipiente papada, y unos interesantes cachetes. En mi cuerpo tenía 7 kilos de grasa por encima del promedio. O sea, de todo lo que hace falta tener, a mí me sobraba todavía eso. ¿Cómo puede un deportista estar en sobrepeso, y encima uno vegetariano?

Nunca me lo planteé demasiado, solo me limitaba a aceptarlo y a creer que mis límites estaban ahí, al alcance.

Entonces vino el blog Semana 52, cita con la nutricionista, y el planteo de comer 6 comidas diarias. Ya había escuchado esa teoría, de boca de un gastroenterólogo, que me lo recomendaba para tener un mejor funcionamiento gástrico. El cuerpo produce constantemente ácidos para procesar el alimento, y conviene mantenerlo ocupado con regularidad. Aquella vez intenté ponerlo en práctica, y al segundo día me embolé espectacularmente. Pero ahora tenía la motivación, y aunque me resultaba raro eso de desayunar, decidí incorporarlo. La idea era variar entre todas las opciones que me dio mi nutricionista, pero yo elegí una, la de los cereales con yogurt, y decidí enfocarme en esa. Y de alguna forma funcionó, al punto de que hoy me es imposible empezar el día sin un buen desayuno. Con el correr de los meses empecé a bajar de peso a un ritmo inesperado, combinado con algunos kilómetros extra de entrenamiento (pero tampoco taaaantos). La combinación de cosas ayudó, pero sin duda alguna la alimentación fue clave.

Saltamos en el tiempo al día de hoy. Fui a almorzar con Vicky a Picnic, un restaurante vegetariano en Florida y Diagonal Norte. No me alcanzarían las palabras para recomendar ese templo del sabor. Las porciones de papas (¡al horno!) eran tan grandes, que con Vicky comimos a medias una hamburguesa (de lentejas) y la otra terminé pidiéndola para llevar. A las 3 de la tarde tenía reunión con amigos, y me llevé mi bolsita de papel con la comida adentro. Mis amigotes no son precisamente gordos, pero están exactamente como yo antes de Semana 52: panza y cachetes. Llegó uno, muerto de hambre, porque no había almorzado. Me pareció una locura por la hora, así que le doné mi hamburguesa vegetariana, que la devoró como si estuviese hecha de cadáver animal. A la media hora llega otro, desesperado por algo para comer. Me sorprendió la hora…

Y me di cuenta de que, yo era exactamente así. A veces mi almuerzo, a las 2 de la tarde, era lo primero que comía en el día. La cena era mi comida principal, donde me devoraba todo. Ahora veo con claridad que comer con inteligencia hace una gran diferencia. Muchos se sorprenden cuando les digo que como seis veces diarias (frecuentemente aclaro esto cuando, al verme flaco, me dicen “tenés que comer, nene”).

Tener una vida activa y consumir lo que el cuerpo necesita. Esa es la clave para cambiar tu cuerpo.

Semana 40: Día 276: Sentarte te está matando

La verdad sobre estar sentado

Ya sea cosechando o cazando fieras salvajes, la mayor parte de nuestra vida como humanos la pasamos de pie. Pero con el avance de la TV, las computadoras y los trabajos de escritorio, estamos sentados más que nunca en la historia del hombre: un promedio de 9 horas 18 minutos por día, incluso más que la que pasamos durmiendo (7 horas 42 minutos). Nuestros cuerpos no fueron construidos para ello, y eso está empezando a tener sus consecuencias. Puede que quieras estar parado para leer lo que sigue.

Sentarse aumenta el riesgo de morir en un 40%.
Estar sentado más de seis horas por día aumenta las probabilidades de morir en los siguientes 15 años un 40% más que alguien que se sienta menos de 3 horas diarias. Incluso si haces ejercicio.
Un estudio reveló que con solo permanecer menos tiempo en la silla ayuda. ¿Pero cómo?

Estar sentados nos hace engordar.
La gente obesa se sienta 2 horas y media más en promedio que la gente delgada. Uno de cada tres norteamericanos sufre de obesidad. Entre 1980 y el año 2000 el promedio de personas que realizaba ejercicios se mantuvo igual. El tiempo en que permanecieron sentadas aumentó 8%. La cantidad de obesos se duplicó.
Estar sentado prácticamente no requiere gasto energético. Estar parado precisa un 10% más de energía que sentarse. Mascar chicle un 18%, caminar 150%, y subir escaleras un 220% extra.

