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Semana 6: Día 36: Potencia en las piernas

Hoy fue uno de esos días en el entreno de los Puma Runners donde trabajamos mucho las piernas. Parece algo obvio, corriendo entrenamos básicamente el tren inferior, pero en este caso combinamos mucha cuesta con progresiones.
El objetivo está puesto, desde hace meses, en La Misión. Vamos a estar caminando muchas horas, y en ascenso. Por eso dependemos de nuestras piernas, de que sostengan nuestro peso y el de la mochila. En la montaña hay poco (o ningún) margen de error.
Me siento bastante preparado, aunque el entrenamiento fue bastante agotador. La vi muy bien a Vicky, quien a pesar de que iba a su ritmo, con su música, estaba codo a codo conmigo. Se ve su progreso en su postura, en su resistencia, en la forma que tomaron sus piernas. ¿Se notará esto en mí? No tengo parámetro, no sé cómo me veo corriendo y si cambié algo en estos años…
Creo que vamos a hacer una muy buena carrera. El objetivo, más que nunca, es llegar, pero me da la impresión de que estamos bien preparados. Hay cosas imprevisibles (como el clima), pero superando entrenos como el de hoy, con bastante calor y muchas cuestas, siento que estamos en el camino correcto. ¡Qué ganas de que ya sea diciembre!

Semana 5: Día 29: Entrenando cuestas

Mientras escribo estas líneas, mis compañeros Puma Runners estarán en Colón, dando sus últimos pasos en la Salvaje Night Race. Quizá alguno ya haya llegado, y otros estarán en medio de la oscuridad, iluminado por su linterna, intentando no flaquear en esos últimos y difíciles kilómetros.

Con Vicky nos bajamos a último momento por una gastritis combinada con resfrío que la dejó recostada por dos días. Si bien se estaba recuperando, su salud no estaba para hacer frente a una carrera, sobre todo con lo complicado de un viaje en auto, más la competencia en sí, para la que no estaba llegando en su mejor estado. El tema fue que hoy sábado se sentía bastante bien, y con ganas de salir a entrenar. Así que no lo dudamos, nos enfunamos en nuestras ropas de deportistas y nos fuimos en tren desde Belgrano hasta Acassuso. ¿Para qué semejante viaje, si casi la totalidad de nuestro grupo de entrenamiento estaba en otra provincia? Bueno, zona norte tiene unas cuestas muy interesante, y nos queremos preparar para La Misión, competencia muy difícil (y atractiva) donde nos la vamos a pasar subiendo y bajando montañas.

Ya instalados en Acassuso, partimos rumbo a San Fernando. En el camino nos esperaban 25 cuestas, repartidas como quisiéramos. Esto no solo nos prepara para el ascenso, además fortalece los músculos de las piernas. O sea que coinviene, incluso si no vas a participar de una carrera en montaña.

Los primeros kilómetros fueron relativamente fáciles, pero el sol se empezó a quemar y transpiramos como cerdos . Eso hizo que tuviésemos que tomar más agua, con la dificultad que eso conlleva. Si uno entrena en un grupo, o por su casa (Colegiales, en nuestro caso) la historia es otra, pero al estar en zona norte, ¡no nos podíamos cruzar ni con un kiosco! Pero nos las arreglamos.

Con las 25 cuestas (yo terminé haciendo algunas más) terminamos corriendo 21 km. Algo que me vino muy bien, y sumado a los 21 de ayer, puedo decir que no me hizo sentir decaído. Después de haber conquistado esa distancia, le dije a Vicky que tenía ganas de copiar a Murakami (de nuevo) y hacer 10 km todos los días (excepto en los que entreno con los Puma Runners). Eso me haría alcanzar 70 km cada semana. Si lo veo en un día solo, hasta parece poco. Pero si sumo 280 km en un mes, me sentiría Gardel y Lepera. Vamos a ver si la llevo a cabo, o si se convierte en una de las tantas ideas que tengo en la cabeza y que se terninan pasando…

Semana 27: Día 186: Luchar contra la monotonía

“Mejor malo conocido que bueno por conocer” es una máxima que he defendido en el pasado. A veces conocer el camino puede jugar a tu favor. Pero otras no. La mente necesita estímulos, el desgaste físico puede ser contrarrestado por la motivación, y ocurre que en ciertas ocasiones la monotonía te tira para abajo.