Cómo sentarse arruina tu cuerpo.
Al momento en que te sientas, la actividad eléctrica de los músculos en las piernas se apaga.
La quema de calorías decrece hasta 1 por minuto.
Las encimas que ayudan a quemar la grasa bajan un 90%.
Luego de 2 horas, el colesterol bueno cae un 20%.
Luego de 24 horas, la efectividad de la insulina retrocede un 24% y paralelamente aumenta el riesgo de diabetes.
Las personas que tienen un trabajo que requiere que estén sentadas tienen el doble de chances de contraer una enfermedad cardiovascular que quienes deben trabajar de pie.

Cómo salir con vida de tu silla.
Para muchos, sentarse 8 horas al día en el trabajo es inevitable. Pero el problema radica en estar sentado fuera del horario laboral.
Los 30 minutos recomendados de actividad física por día no son suficientes. Interrumpe estar sentado siempre que puedas: estirándote, caminando o marchando y saltando.
Caminar quema de 3 a 5 veces más calorías que estar sentado. Aprovecha cada oportunidad que tengas para caminar alrededor de la oficina.

Levántate del sillón.
Aquellos que se sientan 3 horas o más por día para mirar TV tienen un 64% más de probabilidades de morir por causas del corazón.
De quienes se sientan frente a la TV 3 horas por día, aquellos que se ejercitan son tan gordos como los que no lo hacen.
Cada hora extra de mirar TV equivale a un 11% de mayores causas de morir.

Toma el paso extra.
Estar sentado suma, ya sea en el escritorio o el auto. Camina, anda en bicicleta, utiliza las escaleras en lugar del ascensor. Además, interrumpe el tiempo de estar sentado cada vez que puedas.
Reclinarse y estar sentado con el respaldo a 135° significa menor tensión sobre la espalda que inclinarse hacia adelante o sentarse derecho.

El cuerpo humano simplemente no está creado para sentarse durante largos períodos de tiempo. Hace cien años, cuando todos estábamos realizando grandes esfuerzos en el campo y en las fábricas, la obesidad era casi inexistente. Pero ahora que ya no podemos correr libremente por las praderas hasta el final de nuestros días, tenemos que ayudar a nuestros cuerpos de otro modo. Debemos levantarnos por nuestro derecho a levantarnos.

(Nota: este artículo, bellamente ilustrado pero traducido por mí y pasado a texto para que resulte más aburrido, fue compilado por www.medicalbillingandcoding.org. No creo que sea todo cierto, pero… ¿y si lo fuera? Yo sería el primero en morir)

Semana 38: Día 265: A veces el dolor está bueno

Le tenemos tanto miedo a los dolores. Es una sensación horrible, tanto que el hombre lo ha usado tanto para someter a otros, como para autoinfligírselo y demostrar así devoción religiosa o autodesprecio.

Pero los deportistas conviven con el dolor. A veces es tan fuerte que te deja afuera de cualquier actividad. Otras es un recordatorio de tu fragilidad, y terminás entrenando alrededor de él,  evitando lo que te provoca molestias o tan solo diciéndote “si se me pasa corriendo, sigo”.

Hay un dolor en particular que yo disfruto. Lo siento cada tanto, cuando hace mucho que no hago musculación. Cuando hago flexiones o abdominales y al día siguiente ciertos movimientos dejan una sensación caliente, y un chispazo al cerebro. Es el dolor de estar empezando. Me hace sentir vivo, y me da un objetivo muy puntual: seguir entrenando hasta que ya no duela.

Puedo entender a los que le quieren escapar al dolor. ¿Se entenderá que yo disfrute del mío?

Semana 32: Día 217: Pánico al deporte

Cuando no hay noticias (o se quiere tapar otras), los temas más absurdos pasan a ocupar tiempo de pantalla, o líneas en un diaro. Si se juntan dos o tres coincidencias, se inventa que hay una tendencia, se lo exagera un poco para inducir al pánico, y listo, la gente compra el miedo.

Recientemente hubo fatalidades en el deporte. Un nadador que falleció mientras se duchaba, un adolescente que murió tras terminar una competencia en bicicleta, y ya con eso alcanza para instalar en la opinión pública que los que hacemos actividad física constantemente nos estamos jugando la vida. Generalmente los que hacen poco ejercicio son los que más se convencen de esta idea. Ya me han dicho, en más de una ocasión, que me iba a crecer el corazón y me iba a morir. Es cierto que el cuerpo no está preparado para exigirlo al límite. Pero es así cómo obtenemos resistencia. No hay nada de malo en hacerlo con inteligencia, porque solo rompiendo tejidos se genera músculo.