Entrenamiento pre-Merrel Tandil. Hoy sábado, como todos los fines de semana en los que corremos con los Puma Runners, hicimos un día fuerte. Consistió en hacer una distancia moderada, unos 15 km, pero con 40 cuestas. Sí, leyó bien. Cuarenta. Recordemos, este ejercicio tiene como objetivo simular las subidas y bajadas de las sierras tandilenses, además de que permite fortalecer las piernas y aumentar su potencia. El tema era que teníamos que repartir 20 en una calle y el resto en otra. Me quejé. Claro, cómo no me iba a quejar. Refunfuñé. Pedí abritraje internacional. Llamé al ombudsman. Mis compañeros malinterpretaron mi reclamo, creían que no quería hacer todas esas cuestas. Pues no, lo que en realidad reclamaba era repartirlas en más calles.

Los entrenamientos pueden simular ciertas condiciones de una carrera, pero jamás las van a igualar. Por más que corramos en la arena si nos preparamos para Pinamar, o tomemos una subida para las sierras. La hora de la verdad se juega el día de la competencia, donde hay poco lugar para la monotonía. No conozco una carrera donde tengamos que correr por una calle, dar la vuelta, volver a cruzarla, y así varias veces. Como estamos grandes, me permitieron buscar caminos alternativos, siempre y cuando respete las 40 cuestas. Fue así como, para no abrirnos demasiado del circuito, agregamos una calle más. Que, dicho sea de paso, nos llevó por la puerta de la casa de Valeria Mazza y de Corach (no, no viven juntos, sólo son vecinos). Al final hicimos 13 cuestas en una, 14 en la siguiente, y 13 en la restante. La perspectiva de hacer un esfuerzo físico grande y dividirlo en tres etapas lo hacía más tolerable.

Recuerdo cuando empecé a entrenar con los Puma Runners, hace casi tres años. Corríamos en ese entonces por los lagos de Palermo, antes de que mudaran la zona roja de Plaza Holanda a este lugar (lo cual no me parece algo malo, el tema es que la cantidad de vehículos que circulaban por esa tranquila parte de la ciudad aumentó un 1000%). En un momento, el sub-grupo de Palermo tenía sólo tres corredores, lo que obligó a fusionarlo con el de Zona Norte, que resultaba ser mucho más concurrido. Esto explica por qué me voy tres veces por semana de Palermo a Acassuso para entrenar, pero me estoy yendo por las ramas. Cuando empecé a correr por los lagos, me pareció fantástico. Había pasado de correr por mi cuenta por  las calles de Paternal a hacerlo entre árboles, junto a cisnes, sobre tierra. Era una delicia. “Ya te vas a embolar”, vaticinó mi prima Vero. Y la verdad es que recorrer siempre el mismo camino (un circuito de sólo 2 km) puede llegar a volverse tedioso.

Por suerte en Acassuso existe la posibilidad de variar mucho el recorrido y los ejercicios. Además, tener constantemente nuevos objetivos (como esa inminente Merrel) aumenta el interés. Pero bancarse repetir una rutina, una y otra y otra vez es todo un tema. Hay que buscarle la vuelta para que la cabeza no se nos rebele. Creo que con mi compañero Marcelo, al agregar una tercera calle, conseguimos hacerlo un poquito más interesante. Siendo que en Tandil vamos a cruzar siempre una sierra nueva, no estuvo de más intentar variar el terreno.

El lunes toca descanso (realmente hoy quedamos todos muy agotados). El miércoles será el último entreno, bastante light, y el domingo nos esperan los 27 km de la Merrel de Tandil. Realmente tengo muchas ganas de correrla. Supongo que mi entusiasmo pasa porque estas carreras, con etapas, variantes y un terreno absolutamente distinto al de la ciudad, son cualquier cosa menos monótonas.

Semana 12: Día 80: Los 27 km de la Merrel Adventure Race Pinamar 2009

Los Lionx (actualmente Puma Runners) en Tandil. Yo, a la derecha, con pelo y con mañas

80 días. Es lo que le tomó a Phileas Fogg dar la vuelta alrededor del mundo (según Julio Verne). Es lo que más o menos me tomó a mi recuperarme de una fractura de tobillo, allá en el año 2000. Es poco, considerando que mi meta final es entrenar intensivamente por 364 días, pero a la vez es mucho.