El tema es que aparece este pánico, tan alimentado por el periodismo, y comienzan a enumerarse casos de futbolistas que mueren por aneurismas, o surfistas a quienes los golpea su tabla y mueren ahogados. ¿Qué relación pueden tener estos dos casos, o qué sentido tiene recordar el caso de los inconscientes que se colgaron de una grúa para hacar bunjee jumping y murieron al chocarse en el aire? Ninguna, más que meter miedo y vender más.

Si todos nos hiciésemos chequeos del corazón en la primaria y la secundaria, podríamos anticipar problemas congénitos y asintomáticos. Lamentablemente esto no pasa. Pero me he hecho tantos análisis y tengo tantos aptos médicos que sé que no tengo ninguna condición que haga de entrenar un riesgo para mi salud. Ahora, si sufro un aneurisma, ¿existe alguno de esos análisis que lo hubiese podido detectar? Si sufro una embolia mientras viajo en subte, ¿tenemos que empezar a decir que viajar en la línea D es perjudicial para nuestra vida? (bueno, por cómo se viaja, probablemente lo sea)

Me da bronca cuando pasan estas cosas, pero a la vez más bronca me da que todo se olvida mañana, cuando nacen dos nuevos pandas en el zoológico, o cuando la estrella del momento se separa, y vemos su foto borrosa y tomada de lejos, mientras camina con anteojos oscuros por la calle. Quizá vuelva un tipo de gripe en el invierno y ese sea el nuevo pánico de cada día que nos den los medios, o por ahí aparezca una nueva clase de abejas africanas para que nos dé terror salir de casa. Hay fatalidades en cualquier ámbito de nuestras vidas. Imponer la idea de que hacer deporte es un riesgo me parece una idea bastante desafortunada…

Semana 25: Día 171: Lo que me dejó la ex-Merrell de Tandil

Estas experiencias van decantando con el paso del tiempo, y me fueron surgiendo cosas que no puse en mi reseña del día de ayer. Me parece piola plantearlo.

El Club de Corredores organiza carreras realmente increíbles. Tienen cosas que mejorar (ya llegaré a eso), pero generalmente se caracterizan por una buena logística. Las carreras son bastante accesibles, y lo que uno pague en metálico vuelve de alguna forma, ya sea en los recuerdos (remera, medalla, etc), en los kits para corredores, y en la experiencia que uno vive.

Pero a veces la pifian, y en esta Adventure Race (¡¡¡cómo me cuesta no decirle “Merrell”!!!) capté algunos ejemplos. El principal es que a veces la pifian con el discurso. En un evento de tanto desgaste físico, con un día caluroso como fue el domingo, con todas las recomendaciones que dieron de “hidratarse bien”, ¿cómo pueden entregar “Eco de los Andes” en los puestos? A menos que uno sea hipertenso, el agua con bajo contenido de sodio es MALA para un atleta. Hay que reponer sales, NECESITAMOS el sodio… ¿acaso vale más el aporte de un sponsor que “lo mejor” para un deportista? Preferiría que entreguen agua de la canilla, o que no den agua, y que parte del desafío sea asegurarte tu propia hidratación.

Otro error que veo que cometieron, probablemente también por un tema de sponsoreo, fue regalar cerveza en la charla técnica y en el almuerzo post carrera. Sé que hay gente que tiene la firme convicción de que esta bebida es anti-oxidante, y que es beneficiosa luego de la práctica deportiva… yo prefiero que den agua sin sodio a alcohol, me parece inaudito… Y una cosa es que lo vendan en ese contexto, ¿pero que lo regalen? Cuando me quejé vía twitter, alguien me dijo que era San Patricio. Carna, el animador de la charla técnica, se sorprendió y dijo al micrófono que no tenía idea que ese sábado era esta fiesta. Así que no me consta que haya tenido que ver con el santo patrono de los borrachos. Y ya que estamos, me encantaría que ese almuerzo que año a año te regalan en Tandil tenga UNA opción vegetariana… ya es la cuarta vez que participo y me miran raro cuando pido mi hamburguesa sin hamburguesa… es cierto, los que no comemos carne somos minoría, pero en mi grupo, de 15 corredores, 3 no éramos carnívoros… Creo que después de una carrera no conviene tomar alcohol (por todo el esfuerzo que hacen nuestros órganos para purificar la sangre), me parece que además deberían otorgar algo para reponer hidratos, como pastas (pero bueno, el tema de la carpa del almuerzo no corre por cuenta de la organización, sino que está tercerizado).