Es inevitable mirar hacia atrás (lo hago mucho últimamente) y ver cómo mi cuerpo cambia, cómo aumenta mi resistencia, cómo me vuelvo más fuerte. De vez en cuando tropiezo o trastabillo, pero siento el paso firme y los músculos que aguantan más. Anteriormente esta torpeza (que va desapareciendo con los años) me hubiese significado un tirón o una lesión. Me pone contento sentirme más estable y resistente, y me confirma que el entrenamiento rinde sus frutos.

Decidí volver atrás en el tiempo, a la Merrel que corrí en Pinamar. No sé si recordarán, el año pasado vivíamos inmersos en la paranoia de la gripe A. Tanto es así que desaconsejaban las situaciones donde hubiese aglomeraciones de gente. Obviamente una carrera de miles de personas entraba en esta categoría, y la carrera se pospuso de julio hasta septiembre. Yo me había lesionado, al patinar sobre empedrado mojado, y correr me dolía muchísimo. Era frustrante, pero no aflojé, seguí entrenando todo lo que podía, intentando fortalecer la rodilla. La desgracia con suerte de la gripe A me permitió un tiempo extra para recuperarme. La Merrel se realizó finalmente, y al día siguiente escribí una crónica. Siendo que estoy en un día un poco nostálgico, quise rescatarla para el blog:

Lun, 14 de Sep, 2009 9:58 am

Bueno, primero que nada, me duele desde los pelos hasta la punta de los pies, pero es un dolor que me llena de orgullo.

El día de la Merrel estuvo espectacular, la carrera fue mucho más dura de lo que me imaginé. Mientras la noche anterior roncaba (…) soñaba que llegaba a la meta y lloraba desconsolado. Supongo que dramaticé toda la escena, pero lo cierto es que un esguince de ligamento externo izquierdo me hubiese dejado afuera si la carrera se hacía en julio… y todavía no me recuperé. En llano la rodilla no molesta, en cuestas se me prende fuego.

(…) Me tomé un diclofenac antes de salir, como para que haga el mayor efecto en un eventual pico de dolor. Arranqué con [Pablo], íbamos con un ritmo excelente. La rodilla no molestaba, y me sorprendía. En la segunda posta paramos para hidratarnos, me tomé el gel que me regaló Walter (¡gracias!) y ahí ya no pude seguir. No sé si fue el haber parado, pero la rodilla me hacía ver las estrellas. Cerca del km 15 lo perdí [a Pablo], casi no podía caminar. Tenía mucha bronca y frustración. Ahí me di cuenta que tenía una ampolla en la planta del pie y que los dedos de los pies me dolían. Quise apretar los dientes y seguir, pero el dolor era demasiado.

Caminé un poco mientras pensaba en ese sueño que había tenido la noche anterior en que llegaba a la meta. Pensaba en las palabras del Conejo [como le decimos a Germán, nuestro entrenador], cuando le pregunté si podía hacer la carrera y me dijo “Hasta que no lo intentes no lo vas a saber”. Y en un momento de iluminación mística me acordé del entrenamiento Lionx [actualmente Puma Runners], cuando hacemos el canguro y esos pasos que parecen ridículos. Y apliqué uno, tirando la pierna izquierda (la rota) hacia adelante, y paso corto con la derecha. Increíblemente ese paso me dolía muy poco, y ahí recuperé ritmo, hasta que la rodilla izquierda se acostumbró y pude volver a correr normalmente.

Llegué a la meta (sin llorar como un mariconazo) a las 3 hs 5 minutos, con una alegría inmensa. No sólo por haber roto mi marca histórica de distancia, sino por haberme repuesto a dolores y una lesión que me mantuvo en la incógnita hasta el último momento. Si llegué no tengo duda que fue por un excelente entrenamiento, por los consejos del Conejo y por el trabajo en equipo de todos los Lionx. Realmente es un grupo muy valioso y, como dije al principio, el dolor que tengo en todo el cuerpo me hace sentir muy orgulloso.

Entendí al final que este tipo de actividades son carreras no porque uno compita contra los demás, sino porque uno compite contra sí mismo. Y sin lugar a dudas, todos ganamos.