Y otra cosa que me hizo ruido fue el discurso de Tagle, director de la carrera, cuando pidió a los deportistas que no tirasen basura en los cerros. Muchos llegan al puesto de hidratación, toman una botella y se la llevan para tirarla más adelante, y después se la pasaban limpiando las sierras, con todo el desgaste extra que eso tenía. La recomendación era tomarla en el puesto, no muy alejados, y dejarlas más a mano. Los deportes de aventura tienen mucho arraigo en disfrutar del aire libre, y son compatibles con una ideología ecológica. Me sorprende que el discurso haya sido “Por favor, facilítennos el trabajo” y no “Cuidemos el medio ambiente”, que me resulta una idea más poderosa. A estas cosas me refiero cuando digo que la pifian…

Pero no todos son palos. Los caminos estuvieron muy bien marcados, y -al menos en mi caso- el GPS me dio casi exactamente la distancia prometida (26,13 km). El día viernes llegamos a las cabañas y ya estaba indicado el sendero para la carrera del domingo. La salida fue ultra puntual, y fueron muy exigentes con los “colados”: en una tranquera, en el trayecto de la primera posta, los iban frenando. Sé que una vez me colé y es una práctica un poco infame. Pero aunque el costo de inscripción sea un monto lógico, es plata que uno invierte, y no es justo que otro haga uso de un servicio pago. La verdad es que si uno no se pudo inscribir, debería esperar a la siguiente oportunidad. Cuando fue la media maratón del año pasado y no llegué a anotarme, di un paso al costado. Admito que el año anterior hice lo contrario, y me avergüenza admitirlo… No se lo sugeriría a nadie.

El otro fuerte en estas carreras de aventura es la camaradería. Es fácil lesionarse, agotarse o deshidratarse. Está bueno ayudar al otro y sentir que uno puede apoyarse en un compañero de carrera, y hasta en un desconocido. Antes yo era bastante introvertido, pero el clima de estas competencias me fue soltando… ahora me encuentro dándole aliento a gente que no conozco, ofreciendo ayuda o agua a quien veo mal… y supongo que el día que necesite ayuda, conseguiré alguien en quien apoyarme. ¡Eso espero! Tengo la sospecha de que me van a ayudar…

El cambio del recorrido fue un cambio significativo, que tendrían que haberlo vendido como una mejora. Decidieron sincerarse y decir que hubiesen preferido que el camino no se alterase, pero he escuchado a muchos corredores elogiando esto. Entiendo la dificultad de encontrar caminos que, aunque sean difíciles, puedan ser medianamente transitables. No estaría mal que cada año tenga pequeños ajustes… yo lo aplaudiría con ganas.

Y podría seguir escribiendo eternamente, pero en su lugar voy a dejar algunas fotos de la Adventure Race Tandil 2012. Nada más que porque una imagen vale más que mil palabras…

Semana 23: Día 159: Leé este post si querés empezar a correr

Hay algo de lo que me siento orgulloso, y es que un año y medio después de empezar este blog, sé un poquito más de running que cuando empecé. No es ningún mérito, sería un gil si estoy todos los días escribiendo sobre esto y no retengo nada. A fuerza de correr más y prestarle atención a cómo eso me iba afectando, aprendí algunas cosas. Una de ellas es que no tiene sentido descubrir cosas y guardármelas. Solo tiene sentido si, además de servirme a mí, se lo puedo transmitir a otra persona.

Hoy me junté a almorzar con Pablo, un amigo al que no veía desde hacía casi 5 años. Los dos somos del ámbito del diseño, pero cuando nos juntamos la última vez, el running no formaba parte de mi vida. Para eso faltaba todavía unos meses, más algunos años para empezar con Semana 52 y dar un giro en mi vida.

La primera impresión que se llevó fue un cambio en mi aspecto: más delgado. Cuando fuimos a comer y le quemé la cabeza con el running, las maratones, espartatlones, y un atlético etcétera, notó que además estaba más equilibrado. De alguna forma le contagié la epidemia del running, y empecé a darle algunos consejos para poder empezar. Alguna vez ya hice esto, pero no solo el público se renueva, sino que en este trayecto aprendí más cosas que vale la pena mencionar.