Me alegra releer estas palabras y ver que más de un año después, sigo confirmando muchas cosas que aprendí. Que el triunfo es sobre las adversidades, y sobre uno mismo. Que tus compañeros siempre están para apoyarte. Que la mente generalmente se sobrepone a lo físico.

No es recomendable correr con una lesión, pero en mi caso le encontré la vuelta para que no doliese. Esta es la carrera que más orgullo me da (hasta la maratón de este año era mi distancia más larga), y siento que la conquisté con fuerza de voluntad más que con el cuerpo.

Semana 2: Día 12: Los 21K de la Ciudad de Buenos Aires

 

De izquierda a derecha: Ferni, Alejo, Vero y el bloguero

 

“Comé mucha pasta, y no corras con las chicas”. Este consejo, críptico y aparentemente machista si lo sacamos de contexto, fue lo que me dijo mi entrenador para la media maratón que se corrió hoy en la Ciudad de Buenos Aires.

La noche anterior cociné 100 gr de pasta y los mezclé con una ensalada de lechuga, radicheta y tomates, condimentado con un poco de queso light. Me fui a dormir temprano, y a las 5:30 de la mañana ya estaba levantado, preparando mi desayuno de quadritos de avena, yogur descremado y una banana. Solemos comer esa fruta creyendo que nos va a prevenir los calambres. Probablemente sea cierto…

A las 6:30 estaba reuniéndome con dos compañeras Puma Runners, Vero y Ferni, con quienes íbamos a enfrentar el asfalto de la ciudad. Nos preocupaba un dato que no era menor: no estábamos inscriptos en la carrera. Cuando quisimos hacerlo ya se había cubierto el cupo de 10 mil corredores. No queríamos perdernos el desafío, así que nos presentamos con la esperanza de poder correrla igual. Otra preocupación era, siendo que veníamos de hacer carreras de aventura, si la “aburrida” ciudad no iba a ser un factor en contra.

Nos presentamos en la meta, donde nos sorprendió un estricto control de seguridad. Dos patovicas rebotaban a todos los corredores que no llevaban número visible. En un acto que no me enorgullece, aproveché el tumulto y entré. Mis compañeras, al ser mujeres atractivas, tienen un poco más de impunidad, y también pasaron. Con la adrenalina de habernos colado (no hagan esto en sus casas), llegamos a la largada. A los 10 mil corredores presentes tendríamos que sumarle los colados, que tranquilamente podían ser otros 5 mil. Tal era la cantidad de gente que desde que el cronómetro empezó a correr hasta que cruzamos la línea de largada pasaron 5 minutos, en los cuales no tuvimos otra opción que caminar.

El supuesto consejo machista que me había dado mi entrenador tenía que ver con cuidar mis rodillas: le preocupaba que si bajaba el ritmo para acompañar a las chicas, iba a resentir mis articulaciones, y tenemos todavía más de 50 semanas por delante. Ellas entendieron, y unos metros después de la largada empezaron a darme empujoncitos en la espalda. “Dale, andá a tu ritmo”, decían, y me presionaban para apurarme. No quise defraudarlas, y para el km 1 ya nos empezamos a separar.

Es notable el hecho de que la organización había señalizado cada kilómetro. Esto se hizo muy valioso a la hora de regular el esfuerzo, y fueron datos que la mente agradeció para encontrar motivación en medio del cansancio físico.

Al km 2 crucé a la famosa Mujer Araña, quien esta vez tenía calzas nuevas.

Al km 3, frente al hipódromo de Palermo, aparecieron los primeros hombres orinando en un árbol (serían unos seis o siete, repartidos a lo largo de una cuadra).

En el km 5 el asfalto estaba completamente mojado y cubierto de miles de tapitas azules. Se trataba del primer puesto de hidratación.

Hacia el km 7 abandonábamos la avenida Figueroa Alcorta para subir a Carlos Pellegrini. Y digo “subir” en forma literal porque se trataba de una verdadera cuesta de 200 metros. Agradezco todo el entrenamiento que tuvimos con los Puma Runners, porque aunque conozco mucho la ciudad, no me esperaba esta dificultad extra.

En el km 10, por Diagonal Norte, nuevamente otra alfombra de tapitas azules y asfalto mojado. Como tenía mi propia hidratación, aproveché el agua de este puesto para mojarme la nuca y la cabeza. El agua fría atrás de la cabeza hace que irrigue sangre, y es un impulso extra para mantener el paso.

En la Plaza de Mayo, junto al obelisco, estábamos exactamente en la mitad de la carrera, y dimos la vuelta.

Para el km 12 había fruta, y a pocos metros subimos por la autopista. Correr por ahí es una experiencia inimaginable. Hasta pasamos por el peaje (sin pagar).

Aunque me sentí bien toda la carrera, en el km 17 empecé a sentir el cansancio. Pasamos por un paso bajo nivel y la subida fue dura. Siempre los últimos 5 km, sea la distancia que sea, son una pelea mental para no aflojar y mantener el paso.

Finalmente llegué a la meta, y le desconté al reloj del cronómetro los 5 minutos que perdí en la largada. Eso dio que había hecho los 21 km en 1:57:35. Mi intención era hacer 6 minutos por kilómetro como máximo, y lo pude hacer en 5:30.

Correr en tu propia ciudad, pasando por destinos que antes sólo alcanzabas yendo en colectivo o subte, es una experiencia que rodea lo surreal. La organización fue en general muy buena, aunque me sorprendió ver poca presencia médica durante el trayecto. Nuestro miedo de que fuese aburrido se disipó instantáneamente. Competir atravesando el centro de Buenos Aires es enormemente motivador.

Algo a destacar es la cantidad de brasileros que había en la carrera. Se los reconocía por sus vestimentas coloridas, y porque cada cinco pasos decían “Brasiu, Brasiu”. También identifiqué a uruguayos y chilenos, y mucha gente del interior del país. Y entre todos esos corredores reinaba el buen humor y el compañerismo, y siempre se pueden escuchar, en este tipo de desafíos, muchas palabras de aliento.

Para cerrar esta crónica de una experiencia muy positiva, en la carrera me encontré con un amigo, Cristian Bois, quien está entrenando por su cuenta. Me mintió que este blog lo inspira a correr, y que estaba en los 21K de la Ciudad de Buenos Aires gracias a Semana 52. Después de llegar a la meta y hacer ejercicios de elongación, me llegó un sms de Cristian, que decía que había hecho 1:50:00, y si lo podía mencionar en el blog. Le dije que no publicaba tiempos de otros corredores cuando habían sido mejores que los míos. Pero nobleza obliga, hizo una excelente carrera, y las Puma Runners, aunque se la pasaron sacando fotos en el trayecto como si fuesen turistas, también hicieron un muy buen tiempo. Como siempre digo, la competencia en estas carreras es contra uno mismo. Y todos fuimos ganadores.

Para la próxima, prometo no colarme.

Semana 1: Día 5: Correr en equipo

Correr no es, aunque parezca, una actividad solitaria

Me recuerdo constantemente que entrenar todos los días no es fácil. Estoy empezando a sentir la fatiga, los grandes esfuerzos físicos pueden generar que las defensas del organismo bajen, y aunque pasé de un promedio de 40 km por semana al doble, mi rendimiento baja. No sería raro que ante una situación así empiecen las dudas. La solución: no correr solo.

Ayer, sábado, fui al entrenamiento de los Puma Runners. Ya el día estaba lluvioso y frío, pero el pronóstico prometía que era el fin de la tormenta de Santa Rosa y que veríamos los primeros indicios de la primavera. Cuando salimos a correr, con la indicación de hacer un mínimo de 20 cuestas, el frío se hacía sentir. Seguí el paso de dos corredores con una capacidad física superior, y después de 15 cuestas, me quemé (este es un blog de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”). En ese instante tuve la suerte de cruzarme con mi amigo Mak, un corredor experimentado, de los que bajan el ritmo si un compañero necesita aliento. Mak es una clase de compañero cuya existencia debería ser obligatoria en los grupos de entrenamiento: transmite entusiasmo, no es competitivo, y cuando va adelante advierte sobre la proximidad de charcos, barro y baldosas flojas.