Mi primer cosejo fue: Necesitás un tiempo para vos. Cuando uno es soltero, el 100% del día es para uno mismo. Si establecés una relación con otra persona, se reparte entre los momentos individuales y los de la pareja. Si llegan niños, los tiempos se vuelven a segmentar. Y lo que uno sacrifica primero es la individualidad. En este contexto es difícil hacerse un espacio para correr. Pero es sano y necesario, te permite estar en armonía y relacionarte mejor.

Segundo consejo: Consensualo con tu esposa. No todos tienen la inmensa suerte de que su pareja sufra de runningitis, pero eso no quita que pueda entendernos y apoyarnos. Hace falta dedicarnos tiempo para correr, y quizá eso sacrifique ciertos compromisos matutinos, como llevar a los chicos al colegio, o vespertinos, como ir a buscarlos. La ayuda va a ser muy valiosa.

Tercer consejo: Tené constancia. Es común, por estar en medio de un período de adaptación, desmotivarse, o excederse por inexperiencia, y ante dolores y molestias, retroceder y pensar “esto no es para mí”. No existen los resultados inmediatos, lo que funciona es elegir ciertos momentos en la semana, y respetarlos.

Cuarto consejo: Usá calzado adecuado. Tuvimos un integrante de nuestro grupo de running que fue a su primera clase con unas Topper de lona. Le advertimos los dolores que iba a sentir al día siguiente. No hace falta comprarse unas Asics a todo trapo, con hacerse de unas zapatillas con buena amortiguación se puede empezar. Hay que reducir el riesgo de una lesión al mínimo.

Quinto consejo: Intentá no aburrirte. Correr es algo divertido, y si empezamos en una cinta, o si solo damos vueltas a la manzana, la monotonía nos puede liquidar. Es mejor armar un itinerario donde el paisaje cambie constantemente. Es muy bueno sentir que se está constantemente avanzando.

Sexto consejo: Buscá un objetivo concreto. La mejor forma de tener constancia y motivación es tener un motivo para hacer esto. Puede ser algo relacionado con la salud, como el hecho de hacer un ejercicio aeróbico, o tomarlo como una terapia para la psiquis. También podemos elegir una carrera que esté un poquito por encima de lo que nos creemos capaces, y prepararnos para ella. Le va a dar má s sentido.

Séptimo consejo: Intentá inscribirte en un grupo de running. Es cierto que para correr solo hace falta calzarse un par de zapatilas, pero involucrarse con otras personas, y hasta pagar por las clases mensuales, hace que muchos se tomen esto con mucha más seiriedad.

Dar consejos es bastante sencillo. Aplicarlos no. El mérito es siempre personal. Los horarios, además, los maneja uno como puede (y como le sale). Hay que darse la oportunida y con tiempo y paciencia, notarán cambios muy en breve.

Semana 22: Día 147: Dormir o entrenar, he ahí el dilema

Todos reconocemos la importancia de dormir para reponer energías y regenerar los músculos. 10 horas de sueño es el ideal para un deportista de alto rendimiento, y una siesta de media hora es más que suficiente para despejar la cabeza y reponer el cuerpo.

El problema es, ¿de dónde saco todo ese tiempo para hacerlo?

Estoy en una etapa de trancisión, intentando acomodarme al entrenamiento extra. Cinco días a la semana de running, más musculación, más abdominales (lo cuento aparte por el tiempo que solía dedicarle), más comer, más trabajar, más tener una vida social. Queda poco para el sueño. ¿Qué sacrificar?

Hay una realidad, y es que podemos elegir cuántas horas le queremos dedicar a dormir, pero no podemos obligarnos a hacerlo. Siempre y cuando querramos hacerlo en forma natural, como es mi caso. Yo puedo irme a acostar temprano, pero mi promedio de sueño es de entre cinco y seis horas. Me despierto solo, como un reloj, a las 7 de la mañana. Y de ahí, ¡ping! Arriba. Como un resorte. No me siento cansado, de hecho estoy rindiendo mucho, alcanzando unos 80 km por semana. Pero es así, no puedo dormir más, por más que me esfuerce. De siesta ni hablar, ¡en algún momento tengo que trabajar!