El entrenamiento, en total, arañó los 23 km. Durante el trayecto, Mak iba dos pasos adelante, haciéndome preguntas, volviendo si yo bajaba la velocidad o incentivándome para no aflojar. Siendo que estuve entrenando todos los días (haciendo running o musculación) y que el clima casi no mejoró, esas dos horas corriendo se me hicieron eternas. Jamás pensé en abandonar, pero sí sentí que alcanzaba una pared respecto a mi capacidad física, y que necesitaba frenar. A veces el cuerpo se cansa y en la cabeza empieza a implantarse la idea de que no vamos a llegar. Correr en equipo sirve para encontrar esa fuerza de voluntad que -brevemente- hemos perdido. Finalmente llegué, después de hacer unas respetables 25 cuestas, y muy agradecido por haber tenido compañía.

Es obvio que uno puede entrenar por su cuenta y, si hay disciplina y experiencia, progresar. Pero me ha pasado de quedarme solo en carreras muy exigentes, y la diferencia entre correr al lado de una persona en la que confiamos y respetamos y hacerlo por nuestra cuenta es abismal. Por eso mi recomendación es entrenar en equipo. Una persona sola puede recorrer una enorme distancia, pero alguien acompañado puede llegar todavía más lejos.

Semana 1: Día 4: La importancia de entrenar cuestas

Un poco de esparcimiento en Pinamar, donde no aplico absolutamente nada de lo que estoy recomendando en esta nota...

No todas las carreras son de calle. Suena a obvio, pero cuando nos enteramos de que se corre una carrera en Capital Federal, ya sabemos que va a ser plano, y que el desafío será de resistencia y velocidad. Ahora, cuando nos trasladamos a otros terrenos al aire libre, muy probablemente nos encontremos con una interesante dificultad extra, donde primará qué tanto hayamos entrenado nuestros músculos: las cuestas.

Correr con una inclinación en el terreno desarrolla la fuerza de las piernas y aumenta el empuje que nos dan a cada paso. Una vez escuché el comentario de que correr cuesta arriba equivale a siete veces correr en llano. Obviamente no es un dato de rigor científico, pero es más o menos así. La cuesta es un nivel mucho mayor de dificultad para el corredor, y es imprescindible entrenar en pendiente.

Es importante mantener la espalda derecha, frente alta y “sacando cola”. Esto va a evitar un seguro dolor de espalda, y va a ayudar a una mejor respiración. También ayuda (al menos en mi caso) correr con las manos abiertas en lugar de cerrada en un puño. Es una forma más relajada de correr en una situación de mucho estrés para los músculos. Hay en Buenos Aires zonas ideales para entrenar cuestas. En el caso de Puma Runners, el entrenamiento tiene lugar en Acassuso, barrio que ofrece una variedad de terrenos, y muchas calles en subida que son la meca de corredores y ciclistas.

No hay que subestimar la cuesta. No es un ejercicio para hacerlo en velocidad, sino que sirve para fortalecer. Por eso es importante, en el entrenamiento y en la carrera, subir a un ritmo que no nos sobreexija. Si lo dejamos todo en las primeras cuestas, quemamos toda nuestra energía para las siguientes.

Cada terreno tiene su nivel de dificultad. Por ejemplo, en Pinamar los médanos daban poca tracción, y la tensión se sentía en los cuádriceps. El entrenamiento en subida da más fuerza a esos músculos y la cuesta arriba… no se hace tan cuesta arriba. Un truco para subir en la arena: aprovechar las pisadas del corredor anterior. Ahí se genera una suerte de “escalera” que nos facilita un poco la subida. Las bajadas, en cambio, son pura adrenalina: la arena suelta amortiguaba los pasos, y se puede baja dando enormes zancadas. La bajada es escencial para recuperar aire y músculos.

Un caso muy distinto fue en Tandil, donde la gran cantidad de piedras hace que las subidas en las sierras sean más pausadas. Si no hay una fila india de corredores que evita que tomemos mucha velocidad, la pendiente es tan pronunciada que deja de ser un ejercicio de running para estar más cerca de escalar. Obviamente esto es un plus que hace a la carrera más interesante. Pero lo curioso de Tandil es que los músculos que más se resienten son los gemelos. Esto probablemente también tenga que ver con las piedras y el hecho de que uno baja tensionado, con bastante cuidado dónde pisa. El terreno, además, no es blando como en Pinamar, sino duro. La forma ideal de descender una cuesta es flexionando las piernas un poco más que de costumbre, sin dejarnos llevar. A menos, claro, que como en Pinamar te amortigüe una montaña de arena.

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