A veces me pregunto si rendiría mucho más dedicándole horas extra al sueño. Pero para eso tendría que empastillarme, porque me voy a la cama y me levanto por la mañana solo, sin despertador ni nada. No me fuerzo a levantarme, simplemente… pasa. El tema es que a la noche me desmayo. Me desconecto. Es cuestión de cenar y, a la inversa del resorte que ¡ping!, se eleva temprano, me desarmo como una marioneta a la que le cortan los hilos. Primero me pongo bizco, e intento con todas mis fuerzas mantener los ojos abiertos y hacer de cuenta que estoy al tanto de todo lo que pasa a mi alrededor. Sea en una cena, reunión de amigos, o en el cine, lo más importante es disimular. Creo que engaño a todos, que nadie se da cuenta de mi batalla contra el cansancio. Pero seguramente pasé unos 15 minutos roncando, con la boca abierta y un hilito de baba cayéndome, y para mí solo estuve cabeceando discretamente.

Me tranquiliza ver que mi papá y alguno de mis hermanos son exactamente iguales. O sea, es genético. Es al ñudo luchar contra algo impreso en el ADN. Pero sigo queriendo llevar a mi cuerpo al límite, y no sé si estoy descansando lo que debo, porque aunque tengo ese mecanismo en el que mi cuerpo apaga todas sus funciones cognitivas, no logro aquellas ocho horas de sueño de mi infancia, cuando llegar a las 12 de la noche para ver “Noti-dormi” era, valga la redundancia, un sueño imposible de cumplir.

Ténganme paciencia, quienes crean que me duermo porque me aburro. No es así. Ténganme piedad, quienes aprovechan que me duermo para burlarse, sacarme fotos o tirarme con cosas cuando cierro los ojos. Ténganme miedo, quienes osen despertarme. Porque cuando me cortan el sueño, soy de los que se ponen de muy mal humor…

Semana 21: Día 142: Señales de que estás cabalgando

Hoy estaba lejos de casa, calcinándome bajo la carpa que teníamos en el Family Fest, rogando por un poco más de lluvia, y me llegó un mensaje de Vicky. Un poco preocupada, de que alguien estaba calificando en forma negativa a mis posts. Le fui absolutamente sincero y le dije que no me preocupaba.

Cuando empecé Semana 52 descubrí que el blog se podía personalizar bastante. Una de las funciones era la de calificar las entradas con 1 estrellita (Muy pobre), o 5 (Excelente). Supongo que me interesaba enchular el sitio todo lo posible, y lo habilité. Pero aunque me leían algunas personas (al principio unas 30 por día, hoy entre 700 y 1000) nadie votaba. Y esas estrellitas endemoniadas se convirtieron en un problema para mí. Era más un “quemo” tener cero calificaciones que una negativa.

Con el correr del tiempo algunas personas decidieron empezar a votar. La entrada más popular históricamente ha sido la reseña de mi maratón en Grecia, pero ni siquiera fue algo descomunal, votaron 17 personas.

Ahí quedó, el coso ese para votar, al que le doy tanta importancia como los resultados de Bailando por un sueño. Pero hete aquí que desde hace varios días noto que alguien vota con la calificación más mala a todos los posts. No me sorprendió, confieso que detesto releer las cosas que escribo porque me la paso corrigiendo todo el tiempo. Nunca me quedo conforme, y quien venga a decirme que no sirvo para escribir, solo podré pedirle disculpas y darle la razón. Quizá por eso no me hice mucho drama.

De hecho, Vicky se quedó sorprendida, ahora que ella también lo notó, de que le molestase más a ella que a mí.

Supongo que quien hace esta chiquilinada no lee los posts. Quizá sí, pero venir a calificar como “Muy pobre” cada cosa que escribo… se me hace difícil pensar que alguien no disfrute de una cosa y se empeñe en marcarlo cada día de su vida. Yo me lo tomo como que una reacción negativa a algo que hacés es siempre mejor a recibir la indiferencia total. Si uno necesitara el apoyo general para hacer las cosas, estaría en el horno, porque muchas veces no tenés la confianza de nadie más que de vos mismo. Y esa es la medida para saber si los objetivos están bien enfocados. Si uno recibe críticas  y se desmorona, entonces no se estaba seguro de lo que se hacía.

Supongo que en eso pensaba Cervantes cuando puso en boca del Quijote la frase “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”. Aunque él pensaba en opiniones negativas, y no en estrellitas.

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